¡Hola! Ha pasado un tiempo desde mi última actualización, pero, aquí estoy. Hacía tiempo tenía la intención de sentarme a escribir, pero, por diferentes motivos terminaba posponiéndolo. Debo decir que la inspiración también es difícil de encontrar. Vi una publicación en un grupo de Facebook donde una lectora dijo que esperaba con ansias mi actualización, espero que este capítulo llene tus expectativas. Como les he dicho, no sé cuánto tarde en terminar este fic, pero, voy a terminarlo. Quiero agradecerles por leerme y por apreciar lo que sale de mi imaginación, no saben lo hermoso que es leer sus comentarios.

Ya empezó el momento en el que Hermione y Draco empezaran a tener más contacto físico, deben recordar que está cerca a sus 15 años. Espero que dejen muchos comentarios para entretenerme leyéndolas y buscar más inspiración para culminar esta historia que tanta ilusión me crea. Esta historia es un pequeño orgullo para mí. Sin hacerlas perder más tiempo, el capítulo:

CAPÍTULO 27. LA CONSTANTE.

Francia, 1819.

Aquel día el salón se le estaba haciendo inevitablemente asfixiante, lo odiaba. Desde el día anterior se sentía intranquila, como si algo malo estuviera a punto de suceder y eso estaba llevándola a la locura. Esperó toda la mañana la llegada de Severus, pero, él no apareció, situación que la puso aún más ansiosa. El libro en su regazo, que tan solo el día anterior la había tenido completamente atrapada, no lograba abstraerla de sus pensamientos por lo que, lo que llevaba de tarde, no había avanzado de página.

Cuando empezaba a sentirse más impaciente la puerta del salón se abrió dando paso a su padre y justo detrás de él al moreno. Lily soltó todo el aire que había estado reteniendo en sus pulmones y el molesto vacío que se había instalado en su estómago desapareció súbitamente. Se había preocupado por nada y todo por un tonto baile.

-Alteza, no sabía que vendría el día de hoy – manifestó su madre mientras se levantaba y hacía una breve reverencia.

-Tenía que discutir algo con Lord Moreau – soltó acercándose a su madre para besarle la mano y luego haciendo lo mismo con ella al tiempo que le dedicaba una discreta sonrisa.

-Querida, siéntate – instó el padre de la pelirroja - Pipsy – llamó, para luego escuchar un plop.

-En qué puede servirle Pipsy al amo – la voz chillona del elfo llenó la sala.

-Pipsy, trae un servicio de té – la elfa hizo una reverencia exagerada y luego desapareció – querida, su alteza ha venido por una razón muy específica – empezó con voz apacible y mirada calma. Calma que no tenía Lily quien tan solo quería escuchar las palabras mágicas.

-Dígame Alteza ¿Qué asunto lo ha traído aquí? – preguntó su madre mientras la elfa reaparecía con un servicio de té.

-He hablado con el duque para pedir la mano de su hija – y allí estaban las palabras que había estado esperando. Desvió su mirada a la de su madre y no encontró lo que esperaba. No parecía desprender la alegría que habría esperado, estaba seria y neutra.

-Alteza, nos alaga – soltó su madre con un tono que jamás había escuchado – ¿Está usted seguro de su decisión? – para ese momento Lily estaba confundida ¿Qué estaba pasando? No era la reacción que ella estaba esperando.

-Querida, pero qué cosas dices, es claro que su Alteza está más que seguro de su decisión – su padre, tenía una actitud completamente diferente a la de su madre. Tenía una mirada satisfecha y el tono se voz desprendía tranquilidad, había logrado casar a su hija con alguien que podría protegerla – ya hemos acordado el asunto de la dote, el compromiso se realizará antes de su partida – manifestó el hombre ¿Partida? ¿de qué partida estaba hablando? Giró su vista a su ahora prometido con la duda dibujada en su rostro.

-Dime hija ¿es tu deseo desposar a su Alteza? – la pregunta de su madre sorprendió a la pelirroja y, en honor a la verdad, a todos lo que se encontraban en aquel salón. Algo en la actitud de su mamá le pareció extraño.

-Lo es, lo que más deseo en este momento es ser su esposa – contestó segura. Su madre llevó la tasa de té a sus labios y bebió despacio, como si supiera algo que nadie más en aquel salón sabía.

