He~y! Cuando tiempo! Cómo andan? Espero que puedan perdonarme por la tardanza. De verdad, lo siento mucho. Es fin de trimestre y los exámenes finales tienen el pie apoyado en mi cabeza; cada vez que quiero levantarla y dedicarle algo de tiempo a algo, me aplastan contra el suelo. Por eso, también espero que no se decepcionen (mucho) si este capítulo es un poco más corto que los otros, o más mediocre. Verdaderamente me esforcé por escribirlo, y me gustaría que apreciasen el esfuerzo.

Como siempre, espero que al leer este capítulo todos se encuentren gozando de buena salud y buena compañía, que no tengan que lidiar con problemas y que estén en una relativa paz mental. Que Dios los acompañe!

Esta historia está dedicada a una personita fantástica, a la cual ffnet me hizo conocer. Querida Niña Bonita, Annie Darcy, Monse, te lo dedico a ti! Gracias por el continuo apoyo, tu nunca faltas! Te quiero mucho!

Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


Como el día que se había enterado de la desaparición de Sakura-chan —o su secuestro, para ser más específico—, Naruto se encontraba nuevamente sentado en una alta rama, en el bosque en las afueras de la villa. No llovía como aquella vez, ni tampoco él sentía una desesperación y dolor aplastante como en aquel momento. Una de sus piernas estaba recogida, y apoyaba un brazo sobre esa rodilla. La otra pierna estaba extendida, casi colgando. Apoyó su cabeza en el tronco, cerrando los ojos. No sabría decir exactamente si la reunión con la Hokage había ido como esperaban, pero si podía estar orgulloso de haber permanecido estoicamente callado todo el rato, tal cual Kakashi-sensei le había pedido. Aunque también había que reconocer que, siguiéndole la corriente al Uzumaki, el peliblanco no había sido precisamente dulce con la mujer.

Flash Back

—Hokage-sama —como siempre, fue Hatake quien tomó la palabra, y los cuatro se inclinaron al mismo tiempo, respetuosamente.

—Kakashi, veo que el Kazekage ha podido darles mi mensaje.

—Si, lo ha hecho —inusualmente, la voz del mayor sonaba chirriante, como si estuviese hablando con alguien muy desagradable. Empero, no dejaba de ser respetuosa. Naruto, como muchas veces, se maravilló de aquel hombre. Deseaba ser como él (y como Minato) cuando creciese.

Tsunade los observó con cuidado, calibrando sus expresiones. Por último, se detuvo en los ojos celestes del menor, que la contemplaban con frialdad. Se puso de pie y se volvió hacia el ventanal a su espalda, bufando.

—No creas que no se lo que pasa por tu cabeza ahora, Kakashi.

—Lo dudo mucho, Hokage-sama.

Ella giró un poco la cabeza, con una sonrisa irónica.

—Apuesto a que tienes ganas de volarme la cabeza con un raikiri. Y si no las tienes tú, seguro las tiene tu alumno.

El peliblanco miró de reojo a Naruto, quien permanecía tan quieto e impasible como cuando habían entrado, aunque era obvio para cualquiera que lo mirase que su cuerpo exudaba frialdad y molestia. El chico le devolvió la mirada alzando las cejas, preguntándose si acaso se estaba pasando. El hombre negó con la cabeza y dirigió su atención de vuelta a la rubia.

—Hokage-sama, ¿tiene alguna razón en especial para habernos pedido que regresemos?

—¡Claro que la tengo! —y, como de costumbre, su puño hizo impacto en el cuidado escritorio, que crujió en respuesta—. Kakashi, ¿no te das cuenta? Es muy probable que todo esto sea una trampa. Que ellos solo deseen atraer al Kyubi con Sakura. Y cuando llegaran hasta allí, ¿qué pensaban hacer exactamente? ¿Pedirles muy amablemente que les devolvieran a Sakura, y ustedes se irían por las buenas?

—¿Entonces que sugiere, Hokage-sama? —Naruto se dijo que no le gustaría que esa voz enfadada y cruda, rara en su sensei, se dirigiese a él, nunca—. Nos está pidiendo que dejemos a Sakura a su suerte. A su suerte, con los Akatsukis.

La mayor cayó en la silla de una manera muy poco elegante. Apoyó la frente entre sus manos, en actitud rendida. Los cuatro contuvieron el aliento, consientes de que lo que diría a continuación sería muy importante.

—Creo que es hora de que os hagáis a la idea de que Sakura puede no volver. Considerando el tiempo que lleva secuestrada, lo más probable es que esté muerta.

