Hola, cuánto tiempo! Espero que todos estén bien.

Advertencia: Extraoficialmente, se diría que he salido del fandom de Naruto. Después del aplastante final (de verdad, ¿qué tiene Kishimoto en la cabeza?) me encuentro tan ofendida que no he leído ni un fic de Naruto en unos cuantos meses. Si tengo que ser sincera, no tengo ningún ánimo de escribir nada concerniente a Naruto, ni este fic ni Unexpected Ways. Sin embargo, prometí terminarlo, así que tarde o temprano, lo haré. Pero ya no esperen actualizaciones prontas ni seguidas. Lo lamento mucho, de verdad.

Declaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Kishimoto. Yo sólo los tomo prestados, sin fines de lucro.


El despertador sonó a la hora esperada, con su usual tintineo. Lo que Sakura no se esperaba era el manotazo que recibió en pleno rostro. Alarmada, se sentó en la cama, con una mano sobre su nariz. Lo único fuera de lo común era el cuerpo de Temari, estirado a su lado cuan largo era. La noche anterior, la temperatura había descendido de golpe, acompañada por una incesante lluvia. Un poco a regañadientes, Sakura había invitado a Temari a dormir junto a ella, de modo que sus cuerpos se diesen calor mutuamente.

Uno de los ojos de Temari se entreabrió.

—Apaga esa cosa —le gruñó, silbando las palabras entre sus dientes cerrados. Sin más, se giró y volvió a dormir.

Sakura sacudió la cabeza y apagó el despertador. Tratando de no molestar a la rubia, se puso de pie y se dirigió al baño. Cuando salió, la otra chica estaba restregándose los ojos.

—¿Ya sales? —le preguntó, aún con la voz viscosa a causa del sueño.

—En un rato. Puedes seguir durmiendo, Temari —le aseguró, con una sonrisa amable. Se vistió y tomó su mochila—. Le diré a mamá que no te deje dormir mucho más. Tendrá el desayuno preparado para ti.

—Gracias. Suerte hoy —y, volviéndose a recostar, terminó la conversación.

Ya en la planta baja, se encontró con Mebuki y Gaara.

—Buenos días —saludó, y se sentó al lado del pelirrojo, quien estaba terminando su taza de té—. No tenías por qué levantarte tan temprano, Gaara, aunque no estuvieses durmiendo.

Él le dio una mirada de disculpa.

—Lamento no haberme quedado contigo ayer —se disculpó Sakura, recibiendo la taza que su madre le tendió.

—No quiero que duermas en el colegio —replicó Gaara, encogiéndose de hombros. Le sonrió de forma cálida.

—Te prometo que hoy me quedaré contigo. Después de todo, es viernes.

Gaara se limitó a asentir, palmeando su hombro con la mano que tenía libre. La pelirrosa terminó de desayunar con tranquilidad, pues no iba corta de tiempo. Ya casi no podía recordar la última vez que había llegado al colegio sin necesidad de saltarse el desayuno o correr. Cuando hubo terminado, tomó la mochila y se la colgó al hombro.

—Pueden recorrer la aldea si desean —le dijo a Gaara, que se acercó con ella a la puerta—. Si quieren esperarme, los acompañaré por la tarde.

Gaara asintió. Sakura tomó el pomo, pero no se movió. No quería dejarlos. Sentía que no podría poner su cabeza en las clases sabiendo que los chicos estaban en su casa. Gaara pareció leerle el pensamiento, porque puso una de sus manos en su hombro y lo apretó con ligereza.

—Estaremos aquí cuando regreses —le aseguró, y Sakura le sonrió por sobre el hombro. Si, estarían allí cuando regresase. Se quedarían todo el mes. No tenía por qué desesperarse, como si ellos fuesen a desaparecer el minuto en que les quitase los ojos de encima.

—¡No dejes que Kankuro tire abajo la casa! —le encomendó, mientras se alejaba. El pelirrojo alzó la mano, a modo de saludo, y cerró la puerta con cuidado. Sakura volvió a detenerse y sonrió con calidez. Las cosas mejoraban. No tenía sentido entristecerse o molestarse por estupideces, no cuando había cosas mucho más importantes a las que prestarle atención.

