He~y! Cómo estan? No me había dado cuenta de que había pasado tanto tiempo. En fin. He notado que mis reviews han bajado en picada, así que me limitaré a agradecer a aquellos que comentaron. Gracias por seguir fieles a la historia :D

Como siempre, espero que al leer mi historia todos gocen de buena salud y que se encuentren haciendo lo que los haga felices. La vida no es paga, así que hay que disfrutarla al máximo!

Primero que nada, gracias por darle una oportunidad a mi historia :) Qué decir, es un Sasosaku, por lo que, aquellos que no gusten de la pareja, ADIÓS! A los demás, bienvenidos.

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


Día Lunes, 1 de Abril

Acabo de regresar del instituto. Mi primer día. Kami, no se qué decir. Las cosas han sido algo… raras. No tuve el 'dudoso' placer de ver a Sasuke-kun, y ese es uno de mis problemas. Por lo demás, creo que me he adaptado bien. Es molesto eso de que me miren como a 'la nueva', pero, ¿qué puedo hacer? Con el tiempo, se les pasará.

La primer persona con la que me choqué fue Kakashi-sensei. En cierta forma, ha sido genial, ya que él nunca cambiará, y, de pronto, mientras hablábamos, las cosas han encajado perfectamente. Si hubiese hablado con alguien más, creo que no se me hubiese hecho tan fácil como con él. Tiene esa manera tranquila y sincera… como con Naruto e Ino, no recordaba lo mucho que lo extrañaba hasta que estuve entre sus brazos. Puede ser un vago y un pervertido, pero nadie nunca podrá ocupar su lugar en mi corazón.

Luego ha sido Ino. Ella, como de costumbre, se ha encargado de que el instituto entero oyese de mi regreso. Me pregunto si algún día controlará sus chillidos —¿qué estoy pidiendo? Eso es sencillamente imposible; de lo contrario, no sería Ino—. También Hinata estaba allí, por lo que, entre las tres, lloramos y sonreímos como tontas. (Por lo que oí, Hinata aún no le ha dicho a Naruto lo que siente, por lo que sospecho que Ino y yo tendremos que encargarnos de eso a la brevedad). Me contaron sobre la relación de Neji con Ten-ten, lo que me cayó algo raro, pero tendré tiempo para descubrirlo. Por cierto, no he visto al primo de Hinata, ni a su novia, ni tampoco a Lee. Espero verlos a todos mañana.

Y, por último, ha sido Naruto. Quién hubiese pensado que cuatro años separada de él pareciesen diez milenios. Él, al igual que Kakashi-sensei, no ha cambiado. Pero, ¿acaso no es un alivio? Amo a Naruto por quien es, y no deseo que cambie. ¿Acabo de decir que lo amo? Me refería a como amigo. Ha sido mi apoyo incondicional desde que tengo memoria, y espero que eso no cambie nunca (algo que, por lo que hoy vi, no hará). También conocí a un chico hoy, Sai. Fue extraño y muy grosero. Pero creo que me interesa saber de él. Cuando me habló de su problema con las relaciones sociales, pareció tan envarado y triste… me da pena por él. Si puedo ayudarlo, lo haré. En parte, lo hago porque me gustaría que alguien hiciese lo mismo por mí.

¿Ya hablé de Sasuke-kun? Ah, si, ya lo hice. Pues, no comentaré nada hasta que no lo haya vuelto a ver. ¿A que será un encuentro de lo más… raro? Aún revolotean en mi cabeza las palabras de Kakashi-sensei… 'Pero volvió… diferente.'. ¿Por qué eso hace que un estremecimiento recorra mi columna? ¿Cuándo voy a dejar de hacer girar mi mundo en torno a ese arrogante y frío Uchiha?

Sakura suspiró, sintiéndose agotada. Solo hacía dos horas que estaba de regreso a su casa, y en ese momento estaba echada en la cama, escribiendo en el diario. Releyó la última oración. Probablemente, si hubiese sabido lo que el destino tenía preparado para ella, la hubiese tachado y se hubiese retractado. Volvió a apoyar la pluma sobre la pulcra hoja y siguió la escritura.

