Serie La Flor y el Demonio

Arco II: La Venganza de la Flor

Proyecto Conjunto

Luego de lo que denomine como sesión terapéutica, me sentí completamente renovada y llena de energía… Por fin sentía que me había quitado un enorme peso de mi corazón.

Gracias a eso había descubierto, que mi familia adoptiva era lo mejor que me había pasado… No importaba, cuanto Glücklität tratara de intimidarme, no me rendiría tan fácilmente, sobre todo con las personas que me respaldaban.

Con mi determinación renovada y mis ánimos por las nubes, decidí regresar a la academia real con mi adorable ángel.

"¡Whow!" Charlotte que está esperándome para partir exclamó. "Te miras tan radiante hermana mayor, ese nuevo vestido está completamente hermoso".

"Hehehe" reí sutilmente tratando de contener el leve sonrojo. "Me siento muy bien mi ángel, y todo es gracias a ti y a nuestros padres… ¡Verdaderamente eres mi ángel!"

Mire a Evangeline parada detrás de mí, quien me devolvió el asentimiento. "Esto es para ti" le dije a mi adorable hermanita.

"¿Qué es?" ella preguntó con curiosidad, mientras la caja de madera bellamente ornamentada cambiaba de manos entre asistentes.

Fue cómico, como la asistente de Charlotte jadeó al ver el contenido de la caja, lo que impaciento aun más a mi adorable hermana.

Charlotte recibió la caja con mucha reverencia, y su expresión fue tan adorable que quise haberme hundido en un abrazo con ella. Sus ojos empezaron a lagrimear, ella estaba realmente conmovida.

"Ahora podremos ir a juego" musite tímidamente.

Siempre había tenido miedo que al contarle la verdad, ella me despreciara o dejará de verme como su familia. Había preparado un par de horquillas a juego, pero cuando estuve a punto de entregárselas al inicio del invierno, el temor me invadió lo que me hizo no entregársela.

Sabía que estaba siendo egoísta, pero mis miedos habían sido infundados, mi familia me acepto a pesar de mis orígenes. Por lo que realmente quería adorarlos a todos como corresponde, y demostrarles que yo también estaba feliz de ser parte de su familia.

"Es hermoso hermana, muchas gracias, me haces tan feliz" ella sonrió, tan brillantemente que era casi deslumbrante. "Si no fuera por el hecho de que somos hermanas y ambas somos niñas, desearía que fueras mi dios oscuro"

"¡¿Eh?!" todos los que estábamos presentes exclamamos conjuntamente.

Charlotte rio lindamente. "Estoy bromeando, estoy bromeando… Pero es obvio que muchas niñas en la academia piensan lo mismo que yo"

"¿A qué te refieres Charlotte?" preguntó nuestro padre.

"Muchas de las niñas con las cuales he socializado, hablan de lo mucho que desearían que mi hermana fuera un caballero" un suspiro soñador escapo de los labios de Charlotte. "Se veía tan elegante y caballerosa en su bestia alta, derrotando a Dunkelfelger una hazaña que nadie había logrado desde el tío Gunther, muchas niñas dicen que mi hermana es elegante, inteligente, astuta y caballerosa."

"… espera, ¿es por eso que cuando he hablado con algunas niñas durante las clases ellas se sonrojan?"

Charlotte parpadeó "¿Por qué más creías que era?" ella preguntó.

"Bueno, regularmente pensaba que se debía al príncipe Ferdinand" casi me mordía la lengua al decirlo. "Aunque me duela admitirlo, él es apuesto e inteligente"

"No, no… muchas de mis amigas dicen que él esta tallado por Kuntzeal, y que su personalidad distante y fría lo hacen muy atractivo" sus ojos brillaron con picardía al decir la siguiente parte. "Pero la mayoría cree que sí tú fueras un varón, serias una catástrofe. Eres amable, meticulosa, inteligente, caballerosa… Sobre todo cuando ayudaste a la candidata de Neuehausen a ponerse de pie luego de que ella se tropezó. Y lo peor de todo es que ellas no han visto tu verdadera apariencia… Sería aún peor con tu apariencia idéntica a Mestionora."

"Vaya, vaya, así que mi hija tiene su propio club de fans" rio madre.

"Ejem" me refresque la garganta tratando de no sonrojarme. "¿Así que por eso fueron los chillidos nada nobles?" pregunté.

"¡Exactamente!" respondió Charlotte.

