—¡Vengo a convivir!

—¡Vete de aquí, tiburón asqueroso! ¡Largo!— le golpeó Karin al instante—. ¡Se supone que estabas dormido!

—Ustedes también y estaban platicando. Bueno, esta acaba de llegar.

—¿"Esta"?— se "ofendió" la pelinegra, antes de empujar la almohada en la que dormía contra su cara—. Ahora soy "esta", muy bien.

—Ya, ya, ya— le agitó la mano Suigetsu, para arquear sus cejas y sonreír socarronamente—. ¿Dónde estaban?

—Es que yo no entiendo por qué se ponen así o qué es lo que les importa.

—No digas pendejadas, sabes perfectamente.

Pandora se quiso mantener seria, y luego les ganó la risa a los dos.

—Solo estábamos hablando, relájense. Me parece perfectamente natural cuando recién agregas a alguien a la organización cuando vas a cumplir tus planes.

—Eres una cínica de mierda.

—Ni modo.

—Ya, nos tenemos que dormir todos— gruñó Karin—. Vete de aquí, infeliz.

—¿Le contaste de Hidan?— la ignoró el Hozuki, hablándole con tono burlón. Pandora le golpeó con fuerza en el hombro y luego se rió llevándose un dedo a los labios según ella para que se callara.

¿Para qué le cuentas esas cosas?

Es tu mejor amigo, te lo dejo pasar, pero ya sabes que es un idiota.

—¿Hidan…?— se sorprendió Karin.

Ilegal, eso era muy ilegal.

—Ese Hidan, sí, zanahoria de mierda, el de Akatsuki, ese mismo, quita esa cara de estúpidamente sorprendida. Ese la desvirginó.

No sabes ni dónde meter la cara de vergüenza, niña. Y luego te ríes, joder. Te da un ataque de risa ante ver a Karin boquiabierta.

—¿Es en serio?— "susurró" ella en sorpresa.

—Sí, lo tenía tan traumado que decía que se quería casar conmigo bajo la mirada de Jashin todo el tiempo y no sé cuánta mierda más.

—Enamora todo lo que está a su paso— se burló igual Suigetsu.

—Cállate, pendejo.

—¿Y te metías con él?— preguntó Karin. De verdad estaba muy curiosa. Pandora se sorprendió ante eso, asintiendo con la cabeza muy rápido y emitiendo un "sí" insistente—. O sea, tu primera…

—Es que, Karin, ¿cómo te explico?— suspiró ella.

¿Vas a sacar todos tus traumas? ¿Esos traumas en específico?

¿Qué pretendes hacer?

—Tal cual la primera vez que alguien me la mete, pues no. Voluntariamente, sí.

—Oh…

—Si no recuerdo mal, te conté que a mí me adoptaron porque estaba en un clan que me maltrataban a mí y a mi hermana, en resumen. Pues… me maltrataban de todas las formas posibles— habló muy seria, muy lento, con los movimientos de su cara se encargó de que se terminara de entender su mensaje—. En cualquier ámbito.

Lo dijiste con una seriedad, que los dejó helados.

—Pandora…

—No, no, deja eso. No quiero tu lástima ni la de nadie, te dije eso solo para que entendieras, yo tengo la cabeza muy en alto y no es algo que me hiera ya. Pues fue eso, a los trece, me acosté con alguien por comida y ya a los catorce, creo, fue eso con Hidan y fue porque quería, y ya. Es todo lo que hay que explicar.

—Wow… lo siento, en serio.

—No— le repitió ella—. En serio, no. Respondiendo tu pregunta, Sui, obviamente no, porque no es algo relevante a nuestro cometido, obvio.

—Ay, es obvio que Sasuke te quiere coger— recalcó él aquel "obvio" ante que ella la repitiera.

—¿Cómo sabes eso?— se carcajeó Pandora. Suigetsu de pura prevención se convirtió en agua unos segundos por sí lo golpeaba otra vez.

—Porque todos te quieren coger. Me preocuparía la persona que no lo quisiera hacer. Me confirmaría su homosexualidad o asexualidad, aunque algunas mujeres…

—Jódete— le sacó el dedo ella en respuesta.

—¿Qué te pasa?— casi le gritó la otra chica y procedió a golpear a Suigetsu—. ¡Así no se le habla a una señorita! ¡Respétala, imbécil!

Suigetsu estuvo a punto de reponderle que ella se diera a respetar o alguna tontería así pero el Hozuki sabía del riesgo que implicaba, que incluso podría ser definitivamente expulsado de esa habitación y no era lo que él quería. A pesar de todo se lo estaba pasando muy ameno.

—Oye— sonrió con sorna Suigetsu otra vez, ignorando a Karin—. Ya, porque nos vamos a arrancar el pelo, ¿por qué se conocen tú y Sasuke?

—Pues porque éramos de la misma aldea.

Señalaste la banda ninja en tu pierna. ¿Te encanta presumirlas, no? Apenas empezaron a tomar forma te pusiste la banda ahí. Amaba cómo se veía en tu frente con los mechones cortos que te dejabas a los lados, pero luego la cambiaste de lugar.

Suigetsu hasta se hace el sorprendido. ¿O era de verdad que no la había visto nunca? Honestamente, no lo creo.

Esa banda tiene años ahí, brillando, con el símbolo de Konoha atravesado por una línea horizontal.

—No, pero…

—Por eso nos conocemos.

—Es que es otra persona contigo.

—¿Qué pretendes, Sui?

—Como tu mejor amigo me siento ofendido de no saber ese detalle de tu vida.

—Me preguntaste por qué nos conocíamos. Entonces, por eso nos conocemos.