Llegó al instituto al mismo tiempo que Hinata. Saludó a la peliazul y ambas entraron en el edificio con tranquilidad. De alguna forma, el silencio se sentía extraño, siendo que estaba acostumbrada al bullicio que su amiga rubia creaba allá donde iba. Quiso contarle a la Hyuga la llegada de sus amigos, pero como no quería decirlo dos veces, se dijo que era mejor esperar a Ino, y decírselos a ambas.

Naruto se acercó a ellas, con Sai a su lado.

—¡Sakura-chan, Hinata! —saludó, cuando se encontró lo suficientemente cerca. Sai inclinó respetuosamente la cabeza.

—¿Y los chicos? —preguntó Sakura, mirando por sobre el hombro de Naruto. Muchos alumnos ya estaban caminando hacia sus respectivas aulas, aunque aún no hubiese sonado el timbre. Naruto se encogió de hombros desinteresadamente, y le sonrió. Sakura le devolvió la sonrisa. Miró a Sai de refilón. Giró el rostro y acercó disimuladamente la boca hacia el oído del rubio.

—¿Estás libre mañana?

Naruto la miró con una mezcla de sorpresa y energía. Asintió.

—Estaba pensando que deberíamos juntarnos para, ya sabes, lo de Sai y Sasuke-kun…

—¿Qué tanto susurran ustedes dos?

Ambos se giraron para encontrarse con Ino, quien tenía el cabello revuelto y las mejillas sonrojadas. Sakura se le quedó viendo, lo ojos bien abiertos.

—¿Qué me miras tanto, frentona? —se quejó, mientras intentaba arreglar el nido de pájaros que tenía por cabellos y agitaba una mano frente a su rostro, para aliviar su rubor—. No te creas que estoy así de chiste. Me encontré con Sasuke-kun y me entretuve hablando.

Sakura frunció el ceño.

—¿Y de qué hablaron?

—No traía puesto el uniforme, así que le pregunté si no vendría, y me dijo que tenía otros asuntos. Estaba con Juugo y Suigetsu, y me puse a hablar un poco con ellos también, y cuando me di cuenta estaba algo tarde, así que tuve que correr.

Naruto dijo que iría a buscar a los chicos y se retiró junto a Sai. Ino, Sakura y Hinata se encaminaron a su aula.

—¿Suele Sasuke-kun ausentarse seguido? —preguntó Sakura, como quien no quiere la cosa.

Ino se encogió de hombros y resopló.

—A veces. Ya nadie se molesta en preguntarle qué es lo que hace cuando no viene.

Sakura apretó los dientes. Aún podía oír las palabras de Kakashi en el fondo de su cabeza: 'Pero volvió… diferente.'. Sentía su pecho apretarse ante la infinidad de posibilidades que se abrían ante esa sencilla frase. La frialdad en los ojos del pelinegro, sus nuevos amigos, el haberse ido de la escuela… ¿Dónde estaba su Sasuke-kun? ¿Seguía allí el chico que tantas veces la había salvado? ¿O se había ido para siempre?

—¿Sakura-chan?

La Haruno parpadeó sorprendida. Estaba en la puerta de la clase, y sus dos amigas la miraban desde adentro. La pelirrosa soltó una risita cortada y se apresuró a entrar. En aquella clase Ino la había invitado a sentarse con ella, por lo que, una vez en el asiento, le indicó a Hinata que se acercase por unos momentos.

—Tengo algo que contarles.

Ino la miró con ojos ávidos, sonriendo de lado.

—¿Recuerdan mis amigos de Suna, los hermanos Sabaku No? —Ambas chicas asintieron—. Bueno, han venido a visitarme.

Ino estampó ambas manos en el escritorio.

—¿Cómo nos lo dices recién ahora? —se mofó, mirándola furibunda. Cuando Sakura no dio indicios de pensar contestar, Ino suspiró—. ¿Y cuánto se van a quedar?

—Lo que queda del mes.

Hinata, previendo el griterío que se avecinaba sólo con que la Yamanaka abriese la boca, se apresuró a hablar.

—¿Se están quedando en tu casa, Sakura-chan?

—Si. La verdad es que me gustaría que los conocieran, a ustedes y a los chicos.

Ino sonrió con picardía y Sakura le envió una mirada de advertencia. Recordó lo que había decidido la tarde anterior.

