Buenos días (al menos, aquí). De verdad ha pasado mucho tiempo, lo cual lamento. Me explicaré más abajo. Puede que éste capítulo sea más corto de lo normal, pero quizá valga la pena.

Espero que al momento de leer todos se encuentren con buena salud, disfrutando lo que quiera que estén haciendo. Y gracias por darle una oportunidad a esta historia! No puedo dejar de agradecerles.

Esta historia está dedicada a una personita fantástica, a la cual ffnet me hizo conocer. Querida Niña Bonita, Annie Darcy, Monse, te lo dedico a ti! Gracias por el continuo apoyo, tu nunca faltas! Te quiero mucho!

Advertencia: Les he prometido que no dejaría esta historia sin terminar y que, así mismo, les informaría si me tardaría más tiempo del normal actualizar. Siempre cumplo mis promesas, de modo que juzgo necesario el aviso. Me tomaré un descanso de Unexpected. Es mi primer fic y le tengo mucho cariño, por tanto ya no puedo seguir escribiendo capítulos por obligación, que terminan dejándome insatisfecha. Además, si bien se cómo quiero que termine y ciertos sucesos que desatarán dicho final, lo cierto es que no tengo mucha idea de cómo conectarlo todo (dicho sea de paso, si alguien tiene alguna pequeña idea, me sería de mucha ayuda). Por todo esto, me tomaré dos meses de 'vacaciones' de esta historia. Solo puedo pedirles que entiendan y respeten mis razones, y desear fervientemente volver a leerlas cuando publique un nuevo capítulo, dentro de dos meses.

Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


—Sakura-chan.

La pelirrosa no se movió. Continuó con los ojos cerrados, esperando que el muchacho desistiese. Sintió la mano del pelinegro posarse suavemente sobre su hombro, pero siguió sin dar indicios de despertarse. A decir verdad, deseaba que él se fuera. Quería dormir más, no quería levantarse y, principalmente, no quería toparse con Sasori. No, gracias. Ella no solía ser rencorosa u orgullosa, pero, como había sospechado, el cariño y su cercanía con Sasori se estaban alejando un poco de su mano.

Como era de esperarse, las energías de Tobi no cejaron. Volvió a sacudir suavemente su hombro, y volvió a decir su nombre. Con un suspiro, la pelirrosa se dijo que tendría que levantarse tarde o temprano y que, de todas formas, no podía fingir no escuchar al menor. Abrió lentamente sus ojos jade, encontrándose con la máscara de Tobi muy cerca de su rostro.

—¡Ah, Sakura-chan ya despertó! ¿Irá Sakura-chan a desayunar con Tobi?

La muchacha volvió a cerrar los ojos y suspiró. De pronto se sentía terriblemente cansada; no tenía el menor deseo de hacer nada. ¿La estaría esperando Kisame para entrenar? Ni siquiera sabía que hora era. ¿Debería, entonces, hacer algo respecto a su 'plan' de ayudar a Hidan? No tenía idea de por dónde comenzar con eso. Quizá Tobi pudiese echarle una mano…

Se sentó en la cama con lentitud deliberada, estirándose y ronroneando suavemente. Tobi la observaba con pasividad, sentado en la silla.

—¿Puedo usar el baño, Tobi?

El chico se limitó a asentir. Sakura procuró tardar lo menos posible, por lo que, diez minutos después, estaba bañada y vestida, parada a un lado de la puerta. Cuando Tobi se le acercó, la tomó de la mano y juntos se dirigieron hacia el salón. La Haruno decidió que dejaría que Sasori se disculpara. Si no lo hacía, ella se le acercaría, le pediría disculpas por haberle abofeteado, y se iría definitivamente a la habitación de Tobi. Al menos sabía que el pelinegro no haría nada, y, además, era un chico de lo más dulce, por lo que se sentiría cómodo y bien dormir con él.

