He~y, Precious lesendur! Cómo están? Por mi parte, estoy ya contando los días para mis merecidas vacaciones. Al parecer, mis deseos de continuar en un interminable invierno se han visto frustrados, ya que el verano azotó Bs. As. sin clemencia u.u Me siento algo triste por eso.
Como siempre, espero que estén todos felices y gocen de buena salud. Ustedes son una fuente de felicidad para mi, así como una inspiración. Se los agradezco infinitamente :)
Antes de dejarlos leer, dejenme hacerles una pregunta. También a ustedes les sucede que ffnet no les deja copiar texto de un fic? Trato de copiar el Declaimer de mi propia historia y esta estúpida página (con el debido respeto...) no me deja hacerlo ù.ú
Primero que nada, gracias por darle una oportunidad a mi historia :) Qué decir, es un Sasosaku, por lo que, aquellos que no gusten de la pareja, ADIÓS! A los demás, bienvenidos.
Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.
—Dile, Hinata. Dile. No he llegado tarde —Con esas palabras la recibió Ino, tan pronto como su amiga pelirrosa se les acercó.
Sakura puso los ojos en blanco, como si no le importase lo más mínimo. ¿Acaso la cerda no podía reconocer una broma cuando la leía? Se puso a su lado, no obstante, y le sonrió a la pelinegra.
—Así que, Hinata, ¿algo que decir?
La muchacha pareció confusa, pues abrió desmesuradamente sus preciosos ojos perla.
—¿Algo que decir? ¿Sobre qué, Sakura-chan?
La Haruno y la Yamanaka intercambiaron una mirada cargada de picardía y, haciendo uso de sus largos años de estrecha amistad, hablaron al mismo tiempo:
—De Naruto, claro.
Tan pronto como las palabras salieron de sus labios, la Hyuga se puso roja como el granate, y bajó la vista, avergonzada.
—¿De…de Naruto-kun…? ¿Por… qué diría…algo de él?
Ino alzó un dedo, y Sakura intuyó que sus palabras conseguirían que Hinata se desmayase.
—¡Ah, Hinata, no seas ridícula! No se de qué otra cosa quieres hablar. ¡Como si no supiéramos ya que lo amas desde que lo viste por primera vez!
—¡Ino-chan! ¡Ba-baja la voz! ¡Alguien… podría oírte!
La mentada lanzó una escandalosa carcajada, haciendo la vista gorda hacia todos aquellos que la contemplaban con curiosidad. Siempre había sido así; una persona segura de si, vital y desvergonzada, desinteresada completamente de lo que el resto pudiese decir de su persona. A pesar de los años, Sakura volvió a sentir dentro de sí aquella pequeña envidia hacia su mejor amiga, y decidió que se superaría aún más, que sería, tal como su amiga, lo que siempre había querido ser.
—Vamos, Hinata, Ino-puerca tiene razón —dijo, por fin, la pelirrosa, siendo secundada por la rubia, que asentía vigorosamente—. Naruto es un idiota despistado, y a menos que le digas lo que sientes a la cara, con toda la claridad posible, él no lo descubrirá ni en un millón de años.
—Pero, Sakura-chan… Naruto-kun… aún te ama.
—Yo también amo a Naruto, Hinata —confesó Sakura con tranquilidad, haciendo que la pelinegra se pusiese blanca como el papel—. Lo amo más que a nadie en el mundo. Pero le tengo el amor que se le tiene a un hermano, a una persona en la que te apoyas y que se apoya en ti. Nadie ocupará nunca su lugar en mi corazón, y se que nadie ocupará nunca el mío en el suyo —suspiró y, tras pasarse una mano por el corto cabello, continuó—: Sin embargo, tu no tienes que aspirar a mi verdadero lugar en su corazón; tu tienes que hacerle entender que lo que siente por mi es lo mismo que yo por él, y no puede ser de otra forma.
—Por un momento creí que dirías que de verdad te habías enamorado de él, frentona —dijo Ino, acomodándose el cabello y, sin saberlo, poniendo en palabras los pensamientos de la Hyuga.
—Cerda, sabes muy bien de quién estoy enamorada yo.