—Ah, además, para que después no haya sorpresas —miró acusadoramente a Ino, quien hizo como que no se daba por enterada—, pensaba parar a ver a Tobi hoy. Cuando termine la clase. Y no —apuntó—, no te llevaré conmigo.

Ino hizo un puchero y se cruzó de brazos.

—Eres una egoísta.

Sakura sencillamente se encogió de hombros. No podía imaginarse la situación de llevar a Ino a aquella aula, entre cuatro paredes con tantos chicos. No soportaría el griterío.

La clase se pasó más rápido de lo que la Haruno había pensado. Quizá se debía a que su mente había estado vagando muy lejos de allí, pero no había logrado retener ni una palabra de lo que el profesor había dicho. Su mirada había permanecida centrada en el frente, por supuesto, pero frente a sus ojos, en lugar de la gran pizarra, se reproducían viejas memorias de su estadía en Suna, principalmente aquellas que tenían como protagonistas a los tres chicos que ahora la esperaban en casa. Sintió una sonrisa esquiva bailotear en sus labios. Nunca se le hubiese ocurrido, a ser sincera, que los hermanos de la Arena la seguirían hasta Konoha, aunque no lo lamentaba en lo absoluto.

Cuando el timbre sonó, Sakura se puso de pie sin apuro, agitando una mano hacia sus amigas. Hinata le sonrió e Ino alzó los pulgares, con una mirada que decía 'buena suerte!'. Como si la necesitara, pensó la pelirrosa, girando el rostro.

Con solo cruzar la puerta, sin embargo, se detuvo de nuevo. A unos metros del aula se había formado una ronda de chicos y chicas, que susurraban furiosamente. La Haruno se preguntó a qué vendría tal agitación y, dividida entre su curiosidad y su idea de ir a ver a Tobi, se dijo que sólo echaría un rápido vistazo. Una miradita y ya, es todo. No le costó abrirse paso entre los apiñados cuerpos de sus compañeros, algunos de su mismo año pero de distinta clase. Puso los ojos en blanco ante las miradas entre sorprendidas y molestas que recibió, controlando su lengua lo mejor posible para evitar que algo inapropiado saliese de su boca. En el camino, logró captar algunos retazos de conversaciones ajenas.

—¿Qué hace aquí?

—¿No se supone que no se puede cruzar a otros edificios así de fácil?

—Estúpido, ellos pueden hacer lo que quieran.

—¡Es demasiado temprano para encontrarse con un chico así de sexy!

De pronto, la persona que se encontraba frente a Sakura se movió, y ella se encontró frente a frente con un pecho desnudo, de piel clara como el mármol. Sonrojándose ligeramente, se echó hacia atrás y alzó la mirada. Se trataba de uno de los chicos que había conocido dos días antes —¿Hidan, era su nombre?—, quien nuevamente se encontraba vestido con la capa negra y roja y sin la camisa correspondiente al uniforme. El joven bajó la mirada y, cuando la reconoció, sonrió ampliamente.

—Ah, tu.

Sakura miró en derredor, haciendo una nota mental de la hostilidad que emanaban todas las chicas que la rodeaban. Sintió que una gota de sudor bajaba por su sien.

—Hidan-san —saludó, con una reverencia.

Hidan soltó una risa agrietada y sacudió una mano.

—No es necesaria tanta formalidad —y, como para probar su punto, la tomó de la muñeca y comenzó a arrastrarla, como lo había hecho Tobi en su momento.

—Ah…

El peliblanco giró la cabeza y le sonrió con diversión, mostrando sus dientes blancos. A pesar de que se veía tranquilo y relajado, había algo peligroso en la forma en la que las comisuras de sus labios se alzaban ampliamente, en la forma en la que sus dedos se cerraban sobre su muñeca; no con suficiente fuerza para lastimarla, pero con suficiente confianza para partirle un hueso si hacia un movimiento de huida. Cuando sus ojos se encontraron, Sakura se estremeció. Había diversión y burla en los amatistas, pero escondida tras ellos había una tormenta, una tumultuosa mezcla que resultaba aplastante y oscura, casi intimidante. La Haruno no pudo sostener su mirada por más de unos segundos, descansando sus ojos en la amplia espalda frente a ella.