Cuando llegaron a la gran sala, se encontraron con Sasori y Hidan. El primero tenía la cabeza apoyada en sus manos, con unos suaves mechones rojizos tapando sus ojos y frente y, aunque a simple vista parecía relajado, la kunoichi notó que todo su cuerpo estaba en tensión, como si se estuviese conteniendo. Los jades de la pelirrosa se dirigieron entonces al peliblanco, segura de que él era la causa de rigidez del pelirrojo. Los ojos de ella se encontraron con los amatistas del inmortal, que perforaron en ella como si de un láser se tratase. No sabía identificar si la miraba con odio, indiferencia o algo más, algo escondido tras todo el desprecio que se acumulaba en su ser. Su cuerpo también estaba tenso, vibrante, listo para actuar. ¿Esperaba acaso que ella lo golpease, o algo así? ¿O era otra cosa? Las manos del Jashinista se encontraban sobre sus muslos, y, a juzgar por la blancura de sus nudillos, debía esta apretándose los músculos con una fuerza monstruosa. La chica recordó que esa misma fuerza podía caer sobre ella, como había sucedido una vez, y por fin su cerebro reaccionó, haciéndole dar un paso hacia atrás. Los ojos del peliplata se movieron con ella, analizando su movimiento. Algo en todo aquello pareció desagradarle de más, porque su boca se torció y su gesto se contrajo de tal modo que la pelirrosa creyó que de verdad saltaría sobre la mesa y la mataría. Sin embargo, él se puso de pie con rigidez, pero en silencio, y sin más se dio la vuelta y se alejó, sin volver a dirigirle la mirada. Por un segundo, la kunoichi se permitió pensar que el muchacho estaba actuando de una manera muy extraña.

Tobi volvió a tomarla de la mano y la guió con delicadeza hacia la mesa, sentándola frente a Sasori. Éste alzó la cabeza y pareció sorprendido de que Hidan no se encontrase a su lado. Su expresión era vacía e imperturbable, aunque parecía ligeramente irritado.

Se quedaron en silencio, oyendo de fondo el sonido de Tobi tratando de cocinar algo decente en la cocina. Sakura pensó que era el momento de disculparse; quizá a Sasori no le molestase, pero a ella se le hacía demasiado incómodo mirar en sus ojos miel y no disculparse por su arrebato.

—Sasori…

—Ya, lo entiendo —gruñó él, y la muchacha se quedó callada, demasiado indignada para continuar. Él corrió la vista y bufó—. Siento lo de ayer, ¿si? Estaba de mal humor. Déjalo ahí.

Pasaron los minutos. Tobi se puso a cantar una alegre canción. El pelirrojo seguía mirando hacia un lado, con indiferencia, quizá incapaz de sostener la mirada de su compañera.

—Siento haberte abofeteado —replicó ella con sencillez, encogiéndose de hombros. Sentía que Sasori estaba a kilómetros de ella, aunque, si hubiese querido, hubiese podido alargar la mano y acariciar la de él. Durante un segundo, tuvo el deseo de hacerlo, solo para asegurarse de que aún estaba ahí, de que no era una ilusión. Su mano permaneció sobre la mesa, sin moverse.

—¿Dormiste… hum… bien? —preguntó él, con tirantez.

—Si, gracias —y, por primera vez desde que él le había ofrecido una especie de 'amistad', creyó que el silencio que los rodeaba eran insoportable, aplastante. Desagradable. Por primera vez, deseó que él se fuera, que se alejara de ella. Deseó no tener que verlo.

Quiso sorprenderse, deshacerse de aquel pensamiento, pero seguía ahí, escarbando su cabeza, incomodándola. El Akasuna no hacía nada por ayudarla, tampoco.

Cuando creyó que no soportaría un minuto más sin gritarle algo al marionetista, Tobi salió de la cocina con dos tazas repletas de café y aquel frasco de galletas que llevaba su nombre. Sasori apenas desvió la vista hacia él, en un gesto desganado, antes de volverla hacia la kunoichi.

—Gracias, Tobi —Ella recibió la taza y las galletas con una sonrisa de agradecimiento, y se dirigió al mayor—: ¿Sabes si Kisame se ha levantado ya?

—¿Kisame? —repitió el muchacho, estúpidamente, y Sakura se dijo que era raro que en su voz no hubiese pizca de mordacidad o ironía—. Itachi y él salieron en una misión hoy por la mañana.

—¿Y sabes cuándo volverán?

—No —Casi con acritud, se encogió de hombros—. No es que me importe, tampoco.

El silencio volvió a rodearlos. Tobi, en aquellos segundos en los que sus amigos habían estado hablando, se había tomado todo el café y se había comido casi la mitad de las galletas. A él no parecía importarle en lo más mínimo el silencio, es más, jugueteaba con sus dedos como si tal cosa.

