Capítulo veinticinco

Terry abrazaba con amor y devoción a su pecosa, inhalando su aroma natural, cuando llegó a la habitación de esta, ella ya se había bañado, lista para ir a la cama, lo esperaba en el sofá, leyendo un poco, nada más verla la envolvió en sus brazos, dándole todos los besos que no pudo darle temprano.

―me gustaría mucho estar presente en esa dichosa reunión.

―sé que es así, no me siento particularmente emocionada por ir, pero Albert y la tía abuela quieren que asista, dicen que es necesario que todos vean mi lugar en la familia y el clan, ya sabes, a la inauguración están invitados los miembros de este, especialmente los ancianos, ―Candy no pudo evitar hacer un gesto, al decir esto, lo que no pasó desapercibido para el castaño.

―no tienes buena impresión de ellos, ¿verdad?

―me siento como antes de mi presentación en la cacería, pero ahora se con certeza que no les agrado, sé que no perdonan a Albert por adoptarme sin consultarles antes.

―pues mal por ellos, si con todo lo sucedido siguen sin comportarse contigo es porque son más tontos de lo que pensé, no necesitamos gente así, recuerda eso Candy, ahora eres mi esposa, pronto iniciaremos nuestra propia familia juntos, cumple con tu papel como hija de Albert, porque el merece tu apoyo, pero no permitas que sus malos sentimientos te hagan olvidar tu verdadero lugar en este mundo, el cual pecosa mía, es a mi lado, por otro lado, sospecho que muchas cosas pueden suceder en esa dichosa inauguración.

―ya nos desvelamos mucho Terry, no dormirás nada y tienes que salir en la madrugada.

―dormiré en el tren, pero tú en cambio mi amor, tienes clases temprano y un día pesado, así que a dormir.

Los labios de Terry cubrieron a los de Candy, suaves, gentiles, llenos de amor y promesas, decidido a respetar lo más posible a su amada, dormían con una firme almohada entre ambos, la rubia cabeza de ella en su pecho, el cielo y el infierno en uno solo.

Unos minutos más tardes con una Candy profundamente dormida, Terry salió por el balcón hacia su habitación, se durmió de inmediato, despertó en la madrugada, preparándose para viajar a su próxima función, cuando sonaron unos golpes en la puerta, pensando que era para preguntar si estaba listo, atendió.

―en un momento salgo, estoy casi listo.

―soy yo Terry, ―respondió Richard al otro lado de la puerta, lo que alerto al castaño, apresurándose para abrirle a su padre.

― ¿qué haces despierto papá?

―recibimos una llamada de Robert y de los guardaespaldas, no viajaras hijo.

―acaso ¿se salieron con la suya ese director de pacotilla y el patrocinador?, ¿me han despedido?

―claro que no hijo, pero ha sucedido un siniestro, el teatro en que actuarían mañana sufrió un incendio.

― ¿hay algún herido?

―afortunadamente no, fue durante la noche, aún están investigando.

Terry se sentó en un sofá, asombrado por lo sucedido, su padre lo imitó, poniendo una mano sobre su hombro.

―tendrás unos días más, mientras se determina que se hará, aunque sabiendo la obligación de la compañía de cumplir con las fechas, es más que seguro que se continuara con las presentaciones de la próxima ciudad.

―tienes razón.

―descansa hijo, no te preocupes, deja que las autoridades se encarguen y prepárate para cuando seas llamado.

―gracias papá, que tengas buena noche o lo que queda de ella.

En los próximos días Terry ocupo su tiempo ensayando, como lo haría si estuviera con el resto de sus compañeros, incluso improviso una presentación junto a su madre para todos, decir que estuvo magnifica es quedarse corto, todos aplaudían con fuerza, en especial los niños y las directoras, quienes nunca habían tenido la oportunidad de disfrutar de un teatro.

Llevaba a Candy a la escuela de enfermería y la recogía puntualmente, cada mediodía iba por ella para comer, aprovechando cada momento posible para estar juntos, acompaño a Stear, Archie, Annie y Paty a llevar a los niños y las directoras a diversos sitios que estos disfrutaron con infinita alegría.

Entre todos se encargaron de que los miembros del hogar de Pony pasaran unas vacaciones memorables, que planeaban repetir en los años venideros, visitaron museos, el central Park y al Parque de atracciones Seabreeze, obteniendo más sonrisas de las más sinceras que puedan existir.