-Muy bien, les extiendo mis mejores deseos – la mirada de la matrona pasó a una de verdadero anhelo. Deseaba que su hija fuera feliz y sabía que esa felicidad podría dársela el hombre allí sentado, no obstante, era mujer y era madre, condiciones que hacían que sus instintos estuvieran más desarrollados.

-Hemos acordado que el compromiso se lleve a cabo en un mes, justo antes de la partida de su alteza – comentó su padre tomando una galleta de la fuente.

-¿Partida? – fue incapaz de controlar su boca, tenía que exteriorizar su duda.

-El Rey ha solicitado a su hijo hacer una pequeña gira diplomática por Europa del Este – contó.

-No serán más de 6 meses – se apresuró a aclarar el pelinegro para darle tranquilidad a su ahora prometida – será un tiempo perfecto para organizar la boda – concluyó con una sonrisa. Por alguna razón, de nuevo ese extraño vacío se instaló en el estómago de la mujer, era como si algo no terminara de encajar.

- Casémonos antes de tu partida – soltó sin pensar ante la sorpresa de los presentes. Ella sentía que algo no estaba bien, sentía que debían casarse lo antes posible.

-Querida, eso no sería apropiado. La gente pensará que pasó algo fuera de lugar – dijo su padre descartando su petición.

-Mi querida Lily, volveré pronto y nos casaremos. No tienes que preocuparte por nada – la voz de Severus salía segura, pero, por alguna razón, algo seguía sin sentirse bien. Clavó sus ojos en los de su madre y no encontró nada, seguía sintiendo que ella sabía algo que los demás ignoraban.

-Bien, haré los preparativos para el compromiso – susurró su madre aún tomando su té.

Francia, 1845.

El sonido de los cubiertos era lo único que llenaba el lugar, se sentía un ambiente pesado desde hacía días. La pelirroja había perdido el apetito hacía meses y su mente se sentía embotada, llena de preguntas que hasta el momento no tenían respuesta. Alzó la mira y la clavó en el rostro de su esposo, sus facciones se habían vuelto levemente más afiladas, aquello pasaría desapercibido para cualquiera, pero, no para ella.

-¿Acaso estás pensado en una forma de matarme más pronto? – murmuró el hombre concentrado en su plato.

-No puedes esconderlo mucho más tiempo ¿No crees que sería buena idea contarle a Harry? – una sonrisa se asomó en el rostro del hombre quién levantó su rostro y clavó sus ojos en los de su mujer.

-Claro que puedo seguirlo ocultando, tu no puedes ir por allí hablando de más. Nadie se enterará – contestó con voz calma – No tengo más opción que aceptar que esa inútil suba al trono, pero, no debe saberlo aún – terminó con hastío.

-Es tu hijo, James – reprochó la pelirroja.

-¿Lo es? - preguntó el hombre con un tono serio – Dime Lily ¿Es mi hijo? -

-No entiendo a qué viene esa pregunta – murmuró nerviosa la mujer.

-¿Me odias? – preguntó el hombre. Su mirada se había tornado triste y anhelante. Sentir su final tan cerca lo había hecho preguntarse recurrentemente qué habría pasado si hubiera tomado una decisión diferente.

-Jamás podré entender qué te llevó a condenarnos a esta vida, mucho menos porqué decidiste volverte un tirano, pero, el tiempo me ha demostrado que debí dejar ir aquello no podía tener y concentrarme en lo que si – respondió con honestidad la mujer. Su mirada de repente se tornó triste viendo al hombre que se estaba marchitando de apoco.

-Pienso a menudo cómo habría sido todo si hubiera tomado una decisión diferente – se sinceró – aún recuerdo aquel día en que te vi por primera vez como si hubiera sido ayer – dijo mientras una pequeña sonrisa de dibujaba en su rostro – jamás había visto una mujer más hermosa – recordó trayendo a su mente aquel baile cuando, inocente de todo, había decidido cortejar a la mujer que con una sola mirada había removido algo en su interior.

-Lo recuerdo – la pelirroja clavó su mirada en la de su esposo y por una vez en su vida quiso seguir el hilo de la conversación hacía un pasado que los hería – en ese momento pensé que el príncipe era un hombre atractivo – recordó – también pensé que su mirada era agradable, parecía tranquila y bondadosa – el brillo de la congoja se asomó en los ojos del hombre quién apretó su mandíbula atribulado.