—¿Podemos hablar, Sasori? —le gruñó la pelirrosa, y, quizá porque jamás le había hablado con aquella rudeza, él asintió, y ambos se alejaron hacia el pasillo.

Cuando estuvieron lo suficientemente alejados de los oídos de Tobi, la kunoichi se giró y encaró al shinobi de la Arena.

—¿Qué es lo que te pasa?

—¿Cómo dices?

—Te he preguntado qué te pasa —para su propia consternación, su voz estaba falta de enfado. Quizá tenía un poco de cansancio, y de tristeza. Carraspeó.

—A mi no me pasa nada —se defendió, cerrándose en banda enseguida. Sus ojos eran insondables.

—Ayer estabas de mal humor. Lo entiendo. Yo tampoco estaba lo que se dice bien, así que discutimos —razonó ella, alzando las manos para acompañar a sus palabras. A él pareció serle de agrado, porque sus ojos miel seguían el movimiento de sus dedos, sin mirarla a los ojos—. Es normal. Ya está, nos disculpamos, aceptamos las disculpas, pasemos a otra cosa.

Por fin, los ojos de él se dirigieron a los de ella, pero parecían indiferentes. Quizá solo era la luz de las antorchas.

—No se qué quieres que te diga.

—¡No quiero que me digas nada! —se molestó ella, perdiendo cualquier indicio de paciencia. ¿Cómo podía ser Sasori tan estúpido? Realmente estaba falto de aprendizaje en lo referente a relacionarse con las personas—. ¡Quiero que me trates como lo hacías antes de que te abofeteara!

—Pero me abofeteaste, ¿no? —su voz sonó enfadada también, caprichosa.

—Tú casi me rompes la muñeca, infeliz. Pero estoy tratando de arreglar las cosas, ¿qué no ves? —le gritó, e inmediatamente se mordió el labio, mirando a su alrededor, como si temiera que alguien los escuchara.

—No te preocupes, no es como si a alguien le fueran a sorprender tus berrinches.

—Eres un cretino —escupió.

Él sonrió, casi con malicia, y se encogió de hombros con la elegancia que lo caracterizaba.

—Uno pensaría que te cansarías de decir siempre lo mismo, pero…

Quizá fuera la forma perversa y orgullosa en la que la estaba mirando; quizá fuera que necesitaba descargarse y él era lo más cercano que tenía. Quizá simplemente quería borrarle aquella enferma sonrisa. La Haruno no lo supo nunca. El hecho fue que, con inusitada rapidez —la suficiente, al menos, para que a Sasori no le diese el tiempo para defenderse— su puño se recubrió de chakra y se estampó con toda la fuerza de la que era capaz en la blanca y suave mejilla del pelirrojo. Sasori alcanzó a abrir los ojos con sorpresa antes de que su cuerpo colisionara crudamente contra la pared, haciendo un sonido bastante desagradable y alzando bastante polvo.

—¡Danna! —Como salido de la nada, el rubio se acercó corriendo y se arrodilló a un lado de su maestro, solícito. Su ojo celeste se dirigió a ella con pasmosa sorpresa.

El mayor se incorporó lentamente y alzó la mirada.

—A lo mejor ambos nos engañamos. Quizá, ambos vimos en el otro algo que no era. Vimos lo que queríamos ver —y a la kunoichi le pareció que nunca palabras tan sencillas, dichas de forma tan monótona, habían dolido tanto. O tal vez no era dolor precisamente. Más bien era ese sentimiento de desazón cuando uno cierra los ojos, empecinado, creyendo que al abrirlos, todo mejorará; y, cuando los abre, las cosas solo han empeorado.

Su amistad con Sasori había terminado, y ella se sorprendió de que las cosas pareciesen tan simples. Como decir 'no quiero ser más tu amigo', y punto. Como si ella no se hubiese apoyado en él con todas sus fuerzas, como si él no le hubiese dicho que estaría junto a ella siempre. Como si la confianza y el cariño que ella había depositado en él, y que seguramente él le había retribuido, no importasen.

Apretó los puños. Pero si importaban. A ella le importaban, al menos. Y no iba a permitir que por una simple discusión su amistad se terminase. Sasori podía pensar que, cuando quisiese volver a hablarle, solo tenía que buscarla y hacerlo. Pero Sakura sabía que pronto las cosas cambiarían. Pronto, ella se habría ido, y entonces ambos perderían, para siempre, la posibilidad de reconciliarse. Y no pensaba dejarle hacer algo así.