Fin de Flash Back

Soltó el aire que, inconscientemente, había retenido. Así que Tsunade daba a Sakura-chan por muerta. No podía decir que la desagradable idea no se le hubiese pasado por la cabeza a él mismo alguna vez. No era tan estúpido, y estaba seguro de que a sus compañeros de viaje les había pasado lo mismo. Pero, ¿era esa razón suficiente para dejar de buscarla? ¿Para abandonarla? Si había siquiera una mínima posibilidad de que estuviese viva, era seguro que los estaba esperando. Y, ¿cómo harían entonces para perdonarse a si mismos si, al dejar de buscarla, ella terminaba pereciendo? ¿Cómo vivirían con semejante peso sobre sus conciencias? A su parecer, era pedir demasiado.

—¡Naruto! —El rubio bajó la mirada al suelo, donde se encontraba su sensei, Yamato y Sai. Sonrió alegremente y bajó del árbol con un salto certero y elegante, que lo dejó de pie frente a sus compañeros.

—¡Kakashi-sensei! —Alzó la mano en señal de saludo. Notó un pergamino en la mano de su superior y lo contempló con curiosidad. Parecía una carta, atada muy pulcramente con un fino lazo rojo—. ¿Qué lleva ahí, sensei?

El peliplata sonrió, cerrando el único ojo visible. Aquello fue suficiente para indicarle al menor que eran buenas noticias, noticias, probablemente, sobre Sakura-chan.

—Es una carta del Kazekage. Me informa que ya han comenzado la búsqueda de Sakura. Está movilizando una gran cantidad de gente, por lo que me dice. Naruto —su voz se suavizó, y su ojo negro se clavó con fuerza en los del menor—, Sakura no ha quedado sola. No la hemos dejado. Tu amigo me dijo que me informaría todos los días sobre los adelantos. Naruto, Sakura acaba de acercarse cincuenta pasos.

—Gracias, Gaara —susurró el rubio, al viento. Con suerte, el pelirrojo sabría lo mucho que le agradecía por lo que estaba haciendo. Sabía que el puesto de Kazekage exigía una gran responsabilidad y seriedad por parte de Gaara y, aún así, ahí estaba, buscando a Sakura-chan solo porque él se lo había pedido. Recordó el apoyo y las palabras del pelirrojo cuando, por fin, la gente a su alrededor perdió la esperanza en Sasuke, y se encontró él solo luchando por la memoria del pelinegro, yendo contra la marea por su mejor amigo. 'Piensa en eso, y en lo que serías capaz de hacer por Sasuke'. Se prometió que, cuando fuese Hokage, sería como Gaara—. ¿Vamos a Ichiraku?

Y, con una risotada, sus amigos lo siguieron. El Uzumaki volvió un poco la vista, solo un segundo. Aquel árbol había presenciado un momento de profunda tristeza y, después, uno de profunda alegría. Quizá fuese allí donde se encontrara a la pelirrosa cuando volviese. Sonrió. Las cosas comenzaban a mejorar. Al menos, por ahora.

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Eso era todo. Allí se terminaba su 'trabajo'. Mientras caminaba con tranquilidad —¿Para qué correr? No es como que fuera a hacerle caso a ese enfermo de cabello naranja— pensó que nunca se le hubiese ocurrido que las cosas terminarían así. Ella estaba acostumbrada a hacer cosas como las que le habían pedido hacer; nunca había tenido mucha consideración hacia el sufrimiento ajeno. ¿Por qué iba a tenerlo, de todos modos? ¿Acaso alguien había tenido en cuenta su dolor, alguna vez? No. Sencillamente se habían limitado a correr la vista, como si así ella fuese a desaparecer. ¿Por qué preocuparse por gente que nunca había hecho nada por ella? Que, mientras ella sufría, sola y desamparada, seguían su camino, con total indiferencia.

Minako apretó los puños. Si ella no podía ser feliz, ¿por qué el resto si? ¿Qué la diferenciaba, por ejemplo, de esa chica de cabellos rosas? Suspiró. Por lo que había oído, era ninja médico. ¿Sería por eso? ¿Porque ayudaba a la gente? Ella hubiese curado millones de personas, con todo el gusto del universo, si con eso se hubiese ahorrado su sufrimiento. Sintió un dolor lejano y agudo, casi olvidado —aunque nunca por completo—. Inconcientemente, su mano se alzó, posándose sobre el corazón y bajando suavemente hacia el medio del pecho, ascendiendo nuevamente hacia la otra clavícula. Apretó los ojos. No podía revivir esos momentos. Si quería seguir adelante, tenía que olvidarlos, enterrarlos, destrozarlos. Pero, ¿cómo olvidar tanto daño?

