Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 26

Bella

No podía dejar de pensar en Rosalie. En sus niños y en todo lo que pasaba en sus vidas.

Mamá decía que tendía a preocuparme de más. Pudiera ser que tuviera razón, mas no podía dejar de dar vueltas al mismo tema.

Rose seguía viviendo con sus hijos en el apartamento de Renée, después de dos semanas de lo acontecido no había vuelto a trabajar al restaurante y Harry estaba por despedirla.

Mamá decía que la rubia no estaba lista para enfrentar preguntas ni ver la cara de nadie y mucho menos de los compañeros de trabajo que estaban enterados de todo.

Comprendía y era mejor evitar preguntas incómodas.

Ella y yo nos habíamos visto un par de veces después de salir del hospital, realmente no quería incomodar su estancia con mamá. Estaba enterada por mi madre que Emmett iba cada noche a verla y que Rosalie a duras penas cruzaba tres palabras con él.

Lo único bueno. Es que ella había iniciado terapia y según las palabras de mamá su proceso de recuperación estaba siendo lento.

Sentí cosquillas en la planta de mis pies. Fue de ese modo que salí de mis pensamientos y presté atención a Ari.

― Te quedaron bonitas ―expresó ella al terminar de arreglar las uñas de mis pies.

Me había hecho una pedicura hermosa, con colores pastel.

― Gracias, Ari. Ahora mis pies están realmente hermosos ―moví cada dedo en el momento que sentí una fuerte patada que fue capaz de quitarme el aliento.

Ariel hizo una mueca al ver mi rostro y se acomodó a mi lado, mientras mi hijo se sentaba frente a mí.

― ¿Y cuándo nacerá?

Matt seguía insistiendo que Ethan llevaba mucho tiempo en mi barriga.

Pasó de nuevo sus pequeñas manos por la protuberancia de mi vientre hinchado y volvió a apoyar su oreja en ella.

Jugué con las hebras de su pelo y sonreí al verlo tan entretenido.

― Solo estamos esperando que decida cuándo nacer ―murmuré.

Era verdad. El obstetra nos había confirmado que nuestro bebé estaba en posición para nacer, ahora con treinta y ocho semanas era cuestión de esperar a que la sabia naturaleza hiciera su trabajo.

― Bella… ―Ariel se arrodilló en la cama, pidiendo atención― ¿crees qué papá me deje ir al cine? ―sus mejillas se enrojecieron― un amigo me invitó y nunca he ido sola.

― Es tipo… ¿Cómo una cita? ―Indagué. Era muy joven, tenía catorce años y me había percatado que últimamente sonreía más a la pantalla del celular, sin contar las veces qué su mirada se iluminaba cuando "alguien" le llamaba.

― Mmm, no sé ―su sonrisa fue amplia― tal vez. Por favor ―juntó sus manos y sus ojos se volvieron suplicantes― ayúdame con papá, dile que me portaré bien. Que me deje ir.

Edward abrió la puerta. Por su cara sabía que había estado escuchando, tenía la mala costumbre de hacerlo.

Matt de inmediato saltó de la cama y corrió a los brazos de Edward. Llevaba tiempo practicando esos saltos cargados de entusiasmo cada vez que lo veía llegar del trabajo. Así que, una vez que estuvo entre sus brazos, acunó su cara jugando con su creciente barba.

La mirada de Ariel estaba en mi rostro.

― Hola amor ―soné casual―, ¿qué tal tu día?

Su sonrisa se extendió.

― Estuvo bien ―respondió a la vez que se inclinaba para besar mis labios―. ¿A qué se debe la reunión? ―bromeó al ver que estábamos en la cama.

― Ari tiene una cita ―Matt reveló con una gran sonrisa.

Los ojos de Edward y Ariel estaban puestos en mí.

Bien, tenía un hijo que no sabía quedarse callado y es capaz de revelar nuestra vida entera con solo una conversación.

¿Cómo íbamos a resolverlo?

― Aquí no hay citas hasta que tengas veinte ―gruñó mi marido.

― Papá ―protestó Ariel― por favor, déjame ir al cine.

― No ―masculló, dejando a Matt en la cama y él yendo hacia el baño.

Ariel seguía mirándome fijo, buscando mi ayuda.

― Irán a ver la película de la sirenita ―argumenté―. Ari necesita escuchar su nombre en la pantalla de cine.

Ariel se cubrió el rostro con ambas manos.

Cuando Edward salió del baño una de sus cejas estaba arqueada, y tenía una sonrisa en sus labios.

― Eres pésima mentirosa, Isabella ―murmuró él―. Y tú, Ariel, no irás a ninguna cita, aún no tienes edad para ello.

― Pero, papá…

― Nada, señorita. No es tiempo para andar en cines, los lugares oscuros no son apropiados para ti.