-¿Y si hubiera sido yo en aquel primer baile? – siempre se preguntó aquello, si no hubiera esquivado aquellos compromisos, si hubiera ido tal como se le había ordenado ¿Habría sido diferente?

-No lo sé, es algo que jamás sabremos James, el hubiera no cambia nada – le dijo con absoluta sinceridad.

-No te pediré perdón, Lily – aquellas palabras salieron repletas de resolución – pero me permitiré decirte que mis sentimientos se han mantenido inmutables desde aquel día – confesó permitiéndose la debilidad de alguien que pronto abandonaría el plano terrenal.

-Yo…

-Sé que los tuyos también se han mantenido inmutables – se apresuró a decir con una mirada triste – Nadie sabrá mi situación, no puedo morir antes de que Hermione esté casada – su porte volvió a ser altivo e inescrutable.

-¿No puedes simplemente dejar ir esa idea? – pidió Lily con esperanza.

-Mujer, sé que jamás entenderás mis decisiones y no pienso explicarlas. Las coronas son pesadas y el mundo convulsiona constantemente, no morir hasta estar seguro de que su matrimonio se complete es mi último acto de amor.

-Quisiera entender cómo es un acto de amor enviar a una niña de 10 años para casarse – dijo sin tono de reproche en su voz. Para ese momento, ya no servía de nada reprochar.

-Siempre pensé que era una lástima que no hubieras sacado la perspicacia de tu madre. Hermione si la tiene, estoy seguro de que ella lo entenderá con el tiempo – murmuró mientras tomaba el último bocado de su plato.

Inglaterra, 1940.

Después de aquel episodio había decidido volver a su habitación y quedarse allí, ni siquiera salió a la biblioteca y tampoco había recibido visita alguna de Theo, lo extrañaba y se sentía sola. Había comprobado que su matrimonio no sería más que un formalismo y ella una incubadora, que no iba a conseguir ningún tipo de relación de aquel hombre.

También había decidido que su amigo merecía una mujer que pudiera estar ahí siempre, que despertara cada mañana a su lado y todos los días pudiera recordarle lo mucho que lo amaba.

Ella podía hacer lo segundo, pero, era lo único que podía hacer.

Porqué sí, también había descubierto que estaba enamorada de su amigo.

Un mes había pasado cuando decidió de nuevo aventurarse por los pasillos del palacio, había empezado a soplar viento frio por lo que ahora llevaba un vestido más abrigado y había decido no salir del palacio.

Miró el cielo por los ventanales y este estaba negro, llovería se dijo, era aún mejor idea quedarse bajo techo. Ella no sabía a donde se dirigía, solo había decidido salir de su habitación, había pedido a Ginny que no la siguiera, sentía que necesitaba un espacio para simplemente poner su mente en blanco. Le llamó la atención una puerta semi abierta y decidió asomarse, había caminado tanto que no reconocía ese lugar del palacio. Una vez pudo mirar por el resquicio de la puerta, la imagen del rubio sentado frente a la chimenea entró en su campo de visión.

Notó que llevaba una botella con un líquido ámbar a su boca, estaba despeinado como pocas veces lo había visto y con la ropa desarreglara, también estaba vestido de negro.

-Draco basta, ya no eres un crío – reconocía aquella voz, era Severus

-No olvides tu lugar, Severus ¡Lárgate, quiero estar solo! – en ese momento el hombre entró en su campo de visión acercándose al rubio.

-¿Crees que ella estaría feliz viéndote de esta forma? Eres rey Draco ¡Compórtate cómo uno! – el rubio lo miraba fijamente mientras su ceño se fruncia cada vez más.

-¡He dicho que te largues! – luego la botella de la que estaba bebiendo fue arrojada a los pies del moreno rompiéndose y salpicando liquido por doquier. El hombre le dio una última mirada y se dirigió hacia la puerta, ella logró esconderse antes de que el hombre la descubriera y volvió a salir cuando lo vio girando en la esquina.

Al asomarse de nuevo por la rendija, escucho un grito y luego el sonido de cosas cayendo en el piso de manera estruendosa, él volvió a aparecer en su campo de visión con otra botella en sus manos llena del mismo liquido anterior. Se veía afectado ¿Qué le sucedía? ¿Qué podría estar pasando para que estuviera de aquella manera? Se detuvo a observar su atuendo, estaba vestido de negro ¿Habría muerto alguien importante? ¿Sería Astoria?

