Hola! Por fin, luego de años, centurias, milenios, he podido volver. Cómo han estado todos? Les contaré mis excusas:

Tenía previsto, por supuesto, publicar esto a finales de Abril. Me he esforzado mucho, sin embargo, me han cortado el servicio a Internet desde hace mucho (ahora mismo me encuentro en una biblioteca, porque en mi ciudad no hay un solo ciber). Las cosas parecían haberse confabulado para molestarme, pero supongo que lo superaré. Lo importante es que ahora mismo estoy aquí y vengo con el nuevo capítulo. He de decir, sin embargo que como yo me tomo muy en serio el tema de cumplir mis promesas, me he encontrado de muy mal humor al respecto de no haber podido cumplir la mía, y muy decepcionada también. Como no quiero que el tema vuelva a repetirse, no volveré a dar plazos de publicación; nos manejaremos con los tiempos de dos a tres semanas, y puede que más, o puede que menos. Creo que es lo mejor para todos.

Dicho todo esto, me saco un peso de encima volviendo a publicar. Espero que todos se encuentren bien, los he extrañado mucho! Cuéntenme qué han estado haciendo. Los quiero infinitamente :D

Esta historia está dedicada a una personita fantástica, a la cual ffnet me hizo conocer. Querida Niña Bonita, Annie Darcy, Monse, te lo dedico a ti! Gracias por el continuo apoyo, tu nunca faltas! Te quiero mucho!

Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


—Sakura-chan, Tobi acaba de ver a Kisame-san y a Itachi-san regresar. Sakura-chan los estaba buscando, ¿no es así?

—¿Ah? —La pelirrosa soltó el dibujo que tenía en la mano y dirigió su atención hacia Tobi—. Ah, pues, en realidad estaba buscando a Kisame, pero ya no tiene sentido. Ya es de noche.

—¿Sakura-chan estaba buscando a Kisame-san para entrenar?

—Si.

Tobi asintió y se sentó a su lado. Su rostro se giró hacia el olvidado dibujo.

—Sasori-san dibuja muy bien, ¿no es así?

La chica tomó el dibujo y lo abolló con rabia, ignorando el ligero pinchazo que sintió en medio del pecho. Arrojó el bollo al tacho de basura que había a un lado del escritorio.

—Sasori es un imbécil. ¿Siquiera sabe lo que significa la cortesía? ¡Disculparse como si alguien lo estuviera obligando! —rezongó—. ¿Acaso es estúpido? ¡Es como tratar con un niño pequeño! ¡Me enferma!

—Sakura-chan…

—Mira nomás, Tobi. ¿Se ha aparecido por aquí para disculparse como es debido? No. Porque su orgullo es tan grande que lo debe tener aplastado por completo. En serio, ¿no es él uno de los mayores aquí dentro? ¡No puede ponerse a mi nivel! ¡No tiene quince años!

—¿Sakura-chan tiene quince años?

—Dieciséis —replicó, aún murmurando por lo bajo.

Estúpido Sasori. ¿Qué tanto le costaba ser un poco, sólo un poco, complaciente? Ella había hecho su parte; se había disculpado, y había tratado de erradicar cualquier otro problema entre ellos. Pero no. El shinobi de la Arena seguía en sus trece. Si podía ser tan indiferente y superado a veces, ¿por qué tenía que contrarrestar todo eso comportándose como un mocoso malcriado a quien le niegan un capricho? ¿No conocía el precioso punto medio? ¿Aquel en el que se suponía, estaba la gente mayor y madura?

—Tal vez Sakura-chan deba hablar con Sasori-san.

—Ya hablé con él. Me disculpé. Le di la oportunidad de decirme si tenía algún otro problema. Pero, ¿tú crees que ha hecho algo? No. Se ha encaprichado como una niña.

—Ne, Sakura-chan… ¿estás segura de que no vino porque no quiso?

La Haruno lo observó con perplejidad. Si no era porque no quería, ¿por qué otra cosa no se aparecería? No lo habían enviado a una misión. No lo habían hecho, ¿cierto? Ya estaba comenzando a dudarlo. Desde que lo había golpeado en medio del pasillo, no había salido del cuarto de Tobi. Pero, ¿qué cosa podría estarlo reteniendo? Si lo habían enviado a una misión, ¿por qué no había ido a verla? Al menos unos minutos, aunque sólo fuera para decirle que luego hablarían. Aunque, pensándolo bien, Sasori no era del tipo que decía 'cuando vuelva, hablaremos'. Él sencillamente hablaba cuando le daba la gana hacerlo.

