Hola! Cómo están, tanto tiempo? Extrañaba pasarme por aquí. El tiempo si que pasa rápido, verdad? Les contaré brevemente mis razones para haberme ausentado tanto tiempo.

Además de la siempre presente presión del estudio, me ha sucedido que le pedí opinión a una persona cercana a mi sobre mi escritura. Lo cierto es que, a pesar de que no me voy a dedicar a ella por completo, si pensaba publicar algo algún día. Esta persona es alguien a quien respeto y admiro mucho, por lo que su opinión es muy importante para mi. Y lo que esta persona me dio fue una crítica destructiva. Al parecer, no escribo tan bien como creía, y esto me mantuvo bajo una presión insoportable. No escribí durante un tiempo por esto. Sin embargo, llegué a la conclusión de que no puedo mejorar sin hacer un esfuerzo, por lo que escribiré hasta que esta persona tenga una mejor impresión de mi.

Dicho esto, trataré de no volver a desaparecer por mucho tiempo. Si hay alguien que lea Unexpected Ways, también estoy trabajando en el nuevo capítulo. Gracias a los que esperaron con paciencia. Les deseo lo mejor, siempre.

Primero que nada, gracias por darle una oportunidad a mi historia :) Qué decir, es un Sasosaku, por lo que, aquellos que no gusten de la pareja, ADIÓS! A los demás, bienvenidos.

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


Sakura contempló los trozos de cristal roto a sus pies. Una parte de su mente trató de ordenar a sus músculos que se moviesen, que juntasen el desorden. Sin embargo, para ello necesitaba el cien por ciento de su cerebro. Y la mayor parte de éste se encontraba en blanco. Estaba sola en su casa. Su padre no estaba y su madre había ido a ver a Tsunade-sama. Acababa de regresar del colegio. Había acompañado a Ino hasta la floristería y había llegado sola a su casa.

Cerró los ojos y suspiró. Vamos, estaba sola. Había escuchado a alguien llamarla, pero probablemente sólo de debía al cansancio. Tendría que descansar. Si, seguramente tenía que ser…

—Sakura, ¿me oíste?

La pelirrosa se tensó, pero no se volvió. Esa era definitivamente la voz de Temari, pero ¿cómo era posible? Temari estaba con sus hermanos en Suna, más lejos de Konoha de lo que a la Haruno le hubiese gustado. Se golpeó ligeramente la cabeza con una mano.

—Vamos, Sakura, respira. Sólo necesitas descansar, es todo. Relájate.

—¿Me estás escuchando, Sakura? ¿Vas a mirarnos o no?

La muchacha apretó los dientes con fuerza y, con exagerada lentitud, se giró. Todo parecía normal. La ventana, con sus agradables cortinas color durazno, los muebles, de un sobrio color madera, la puerta… Y tres figuras, de pie, frente a la mesa.

El aire se le escapó por entre los labios en forma de jadeo. Tuvo la impresión de que algo muy pesado estaba oprimiéndole el pecho y, durante unos segundos, tuvo que hacer un esfuerzo por respirar.

—Oye, ¿de verdad todo esto de la sorpresa era necesario? —alcanzó a oír a Kankuro susurrarle a su hermana—. Parece que vaya a desmayarse.

—Debe ser del susto, por ver tu horrendo rostro —se burló la mayor, en lo que pareció otro susurro. Quizá ambos estaban hablando en un tono normal de voz, y era ella quien los oía como si estuviesen a muchos metros de distancia.

Una mano se apoyó sutilmente en su hombro. El toque era suave, pero firme. Su vista se trabó con unos profundos y puros ojos verde agua. Gaara tenía el rostro algo inclinado, y parecía levemente preocupado por su estado. No se dio cuenta de que estaba llorando hasta que sintió la humedad en sus mejillas. Cuando notó que las comisuras de los labios del muchacho se alzaban, hundió el rostro en su hombro y, sin más, dejó salir todo lo que tenía dentro.

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—Nunca se me hubiese ocurrido que te pondrías así, de verdad —aseguró Temari, acercándole a Sakura un vaso con agua. Ésta lo tomó y le sonrió como agradecimiento.

—¿Y cómo querías que se pusiera, si le aparecemos de la nada de un momento a otro?

Temari miró a su hermano con lo ojos entornados.

