Ciao! Come sei stato? Se que los he tenido algo olvidados este tiempo, pero espero me comprendan, he tenido problemas personales últimamente y, como comprenderán, no podía dejar mi vida de lado para hacer el nuevo capítulo. Por suerte, mis cosas se están acomodando, por lo que no volveré a dejarlas tanto tiempo abandonadas. Diganme, me han extrañado? xD
Antes de dejarlos con el nuevo capítulo, les transmito mis más sinceros y cálidos deseos; espero que tanto ustedes como su familia goce de salud, felicidad y paz; que se encuentren en la plenitud, que nada les falte y que el mañana les depare nuevos y mejores horizontes. Espero que disfruten el capítulo, tanto como a mi me costó hacerlo. Los quiero!
Primero que nada, gracias por darle una oportunidad a mi historia :) Qué decir, es un Sasosaku, por lo que, aquellos que no gusten de la pareja, ADIÓS! A los demás, bienvenidos.
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
—¿Cómo has pasado el tiempo en Suna? —le preguntó Kakashi, mientras le acercaba una taza de té y se sentaba en un cómodo sillón de terciopelo rojo frente a ella.
Luego de encontrársela, la había arrastrado consigo a la sala de profesores, echándole una de esas miradas que no admitía réplica. La chica había tenido que resignarse y acompañarlo, porque Kakashi podía cobrárselas cuando quería.
—Al principio me costó acostumbrarme —admitió, tomando la taza que su maestro le alargaba y dando un pequeño sorbo—. Ya sabe, todo era nuevo, no tenía amigos, extrañaba demasiado a los que había dejado aquí… en fin, era una completa porquería. Pero terminé por resignarme, y luego conocí a unos chicos…
—¿Qué chicos? —preguntó el peligris.
—Los hermanos Sabaku No.
Kakashi asintió, comprendiendo de quienes hablaba la muchacha.
—Si, los chicos del difunto Kazekage. Son dos hombres y una mujer, ¿no es así?
Sakura meneó la cabeza.
—Temari es la mayor, luego Kankuro y luego Gaara. Cuando los conoces son chicos maravillosos, y la verdad se metieron bien dentro de mi corazón.
—Es muy fácil hacer eso, Sakura —se rió el mayor, acomodándose mejor en su sillón—. Pero me alegro de que hayan sido agradables tus días lejos de aquí. Te extrañamos cuando te fuiste.
—Yo también los extrañé mucho, Kakashi-sensei —replicó, regalándole una sonrisa brillante y dulce—. Más que nada a Tsunade-sama, a Naruto, a Ino y a usted.
Kakashi cerró los ojos, indicando que estaba sonriendo. Se sentía tan alegre de volver a ver a su alumna que le era difícil dejar de sonreír. Sakura tenía esa facultad; tenía una facilidad ridícula para hacer sonreír a la gente, incluso sin hacerlo de manera conciente. Un recuerdo ensombreció un poco la felicidad que bullía en su interior.
—Algunas cosas han cambiado, Sakura —explicó, y su mirada se dirigió a la ventana, que reflejaba un cielo despejado y de color celeste puro. La chica frunció el ceño, tratando de comprender—. Sasuke… se fue un año después de que tu lo hicieras.
La muchacha lo contempló, pasmada.
—¿Se… se fue? ¿A dónde?
—A vengar a su clan —respondió, con amargura. Lo había visto venir y le había advertido que no ganaría nada con ir tras un asesino al que no le conocía ni la cara, pero el pequeño Uchiha era un cabrón tozudo, y no le había prestado más atención que la que se le presta a un pedazo de madera—. No te preocupes, solo fue un año —se apresuró a decir, cuando vio la palidez que invadía el semblante de la pelirrosa—. Pero volvió… diferente.
—¿Diferente? —repitió la chica— ¿Cómo que diferente?
—Diferente, Sakura. Ya lo verás. Además… trajo a dos amigos con él. Supongo que el tiempo te sobrará para conocerlos, y para reencontrarte con todos.