—No, no nos engañamos —dijo, con firmeza. Los artistas alzaron la vista, sorprendidos de que no se echase a correr. Pero estaba cansada de correr. De llorar. De esconderse. Hidan podía seguir teniendo el gusto de vez en cuando (siendo que el inmortal buscaba herirla a posta y, por alguna razón, siempre lo lograba), pero Sasori no. Sasori no tendría esa satisfacción—. Yo se exactamente lo que vi en ti. Y tú también sabes lo que viste en mí. ¿Crees que en una amistad nunca discutirás? ¿Nunca chillarás y gritarás, y patearás? Pues estás equivocado. En una amistad haces exactamente eso. Aún más; si no lo hiciera, deberías dudar de mi cariño.

—Yo no soy un mocoso. No pataleo —protestó el pelirrojo, y, por un efímero segundo, pareció divertido.

—No, no pataleas —contestó Sakura, sonriendo con picardía—. Pero piensa en tu relación con Deidara, y atrévete a decirme que no es exactamente así.

Y se fue con la frente en alto al cuarto de Sasori, como si nada hubiese pasado, con la satisfacción de haber dejado a ambos jóvenes sin palabras.

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—Gaara —le llamó Kankuro.

El Kazekage alzó la vista, indicándole con un ademán de la mano a su hermano que se acercase. El castaño lo hizo, parándose frente al pelirrojo, con solo el escritorio de por medio. El mayor sonrió de medio lado, pensando en lo mucho que su relación había cambiado en los últimos dos años. Si le hubiesen preguntado lo que pensaba de Gaara cuando tenía quince años, hubiera respondido que le desagradaba profundamente, aunque también le daba un poco de miedo. Lo quería tener lo más lejos posible. Sin embargo, ahora, lo quería como se quieren a los hermanos, confiaba en él, daría su vida por él —tal como había estado dispuesto a hacer cuando se había enfrentado a Sasori durante el secuestro de Gaara—.

—El escuadrón de búsqueda acaba de enviar un informe —Gaara alzó una mano y su hermano depositó en ésta un pergamino atado con una cinta negra.

El pelirrojo desató el hilo y desenrolló el pergamino. Sus ojos se movieron con presteza a través de las líneas y, cuando terminó, su ceño se frunció ligeramente, aunque lo suficiente para que el castaño lo notase.

—¿Qué pasa?

El menor se limitó a extenderle el documento. Kankuro lo tomó con curiosidad y desconcierto, y se apresuró a leerlo. Su expresión se contrajo.

—¡Qué! ¿Akatsuki? ¿Cómo puede ser?

—Necesitamos ir a por los cuerpos, Kankuro —murmuró el pelirrojo, apretando los puños.

Todo el equipo estaba muerto. Solo le había dado tiempo a uno de ellos a garabatear un mensaje, que, por cierto, no había logrado concretar. Al menos, lo que había llegado a escribir les daba suficiente información por el momento. Los Akatsukis en cuestión eran nada más ni nada menos que Hoshigaki Kisame y Uchiha Itachi.

—¿Qué puede estar buscando Akatsuki en la Aldea de la lluvia?

Gaara no contestó. Lo cierto era que lo que buscasen o no, no le interesaba. Mientras se mantuviesen lejos de la aldea, a él le daba igual.

Se giró y contempló el atardecer con parsimonia. Akatsuki. La organización criminal que estaba tras Naruto; la misma que había secuestrado a Sakura Haruno. Lo que a él le gustaría saber era qué buscaban ellos en alguien como la pelirrosa. Tenía pocos recuerdos de la chica; sólo la había visto en los exámenes —mejor dicho, durante su huída en la invasión a Konoha— y posteriormente durante su rescate. Le habían dicho que, junto a Chiyo-sama, había derrotado a Akasuna no Sasori, uno de los Akatsukis más fuertes, y que ella había sido quien había logrado sacar el veneno del cuerpo de su hermano mayor, cuando nadie más había podido. Si dejaba a su mente volver a los turbios recuerdos de la invasión a Konoha, recordaba vagamente que ella se había plantado frente a él para proteger a Uchiha Sasuke —con nada más para defenderse que un kunai, un kunai contra la bestia en la que él se había convertido, mitad hombre, mitad biju—. Era valiente, era buena médica, y era buena chica. Pero todo eso no tenía nada que ver con Akatsuki. Menos aún, si consideraba el hecho de que ellos la habían secuestrado. Ellos habían ido explícitamente a por ella.