― ¿Yo si puedo ir? ―Matt emocionado se atrevió a preguntar.

Edward lo miró. Entonces su sonrisa se volvió ancha y socarrona.

¡Oh no! Sabía lo que venía. Y las palabras de Edward me dieron la razón:

― Podría dejarte ir con la condición de que Matt te acompañe ―él lo había dicho.

Mi hijo empezó a saltar en un pie y otro. Me encogí de hombros cuando Ari me vio.

― Edward, dale una oportunidad de que vaya sola ―comenté―. Ariel solo quiere salir con chicos de su edad.

― Me parece bien ―verbalizó―. Matt también quiere ir al cine, pueden ir ambos o no va ninguno.

― ¿Es tu última palabra? ―reté.

― Lo es.

.

.

― No puedo creer que hagas esto.

Edward deslizó sus palmas en mi redondo vientre y se inclinó dejando un beso en mis labios.

― Estoy cumpliendo mi labor de padre ―su sonrisa fue amplia―. Ya vuelvo.

Éxhale suavemente, apoyándome en el marco de la puerta. Vi cómo Matt y Ariel se subieron a la camioneta, uno más alegre que otro. Edward los llevaba a la función matiné de cine.

Habíamos logrado que mi esposo cediera un poco su celos de padre; Ariel obtuvo su cita con el chico, a cambio, había llevado a Matt con ella. Mi pequeño hijo no sabía que ahora era un chaperon.

La camioneta arrancó perdiéndose en la calle, entre algunos coches que avanzaban. Me distrajo el gato obeso y perezoso color negro que andaba maullando en la cochera.

Caminé hacia él. El animalito se escabulló entre algunos maceteros sin dejarse acariciar, fue cuando el sonido de un portazo llamó mi atención.

Mike descendió de un vehículo deportivo. No era el mismo que había visto, sino otro diferente y descapotable.

Automáticamente mi estómago se revolvió y un dolor leve se instaló en él.

― ¿Qué haces aquí?

― ¿Siempre estás de mal humor? ―Cuestionó burlón―. No pareces recién casada.

― Pondré una orden de restricción ―amenace―. No te quiero rondando mi casa.

Quitó sus gafas de sol y me observó con los ojos azules que poseía. Era un maldito engreído.

― No será necesario ―bufó, a la vez que flexionaba una de sus piernas. Con ese egocentrismo del que era heredero, echó un vistazo a mi hogar e hizo una mueca de asco―. He decidido retirarme. No tengo porqué fingir que deseo obtener algo, cuando realmente no me importa,

No era necesario procesar nada. Entendí a lo que se refería y, por ende me dolió el desprecio hacia mi hijo.

Levanté mi barbilla.

Mike solo demostraba una vez más que no merecía el amor de Matt bajo ninguna circunstancia.

»Lo que no entiendo ―añadió―. ¿Por qué te odia tanto tu suegra? Por más que pienso, no es normal que la mujer se haya tomado la molestia de buscar en tu pasado y sacar conclusiones sobre mí.

Abrí mi boca. Y no precisamente para defender a Esme ―aclaré mi garganta.

― ¿Ella te buscó? ―Indagué.

― Lo hizo. Me dijo que le dabas mala vida a…. ―dudó― Matt. Se atrevió a decir que eras una mujer de moral distraída ―rio―, fue gracioso escucharla. Es justo esas señoras que no se cansan de hablar mal de los demás.

― ¿Por qué volviste, Mike? Porque es obvio que Matthew nunca te ha importado.

― Antes, respondeme. ¿Por qué te odia?

― No lo sé.

― Debes saberlo ―insistió―. ¿Por qué la madre de tu marido no te quiere? Incluso parece que te odia y desea ahora mismo que desaparezcas del pueblo.

― No podemos caerle bien todos ―respondí―. Así cómo tampoco podemos obligar a nadie que se encargue de sus responsabilidades ―esa última frase fue un zarpazo para él.

Una sonrisa cínica se dibujó en sus labios.

― Nunca quise ser padre, Bella. Es algo que ni tú ni nadie me puede obligar, es mi elección no reconocerlo y también es respetable.

― Entonces, ¿qué haces aquí?

― Tuve un leve interés ―reconoció―. Después de que la señora Esme se comunicara conmigo, no sé, pensé que quizá podía conocer a… tu hijo. Pero no hay nada, ¿entiendes? No lo siento aquí ―llevó la mano a su pecho―. Yo no quise tenerlo nunca, no quise ser padre y no tengo interés en serlo.

Tragué el nudo en la garganta. Hace meses me hubiera puesto a llorar al escuchar el cinismo en su voz y la sinceridad de sus palabras. Por supuesto que dolía escucharlo, pero hoy, ya no laceraba su desprecio.

Comprendía que no todos los hombres habían nacido para ser padres. Y Mike era una prueba de ello.