La señorita Pony no podía creer lo que le decía Candy, quien le mostraba un hermoso par de caballos pura sangre, que Albert tan generosamente le había regalado al volver de Londres, eran Cesar y Cleopatra, los caballos que la joven cuido cuando vivió con los Leagan.

Al parecer, los caprichosos hermanos Leagan los quisieron vender por separado, al simplemente aburrirse de ellos, algo que habría provocado un terrible sufrimiento en los nobles animales, lo que el rubio mayor con la ayuda del fiel George logro impedir, ahora Candy le estaba dando la noticia a las directoras, que los nobles caballos estarían en el hogar de Pony.

La rubia pecosa no podía imaginar un lugar mejor para los bellos animales, pudiendo ser más que útiles en varias actividades del orfanato, además de recibir todo el amor y cuidados de los niños y de Tom, a quien también le encargo ayudara en su cuidado, las directoras estaban conmovidas.

Toda la semana anterior parecía un sueño para ellas, tanto tiempo libre nunca lo creyeron posible, los niños disfrutaron como nunca, cada día estuvo lleno de actividades, cada una llenas de diversión y aprendizaje para ellos, cada paseo estuvo lleno de aventuras y nuevas experiencias.

Ahora estaban preparándose para marchar, los caballos serían enviados después, para que viajaran cómodamente y sin estresarse, Candy se despidió de cada niño con muchos abrazos y cariños, pero al despedirse de sus madres su corazón se estrujo, llena de amor hacia aquellas buenas mujeres que tanto amor y cuidados le brindaron.

Terry le hacía hoy más falta que nunca, pudo estar unos cuatro días más en la ciudad, antes de tener que partir para la ciudad siguiente, por lo que ahora tenían que esperar a que termine la gira para poder estar juntos nuevamente.

Por mucho que les costara, les parecía lo más natural, ambos jóvenes sabían que para obtener las metas hay que esforzarse, tan maduros que sus padres y responsables no podían más que sentir culpa por no cuidarlos más en el pasado, pero ahora ellos no perderían oportunidad de hacerlo.

―ya falta poco para la inauguración, la próxima semana viajaremos a California, ―comentaba Albert a Candy.

―no quisiera ir Albert, no puedo entender porque es tan necesaria mi presencia, ―se quejaba la rubia pecosa.

―sé que en el pasado no has tenido buenas experiencias con ellos pequeña, pero esta vez no iras sola, ―aclaraba el rubio mayor.

―así es Candy, estamos allí contigo, ya es hora que todos vean y conozcan tu posición en esta familia, para que te den el respeto que mereces, ―opinó Sofía.

―pero…

―por favor Candy, es importante para la familia, para mí, ―completó Albert, desarmando a la rubia pecosa, quien no podía negarse cuando lo pedía así.

Siendo que la inauguración sería un sábado, Candy no necesito más que realizar una tarea extra anticipada, para poder faltar viernes y lunes, además de unas cuantas horas extra en el hospital escuela, lo malo era que sería para ir a donde los Leagan, lo bueno, era que ahora sabía que podía hacer eso en un futuro si fuera necesario, para fines más felices claro.

― ¿cómo se resolvió todo lo del incendio?, ―quiso saber Candy, ella quedo impresionada cuando se enteró que los dueños quedaban prácticamente en la ruina después del siniestro.

―logramos encargarnos, George negocio un crédito a favor del señor Walter Long, lo que le permitirá hacer las reparaciones necesarias para que este vuelva a funcionar, aprovechando a darle a su vez dos utilidades al edificio, ya no solo como teatro, si no también como cine, ―respondió Albert, el rubio no dudo un segundo en pensar en una solución para ayudar a los dueños, sabiendo que eran personas correctas que se preocupaban por sus empleados.

― ¿cómo cine también?, eso los beneficiara mucho, eso puede darles ingresos extra, ―expresó entusiasta Candy, eres muy bueno Albert, hiciste algo maravilloso.

El rubio mayor se sonrojo, restando importancia a lo hecho, pero recibiendo gustoso los besos y cariños que su esposa le brindaba apoyando las palabras de Candy.

El clima en California era mucho más cálido que New York, Candy lucía un precioso vestido de verano, Sofía y Eleonor se habían encargado de llevarla a las más exclusivas boutiques de la ciudad antes de viajar, para asegurarse de que luciera como lo que era: la primogénita del patriarca del clan Andrew y la esposa del futuro Duque de Grandchester.

