He~y! Cómo han estado? Espero que todos gocen de salud y felicidad (son indispensables) y que puedan relajar sus mentes al leer el cap.
Primero que nada, gracias por darle una oportunidad a mi historia :) Qué decir, es un Sasosaku, por lo que, aquellos que no gusten de la pareja, ADIÓS! A los demás, bienvenidos.
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
El despertador —¡Maldito artificio del mal!— cumplió su diabólico cometido al horario de las seis a.m. Su insistente sonido, atronador y chirriante, pudo más que el cansancio de la pelirrosa, consiguiendo arrancarla de sus placenteros sueños para atraerla al basto pero apagado mundo real. La muchacha se restregó los ojos y se quedó contemplando el pequeño aparato, barajando la idea de destrozarlo con sus manos.
Se puso de pie con la gracia de un oso rengo y caminó arrastrando los pies al baño, para su ducha matinal. Quince minutos después, Sakura Haruno se plantaba frente al espejo, completamente despierta y espabilada. Su cabello aún estaba algo mojado, por lo que se pegaba un poco a sus mejillas. El uniforme de Konoha Gakuen consistía en una camisa blanca, con el escudo de la institución en la parte superior izquierda, sobre el corazón; una pollera gris y medias negras por debajo de la rodilla. También llevaba un pullover de un gris apagado, aunque aún no hacía el suficiente frío para utilizarlo.
Suspiró; el uniforme jamás le quedaría a ella igual de bien que a Karin —una pelirroja de su misma edad, que parecía una perra en celo cada vez que tenía a Sasuke a menos de un kilómetro a la redonda— o Tayuya —otra pelirroja, algo más grande, que era prepotente y desconsiderada, además de algo bruta—; sin embargo, eso era lo mejor que podía hacer, más que nada por el hecho de que no tenía curvas exuberantes como Hinata. Nuevamente la invadió la emoción de volver a ver a sus amigos. ¡Hacía cuatro años que no se veían las caras! Las ganas de estrechar entre sus brazos a Naruto y a Ino le hacían escocer las manos.
Tomó una mochila negra y roja, su pullover —solo por si las dudas— y las llaves de su casa, y fue directa a desayunar.
—Buenos días, querida — Kizashi Haruno la recibió con una sonrisa. El hombre tenía el cabello rosa oscuro, en forma de flor de cerezo, y unos ojos azul puro.
—Buenos días, papá. Mamá.
La mujer le sonrió al tiempo que dejaba frente a ella unos panqueques y un vaso de zumo de naranja. Siguió cocinando, mientras silbaba una melodía que su hija no pudo reconocer. Mebuki era una mujer principalmente activa, que no podía soportar quedarse sentada si había algo, por pequeño que fuera, por hacer. Su marido, en cambio, prefería sentarse a leer un buen libro, a ser posible, en silencio.
—¿Cómo te sientes, Sakura? Te veo… exaltada —comentó Kizashi, mientras se llevaba una taza de té a los labios y sorbía con cuidado.
La muchacha rió y sonrió con cariño.
—Lo estoy, papá. No sabes lo mucho que deseo ahogar a Ino y a Naruto. Verlos será… inexplicable.
—Estoy seguro de que lo será—coincidió el hombre, sonriéndole a su única hija. Había solo dos mujeres en su vida, y aún se preguntaba cómo podía sentir tanto amor por una persona. 'Inexplicable', había dicho ella. Si, también era inexplicable lo mucho que él la adoraba, a ella y a su madre.
—Nena, deberías ir yendo —dijo la señora Haruno, sentándose junto a su marido a desayunar.
—¡Tienes razón! ¡Adiós, mamá, papá! —les gritó, casi en la puerta, y luego la cerró de un golpe.
Sus pies parecían querer llevarla hasta el instituto volando. 'Lástima que aún no desarrollo esa habilidad', se lamentó, solo pudiendo caminar a largas zancadas. Tampoco quería correr por la aldea, pareciendo una niña loca y desesperada.