—Pero, Sakura, ¡te has pasado cuatro años fuera! ¿Aún lo amas?
—Me he pasado cuatro años fuera y aún así sigues siendo mi mejor amiga, ¿no es cierto? El tiempo y la distancia no cambian nada.
Ino lo aceptó en silencio, aunque la sonrisa burlona que le dirigió a la Haruno le indicó que no dejaría pasar ese tema tan fácil, sino que se lo sacaría a colación más tarde. La chica suspiró, derrotada. A pesar de lo mucho que su amiga llegaba a molestarla a veces, si no hubiese sido así, no hubiese sido su mejor amiga. Ella la quería tal cual era, molesta, sincera y bulliciosa —tan parecida, en algunos aspectos, a Naruto—.
Volvió al tema que le interesaba más rápido de lo que Hinata hubiese deseado.
—¿Y bien, Hinata? ¿Algún plan para conquistar nuestro estúpido amigo?
La muchacha volvió a ponerse roja.
—Yo… no. No tengo… ningún plan. Solo quiero que vea mi esfuerzo, que vea… lo mucho que he cambiado.
—Si que lo has hecho, Hinata —comentó Ino, y, nuevamente, Sakura supo que diría algo inapropiado—. Dime, ¿cómo haces para que los pechos te crezcan tanto? ¡Algún día terminarás terriblemente jorobada!
Mientras la mentada no hacía más que ruborizarse furiosamente, Sakura reprendió a Ino. ¡No quería que le recordaran su estatus de 'plana' tan pronto! Resopló. Qué difícil sería volver a ajustarse a eso, cuando, en Suna, nunca le hubiese pasado nada similar; Temari, aunque de lengua venenosa cuando quería, solía ser tranquila y nada dada a discutir. Y, por supuesto, ni Kankuro ni Gaara hubiesen hecho jamás un comentario de ese tipo.
—Hey, Sakura, por cierto —Ino llamó su atención tocándole el hombro— ¿Cómo supiste adónde dirigirte hoy en la mañana? ¿Kakashi-sensei te intercepto de nuevo?
—No —replicó la muchacha, recordando lo que había sucedido—. Fui a la sala de profesores y me encontré con Zabuza-sensei. Él me indicó…
—¡Frentona, sabía que tu también pensabas que estaba fuertísimo! —aulló en respuesta, tan alto que seguramente incluso el Momochi lo hubiese oído (Sakura rogaba que no hubiese sido así).
—¡Baja la voz, cerda! ¡No pienso que esté nada, ya deja el asunto en paz!
Y quizá hubiese seguido gritándole, si a lo lejos no hubiese notado que Naruto se acercaba con tres personas más. La posibilidad de que una de ellas fuese Sasuke hizo que el corazón de la pelirrosa diese un vuelco y que su estómago se contrajera, pero debía ser fuerte. Sasuke no podía tener por siempre la satisfacción de doblegarla y hacerla llorar con un par de desprecios. Como antes. Como ahora. Como siempre.
Sin embargo, su pulso se normalizó y su estómago se relajó cuando las figuras de sus amigos se recortaron con mayor nitidez: Naruto, siempre al frente, siempre guiando, y tras él, Tenten, Lee y Neji. Las tres chicas se voltearon hacia ellos y sonrieron.
Sakura dio un respingo cuando divisó con mayor claridad a sus amigos. ¡Cuánto habían cambiado! Si bien todos lo habían hecho, el pasar el día anterior con ellos le había dado cierta sensación de naturalidad; sin embargo, la primera impresión del Hyuga y sus dos acompañantes fue algo sorpresiva para la pelirrosa. No pudo separar la vista de las manos de Neji y Tenten, las cuales estaban juntas.
—¡Sakura-chan! —Como siempre, Naruto se dirigió a ella con energía, como si le quisiese decir la cosa más interesante del mundo.
Ino contempló a Hinata con picardía antes de volcar su atención en los recién llegados.
—Naruto, por favor, ¡baja la voz! —le reprendió la Haruno, sacudiendo la cabeza a un lado y a otro, fulminando con la mirada a todos aquellos que se les quedaban viendo más de lo necesario.