Si bien es cierto, a ellas les gustaba la sencilles de Candy, sabían que en esta ocasión era necesario que ella se mostrara con todo el estatus que poseía, no estaban dispuestas a dejar duda alguna de que ella no sería humillada nunca más.

Sofia estuvo en todo momento junto a Candy, contrataron incluso una dama de compañía para ella, así evitaban acercamientos no solicitados y palabras equivocadas contra ella.

Sara estaba que se subía a las paredes de los nervios, igualmente Eliza, Neal estaba más conforme, las mujeres Leagan no podían aceptar ser obligadas a ser humilladas de semejante manera, pero comprendieron que no tenían opción.

Pero tantos nervios quedaron atrás con el shock de conocer la identidad del patriarca del clan Andrew, los Leagan nunca esperaron que se tratara de un hombre tan joven, quejándose Sara y Eliza de que este se encontrara ya casado, puesto que habría sido un buen partido.

Una vez pasado el susto, todos los presentes, entre miembros del clan y demás invitados, miraban admirados a la heredera del patriarca, de quien ya se había corrido la voz, era muy querida por la familia real británica, además de ser la prometida del hijo del Duque de Grandchester, lo que la convertiría sin lugar a dudas en la futura Duquesa, la presencia del mismo Richard no daba lugar a dudarlo.

Claro nadie sabía que, aunque en teoría era cierto, la próxima Duquesa de Grandchester seria Eleonor y no Candy, ya que se casaría pronto con el ahora viudo Duque, pero de que la rubia pecosa era ya una Marquesa no hay duda, aunque nadie lo supiera más que sus seres queridos más cercanos.

Para conmemorar la ocasión no falto la fotografía de la familia, en la que por su puesto el patriarca del clan aparecía en un lugar privilegiado, como muestra de su apoyo en los negocios Leagan, en esta imagen aparecían todos, desde Albert, hasta el último botones del hotel.

Al ser tantas personas, se hizo en las gradas de entrada, quedando arriba Albert, a un lado Sofía y al otro la tía abuela, al lado de la tía abuela estaba sara y sus hijos, al lado de Sofía quedo Raymond Leagan y algunos otros ancianos del clan, en la siguiente grada estaba Candy, junto a George, Stear y Archie, además de mas miembros del clan, la rubia pecosa quedaba justo debajo de Albert y Sofía, quienes pusieron una mano en cada hombro de esta.

Para dicha de Candy, en la siguiente grada estaban unos amigos muy recordados por ella, los empleados de la mansión Leagan de Lakewood, quienes también la recordaban con mucho cariño, pues ellos le daban ánimos y la cuidaban dentro de sus limitaciones mientras estuvo allí.

Obviamente Candy no dudo en saludarlos y pedir sus direcciones, por el único que no tuvo que preguntar fue por el señor Whitman, puesto que disfrutó el gusto de saludarlo cuando estuvo en la mansión de las rosas, el volver a verlos y saber que estaban bien le dio mucha alegría.

El evento era todo y mucho más de lo que se esperaba, reuniendo a varias personalidades importantes de la sociedad, sin contar a los miembros del clan, quienes ahora conocían a su patriarca, puesto que dicho evento sirvió para que este se diera a conocer de forma pública.

Candy lucia preciosa, elegante y sobre todo inalcanzable, aunque todos pudieron ver que era una joven amable, también pudieron notar que era protegida celosamente por sus primos los Cornwell y sus prometidas, su padre y la esposa de este, además de su mismo suegro el Duque, sin olvidar a George, quien discretamente no dejaba de cuidarla, bailando únicamente con ellos y nadie más durante la fiesta.

Al finalizar la fiesta, el salón se cerró, quedando dentro solo los miembros del clan Andrew y el Duque, Candy no sabía de qué se trataba, hasta que Sara y sus hijos pasaron al centro y pidieron disculpas públicamente por el malentendido del supuesto robo de las joyas por el que ella fue enviada a México.

Sara incluso trato de excusar a sus hijos diciendo que era un juego de niños, pero fue reprendida por el Duque al recordarle las terribles consecuencias que esa bromita significó para Candy, por lo que varios miembros del consejo tuvieron que estar de acuerdo con él, como resultado, ella se vio obligada a aceptar que estuvo muy mal y que por eso mismo estaban ofreciendo una aclaración y pidiendo disculpas.