—¿Sabes… sabes si lo ha enviado de misión?

—Tobi no lo cree. Aunque es cierto que Tobi no se entera de nada de lo que sucede con los otros miembros. Quizá sólo fue a hablar con el Líder-sama.

Sakura no pudo evitar sentirse frustrada. Una misión. ¿Acaso sabía lo que eso significaba? Ahora apartando el hecho de que se estaba comportando como una novia ofendida, ¿acaso no sabía qué clases de misiones tenían los Akatsukis? Los bijus. Cada uno tras el que iban, significaba un paso más cerca de Naruto. Y no quería. Por Kami que no quería. ¿Cómo hacer para evitarlo, para retrasarlo, al menos? Debía escapar de allí, eso era un hecho. Pero, ¿cómo?

Miró a Tobi. Podía pedirle de salir un poco, pero ellos tenían el campo de entrenamiento, que, técnicamente hablando, estaba fuera. ¿Sería el muchacho lo suficientemente inocente como para sacarla de allí? Tobi tenía que saber que era una prisionera. Si le pedía ayuda, ¿iría él a contarle sus planes al líder? Eso sería peor que terrible.

Bufó. Tenía que haber una salida. Algo que pudiese sacarla del lugar sin peligro…

Inspiró abruptamente. Hidan. Kami, ¿cómo no se le había ocurrido antes? Hidan era su pasaje de salida. Hidan la llevaría afuera. ¿Y por qué? Porque la odiaba. Porque ella era una molestia para él. Porque el inmortal no podía estar respirando el mismo aire que ella más de diez segundos seguidos. Pero, ¿cómo haría para pedirle semejante favor? No podía ir simplemente como 'Ne, Hidan, ya que no soportas tenerme a un radio de menos de 100 Km., ¿por qué no me ayudas a salir de aquí? Ah, y, por cierto, no le cuentes nada a tu líder'. Tan patético que le sorprendía siquiera que se le hubiese pasado por la cabeza.

También estaba aquella idea de 'ayudarlo', ya que estaban en el tema de Hidan. Aquello sonaba aún más bizarro, si cabía. ¿Cómo se suponía que ayudaría a alguien como él? Era un asesino, sádico, caprichoso, religioso hasta la médula y, como si fuera poco, ambos se odiaban. Pero había decidido ayudarlo. Todo aquello había comenzado la tarde que lo había visto sufrir por primera vez. La tarde en la que había visto caer esa dura pared de piedra que lo rodeaba, y había podido ver a la persona tras la máscara, al humano tras la sangre. Aún era incapaz de decir qué era lo que lo había llevado a aquel estado, pero, de todas formas, ese no era el punto. Se había dicho que lo ayudaría, y lo haría.

¿Podría compensar eso el hecho de que casi se hubiese familiarizado con los mismos sujetos que tanto dolor le habían causado —y le seguían causando— a su mejor amigo? ¿Era por eso por lo que quería ayudarlo? ¿Para redimirse a si misma? Sacudió la cabeza. ¡Demasiado pensar en el inmortal le daba migraña! Más que nada cuando tenía la imagen del hombre en su punto más vulnerable llenándole la cabeza.

Alguien golpeó la puerta. Tobi y Sakura se miraron. El chico se puso de pie y abrió. A la muchacha casi se le cae la mandíbula al ver a quien estaba detrás de la puerta.

—Oye, Sakura, ¿podemos hablar?

La Haruno contuvo las ganas de ponerse de pie de un salto y lanzarse sobre él. En lugar de eso, se acercó con lentitud, controlando cada uno de sus movimientos, cada una de sus respiraciones. No le daría el placer de creer que se ponía eufórica con la idea de que hubiese ido hasta allá para disculparse. Porque sólo podía estar ahí para disculparse. Si no era por eso, se encargaría de dejarle el rostro irreconocible.

—Está bien, Tobi. Ya hablaremos más tarde.

—Adiós, Sakura-chan. Sasori-san.