—¿Ves a alguien que le importe tu opinión, Kankuro?

—¿Cómo… cómo es que están aquí? —los interrumpió Sakura, al mismo tiempo que el castaño abría la boca para contestarle a su hermana— ¿Mamá sabía de esto?

Temari se rascó la nuca con una mirada que reflejaba algo similar a la vergüenza.

—Claro que si. Hablamos con ella hace unos días, lo supo todo el tiempo.

Gaara se sentó a su lado y le palmeó el hombro.

—Siento las molestias, Sakura.

La chica se rió, un sonido algo estrangulado por la rareza del momento, y sacudió una mano en el aire.

—¿Qué dices, Gaara? Siempre es un placer tenerlos conmigo. Mi casa es su casa, ya lo saben.

Kankuro extendió los brazos a lo largo de la mesa y, con un dedo, le dio un golpecito en la frente.

—Entonces, ¿dónde está ese títere que me prometiste?

A la pelirrosa le costó unos segundos comprender de qué hablaba el otro muchacho.

—¿El títere…? ¡Ah, la carta! Te dije que te lo compraría cuando tuviese dinero —se mofó, pensando en lo vacía que estaba su billetera. Y eso que aún no había salido a comer con ninguno de sus amigos (su fiesta de bienvenida no contaba; sus amigos habían pagado todo y no había comido mucho, de cualquier forma)—. Y, de todos modos, era un maniquí. Al menos presta un poco más de atención.

El chico se retiró de la mesa con actitud ofendida, sentándose muy recto y con los brazos firmemente cruzados, como un niño regañado. Si Sakura hubiese tenido la mínima sospecha de que estaba realmente enfadado, le hubiese dicho que solo era broma, pero Kankuro nunca era serio. Al menos, no en momentos como aquellos. Se volvió entonces hacia Temari, que en aquel momento se preparaba un te y le ofrecía uno a su hermano menor.

—¿Por cuánto tiempo van a quedarse?

La chica se giró, con las tazas en las manos.

—Si Mebuki no tiene problemas, estaremos aquí por lo que queda del mes.

—¿Todo el mes? —se sorprendió la pelirrosa, y se le ocurrió que aquello podía haber salido algo grosero. Los tres hermanos la observaron en silencio—. Es decir, ¿qué pasa con el colegio? ¿No deberían empezar ya?

Temari les dejó a sus hermanos sus respectivas tazas y, con la propia en las manos, se sentó al otro lado de la Haruno.

—Le avisamos a Baki-sensei que estaríamos fuera el primer mes. Dijo que mientras recordásemos pedir los apuntes luego y adaptarnos a las clases, no tendríamos ningún problema.

—Hey, ¿qué pasa? ¿No nos quieres por aquí? —se burló Kankuro, sonriendo con diversión. Sakura lo mandó a callar con una mirada, parecida a las que le destinaba su propia hermana mayor. 'Son escalofriantes', pensó el chico, y buscó apoyo en su hermano menor, pero éste solo negó con la cabeza y concentró su atención en lo que estaba bebiendo.

La pelirrosa dejó caer su mirada en su vaso de agua. Sentía la felicidad bullir en su interior como agua hirviendo. Había pensado en lo mucho que extrañaría a los hermanos de la Arena y ahora estaban ahí, diciéndole que se quedarían con ella todo el mes. De alguna forma, se le ocurrió que, con ellos allí, todo el asunto de adaptarse se le haría muchísimo más sencillo. Como si lo que tuviese que cambiar fuese solo la mitad de lo que era antes. Sintió emoción y deseó presentárselos a sus amigos lo antes posible.

Temari y Kankuro rápidamente crearon una conversación aparte. Sakura no sabía si el tema era importante o solo estaban molestándose el uno al otro, como siempre, pero de todas formas los dejó hacer; no era conveniente meterse en una pelea en la que luego tendría que, invariablemente, elegir un bando. Tomó un trago de agua y se giró hacia Gaara.

—Todo esto fue idea de Temari, ¿no es cierto? —le preguntó. El muchacho la miró con sus siempre inexpresivos ojos claros. No había más necesidad de palabras. Sakura apoyó los codos en la mesa y suspiró—. Ha sido extraño cambiar de colegio, ¿sabes? Me he sentido algo intimidada —se rió entonces.

