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Disclaimer: LAS TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le pertenece a Leo hasta el fin de los tiempos; tampoco gano dinero por escribir este fic porque escribo por puro gusto, mi única recompensa son sus invaluables reviews.

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OJO DE GATO

9. Acorralado

En la veterinaria, Klunk está encerrado en una jaula, echado y triste, mirando al médico que va y viene atendiendo a otras mascotas.

Se lame su pata lastimada, aunque está vendada. Ya no le duele tanto.

Mira su plato con comida. No le apetece nada. ¿Quién puede tener hambre después de haber cometido tan grave falla? Sus ancestros deben estar muy avergonzados. ¡Vaya Guardián que ha resultado ser!

El día va transcurriendo muy lento, las horas pasan y pasan y el día no se acaba, las personas salen y entran de la pequeña veterinaria; traen o se llevan sus mascotas enfermas o heridas.

Klunk pone atención en las personas: a pesar del problemita por el que pasan ellas y sus mascotas, todos se ven que son felices. Él también lo ha sido. Desde que su amo lo recogió de la calle en ese invierno, ha sido feliz: tiene comida abundante, juega con su amo, incluso con sus hermanos, bueno, con el de la bandana morada quizás no mucho porque siempre está trabajando en algo; con el de bandana roja sí pero sólo acepta jugar cuando ha tenido su atención y debe correr, es lo que más juegan, a las carreritas; y con Splinter no juega, pero se la pasa bien echado sobre sus rodillas y lo acaricia. Ha sido muy feliz.

El día va transcurriendo muy lento, le parece que es mejor así, Klunk no quiere que llegue la noche.

Sí, ha sido muy feliz, y vaya manera de agradecerle a su amo, dejándolo solo esa noche. Si le sucede algo será por su culpa… ¡estaba tan ansioso por atrapar a esa cosa!, ansioso por demostrar que era buen Guardián, que no se dio cuenta que era una trampa: lo llevó a la habitación del padre de su amo, y justo cuando saltó para atrapar a la creatura, ésta se hizo a un lado y cayó en la cara de la anciana rata.

Unos pasos se acercan a la jaula en la que está Klunk.

-No ha comido nada.- dice el veterinario al observar el plato lleno de comida del gatito -Está muy triste. Creo que tendrá que quedarse un día más. Si ha perdido el apetito, eso puede indicar… - se aleja, hablando consigo mismo.

Klunk continúa con sus orejas agachadas.

Es increíble que hayan creído que él atacó intencionalmente a Splinter, pero no los culpa, ellos no tienen idea de que en el mundo hay otros seres aparte de los humanos y ellos; tampoco los culpa por no saber que su amo aún conserva esa naturaleza que muchos pierden conforme crecen y que es lo que busca esa creatura (por eso busca a niños solamente porque su esencia es exquisita a diferencia de la que poseen los adultos), y que por lo voraz que es el monstruo puede arrebatársela toda la que posee y matarlo, y él, sencillamente, tiene que resignarse a perder a su amo.

La noche por fin llega, pero ella desciende muy ávida por cubrir pronto de oscuridad el infinito cielo.

Muy rápidamente las estrellas comienzan a emerger y brillar, no de una en una, sino que aparecen como centenares de chispas que un fuego artificial deja al estallar, pero estas no desaparecen, sino que quedan prendidas del cielo, aunque ellas no pueden destellar tanto como un fuego artificial, y tiene que conformarse con lanzar un leve destello, tan pequeño como la esperanza que hay en el corazón de Klunk.

Regresa el veterinario con una inyección que tiene una descomunal aguja, o eso le parece al gatito, pero ni así se mueve.

El médico extrae a Klunk de la jaula y lo pone sobre la mesa para aplicarle la inyección.

-Con esta solución debe recuperarse… ¡AH!

Lo muerde para obligarlo a soltarlo y salta de la mesa.

-¡Hey! ¡Ven acá!

Corre a la puerta pero está cerrada. Está acorralado.