La Haruno clavó la vista en la taza, aún algo atónita. ¿Que Sasuke se había ido a vengar a su clan? Pero ¿cómo se le había podido pasar por la cabeza una cosa así al pelinegro? ¿Y qué con su hermano? ¿Lo había permitido, así sin más? Apretó el pocillo con fuerza hasta que sus nudillos se hicieron blancos. Solo cuatro años… Ahora se daba cuenta de que las cosas evidentemente no serían como ella lo había esperado. Todo había cambiado, y la espantaba pensar la profundidad de esos cambios. El corazón le latió más fuerte cuando la imagen de Sasuke se formó, nítida y brillante, en su cabeza. ¿Cuánto de su personalidad habría cambiado? ¿Por qué el tono sombrío y casi irritado de Kakashi? ¿Acaso le estaba escondiendo algo? Sus jades se elevaron para encontrarse con los pozos de oscuridad del maestro. La estudiaba con detenimiento, como si temiese que se fuese a desmayar de un momento a otro. ¿Tan mal aspecto tenía? Aquella mañana se había sentido casi optimista, lo que, viniendo de ella, era una verdadera novedad. Ahora, todo ese optimismo se había ido por el caño, dejándole un gusto amargo en la boca. Comenzaba a sentir un palpitar en la cabeza, y unas galopantes ganas de salir corriendo de allí, volver a Suna y enterrar todo su pasado como una bonita historia.
Sacudió la cabeza, molesta consigo misma. Ella no era ninguna cobarde. De pequeña, Sasuke y Naruto la habían tenido que salvar de incontables desgracias, a veces incluso Hatake. Pero ahora era una mujer grande. Ya no era una chiquilla de doce años, ahora tenía dieciséis, y pensaba hacer valer su edad aunque no le gustase a ella misma. Enfrentó a su sensei con impasibilidad, alzando la barbilla.
—Si, supongo que si, Kakashi-sensei. De todos modos, el mundo no gira alrededor de Sasuke.
El peligris sonrió con perversidad, mientras alzaba una ceja.
—Ajá. Bueno, supongo que eso explica que casi le hayas suplicado que fuera a Suna contigo.
La pelirrosa sintió que toda la sangre de su cuerpo abandonaba sus extremidades y se dirigía, rauda y veloz, a su cabeza. ¡Ah, odiaba que su tutor fuese tan… fresco! ¿Cómo podía soltarle algo así sin la menor consideración a la sutileza?
—Eso no… no le incumbe, sensei.
—Es cierto, pero bien me reí con la cara que haz puesto —dijo, y, para confirmarlo, lanzó una brutal carcajada.
Así pasaron toda la hora, riendo y contándose las últimas noticias. Como siempre, el hombre se salió con la suya, consiguiendo que ella le contase todo y él solo tuviese que decir vaguedades, cosas sin importancia. Al final, era la compañía lo que ambos estaban disfrutando, más que las palabras o noticias. Por eso mismo cuando un timbre sonó, indicando el cambio de clase, ambos parecieron ligeramente desanimados.
—Bien, Sakura, si no me equivoco te toca clases conmigo. Hay un receso de diez minutos; cuando termine, solo sigue a los chicos de tu clase. No te pierdas —le guiñó un ojo y salió al pasillo, inmediatamente seguido por su alumna.
La chica se alejó del peligris cuando éste ingresó en un aula. Se quedó parada en medio del corredor, como una niña perdida, sin saber qué hacer o adónde ir. ¿Debería buscar a alguno de sus amigos? Ciertamente, eso sería lo mejor. Chasqueó la lengua. Odiaba ser 'la nueva'. Lo había odiado en Suna, lo odiaba ahora en Konoha. No quería volver a cambiar de colegio jamás. El miedo volvió a invadirla al tiempo que recordaba las palabras de Hatake: 'Pero volvió… diferente.'. Sasuke… diferente. ¿Para mejor o para peor? Naturalmente no esperaba a un Sasuke encantador, romántico ni dulce, pero pensar en un 'Sasuke peor' le hacía temblar hasta los huesos.
Comenzó a caminar, tratando de ignorar las miradas de curiosidad de los chicos y chicas a su alrededor. ¿Por qué no se metían en sus asuntos y ya? Pero sabía que no podía culparlos. Si ella fuese la estudiante habitual y algún chico nuevo entrase a deambular por la institución, seguramente ella también lo estudiaría a la distancia, decidiendo si era seguro acercarse o no. ¿Daría ella el aspecto de alguien peligroso?