—¿Dónde te encontró ese pequeño infeliz? —preguntó él, esquivando gente a su paso. Nadie decía nada cuando el hombro de Hidan los golpeaba, ni siquiera las dos personas que perdieron el equilibrio y cayeron al suelo. El peliblanco no les dispensó una segunda mirada. Para sus adentros, la pelirrosa se dijo que los comprendía; si fuera ella y tuviese que enfrentarse a esos ojos, tampoco se atrevería a decir palabra. Lo que le resultó peculiar, sin embargo, fue que aquellos estudiantes no lo veían a los ojos. No alzaban tanto la mirada. Entonces, ¿qué era? Sus ojos se posaron en la capa.

—La capa… —soltó, sin pensar.

El muchacho se detuvo y se giró a mirarla.

—¿Cómo dices?

—No, es decir… —Sakura titubeó. Hidan la miraba como si le hubiese crecido una segunda cabeza—. ¿A quién te refieres?

—Pues al estúpido de Tobi, por supuesto.

—Estaba lloviendo, y Tobi se ofreció a…

Su voz se perdió, disipada bajo la estridente carcajada que se derramó de los labios del mayor. Sakura no podían entender cómo le podía causar tanta gracia algo que no había podido siquiera terminar de decir, pero no se atrevió a interrumpir —no es que creyera que pudiese interrumpir una carcajada así a menos que diese un chillido, de todos modos—. El carcajeo de Hidan desapareció con la misma rapidez con la que apareció, sumiéndolos en un silencio algo extraño. Sus ojos bajaron hacia los de la pelirrosa.

—Ah, de verdad eres algo, ¿no es así? Joder, ahora mismo te… —se calló de pronto, al parecer ante el recuerdo de algo. Las comisuras de sus labios cayeron, y su ceño se frunció. Chasqueó la lengua con enfado—. Ah, joder, había olvidado eso.

—¿Hidan-san?

Él sacudió la cabeza y retomó la marcha, sin palabras.

La primera vez que Tobi la había llevado a conocer a sus 'amigos' —la única vez, para ser exacta—, Sakura no había prestado mucha atención a su alrededor.
Había estado demasiado concentrada en el chico que caminaba por delante suyo, aún estupefacta por sus acciones. En ese momento, sin embargo, dejó que sus ojos tomasen hasta el más mínimo detalle de lo que la rodeaba. Los pasillos largos se sumían en más silencio a medida que abandonaban el edificio de secundaria y entraban en el de preparatoria; los pasos de ambos resonaban entre las paredes con fuerza. Se tomaron alrededor de diez minutos para llegar hasta el salón donde Tobi la había llevado dos días atrás.

Hidan abrió la puerta con rudeza, y Sakura no pudo evitar preguntarse si no seguiría enojado por lo que fuera que lo había molestado hacía unos minutos. El cuarto se encontraba extrañamente silencioso y vacío, a comparación de la otra vez.

—¿Dónde… están todos?

—¿Ah? En clases, por supuesto.

Sakura parpadeó. ¿No tenían clases cuando ella los conoció? Había algo muy peculiar pasando frente a sus ojos, y la frustraba estárselo perdiendo.

Con un suspiro, Hidan se dejó caer en el sofá granate. Se pasó una mano por los cabellos perfectamente peinados hacia atrás. Sakura no iba a negarlo, era un chico atractivo, más que nada cuando escondía aquellos fríos ojos tras sus párpados.

La puerta se abrió con un suave 'clac', y una cabeza se asomó por el espacio abierto.

—¿Huh?

La Haruno se volteó a mirar. Se trataba del chico de cabellos rubios, Deidara. Él paseó la mirada por el cuarto, y después la dejó caer en ella por unos segundos.

—¿Ah? ¿Deidara-chan? ¿Qué carajo haces aquí? ¿No tenías anatomía?

Deidara entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí.

—Terminé mis notas —replicó, como si eso fuera una respuesta. Bueno, al parecer lo era para Hidan, que volvió a chasquear la lengua, con molestia— Por cierto, ¿qué estás haciendo, un?

Hidan abrió los brazos en un amplio gesto, abarcando todo el lugar.

—¿Qué no es obvio?