-Tenía un aspecto bastante enfermizo…

Estira una mano para agarrarlo

Klunk se repliega cuanto puede al armario que está junto a la puerta, en eso, ésta es abierta desde fuera

-¡Aaau!

Y golpea al veterinario en la cabeza.

-¡Oh Dios! ¡Lo lamento…!-

Se disculpa una señora que trae a su perro chihuahua a consulta, pero Klunk no se queda a oír cómo acaba la charla, huye.

¡Corre!

¡Corre!

¡Corre!

¡Estás a tiempo! ¡Media Noche aún no sale a dar su acostumbrado paseo!

¡Estás a tiempo de salvarlo!

Klunk casi vuela por las calles atestadas de gente que no le presta la más mínima atención. No prestan la mínima atención. Los humanos son ciegos a las creaturas que han sobrevivido a pesar que ellos invadieron su hogar; al destruir los bosques, exterminaron a un gran número de creaturas, no solo naturales, sino también a las fantásticas y mágicas. Las pocas creaturas que sobrevivieron (las pequeñas, porque las mayores tuvieron que huir a un enigmático lugar) han conseguido adaptarse a ese mundo de ruido, smog y concreto.

Klunk corre por las calles y después por un callejón, a su paso ve fugazmente a un Hada de alas plateadas que husmea en una bolsa de palomitas y que en cuanto ella lo ve, sabe el por qué de la apuración del gatito.

-¡Corre! ¡Corre! ¡Estás a tiempo de salvarlo!

No puede volverse y agradecer el apoyo, tiene mucha prisa.

La Oscuridad recorre los cielos mucho más rápido de lo que el gatito puede correr, pero aún no llega Media Noche.

-¡Corre! ¡Corre! ¡Estás a tiempo de salvarlo!

Le grita un Gnomo de debajo de un frondoso árbol cuando cruza un pequeño parque.

Pasa el parque, y tiene que atravesar una calle, no espera a que la luz del semáforo cambie a roja, tiene suerte, no hay mucho tránsito y con su agilidad evita ser atropellado.

-¡Corre! ¡Estás a tiempo de salvarlo!

Le grita un llamativo Alebrije desde una ventana al llegar a la calle en la que vive Abril (hubiera entrado al alcantarillado desde la veterinaria, pero no sabe el camino de regreso desde ahí, y tuvo que regresar donde vive Abril).

Corre hacia la rendija que hay en la banqueta y por la que se va el agua de la calle cuando llueve, pero justo cuando está por meterse, un perro enorme y de color negro aparece repentinamente interponiéndose en su camino, y aunque Klunk no duda ni un segundo en maullar amenazante, el perro, con un tremendo ladrido, lo obliga a irse por otro lado; el perro callejero lo persigue y lo obliga a ir al callejón y esconderse detrás de un contenedor de basura; el perro ladra y ladra y rasguña furioso el piso porque no puede alcanzarlo, pero Klunk no tiene a donde ir. Está acorralado.

Sale un señor regordete de su casa y camina con trabajo al contenedor.

-¡Eh! ¡Perro sarnoso! ¡Lárgate!

El perro no se ahuyenta con la amenaza del tipo.

Sus ensordecedores ladridos lo sacan de quicio.

-¡Qué te largues!

Le da una fuerte patada con su grueso pie.

El animal, flaco y débil, fácilmente es lanzado lejos. Se va aullando de dolor.

Klunk aprovecha y sale de su escondite, pero el señor, de voluminoso cuerpo, lo ve.

-¡Otra sarnosa alimaña!

Y lo golpea.

Una gama de colores envuelven a Klunk: el negro, frío y atemorizante; el rojo, doloroso y penetrante…

El señor obeso toma el inerte cuerpecito peludo y lo arroja dentro del contenedor y luego sus propios desperdicios.

-Hay que poner la basura en su lugar.

… el color blanco, cálido y confortante, y una voz susurrante: Klunk.

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Comentarios, sugerencias, dudas, peticiones, aclaraciones, zapes, jitomatazos, abucheos, reclamos, ultimátums, etc., etc., son bienvenidos.

Gracias por leer mi fic y por tus reviews.

n.n