Ambos jóvenes inclinaron la cabeza y se alejaron por el pasillo. Sakura pensó en decir algo, pero se dijo que no se lo haría más sencillo por nada en el mundo. Una parte de ella —una oscura parte de ella— disfrutaba enormemente de bajar a Sasori de su inmenso pedestal. De alguna forma retorcida, era casi como si se lo estuviese haciendo a Sasuke. Al menos, los dos tenían ese ego inigualable, que tomaba casi todas las decisiones.

Sasori la llevó hasta su cuarto. Sakura no opuso ninguna resistencia.

—Muy bien —suspiró el pelirrojo, cuando ambos estuvieron dentro de la habitación, y la puerta estuvo cerrada—. Lo siento. Siento lo que dije el otro día. ¿Estás contenta?

—No. Y te diré por qué no. Porque las disculpas no funcionan así. Porque no me sirve de nada que te disculpes sólo para contentarme. Porque si la disculpa no viene de ti, si no te disculpas porque has comprendido tu error, si no te disculpas porque verdaderamente sientes haberme lastimado, no tiene sentido que lo hagas. Prefiero que te quedes callado.

El muchacho permaneció unos segundos en silencio, y Sakura se dijo que era la primera vez —y tal vez la última— que lo dejaba sin palabras. Se sintió feliz.

—Ah, realmente eres molesta, ¿sabes? —se quejó Sasori, revolviendo su cabello rojo con irritación.

La pelirrosa jamás le diría cuánto le habían dolido esas palabras, dichas al pasar. Jamás le diría que tenía unas inmensas ganas de llorar, porque de pronto no era Sasori quien le hablaba, era Sasuke, y el 'eres una molestia' volvía a cortarla con la fuerza de una avalancha. En lugar de eso, sonrió, aunque el corazón se le estuviese rompiendo a pedazos en medio del pecho.

—Muy bien. Lamento haber dicho que quería tomarme un descanso de preocuparme por ti. Se que, para alguien como tu, los amigos tienen que tener presente a sus amigos las veinticuatro horas del día. No quiero decir que esté mal —se apresuró a agregar, cuando Sakura abrió la boca, presta a quejarse—, sólo digo, en mi defensa, que deberías comprender tu también que esto es muy nuevo para mi, y que a veces soy incapaz de controlar lo que digo. Nunca antes tuve que filtrar mis pensamientos.

—¿Le dices a Deidara lo primero que se te cruza por la cabeza?

—Le digo a Deidara lo que se me da la gana decirle. Nunca tuve que preocuparme por él, porque nunca herí sus sentimientos con lo que decía o hacía.

La kunoichi asintió. Sabía que eso era cierto. Deidara podía andarle detrás a Sasori todo el tiempo, podía gritarle cada vez que el otro se mofaba de él, podía hacer un berrinche por cada cosa que sucedía, pero no creía realmente que Sasori pudiese herirlo. No sólo con algunas palabras, al menos.

—¿Has comprendido por qué me enojé, entonces? ¿Comprendes en dónde es que te equivocaste?

—Lo hago. ¿Serás tú un poco menos caprichosa y me darás algo de espacio?

Sakura suspiró hondo, y se dijo que, al menos por ahora, no podía hacer más. Debía aceptar lo que tuviese a mano. Lo que fuera con tal de saber que, incluso si lograba escapar aquel mismo día, no dejaría atrás una amistad rota con Sasori.

—Haré mi mejor esfuerzo —contestó entonces, con una sonrisa amable.

Sasori le sonrió de vuelta, aunque difícilmente podría decir que su sonrisa era amable. Las sonrisas del pelirrojo sólo podían ser divertidas o sarcásticas.

—Esta mañana ha sido un placer no tener que esperar una eternidad para tomar mi desayuno.

—Siempre dices lo que no debes, Sasori.

Y se rió. Se rió porque le parecía maravilloso haber podido arreglar sus problemas con el shinobi de la Arena. Se rió porque, por primera vez, había logrado contener sus lágrimas. Se rió porque todo había vuelto a ser como debía ser, en parte.

Se rió porque, por unos minutos, fue feliz.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Le molestaba. Le molestaba, le molestaba, le molestaba. Estúpido Pain. ¿Por qué mierda había tenido que mandar de misión al jodido Itachi y a su mascota? ¿Por qué no lo había mandado a él, por Jashin-sama? Ah, cierto, él aún no estaba bien del todo. Y, como si eso fuera poco, el jodido Kakuzu aún era un inútil —no que antes fuese de mucha utilidad, de todos modos—.