De pequeña, había sido ingenua al pensar que toda la gente deseaba el bien, que nadie podía lastimar a las personas solo por placer. ¿A qué niño se le hubiese ocurrido lo contrario? Sin embargo, la estupidez e infantilismo se le habían ido rápido, demasiado pronto a su parecer. La realidad la había golpeado como un tren de carga, pasándole por encima. La ironía de la vida se la había encontrado a medio camino, saludándola con la mano, sonriendo con burla. Todos aquellos a quienes amaba, en quienes confiaba ciegamente, los únicos que realmente velaban por su bienestar, se habían ido de golpe, desapareciendo de su vida de un momento a otro. Su padre, madre, sus hermanos, sus amigos… No había quedado nadie. Y ella, en su credulidad, había pensado que la gente la ayudaría, que se compadecerían de su dolor.

Minako alzó el rostro, dejando que el sol le bañase los cabellos dorados y su piel de porcelana. Soñaba con un mundo perfecto, de ensueño. Un mundo como el de los cuentos que su padre le contaba antes de irse a dormir, antes de que, al cumplir los cuatro, él también se fuera. Había sido el primero. Y ella había creído que sería el único. Qué estúpida había sido. Qué tonto creer que Kami se conformaría con arrebatarle a su padre.

Se preguntó si esa chica, Sakura, habría sufrido también. ¿Se podía sufrir más de lo ella misma había sufrido? Porque solo entonces, Minako consideraría justo que alguien tuviese algo de felicidad. Cada vez que se había quejado con alguien, le habían dicho que lo bueno tarda en llegar. Que no hay mal que dure cien años. Que no hay mal que por bien no venga. Y, a sus veintiún años, quizá era apresurado decir que nunca sería feliz. Pero, ¿realmente justificaba una vida de sufrimiento un insignificante minuto de felicidad? ¿Realmente valía la pena seguir adelante, contra la marea, ser buena persona y preocuparse por los demás, si la vida no iba a darle más que cachetazos? Se estremeció cuando sintió un ramalazo de dolor en su mejilla. Llevó su mano allí, pero nada la había tocado. Era solo parte de sus recuerdos, que se aferraban a ella con garras de acero, apresándola, asfixiándola. El malestar se extendió por sus hombros, por su espalda y brazos, bajando por su vientre, cadera y piernas. Las rodillas le fallaron y cayó al suelo, estremeciéndose. Se hizo un ovillo; los recuerdos rodeándola, como cazadores frente a una presa indefensa, acechándola.

Recordó las manos grandes, cayendo sobre su cuerpo frágil con dureza. Recordó los pies, sólidos como la piedra, golpeando sus lastimadas costillas sin misericordia, arrancándole grititos infantiles. Sintió un fuerte tirón en el cabello, pero entonces no eran más que sus recuerdos. Creyó volver a sentir el miedo, atenazándole el corazón, oprimiendo su garganta. Pensó que las malas palabras y los alaridos, chillados muy cerca de su oído, la golpeaban como una ola. Abrió los ojos desesperadamente, y a su alrededor se materializó la pocilga en la que había pasado los peores momentos de su vida, con ropa y comida en putrefacción por doquier, y un pestilente y penetrante olor a alcohol. Se encogió aún más al sonido de un potazo. Sólo eran sus recuerdos, ¿cierto?

Una sombra amorfa se extendió sobre ella, y Minako oyó un chillido lastimero, que pronto reconoció como propio. Se arrastró hacia atrás, y su espalda golpeó un árbol. Volteó sus ojos, desenfocados, y se encontró un bosque a su alrededor. Parpadeó, confusa. Ya no estaba en la pocilga. Ya no estaba recordando. Su rostro volvió al frente, donde una chica de cabellos azules la miraba desapasionadamente. Era aquella mujer Akatsuki, que siempre se movía con el líder. La Hitomi se puso de pie muy lentamente, aún sintiendo sus huesos frágiles, sus rodillas amenazando con volver a arrojarla al suelo.

—Minako Hitomi, te he estado observando —la voz de la mujer sonaba tranquila y melodiosa. Minako la envidió, envidió su templanza—. ¿Es esta tu aldea?

—No —a la rubia poco le importó que su voz no sonase furiosa, sino quebrada y asustada. Las imágenes de su pasado estaban allí, detrás de sus párpados, esperando, acechando, vigilando—. No. Yo…

—Has dicho que podías volver a tu aldea; no lo hiciste —Minako no encontró palabras para defenderse. Su garganta tenía un nudo, uno que no tenía desde los diez años—. He recibido la voluntad de Dios y tengo que matarte.