Maldición ¿Por qué no nací niño? Me hubiera ahorrado tantos problemas… Oh espera… ¿Puedo robarle a Eglantine a ese príncipe idiota? Sería divertido si su prometida deja de prestarle atención. Si fuera un protagonista varón de un isekai de los que tanto adoraba Shuu, seguro terminaba con todo un harem aún si no lo quisiera... ¿Y si quisiera un harem de chicos? ¿Eso se puede? Espera… madre tiene tres esposos, solo que los otros dos matrimonios son políticos ¡Si puedo armar mi propio harem inverso! No es como si quisiera uno… Pero si termino siendo Aub Eisenreich podría ¿no?

"¿Rozemyne?" madre me sacudió por los hombros.

"¿Eh? ¿Qué sucede?" pregunté con incertidumbre.

"Te quedaste congelada hija" respondió madre con preocupación.

"Lo siento, estaba pensando cosas sin sentido" admití tímidamente.

"Muy bien, es hora de que ustedes dos regresen a la academia" padre desvió el tema. "No podemos dejar mucho tiempo solo a Sylvester, no sabemos que locuras estará haciendo en estos instantes…"

"Haah" madre suspiró con pesar. "Ese hermano mío no tiene remedió, su padre tiene razón niñas por favor vayan a controlar a ese Zantze descarriado"

"¡Yes ma'am!" coreamos con Charlotte al unisonó, era otro de los gestos que había introducido a este mundo. Era divertirlo hacerlo juntas cuando madre nos daba una orden.

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Como si el padre fuera una especie de vidente Sylvester caminaba de un lado a otro cerca del círculo de transporte. Charlotte y yo nos miramos a los ojos mientras la cara pálida y asustada de nuestro tío me daba un mal presentimiento.

Cuando los ojos de Sylvester nos avistaron corrió inmediatamente hacia nosotros, y sin mediar palabra tiro de Charlotte y de mí hacia una sala privada que ya estaba reservada.

En la privacidad de la sala de reuniones Sylvester continuaba de un lado a otro sin decir nada.

Charlotte a mi lado suspiró exasperadamente. "¿Tío podrías decirnos que sucede?"

"¡Estoy en problemas!" respondió Sylvester, su nerviosismo era palpable, una especie de sensación de aprensión se apoderó de mí. Pude ver que Charlotte estaba en el mismo estado.

"¿Qué has hecho?" preguntamos temiendo que hubiera causado algún problema entre ducados.

"Yo…" Sylvester se desinfló inmediatamente. "Vi a Florencia con otro tipo en el mirador este… Ella estaba aceptando una especie de collar ¿Y sí era un collar de cortejo?" Sylvester calló de rodillas sin nada de gracia al suelo.

"¡Idiota!" grité con Charlotte.

"Pensé que te habías metido en un problema diplomático" Charlotte lo amonesto. "Pero en lugar de eso vienes diciendo que la mujer por la cual tienes un rafel estaba en un mirador con quien sabe qué"

"Sylvester realmente eres un idiota…" refunfuñe. "No nos vuelvas a asustar con asuntos tan triviales"

Nos retiramos de la habitación donde un abatido Sylvester continuó rogando por nuestra ayuda. Se miraba tan patético que me dio un poco de lástima, solo un poco. Pero de igual manera decidí ignorarlo.

En cambió tome una herramienta anti escuchas y se la pase a Charlotte. "¿Crees que algún día deje de comportarse como un niño?"

Charlotte suspiró nuevamente. "Lo dudo mucho…"

Ambas nos reímos de lo ridículo de la situación mientras caminábamos a nuestras habitaciones.

"Sinceramente espero que su rafel sea correspondido" dijo Charlotte.

No pude evitar voltear a verla con incredulidad, ella se río suavemente. "El tío puede comportarse como un niño la mayor parte del tiempo, pero se ha esforzado mucho por cortejar a Florencia… Es irónico, porque somos un gran ducado. Si fueran los padres de Florencia, seguro ellos verían las ventajas políticas de esa unión, pero por alguna extraña razón ella continúa negándose."

Llevé una mano a mi barbilla. "Tienes razón Charlotte, pero más que eso… Florencia es la hija de una tercera esposa. Imagino que un ducado medio como Frenbeltag tiene temor a ofender a un gran ducado como nosotros. Su temor es mayor por lo cual no los deja ver que Greifechan está de su lado…"

"Aun así" continuó Charlotte. "Creo que están desperdiciando una gran oportunidad al no hacer lazos con nosotros… Los beneficios políticos están ahí, ya vez que a madre no le importa, mientras el tío no sea imprudente y tomé una segunda esposa de nuestro ducado. Es el futuro caballero comandante, así que tiene que hacer bien las cosas".