—Sakura-san, la flor de loto de la villa de la hoja ha vuelto a florecer… ¡El fuego de tu juventud ha hecho crecer tu belleza natural! —Lee se acercó a ella y, con lágrimas cayéndole de los ojos, cerró una mano en un puño y lo llevó a su corazón.
Al igual que la primera vez que lo vio, Sakura se le quedó viendo con un aspecto un tanto molesto. Ahora si que no volvería a librarse de los rumores y risitas. Y, sin embargo, para sorpresa de todos, dio un paso adelante y abrazó al pelinegro con fuerza, sonriendo alegremente. Sobra decir que el chico no pudo reaccionar, y que Naruto, por detrás de él, rumió en silencio su fastidio.
—Lee-san, me alegro mucho de verte. Has crecido mucho —dijo la chica, cuando lo soltó. Se asombró de ver que el muchacho estaba casi en shock, y, de un momento a otro, rompió a llorar con fuerza, tapando sus ojos con un brazo.
—¡Sakura-san! —lloriqueó, aún en el mismo estado.
Sakura se quedó mirándolo desconcertada. Cuando se fijó en los otros dos chicos, Tenten tenía una enorme sonrisa en su rostro, mientras que la sonrisa de Neji era conocedora.
—Sakura-chan, me alegro mucho de que hayas regresado —comentó la chica, sonriendo con amabilidad. A Sakura siempre le había gustado Tenten, con esa forma espontánea y dulce de tratar a todo el mundo.
—Lo mismo digo, Sakura-san —dijo el Hyuga, posicionándose a un lado de su novia y haciéndole una pequeña inclinación con la cabeza. Vaya si había cambiado ese chico.
—Muchas gracias, Tenten-chan, Neji-san. De verdad es magnífico estar de vuelta.
—¡Sakura-chan, Sakura-chan! —Naruto captó su atención parándose justo frente a sus narices, sacando de su radio de visión al resto de los chicos—. ¿Quieres ir a almorzar a Ichiraku? ¡Esta vez pagaré yo, te lo juro!
Sakura le echó una disimulada mirada a Hinata, quien había bajado la vista.
—Claro que si, Naruto. Pero, ¿por qué no nos acompañan nuestros amigos?
—Como quieras, Sakura-chan —el muchacho le regaló esa asombrosa sonrisa, capaz de derretir el corazón de cualquiera. Sakura volvió a sorprenderse de lo mucho que quería a ese chico. Le devolvió la sonrisa con calidez.
—Entonces, ¿nos encontramos ahí cuando salimos? —preguntó Ino, quien siempre había sido la encargada de organizar fiestas y salidas, aunque la votación nunca hubiese sido hecha en voz alta. Todos asintieron con la cabeza—. ¡Perfecto! Ustedes dos —señaló a Sakura y a Hinata, que inmediatamente se pusieron alertas—, no crean que me olvidaré de lo que estábamos hablando.
Ambas chicas entornaron los ojos, como diciendo: '¿en serio?'. Que las mataran si la Yamanaka alguna vez se olvidaba de exprimir chismes y dramas románticos. El timbre hizo que todos voltearan la cabeza, viendo como todos los chicos y chicas se movilizaban a desgana y arrastrando los pies hacia las aulas.
—¿Qué materia nos toca ahora? —preguntó la Haruno a Naruto, que era quien caminaba a su lado, con su habitual postura de manos en la nuca.
—Vamos al gimnasio, Sakura-chan, a entrenar con Gai-sensei.
—¡Gai-sensei les mostrará como explotar al máximo la llama de su juventud! —exclamó Lee, alzando un pulgar y sonriendo exageradamente, de manera que sus dientes brillaban. Por toda respuesta, Sakura y Naruto le echaron una mirada que a todas luces decía: 'Rarito'.