—¿Qué…? —consiguió balbucear, y lo último que vio antes de ser tragada por la oscuridad, fue una marea de pequeños papelitos blancos. Después todo fue vacío. Serenidad. Paz.

No era estúpida, sabía qué sucedía. Se preguntó si, ahora que todo terminaba, al final del camino, la estarían esperando sus amigos, y todas las personas a las que amaba. Su último deseo fue que así fuera.

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—¿Aún quieres entrenar? —la voz de Kisame la sacó bruscamente de sus pensamientos.

Sakura lo miró como si estuviese hablando en un idioma extraño. Al final, cuando pudo procesar la pregunta, negó con la cabeza. Ya no le apetecía entrenar. Sentía un extraño peso en el pecho, que no había sentido antes. Quería estar sola.

—No, yo… lo dejamos para otro día, ¿si?

El Hoshigaki entrecerró sus pequeños ojos, quizá dudando de su respuesta. Se volvió hacia Itachi, que le devolvió una mirada penetrante e impasible. Kisame suspiró.

—Muy bien, como quieras —se giró y se encaminó a su habitación. El agudo oído de Sakura le permitió oír sus protestar susurradas—: ¿A dónde he ido a parar? Disponiendo mi tiempo como a una niñita se le da la gana.

Y se perdió en el pasillo, aún rezongando. Sakura rodó los ojos. Los Akatsukis podían ser muy caprichosos cuando querían. Itachi inclinó respetuosamente la cabeza y también desapareció, en una nube de humo, como tantas veces había visto hacer a Kakashi-sensei.

—Tobi, ¿quieres…?

—Tobi ve que Sakura-chan quiere estar sola, y como Tobi es un buen chico, la dejará sola. Tobi estará con el sempai; si Sakura-chan quiere hablar, solo lo tiene que buscar ahí.

Mientras contemplaba al menor alejarse, a la pelirrosa se le ocurrió que Tobi sabía muchas cosas, cosas que el resto, tan inteligente como decían ser, no sabían. Podían suponer que Tobi era estúpido solo por actuar como un niño, pero la Haruno tenía la ligera sospecha de que Tobi comprendía todo lo que sucedía a su alrededor, lo comprendía mucho mejor que todos sus compañeros. El pensamiento de que le gustaría conocer al muchacho a fondo la golpeó sorpresivamente, asombrándola. Si su plan de huida salía bien, no tendría tiempo de conocerlo. Una vez que estuviese fuera de la guarida, ellos volverían a ser sus enemigos, sus objetivos. Se preguntó si realmente sería capaz de atacar a Tobi, o a Sasori, si se los encontraba en una batalla. ¿Sería capaz de arremeter contra ellos, con la posibilidad de matarlos bailando en su mano? ¿Tendría el valor de terminar con una vida que se había vuelto tan importante para ella? Pero también había preguntas del otro lado. ¿La atacarían ellos? ¿Esperarían su primer movimiento, dejándole elegir? Se le encogió el corazón. Al lado de Naruto, de Sai, de Kakashi-sensei... ¿Sería capaz de darles la espalda, a cualquiera de los dos 'bandos'? ¿Sería capaz de mirar a los puros y sinceros ojos de su mejor amigo y decirle que se había encariñado con el enemigo, con aquellos que lo querían muerto, con aquellos cuyas manos estaban bañadas en sangre?

Una cosa era estar enamorada de Sasuke, quien debía tener en su historial tantas muertes como cualquier Akatsuki. Pero Sasuke había sido su compañero, su amigo. Había sido bueno alguna vez. Había sido de los suyos. En cambio Sasori y Tobi…

Volteó la cabeza cuando el arrastrar de unos pasos llamó su atención. Hidan pasó por delante de su rostro; al parecer, sin percatarse siquiera de su presencia. Caminaba con los hombros hundidos y la cabeza gacha, como quien acaba de recibir un golpe. La curiosidad —insana y retorcida curiosidad, que desconocía poseer— hizo que su cuerpo se moviera solo, y sus piernas la llevaron tras el inmortal. Él no pareció darse cuenta, porque siguió su camino sumido en sus, aparentemente tormentosos, pensamientos.

Sakura no se sorprendió de que el muchacho fuese al campo de entrenamiento a pensar, en lugar de ir a su habitación. El peliblanco parecía más del tipo de personas que necesitaban el aire helado chocando contra su rostro para limpiar su conciencia, más que aquellos que se encerraban en su cuarto y dejaban que la culpa los aplastase. Sus pies se detuvieron unos segundos ante ese pensamiento. ¿La culpa? ¿Acababa de achacar los problemas del muchacho a la culpa? ¿La culpa de qué? De todos modos, ¿siquiera tenía alguna pizca de conciencia? Sacudió la cabeza. ¿Por qué lo seguía? ¿Por qué le importaba? Quizá, porque, muy dentro suyo, deseaba saber si realmente le aquejaba alguna clase de remordimiento. Si realmente la fachada de chico malo e insensible era solo eso, una fachada.