Con disgusto, recostó la cabeza contra el tronco del árbol. Le gustaba el frío. Le gustaba el silencio que había allí. Si no eran gritos de dolor o placer, prefería escuchar el silencio. No era una persona inquieta, pero tampoco podía considerarse un hombre sereno. Sencillamente encontraba aburrido y extenuante el sentarse a pensar. Aunque en el último tiempo lo estuviese haciendo más de lo normal.

Chasqueó la lengua con impaciencia cuando sus músculos se contrajeron. No era un estúpido. El viejo infeliz y el resto del mundo podían decir la mierda que quisieran, pero el no era un imbécil. Podía ser apresurado y no pelear con estrategia alguna, pero eso no significaba que fuese estúpido. Claro que sabía lo que lo estaba inquietando.

El viento le acarició el cabello, haciendo sonar las hojas de los árboles. Se dijo que era agradable respirar aire limpio de vez en cuando. Lo cansaba estar constantemente rodeado de un aura viciada y llena todo el tiempo. Su mano tocó el collar en su cuello y se quedó mirándolo con intranquilidad. ¿Por qué esa perra lo ponía en aquel estado de inquietud? ¿Por qué, desde que la había visto destrozarse frente a sus ojos, se sentía alerta, cauteloso? ¿Por qué no podía estar más de dos minutos en la misma habitación que ella?

¡Por Jashin-sama, se estaba volviendo loco! Solo era una perra de Konoha. Una perra que, para variar, había golpeado su bello rostro varias veces. Quiso reírse, aunque no supo si de si mismo o de la situación en general. Apretó el colgante y, vagamente, se preguntó si todo el asunto de Minako no se le iría a venir en su contra. De todas formas, ¿qué era que se volviese en su contra?

No le gustaba replantearse las cosas. No le gustaba arrepentirse. No estaba acostumbrado. Era de esa clase de personas que se llevaban la vida por delante, sin voltearse a mirar qué clase de desastre dejaban a sus espaldas. Nunca nada le había importado lo suficiente como para observarlo con atención, como para conservarlo, como para cuidarlo. Y era lo mismo con las personas; nunca se había tropezado con alguna a la que no quisiese hacer sacrificio a Jashin-sama. Aunque, ¿acaso alguna vez se había detenido a conocer a alguna, aunque solo fuera un poco? Pensó en Minako. No le había preguntado nada cuando la había conocido. Había sido ella misma quien se había presentado y, más allá de su nombre y apellido, no recordaba nada más de lo que le había dicho. No le había importado.

Quiso sentir algo de arrepentimiento por ser el causante principal de su muerte, pero sería mentira. No sentía absolutamente nada y, además, ella había ido con él sabiendo dónde se metía. Era conciente de las consecuencias. Inspiró con fuerza. ¿Era eso lo que la diferenciaba de la perra pelirrosa? ¿Que ella sabía dónde se metía y la perra no? La chica era una prisionera, para empezar, y a todas luces era la clase de niña inocente e ingenua que ha vivido una vida perfecta. No tenía idea de lo que era la realidad. Nuevamente, se preguntó por qué había sentido aquella aversión instantánea hacia ella, para empezar. ¿Era porque ella tenía una vida perfecta y él no? Era la cosa más patética y ridícula que se había dicho nunca. Nunca antes le había importado qué tan perfecta o desgraciada fuese la vida de la gente que lo rodeaba. Porque, de ser así, ¿no debería sentir una suerte de empatía por todos los jodidos imbéciles de aquella organización? Y por Jashin-sama que no era así.

No era un estúpido, pero ciertamente se cansaba de cavilar mucho más pronto de lo que sería normal. Le gustaba más experimentar, sentir. Cerró los ojos y creó la imagen de la chica mirándolo como si el mundo se le hubiese ido encima de un momento a otro. Volvió a chasquear la lengua. ¿Había sido por Pinocho o por el hermano del Uchiha? Le molestaba. Cualquiera de las dos posibilidades le molestaba. Y saber que le molestaba era lo que, irónicamente, más le irritaba.