—Pero el trasfondo.

—Eso no preguntaste.

—¡Ya!

—Estúpido, no grites— le regañó Karin, y luego la volteó a ver con insistencia—. Cuéntanos. Ya, Pandora, por favor.

Y se rió la descarada.

—Es que no sé qué se supone que quieren que les cuente. La aldea no es muy grande, somos de la misma generación, ya, no hay más. Aunque yo me gradué mucho antes, pero somos de la misma generación.

Cuéntales, cuéntales. Todo diles.

¿Qué vas a hacer? ¿De esta cómo te vas a zafar?

—¿A qué edad?

Y te quedaste ida, viendo el techo. Medio sonriendo, pero a la vez no. Está recordando, y eso no le gusta mucho. Le quema en el corazón, y el corazón es la única parte de su cuerpo que no puede controlar, el cómo el mundo ve a su corazón y lo que emana de él, sí, pero lo que ella siente y por tanto, la destruye… eso nunca pudo, por más que se echó el mundo a los hombros desde muy, muy, muy pequeña.

Eso le pesa. Mucho. Es alguien sumamente preparada, en cuerpo y mente, en habilidades, en todo, aprendió todo con arduo entrenamiento y sus inmensas ganas de aprender, ganas que le quemaban en el pecho, tanto para apaciguar el dolor.

Y es muy jodido, que ha tenido que esconder todo. Ha tenido que esconder la mayoría de su poder toda su vida, para protegerse primero a ella y a su hermana, y una vez que estuvo sola, para protegerse.

Aun así, no puedo esperar para enfrentarte porque sé lo que tienes guardado, mi niña. Te tengo miedo. Mucho miedo, deseo que acabes conmigo, no sabes cuánto, anhelo el día que estemos frente a frente y nos enfrentemos y entonces lo demuestres todo.

Haz entrenado mucho. Haz mostrado estratégicamente lo que te convenía, y por eso no haz entrenado absolutamente todo… y aun así, te tengo tanto miedo y tantas ganas de enfrentarte.

Joder, niña.

Pero sí, te quedaste pensando en tus recuerdos de la Aldea. A ver, vuelve.

Obviamente no puedes hacer eso, o tal vez sí, aunque no sé cómo se lo tomen los altos mandos. O quien sea. Sé que te mueres por un ramen, que extrañas esa vida.

Eras una eminencia, eras un estrella. Y lo sigues siendo, solo, esa vida que tú tenías…

Sé que te partió el alma perder a Taria, pero mira todo lo que pasó después…

—Tenía siete, pero estaba a poquitos días de cumplir los ocho, así que siempre lo redondeo a que me gradué a los ocho años— suspiraste, aún viendo el techo—. A los nueve ya era Chunnin y a los once, Jonnin.

Dando datos de más sobre lo que no te preguntaron, ese camino elegiste, muy bien.

¿De qué se sorprendían esos dos? Bien sabían lo que tú eras.

Miento. No sabían ni la mitad. Pero con lo que habías mostrado, bastaba y sobraba.

—Eres Jonnin— repitió Karin.

Y no le daban más rango porque no había más ya. Directito para Hokage, según todos. Incluso Taria siendo una mocosa lo decía y las dos hablaban de lo buena que sería su vida entonces, que vivirían en una buena casa y nunca se preocuparían por el dinero…

Volteas y le sonríes, hasta orgullosa.

Estabas cumpliendo tus sueños, mi niña. Y luego entendiste la vida, entonces te fuiste.

—O lo era, no lo sé cómo funcione, si por esto ya perdí todo mi progreso y mi estatus, supongo que sí— chistó, recorriendo con su dedo el trazo horizontal sobre el símbolo de Konoha—. Pero ese es mi rango.

Chistó y sonrió otra vez.

—El Hokage me insistía mucho para que entrara a ANBU— suspiró la desgraciada—. Estábamos en conversaciones, incluso escogí mi máscara, pero no entré.

—¿Por qué?

—En realidad ANBU nunca me llamó la atención, yo quería algo más… tranquilo— ¿Estás siendo sincera, en serio?—. Antes sí lo pensaba pero conforme crecí no, menos lo quería. Lo hablé con mi papá y me hizo saber que estaba la opción de dejarlo, por eso escogí la máscara, pero nos ofrecieron una misión a mis compañeros y a mí fuera de la Aldea y nos fuimos, entonces el tema quedó en el aire y la insistencia seguía ahí, solo yo no le hacía caso.

—Wow.

—¿Tranquilo? ¿De qué hablas? Todos quieren eso.

Otra vez esa risita.

—En realidad, yo…— vuelve a suspirar. ¿Niña? ¿Estás bien? ¿Soltando verdades?—, ¿cómo les explico? Mi mayor sueño es una vida tranquila, para mí es muy utópico el tener una familia y dedicarme a mis hijos… o tal vez no, tal vez estar sola pero tranquila, haciendo cosas de gente normal.

Tú no pediste nada. Nada de lo que es tu vida.

En realidad nadie lo hace.

Sé que estás cansada, pero aguanta un poco más, por favor.

¿Te he dicho que te quiero?

—¿Es en serio?

—Sí…— te encoges de hombros, ante la incredulidad de los demás—, sé que no lo entienden, en realidad esto se lo había dicho solo a dos personas antes de ustedes, pero tampoco lo entienden. Ese es mi deseo, en serio.

Tanto potencial y ella no quiere más. Pero sabe que es imposible.

—Ya, tengo mucho sueño, ya les dije hasta más de lo que tocaba. Vete de aquí, Sui.