Tomó aire profundamente, haciendo que el aire de su amada villa penetrara en sus fosas nasales. El cielo estaba despejado y la temperatura no era muy alta —aunque, luego de vivir en Suna, el clima en Konoha le parecía excesivamente frío—, y, sin embargo, sentía que se ahogaba, que algo oprimía con fuerza en su pecho, impidiéndole respirar correctamente. De pronto, se sentía como cuando tenía cinco años y estaba frente a la escuela, tomada de la mano de su padre, a punto de enfrentarse a muchos niños que luego le causarían más dolores de cabeza y llantos de los que podía contar.
Nunca había sido una persona de hacer amigos fácilmente. Estaba orgullosa de todas aquellas personas que, estaba segura, darían la vida por ella. También estaba orgullosa de la seguridad de que les devolvería el favor sin pensarlo. Y ahora los reencontraría, volverían a estar juntos, volverían esos viejos tiempos en los que las horas le parecían insuficientes para disfrutarlas con sus amigos. ¿Habrían cambiado? ¿Se emocionarían con el encuentro tal y como ella lo hacía? ¿Seguirían sintiendo el cariño que, en el corazón de la pelirrosa, permanecía perfectamente intacto?
Algunas personas le sonrieron al pasar; su cabello rosa era único, por lo que cualquiera que se acordase de ella la reconocería de inmediato. Sonrió a cuanta persona le pasó por delante, incluso saludando tranquilamente con la mano a quienes más le parecían familiares. Como le había comentado a Temari, la aldea no había cambiado en lo más mínimo los pasados años. Ese ambiente de confianza y amabilidad que rodaba a la gente permanecía imperturbable, abriendo los brazos a sus habitantes. El trato de las personas era de compañerismo y seguridad, como si pensar que alguno pudiese atentar contra ellos fuese un completo disparate. Y lo era; muy pocas personas descarriladas habían salido de la Aldea de la Hoja —Sakura sacudió la cabeza con repugnancia al pensar en Orochimaru, un psicópata que había sido desterrado por sus investigaciones ilegales y deseos sádicos y manipuladores—.
Se detuvo un segundo frente a la florería Yamanaka, el local que pertenecía a los padres de Ino. Por su cabeza pasaron las miles de veces en las que había ido a buscar a su amiga justo allí, las veces que habían jugado juntas frente a aquella misma puerta, las tantas veces en que se habían peleado y jurado no volver a hablarse, para reconciliarse al minuto siguiente. Sonrió con nostalgia. Cuatro años eran demasiados para estar lejos de su familia, para solo poder llevar consigo su recuerdo vago.
Una voz conocida la arrancó de sus pensamientos, haciéndola volverse bruscamente.
—¿Sakura? ¡Por Kami, Sakura, volviste!
La pelirrosa se encontró de frente con la señora Yamanaka, la madre de Ino. Tenía el cabello marrón claro, recogido con una goma, haciendo con ella un moño. Sus ojos eran de una tonalidad marrón café, e iba vestida con un traje azul verdoso —el cual llevaba una joya en el centro del traje a la altura de los hombros—. La mujer le sonrió todo lo que su rostro le permitía y la estrechó con fuerza entre sus brazos, riendo suavemente. La chica era, para ella, casi como una hija. Cuando la soltó, se volteó hacia la tienda y gritó:
—¡Inoichi! ¡Ven a ver quien regresó!
Por la puerta de vidrio salió un hombre alto, con el cabello rubio —y largo hasta casi la mitad de la espalda— atado en una coleta. Traía en sus manos un ramillete de flores blancas y azules, al parecer, que iba a poner junto a sus similares. El señor Yamanaka tenía un increíble parecido con su hija Ino, incluso sus nombres eran similares. Miró a su mujer con confusión un segundo, hasta que su mirada enfocó a la chica de cabellos rosados frente a ella, y las comisuras de sus labios se alzaron inmediatamente.
—¡Sakura! Kami, ¿hace cuánto que no te veíamos? —se adelantó y también él abrazó a la muchacha, volviendo a su lugar una vez que la hubo soltado.
—Volví hace tres días. Y no me veían desde hace cuatro años —respondió la Haruno, levantando la mano y dejando alzados cuatro dedos, como si quisiera reforzar sus palabras.