No, aquello no era posible, ella ya lo sabría de ser así, pero, entonces ¿Qué sucedía? Pudo reaccionar a tiempo y esconderse de nuevo cuando el hombre salió de la habitación cargando la botella de licor en su mano izquierda.

No debía se dijo, lo que sea que estuviera afectándolo era personal, pero, aun así, lo hizo. Allí se encontraba siguiéndolo.

Una vez traspasaron la puerta que llevaba a los jardines una brisa fría se coló entre la tela del vestido, definitivamente no era la ropa apropiada para estar afuera. Las pequeñas gotas de lluvia de repente empezaron a caer a raudales mojado la tierra, había estado caminado tras él al menos 20 minutos y el frio la hacía temblar.

Su cabello caía mojado pegándose a su cara y sus zapatos se enterraban en el barro recién formado por la lluvia, tuvo que tomar con sus manos la falda de su vestido y alzarlo para que este no quedara enredado entre las ramas llenas de lodo.

De repente visualizó un camposanto, con bóvedas finamente talladas, ella disminuyó su paso y lo siguió a una distancia discreta. Lo vio pararse frente a una tumba y beber otro largo trago de licor, luego cayó de rodillas y lloró, lloró cómo si se sintiera culpable por algo.

Ella había dejado de sentir frio y en cambio su corazón se había aprestado sintiendo su dolor, no se parecía al hombre que había conocido hace 4 años, parecía un niño indefenso que buscaba apoyo.

Sin darse cuenta sus pies empezaron a cambiar hacía él, para luego dejarse caer a su lado y envolverlo en un abrazo. Él se tensó, giró su rostro y se encontró con el de ella, por un momento pensó que la iba a empujar cómo aquella vez, pero él solo se quedó estático y volvió su vista a la tumba.

Ella decidió callar y solo abrazarlo, hacía frio, tenía los huesos helados, pero no le importaba, se sentía incapaz de dejarlo en aquel estado solo bajo la lluvia. Él levantó de nuevo la botella de alcohol a punto de llevarla de nuevo a sus labios, pero, ella lo frenó dejando la botella a medio camino.

-Por favor, no lo hagas – lo miró con súplica, mientras enredaba su otra mano entre sus cabellos dorados, sentía un nudo en la garganta y su corazón oprimido, tenía ganas de llorar y decirle que todo estaba bien, pero no podía, por qué no sabía a ciencia cierta qué pasaba.

Él mantuvo su mirada fija en los ojos de ella y lentamente bajó la botella hasta quedar cubierta con barro.

-¿Qué haces aquí Hermione? – ella trago espeso ¿Qué debía decirle? ¿Qué había estado espiando y decidió seguirlo al verlo de aquella forma? ¿Qué se sentía incapaz de abandonarlo en aquel estado?

-Por favor no me apartes – aquello lo dijo recordando el día que la empujó haciéndola caer en el pasto, ella realmente quería estar allí con él, no deseaba dejarlo solo con todo el peso que estaba sintiendo.

El rubio guardó silencio y se sentó en la tierra húmeda, ella decidió mantenerse en silencio mientras se sentaba y envolvía sus brazos en su torso, se dio cuenta de los fuerte que era cuando sus manos no pudieron encontrarse, luego sintió como él la traía hacía sí acunándola mientras enterraba su rostro en su cabello mojado, de repente todo se sintió seguro, cómo si debiera estar allí en ese momento, apoyó su cabeza en el pecho de él y sintió su corazón latir, aquel hombre que a veces parecía carente de emociones estaba allí, sentado y deshecho.

No supo cuánto tiempo transcurrió, solo que la lluvia se había detenido y el sol estaba brillando opaco entre las nubes. Él ya no lloraba solo se mantenía estático en la misma posición con ella acunada en sus brazos.

-Vas a resfriarte – susurró con voz ronca, aquello la tomó desprevenida y tan solo levantó sus hombros restándole importancia – no quiero que enfermes – dijo para luego levantarse llevándola en brazos de vuelta al castillo.

En aquel momento se dio cuenta que él era un hombre, uno alto y fornido, uno que la hacía sentir muy pequeña pero protegida, se preguntó si podría simplemente ser de aquella manera cuando se casaran, estaba segura de que solo con eso podría vivir tranquila, aun cuando no pudiera amarla, solo teniendo aquella versión de él podría vivir, incluso se encontró pensando que sería más fácil dejar ir a Theo con alguien que lo hiciera completamente feliz si podía encontrar esa armonía en su matrimonio.