Se tensó cuando a lo lejos notó una larga cabellera rubia, e inmediatamente a su lado una azulada. Sus pasos se hicieron más pesados y lentos a medida que hacía su camino hacia las dos chicas. El corazón comenzó a latirle más y más alocadamente, al punto que se preguntó si sería sano seguir caminando. Ignoró esa pregunta y continuó, tratando de apurar a sus pies, sin conseguir mayor resultado que tropezarse y estar a punto de caer.
—Algún día tendrás que decirle, Hinata —la voz fuerte y decidida de Ino le llegó a lo lejos, haciéndola sonreír con vaguedad.
—No se, Ino… Naruto-kun… él sigue enamorado… de Sakura-chan —respondió la voz suave y dulce de la Hyuga.
—Y lo seguirá estando si no le demuestras que tu siempre estarás ahí para él —la regañó la rubia, poniendo las manos en la cintura.
La peliazul agitó la cabeza y bajó la vista, jugando con sus dedos —algo que hacía cuando estaba nerviosa o cuando se trataba de Naruto—.
—Pero… ¿Y si eso… le molesta… a Sakura-chan?
—Nunca me molestaría la felicidad de una amiga, ni aunque fuera a costa mía —Interrumpió la mentada, haciendo acopio de valor.
Ambas muchachas se giraron con una rapidez asombrosa al sonido de esa vagamente familiar voz. La sorpresa que se llevaron al encontrarse con Sakura Haruno casi las tiró al suelo, pero lograron mantenerse de pie, aunque sus ojos amenazaban con salírseles de las cuencas. 'Cuatro años…', se tuvo que repetir Sakura.
Ino —cómo no— fue la primera en reaccionar, aunque lo hizo a su manera. Pegó un chillido que pudo haber alertado a toda la villa y se abalanzó sobre la pelirrosa. Solo el hecho de que la Haruno tuviese más fuerza que la rubia y que, en el fondo, se esperara una reacción así, la salvó de caer aparatosamente en el suelo, con la Yamanaka sobre ella. Pronto notó que la gente a su alrededor las miraba, pero se concentró más en las lágrimas que dejaban los ojos azules de su amiga, dejando un camino húmedo en las pálidas mejillas.
—Sakura… —murmuró, y apretó sus brazos, como para cerciorarse de que lo que tenían ante si era una persona de carne y hueso, y no alguna ilusión malvada.
Sakura sonrió, enternecida, sin percatarse que de sus jades también estaban cayendo dos regueros de lágrimas. Era como una ilusión; había esperado cada minuto durante mil cuatrocientos días para volver a ver a Ino. Y, ahora, ahí la tenía, frente a sus narices, abrazándola con fuerza. ¿Podía ser real, o solo era un sueño? La apretó con ímpetu, temerosa de que deshiciera entre sus brazos. Sin poder evitarlo, ambas estaban sollozando, susurrándose cosas ininteligibles incluso para ellas mismas.
—Volviste, por Kami, no puedo creerlo —le dijo la rubia, una vez que consiguieron separarse. Le sonrió, ignorando olímpicamente los murmullos de los chismosos que las rodeaban.
—Luego de cuatro años, al fin estoy en casa —asintió la otra, sin poder contener su propia sonrisa. Toda la tensión de aquella mañana se relajó considerablemente, como si le hubiesen sacado un enorme peso de encima. Ino no parecía haber cambiado en nada, al menos.
—¡Ah, frentona, tengo millones (y te lo digo, son millones) de cosas que contarte! —exclamó la Yamanaka. Sakura rodó los ojos; su amiga era tan predecible que casi le causaba gracia.
—Sakura-chan, me alegro… me alegro de que… por fin hayas vuelto —Hinata Hyuga se le acercó y también tuvo su parte de abrazos y algunos lloriqueos, aunque ella no era tan expresiva ni tan escandalosa como la rubia. Sus ojos color perla aún estaban húmedos cuando soltó a su amiga, con una sonrisa tímida. Incluso entre sus mejores amigas le costaba tener a raya su timidez, y ese molesto tartamudeo, que se profundizaba en el peor momento.