—¡Sakura! —Se giró, deseando que Hidan hubiese traspasado las puertas ya, de modo que no hubiese notado que estaba siguiéndolo. Solo de pensarlo sintió que su rostro se tornaba rojo.

—¿Sasori?

El muchacho se le acercó con su elegancia característica, frunciendo el ceño. Cuando llegó a su lado, alargó un poco el cuello, mirando a espaldas de la kunoichi.

—¿Por qué estabas siguiendo a Hidan?

—Yo… yo no… —balbuceó, sintiéndose incapaz de defenderse bajo los pesados ojos miel—. Yo no lo seguía.

Él solo alzó ambas cejas, en una clara demostración de 'no te creo nada'.

—Ya. Como sea —Naturalmente, el Akasuna no era dado a darle vueltas a algo. Él iba al punto de forma seca y punzante, directa—. ¿Así que Minako se fue?

La pelirrosa arrugó la nariz, como si la sola mención de la rubia le produjese nauseas.

—Si, hace unos minutos —Escrutó el rostro del pelirrojo, como si allí estuviese escrita la verdad absoluta— ¿Y a ti que te importa?

El muchacho se encogió de hombros.

—En realidad, no lo hace. Solamente estaba pensando que esa mocosa me ha dejado su marioneta allá, en mi taller.

—¿Y cuál es el problema? ¿Acaso no te gusta?

—No es eso. Tú no entiendes nada —Y negó con la cabeza, como si hablar con Sakura fuese como hablar con un estúpido.

La kunoichi pasó el peso de su cuerpo a una pierna y puso ambas manos en las caderas, como cuando regañaba a Naruto.

—Entiendo perfectamente, gracias. Solo no veo qué tiene de malo una marioneta.

—No es una de mis marionetas. Es la marioneta de una mujer.

—¿Qué insinúas? —se mosqueó la chica.

—Que una simple mujer nunca comprenderá el arte de las marionetas, lo perfecta y a la vez imperfecta que puede ser. Sus puntos débiles y fuertes. Sus ventajas y desventajas. Su belleza.

—Tienes razón. Una mujer nunca llegará a estar tan mal de la cabeza para hablar de un pedazo de madera como si estuviese describiendo a una persona.

La mirada que le dedicó el chico pudo haberla desintegrado, literalmente.

—¡¿Un pedazo de madera, has dicho?! —Sakura se dijo que Sasori nunca había usado esa voz, al menos en su presencia. Chirriante y chillona, casi como si fuesen a cortársele las cuerdas vocales de un momento a otro. El joven respiró hondo, tanto, que pareció que su pecho explotaría. Después soltó el aire de golpe, haciendo que los suaves mechones pelirrojos que reposaban en su frente volasen unos segundos, antes de volver a reposar con tranquilidad. La Haruno quiso decirle que lo sentía, pero no lo hacía realmente, y no era una persona que apoyase el mentir continuamente. Sólo lo hacía si tenía que hacerlo, si una causa mayor se lo pedía.

Se limitó, entonces, a sonreírle con inocencia, dejando claro que no se disculparía, pero que no seguiría embarrando la situación, tampoco.

El shinobi de la Arena frunció los labios, contrariado. Alzó el rostro en un gesto muy típico de orgullo herido y le dio la espalda.

—Nunca dejarás de ser una mocosa ignorante. Sencillamente no tienes solución.

Y se marchó, todo digno, con la capa negra y roja ondeándole a la espalda. La chica estaba demasiado concentrada en no gritarle algo, o largarse a reír, como para notar que, supuestamente, Sasori no tenía que usar la capa, puesto que no estaba 'de servicio'.

Cuando la figura del ninja se hubo perdido en una esquina, el cerebro de Sakura rebobinó. 'Hidan', pensó, y apartó bruscamente la idea de que el nombre del inmortal no sonaba tan a desgraciado. Odiando un poco sus botas por el gran barullo que causaban al correr, se apresuró hacia el campo, abriendo la puerta con un cuidado extremo, rezándole a Kami porque el peliplata no estuviese tan cerca como para verla.

Si bien quería contemplarlo —bien, hablando con la verdad, quería espiarlo, o acosarlo, si se quiere—, eso no significaba que tuviese ningunas ganas de discutir con él. Por tanto, era mejor si ni siquiera notaba que ella estaba ahí.

