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Disclaimer: LAS TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le pertenece a Leo hasta el fin de los tiempos; tampoco gano dinero por escribir este fic porque escribo por puro gusto, mi única recompensa son sus invaluables reviews.
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OJO DE GATO
8. Sin escapatoria
Miguel Ángel salió a primera hora y fue con Abril para que ella le hiciera el favor de llevar a Klunk con el veterinario.
Regresó a su casa hasta la tarde, solo.
Cuando va subiendo a su habitación, Rafael lo llama.
-Miguel.- él tiene que detener sus tristes pasos -¿Qué dijo el doc? ¿Qué excusa dio Abril para que revisara a Klunk?
-Abril dijo que se peleó con otros gatos. El doc dijo que estará bien, que el golpe sólo le dejo un feo moretón y que no tiene huesos rotos; también dijo que tenía una fea cortada en su patita derecha, que debió cortarse con un vidrio roto o con alguna alambrada, como a los gatos les da por vagabundear debió cortarse; eso se me hizo raro, Klunk volvió nada más con mucho polvo en su pelo. El doc dijo que se quedaría una noche en observación.
-Qué bueno que no pasó a mayores.
-Sip.
Miguel Ángel sigue su camino, pero recuerda algo y regresa, va directo a la habitación de su Sensei.
-Sensei está en la cocina,- le dice Rafael -se está haciendo un té.
Miguel Ángel cambia de rumbo.
Su maestro está tomando té, como le dijo su hermano.
-Me alegra que hayas regresado, hijo.- se pone de pie para preparar otra taza -¿Cómo está Klunk?
-Bien.- toma un lugar en la mesa -Sólo fue el golpe, y también su patita derecha estaba herida, debió cortarse en alguna parte; se quedará una noche en la veterinaria.- Splinter le entrega la taza llena de té -Gracias.
-Bebe. Te ayudará a tranquilizarte.
Hace una cara de desagrado.
-Leo siempre me da leche fría con un poco de chocolate para alivianarme.
-El té también ayuda.
-Bueno.
Recuerda que cuando tiene que tomar una medicina desagradable, su hermano mayor le ha dicho que es mejor de un solo y rápido trago, así no sabe tan feo, y eso hace, se toma el té de un jalón.
-No me supo a nada.
-El té se toma a sorbos, hijo, debes olerlo y degustarlo, deleitarte con su aroma y sabor, tal cual un catador lo hace con el vino.
-Lo siento, se me pasó.
-Está bien hijo; independientemente de la forma que lo tomes, te va a ayudar.
-Quiero disculparme con usted por el rasguño que le hizo Klunk.- mira la incómoda gasa en la cara de su anciano padre, por su pelo es difícil ponerle siquiera una bandita en la herida, pero hasta eso, Leonardo se las ingenió para curarlo.
-No es tu culpa, Miguel Ángel, ni la de Klunk, son cosas que pasan sin que tengamos plenamente conciencia de ello.- Miguel Ángel frunce el seño, su maestro cree realmente que fue un impulso de Klunk -Algo similar sucedió con tu hermano Leonardo, que se enamoró sin proponérselo porque así es el amor en ciertas ocasiones, se presenta cuando ni siquiera lo estabas esperando.
Esto le levanta el ánimo un poco a Miguel Ángel, había olvidado el romance a escondidas que tiene su hermano.
-¿Ya le ha contado algo?
-No, me ha estado evitado, se excusa diciendo que está cansado, y le creo, no ha dormido bien; ya dos noches. Ahora está reposando.
-Que se le vaya el sueño es el primer síntoma del flechazo de cupido, el que sigue, es no tener hambre; pero Sensei, tiene que darle chance, su espacio, la oportunidad de pensar cómo le va a 'soltar la sopa'.
-Tus palabras tiene mucho sentido, hijo; justamente tendré que hacer eso.
-Y dice que leer cómics no es de ayuda.-sonríe.
Splinter sonríe, pero luego suspira.
Sí, es inevitable que los hijos crezcan y cambien. Sólo espera que su hijo Leonardo no le de tantas vueltas a su charla pendiente.
-Y Klunk… ¿tendré que regalarlo?- Miguel Ángel se había reanimado pero era inevitable la pregunta.
-No hijo.- Miguel Ángel suspira de alivio -Donatelo le hará algunas mejoras a la puerta de mi habitación para evitar que vuelva aparecer tan inesperadamente.
-Qué bien, y bueno… gracias por el té.- deja la taza en el lavabo y se retira.
Ahora sí, va a su habitación, para llegar a sentarse en el más aparado y oscuro rincón de su desordenada y atestada habitación.
"¡¿Por qué creen todos que es culpa de Klunk?! ¡Él no fue! ¡Él no fue! ¡Él me protegió de ese monstruo! Pero jamás creerán que ese monstruo, que me persigue en mis pesadillas, pudo escaparse de mis sueños. Nunca creen lo que digo. Nunca me toman en serio."
Recuerda, cuando niño, todas las veces que les dijo que había un monstruo debajo de su cama y no le creyeron; cuando se burlaron de él por contarles de un amigo que nada más el podía ver; la vez que juró haber visto a Santa Claus dejar los regalos… aunque realmente nunca le ha importado que no le crean y tampoco importaría esta vez si no tuviera…
Abraza con fuerza sus rodillas y oculta su cara queriendo llorar… ¡pero no debe hacerlo! ¡Ya no es un niño!
También recuerda las palabras de Rafael: ¡Eres un miedoso! ¡Eres un bebé!
El dolor se le clava en la garganta como su gatito debió clavarle sus garras en la cara de su maestro.
Es cierto, es un miedoso, tiene miedo… Sin Klunk, no hay nadie más que lo pueda protegerlo del monstruo que lo acecha en las noches. Él no tiene el poder para afrontarlo: no tiene la fuerza de Rafael; no tiene la inteligencia de Donatelo; no tiene el liderazgo de Leonardo. Sólo sabe ser bromista, desordenado, travieso, comelón, miedoso… es un niño.
Todos tienes razón, es un niño.
¡Es un niño!
¡Inmaduro!
¡Infantil!
¡Irresponsable!
"¡Sólo soy un niño!"
Incomprendido.
Incauto.
Indefenso.
Quiere llorar.
Quiere sacarse las garras de la angustia que lastiman su corazón y poder llorar, pero eso hacen los niños.
No puede llorar…
Aunque quisiera, no puede llorar por el efecto del té que le está ayudando a no abandonarse a la desesperación. Tuvo razón su padre, el té le ha ayudado a tranquilizarse.
Con serenidad, acepta que esta noche morirá.
-.-
Esta tarde-noche La Guarida está muy silenciosa, pero es una quietud no de paz, sino de luto, hay completa quietud y silencio como si alguien hubiera fallecido; nada de patinetas voladoras, ni caricaturas con la televisión a todo volumen, ni el crujido molesto de las papas fritas al ser devoradas; nada de estar importunado a los demás... Pero no todos se dan cuenta de este silencio de muerte.
-Definitivamente el cambio es bueno.- Donatelo murmura al alegrarse de que puede trabajar en su laboratorio sin tener que suplicar por algo de paz.
Es que, quien se encargaba de que no hubiera silencio en casa, aguarda pacientemente la llegada de la oscuridad.
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Comentarios, sugerencias, dudas, peticiones, aclaraciones, zapes, jitomatazos, abucheos, reclamos, ultimátums, etc., etc., son bienvenidos.
Gracias por leer mi fic y por tus reviews.
n.n