—Créeme, quien más se alegra de haberlo hecho soy yo, Hinata. Konoha es… incomparable.
—¡Ey, frentona, espera a que Naruto y los chicos te vean! Caerán redonditos —y rió, como si se imaginara la escena.
—Bueno, cerda, creo que aún tenemos tiempo, si puedes llevarme con ellos.
—¡Dalo por hecho! —prorrumpió, y, tomando la mano de Sakura y manteniendo en su campo visual a la peliazul, se abrió paso entre los cotillas para buscar a sus amigos.
La opresión en el pecho de la pelirrosa volvió a hacer su aparición, diluyendo su adrenalina lentamente. Naruto y los chicos… Ahora ya no serían solo sus mejores amigas, ahora serían sus amigos al completo. La posibilidad del cambio, nuevamente, la aterró. A ella le gustaban sus compañeros tal y como eran cuando ella los dejó. Luego de unos segundos, decidió que quería ahorrarse algunas sorpresas, por lo que se dirigió a sus amigas.
—Así que… ¿muchas cosas cambiaron por aquí?
—Pues algunas lo hicieron, pero si quieres información, suéltala tú primero. ¿Cómo es Suna? ¿Te hiciste algún amigo? ¿Conociste a algún chico guapo? Dicen que hay muchos chicos guapos en Suna —caviló entonces, más para si misma que para las muchachas que la acompañaban— Como sea; ¿qué tal es allí el colegio? El clima debe ser bastante insoportable. A todo esto, ¿por qué no estuviste presente la primer hora? Además, ¿por qué no me mandaste una carta avisando de tu regreso? ¡A mi, tu mejor amiga! Más te vale que no me entere de que alguien ya lo sabía, porque juro que te mataré.
Sakura le frunció el ceño, molesta por la gran perorata que parecía no tener fin. A veces era imposible sostener una conversación con aquella mujer. Era capaz de hacer una charla entre ella y… ella. Preguntas, más preguntas, y luego sus propias respuestas. Volvió sus jades a Hinata, suplicante por algo de noticias. La ojiperla se compadeció enseguida, por lo que dijo, con su voz suave:
—Mi primo Neji… ¿te acuerdas de él? —La Haruno asintió—. Bueno, él… está saliendo… con Ten-ten.
—¿Qué? —chilló la pelirrosa, presa del asombro. Por lo que recordaba, Neji era un joven serio y frío, un año mayor que ella, obsesionado con el destino y, sin mal no recordaba, odiaba a su prima Hinata. Tenía algo de parecido con Sasuke, siempre buscando subir hasta la cima de sus objetivos, sin prestar atención a las cosas a las que les pasaba por encima en el camino.
La peliazul sonrió y asintió, algo divertida ante la confusión de su amiga.
—Neji cambió mucho… estos cuatro años… Sakura-chan.
—¡Ahí están! —gritó Ino, interrumpiendo los nebulosos pensamientos de su amiga pelirrosa.
Se detuvieron a algunos pasos —tanto la ojiazul como la ojiperla comprendieron que quizá a Sakura le costase un poco aquel encuentro, y que debían dejar que se adelantase cuando considerase correcto—.
La Haruno suspiró, sintiendo que le costaba más de lo normal hacer que el aire entrase a sus pulmones. Allí, frente a ella, hablando animadamente, estaban sus amigos. Naruto y Shikamaru, y también Kiba y Shino, y Choji. Neji, Ten-ten y Rock Lee no estaba a la vista, al igual que Sasuke. 'Mejor así', se obligó a aceptar. Dio un paso vacilante hacia los hombres, aún sin ser notada por ellos. Su corazón volvió a dispararse, y la pelirrosa pensó que sus precauciones de la noche anterior no se comparaban en nada con la realidad. Si sobrevivía al día sería un milagro. Tomó aire casi con exageración, cuadró los hombros y se acercó a los chicos, tratando desesperadamente de controlar los temblores que sacudían sus manos.