—¿Has visto a tus amigos? —inquirió el joven, tomando un trago de su taza.

—Ah, si… —La Haruno volvió a suspirar, pero esta vez con alegría. Sin darse cuenta, estaba sonriendo como una tonta—. Están todos tan grandes… Pero ninguno ha cambiado mucho en su interior.

Gaara produjo un sonido que indicaba que la estaba escuchando. Su mirada seguía en su taza y sus manos estaban apoyadas relajadamente sobre la mesa. Sakura no pudo evitar pensar en lo mucho que él y sus hermanos habían cambiado desde que los conocía. Ella había acompañado ese cambio, por lo que no le producía la misma sorpresa que los cambios en sus amigos, pero eso no significaba que los tres hermanos no fuesen muy distintos a lo que eran cuando ella se había mudado a Suna.

El pelirrojo notó el silencio y alzó la mirada. Cuando la encontró sonriéndole, le devolvió la sonrisa. Kankuro y Temari parecían haber llegado a una especie de tregua, porque ambos se metieron de lleno en la conversación de los otros dos presentes.

—No nos dejen excluidos —se quejó la mayor, secundada por su hermano. 'Pero si eran ustedes quienes se habían excluido', pensaron los otros, pero ambos se abstuvieron de contestar.

—¿Te adaptaste a tu colegio ya, Sakura? —indagó Kankuro. Antes de que ella pudiese contestar, siguió—: Por cierto, ¿no tienes algo de comer?

Sakura se puso de pie como un resorte y rebuscó en la heladera. Abrió los ojos con sorpresa cuando se encontró con un pastel de chocolate. Lo tomó y leyó la pequeña notita que su madre le había dejado: 'Compártelo con los chicos'. La chica arrugó el papel con tanta fuerza que, de haber sido un objeto un poco más sólido, se hubiese desintegrado. 'Cuando regreses tendremos una linda charla, mamá', pensó, al tiempo que tomaba un cuchillo y cortaba la torta en ocho porciones. Tan pronto como el plato estuvo en la mesa, una de las porciones desapareció en los confines de la garganta de Kankuro. Un segundo después, Temari tomó otra, y también lo hizo Sakura. Gaara se negó con un agradecimiento apenas susurrado.

—Pues, conocí a algunos profesores, a unos chicos nuevos, y me encontré con mis amigos.

—¿Kakashi sigue siendo tu profesor?

—Si, claro. Ahora da historia. No ha cambiado ni un poco —agregó, pensando con burla en el libro naranja que siempre cargaba con él.

—¿Y qué tal son los nuevos chicos?

Sakura pensó en Tobi y los Akatsukis, en los amigos de Sasuke, y también en Sai. ¿Cómo podía describir rápidamente a personas tan complejas y, a la vez, tan completamente diferentes las unas de las otras?

—Hay tres chicos nuevos en mi clase, al menos que haya conocido. Los demás son mayores.

—¿Y cómo te hiciste amiga de ellos? ¿Algún hermano de un amigo tuyo, quizá? —preguntó Kankuro, yendo sin dudar a por su segunda porción.

A la pelirrosa le vino a la cabeza el desagradable encuentro con Sasori, y la primera vez que tuvo a Tobi entre sus brazos. Aquellos dos siempre le dejarían sentimientos completamente opuestos en el pecho. Como no tenía ganas de explicarse en ese momento, se encogió de hombros y decidió cambiar de tema. Ya tendría tiempo de sobra para poner a los hermanos al tanto de lo mucho que había pasado en el corto tiempo que habían estado separados.

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Ya era casi de noche cuando Mebuki regresó. Ya desde la puerta se oían las voces agudas de las chicas, y las estridentes carcajadas de Kankuro. Con solo entrar a la casa, a la mujer la rodeó un aura agradable y risueña. Dejó las cosas en la mesa y se acercó a la sala, donde encontró a los cuatro chicos despatarrados en los sillones —incluso Gaara, quien era siempre muy educado, tenía uno de su brazos sobre el respaldo del sofá, siendo que eso era lo más lejos que llegaría nunca—.

—¡Mamá! —Sakura se puso de pie, desenredando sus miembros de los de Temari, y estuvo a punto de terminar de cara al suelo de no ser por el pelirrojo, cuyos reflejos lo movieron en segundos para servirle a su amiga de apoyo.