Antes de llegar al gimnasio, Lee, Tenten y Neji se despidieron, ya que ellos, siendo un año mayores, debían ir a una clase distinta. La pelirrosa miró en derredor tan pronto como estuvieron dentro del salón. Se trataba de un espacio amplio, con un lustroso piso de madera y pulcras paredes blancas. Se podían distinguir varias canchas, aros, arcos y colchonetas, así como varias cosas más que servían para la asignatura. Ya estaban allí la mayoría de los alumnos de su clase, de los cuales Sakura desconocía a la mayoría. Distinguió a los chicos —Shikamaru, Choji, Kiba y Shino— hablar a lo lejos y, más atrás, a Sai, sentado solo en una de las gradas. Sintió una punzada de lástima y dio un paso para acercarse a él.
—¡Eh, Sasuke-teme! —el grito de Naruto la paralizó en su lugar, lanzando una descarga eléctrica por toda su columna vertebral. Fue vagamente consiente de la mirada de compasión de sus amigas, y que después de eso se apresuraron a alejarse. Quiso seguirlas, pero sus pies parecían enterrados en el suelo.
Sasuke se acercaba. Después de cuatro años, volvía a tener al Uchiha a menos de dos metros de distancia. ¿Ya estaba frente a ellos? No podía saberlo; aún no se había volteado. Su cuerpo no le respondía, y su cerebro parecía muy ocupado llenándose de viejos recuerdos como para reaccionar. La primera vez que había visto a Sasuke, cuando le confesó a Ino que estaba enamorada de él, su pelea, su rivalidad. Se recordó a si misma cuidando su cabello con esmero, dejándolo crecer, porque sabía que a Sasuke le gustaban las chicas de cabello largo. Las miles de veces que se había burlado de Naruto solo porque creía que así le agradaría al Uchiha. Cada pequeña sonrisa de diversión que el pelinegro le había regalado —¿dos, tres?— y que ella había atesorado profundamente. Y, por último, aquella funesta tarde en la que le había pedido que fuese con ella a Suna, que le escribiese al menos, y en la que él se había limitado a despreciarla y desaparecer de su vida.
Oyó los pies de Sasuke y de dos personas más detenerse frente a ellos. No había nada más que hacer, la educación y su extraña relación exigían que se diese la vuelta y lo saludase. Fría, seca, cariñosa, llorosa o animada, pero debía saludarlo. Su rostro hermoso y perfecto fue lo primero que vio al girarse hacia él. Su cabello negro estaba algo más largo, y sus ojos seguían siendo fríos y calculadores. Había cambiado, al igual que todos los otros, pero en él, el cambio había significado la pérdida irremediable de todo rasgo aniñado o amigable, transformando sus cinceladas facciones en las de un hombre magníficamente espléndido, aunque igualmente soberbio e insensible. Al parecer, había crecido unos cuantos centímetros, y su cuerpo había ganado musculatura —musculatura imposible de ignorar, siendo que tenía al menos la mitad de la camisa abierta. ¿Estaba permitido llevar así el uniforme?—.
—Dobe, te encanta llamar la atención, ¿eh? —su voz, con los años, había tomado un tinte grave y masculino. Si cuando eran niños Sakura había creído que era imposible no enamorarse de Sasuke, ahora no tenía la menor duda. El joven dirigió sus ojos ónix hacia ella, y la chica se sintió absurda cuando se estremeció, como antaño, bajo el peso de su mirada—. Sakura, has vuelto.
No parecía sorprendido, o quizá la nota flemática de su voz se debía a que el tema era lo que menos le importaba en el mundo. ¿Alguna vez le habría importado, siquiera un poco? Se consoló pensando que alguna que otra vez le había salvado la vida, por lo que, al parecer, al menos de niños, si le había importado un poco. Reprimió otro temblor y abrió la boca, tratando de sacar alguna palabra.
—Sa-Sasuke-kun… me alegro de verte —su voz sonaba aguda y quebradiza, haciendo juego con su temblorosa sonrisa. Kami, ¿se podía ser más patética? Bajó un poco la cabeza.
—¡Teme, no molestes a Sakura-chan, o te estaré esperando afuera, ya lo sabes! —la amenaza juguetona y vacía de Naruto acarreó la sonrisa irónica de Sasuke, quien se limitó a encogerse de hombros.
—Ya que el maleducado de Sasuke no nos piensa presentar —uno de los chicos que estaba a un lado de Sasuke habló, con voz burlona, señalándose y haciendo lo mismo con el otro muchacho—, yo soy Suigetsu Hozuki y éste es Juugo.