Cuando consiguió abrir la puerta sin que esta produjese el menor sonido, haciéndola sentirse orgullosa de si misma, tal y como había previsto, el aire frío y húmedo le chocó en la cara, alborotándole los cabellos. Cerró la puerta con la misma suavidad con la que la había abierto y escaneó su alrededor. Todo estaba igual que temprano en la tarde, cuando había ido a entrenar, aunque el cielo comenzaba a reunir unas oscuras y gruesas nubes, que anunciaban una tormenta. Si llovía, ¿se quedaría a observar? ¿Se quedaría él? No creía que fuera de aquellos que, metidos en sus pensamientos, olvidaban por completo la lluvia. Aunque, claro, tampoco había pensado que fuera de aquellos que se daban unos minutos para pensar a solas, así que tendría que dejar de sacar suposiciones vacías basadas en la nada.

Con pasos vacilantes —su parte racional, por millonésima vez, le preguntó qué mierda se creía que estaba haciendo y la instó a salir de aquel lugar de inmediato— se acercó a la roca donde, durante el entrenamiento, había estado sentado Itachi. Aquel era un buen punto para buscar. Sin embargo, no le hizo falta mucho esfuerzo. Un pequeño giro de su cabeza y allí estaba, la razón que la había traído ahí.

Estaba sentado en un tronco caído a unos diez metros, con las rodillas algo levantadas, y los brazos apoyados en ellas. Parecía muy ensimismado, mucho más de lo que Sakura jamás lo había visto. Dio un paso hacia él, que no tardó en desandar. No debía acercase mucho, pues, si él la veía, toda la tranquilidad se iría por el caño. Con delicadeza, casi con miedo, Sakura se sentó en el suelo. Dispuesta a perder su tiempo contemplando al inmortal.

Su cuerpo parecía tenso, y varias veces se pasó la mano por los cabellos blancos. A veces alzaba el rostro, y la Haruno veía que movía los labios, quizá hablándose a si mismo, quizá hablándole a ese Dios suyo, Jashin. Después apoyaba la frente en sus rodillas, entre sus manos, como si la fuerza lo hubiese abandonado y no tuviese energía suficiente para mantener la cabeza erguida. Parecía vulnerable, allí sentado, a la merced del viento y el frío y, muy pronto, de la lluvia. Cuando las primeras gotas comenzaron a caer, la kunoichi amago con ponerse de pie y retirarse, pero el muchacho pareció —tal y como había pensado— demasiado ensimismado como para preocuparse. Así que la chica volvió a su lugar en silencio. Sakura pensó que él realmente se veía perdido y triste, como si algo muy importante de su vida se hubiese ido. Sintió una ligera molestia en la boca del estómago cuando caviló que lo único que se había ido recientemente había sido Minako. Vamos, por Kami, ¿hacía cuanto la había conocido? ¿Cómo podía hacerle sentir mal que la chica se fuera, cuando ni siquiera había ido al salón para interceder por ella? ¿Estaba así por Minako, o había algo más que se atoraba en el pecho del inmortal?

La Haruno tuvo que aceptar que siempre había visto a Hidan tras el vidrio opaco y grueso del odio. Nunca había considerado la posibilidad de que, tras esa dura piel de granito, se escondiese una persona más o menos normal —más 'menos', que 'más'—, con algo medianamente parecido a sentimientos y un corazón. Podía aceptar a los Akatsukis como personas. Psicópatas sin moral y sin un camino, pero personas. Podía ver el cariño y la infantil admiración de Deidara cuando contemplaba a Sasori; podía ver el respeto y la amistad cuando Kisame e Itachi se miraban de reojo, en una de esas extrañas charlas sin palabras; había sido testigo de la furia de Pain ante la ofensa de la Hitomi hacia Konan, esa mujer que le seguía como una sombra y que podía tocarlo sin correr por su vida. Kakuzu también tenía sentimientos, aunque estos fuesen pura y exclusivamente para su dinero. Tobi, ni hacía falta decirlo. Entonces, solo quedaba Hidan. La persona que le había causado tanto odio y desagrado desde el primer momento que se había sentido incapaz de reconocerlo como un ser humano.

Porque ni siquiera Sasuke, en su afán de volverse duro como a piedra y frío como el hielo, podía erradicar sus sentimientos por completo: seguía odiando a su hermano por lo que le había hecho a su familia y si, puede que hubiese intentado asesinarla a ella varias veces, pero, en fin, ella nunca había significado mucho para el pelinegro. Sin embargo, no había sido capaz de matar a Naruto en el valle del fin, ¿cierto? Lo había tenido rendido a sus pies, inconciente, pero no había sido capaz de terminar con él. Porque el rubio era su mejor amigo, su hermano, su cable a tierra, y ni siquiera alguien insensible como Sasuke había sido capaz de cortar eso.