Sin embargo, si algo había aprendido en todo aquel tiempo era que Draco no era blanco y negro, era una gama de colores que podía llevarla a sentirse miserable por momentos y segura en otros. Desde esa perspectiva, dejar ir a Theo sería difícil, todo debido a que él siempre era luz, el rubio podía ser una oscuridad profunda.

El camino a sus aposentos pareció corto – aunque ella sabía que no era así – Ginny se había apresurado a abrir las puertas y Draco había atravesado el umbral sin decirle nada, la llevo a la cama y la acostó allí con suavidad, para luego sentarse a su lado en la orilla.

El chico seguía mirándola fijamente, pero en ella no había rabia, al contrario, sus ojos parecían estar llenos de tranquilidad. Sintió su fría mano acariciar su mejilla mientras seguía observándola de aquella manera, de nuevo se sintió hipnotizada por sus orbes grises, eso le hizo recordar el día en que había prometido portarse bien en su cumpleaños a cambio de que permitiera a Theo entrar de nuevo al palacio.

Cómo otras veces sentía que su cercanía le quitaba el aliento, parecía tan cercano y a la vez tan fuera de su alcance, cómo si aspirar a él fuera una utopía, aquel pensamiento la sorprendió ¿Por qué siquiera tenía aquella idea en la cabeza?

Lo vio acercándose y depositar un beso suave en su frente para luego volver a mirarla.

-Hoy es su cumpleaños – por la mirada que ella le dedicó el siguió, sabía que ella estaba confundida – mi madre, ella cumple años el día de hoy – ella quiso preguntarle qué había pasado con su madre. Ahora que se detenía a pensar, jamás la había visto y tampoco había sentido curiosidad – gracias, Hermione – él se acercó a su rostro para después tragar espeso, cerró los ojos y se alejó de ella levantándose de su cama y saliendo de la habitación.

Se sentía confundida, no sabía que había pasado. Por un momento sintió su aliento tocar su boca y recordó el beso con Theo y también, su primer beso, uno que había recibo de su futuro esposo hacía ya un tiempo. Sintió curiosidad acerca de qué generaba cada sensación. Recordó que se sintió apenada y confundida cuando él le dio su primer beso, en aquel momento el pensamiento recurrente de si podían ser felices se instaló por días en su cabeza. Por otro lado, el beso que le dio Theo era diferente, sintió mariposas, anhelo y ¿confusión? La pelirroja se acercó a ella con varita en mano para ayudar a que se secara y cambiar su ropa, hasta ese momento empezó a sentir frio de nuevo ¿Habría sido la cercanía de él la que había impedido que su cuerpo temblara?

Todo lo que había sucedido ese día la confundía.

Al siguiente día cuando despertó, sintió su cara ardiendo y su nariz congestionada, cuando Ginny entro abrió las cortinas como era costumbre, pero, la entrada de los rayos del sol la hicieron sentir mareada, para luego producirle una gran puntada en el cerebro.

Había enfermado, no había sido buena idea quedarse bajo la lluvia el día anterior, la pelirroja se dio cuenta y de inmediato cerró las cortinas mientras se acercaba a ella, al poner su mano en la frente notó que estaba ardiendo en fiebre, inmediatamente se disculpó y se retiró a buscar al sanador, ella no podía simplemente administrarle una posición iba en contra de las reglas.

Sentía que estaba a punto de desmayarse cuando unos golpecitos en la puerta llamaron su atención, Ginny había encontrado rápidamente al sanador.

-¡Pase! – murmuró lo más alto que le permitió su estado, quien entró a la habitación no era un sanador, era Theodore. Sus ojos se iluminaron y una sonrisa se dibujó en su rostro ¡Que oportuno había sido su llegada! Él se apresuró a su lado y una vez allí notó de inmediato su estado.

-Mione, estás ardiendo en fiebre – de inmediato se levantó y reapareció con una fuente con agua y un paño que luego de mojar puso en su frente.

-Te extrañé, Theo – su sonrisa se apagó y sus ojos brillaron.

-Yo también te extrañé, Mione – él tomó su mano y se acercó a su rostro, pero, antes de que pudiera alcanzar siquiera someramente sus labios el ruido de la puerta abriéndose lo hizo enderezarse y girar la vista.