Suigetsu era un muchacho atractivo, de cabello celeste muy claro, casi blanco, y jocosos ojos violetas. El tal Juugo era alto, de anchos hombros, con el cabello naranja y una expresión amable y tranquila. A Sakura le cayeron bien de inmediato, aunque verlos tan amigables con Sasuke —cuando ella creyó que el pelinegro sólo le permitía esa confianza a Naruto— le supo extraño.
—Yo soy Naruto Uzumaki, ¡próximo Hokage de la Aldea de la Hoja!
—Mi nombre es Sakura, Haruno —la muchacha les sonrió, como pidiéndoles disculpas por la exagerada reacción de su amigo.
—Ah, mira por dónde, Sasuke —Suigetsu le dio unos codazos suaves a su compañero—, no nos habías dicho que tenías una amiga tan linda. ¿Cómo te va? —Le sonrió con coquetería.
—¡Oye, cuida tu boca al hablarle a Sakura-chan! —La pelirrosa se dijo que solo Naruto podía hablarle a las personas a las que recién conocía con tal familiaridad. Iba a intervenir, pero el Uzumaki siguió hablando—. Hey, teme, cuando salgamos iremos a Ichiraku, para festejar que Sakura-chan ha vuelto. ¿Te apuntas? Ustedes pueden venir, si quieren.
Antes de que Sasuke pudiese decir algo, a lo lejos oyeron que Shikamaru llamaba al rubio a los gritos. Cuando se volvieron a mirarlo, Ino lo tenía aferrado de las solapas de la camisa y lo sacudía con furia, al parecer en respuesta a algo que el Nara había dicho. El muchacho miraba a Naruto como si fuese su salvación.
—Ya nos hablaremos, teme. ¡Un gusto! —agregó, en dirección a sus dos nuevas 'amistades', y después salió disparado, en pos de ayudar a su amigo.
Sakura se volvió con una sonrisa nerviosa. Nunca creyó que estar a solas con Sasuke —sus dos acompañantes habían quedado algo olvidados— podría ponerla tan nerviosa. ¿Debería decirle que su aspecto había mejorado? No sabía si eso agrandaría u ofendería el ego del pelinegro. ¿Decirle que lo veía más grande? Eso ciertamente podría funcionar. Indudablemente, se veía en la obligación de decir algo, puesto que el Uchiha no parecía tener la necesidad de abrir la boca. ¿Quizá decirle que lo había extrañado? No, definitivamente eso no. El chico se molestaría —por alguna razón, siempre le habían fastidiado las atenciones de la pelirrosa hacia su persona— y se alejaría, sin darle tiempo a admirarlo un poco más.
—Yo me apunto a eso de ir a comer, más que nada si es contigo —le dijo el Hozuki, sonriéndole de lado. Parecía que solo abría la boca para ligar.
—Bien. ¿Sasuke-kun, Juugo-san?
—Yo no tengo problema —aseguró el pelinaranja, con una sonrisa amable.
—En verdad… sigues siendo una molestia —bufó Sasuke, aunque sonrió con diversión—. Supongo que me puedo pasar un rato, si no hay nada más interesante para hacer. Cuando salgamos…
—¡Oh, Sasuke-kun! ¿Me vas a llevar a algún lado? —la voz chillona, espantosamente conocida, traspasó los oídos de la pelirrosa, poniendo su cuerpo alerta. ¡Esa perra!
Hacia ellos se acercaba caminado Karin, con ese andar sinuoso, que atraía todas las miradas masculinas. Desde el mismo momento en que se habían conocido, Sakura y Karin habían establecido su odio y rivalidad. Karin tenía el cuerpo; Sakura, la inteligencia. Ambas ambicionaban el corazón de Sasuke. En ese sentido, Sakura siempre había tenido una abierta ventaja, la misma ventaja que años atrás había tenido sobre Ino: ella formaba equipo con Sasuke, era la mejor amiga de su mejor amigo y, con esa extraña forma que tenía el pelinegro, se podía decir que la consideraba su amiga. Sin embargo, ahora esa ventaja parecía venirse abajo sin remedio, haciendo tambalear toda la seguridad de Sakura. Cuatro años… ¿cuántas cosas habrían cambiado entre esos dos? La posibilidad de que fuesen novios la espantó a tal grado que sintió una punzada atenazándole el corazón. No, no podía ser… Ino se lo hubiese dicho, ¿cierto? La rubia sabía lo que la Haruno sentía por el menor de los Uchihas.