Quizá solo era una extraña mezcla de sentimientos, que le hacían creer que le importaba realmente, cuando no lo hacía. Quizá lo único que quería era llevársela a la cama. No era la mujer más linda —ni la más fea— con la que se había acostado, pero él no era tan selectivo. Sin embargo, no tenía siquiera que ponerse a pensar en que el tomarla a la fuerza estaba totalmente fuera de cálculo. No era tan inconciente como para entregarse en bandeja de plata a Pinocho, Deidara-chan y otros —los nuevos caballeros de armadura de plata de la perra—. Sonrió, pensando en que la perra no los comprendía en lo absoluto. Para ella, seguramente eran todos súper amiguitos, como en una familia feliz. Qué estúpida. Eran asesinos, criminales. No se hacían súper amiguitos. Solo buscaban acomodarse y amoldarse a las situaciones. Eran gente sin una forma propia, que, en cambio, se mimetizaban con su entorno, como los camaleones. Si el Líder les ordenaba matarla en aquel mismo instante, lo harían sin dudarlo un segundo.

Si, tenía que aceptar que posiblemente Pinocho y el imbécil del Uchiha serían la excepción. Pinocho, porque no querría perder a su muñeca sexual —y porque, siendo el cabrón arrogante que era, seguramente se opondría por el simple placer de llevar la contra, tal y como había hecho cuando la perra había llegado al gran salón—. Y el Uchiha porque, realmente, dudaba mucho que quisiera hacerle daño. Era una criatura totalmente incomprensible en lo que a Hidan respectaba. No le importaba cuáles fueran sus razones, era un hecho que el pelinegro era diferente a ellos —que pensaba diferente a ellos—.

¿Cómo debería acercarse a la perra, entonces? No era un experto, pero sí podía decir que conocía bastante la naturaleza femenina. Si quería que ella se acostase con él sin que fuera a la fuerza, entonces tenía que hacerle creer que era lo que ella quería también. Tenía que hacerle desear acostarse con él. Y ¿por qué razón una mujer como ella se acostaría con un hombre como él? Tenía que quererlo. Al menos un poco.

Se rió al pensar que algo como eso no ocurriría jamás. Una parte de si se reveló ante aquella afirmación, pero la acalló sin misericordia. No tenía tiempo para pensamientos estúpidos. No podía permitir que la situación se le saliera de las manos si lo que estaba buscando era su antigua paz y tranquilidad. Una vez que se hubiese acostado con la perra, la calentura desaparecería, y con ella cualquier interés que pudiese haber desarrollado por la chica. Una vez que se hubiese acostado con ella, no volvería a llevarle el apunte y, seguramente, ella haría lo mismo.

Pero, si no iba a enamorarla, ¿cómo llevarla a la cama? Lo único que se le ocurría era utilizar su encanto masculino. Es decir, llevar la libido de la perra hasta un punto en el que no pudiese soportarlo, y terminase bajo él. Durante unos minutos, se recreó en aquella idea, hasta el punto que le llevó unos segundos notar que alguien le estaba hablando. Molesto por la interrupción —en buen momento se les había ocurrido ir a joderlo, infames cabrones—, abrió los ojos y los dirigió a su indeseada visita.

—¿Me extrañaste, pececito? ¿Tan desesperado por mi compañía que viniste corriendo hasta acá?

—Qué estupidez. No viene corriendo, y ciertamente no vine a verte a ti. Este suele ser un lugar tranquilo —Kisame apoyó a Samehada en el suelo y recargó su peso en ella—. Lo que me recuerda, ¿qué hace un niño molesto e inquieto como tú sentado en un lugar silencioso y quieto como este? Dudo que estés entrenando de sentado.

—Bueno, sucio ateo, es obvio incluso para un pagano ignorante como tu que no estoy entrenando. Y no recuerdo que no me estuviese permitido venir aquí a sentarme.

Kisame rodó los ojos y le enseñó su sonrisa más burlona.

—No me digas que has venido a pensar.

—Pues si, jodido cabrón, he venido a pensar. ¿Piensas molestarme mucho más? Me estorbas, por Jashin-sama.

—¿Y puedo preguntar en qué cosas tan interesantes y profundas gastas tus energías?

Hidan sonrió con malicia, enseñando todos los dientes. Una vez más, Kisame se preguntó por qué le era tan difícil reconocer el punto donde debía tragarse sus preguntas cuando estaba frente a aquel sujeto.