Mire a Charlotte asegurándome de apenas mover mis labios. "Creo que el mayor problema es Florencia" musite. "Florencia no es material para una primera esposa ella es… demasiado pasiva, creo que ella es consciente de ese hecho, y teme ofender a nuestra madre y arrastrar a su ducado al barro. Ya sabes, madre es aterradora cuando esta enojada, no dudo que borre Frenbeltag si Florencia no lo hace bien".

"¿Entonces crees que es más por miedo?" preguntó Charlotte, y como si hubiera sido iluminada mi brillante hermanita llegó a la respuesta. "Ese idiota, aun no le ha dicho que tomará una segunda esposa de nuestro ducado para estabilizar su posición. Así que, como los primeros años, ella piensa que el aún la quiere como su única diosa de la luz ¿no?

"Bingo" respondí. "Paso dos años diciéndole que ella sería su única diosa, por lo tanto, Sylvester temé a ofenderla ahora que madre lo obligó a tomar una prometida para segunda esposa… Así que él no ha dicho nada y los malentendidos entre ellos siguen creciendo" finalice con una sonrisa.

"¿Cómo dices tú?" Charlotte preguntó. "Ah, sí ¡Resquien in Piece!"

Ambas nos reímos una vez más, y decidimos esperar a ver como manejaba Sylvester el asunto que era más como una comedia para la familia… Elvira incluso estaba escribiendo una historia que esperaba el desenlace, cualquiera que fuera.

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Había regresado a mis actividades normales, por lo tanto, me había inmiscuido en el laboratorio del profesor Gundorlf. Me había convertido en su discípula después de todo.

El hombre mayor estaba enseñándome sobre círculos mágicos y yo brindaba, perspectivas desde mi punto de vista o del punto de vista de Urano como ciudadana moderna.

Por el rabillo del ojo mire a Evangeline con un carrito llenó de comida ¿Ya ha pasado tanto tiempo? Ni siquiera escuche la campanada.

Mientras le daba un bocado a mi sándwich suspiré con pesar. "Realmente desearía que hubiera un reloj"

"¿Un reloj? ¿Qué es eso?" pregunto uno de sus compañeros de laboratorio.

"Ummm" Rozemyne se llevó un dedo a la barbilla. "Es un dispositivo capaz de medir el tiempo de forma más precisa, por ejemplo: luego de la séptima campanada no tenemos idea de en que momento de la noche nos encontramos hasta que suena la primera campanada al siguiente recorrido de la diosa de la luz, pero ¿y si pudiéramos medir ese tiempo invisible que no conocemos?"

"Es una teoría interesante, pero en que nos basaríamos para lograrlo ¿Necesitamos todo un sistema nuevo?" preguntó el profesor Gundorlf.

Ummm recuerdo vagamente que cuando viaje desde Lanznave podía ver el horizonte y como se forma una leve curvatura, por lo cual este planeta también es redondo… Sin embargo, parece que todo el tiempo transcurre de la misma manera dentro de Yurgenschmidt… ¿Podría usar el sistema sexagesimal que inventaron los babilonios?

Levanté la vista solo para darme cuenta que el profesor y todos mis compañeros se habían inclinado hacia adelante, todos expectantes de lo que estaba pensando. Bueno tendré que arriesgarme.

"¿Lyseria tú eres de Hauchletzte verdad?" pregunté a la aprendiz de erudito de cuarto año.

Ella parpadeo. "Sí, así es" respondió con la cabeza inclinada.

"¿Alguna vez has estado en la puerta fronteriza?"

"Sí, una vez que despedimos a los emisarios ¿Pero que tiene que ver eso con esto?" ella acuno su mejilla.

"Es una teoría, pero ¿podrías responder mis preguntas?" pregunté.

"¡Claro!" el entusiasmo de todos se había levantado, y como no lo haría si lográbamos crear el primer reloj cambiaría el mundo.

"Bien aquí vamos, primera pregunta… ¿Cuándo despedías el barco esperaste hasta que ese desapareciera de tu vista?"

Ella asintió, así que continué.

"¿En algún punto del viaje del barco se veía como si el barco hubiera sido cortado por la mitad?"

"¿Eh?" ella espetó "¡Es exactamente como dices lady Rozemyne! Incluso pensé en algún momento que el barco se estaba hundiendo, pero mi padre dijo que era un fenómeno que siempre sucedía, según me contó un erudito trato de investigarlo una vez, pero no encontró la respuesta".

"Entiendo" sonreí con picardía. "Entonces hoy es tu día de suerte, eso confirma mi teoría"

"¿Qué teoría?" el profesor preguntó, si no fuera un noble podía verlo salivando como un perro rabioso.

"¡Nuestro mundo es redondo!"

"¡¿Eh?!" el grito colectivo de asombro estallo en el laboratorio, entonces procedí a explicarles mi razonamiento.