Allí de pie se encontraba Ginny, tras ella el sanador y a un lado de este el rubio, cuyo semblante había pasado de uno preocupado a uno lleno de ira, podía ver en el rostro de la chica la incomodidad, cuando venía de regreso acompañada por el sanador se habían cruzado casualmente con su Majestad y este, luego de preguntar qué pasaba, la alentó a seguir mientras caminaba también en dirección a la habitación de la castaña.

El sanador se acercó rápidamente a su cama obligando a Theodoro a levantarse, los hombres mantenían un duelo de miradas.

-Alteza, es solo una gripa, con estas pociones en un par de días estará perfecta – el medimago dejó sobre la mesa de noche los frascos que las contenían y luego volvió a dirigirse a ella – solo debe descansar – luego, consciente de todo el ambiente que allí se formaba, salió despedido de la habitación haciendo una reverencia cuando estuvo al lado del rubio.

Por otro lado, la pelirroja que trataba de desviar la mirada de la escena que se estaba dando entre los dos hombres habría suplicado también poder salir de allí, sin embargo, no podía, a no ser que se lo pidieran.

-Draco ¿Qué haces aquí? – ella trató de incorporarse para luego sentirse asfixiada, al notarlo, Ginny corrió a su lado para ayudarla.

-¿Acaso debo pedir permiso para venir al cuarto de mi mujer? – las palabras habían salido de su boca llenas de veneno mientras su mirada seguía fija en la del otro – la pregunta es: ¿Qué diablos hace él en tus aposentos? Esto es inapropiado –

-¡Oh! Cuando Theo tocó la puerta pensé que era Ginny que había vuelto con el medimago, él entró suponiendo que estaba acompañada, pero, al ver mi estado, no reparó en ello y fue por un paño para tratar de bajar la fiebre –

-¿Desde cuándo te crees sanador Nott? ¿No deberías haber llamado a su ayuda de cámara? – ella no podía ver el gesto que Theo hacía con su mirada, pero, por la cara de ira del rubio sabía que algo debía estar pasando allí.

-Creo que el único que no está en el lugar indicado es usted, Majestad – la última palabra fue arrojada con sarcasmo, el rubio desvió su mirada hacía la castaña quien no sabía que debía decir ante lo que estaba pasando.

-No juegues conmigo Nott, yo tengo el poder sobre ti – la chica notó que el rubio se acercaba amenazadoramente al ojiverde y trató de levantarse de la cama, lo último que supo fue que gritaba Draco ¡No! – para luego caer en la inconciencia.

Cuando la vieron desplomarse ambos hombres corrieron hacía ella, pero, fue el castaño quien llegó primero, tomándola entre sus brazos y acomodándola en la cama, mientras tomaba asiento a su lado.

-¡Lárgate Nott!

-¿Crees que si ella estuviera despierta preferiría tú compañía? – las manos del rubio se formaron en puños mientras su respiración se hacía agitada – jamás tendrás eso de ella, puedes convertirte en su esposo, pero no será más que un título, jamás la tendrás.

Las palabras del castaño calaron en la mente del rubio e hicieron que su cuerpo se tensara, había recordado la noche del cumpleaños de la castaña cuando él le había dicho que jamás la tendría en su cama por su voluntad, por alguna extraña razón aquel pensamiento lo carcomió por dentro, pensar en que ella prefería su compañía y no la de él fue como si le clavaran una daga, pero ¿por qué? ¿Por qué le afectaba aquello?

¡Maldito Nott! ¡Maldita Hermione! ¡Maldito James Potter! Se giró y salió como alma que lleva el diablo de la habitación, en su recorrido encontró a Astoria quien lo detuvo interrogante, perfecto, justo lo que necesitaba, tomó la mano de la mujer y la arrastro hasta su habitación.

La arrojó a la cama tocándola con rabia, ella intentó buscar sus labios, pero, él no le apetecía, por alguna razón desconocida para él, no se sentía bien tocarlos, él levantó el vestido recorriendo con su mano la extensión de su pierna para luego apretar su cola, y sin más, la tomó, se movió de manera salvaje, no le importaba si ella lo disfrutaba, solo le importaba desfogar la ira, desquitarse con alguien más, cuando llegó a su orgasmo, respiró agitado y se quitó de encima. La mujer lo veía con curiosidad y acomodándose el vestido envolvió su pecho con sus brazos.