El matrimonio sonrió con calidez. Querían mucho a esa chica, y les alegraba sobremanera que fuese tan unida a su Ino. La rubia no había parado de lamentarse luego de la partida de Sakura, y todos los días contaba el tiempo que faltaba para reencontrarse con su amiga.
—¿Vas al instituto? —preguntó la señora Yamanaka. La chica asintió—. ¡Entonces ve! No me imagino cómo se pondrá Ino cuando te vea.
—Muchas gracias. Fue un placer verlos otra vez, ¡hasta luego!
Los señores Yamanaka le sonrieron desde la florería cuando ella partió a paso rápido, saludándolos con la mano.
Aún le faltaba un poco para llegar a destino, por lo que sus pensamientos volvieron a volar lejos. Pensó en Sasuke, a quien seguramente volvería a ver en breve. El muchacho era de su misma edad, e incluso concurrían a la misma clase. Era el mejor amigo de Naruto —aunque la relación de los dos chicos era más como la que ella mantenía con Ino, de cariño y constante rivalidad—, y una persona que causaba impresión allí adonde iba, más que nada en el sector femenino. Su cabello era negro, con algunos reflejos azulados, mientras que sus ojos eran dos pozos de profunda oscuridad, más impenetrables que una fortaleza. Era un Uchiha, uno de los dos últimos integrantes de, quizá, el clan más poderoso en la actualidad. Su familia había integrado la policía de la villa, y desde allí tenían poder suficiente para igualarse al Hokage. Sin embargo, un asesinato masivo había acabado con la orgullosa familia, dejando únicamente a Sasuke y a su hermano mayor, Itachi. Sakura solo había visto al mayor de los hermanos de lejos, pero le parecía que eran iguales, al menos en su personalidad.
Suspiró con abatimiento. Desde niña había sentido un profundo amor por Sasuke. De hecho, ese mismo amor era el que había acabado, momentáneamente, con la amistad entre Ino y ella. Siempre se había tratado de poner bonita para él; se había dejado el cabello largo porque sabía que a él le gustaban las chicas con larga cabellera, repudiaba a Naruto cuando el chico trataba de impresionarla para que Sasuke viera que ella lo adoraba solo a él, se le pegaba y asentía a todo cuanto el pelinegro dijese solo para agradarle. Ahora que lo pensaba, era bastante patético; tanto esfuerzo por una persona que no había hecho más que despreciarla a cada paso, llamándola 'molestia' y haciéndola llorar sin la menor culpa. ¿Por qué demonios su estúpido corazón aún latía con fuerza cuando imaginaba su rostro pálido y afilado, sus labios rojizos, sus ojos profundos? Era una completa idiota por haberse enamorado de una persona sin la menor calidez, pero era aún más estúpida por —luego de haber contemplado de cerca su personalidad repelente— seguir tan prendada de él como al principio.
En rigor, Sakura Haruno era su propio escollo. Era realista y sabía que había muy pocas posibilidades de encontrar a un hombre que fuese perfecto; pero también era una soñadora rematada que fantaseaba con que algún día llegase un príncipe azul a hacerla feliz. Aunque su amor por Sasuke seguía tan vivo y flameante como al principio, sus esperanzas comenzaban a alejarse vertiginosamente, empequeñeciéndose y derrumbándose sin remedio. No podía comprender por qué su corazón no podía amar de la misma manera que a Sasuke a Naruto, que más de una vez le había dejado claro que la amaba más que como a una mejor amiga, más que como a una hermana. O a Rock Lee, que no solo había jurado protegerla con su vida, sino que lo había demostrado. ¿Por qué seguía empecinada en el menor de los Uchihas? Él era una persona fría y calculadora, que no veía más allá de sus propios beneficios. Además, no había hecho absolutamente nada para enamorarla; no era mujeriego —aunque las chicas se le pegasen como abejas a la miel— y nunca le había prometido nada.