Después de la clase de Zabuza-sensei (no voy a hacer ningún comentario acerca de él, a pesar de lo pesada que estuvo Ino toda la tarde, dándome la lata acerca de lo mucho que le interesó. Por Kami, esa chica sabe que el sujeto es mayor de edad, mucho mayor que ella, ¿cierto? ¡Sakura, ya déjalo, y no te justifiques! Tu no estas pensando en él. —ya, aprende a mentir un poco mejor—), tuvimos Política y relaciones públicas, con Iruka-sensei. ¡No sabía que seguía en el colegio! A pesar de ser joven (uno de los profesores más jóvenes, según creo) parece que lo conozco hace siglos. Lo conocía incluso antes que a Kakashi-sensei. Él fue nuestro profesor los primeros cuatro años de primaria. Lamento decir que hizo que me parase y dijese mi nombre a todos. ¡Kami, que humillación! Se que Iruka-sensei me quiere y todo eso, pero, ¿era realmente necesario? Ya la paso bastante mal sin todo esto de ser la nueva. Aunque su clase fue la más tediosa e insoportable de todas; me he tirado una siestita, incluso, sin que el sensei me viese.

Creo que, al final… no ha sido tan malo.

La Haruno soltó otro suspiro y, con lentitud, cerró las tapas del cuaderno. De cierta forma, plasmar sus pensamientos en papel la hacía sentir liviana, liberada. Si bien era sensible y muchas veces había llorado ante problemas y demás, lo cierto era que no era muy dada a confesar lo que le sucedía. Prefería retenerlo para sí, hasta que el problema se solucionase. ¿Por qué le parecía eso tan raro a Mebuki? ¿Es que quería que, al menos en ese sentido, fuese más parecida a Ino, quien no podía mantener la boca cerrada ni dos minutos seguidos? A pesar de que quería mucho a sus padres, y sabía que ellos la querían mucho a su vez, lo cierto era que siempre se había sentido más cómoda con su grupo; nunca se había sentido más en casa que con el equipo siete. Sonrió; ya sabría cómo enfrentar a Sasuke cuando lo tuviese en frente. Después de todo, ¿qué caso tenía darle vueltas al asunto? No conseguiría más que un dolor de cabeza. Fue por eso que, cuando su madre la llamó para cenar, la Haruno guardó el diario en un cajón de su mesa de luz y corrió a ayudar a Mebuki, el tema de Sasuke totalmente olvidado para ella.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

—¡Sakura, despierta ya! ¡Vas tarde para el colegio!

La voz agitada de su madre consiguió arrancar a la pelirrosa de su dulce soñolencia, aunque no consiguió despertarla del todo. Confusa, se sentó en la cama, contemplando con ojos entrecerrados a Mebuki caminar de un lado a otro, recogiendo su ropa y acercándole la mochila.

—Hija, ¿me has oído? ¡Levanta de una vez! ¡No tendrás tiempo de desayunar!

Y, como un tornado, salió del cuarto, dejando a la chica igual de confundida que antes.

Imágenes de su sueño se arremolinaban tras sus párpados cuando los cerraba, impidiéndole pensar en nada mas. Usualmente no solía recordar lo que soñaba, pero esto había sido diferente, esto había sido… especial. Con una lentitud casi exasperante, apartó las sábanas y se dirigió al baño. Allí, mientras el agua borraba los últimos vestigios de somnolencia de su rostro, comenzó a recordar. Las imágenes, propias de un sueño, se le antojaban borrosas y apagadas, pero sabía perfectamente de qué se trataba todo. Sasuke había aparecido —lo que no era ninguna sorpresa, puesto que soñaba con él casi todas las noches—. Empero, le había llamado la atención el otro muchacho, a quien no había podido reconocer; estaba segura de que nunca en su vida lo había visto. No quería darle importancia, por lo que trató de reprimir el estremecimiento que la recorrió e hizo a un lado la extraña sensación de añoranza que el chico de su sueño le provocaba.

Cuando bajó a la cocina, ya arreglada y con la mochila al hombro, el reloj marcaba las siete menos diez. Si se saltaba el desayuno, aún estaba a tiempo de llegar a horario al instituto. Si, por el contrario, decidía desayunar, tendría que correr luego. Por suerte, su madre le ahorró el resolver el problema.

—Nena, te hice té. Siéntate y tómalo con tranquilidad, no sea que después te descompongas.