Para su regocijo, Sasuke volvió a bufar, aunque la antigua diversión desapareció de sus ojos, reemplazada por verdadero fastidio.
—Karin, aléjate —gruñó.
La pelirroja no se amilanó, sino que se puso a un lado del pelinegro y le tironeo el brazo. Los jade de la pelirrosa siguieron ese tironeo con furia, deseando poder incinerar a esa arrastrada. Los ojos escarlatas de Karin se dirigieron por fin hacia ella, como si no la hubiese notado.
—¡Ah, Sakura, has vuelto! Qué… agradable sorpresa —comentó, acomodándose los lentes, con evidente sarcasmo. Solo un idiota no hubiese notado la animadversión que parecía rodearlas a ambas.
—Pues si, Karin, qué observadora. Debo decir que no has cambiado mucho —la muchacha sonrió con ironía. ¿Así que esa estúpida quería jugar? Pues le seguiría el juego—. Por cierto, ¿has engordado? La camisa te queda un poco ajustada.
—¡¿Qué?! —La chica se pasó las manos frenéticamente por la tela blanca, de la cual gran parte de los botones estaban desabrochados, enseñando su vientre plano y una parte exagerada de su escote. Sakura rodó los ojos y se preguntó si acaso no encontraba otra forma de llamarles la atención a los hombres que mostrando su cuerpo sin pudor alguno. Se calmó visiblemente cuando comprobó que su abdomen seguía igual de delgado—. No engordé, estúpida, ¿acaso estás ciega?
—Bueno, no soy yo quien usa lentes, ¿no es así? —Furiosa a más no poder, la Haruno decidió que era suficiente intercambio cariñoso con esa cualquiera por un día. Alzó una mano en un gesto de saludo—. Ya nos veremos, Sasuke-kun. Espero que puedas venir con nosotros. Fue un gusto conocerlos —añadió, mirando a los otros dos chicos.
Cuando se hubo alejado unos pasos, oyó a Suigetsu regañar a Karin con voz chirriante: '¿Qué no te das cuenta de lo que has hecho? ¡Has espantado a esa chica tan bonita! ¡Eres una pesada, loca!', y no pudo evitar sonreír. Si, ese chico le caía muy bien. Pero, a pesar de todo, no pudo sacarse de encima el mal humor, que la persiguió durante toda la hora, y que fue acrecentándose a medida que pasaban las horas, más que nada cuando tenía que soportar a Karin refregándose contra Sasuke en sus mismas narices. Si no salía de aquel lugar desquiciada, seguramente sería porque tendrían que arrestarla por asesinato. Y no le podría importar menos.
Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.
Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!
Vane-Namikaze: Jaja pues, de nada, preciosa. Me alegro de que no veas OoC. No comprendí muy bien lo que quisiste decir después. Acaso que no te gusta el NaruHina? Si es así, déjame decirte que a mi tampoco, por lo que puedes estar segura de que no habrá NaruHina aquí, al menos no correspondido xD Yo también te amo, querida, gracias por los ánimos! Cuídate mucho!
Akasuna No Akira: Hey! Ay, amiga, si que eres impaciente, eh? xD Te diré algo, en secreto: Saso-sexy aparecerá en el próximo capítulo. Y quiero que comentes cuando lo publique! (eso sonó muy autoritario? Perdóname!). Guest, eso suena a sucio/a cobarde ù.ú son los peores. A mi una vez me acosó un guest o.o luego dejó de hacerlo, por suerte. Así que te gustó Zabuza? Yo lo adoro! Cuando comencé el fic me dije: 'Zabuza tiene que estar, el no puede faltar, no en este fic!'. Y, ps, aquí lo tienes xD Besos para ti también, cuídate mucho!