—Gaara, ¿qué quieres que haga? —preguntó Kankuro, sabiendo que su hermano no le contestaría a la otra pregunta.

—Reúne un equipo de Anbus. Dales las coordenadas exactas de los cuerpos. Solo tienen que ir a por ellos. Si hay peligro, que los dejen.

El mayor asintió y se dirigió a la puerta. Cuando ésta estaba semi abierta, se detuvo, y giró ligeramente el rostro.

—¿Crees que la hayan secuestrado para atraer a Naruto?

El pelirrojo no se volteó, ni contestó. Unos segundos después, oyó como la puerta se cerraba con un suave sonido.

Era una posibilidad. Secuestrar a la mejor amiga del Kyubi para que él se viese obligado a ir a buscarla. ¿Podía ser que la hubiesen tomado aleatoriamente? ¿Para qué necesitaban los Akatsukis a una kunoichi de Konoha, que estaba muy por debajo del nivel de los criminales?

Tomó asiento y apoyó el mentón sobre sus manos cruzadas. ¿Quizá necesitaban sus habilidades médicas? Tsunade-sama había reconocido una vez que sólo la Haruno y Shizune, su mano derecha, tenían talento para el ninjutsu médico. ¿Sería eso, entonces? De ser así, significaba que alguno de los criminales estaba herido; lo suficiente, al menos, para que se arriesgasen a secuestrar a la muchacha que había matado a uno de ellos.

Tomó una hoja en blanco y la dejó frente a él. Necesitaba algo más de información. Y Kakashi Hatake podía proporcionársela. ¿Qué Akatsuki la había secuestrado? Seguramente no sabrían eso. ¿Exactamente, qué día había sucedido? ¿Algún aldeano había resultado herido? ¿Alguno había visto algo? ¿En qué condiciones se encontraba la casa de la chica? Probablemente, si la había secuestrado aquel rubio que lo había secuestrado a él mismo tiempo atrás, el lugar estaría hecho un chiquero. Si no completamente destruido. ¿En qué lugares habían buscado ya? Suspiró. Parecía algún tipo de interrogatorio psicópata. Pero necesitaba esa información. En el mejor de los casos, saber todo aquello lo acercaría bastante a su objetivo. Finalizó la carta pidiéndole al ninja copia que no se guardase ningún dato que considerase importante; todo serviría.

Con tranquilidad, se puso de pie y se acercó a la puerta. Si conseguía hacer aquello, si lograba devolverle a Naruto a su mejor amiga, sentiría que su culpa disminuiría. Podría por fin decir que le había pagado al rubio una mínima parte de lo que el Uzumaki había hecho por él. Salió con la carta en la mano, y una invisible sonrisa en los labios.

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—¡Naruto! ¡Tengo una carta para ti!

El rubio volteó su cabeza para mirar a su amigo pelinegro. Kakashi aprovechó dicho momento de distracción para darle un puñetazo, que lo mandó a varios metros de distancia.

—¡Eso fue trampa, sensei! ¡No estaba prestando atención!

—¿Y quién te dijo que podías distraerte en un entrenamiento, Naruto? —se mofó el peliplata, rodando el único ojo visible.

De todas formas, se acercó a su alumno y le acercó una mano, para ayudarlo a levantarse. El Uzumaki alzó también su mano, pero en lugar de tomar la del mayor, lo aferró de su chaleco verde y lo aventó al suelo, justo a su lado. Le sonrió con toda la inocencia y brillantez que se le podía atribuir a Naruto Uzumaki.

—Se lo tenía merecido, sensei.

Hatake sonrió, y volvió a ponerse de pie, alargando nuevamente su mano hacia el hijo de Minato. El muchacho la tomó sin dudar y se puso de pie de un salto. Se sacudió la tierra de la ropa —se preguntó para sus adentros cómo era posible que su sensei no tuviese siquiera una mota de polvo, siendo que había caído al suelo como él— y se encaminó hacia Sai y Yamato.