'¿Lo es?', se preguntó la pelirrosa, aún más confundida que antes. Seguía sin entender qué hacía ahí; para qué la había llevado Hidan. Si, puede que le hubiese ahorrado la molestia de encontrar el lugar por su cuenta, pero Tobi no estaba, y estaba comenzando a sentirse incómoda, sola con el peliblanco. Internamente agradeció la interrupción de Deidara.

—Sakura, ¿no es cierto? —preguntó el recién llagado, y ella respondió con un asentimiento de la cabeza. El chico sonrió de lado— ¿Quieres ver algo bueno?

—No la traje para mostrarle tus muñecos de mierda, rubia idiota.

Deidara tomó un suave tono rojo y alzó un puño.

—¡¿Cómo te atreves, desgraciado, un?! ¡Es arte! ¡El arte es una explosión!

—Deidara, baja la voz.

Todos volvieron la vista hacia la puerta, ahora abierta nuevamente, encontrándose con el resto de los muchachos que Tobi le había presentado. Dicho muchacho salió de detrás de Pain, agitando una mano, emocionado.

—¡Sakura-chan, Sakura-chan!

—¿Otra vez la mocosa? —murmuró una voz fastidiada, detrás de Tobi. A Sakura le produjo una oscura satisfacción el hecho de que el pelirrojo fuese tan pequeño que su cuerpo quedase escondido por completo detrás del de Tobi.

Deidara se hizo a un lado, susurrando una disculpa molesta. Todos fueron entrando y se ubicaron en los mismos lugares que habían ocupado cuando la Haruno los conoció. Por el rabillo del ojo, notó que Hidan daba un respingo cuando el de las costuras en el rostro —¿Kakuzu?— se sentaba en el escritorio, y que se apresuraba a sentarse frente a él. No le dio mayor importancia; en cambio, se salió del camino, dejando que Pain y Konan se sentasen en el sillón. La muchacha le hizo un gesto con la mano, para que se acercase. Sakura sonrió. Bueno, no había salido tan mal después de todo, se dijo, ubicándose a un lado de la peliazul. Ya estaba ahí, ¿no es cierto? Bien podía disfrutarlo un poco.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. También a los que le dieron alerta. Ustedes también me inspiran a seguir!

Utau Kagamine: Hola! Lamento que haya pasado tanto tiempo. Jaja tus aparentemente altas expectativas me ponen algo nerviosa xD Veré lo que puedo hacer para mezclarlos y juntarlos a todos :) Espero que este capítulo te guste tanto como el anterior. Gracias por comentar, cuídate mucho!

Anonima-Traumada: Jaja lo siento por eso xD Me gusta la lentitud (? He entrado a tu perfil y, Cristo, eso es tener una masa de historias! No puedo creer que alguien como tu haya tenido problemas literarios alguna vez xD Dejáme llamarte senpai! Jaja créeme, luego de tu comentario, hasta yo me volví en todos los capítulos a mirar qué día era (ahora me lo anoto de tanto en tanto, muchas gracias). Me alegro que seas abierta a las parejas, y si hay alguna en especial que no te guste, puedes decirme :) Lamento la gran tardanza, de verdad. Gracias por comentar, cuídate mucho!

Yunaring: Hola! Lamento que hayas venido justo cuando yo tuve mi brecha (que dudo que se cierre, por cierto, lamento eso). No te preocupes, habrá SasoSaku de sobra! Aunque no puedo prometer que Sasuke no meterá las narices, como de costumbre. Jaja has leído 50 sombras? Lo cierto es que Hidan le dio la idea a la autora xD Gracias por comentar, cuídate mucho!

KPV: Bueno, el respeto se crea con tiempo y muchas cosas, no puedo simplemente no darle importancia a lo que dice. Pero ahora su opinión mejoró un poco, y siendo que me levanté por mi cuenta, creo que eso es lo más importante. Me alegro mucho que te guste mi historia! (Tu opinión me importa tanto como la de cualquier lector, es decir, muchísimo). Muchas gracias por el apoyo, es grato saber que hay gente a la que le sigue gustando lo que sale de mi cabeza :) Gracias por comentar, cuídate mucho!

Moka: Hola! Aquí está la continuación (lamento la demora). Espero que te guste. Nos leemos pronto (espero). Gracias por comentar, cuídate mucho!