—Cuando sea Hokage te tendrás que tragar tus palabras, perro —Naruto, como de costumbre, reñía con Kiba Inuzuka. Éste último tenía dieciséis años, cabello castaño y unas marcas violetas bajo sus ojos, que eran oscuros. Al un lado del muchacho se encontraba, sentado, un enorme perro blanco, que miraba a su amo como si comprendiese lo que éste decía. Si sus recuerdos no fallaban, la verdad era que así era. Akamaru, el animal, parecía tener una extraña conexión con Kiba, porque el chico no tenía necesidad de decirle qué hacer.
—¿Escuchaste eso, Akamaru? Este pobre tonto cree que será Hokage —se burló el Inuzuka, recibiendo como respuesta un ladrido de su amigo.
—Qué problemáticos —se quejó Shikamaru. Pertenecía al Clan Nara, tenía el cabello castaño amarrado en una coleta y hacía equipo con Choji Akimichi e Ino.
Sakura se acercó lo suficiente para poder ser oída —no confiaba plenamente en sus palabras, por lo que mejor prevenir— y dijo:
—Yo creo que será un muy buen Hokage.
Los hombres se volvieron, prestos a reclamar a quien fuese que osase a meterse en conversaciones ajenas; quedaron mudos del asombro, mirándola como si en realidad no fuese su amiga, sino un extraño ser deforme.
La pelirrosa tuvo que hacer acopio de su esquiva y diminuta paciencia, recordándose que no la veían hacía cuatro años, para no abalanzarse sobre ellos. De verdad, eso de que todos la miraran como si se tratase de algo amorfo y asqueroso comenzaba a ponerla de los nervios.
Naruto se adelantó y amago con alzar una mano, pero después lo pensó mejor y se quedó donde estaba, contentándose con observarla. Parecía que buscaba las palabras correctas, pero el nudo que tenía en la garganta le impedía soltar cualquier cosa. Intuía que, incluso si alguna oración medianamente coherente se formaba en su cabeza, su lengua no sería capaz de reproducirla. Tenía que aceptarlo: volver a ver a Sakura le había producido una impresión y asombro como pocas cosas lograban. Solo ahora recordaba con claridad sus brillantes ojos verdosos, su sedoso cabello rosado, sus labios carmesí o su piel cremosa y suave, que parecía brillar a la luz del sol. Solo ahora tenía plena conciencia de cuánto la amaba, de cuánto la había amado, de cuánto la amaría siempre.
Sintiendo un conocido escozor llegando a sus ojos, finalmente consiguió dar los pocos pasos que lo separaban de su mejor amiga, de su hermana, del amor de su vida, y la aprisionó entre sus brazos, con un cariño y un celo tal que dejaban a las claras que no permitiría jamás que alguien la lastimase, ni física ni psicológicamente. Sakura correspondió con fuerza, hundiendo el rostro en el hombro de su rubio amigo, sintiendo que otra parte del peso de sus hombros se desvanecía. La manera en que creía haber extrañado al Uzumaki palidecía frente a lo que realmente lo había añorado. En ningún lado podría encontrar jamás el consuelo, el cariño ni la calidez que sabía siempre le aguardarían en su abrazo. Él era su hermano, era su familia. Cuatro años habían bastado para hacerle ver que, por mucho que amase a Sasuke, nada justificaba que no le diese todo su cariño a aquel que siempre había estado allí para ella, en las buenas, en las malas, en aquellas en las que ni si quiera lo había necesitado.
También el chico tuvo su parte de sollozos y lamentos, igual o tanto más que con Ino. Cuando, por fin, el rubio consiguió soltarla, la chica repartió lágrimas, besos y abrazos entre el resto de sus amigos, que habían esperado pacientemente a una distancia prudente. Les sonrió hasta que sintió que los músculos de sus mejillas temblaban por el esfuerzo, y aún entonces siguió sonriendo. Su corazón estaba henchido de emoción, y dudaba mucho poder contenerse de volver a repartir tandas de abrazos durante lo que restase del día, o de la semana, o incluso del mes. De pronto, estando allí, rodeada por sus amigos y amigas, sintió que estaba donde pertenecía. Si tan solo los hermanos Sabaku No estuviesen con ella… Pero no podía tenerlo todo, y quizá ellos pudiesen ir a Konoha a visitarla de vez en cuando.
El chillido del timbre volvió a resonar a través de todo el edificio, haciendo que más de un alumno alzase la cabeza al cielo, como pidiéndole a Kami un poco de piedad. Sin embargo, éste pareció no prestarles atención, porque el insufrible aparato no paró de sonar por un rato.