"Entiendo lo del misterio" musito el profesor Gundorfl "¿Pero que tiene eso que ver con el tiempo?"

"Como nuestro mundo es redondo o circular, podríamos usar el sistema sexagesimal, lo cual nos lleva a medir el 60 en sesenta partes iguales, un círculo tiene un total de 360 grados, cada grado representa una leve curvatura en nuestro mundo" expuse el ejemplo con mi piedra de bestia alta. "Entonces si dividimos 360 en 6 obtendríamos como resultado 60"

Creía recordar vagamente que hora en alemán era stunde, minuto era algo como minute, y segundo sekunde… El idioma de Yurgenschmidt es similar si eso funcionara.

"Entonces podríamos hacer un sistema basado en 60, supongamos que en vez de una campanada cuantificamos el tiempo en 60" fingí llevarme un dedo a la babilla y pensar. "Llamémoslo 60 segundos, entonces debemos contar hasta sesenta y cuando llegue a 60 eso haría nuestro… ¿primer minuto? Luego contamos 60 minutos lo que dos daría una hora"

"¿Entonces un día consta de 60 horas?" preguntó un estudiante.

Pero negué con la cabeza.

"Regularmente decimos que Dregarnuhr gire… por lo tanto el tiempo que nos lleva saber cuando dura un día sería un giro completo de nuestro mundo o Dregarnuhr en este caso" murmuro Gundurlf

"¡Exactamente!" dije con una enorme sonrisa.

"Veamos entonces necesitaremos un círculo mágico de Dregarnuhr, y regularmente la diosa del tiempo trabaja de la mano con Ventuchte, por lo cual sería prudente agregarla" el profesor ya estaba sumido en el proyecto, así que mire al resto de mis compañeros mientras sorbía mi té.

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Gundorfl, el resto de sus aprendices y yo, estábamos emocionados de construir el primer reloj mágico. Trabajamos juntos durante días, midiendo y tallando cuidadosamente cada pieza y su respectivo circuló mágico. Finalmente, llegó el momento de activar la magia.

Por ser la de la idea se me concedió el privilegió de activarlo. Comencé a concentrarme, canalizando mi maná hacia el reloj mientras los demás observaban con admiración. El reloj empezó a moverse, sus engranajes y manecillas girando en un baile hipnótico.

Pero a medida que el tiempo pasaba, noté que su consumo de maná era abrumador y estaba comenzando a sentirme débil, por lo cual tomé el reconstituyente de mi cintura.

"Rozemyne, ¿estás bien?" preguntó el profesor Gundorfl

"Sí, sí", respondí con una voz débil. "Solo... el reloj está consumiendo demasiado maná. No sé si podremos mantenerlo funcionando mucho tiempo más."

"¿Qué podemos hacer?" preguntó Lyseria desesperada.

"Tendremos que buscar la manera de hacerlo más eficiente" dije dejando de suministrar maná. "Es un desperdició tal y como funciona ahora."

Finalmente, el reloj se detuvo. Las manecillas congeladas en su lugar. Me tambaleé y caí al suelo, exhausta. Los demás corrieron preocupados para comprobar mi salud.

"¿Estás bien?" me preguntó Gundurlf, mientras otro ayudante me ayudaba a ponerme de pie.

Volví a sonreír débilmente. "Sí, gracias. Ahora, tenemos que desmantelar el reloj. Y buscar por qué consume demasiado maná"

"Rozemyne" dijo el profesor mirándome con seriedad, casi temí que hubiera decido cancelar el proyecto. "¿Podemos hablar bajo la cobertura de Verbergen?"

"¿Eh?, si no hay problema" respondí.

El profesor indicó al resto del alumnado que se diera la vuelta y me paso una herramienta anti escuchas.

"Hay un chico de Ahrensbach que es muy bueno en hacer herramientas mágicas más eficientes" dijo el profesor. "Pero puede que sea un poco desagradable para ti"

"¿Desagradable?" incliné la cabeza con duda.

El profesor sonrió con una mueca. "Bueno desagradable para ti y para mí" se rasco la nunca y dudo un momento. "Traté de reclutar al chico, pero él decidió unirse al laboratorio de Hirschur"

"Eso que tiene de desagra…" me callé al darme cuenta. El príncipe Ferdinand estaba bajo la tutela de Hirschur. Por la conmoción miré a Gundorfl que tenía una sonrisa irónica en el rostro.

"He notado que te desagrada el príncipe Ferdinand…" comenzó el profesor. "Quizá tanto como a mi me desagrada Hirschur, así que te dejo la decisión a ti. Este reloj podría cambiar las cosas… Pero si decides enterrar el proyecto te apoyaré como mi preciosa alumna."