Entonces correría. Hizo caso a Mebuki con mansedumbre, sonriéndole agradecida. Su padre parecía haber decidido tomarse un rato más para dormir, puesto que no estaba sentado con ella. El líquido caliente bajó por su garganta y calentó su cuerpo, haciéndole sentir que sus problemas no eran tan graves. Todo tenía solución, después de todo.

A las siete y cinco, se puso de pie, tomó sus cosas y se despidió de su madre con un beso. Al salir a la calle, el sentimiento de añoranza que había sentido por la mañana volvió a acometerla, pero la chica lo relegó a la parte más perdida de su cabeza, y se dedicó a estudiar su entorno, tal como había hecho el día anterior.

A tan temprana hora, solo algunos locales estaban abiertos, aunque los aldeanos eran más bien enérgicos y solían trabajar todo el día. Sin poderlo evitar, Sakura se entretuvo en algunos aparadores, aún siendo conciente de que llegaría tarde al colegio. Por supuesto, cuando miró el reloj, éste daba las siete y media pasadas, por lo que, efectivamente, tuvo que echarse a correr. Si cuanto menos hubiese sido un poco más vanidosa, se hubiese escandalizado al ver su desarreglado reflejo en las puertas de vidrio del enorme edificio, perro ella se encontraba demasiado aliviada de haber llegado a tiempo como para prestarle atención a tamaña nimiedad. Se limitó a acomodar un poco los mechones rosados que se habían alborotado, y arregló su pullover.

Al igual que el día anterior —y a pesar de haber corrido— el pasillo estaba desierto, indicando que los alumnos ya estaban en sus aulas. Resopló, molesta. ¿Es que nunca llegaría temprano a ese puñetero lugar? ¿Cuánto tiempo tendría que pasar para que se acostumbrase a la aldea, a su aldea? Hundió los hombros. ¿Y ahora cómo diablos sabría a qué aula debía ingresar? Trató de memorizar el camino hacia la sala de profesores. Si Kami se decidía a sonreírle aunque fuera un poco, se encontraría con Kakashi-sensei, y le pediría que le indicase el salón al que debía ir.

Para su sorpresa, no le costó mucho localizar la sala de profesores. Ésta se encontraba algo apartada del resto, lo que la chica atribuyó a que los mayores no querrían soportar el jaleo que constantemente armaban los menores —aunque, ¿Kakashi-sensei e Iruka-sensei eran considerados mayores? El peliblanco era el primero en sumarse si se armaba alguna travesura mayúscula, y en cuanto al segundo, no podía tener más de veintiséis años—. Sakura se detuvo ante la puerta, titubeante. Pero era una estupidez sentir cierta tensión, ¿cierto? Podía pedir que le indicaran el camino tanto si se encontraba con Kakashi como si no; cualquier profesor lo haría, viendo que ella era nueva y aún no se adaptaba por completo. Suspiró y, después de dar dos golpes decididos, abrió la puerta y entró.

Su semblante reflejó a la perfección su desconcierto. El cuarto estaba vacío, excepto por la última persona que esperaba encontrar ahí. Zabuza levantó la cabeza con parsimonia cuando la puerta golpeó suavemente contra la pared. Entre sus manos había un pesado y grueso tomo, que evidentemente había estado leyendo. No pareció muy molesto por la interrupción, aunque sus oscuros ojos castaños se clavaron en los de Sakura con cierta crudeza.

Por unos minutos, todo el sonido que los rodeaba pareció desaparecer. El hombre no parecía muy ansioso por hablar, y la chica había perdido las palabras en alguna parte de su garganta. Tragó con fuerza. ¿Qué había ido a hacer ahí? ¡Ah, si! Necesitaba ayuda; aunque, viendo la manera en que el sensei la estaba contemplando, quizá lo mejor era dar media vuelta y retirarse. Pero, ¿retirarse adonde? Necesitaba que la ayudara a encontrar su aula, por mucho que hubiese preferido pedirle ayuda a cualquier otra persona. Cuando el pelinegro amago con volver a concentrar su atención en su libro, Sakura se aclaró la garganta y habló, aunque su voz sonó mucho más débil y dubitativa de lo que la Haruno esperaba.

—Disculpe, Zabuza-sensei… —Él volvió a dirigir su atención hacia ella, aunque sus labios (detrás de las vendas, claro) permanecieron igual de sellados—. No se si le han dicho… yo soy nueva —Interiormente se abofeteó por sus palabras sueltas e indecisas, y se instó a hablar con más seriedad—. Me preguntaba si quizá usted podía ayudarme a encontrar la clase que me corresponde.