-¿Qué sucede Draco? – ella empezó a dar pequeñas caricias con sus manos pero fueron retiradas violentamente por él.

-¡Lárgate, Astoria! – ella iba a decir algo, pero al ver el rostro de él rojo de ira, decidió que no era una buena idea, bajó de la cama acomodándose el vestido y salió rápidamente de la habitación.

¿Qué rayos le pasaba? Hacía días estaba de aquella forma, ya no la veía de la misma manera, estaba distante y frio ¿Acaso la mocosa tendría algo que ver? No, era imposible, era una niña de 14 años, una niña que no podía competir contra ella. Intentó desechar la idea, pero, esta no dejaba de dar vueltas, finalmente decidió que debía indagar, no podía permitirse perderlo, él debía ser suyo, ella debía convertirse en reina.

El rubio por su parte descargó su furia con todos los objetos que se cruzaba frente a él.

(…)

Había pasado una semana desde que su salud había vuelto a la normalidad. Theo había estado con ella los primero dos días de su convalecencia hasta que sus deberes lo alejaron de ella. Una vez se encontró sola sus pensamientos se hicieron paso. Se preguntó qué hacía que Draco se viera tan afectado por el cumpleaños de su madre, aquello no parecía normal.

En un intento de distraer su mente para no meterse en asuntos que en definitiva no le concernían, decidió leer alguno de los libros que tenía en su habitación, entre uno y otro volvió a reparar en el libro de "Familias reales de Europa" y la curiosidad que por alguna razón se había dormido, se reavivó. De nuevo quiso saber porqué su tío jamás había sido mencionado por su padre o en su defecto, por su madre. Recordó aquel día hacía más de 4 años que había ido a transmitir la aceptación de Draco. Su padre lo trató como si de un enviado extranjero cualquiera se tratara. No recordó ninguna reacción que le pareciera extraña. Trató de recordar algún otro detalle y nada vino a su cabeza. Ella siempre se consideró alguien muy observador, no obstante, no había nada que pudiera darle alguna luz.

Durante su estadía en cama, envió a Ginny a buscar todo tipo de libros que pudieran darle una idea, biografías autorizadas, libros de historia, artículos de periódico, pero, era como si de un fantasma se tratarak, no encontró nada. Ante su frustración decidió que debía volver a indagar. Un día en que Draco fue a visitarla pensó que sería una buena oportunidad para recabar información.

-Veo que estás mejor, pareces menos pálida – comentó sentándose en la silla junto a su cama.

-Ginny ha cuidado bien de mi – respondió pensando como retenerlo – ¿te gustaría tomar el té?

-Está bien – respondió llanamente para luego pedir a un elfo que trajera un servicio.

-¿Hace cuánto está Severus aquí? ¿Fue el consejero de tu padre? – preguntó mientras corría la cobija e intentaba salir de cama. Ante la acción Draco se acercó y tendió su brazo para ayudarla a llegar a la pequeña mesita junto a la ventana.

-¿por qué quieres saber de Severus tan repentinamente? – ella se dio cuenta que él no recordaba la conversación que hacía unos años habían tenido.

-Solo es curiosidad – respondió llanamente.

-Fue consejero de mi padre, debía tener unos 3 años cuando lo vi por primera vez – recordó mientras se sentaba en la otra silla y tomaba la tetera que había traído el Elfo - ¿crema?

-Por favor ¿Y cómo fue que llegó al servicio de tu padre? – el rubio clavó su mirada en ella estudiando sus ojos.

-El padre de su madre era cercano a mi abuelo Abraxas – rememoró – no recuerdo cómo fue que terminó en el consejo de mi padre – respondió pensando que aquellas preguntas no parecían nada casuales.

-¿Por qué lo mantuviste en tu servicio? – volvió a preguntar.

-¿Por qué preguntas tanto? – el rubio entre cerró sus ojos y la observó fijamente, ella mantuvo la calma y llevó la tasa de té a sus labios.

-Parece que confías mucho en él, solo tengo curiosidad, seré reina, quiero saber en quién confiar.

-Mi madre lo tenía en buena estima, ella insistió que debía confiar en él – no sabía porque contestaba todas sus preguntas, pero, de alguna forma, se sintió como una conversación casual con su futura esposa.