—¿Así que tienes una carta? —curioseó Kakashi, parándose a un lado de sus compañeros.

—Venga, Sai, ¡dámela de una vez!

El Anbu le extendió el pergamino, con una pequeña sonrisa en el rostro.

Naruto se quedó contemplando el papel unos segundos. Sintió un ligero temblor en la mano, y se dijo que era patético sentir algo de miedo. Aún no había pasado ni una semana. ¿Sería de Gaara? Le sorprendía que le hubiese enviado la carta a él; antes se la había mandado directamente a Kakashi. Fijó la vista en el lazo rojo con algo de contrariedad. No podía saber si no lo abría, ¿cierto? Pensó que pedirle a su sensei que la leyera por él no era necesario en lo absoluto. No quería mostrarse más débil de lo que ya se había mostrado frente a su equipo.

Sus dedos desataron el cuidado lazo, dejando que la cinta cayera al suelo. Con una lentitud que en otras circunstancias se le hubiese antojado insoportable, desenrolló el pergamino. Sus ojos se movieron veloces por la cuidada y prolija letra de su amigo pelirrojo. Letra de Kazekage —se hizo una nota mental para mejorar un poco su propia caligrafía. El Hokage debía escribir de manera… un poco más legible—.

—¿Entonces? —preguntó Yamato, con una ligerísima nota de impaciencia.

—Es de Gaara —informó, cuando por fin terminó de leer. Posó sus ojos celestes en el ninja copia—. Creo que más bien es para usted, sensei.

El peliblanco tomó el papel con perplejidad, y su ojo se movió de forma extremadamente rápida.

—Quiere información —dijo en voz alta, en parte para tranquilizar a Sai y a Yamato, quienes esperaban las noticias quietos y en silencio. Se dirigió al menor—. Creo que lo correcto es que la contestes tu, siendo que fue a ti a quien se la envió, en primer lugar. Yo te ayudaré con la información que te falte.

Sin perder tiempo, los cuatro se dirigieron a la casa del chico Kyubi. El muchacho les pidió que se sentasen y les ofreció ramen, pero los tres declinaron amablemente —luego de que Kakashi les lanzase una mirada de advertencia, que el rubio no logró ver—.

—Veamos…

El Uzumaki tomó una pluma y comenzó a escribir. Su sensei, sentado a su lado, inclinó el cuerpo solo lo necesario para poder leer sobre su hombro. Naruto se estaba volviendo un muchacho bastante alto.

—¿No crees que podrías dirigirte a él de una manera… no sé, más respetuosa? —bufó el mayor, con una gotita cayéndole de la cabeza.

Las líneas no tenían nada de formales. Naruto se dirigía al Kazekage de la aldea de la Arena de la misma forma en la que se dirigiría a Shikamaru. El rubio miró a su sensei como si éste su hubiese vuelto loco, y Kakashi simplemente se encogió de hombros. Lo último que deseaba era intercambiar papeles con su alumno, y ser él el absurdo.

—Bien, creo que más o menos hemos respondido a todo lo que hemos podido. ¿Sensei? —preguntó, buscando su aprobación para finalizar la tarea.

El jounin lo miró, pero no estaba pensando en la carta. Estaba pensando en que aquel chico seguía viéndolo como su superior. Naruto era un genin, cierto, y él seguía siendo 'una especie de' maestro para él, pero de cierta forma lo desconcertaba que el muchacho siguiese mirándolo hacia arriba. A veces miraba al muchacho y se le hacía imposible no ver a Minato-sensei —a quien, curiosamente, él mismo siempre había tenido como ejemplo—. Estaba seguro de que ese chico sería algún día tan grande como lo había sido su padre, si no aún más. Tenía completa fe en que cumpliría con su sueño de ser Hokage. ¿Acaso no había pasado de ser la paria de la villa a ser el héroe de Konoha? Se preguntó si, cuando aquel sueño se cumpliese, seguiría mirándolo a él como un superior. Si seguiría pidiendo su opinión para las cosas. Si él podría acompañarlo.

—¿Kakashi-sensei? —insistió Naruto, agitando la mano frente a su rostro.

—Si crees que está lista, entonces lo está.

