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EL HUÉSPED

19. Sin esperanzas

Todos están dentro de la nave en la que llegaron Li y Lou al planeta Tierra, está dentro de una bodega contigua a la que condicionaron para atrapar a todas las crías de Taenia en ese primer y fallido intento. Están reunidos en un salón que debe ser la enfermería, donde Donatelo y Leonardo se hayan postrados en camas (en sus cuerpos están conectados varios cables de aparatos que monitorean sus signos vitales).

Li acomoda una bolsa con solución en un gancho de un asidero que cuelga del techo, solución que se está administrando por vía intravenosa y que ayudará al cuerpo de Donatelo a curarse más rápido de las heridas internas que le causó su huésped, mientras, Lou lee el resultado del análisis que le ha hecho a la sangre de Leonardo.

-Es un veneno letal…- tiene que anunciar -Su acción es lenta, pero es letal, y lamento… tener que decir que no tenemos el antídoto.

-¡¿Cómo que no tienes el antídoto?!

-¿Leo no se va a curar?

-En todo este tiempo que se ha perseguido a las Taenias, no se ha dedicado el necesario para realizar las investigaciones debidas. No tenemos un equipo de investigadores que pudiera decirnos qué hacer en este caso. Todos los que estamos tras el rastro de las Taenias, nos hemos encausado más a la caza de esta creatura que en estudiarla. Lo poco que sabemos, es por experiencias propias que después compartimos con los demás.

-¡O sea, que por tu afición de tiro al blanco, mi hermano va a morir!- grita Rafael y se acerca al chico con la clara intención de golpearlo, pero Splinter lo detiene.

-Rafael, tranquilo.

-¡¿Cómo me voy a calmar si mi hermano va a morir?... Leo va a morir…

Sí. ¿Cómo puedes estar en calma sabiendo que alguien que amas está por morir y no puedes hacer nada para impedirlo?

Miguel Ángel se acerca muy triste a Leonardo, se sienta en la cama y toma su mano. ¡Cómo le gustaría poder llorar! Sólo siente que las lágrimas aguijonean sus ojos pero no salen; eso que dijo Donatelo, eso de la estupefacción… debe seguir estando en estupefacción, porque ni siquiera se alegró al ver que sus amigos humanos estaban vivos; es como si no tuviera nada en su pecho, ni un corazón que lata y que lo haga sentir vivo.

-Yo intentaré hallar el antídoto.-dice Li a todos, y acercándose a su hermano para infundirle confianza-Si el veneno actúa muy lentamente, hay tiempo para poder hallar el antídoto, mientras, tú ve por las crías.

-¿Qué haría sin ti?- le dice conmovido y la estrecha entre sus brazos.

Eso se preguntan los demás: ¿qué van a hacer sin su hijo, sin su hermano mayor, si se les acaba el tiempo para salvarlo?

-¡Yo voy!- dice Miguel Ángel, al acercarse a los humanos.

Lou está por pedirle que se quede, por lo impresionable que es para afrontar a esas creaturas, pero algo en la mirada de la tortuga lo convence: una convicción muy fuerte de querer ayudar y no ser un inútil, esta vez.

-Gracias.

-Yo también me apunto.- se apunta Rafael.

-¡Vamos entonces! En el camino les explico.

Las tortugas siguen a Lou. Y sí les va a explicar, pero no de momento, la manera en que consiguió lo que necesitaba para ese nuevo plan.

-¿Puedo ayudar en algo, niña?

-Sí Splinter, sólo permítame...- se acerca a Donatelo -cerciorarme que el efecto del sedante no ha pasado, y que el medicamento…- revisa el goteo de la solución por la intravenosa -esté fluyendo. Bien. Puede ayudarme a…

Splinter escucha, pero luego desvía la mirada a su hijo el mayor… una lágrima escurren por su pelaje.

-Lo salvaremos.

-Intento que no me abandone la esperanza.

-Escuchemos música suave, para que la esperanza se sienta tan cómoda que no quiera irse.- le sonríe.

-Bien dicen que la música puede tranquilizar hasta a la más feroz de las bestias.

-Algo que seguramente Leo sabía, y que usó contra la Taenia como último recurso. Fue una gran suerte que esa flauta emitiera una nota en particular para que afectara al gusano, pero también fue muy arriesgado.

-Sí, pero es lo que hace un líder, tomar riesgos en situaciones críticas.

-Es un líder muy capaz, pero me contó otra cosa anoche,- sonríe -que sus hermanos le dice "el conse" porque es muy aplicado en sus estudios, que siempre los hace ver mal, pero así pasa entre hermanos. Yo era la consentida de mi papá,- suspira, seguramente por recordar a sus progenitores -mi hermano y yo nos peleábamos muy seguido, y me echaba en cara ser la consentida, pero todo cambio después de que ellos… - vuelve a suspirar -A veces me preguntó cuándo dejaré de extrañarlos.