—¿De verdad quieres saber, pececito? Bueno, ya que preguntas, te lo diré: estaba preguntándome cómo se vería la jodida perra sudando bajo mi cuerpo. Y no estaba pensando precisamente en un entrenamiento que incluyese ropa, por si te interesa.

—La verdad es que no, pero ¿acaso eso detendrá tu interminable palabrerío?

Hidan pudo haberse ofendido y, ciertamente, se sabía los suficientes insultos como para estarle chillando al menos unas diez horas más, pero se dijo que tenía mucho, mucho más en lo que pensar —considerando que ese 'mucho' era, en su gran mayoría, sacrificios y planes de tortura que llevaba demasiado tiempo postergando, y en menor parte, cómo llevarse a la perra a su cama sin poner en entredicho su salud física—, así que se limitó a bajar de la rama con un salto elegante y tranquilo.

Caminó unos cuantos metros y se volteó.

—Ya ves, jodido ateo. Diviértete con tu novia Uchiha.

Y siguió caminando hacia el salón, pensando que sería agradable que, de vez en cuando, pudiese fastidiar algo más al peliazul.

Kisame lo observó hasta que se perdió de su vista. Entonces, soltó un largo suspiro, cansado, hastiado. 'Kakuzu, ¿por qué demonios tuviste que matar a tus compañeros? Ahora debes estarte arrepintiendo como el demonio'. Porque, realmente, no creía que ninguno de los anteriores compañeros del shinobi de la Cascada pudiese haber sino ni remotamente tan insufrible como lo era Hidan.

'Un gran desperdicio', decidió, sacándose su capa y sosteniendo a Samehada. Una vez más, agradeció que Itachi fuese su compañero. Vaya suerte la suya.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Sasori contempló con parsimonia a Sakura charlar con Tobi. La pelirrosa parecía suavizarse frente al chico, y mostraba una faceta de si misma mucho más maleable y dulce que la que, por ejemplo, le mostraba a Deidara. O la que le mostraba a él mismo, para ser sinceros. Sonrió con burla. Si que era divertida de observar, esa chica. Se dijo que siempre estaría agradecido de haber pensado, por una vez, en lo que le convenía a la organización, y exhortar al Líder a que la conservase.

Mientras alzaba las cejas hacia los menores, desentendiéndose de la acusación de Sakura de ser un 'viejo aburrido', apretó el lápiz que tenía en la mano derecha. Aún le parecía curiosa la última conversación que había tenido con el Líder, siendo que nunca antes el hombre se había acercado a hacerle comentarios como aquellos. Claro que nunca antes habían tenido una prisionera de una Aldea Oculta, así que, viéndolo así, estaba bien.

—Sasori, ¿estás seguro de estar bien? —La kunoichi inclinó la cabeza ligeramente. Preocupada. Curiosa.

—Claro que si, pero no me apetece especialmente involucrarme en una charla de mocosos.

En respuesta, Sakura resopló y siguió hablando con Tobi, como si él no existiese. Sabía cómo sacarse a las personas de encima, aunque nunca hubiese estado muy rodeado de ellas. Era una de las cosas que más le gustaba de si mismo, esa capacidad de cerrarse como una ostra.

Su mente volvió al Líder. Le había informado —¿con qué necesidad, por cierto? ¿En qué otra ocasión el pelinaranja se había molestado en compartir sus planes con él, o con alguien más que no fuese Konan?— que pronto partiría a por el Ocho Colas. Hasta ahí la cosa venía desde un '¿Ah, si?' hasta un 'No me interesa ni me incumbe'. Pero entonces el hombre le había comentado, como al pasar, que el próximo, y quizá último, objetivo de la organización, era el Nueve Colas. Naruto Uzumaki, ninja de la Aldea Oculta entre las Hojas, camarada de la prisionera. Y solo entonces Sasori había comprendido por qué el Líder se había acercado a él. Sabía que no era estúpido, más bien, todo lo contrario. Era conciente de que, luego de extraer al Ocho Colas, solo podía quedar el último biju. Y también sabía que Sasori quería a Sakura lo suficiente para no desearle ningún mal —véase, extraer y, por consiguiente, matar, a su mejor amigo y compañero—.