El Uzumaki lo miró con los ojos entrecerrados, preguntándose qué demonios le sucedía. A veces Kakashi-sensei podía comportarse de una manera de lo más peculiar. Le dio una segunda leída a la carta, agregó un saludo y la enrolló, buscando algo con qué cerrarla. Lamentó haber perdido el lazo con el que Gaara había atado la suya.

—¿Cree que esta información le servirá de algo a Gaara, sensei?

Hatake se encogió de hombros.

—Es lo único que podemos darle, además de desearle suerte. ¿Confías mucho en él?

—Claro que si —afirmó Naruto, sin tomarse siquiera un segundo para dudarlo—. Gaara es mi amigo. Le confiaría mi vida.

El mayor asintió. Naruto era de esas personas que podían darlo todo por un amigo, y así mismo confiarían todo al susodicho. Kakashi deseó haber confiado tanto en la gente cuando tenía la misma edad que su alumno. Chasqueó la lengua. También era cierto que Naruto seguía confiando en Sasuke, ¿cierto? Y el Uchiha se había convertido en una de las personas más poco confiables. No quiso pensar que, en un momento, él también había confiado en aquel desgraciado, que había confiado en que podía cambiar, en que no se convertiría en lo que, a fin de cuentas, se había convertido. Sasuke era demasiado parecido a él en algunos sentidos. Entonces, ¿por qué no podía serlo en las cosas buenas, también? ¡Al menos, a él jamás se le hubiese ocurrido lastimar a una compañera de…!

Se puso de pie de un salto y, sin una palabra, saltó por la ventana y desapareció. Sus tres compañeros se quedaron mirando el lugar por el que el ex-Anbu se había esfumado, con expresiones igual de perplejas. Naruto miró a Yamato y a Sai, como buscando una explicación, pero los otros dos hombres estaba igual de perdidos que él.

—¿Deberíamos…?

—No —lo cortó Yamato, dirigiendo su mirada nuevamente a la ventana—. Si Kakashi-sempai necesita estar solo, entonces no debemos estorbarle.

El rubio se sintió impotente. Por una parte, era obvio que no quería molestar a su sensei. Pero, por otro lado, sabía muy bien que el jounin tenía algunos oscuros callejones en su pasado, de los que le resultaba imposible escapar. ¡Cómo desearía que se lo contase! Aunque, quizá, había cosas que era mejor no saber. Frunció el ceño. Entregaría la carta, y con eso le daría suficiente tiempo a Hatake para ordenar sus pensamientos. Luego lo invitaría a comer algo de ramen. Por que ni siquiera Kakashi Hatake podía soportar todos los embates de la vida en soledad. Y si él podía ayudarlo, ni Kami podría detenerlo.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!

Minene Uryuu: Preciosa, seamos sinceras, no haces más que subir mi ego cada vez que comentas xD Claro que eres importante! Eres mi Mini Hidan :D En serio? Yo también tengo una chaqueta de cuero, que mi hermano siempre dice que es de motoquero (ah, motoquero, camionero, más de lo mismo, cierto?). Ciertamente, conquistamos a diestra y siniestra (principalmente a los Akatsukis). Puez ziempre ez un plazer havlar contigo, prezioza. Cuídate mucho!

Sakura Sayouri: Hola! Me alegro que te gustase la idea, y la pareja. Amante del crack, acaso? Eso es genial :D Bueno, yo soy una ferviente amante de Sakura, así que no puedo contestarte eso, pero ciertamente Sasori no es muy conocido por su paciencia, que digamos. Espero poder hacerte cambiar de opinión con respecto a Sakura :) Gracias por comentar, cuídate mucho!

ImVicky: Hola, amiga! Me alegro de que te haya gustado :) Bueno, ciertamente soy una desgraciada, y siendo que me gusta el drama, me gusta también jugar con los sentimientos de los personajes, sentimientos encontrados, complicaciones, malentendidos... Son cosas que siempre leerás en mi fic. Y aún falta mas! Bueno, esta vez tendrás que tener más paciencia, querida, lo cual lamento mucho. Pero tu siempre has sido fiel, y se con seguridad que dentro de dos meses aún estarás aquí, apoyándome. Lo cual te agradezco muchísimo :D Gracias por comentar, y por tus buenos deseos. Siempre son bien recibidos. Cuídate mucho!