Candy lloró sin poder evitarlo, esa acusación siempre fue un lastre tan pesado en su honor, sabiendo que era inocente, ahora su nombre estaba limpio y no podía ni hablar con todo lo que eso significaba para ella.

Sofia la abrazo suavemente, al igual que Albert, sus primos estaban muy alegres por ella, sintiendo incluso la presencia de Anthony entre ellos, sabiendo que el también habría festejado que Candy tuviera limpio su nombre de tal infamia.

Richard no se apartó de su lado, mostrando su apoyo, así como el de su hijo, quien por mucho que deseara no pudo estar presente, él y Candy no se quedaron a pasar la noche, partiendo unas horas más tarde en el primer tren hacia New York, siendo acompañados por la dama de compañía de Candy.

Albert no se opuso, sabiendo que era lo mejor para su pequeña, además ella ya había logrado los objetivos al presentarse, ahora todos sabían que no podían intentar ofenderla, ni faltarle el respeto sin que el tomara medidas en el asunto y castigara a los responsables.

Al día siguiente todos los periódicos de California estaban llenos de reportajes sobre la fastuosa inauguración del hotel Leagan, el primero de su cadena de hoteles y aunque todos hablaron de su elegancia e importancia, lo que llenaba las portadas eran las fotografías de la primogénita del patriarca, de la presentación pública del importante magnate y su familia.

Las fotografías de Albert y Sofía estaban rodeadas de reportajes en los cuales se mencionaba que estaban casados, lo que desilusiono a varias interesadas en ocupar ese puesto, no teniendo mas que resignarse, pero no solo de ellos se hablaba en los periódicos, sino también de Candy.

Todos resaltaban su belleza, su porte, su estatus y buen partido que representaba, no solo por su lugar en una de las familias más prominentes de Estados Unidos, si no también por el respaldo de la familia real británica, más de alguno recordó su heroica participación en el atentado contra la reina madre y el joven marqués.

Candy no se quedó a darse por enterada de nada de eso, al igual que cuando tuvo fama en Londres, ella le restó importancia, no dándose cuenta de lo mucho que ahora la admiraban, quienes sí que lo disfrutaron fueron los Cornwell y sus amigas, estos no dudaron en comprar muchos ejemplares.

Stear, Archie, Annie y Paty se alegraban sinceramente de que finalmente Candy tuviera el respeto que se merecía, que todos esos que gustaban de menospreciarla se vieran hoy con la boca tapada.

―te ves mucho más hermosa que de costumbre mamá.

― ¡Terry!, estoy muy feliz de tenerte a mi lado, nunca imagine que este día sería posible.

―y ahora será oficial, finalmente seremos la familia que siempre debimos ser.

Terry acompaño a su madre en su marcha al altar, en donde la esperaba un muy orgulloso y enamorado Richard, quien se deleitaba en la belleza de su amada esposa, Stear y Archie no podían creer su suerte de estar observando de primera mano la boda de quien por años ha sido su actriz favorita.

La boda fue un evento privado, contando eso sí, con la presencia del delegado real, quien como siempre estaba cumpliendo con el protocolo, para que este enlace tuviera el reconocimiento de la corona.

No hubo casi invitados, solo sus consuegros, Albert y Sofía, la tía abuela, Stear, Archie, Annie, Paty, George, por supuesto no podía faltar Candy quien no se separaba de Terry, sin olvidar a Robert y su esposa, además de la asistente de Eleonor.

La mansión de los Andrew era el escenario perfecto para tan elegante y discreto evento, los novios bailaban mostrando su amor, llenando de emociones a los presentes, Candy y Terry solo podían observar llenos de felicidad la escena, no solo dichosos por ver a los padres del castaño juntos, si no también soñando con su propio futuro.

Continuará…

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Nota: se que ha sido mucho tiempo de espera, créanme estoy mas impaciente incluso que ustedes, aunque no lo crean, las historias están en mi cabeza y no hay más alegría que poder plasmarlas en letras.

Pero mi salud ha estado haciéndome una mala jugada, retrasando mis planes, por lo que les pido disculpas y paciencia, pero sobre todo les agradezco por su infinita paciencia, se que es mucho, por lo que puedo asegurarles que estoy haciendo mi esfuerzo por terminar mis historias.

Bendiciones, Palas.