Apoyó el lápiz en una hoja y su mano, con gracilidad, se movió sola, trazando líneas y curvas, dándoles vida, personalidad. La orden había sido clara; si la prisionera comenzaba a actuar de forma extraña, la mataría. Si daba indicios de conocer los planes y tratar de impedir que se llevaran a cabo, la borraría del mapa. Y, sabiendo el Líder como sabía que Sasori no era ningún estúpido, también daba por hecho que no desobedecería. Y Sasori también lo sabía; no pondría en peligro la vida de Sakura solo para evitarle esa pérdida. Seguramente le dolería, y seguramente lo odiaría por eso, pero prefría eso a verla muerta.

Sus dedos titubearon. Chasqueó la lengua. ¿Por qué estaba pensando en esas cosas? A veces le gustaría poder apagar su cerebro. Bajó la vista al dibujo y, entrecerrando los ojos, dio un hondo suspiro.

—¿Sasori-san está dibujando? ¿Pueden Sakura-chan y Tobi ver?

El pelirrojo los miró con asombro, como recordando que ellos también estaban ahí. Sonrió con tensión, echándose ligeramente hacia atrás. Su mano derecha, abierta sobre la hoja, la abolló con fuerza, reduciéndola en un segundo a un bollo amorfo. Ambos chicos se quedaron mirándolo en silencio.

—Solo trataba de dibujarlos. Pero sus estupideces me desconcentraron, y terminé dibujando cualquier porquería. No vale la pena.

—Sasori, eh… Si te molestamos, nos podemos ir —ofreció la chica, genuinamente preocupada por el comportamiento peculiar del mayor.

—Ustedes siempre me molestan, mocosa. No hay gran cambio en eso.

Y la chica, frunciendo el ceño e inflando los cachetes, volvió a ignorarlo. Sasori sonrió. Era bueno conocer a alguien lo suficiente para saber qué tenía que decir si quería que la atención circulase para otro lado. Divertido, de cierta forma. Agradable.

Suspirando, reconoció que la constancia era algo que había faltado mucho en su vida y que, sin embargo, no se arrepentía de haber encontrado. Le gustaba saber que esa chica siempre sería igual, ¿por qué mentir? Se sentía bien. Y, así de egoísta como era, no quería perder eso, por mucho que tuviese que lastimarla luego. Por mucho que tuviese que separarla de él, prefería que estuviese viva. Que pudiese ser feliz. Aunque no lo incluyera en esa felicidad.

—A ver, mocosos, ¿de qué tanto están hablando? —con burla, giró la silla y los encaró, entrando en la conversación como se entra en la propia casa. Mientras la tuviese al alcance, disfrutaría de esa felicidad. Después, todo quedaría en ella. Siempre quedaría en ella.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!

Minene Uryuu: Hola, preciosa! Bueno, eso lo compartimos, ya que tu también me subes el ego hasta las nubes con cada review xD Quién podría considerarte idiota? Enséñales lo que tienes, querida Mini-Hidan :D Calcomanías de ponys? No se... a mi me gustaría más de princesas :P Es que soy muy madura, has visto? A mi me gustan las cosas de niñas grandes xD Dominares el mundo con nuestro encanto! (necesitamos controlarnos un poco). Sho ziempre me dibierto avlando contigo, prezioza :D Cuídate mucho!

ImVicky: Hola, amiga. Es verdad, tu has estado acompañándome aquí todo este tiempo, y créeme que no me alcanzan las palabras para agradecértelo :D Me hace muy feliz que no te hayas cansado del fic, y que hayas aceptado de tan buena gana este descanso. Realmente no me había detenido a pensar, no sabía que eras escritora! Por favor, disculpa mi descortesía. En cuanto me saque de encima mis tareas (ah, veo tan lejano ese momento!) me pasaré por tus historias :D Me parece justo, siendo que tu no me has abandonado jamás, y además creo que tienes una escritura muy correcta y fluida :) Muchas gracias por el apoyo y los buenos deseos. Espero que este capítulo te guste tanto como los otros. Cuídate mucho!