El mayor miró a su alrededor, como si esperase encontrar a alguien más que estuviese dispuesto a hacer el trabajo por él. Obviamente, la habitación seguía igual de vacía que antes, por lo que cerró los ojos un segundo y, después de cerrar el volumen con inusitada fuerza y un —innecesario— ruido seco y dejarlo sobre la mesa más cercana, se puso de pie. No le preguntó su nombre, ni su edad. Si la había reconocido de su propia clase del día anterior, no lo dijo ni lo demostró. Se limitó a pasar a su lado por la puerta y echar a andar con tranquilidad por el largo pasillo, sin fijarse si ella lo seguía o no. Aunque la pelirrosa se quedó unos minutos quieta, estupefacta ante la actitud indolente del hombre, se apresuró a seguirlo, a vista de que la dejaría atrás y no le importaría en lo más mínimo.

Desde atrás, se dedicó a estudiarlo. Vestía de la misma manera que el día anterior. Sus anchos y musculosos hombros se movían al compás de sus largas pero medidas zancadas, ya que tenía las manos en los bolsillos. Los ojos verdes de Sakura se entretuvieron en su espalda, que parecían tan dura como la piedra. Era el hombre más macizo que había conocido. Debido a su profunda concentración, se sobresaltó cuando Zabuza volteó un poco el rostro y sus ojos se encontraron.

—He oído que eres alumna de Kakashi.

La muchacha, desconcertada, asintió. De dónde había salido dicho comentario, no tenía la más mínima idea.

El hombre sonrió ante su confirmación, aunque a la pelirrosa le pareció más bien una sonrisa maliciosa. Puso los ojos en blanco. Por alguna razón, su conciencia se inclinaba a pensar que Kakashi-sensei y Zabuza-sensei no eran muy unidos que digamos.

Siguieron caminando por unos minutos más, aún en ese pesado mutismo, cuando el pelinegro se detuvo y se volteó hacia ella. Sin una palabra, alzó la mano y señaló la puerta, indicándole que era allí adonde debía entrar.

—Gracias…

Pero el hombre ya se había volteado sobre sus talones y se alejaba de la misma manera serena en que había llegado. Al tiempo que pensaba que era un sujeto de lo más extraño, Sakura abrió la puerta.

—Ah, tu debes ser Sakura —el profesor le sonrió con amabilidad. Se trataba de un hombre alto, de ojos marrones, cabello corto y negro y barba. Usaba una camisa azul de cuello de tortuga, un chaleco con gorra y bolsillos, un pantalón negro y vendas pequeñas en los brazos, además de brazaletes en las muñecas. A Sakura no se le pasó por alto que el hombre estaba fumando, a pesar de que, supuestamente, eso estaba prohibido.

—Disculpe la tardanza —se apresuró a decir la Haruno, algo avergonzada de que todos la estuviesen contemplando—. No sabía qué clase me tocaba, y…

—No te preocupes —hizo un gesto despreocupado con la mano—. Kakashi me comentó algo. Soy Asuma Sarutobi, profesor de Física y Química Avanzadas. Siéntate allí, por favor.

La chica siguió con la vista la dirección de la mano del sensei, y contuvo un chillido cuando notó que, en el banco indicado, estaba sentado Sai. Éste le sonrió con amabilidad, menguando un poco el enfado de la pelirrosa. Suspirando —'No hay más salida, ¿no es cierto?'— se acomodó a un lado del pelinegro, aguantando las ganas de arrojar su mochila al suelo con fuerza innecesaria. No se comportaría como una niña; tenía dieciséis años, y debía actuar como tal.

—Hola —Sai se giró hacia ella y sonrió.

—Hey —¿Por qué habría de ser maleducada con el chico, cuando había decidido que quería ayudarlo a superar sus problemas? Le devolvió la sonrisa al tiempo que sacaba su libro y algunas hojas.

Como siempre le había gustado el colegio —Bien, quizá Ino había tenido algo de razón al llamarla rata de biblioteca—, prestó atención a las palabras de Asuma-sensei, anotando todo cuanto le parecía importante. Cuando el hombre terminó la explicación y les dio una serie de ejercicios, Sakura ya tenía escritas cuatro hojas.