-Lamento mucho tu pérdida.

-Gracias. Yo no era de la idea de salir e ir por el cosmos cazando Taenias, pero no podía dejar solo a mi bro, como aquí dicen. Mejor empezamos a trabajar, el tiempo es valioso.

-Vamos.

.

-De seguro piensas que somos unos idiotas.- Rafael le dice a Lou, ya van el camión en que llegaron.

-¿Por?

-Sí, ¿por?- Miguel Ángel también quiere saber.

-Nunca nos dimos cuenta de lo que le pasaba a Doni.

-¡Yo sí me di cuenta!

-Me refiero desde un inicio.

-Ah…

-No te culpes Rafa, esos gusanos han engañado a media galaxia, además, Splinter es un maestro ninja, y Leo tiene una conexión muy fuerte con ustedes, por eso ambos supieron que Doni albergaba una Taenia.

Pero hay algo más que Rafael no se atreve a comentar, y así lo deja Lou, piensa que Rafael debe culparse de alguna forma por lo sucedido con Donatelo, como él lo hizo consigo mismo cuando peleaba mucho con su hermana y sólo por pequeñeces. Desde que se quedaron huérfanos aprecia más que nunca tenerla a su lado.

Lo que queda de camino lo recorren en completo silencio, hasta que a Miguel Ángel le da sed, y entonces pide que se detengan porque tiene mucha sed, y ante los ojitos de cachorro (su arma infalible que acciona cada que quiere algo), Lou no puede negarse, así que pasan a un mini súper, y Miguel Ángel va bien discreto portando su "traje de tortuga"; agarra un envase grande de lo primero que ve, un jugo de sabor mango, y sale de prisa.

El atrapar a los anfitriones que albergaban a las crías de la Taenia fue relativamente fácil: usaron la antena de radiodifusión de una estación de radio abandonada para difundir a toda Nueva York la llamada de auxilio que Lou pudo conseguir de la Taenia Madre; la pequeña antena transmitió a otras antenas cercanas, y a su vez, éstas la trasmitieron a otras, y así sucesivamente, hasta que todas las antenas de radio difundieron por unos segundos la llamada inaudible para los humanos, luego rompieron el enlace y la única que seguía transmitiendo era la primer antena. No pasó mucho tiempo para que llegaran todas las personas que están infectadas, y como en un puesto de una feria del tiro al blanco, Rafael y Miguel Ángel (debidamente escondidos) dispararon dardos tranquilizantes a todos ellos; contaron quince individuos que consiguieron atrapar. Repitieron la misma operación un par de veces más para asegurarse que no quedara ninguna Taenia por ahí.

Regresaron ya muy tarde de vuelta a la nave (transportando a los cautivos en un remolque); pero primero pasaron por otra bebida (y de la misma porque le gustó a Miguel Ángel), y a los cinco minutos, Lou tuvo que conducir a mayor velocidad porque Miguel Ángel tenía que ir al baño.

-¡Compercompercomper!

Pasa muy rápido apenas se abre la puerta de la nave, Rafael ríe entre dientes por las ocurrencias de su hermano.

Lou va directo con Li (después de asegurar el cargamento); la halla en el pequeño laboratorio, a punto de inyectarse algo.

-¿Qué haces?- logra tomar su mano para evitarlo.

-Lou…

Él mira la jeringa, tiene una rara sustancia grisácea.

-¿Piensas inyectarte el veneno?

-No contamos con un animal fuerte, como un caballo, que pudiéramos utilizar para inyectarle el veneno y que su organismo cree los anticuerpos, que luego extraeríamos e inyectaríamos en Leo, pero nosotros somos más fuertes que un humano de la Tierra; tal vez mi sangre pueda crear esos anticuerpos que serían el antídoto…

-No sabemos si somos invulnerables al veneno.

-Sólo hay una forma de saberlo.- con su otra mano, retira la mano de su hermano que la tiene apresada, la retira delicadamente.

-Puede matarte.

-No tenemos alternativa.

-Lo haré yo entonces.

Le quita la jeringa.

-No.

Ahora ella evita que se inyecte.

Se quedan mirando.

La furia, el dolor, la duda, la desesperación… todos estos sentimientos se pelean en sus corazones por predominar sobre la sensatez.

Mientras deciden los hermanos quién debe inyectarse, sin saber con certeza si sobrevivirá o morirá, Rafael entra en la habitación en la que están Leonardo y Donatelo.

Splinter está humedeciendo con un paño la frente de su hijo mayor; tiene fiebre.