Annie Darcy (Niña Bonita): Hola, princesa! Jaja así que te ha gustado la pelea? A mi me ha causado mucha gracia, de cierto modo. Si, yo tampoco me canso de reafirmarlo: Tobi es un bebé. No comprendo cómo semejante dulzura no existe en la vida real (depresión instantánea u.u). Ya hablaremos, en cuanto tenga un rato libre te contestaré tu mensaje :) Cuídate mucho! Yours~

Usagi Misaki: Hola! Me equivoco, o tu eras Purple in Wonderland? Aunque también me gusta tu nuevo nombre! (Una amante del yaoi como yo, no lo puedo creer! Tenemos que hablar, tu y yo :D). Me alegro de que te haya gustado, y pues, solo puedo esperar no defraudarte. Nos leemos, cuídate mucho!

Lykox: Hola! Bueno, qué decir, me alegro mucho de que mi historia te haya gustado! Siempre es un placer llevar gente al lado oscuro (cofcof). Decía. Espero que este capítulo también te guste, y espero también volver a leerte. Cuídate mucho!

Humpty Dumpty Dhu: Hey~! Me has llenado de reviews, lo que me ha causado un placer enorme. No se si te tomas la molestia de comentar cada capítulo en todos los fic que son de tu agrado, pero sea cual sea el caso, me has echo reír de la felicidad :) Te contestaré en este capítulo y, si se alarga mucho el tema, terminaré de contestarte en el siguiente capítulo. Me parece que si tu te tomaste la molestia de escribirme, cada una de tus palabras merece respuesta. Bueno, yo siempre me quedé en ese momento, en lo que Kakashi podría haber sentido cuando recordara aquella pelea. En sus palabras para con Sakura. Así que te gusta el KakaSaku, ah? A mi me encanta también :D Simpre es una inmensa alegría que me digan que no hay OoC en mi historia. Hago mi mejor esfuerzo. Lees el manga? Yo veo el anime, pero me entero, por un modo u otro, de cada una de las muertes, y también me pone muy triste saber que hay personajes a los que no volveré a ver (casi tanto como la idea de que Naruto terminará algún día). Has cumplido tu promesa satisfactoriamente (y con creces, diría yo xD). Lo has notado? Pain no hacía las parejas solo por hacerlas. Bueno, yo también siento eso, pero recuerda que en mi historia seguirá siendo un buen chico, porque eso es todo lo que es. Lo de odiar a Saku, por quién lo dices? Bueno, no olvides que Orochimaru alguna vez había estado en la guarida. Le causaba nostalgia y bueno, se dijo que no los extrañaría tanto si les copiaba el estilo xD Si, con respecto a eso, se que parece un poco confuso (varias lectoras me han acusado de lo mismo, pero, soy inocente!), sin embargo, será estrictamente HidaSaku. Para SasoSaku, por favor, pásate por 'A look, only that's enough', de Lalyys (ni que me hiciera publicidad, no lo crees? xD). Oh, si, hay muchos requisitos para ser Akatsuki. Muy complicado para simples mortales u.u JAJA quién pudiera desear un amor que no te clavase una estaca? Me alegro que te guste, porque a mi me encanta entablar esta especie de amistad con todas mis lectoras. Todas son preciosas y preciadas para mi :3 Si, verás, adoro el drama :P Me disculpo por haberte hecho llorar (No, es mentira, adoro el hecho de transmitirte semejante emoción :D) Oi, no le digas enano, que mide casi lo mismo que yo! (Pero debo decir que yo también disfruto burlarme de su estatura a veces xD). Esas cosas se irán poniendo de manifiesto más adelante, ya verás. Y muchas gracias por decir que hay toques de humor. A decir verdad, no me creía capaz de hacer reír a nadie, y eso me preocupaba. Pero me alegro de que, al menos a ti, te pareciera gracioso :) Seguiré contestándote en el capítulo siguiente (y en el otro, a ser necesario). Cuídate mucho!

Utau Kagamine: Hola, querida! Jaja si, te recuerdo de 'A look...'. Oh, bueno, si que debe gustarte! xD Jajajaja si, ya se de todos tus gustos (principal: Tobi es Mono xD Recuerdas?) Oh, Laly-sama cumplirá tus deseos, todo volverá a la normalidad (todo lo normal que pueden ser esos dos, claro está). Eso me alegra mucho, siempre me alegran las lectoras fieles :3 Muchas gracias por haberle dado una oportunidad a este otro fic, espero volver a leerte! Cuídate mucho!