Tal y como le había sucedido luego de que Itachi le contase la verdad, Sakura sintió que un velo se corría de sus ojos, permitiéndole ver un retazo de realidad que antes había estado oculto para ella. Que Hidan era una persona. Como ella, como Sasori, como Naruto. Con muchas imperfecciones, pero una persona. Porque, si no fuese así, ¿qué hacía él ahí? ¿Qué hacía ella ahí? Sakura aceptaba de buen grado que Hidan podía ser —y seguramente era— la persona más irritante, estúpida, maleducada, sádica, grosera, vulgar, insensible, orgullosa, egocéntrica y caprichosa del mundo entero. Pero, al menos para si misma, no podía negar que también era la persona más solitaria y triste de todas cuanto conocía. Quizá no de la misma forma que Naruto, pero ¿importaba eso? Sintió que su caja torácica aplastaba su corazón, produciéndole una sensación desagradable. Naruto, Sasuke, Kakashi-sensei, Sasori, y ahora Hidan. Siempre había estado rodeada de personas que habían vivido y vivían en continuo sufrimiento y soledad. Y le dolía no poder entenderlos, querer parecer que si, pero que en realidad fuese no. Su vida había sido perfecta, hasta cierto punto. Y por mucho que quisiera compartir su dolor, que quisiese decir 'te entiendo' con sinceridad, sabía que nunca sería capaz. Porque personas como ella solo eran capaces de apoyar la mano en el hombro y ofrecer sus brazos como consuelo. ¿Podía ser eso suficiente? No había sido suficiente para Sasuke. Parecía ser suficiente para Naruto. ¿Podría intentarlo con Hidan? ¿Podría ella? ¿Querría él? A lo lejos sonó un trueno. Había cosas que solo Kami sabía, y esa era una de ellas.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!

Minene Uryuu: Camioneras sexys. Eso es una novedad, querida xD Oh, OH, acabas de hacer subir el ego de Laly hasta el infinito y más allá! Buscaré mas frases para hacerte sonrojar :D Seremos bonitas y gorditas, como tu mandes :3 Los chicos se atraerán solos, linda, porque somos sexys camioneras, lo recuerdas? xD Hablar contigo es una pasada, siempre termino en el suelo de la risa. A hablar como basurero se ha dicho! Te espero en este capítulo, cuídate mucho!

RedDemon21: Holis! Tu no sabes la inmensa alegría que me ha dado leer esa primera frase :') Pues ahora puedes estar segura de que Hitomi ha quedado olvidada para nosotras. Nuestra muy amada Konan se ha hecho cargo :D De verdad, me hace muy feliz que me digas que logras meterte en las situaciones. Es muy difícil para mi transmitir lo que siento al escribir, lo que imagino que los personajes sienten, y me alegra mucho haberlo logrado contigo :) Espero poder seguir llenando tus expectativas (las faltas nunca serán reprochadas por Laly, querida, que yo de faltas estoy hasta la cabeza). Espero estarnos leyendo. Cuídate mucho!

Annie Darcy (Niña Bonita): Hola, mi preciosa flor Mexicana! (este mote es nuevo, preciosa, se me acaba de ocurrir xD). Oh, querida, a quién más podría estar dedicado, sino a mi primer review, a mi amiga cibernética, a mi apoyo en tiempos difíciles? No seas tan modesta, eres una dulzura xD Oh, niña, me haces sonrojar (*se sonroja*). Así que sangrienta, eh, querida? No me esperaba eso de ti! Aunque no pude darte la sangre que querías, espero haberte dado lo que buscabas. Al menos se fue, no? Y eso significa que... Hidan y Sakura estarán más cerquita! Ay, Dios, me vuelvo loca con mi propia historia! xD Estoy que necesito un psiquiátrico. Si, tampoco me gusta la forma en la que ella no puede desprenderse de su recuerdo, como si la asfixiara. Pero lo cierto es que no se puede olvidar al primer amor así como así, cierto? Yo aún pienso en el mío de vez en cuando u.u (Si, pues más le vale a ese esposo mío no hacerse muy el loco. Solo lo contrate porque es mi esposo y lo adoro, pero como me sea infiel, lo despellejo vivo!). Así que tu también sufres a la par que Naruto? Me gusta contar pequeños retazos desde su punto de vista porque me parece que así se comprende un poco mejor los sentimientos de culpa de Sakura cuando piensa que debería preocuparse por escapar. Bueno, querida, ahora definitivamente desapareció (de escena, y de nuestras vidas) Adiós Minako! Claro que la quieren, más que nada Tobi. Te ganas su amor con solo decirle que es un buen chico. Deidei... no tiene arreglo xD Si, Saku sabe donde golpear, a que si? JAJAJA con esas presiones, mi esposo caerá rendido en menos de lo que canta un gallo, querida. Bueno, Niña, como siempre, ha sido un placer leerte a ti también, siempre consigues arrancarme una sonrisa, aún cuando estoy con un humor negro. Espero tu comentario aquí también, preciosa! Yo también te quiero, lo sabes! (No me cites a Darcy, o no terminaré esta contestación ni en un millón de años! xD). Cuídate mucho! Yours~