Rafael se acerca con cuidado. Ve el aparato que monitorea los signos de su hermano, cada vez son más débiles. Mira a su hermano, con cierto resentimiento.

¿Cómo es que fue el único que se dio cuenta?

¡¿Por qué demonios no hizo nada antes de que empeoraran las cosas?

Luego ve a su maestro. Se ve agotado. Le diría que se vaya a descansar, pero él no se va a apartar de su consentido.

-Tengo sed.- se oye una voz muy cansada.

Voltean al oír a Donatelo.

Splinter se acerca enseguida, pero Rafael lo detiene.

-Espere, no sabemos si es Doni o la cosa esa.

-Es Donatelo.

Cómo le gustaría saberlo por sí mismo. ¿Por qué no sabe este tipo de detalles?

-Tengo sed.- vuelve a decir Donatelo con debilidad.

Rafael recuerda la bebida que compró Miguel Ángel, así que sale, pero se encuentra a su hermano con la bebida en mano.

-Trae acá, Doni tiene sed.

-¿Se despertó?

-Algo, y tiene sed.

Rafael regresa y Miguel Ángel lo sigue.

-Toma.- le alarga el popote en la boca.

Donatelo toma un gran y lento trago.

-Gracias. Sabe bien.

-Sí.- dice Miguel Ángel -Ahora es mi jugo favorito.

Donatelo cierra los ojos pesadamente.

-Voy por Li.- se ofrece Rafael -Estoy más tranquilo si se la pasa durmiendo.

-En eso estoy de acuerdo, hijo.

Rafael va al laboratorio. Al llegar, oye una discusión.

-No está funcionando.

-Yo… creo que sí… es sólo una leve fiebre…

-No, está aumentando.

-¿Qué pasa?

Lou está sentado en una silla, sudando copiosamente.

-Nada, Rafa.- le dice Li -¿Sucede algo con tus hermanos?

-Doni se medio despertó.

-Gracias por decirme. Hay que sedarlo de nuevo. No hay otra forma de tener el cuerpo de Doni integro que mantenerlo dormido hasta que hallemos el antídoto.- busca deprisa otro sedante entre los estantes del laboratorio.

Prepara la jeringa y va con Rafael.

-Se ha vuelto a dormir.

-¿Segura?

-Sí.

Luego va a revisar a Leo.

Splinter humedece de nuevo el paño.

-Está empeorando.

El sonido zigzagueante que se oye y que se ve en el aparato, indica que los latidos del corazón de Leonardo es muy lento, cada vez más lento, y entonces….

-¡No!

El sonido se vuelve se vuelve continuo y la pantalla muestra una línea recta.

Nadie tiene que ser un experto para saber qué significa esa línea.

Leonardo ha muerto.

-¡HIJO!- es el grito de agonía del padre de la tortuga, pero Rafael lo detiene al ver los movimientos de la chica.

Rápidamente Li prepara otro aparato parecido al desfibrilador, y coloca los parches como puede bajo el grueso plastrón de la tortuga, y envía el primer choque al corazón, el cuerpo de la tortuga se sacude.

-¡Vamos, Leo! ¡No te rindas!

Le suplica antes de darle otra descarga eléctrica.

-No.

El registro de los latinos no indica nada.

Nada.

-Por favor… no…

Otra descarga.

Y nada.

-No te molestes, ya está muerto.

Todos se vuelen al oír una tétrica voz.

Donatelo ha dejado la cama.

-Y está por morir otro de ustedes.

Ríe.

Miguel Ángel se le pone la piel de gallina porque su hermano ríe como esos chicos malos que ha visto en infinidad de películas y series.

Nadie se mueve, porque no hay nada ni nadie que pueda detener a la Muerte. Hoy, en esta noche fatídica, se ha visto muy ambiciosa, y va a llevarse a uno más.

De repente, Donatelo deja de reír y se arquea, no de dolor sino como si le hubieran dado unas tremendas náuseas, y tose con fuerza, tose y tose hasta que regurgita algo, algo baboso y horripilante, los espasmos lo obligan a arrodillarse, aún sintiendo feas arqueadas, pero luego pierde el sentido.

Los demás se quedan viendo la cosa que Donatelo vomitó…

¡Es la Taenia!

-¡Aaaahh!- Miguel Ángel se da cuenta también.

Pero ese grito hace reaccionar a todos, y al horrible gusano también, se arrastra para escapar, pero algo le pasa porque no se arrastra con la agilidad que la han visto usar, de repente, lanza un agudo chillido al ser atravesada por una veloz sai.

-¡¿A dónde?¡

Li no pierde tiempo, toma unos guantes, se los pone, toma el gusano baboso y corre al laboratorio.

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Gracias por tomarte tu tiempo y leer mi fic.

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