—Buenas tardes, Mebuki —saludó el chico, de manera respetuosa—. Gracias por tenernos este mes.

La mujer se rió y le despeinó el cabello granate, sonriéndole con cariño.

—Siempre son bienvenidos a esta casa. ¿Han dejado todas las maletas? —Los hermanos asintieron—. Temari, tu puedes quedarte en el cuarto de Sakura. Prepararé una cama para ti. Ustedes, chicos, compartirán el cuarto de invitados. ¿Está bien eso?

Los tres asintieron y volvieron a agradecerle la hospitalidad. Mebuki dijo que no era problema y caminó hacia la cocina, pensando qué podía prepararle a los chicos, y la cantidad de comida que sería necesaria para hacer tres platos más que de costumbre. Su hija le agradeció a Gaara y se apresuró a seguirla.

—No puedo creer que no me lo hayas dicho.

—Se suponía que era una sorpresa, Sakura, por supuesto que no iba a decírtelo —replicó la mujer calmadamente, sacando vegetales y otros comestibles de una bolsa de papel madera.

—¡Pero…! Al menos pudiste decirme que alguien vendría. Así no hubiese estado a punto de darme un ataque.

La mujer mayor se giró y le dio una sonrisa cansada.

—¿Te alegras o no de que estén aquí?

—Huh… pues… claro que si…

—Entonces déjalo estar, nena. ¿Por qué no los llevas arriba para que se acomoden?

Sakura quiso replicar, pero realmente no tenía mucho más que decir, por lo que, enfuruñada, tuvo que quedarse con la palabra en la boca. Volvió por donde había llegado y le pidió a los hermanos que la siguiesen al piso superior.

—¿Este es tu cuarto? ¡Genial! —exclamó Kankuro, entrando el primero a la habitación. Estuvo a punto de arrojarse sobre la cama, pero los dedos de su hermano menor se cerraron como un grillete sobre su brazo, y sus ojos lo clavaron en su sitio.

—La cama es lo suficientemente grande, ¿por qué no dormimos juntas? —inquirió Temari, sentándose en el borde del colchón y acariciando la colcha.

—Me muevo mucho cuando duermo —explicó la Haruno, revoloteando alrededor del lugar, tratando de ordenar todo lo posible. Bendito el momento en el que a su madre se le ocurriese advertirle de las cosas.

Gaara tomó un pequeño cuaderno rojo del escritorio.

—Sakura, ¿esto…?

La muchacha ahogó un chillido y se apresuró a arrebatárselo, lanzándolo con fuerza dentro de un cajón y cerrándolo de una sacudida. El muchacho se le quedó mirando sorprendido.

—Lo siento.

—No, está bien —dijo ella, y se acomodó el cabello—. Es… algo personal.

Los ojos de Temari se encontraron con los suyos, y casi pudo leer la pregunta en ellos. Asintió e hizo un movimiento con la mano, asegurándole que luego hablarían.

—¿Por qué me siento como el único que se está perdiendo de algo? —refunfuño el castaño, pasando sus ojos de su hermana a su hermano, y de éste a la pelirrosa. Los tres se encogieron de hombros y ahí se terminó el asunto.

Cuando ambos chicos estuvieron ya acomodados en el cuarto de invitados, y las únicas en la habitación de Sakura eran ella misma y Temari, ambas se dejaron caer en la cama. Permanecieron en apacible silencio, ordenando sus propios pensamientos. Sakura pensó en lo increíble que parecía que solo tres días fuesen tan agitados como un año entero. Claro que se debía a que veía a sus amigos por primera vez luego de mucho tiempo separados, se había cambiado de colegio y había vuelto a su aldea, pero, de cualquier forma, se sentía altamente extenuada. Ahora, acostada relajadamente en una superficie blanda y suave, casi podía sentir sus músculos agarrotados liberándose, casi podía oír el sonido de sus huesos acomodándose.

Cerró los ojos y respiró profundo. Se dijo que se adaptaría pronto. No se sentía como hacer algo por primera vez; más bien se sentía como alguien que no ha caminado por mucho tiempo, y lo hacía de nuevo. Esa sensación de casi extrañeza, de hacer algo que no era nuevo por completo, como si, al mismo tiempo que se sentía raro, se sentía natural, sus músculos sabían que hacer, su cerebro lo sabía también.