Nai Hatake: Hola, hola! Bienvenida (adoro a las nuevas lectoras *3*). Me alegra que te deje satisfecha :D Si, comprendo y comparto tu pesar -.- ya sabes, las mentes estrechas que enseguida esgrimen el típico 'Ellos no van juntos, ellos son cualquiera, ellos ni se conocen!' y blah blah blah eterno u.u A ver, yo digo, es FAN-FIC, cierto? Eso literalmente significa ficción de fans. Para leer canon, léanse el manga! Como si nosotras fuéramos a cambiar nuestros gustos por lo que puedan pensar. Así que amante del DeiSaku, eh? También comparto ese amor jajaja pronto verás que yo no le hago ascos a ninguna pareja rara xD Soy loca de atar! Espero que los últimos capítulos (20 y 21) hayan sido de tu agrado. Nos leemos, cuídate mucho!

ImVicky: He~y! Así que la rubia se había ganado tu odio, eh (con rubia, en este caso, me refiero a Minako, no a Deidei xD). Espero, entonces, que hayas disfrutado su completa y definitiva desaparición del mapa. Ya no impacientéis (?), aquí está el nuevo capítulo :) Bueno, creo que aquí deje una puerto bastante abierta en relación al HidaSaku. Ya veremos como evoluciona todo. Y con respecto a mi pelirrojo preferido, qué decirte? Considéralos sanos celos fraternales. Ya sabes que Sasori la quiere mucho (como a una hermana) y él es Escorpio (mira tu que raro *sarcasmo*), así que es por demás celoso y posesivo, además de caprichoso. Espero haber aclarados esas dudas, y que puedas comentar este capitulo, decirme que te ha parecido. Nos leemos. Cuídate mucho!

Rini Booh: JAJAJA Lo habías estado esperando desesperadamente, cierto? La muerte definitivamente de Minako. Espero no te ofendas ante la pequeña parte que le dediqué, realmente mi conciencia me movió a escribirla. De nada por ese orgasmo visual, querida xD Bueno, yo no le llamaría del todo 'rabia contenida', sabes? Porque, en realidad, Minako nunca se 'contuvo' de lastimar a Saku. Sencillamente, como perro acorralado, se dio cuenta por fin de que sus palabras eran lo único que tenía contra Saku, y no quiso irse sin antes dejar a Saku pensando, con la psique destrozada. Por suerte, nuestra pelirrosa es más fuerte que eso (aunque no puedo negar que las palabras hayan surtido algo de efecto, y que la hayan herido muy en el fondo). Gracias por comentar. Cuídate mucho!

Lyldane: Hola! Jajaja no te preocupe, es una costumbre sana xD Bueno, he de decir que me sorprende que te haya gustado. De cierta forma, a mi me dejó muy a disgusto. Igual que este. Pero como expliqué, estoy muy atareada últimamente con los exámenes, y por ahora no puedo exigirle más a mi cabeza. Cuando comience Diciembre, las cosas volverán a su cause natural (finalmente). JAJAJA qué bronca le has tomado, Cristo! Hasta me has intimidado un poco! Ahora ves que ha desaparecido definitivamente, lo que espero que te produzca un gran placer :D A las mujeres como ella siempre les joden esas cosas. Su orgullo y autoestima es lo mejor que tienen. Supongo que ya he respondido a esa pregunta; no, no volverá a salir, al menos, no en este fic (lo cierto es que, así como era, me gustaba mucho su personaje como antagonista, y me parece que barajaré la posibilidad de usarla en alguna otra historia, qué dices?). Con respecto a tu petición, lo he estado pensando, pero no se si mi respuesta es lo que estabas esperando: Si, Sasuke va a aparecer, pero su aparición será muy, muy breve, y además será muy al final. Discúlpame, pero en esta historia en particular, él en carne y hueso no pinta nada. Quizá en los pensamientos de Saku, pero no me sirve mucho más que en eso. Solitos... eso sonó a perversión en mi mentecilla oscura xD Espero que te guste el cap. Cuídate mucho!