¿Realmente tengo que estar ligada con ese príncipe desagradable?

"Haaah" deje escapar un suspiró. "Si a ti no te importa, haré un esfuerzo. Pero agradecería que mantuvieras el asunto del príncipe bajo el velo de Verbergen."

"Por supuesto" respondió el profesor. Su emoción por colaborar con Hischur era tanta como la mía por estar cerca del príncipe Ferdinand, o sea que era nula.

El resto de integrantes del laboratorio conocía el historial entre nuestro mentor y Hischur, así que como un pelotón caminamos hacia el laboratorio de la profesora excéntrica.

Uno de los caballeros del príncipe Ferdinand estaba apostado en la puerta haciendo guardia, por lo cual reprimí el impulso de dar media vuelta y regresar un día que no estuviera él.

El guardia notifico nuestra llegada y se nos permitió ingresar al profesor Gundorfl y a mí.

"¿Cómo pueden trabajar en estas condiciones?" murmuré. Había pergaminos, tablas de madera e ingredientes regados por todo el lugar.

El profesor suspiro a mi lado. "Hirschur, te he dicho que limpies este lugar cientos de veces."

"Eso no es de tu incumbencia" ella masculló. "¿Mejor dime que te trae aquí?"

"Esto" dijo Gundorfl arrojando el reloj directamente a las manos de la profesora.

Wow, realmente se odian, pensé.

"¿Qué es esto?" pregunto Hirschur con ojo clínico. El profesor en cambio me miro y di un paso adelante.

"Es un reloj" dije y procedí a explicar su función y como queríamos utilizarlo, además de los problemas e inconvenientes que nos habíamos encontrado.

"¿Tú ideaste eso?" preguntó el príncipe Ferdinand con el ceño fruncido.

"Cómo le decía profesora" dije sin mirar a Ferdinand. "Necesitamos la ayuda de Raymund para mejorar la eficiencia".

Fue tan gratificante ver la cara del príncipe cuando lo ignoré por completo, y por el rabillo del ojo vi a Justus conteniendo la risa.

"Ya veo" dijo Hirschur y su mirada se dirigió a Raymund. "¿Qué piensas tú?"

"Creo que es una idea esplendida, y puedo ver muchos usos, así que si su alteza y tú no se oponen, me gustaría colaborar con ellos" respondió el niño que se miraba todo desaliñado.

"No tengo inconvenientes, incluso tengo un par de ideas para mejorarlo, y creo que tú también Ferdinand ¿no es así?"

"Sí" respondió secamente, pero yo conocía bien al malcriado príncipe. Tenía mucha curiosidad y no quería quedarse fuera del círculo.

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Como el laboratorio de Hischur era un desastre se decidió utilizar el laboratorio de Gundorfl, por lo que cada tres días tenía que pasar tiempo con el príncipe para mi mala fortuna… Y aunque odiara admitirlo, el tipo tenía una mente brillante que dio ideas aquí y allá.

Nuestro objetivo principal era hacer funcionar el reloj con una piedra fey de basura, así que pasamos varios días trabajando. Hubo varias ocasiones donde teníamos que pausar los experimentos porque para mí desgracia, debía socializar. Pero también hubo momentos gratificantes donde se necesitaba material de la biblioteca, a lo cual me ofrecí para recoger.

Uno de esos días, regresaba con varios pergaminos sobre círculos mágicos, y el príncipe Ferdinand estaba formulando… Llevaba varios días trabajando en lo que imaginaba que era la artesanía para el reloj. Odiaba admitirlo, pero era hermoso.

Entonces caminé y como si hubiera sido un accidente, choqué contra su mesa echando a perder su trabajo. Así que fingí preocupación. "¡Su alteza! Lo siento mucho, no fue mi intención arruinar tu trabajo"

Bajé la mirada, el profesor Gundorfl rápidamente capto mi plan y sonrió. "No te preocupes Rozemyne, fue solo un accidente desafortunado. Todos estamos trabajando arduamente para terminar este proyecto revolucionario".

Excelente ayuda profesor, good job. Mentalmente le levante el dedo pulgar.

"No fue tu culpa, Lady Rozemyne" masculló el príncipe con una gran sonrisa que casi le parte la cara. Casi podía ver sus venas abultándose en la frente.

"¡Oh, dioses! Eres tan considerado, alteza. Te lo agradezco mucho" le devolví una brillante y radiante sonrisa.

La sonrisa del príncipe se crispó todavía más y varias de las niñas dieron chillidos nada nobles. Si supieran que realmente en estos mismos momentos ha de estar pensando en maneras de retorcer mi cuello. Pero no puede hacerlo fufufu, yo gano, tonto príncipe.