—¿En qué piensas? —preguntó Temari, en un susurro.

—En que estoy terriblemente cansada para que solo hayan pasado cuatro días —contestó la Haruno, llanamente.

La rubia se rió en silencio, aunque la pelirrosa podía notar el ligero movimiento de la cama debido a la risa. Sonrió, porque sin duda era agradable estar así con Temari, de la misma manera que había estado con ella tantas veces en Suna, tanto en su casa como en la de la rubia, hasta hacía una escasa semana. Se le ocurrió que hacía mucho que no hacía algo parecido con Ino, y eso llevó a otro pensamiento repentino. Que sería emocionante y maravilloso que sus dos amigas más cercanas se conociesen. Ino y Temari no parecían tener mucho en común, y, si lo pensaba, tampoco sus personalidades se parecían mucho. Sin embargo, Sakura deseaba desde el fondo de su corazón que se llevasen bien. Nada podría hacerla más feliz que el compartir tiempo con sus mejores amigas y que estas lograsen congeniar. Por otro lado, ¿podía hacer algo similar con Kankuro y Gaara? Pese a que el primero era algo cínico y altanero, estaba segura de que no tendría ningún problema en adaptarse a los chicos. Gaara, por su parte… Quizá haría buenas migas con Naruto. El rubio hacía amigos incluso con quienes no lo deseaban, y la pelirrosa se encontró deseando que su mejor amigo la pudiese ayudar con Gaara. Volvió a sonreír. Bueno, si había alguien en el mundo entero que podía ayudar a una persona a salir de un pozo oscuro, sin lugar a dudas era Naruto, el chico que llevaba la luz allá a donde iba. Siempre.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!

Utau Kagamine: Muchas gracias! Me alegro de que te gustase :D Jajajaja a que si? Yo también adoré mover un poco los cabellos de ese nene xD Tu crees? Bueno, lo cierto es que la cabeza de Hidan es muy retorcida y uno nunca puede saber por completo lo que piensa o siente. Sin embargo, por qué no le das una oportunidad? Creo que hasta alguien como Hidan puede ablandarse si le das el tiempo y el cariño suficiente :) Lamento mucho haberte hecho esperar tanto u.u Pero, me has hecho muy feliz diciendo que esperarás pacientemente! :D Daré mi mejor esfuerzo por dar ese paso pronto xD Gracias por todo, linda. Cuídate mucho!

Anonima-Traumada: Hola! Que manera de empezar la relación! Ya te tengo por los cielos xD Oh, muchas gracias, me alegro de lo que me dices :) Dicho sea de paso, yo también adoro el ItaSaku y el GaaSaku. Qué va, soy una fan del Sakura-centric, así que ella me gusta con casi cualquier personaje masculino. Han pasado cuatro días desde que regresó de Suna, y tres desde que empezó el colegio (lo se, es muy confuso, no? Yo casi no puedo recordarlo :/ ) Jajajaja me alegro de que te gusten sus actitudes, y a que Tobi es monísimo? Yo quiero secuestrarlo y traerlo a mi casa :3 Siempre estoy abierta para oír ideas raras, preciosa. Cuando quieras hablar,m Laly escuchará :) Pero lo contaré en algun momento, si. Qué pasará con Sasuke, preguntas. Será un personaje clave en la historia, de hecho, uno muy molesto (como de costumbre). Jajajaja Quién sabe, solo Naruto se entiende xD Pero así lo amamos, no lo crees? Puedes preguntar lo que sea, como te dije, yo amo hablar con mis lectoras :) Si, ellas definitivamente me recuerdan a algunas compañeras de clase xD Muchas gracias por ponerlo en favoritos, eso me hace muy feliz :D Espero volver a leerte pronto. Cuídate mucho!

Guest: Hola, Hola! Tu crees? Ciertamente no podía presentar a Sakura y a Sasuke sin que parezca SasuSaku, al menos por parte de ella xD Pero no te preocupes, el lindo pelirrojo solo tomará más y más protagonismo. Espero que vuelvas a comentar y, si decides hacerlo, por favor dejame tu nombre :) Cuídate mucho!