Lia-tan: Y aquí está la chica de las largas reviews! xD No se si es igual de largo, pero que es largo, tenlo por seguro (Like it). Bueno, yo creo que tienes razón, pero en este punto me he visto confrontada con la actitud de Sakura, así que me dije que ella, siendo todo lo contrario a una persona dócil y como es, como tu dijiste, impulsiva, ella no dudaría en darle a Sasori una bofetada. Sin embargo, como has podido leer, se arrepintió luego, lo que es algo muy común. Y si bien creo que hay que aceptar la naturaleza de la gente tal cual es, bueno, tampoco puedo decir que yo no me hubiese enojado ni un poquito con Sasori. Creo que esta vez él se pasó, al menos un poquito. Hablemos de Deidei, entonces. Hay que reconocer que el chico es el rey de los berriches. Solo tiene 19 años, y a decir verdad es más inmaduro de lo que cabría esperar. (Konan es propiedad de Pain? Lo cierto es que yo estoy en contra de eso, sabes, Konan es propiedad de alguien que ya no está, pero no por eso buscaría un sustituto. Pero si es cierto que Pain jamás dejaría que nadie le respirara cerca siquiera xD). Y si, tienes razón, lo que le sucede al este loco rubio es solo hormonal, lo cierto es que en este fic no me planteé ningún acercamiento romántico hacia Sakura que no fuera Hidan (y, pues como es obvio, Naruto). Pero, tu sabes, el orgullo masculino de Dei es grande, y costará un poco arreglarlo (un poco, véase, unas bofetadas se Saku y unas amenazas de Sasori xD). Ah, no te preocupes por el bebé peliblanco, aparecerá tarde o temprano (esperemos que más temprano que tarde). Bueno, ciertamente será difícil, siendo que no pueden estar siquiera en la misma habitación, pero te diré que, inconscientemente, Hidan contribuirá bastante a ayudarse a si mismo. Y no tienes que preocuparte, soy de la creencia de que, incluso aunque Saku y Hidan se casaran, y este comenzara a llamarla por su nombre, en cada discusión o berrinche del niño mimado se escurrirían los insultos y pavadas normales en él. No te creo rara en lo absoluto, preciosa, si me sucede lo mismo :D A que tu tampoco pensaste que Tobi era tan profundo? Él solo no quiere ver a nadie sufrir como él lo hizo. Es una buena persona, ya has visto. Bueno, he de reconocer que no lo había visto así, pero supongo que tienes razón, aunque me cuesta pensar en alguien como Tobi en una actitud molesta. Supongo que no podré (ni pude) cumplir con tu pedido, así que lo lamente xD. Nos leemos en un tiempo (espero). Cuídate mucho!

Lyldane: Hola, querida! Si, cuesta compadecerse de Hidan, no importa lo que pase xD Bueno, con respecto a eso, qué decir, lo había intentado, así que no pueden reprocharme, pero no me sentía cómoda, así que creo que todo volvió a su cause natural. Y me alegro de que, al menos tu, te sientas contenta con eso. Eso de conseguir lo que no consiguió con Sasuke, tienes toda la razón, yo no habría podido definirlo mejor. Con respecto a Tobi, pues, creo que no te haré Spoiler si te digo que no es quien es en Naruto. Solo un chico normal, perdido. JAJAJA Me gusta como ves a los chicos, tienes amor para todos (? Muchas gracias por los buenos deseos, siempre son bienvenidos. Espero leerte cuando vuelva a actualizar. Cuídate mucho!

Rini Booh: No te preocupes por eso, amiga :D Oh, bueno, si crees que mi fic te ha pervertido, aún te falta mucho por leer (*risa malvada*). A que te encantaría tener a un Tobi propio en tu habitación? A mi si! Espero pronto poder esclarecer tus dudas (tienes razón, Deidei se lo tenía merecido). Gracias por tus buenos deseos, y espero leerte de nuevo. Cuídate mucho!

Khriz: Hola! Me alegro de que te gustase :D Por cierto, me gusta tu foto, yo tengo la misma en mi PC xD Espero que seas lo suficientemente paciente para esperarme. Quisiera volver a leerte :) Cuídate mucho!

Purple in wonderland: He~y! Me alegra saber que mi historia te ha gustado tanto :D Saber que te he causado tanto sentimiento hace que me inspire, pero no puedo prometerte volver pronto. Ya he dicho más arriba, pero confío en que cuando regrese, estés aquí para recibirme :D Gracias por comentar. Cuídate mucho!