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Los días que el príncipe pasaba en el laboratorio eran días agridulces.

Por un lado, tenía la dulce sensación que solo le provocaban el satisfacer su propia curiosidad y el avanzar en medio de un reto inesperado que ponía a prueba su paciencia y sus conocimientos. Por el otro estaba Rozemyne.

'En serio, ¡Alguien dígame qué le hice a esta insensata antes de que la mate por accidente uno de estos días!'

La chica era osada y un verdadero descaro cuando se trataba de burlarse de él o hacerlo sentir incómodo… y tan inteligente que dolía detestarla tanto.

Como el día que lo obligó a empezar a trabajar de nuevo en los adornos para la carátula del reloj. No estaba seguro de que ella hubiera chocado con la mesa en un principio, sin embargo su actitud y la del profesor Gundolf se lo dejaron en claro.

"… no fue mi intención arruinar tu trabajo."

'¡A otro idiota con esa excusa!' pensó Ferdinand comenzando a sonreír.

"No fue tu culpa, Lady Rozemyne." Respondió él usando todo su entrenamiento noble pensando cuánto le gustaría cortarle todos esos bonitos cabellos castaños y luego pasearla con ropas de hombre pordiosero por la escuela, a ver si seguía burlándose de él.

"¡Oh, dioses! Eres tan considerado, alteza. Te lo agradezco mucho" remató ella con fingido alivio y una diminuta sonrisa perversa que no le pasó por alto.

'Esta odiosa. Además de dejarla calva y vestirla con los peores y más sucios harapos de la historia, bien podría llevarla a la torre blanca del peor Ducado y encerrarla en su sótano para que no vuelva a ver la luz del día justo después de verificar que tan lejos llegarían esos cachetes suyos si los estirara ¡Su estúpida broma acaba de costarme dos campanadas de mi tiempo!'

Tal vez fuera porque pronto tendría que retirarse para una fiesta de té o porque sabía lo frustrado que se sentía y su incapacidad para demostrarlo, Justus se aproximó en cuanto Lady Rozemyne y su profesor estuvieron ocupados, revisando lo que había pasado para luego susurrarle con una herramienta antiescuchas.

"Milord, no hay tiempo de que lo repare. Debo confesarle que si mezcla un poco de polvo de oro con su mana y algunos otros elementos, puede modelarlo cómo si fuera algo de metal. De esa forma se crean las cadenas y las decoraciones de muchos amuletos, después de todo."

Ferdinand miró a su asistente en ese momento con el rostro sin gesto alguno. "¡Muéstrame!"

"Como mi príncipe ordene" respondió Justus antes de llevarlo a un lugar vacío junto con la carátula y tomar un caldero, un removedor, una piedra Fey basura y un par de plantas "Bien, milord. Lo que debe hacer es colocar el polvo de oro primero y luego comenzar a remover, así. Cómo verá, empieza a volverse liquido. Ahora añadimos esto de aquí, para darle un tono… y esto otro para maleabilidad… y si dibujamos este círculo de Vulcanift… ¿Puede verlo? Ahora solo lo sacamos y comenzamos a darle forma. Cómo verá, puede adherirse a lo que yo deseé y tomar la forma que yo quiera, siempre que tenga cuidado al modelarlo y mantenga una imagen estable en mi cabeza."

El chico asintió luego de comprender. Tomó el caldero y observó los materiales disponibles. Necesitaba material de al menos tres colores diferentes, por lo que le pidió su ayuda con ello a su asistente. Formuló. Modeló. Y finalmente, en menos de un cuarto de campanada y un minucioso trabajo, la carátula había quedado mucho mejor que antes, haciéndolo sonreír de verdad.

Dado que Ferdinand no deseaba que estropearan su trabajo de nuevo, encargó a Justus que lo llevará donde su maestra y lo disculpara mientras se iba a lavar un poco las manos y la cara.

"¿Se va tan pronto, príncipe?" inquirió Raymund. El chico era tímido como un shumil, pero su inteligencia lo compensaba con creces y que siempre pareciera tener buenas intenciones le era un soplo de frescura en medio de su competencia constante contra Rozemyne y las tramas de la corte de su padre.

"Temo que si, Raymund. Hay una fiesta de té a la que debo asistir."

"Entiendo. Espero que la disfrute y vuelva mañana, alteza. Esa carátula que hizo se veía de verdad forjada por Vulcanift y Kuntzeal ni más ni menos."

Ferdinand asintió para agradecerle. 'Quizás, cuando termine toda esta locura del reloj, le pida a Raymund volverse un erudito de mi séquito. Necesito gente capaz y de confianza, no importa cuánto mana tengan.' Pensó el muchacho.