El corazón de la pelirrosa comenzó una alocada carrera cuando sus pies se clavaron a unos metros del instituto, al mismo tiempo que la sangre en sus venas circulaba furiosamente. Cuatro años habían pasado desde la última vez que había visto esa fachada, desde la última vez que había estado dentro de esas paredes, desde la última vez que todo lo que conocía y la hacía feliz la había rodeado. ¿Cuánto de todo eso habría cambiado? La atemorizaba volver a su hogar como una extraña en vez de como una más. Se estremeció, sintiendo un sudor frío bajar desde su nuca. Se había quedado paralizada allí, como una tonta, sin poder moverse. Al menos, no había chicos a la vista. ¿Tan tarde había llegado? Cierto era que se había distraído mucho por el camino, recorriendo todos y cada uno de los negocios que la rodeaban con inocente emoción, comparándolo todo con sus escasos recuerdos. Por suerte, nada había cambiado por allí; en cierta forma, la conservación de la aldea la hacía sentir bien, como si esos cuatro años en el exterior hubiesen sido unos cuantos días en realidad.
Suspiró, buscando serenarse, y sacó coraje de donde no sabía que aún quedaba. Llegó a la puerta del colegio dando tumbos, sintiendo a cada paso que el aire se hacía más y más difícil de respirar, y que el espacio frente a ella se cerraba de manera preocupante. Pronto estuvo frente a la puerta de vidrio, que reflejaba su expresión espantada. Ya no podía escapar. Ahora solo le quedaba entrar y enfrentar su futuro. No podía ser tan malo… ¿cierto?
Konoha Gakuen consistía de tres edificios que colindaban y se intercomunicaban entre sí con largos pasillos pintados de un suave color gris. El primero, que se encontraba en el lado izquierdo, era el edificio de primaria —iban niños de seis a once años—; el segundo, que quedaba en el medio de los otros dos, era el edificio de secundaria —se iba desde los doce a los dieciocho, y era a donde ella iba a terminar—; mientras que el último edificio, algo más pequeño y ubicado en el flanco derecho, pertenecía a la preparatoria —en la Aldea de la Hoja se era necesario estudiar dos años más a partir de los dieciocho antes de ingresar a la facultad, para luego tomar la carrera que se desease para el resto de la vida—. Así que, en síntesis, un chico podía vivir la mayor parte de su tiempo entre esas paredes desde que era un mocosito de seis hasta que era un hombre —o una mujer— de veinte años.
Su mano temblorosa se dirigió al picaporte y tuvo que contar hasta tres antes de empujar y entrar al establecimiento, acompañada de una suave corriente de aire que le despeinó el cabello. Dentro no se oía ni el sonido de una mosca. Al parecer, las clases acababan de comenzar, por lo que si se apuraba quizá llegara a su aula. Caminó algo desorientada, buscando fervientemente en su memoria los planos del lugar. Si doblaba en esa esquina, ¿llegaba a la sala de profesores, o se encontraba con los baños? Miró a un lado y al otro, sintiéndose exasperada. ¡Cuatro años! Parecía una vida entera.
—¿Sakura? —una voz a sus espaladas le hizo dar un respingo—. Kami, no seas cruel. ¿Eres tú…?
Una lágrima se derramó por sus ojos al tiempo que se volvía con la velocidad de un rayo y se lanzaba a los brazos de quien le había hablado. El hombre la recibió con un estrecho abrazo y la hizo dar unas vueltas en el aire, para luego devolverla al suelo y apresarla con más efusividad. Cuando la soltó, sus ojos negros brillaban.
—Kakashi-sensei —gimoteó la chica, y volvió a dejarse rodear por los brazos del mayor.