—Parece que esta clase te ha interesado, ¿no es así?

—A decir verdad… todas las clases me interesan —explicó—. Lo que sucedió ayer es que… bueno, era mi primer día, ¿sabes? La emoción del momento. —El muchacho se limitó a sonreír de vuelta—. ¿A ti te interesan las clases?

Sai se encogió de hombros.

—No mucho. Mi anterior instituto era de estudio avanzado; estas clases me resultan algo tediosas.

—¿A qué instituto ibas? —curioseó la pelirrosa.

—Sabes que es de mala educación preguntarle algo personal a alguien que acabas de conocer, ¿cierto? —parodió el pelinegro, y Sakura no pudo menos que reír ante sus propias palabras, dichas por el muchacho.

—Touché.

Los ejercicios no fueron difíciles. Sai, quien demostró a las claras haber tenido una educación superior, la ayudó en la mayoría, aunque ella misma admitió que la tarea no había sido muy difícil.

Cuando los terminó, un papelito rebotó en su cabeza y fue a parar en su libro. Frunció el ceño y lo abrió.

'Frente de marquesina, ¿llegarás a tiempo algún día? ¡Hinata y yo estuvimos esperándote desde temprano!'

La chica hizo una mueca de malicia. Claro, no era necesario firmar de ninguna manera. ¿Quién más en ese colegio podía llamarla de esa forma tan exasperante? Miró por sobre el hombro y, dos bancos por detrás suyo, se encontró con los suspicaces ojos celestes de su amiga.

'Ino-puerca, no ha terminado siquiera mi primera semana aquí. Dame tiempo para acostumbrarme. Además, dudo mucho que llegaras tan temprano como dices. Si eras y serás siempre una dormilona'

Abolló la nota y, con precisión envidiable, la lanzó al banco de la Yamanaka. Sai la estaba mirando con curiosidad, por lo que le sonrió y negó con la cabeza. El chico le devolvió la sonrisa —una sonrisa vacía, por cierto—, y se volteó hacia el frente. La respuesta de Ino no tardó en llegar.

'¡He llegado temprano! Puedes preguntarle a Hinata si lo deseas. ¡Y nunca he sido una dormilona! El Sol de Suna te ha secado un poco el cerebro, querida amiga'

Garabateó una última contestación.

'Como digas, cerda. Por cierto, hablando de Hinata, tenemos que encargarnos del tema N con ella, puesto que no lo hará sola. No respondas la nota, cuando salgamos del salón hablaremos'

Y se lo pasó a la rubia, segura de que ésta acataría sus órdenes.

El resto de la hora se la pasó pensando en Sasuke, y tratando de correr de dichos pensamientos al chico de su sueño.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!

Akasuna No Akira: Hey! Me alegro de que el fic siga gustándote. Jaja si, se lo que eso se siente. Yo me estoy empapando de fic de SnK, por lo que también tengo el mundo de Naruto un poco olvidado (excepto todos los jueves, que me drogo con el nuevo capitulo del anime). Claro que eres importante para mi! Eres una de mis lectoras, y además eres escritora, lo que hace a tu vista un poco más crítica, supongo. Con respecto a esa historia tuya, solo puedo darte mi solidaridad en ese tema. A mi me parece, ya de por si, una manera muy maleducada decir tu opinión de esa forma, diciendo que algo 'es una porquería'. Ante todo me parece que está la educación, porque, entre escritoras, a nadie le gusta que traten su historia como a un trapo sucio. Espero que le hayas bajado los humos a esa chica. (Por cierto, también a mi me llegó mi primero crítica, y tengo que admitir que me supo muy amarga, pero trataré de manejarlo). Nunca te mataría! Aunque te hayas tomado tu tiempo, has comentado, que es mucho más que lo que puedo decir de algunas otras lectoras. Cuídate mucho, amiga!

Vane-Namikaze: Hola! Si, también yo espero que salga pronto xD Jajaja me alegro de que compartas mi odio por Sasuke-ególatra-estúpido-y-consentido-teme. A que Naruto ha estado de lo más tierno? No puedes menos que adorarlo a cada paso. Es al menos lo que me pasa a mi :3 Por supuesto que tendrá mas participación, si una linda lectora como tu me lo pide ;) Gracias por comentar. Cuídate mucho!