― No te acerques más ―pedí cuando logré articular palabras―. Mi hijo no necesita sufrir el desprecio de nadie, no puedo permitirlo. Así que tampoco quiero a tu madre insistiendo, hacelo saber.

― Si fueras menos orgullosa ―espetó―. Hoy mismo tu hijo tendría la universidad asegurada, la herencia de papá puede ayudarle.

― No. No quiero nada de ustedes ―negué. No estaba dispuesta a que el día de mañana Matthew sufriera a causa de ellos―. Solo quiero que te vayas y no aparezcas más, no los quiero cerca de mi niño.

― Oye, ¿estás bien? ―dio un paso hacia mí―. Tranquilízate, estás temblando.

Tragué mi rabia. No era momento de explotar contra él, no merecía nada ni siquiera un insulto más.

― No me toques ―exigí.

Mike quedó con su mano en el aire, pero decidió no acercarse.

― Debes entender que éramos unos adolescentes, Bella. Ninguno de los dos quería un hijo, ¡no cuando teníamos quince años!

El dolor guardado dentro de mi pecho se derramó como lava ardiente. ¿Podía sentir tanto coraje por ese hombre? Probablemente sí.

― Eres tan hipócrita, Mike. ―Logré decir.

― Soy honesto. No puedo sentir ni una pizca de cariño, ¡créeme! Ese día que te pusiste mal, pensé que algo lograría sentir por él… no sé, un poco de empatía tal vez, pero no hay nada de ese niño que me llame. Es como si no fuera mío.

― Infeliz.

Alargué mi mano, estrellándola contra su mejilla derecha. Lo hice con la fuerza necesaria para que su cuerpo tambaleara.

Lo vi bufar. Soltó el aire por la boca mientras maldecía entre dientes.

― Mierda ―masculló, tocando su mejilla―. ¡Te juro que no te soporto! Te puedes ir al diablo tú y tu estúpido hijo, ¡mueranse!

Dio media vuelta y caminó algunos pasos antes de detenerse y girarse hacia mí. Su rostro estaba completamente enrojecido y sus ojos destellaban furia.

»Te juro que me encargaré de que tu hijo no toque un centavo de la herencia de mi padre ―sentenció―. Y no te preocupes, querida. Que a este estúpido pueblo no vuelvo a venir, ni aunque sepa que has muerto.

― ¡Lárgate de una vez! ―le grité.

― Has sido el peor error de mi vida, Bella. ¡Espero no saber nada de ti nunca! ―ladró.

― No me importa, porque por mucho que me odies y no me soportes, lo único bueno ha sido mi hijo. Así que tal vez debo darte las gracias, Mike Newton. Gracias por él.

Él sacudió la cabeza como si mis palabras le molestaran. De nuevo volvió a encaminarse a su coche.

»¡Aquí no haces falta! ―Grité―. Edward es el mejor papá que mi hijo puede tener, lo ama y es una pena que por ti no sienta nada.

El portazo fue ruidoso antes de arrancar y desaparecer. Esperaba con mi vida que fuera la última vez que lo miraba.

Los Newton eran parte de mi pasado. Una razón más porque alegrarme ―froté mi vientre y sonreí.

La vida me guardaba grandes sorpresas y yo me sentía lista para recibirlas.

No podía esperar más...


Hola. Mi intención en este capítulo es narrar que Mike nunca pudo sentirse padre ni llegó a tener o sentir un gramo de cariño por el niño, si él llegó ahí fue por Esme. Él se despide ya de la historia dejando a Bella y Matt en paz y prometiendo no volver. ¿Quieren otro? Haré lo posible por volver el miércoles.

Recuerden que los martes tenemos adelantos en el grupo de Élite, para imágenes alusivas y demás, saben que pueden unirse a mi grupo de Facebook.

Infinitas gracias por seguir conmigo, estamos a nada de cerrar esta historia. Les agradezco sus comentarios: Claryflynn98, Isis Janet, Gabby352, Jade HSos, NarMaVeg, Cary, Ary Cullen 85,Patito feo, miop, Diannita Robles, Elizabeth Marie Cullen, Pepita GY, Adriana Molina, Torrespera172, claudiasamaris88, Kasslpz, Daniela Masen, Flor McCarty-Cullen, jupy, dery 05, ALBANIDIA, Dulce Carolina, Adriu, PaolaValencia, Maryluna, NaNYs SANZ, Lizdayanna, Wenday14, francicullen, piligm, Ella Rose McCarty, Antonella Masen, saraipineda44, Noriitha, Maribel 1925, cocoa blizzard, mrs puff, Eli mMsen, Rosemarie28, sandy56, Cassandra Cantu, Lili Cullen-Swan, Car Cullen Stewart Pattinson, Sanveronica, rociolujan, y comentarios Guest

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