-¿Qué sabes de él? Es decir, aparte de que es francés – llevó la tasa de té a sus labios y esperó. El rubio parecía estar pensando qué responder a continuación.

-Para ser honesto, nunca me pregunté mucho más. Sé que es francés, no obstante, madre confiaba en él y yo confío en él. Jamás pensé en preguntar mucho más – él la miró fijamente y lo supo, estaba descartando que sus preguntas se debieran a la simple curiosidad – dime Hermione ¿Qué sabes tú de él? – la pregunta la tomó desprevenida y boqueó como pez fuera del agua ¿Debía decirle? – podría ser de ayuda para tu pequeña investigación – dijo logrando que ella mordiera el anzuelo.

-Alguna vez has leído el libro "familias reales de Europa"? – indagó sin saber porque había decidido abrirse con él y, al mismo tiempo, sintiendo aquella paz que en pocas ocasiones había sentido, pero que tantas veces la hizo ilusionar antes.

-Leí el Árbol genealógico de mi familia, me salté el resto del libro – respondió escuetamente. Ella tomó su barita y la blandió ante la mirada expectante de él. El libro que estaba en su escritorio levitó hasta ellos hasta posarse a la vista del rubio.

-En Francia no había ningún libro con nuestro árbol genealógico. Siempre tuve curiosidad y casualmente encontré este en la biblioteca – explicó mientras las páginas del libro se cambiaban hasta llegar a la correspondiente a su abuelo – léelo – pidió. El rubio sintió curiosidad y sin chistar leyó lo que la castaña le había indicado. Sus ojos se abrieron sin creer lo que allí decía – Así que tampoco lo sabías- concluyó cuando él volvió su vista hacia él.

-No, no sabía que mi consejero estaba en línea de sucesión al trono francés – dijo pensativo – para mí fue una presencia constante, desde que tengo uso de razón Severus ha estado en palacio – trató de recordar algún detalle que le diera alguna pista, pero, era tan pequeño que jamás sintió curiosidad – eso hace a Severus tu tío – reflexionó - ¿Por qué tienes tanta curiosidad?

-¿No crees que es extraño? ¿porque un heredero directo al trono no estaría en su país? ¿Por qué fue desterrado? - eran muchas preguntas y ninguna respuesta

-Ciertamente lo es – dijo dejando su tasa vacía sobre la mesa. De la nada, un recuerdo enterrado en el fondo de su mente vino a él – recuerdo alguna vez haber escuchado una conversación entre él y mi madre, podría estar distorsionándola, era un niño para aquel entonces – murmuró.

-¿Qué tipo de conversación? – indagó Hermione.

-Mi madre le dijo que retener el pasado no le haría ningún bien ni a él ni a Lily.

-¿A mi madre?

-Supongo que debía referirse a ella, no conozco ninguna otra Lily que pudiera encajar en esa conversación – reflexionó. Hermione intentó recordar algún vestigio de Severus en su infancia o algún contacto, pero, nada vino a ella – creo que no he sido de mucha ayuda, supongo que podrías ir a la fuente – murmuró el rubio levantándose de la mesa para salir de la habitación de la castaña.

-Lo haré. Si fuiste de ayuda, Draco – ella le dio una discreta sonrisa que él estudió ¿Por qué seguían luchando contra el destino? Se casarían, aquello estaba decidido.

-Quizás nosotros también deberíamos seguir el consejo de mi madre – murmuró. La castaña lo miró fijamente recordando sus palabras ¿desde qué momento se consideraba pasado? ¿desde el día anterior? ¿el momento en que llegó a Inglaterra a sus 10 años?

-¿Qué tendríamos que dejar de retener? – preguntó Hermione.

-Quizás cuando sepamos esa respuesta podremos seguir el consejo de mi madre – respondió mientras caminaba a la puerta para luego salir de la habitación.

Había sido una conversación muy corta, pero, había calado hondamente en ella ¿A qué debían dejar de aferrarse? ¿A la libertad? ¿A dejar de pensar en ellos como una moneda de cambio? ¿al escenario hipotético donde su padre tomara una decisión diferente? ¿A él? ¿A ella? Eran tantas preguntas y ninguna respuesta. Últimamente sentía que su vida era un interrogante constante, nada se sentía seguro. Se descubrió deseando tener la seguridad de lo que pasaría y descubrió que esa seguridad, dependía de la respuesta que le diera a las preguntas que asediaban su mente.