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"¿En verdad es necesario que te ensucies las manos de ese modo en ese sucio laboratorio, querido primo?" soltó Adelaida con una sonrisa venenosa.

"Supe que Lady Rozemyne y varias otras alumnas del profesor Gundolf están trabajando con ustedes en un proyecto conjunto" repuso Anastasius con una sonrisa arrogante sin dejar de juguetear con uno de sus caramelos "tal vez su plan siempre fue tenerla más cerca, ¿O no?" Anastasius dio un sorbo a su té y su cara se volvió un tanto amarga, antes de pasar a una sonrisa irónica "tal vez debería intentar entrar en la biblioteca y unirme a su comité. Bueno, lo intentaría si no estuvieras comprometido con Lady Eglantine."

Ferdinand tenía unas enormes ganas de golpear a sus primos. '¿Qué sería más considerado de mi parte? ¿Matarlos con una espada o colgarlos hasta morir? Tal vez solo debería arrancarles la lengua, solo la usan para decir idioteces.'

"Anastasius, por favor. El futuro Zent tiene derecho a rodearse de tantas bellas flores como deseé. ¿No es lo que siempre nos dice el Zent?"

'¡Genial! Ahora mi padre está intentando elevar el número de depravados en Yurgensmidt o es su lamentable intento de modelarme a su antojo.'

El príncipe no respondió de inmediato, solo enjuagó su boca con algo del té de frutas que había llevado su adorada hermana antes de responder.

"Un Zent debe buscar las formas para mejorar su reinado, desde mi punto de vista. El laboratorio de Hirschur me ha estado mostrando una basta colección de diamantes en bruto que, bien utilizados, podrían revolucionar todo Yurgensmidt y mejorar la calidad de vida de nobles y plebeyos por igual. ¿No crees que tengo razón, Edelmira?"

Su hermana mayor asintió de manera tímida antes de sonreírle de forma moderada. Desde que cometiera el error de expresar su predilección por las candidatas de Eisenreich, Edelmira estaba dominando sus emociones de manera cada vez más refinada. Todavía descuidaba un poco ese aspecto cuando tenían sus fiestas de té entre ellos, pero era un avance.

"Mi hermano tiene razón. No solo debe buscar formarse una facción política, sino además encontrar las mejores maneras de aprovechar a sus nobles."

"Pfft. Facciones políticas. ¡Cómo si necesitaras el respaldo de alguien más que tu padre!" Se burló Adelaida antes de tomar el té.

"Es cierto, primo Ferdinand. Si nuestra linda Edelmira fuera un verdadero obstáculo o alguien que tu padre estuviera considerando como posible heredero, necesitarías un respaldo" dijo Anastasius de manera reflexiva "pero incluso si tuviera de respaldo a los cuatro Ducados mayores, Edelmira nunca sería considerada como el próximo Zent."

Miró a su hermana por el rabillo del ojo levantar su taza y llevarla a sus labios, ocultando cualquier cosa que estuviera pensando. Ferdinand decidió no protestar al respecto. Que Edelmira estuviera siendo educada como una vasalla destinada a estrechar los lazos de la casa real con algún gran Ducado era lo mejor para su hermana. No quería ni imaginar el tipo de aberración que su padre contemplaría hacerle solo para poder manipularla a su antojo… o pervertirla para ser un reflejo.

"Es una pena que las mujeres no se consideren en la línea de sucesión. " comentó al fin "alguna razón debe de haber, sin embargo, me alegra no tener que competir contra mi hermana. Estoy seguro que su popularidad le ganaría un impresionante respaldo político."

"Hermano, harás que me sonroje" comentó Edelmira con una sonrisa suave "No deseo tomar tu lugar, no soy tan capaz como tú. Sería una pésima Zent."

Risillas falsas se entremezclaban con su propia risilla sincera y la sonrisa de Edelmira. Tenía que comenzar a buscarle un buen candidato a Dios Oscuro si quería salvarla de cualquier perverso plan que tuviera su padre en mente.

"¿Y qué tal es trabajar codo a codo con una candidata tan… bendecida como Lady Rozemyne?" preguntó Sigiswald de repente.

No supo si era algo en la pausa que hizo o en la modulación de su voz, lo cierto es que la pregunta aparentemente educada de su primo le crispó la piel, obligándolo a mirar a su primo con sospechas.

"No estoy seguro de como responder a eso. Mientras que su genialidad y habilidad de creación son únicas, sigue teniendo una personalidad… bastante curiosa."