—Sakura-chan, ¿vienes con nosotros, a la clase de Kakashi-sensei?
—Si. Por cierto, Ino —agregó, dirigiéndose a la rubia, que en ese momento discutía con Shikamaru (ella se veía algo acalorada, pero el chico tenía una expresión tal de aburrimiento, que Sakura llegó a creer que podría dormirse ahí, de parado). La chica dejó de prestarle atención al Nara, dirigiendo ésta, en cambio, a su amiga pelirrosa—. Cuando veníamos me preguntaste por qué no me presenté a la primer hora; lo que pasó fue que llegué algo más tarde de lo previsto, y Kakashi-sensei me interceptó. No me quiso dejar ir hasta que hubo saciado su curiosidad, así que ahí lo tienes.
—¡Kakashi-sensei, enterado de tu regreso antes que yo! —se quejaron al mismo tiempo Naruto e Ino, con voz cansina y furibunda. Aunque la coincidencia de sus reclamos le causó una pequeña risa a la Haruno, a los implicados no pareció causarles más gracias de la que le demostraron con sus expresiones irritadas y peligrosas.
Sakura los tomó a ambos de las manos y los arrastró hacia el aula, caminando detrás del resto de sus amigos. Nada empañaría su felicidad, al menos, no algo tan estúpido.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!
Akasuna No Arika: Hey! Te dejé un review :D Si, pues, es raro y emocionante a la vez que una escritora como tu (has escrito dos fic, linda, no seas modesta) xD Me alegra lo que me dices, siempre es agradable tener lectoras fieles ^^ Jajaja, pues, también esa frase a mi me encanta, y creo que la usaré en todos los fics de Naruto :) La verdad, no me gusta como Kishi-sama pintó a Obito; cuando muestran los recuerdos de Kakashi, de verdad su personaje me había enamorado por completo. No me gusta cómo lo transformó ù.ú Bueno, no fue 'pronto', pero al menos lo continué. Gracias por el apoyo! Cuídate mucho!
Yolandachiku: Hey, gracias por el elogio. Me he tardado, pero espero que te valga la pena. Cuídate mucho!
Vane-Namikaze: lisgufabsgb He~y! xD Me alegra que te gustasen! Trataré de no defraudarte :) Gracias por los elogios! Me hacer ruborizar ^^ Cuídate mucho!
Tsuki511: Yasz querida! He leído que eres de Argentina, pero, por favor no te ofendas, que nombre tan extraño tienes! Aunque, también a mi me gusta su significado :) Bien, si, me gusta ambientar bien al lector antes de llegar al meollo del asunto (esto, naturalmente, te da una pista de lo mucho que los haré esperar antes de que Saso-sexy ingrese a la historia). Sin embargo, aquí todo se ha resuelto. Aunque aún faltan algunas cositas, eh? Pues, aquí entre nos, no eres babosa, yo también me pego un vuelco con esos chichis :3 Oh, te gustan los mayores, eh? Eres una loquilla xD Pues, qué decir, también a mi me gustan. Gracias por el apoyo, sabes que adoro a las lectoras fieles! Cuídate mucho!
Annie Darcy (Niña Bonita): Hey, querida niña! Me alegro de tu felicidad, como siempre! Pues, creo que en ese punto te descepcionaré un poco. Pero no quiero arruinar la sorpresa. Cuando publique el próximo capítulo lo sabrás (Jashin-sama, verdad que dejarás que mi vida corra en aguas lo suficientemente tranquilas para que lo haga pronto? Verdad que si?). Jajaja, eres una completa loca, querida niña, pero sabes que eso me agrada xD (Nosotras las leoninas somos todo un caso, eh?). Pues, más que su reencuentro, lo que yo amé fue a Kakashi en si... ejem, ejem... como decía... Pues bien, niña bonita, luego de milenios y milenios, aquí me tienes, como dije desde un principio, no abandonaré la historia. Lucharé contra viento y marea, y así me tarde diez años, no la abandonaré. Gracias por tu continuo apoyo y soporte. No dejes de estar ahí. Cuídate mucho, querida! Yours~