Kakashi Hatake había sido su profesor, pero, además, era su tutor, al igual que lo era de Naruto y Sasuke. En Konoha Gakuen se dividía a los alumnos en grupos de tres cuando pasaban a la secundaria, y los grupos seguían hasta que la terminasen. A cada grupo se le asignaba un profesor, que tenía por encargo la tarea de ayudar a sus alumnos en todo lo que pudiese, tanto dentro como fuera del colegio. El equipo que conformaba Kakashi, Naruto, Sasuke y Sakura era el numero siete. El hombre era su mentor, su consejero, su amigo. Tenía veinte nueve años, pero la mayoría del tiempo aparentaba unos diecisiete, con esa manera juguetona y burlesca que tenía. También su aspecto era el de un hombre un tanto más joven, con su cabello gris revoltoso y con una tendencia para apuntar al lado izquierdo. Llevaba una máscara oscura que tapaba la mitad de su rostro, dejando visibles únicamente sus dos ojos ónice, que siempre parecían brillar como los de un niño a punto de hacer una travesura. Por lo que Sakura sabía —que era lo mismo que sabían todos— llevaba esa máscara desde siempre, y nadie nunca había visto su rostro descubierto —aunque a leguas se notaba que era atractivo, con máscara o sin ella—. Daba el aspecto de ser un vago, que en realidad era lo que era, siempre con las manos en los bolsillos y los ojos a medio abrir, como si hubiese estado sin dormir. Llevaba consigo un pequeño libro, Icha Icha, que no soltaba ni aunque estuviese a punto de morir, y que, según le habían referido a la pelirrosa y a sus amigos, era un libro para mayores. '¡Pervertido!', le habían soltado enseguida, pero el hombre se había limitado a sonreír y a posar una de sus manos en su nuca, mientras cerraba los ojos; un gesto que acostumbraba a hacer.
Kakashi había perdido a muchas personas a lo largo de su vida; a su madre, a su padre, a su tutor —Minato, el padre del que ahora era uno de sus alumnos selectos—; a su mejor amiga, a su mejor amigo y casi hermano —a quien siempre había despreciado por ser algo despistado y preocuparse más por sus amigos que por las reglas; al final, solo habían podido congeniar y darse cuenta de su profunda amistad unas horas antes de que el muchacho muriese—. En fin, se había quedado solo a una edad muy temprana. Pero, al final, todos aquellos que lo habían querido y que luego lo habían abandonado le habían dejado una gran enseñanza: que una persona vale muchísimo más que una estúpida regla. Unas horas antes de perder a su mejor amigo, éste le había dicho: 'es cierto que aquellos que no cumplen con las reglas son llamados escoria, pero aquellos que no cuidan a sus amigos son peor que escoria.'. Y, Kami, jamás en la vida olvidaría esa frase.
Bajó la mirada y contempló los cabellos rosados que tenía ante sí. Había pasado demasiado tiempo solo, rumiando su dolor, cerrándose ante aquellos que deseaban su felicidad. Pero ahora volvía a sentirse completo, volvía a ver la vida tan brillante como era. Naruto, Sasuke y Sakura eran su familia ahora, y él haría lo que fuera por ellos.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!
Annie Darcy (Niña Bonita): Hello! Querida, muchísimas gracias por hacerte un hueco para leerlo ;) Tu opinión vale más que nada para mi ^^ No, no! No sonó raro, sonó dulce xD Uy, me encantaría leer eso :D (momento chismoso acercáaandose -.-) Mentira, niña, jamás osaría inmiscuirme en tu privacidad de esa manera :) Con lo que tu me cuentas me basta! Bueno, no puedo decir que Sasuke vaya a ser bueno 'bueno', como el pan, bah, como Naruto. Sería imposible. Digamos que lo haré caminar siempre por la fina línea entre lo malo y lo bueno. Me gusta que ese cabrón sufra, así que, qué va, ya lo veras :D Toda ayuda o ideas es bienvenida, lo sabes! Gracias por la inspiración, al parecer dio frutos! Gracias por todo, querida, cuídate mucho! Yours~
Rossi: Muchas gracias, me alegra que te guste :) Con respecto al sakuxgaara, me temo que solo será profunda amistad, más que nada como hermanos. Aquí está la conti, cuídate mucho!
Tsuki511 (o debería llamarte Yasz?): Hey! Me alegro de que te guste :D Si, creo haberte oído decir que te agradaba Saso-sexy. Como puedes ver, no eres la única! Me picaba demasiado escribirlo en Unexpected Ways, no pude contener la tentación de darle verdadero protagonismo ^^ Aquí está el nuevo capítulo, espero que te agrade! Cuídate mucho! (adoro a las lectoras fieles :3)
Akasuna No Arika: Hola! Hey, para cuando la conti de 'odio o amor?'? Aún la estoy esperando! Me encantaba la historia, de veras :D Bien, me alegro mucho de que mi historia te gustase; ya sabes, se siente raro que una escritora como tu alabe mi trabajo :D Aquí el capítulo, gracias por el apoyo. Cuídate mucho!