Por mucho que detestarla a Lady Rozemyne no hablaría mal de ella, en especial no en ese cúmulo de trombes que esperaba socavar de algún modo o talar si resultaban ser un completo incordio en el futuro.

"¡Oh! Así que es cierto que nuestro primo, no nota la belleza de las damas."

'Este idiota. ¿A qué estás jugando, Sigiswald? Un paso en falso y me aseguraré de encerrarte cómo los dioses hicieron con Ewigeliebe al crear el jardín… no, te tendré mucho mejor encerrado.'

"Voy a tomar a Lady Eglantine cómo Diosa de la Luz. Su belleza hace pensar en serio en la Diosa que gobierna desde los cielos. ¿Por qué habría de molestarme en mirar a quienes eclipsa con su belleza y amabilidad?"

"Porque es divertido." Respondió su primo sin dejar de sonreír con esa cara mustia que ocultaba tan bien sus intenciones "además, necesitarás la ayuda de otras consortes y tal vez de varias amantes para llenar de herederos la casa real. Si solo tienes hijos con Lady Eglantine y ninguno es un digno sucesor… bueno… supongo que siempre puedes buscar entre las ramas colaterales de la familia, ¿o no?"

Lo observó llevar su taza a sus labios con una sonrisa triunfal y una actitud demasiado pagada de sí mismo que le provocó una desconfianza mayor a la usual.

El príncipe sonrió con toda la brillantez que pudo reunir. Lo que fuera a hacer con su padre, recordaría hacerlo también con Sigiswald.

"Tal vez no lo hayas notado, querido primo, pero mi padre tiene tres esposas y una considerable cantidad de amantes y flores… y aún así, ¿con cuántos hijos lo han bendecido los dioses?" Ferdinand tomó un pequeño sorbo a su taza, más para permitir que la idea detrás de sus palabras se asentará que por necesitar del líquido en su garganta "¡Es cierto! Solo pudo engendrarnos a Edelmira y a mí a pesar de todos sus esfuerzos, que sé, no fueron pocos. Entonces, primo Sigiswald, creo que tomar demasiadas flores de Efflorelume no me ayudarán a poblar la casa archiducal."

Fue un movimiento casi imperceptible, pero estaba ahí. Cómo si su primo hubiera mordido algo viscoso y de un sabor similar a la peste de un grum porque por poco y su primo solto una arcada.

"¡Oh, vaya! Miren nada más la hora" prosiguió Ferdinand en un tono más jovial "no cabe duda que la diosa del tiempo ha tejido con presteza y gracia ayudada por Steiferise. Imagino que todos tendrán otros asuntos que atender además de nuestra tan ansiada reunión de primos, así que no los retenemos más."

"Que la diosa encuentre pronto un patrón donde nuestros hilos se entrecrucen de nuevo." Se despidió Adelaida antes de que su asistente la ayudará a bajar de la silla.

"Siempre es un placer reunirnos con ustedes." Se despidió Anastasius.

"Más que un placer" Respondió Sigiswald en un tono condescendiente "tu forma de pensar no deja de iluminarme cómo Mestionora ilumina el camino del Zent con su sabiduría."

Ferdinand solo asintió, sintiéndose incómodo ante aquella última aseveración, volteando de nuevo a mirar a su hermana.

"Estaré esperando que Dreganurh, con ayuda de Ordoschnelli vuelvan a unir nuestros hilos a la brevedad, hermano. Que tu búsqueda por la sabiduría y un mejor futuro sean guiados por Seheweit."

El príncipe asintió, poniéndose en pie cuando todos sus invitados terminaron de despedirse y comenzaron su camino fuera de su salón de té. Algo en todo esto no le gustaba, pero no terminaba de poner el dedo en ello.

"Justus, habla con Margareth para que tengan a mi hermana vigilada y protegida en todo momento por gente de confianza." Ordenó luego de pasarle una herramienta anti escucha de camino a su dormitorio.

"¿Con ella, mi señor?" el tono de fastidio solo lo hizo sonreír divertido antes de mirar a su fiel asistente.

"No es como que vayas a unir tus estrellas con ella, Justus."

El hombre hizo un gesto de incomodidad de todas maneras, robándole una sonrisa leve que lo calmó un poco.

"También investiga a algunos estudiantes de la Soberanía o de cualquier otro Ducado que consideres que pueda ser leal por sobre todo. Necesito más gente de confianza."

"¿Puedo recomendarle al chico Heisschitze de Dunkel…?"

"¡No, Justus, no puedes! Quiero un séquito leal con algo de cerebro, no fanáticos dispuestos a lanzar su dignidad a la chimenea."

Justus soltó una carcajada apenas contenida antes de abrirle la puerta y devolverle la herramienta.

"Como su majestad ordene."