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Disclaimer: LAS TORTUGAS NINJA no me pertenecen, es mi corazón el que le pertenece a Leo hasta el fin de los tiempos; tampoco gano dinero por escribir este fic porque escribo por puro gusto, mi única recompensa son sus invaluables reviews.

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OJO DE GATO

10. El miedo tiene forma de bozal

-Vamos Leo.- Rafael presiona; las cuatro tortugas están en su habitual ronda -¿Cuándo fregados nos vas a contar de tu noviecita?

No le responde. Está mirando atento desde las alturas.

-Deja de insistirle, Rafa.- Donatelo sale en defensa de su hermano.

-Es que es divertido.

-¿Más divertido que patear traseros?

-La verdad, es que sí.

-Qué inmaduro eres.

-Oigan, tenemos trabajo que hacer.- es Leonardo que les señala a los demás hacia el oscuro callejón.

Se le acerca Rafael.

-Después de ti. No quiero perderte de vista, y que en una de esas, te escapes a ver a tu noviecita.

Leonardo lo mira con fastidio. Ha estado molestándolo con lo mismo desde que puso un pie fuera de casa. Hasta ahora, no lo ha sacado de quicio, pero tampoco lo ha dejado solo como para poder hablar seriamente con Miguel Ángel, que ha estado muy callado, demasiado callado. No cree que esté así por su gatito, en parte tal vez; está triste por lo sucedió anoche, pero sabe que es algo más.

Sin otra alternativa, se lanza al vacío, hacia su siguiente misión. Sus hermanos lo siguen.

El resto de la noche pasa normalmente; no se topan con más que ladrones de baja categoría. Todos se desempeñaron bastante bien en las peleas, lo que les concede una felicitación de parte de su líder.

-Prefiero de premio, que me digas cómo se llama tu noviecita.- Rafael continúa con el asedio.

Leonardo suspira de cansancio.

-Lotus.- suelta de repente, y sube a El Acorazado.

-Nah, no te creo. Sólo lo dijiste por decir algo.- y también sube.

-A mí me parece un bonito nombre.- dice Donatelo que ya está al volante; pone en marcha su amado armatoste -Es el símbolo universal de la revelación espiritual por excelencia.

-Ahora comprenden que- anima Leonardo a la plática -para meditar, asumimos la posición en Flor de Loto.

-Doni…- dice Rafael temiendo que Donatelo se enfrasque en una divagación.

-La flor del loto es uno de los más antiguos y profundos símbolos de nuestro planeta. El loto simboliza la pureza del corazón y de la mente, y representa longevidad, salud, honor y buena fortuna…

-Tierra llamando a Donatelo…

-El símbolo de la Flor del Loto era denominado Sesen en la lengua egipcia. En su mitología, es un símbolo del sol, de la creación y del renacimiento.

-¡Donatelo, salte de esa divagación!

-En el Este, la flor del loto es vista como un símbolo de revelación espiritual, porque el loto tiene sus raíces en el fango, mas al crecer hacia arriba, aspirando llegar a la luz, sus pétalos se abren convirtiéndose en una hermosa flor. Om Mani Padme Hum, el mantra sagrado de los tibetanos que significa: "se aclama a la Joya en el Loto", ¿o me equivoco, Leo?

-Estás en lo correcto hermano. Continúa.

-Gracias.

-¡Yo no quiero que le siga!

Demasiado tarde.

-La alternativa Cristiana del loto, es el lirio blanco, relacionado a María como reina de los cielos, y que significa tanto fertilidad como pureza. Tradicionalmente, el Arcángel Gabriel lleva a la Virgen María el lirio de la Anunciación. "Benditos son los puros de corazón", dice Jesús, "pues ellos verán a Dios". Las enseñanzas del maestro de Galilea, y las de los más importantes yoghis de la India, han sido confeccionadas con la misma tela de auto realización…

-Doni… Doni… ¡Donatelo!

Leonardo ríe muy disimuladamente. Cuando le dan cuerda, Donatelo puede hablar por horas; así Rafael no lo estará molestando.

Está feliz, Miguel Ángel está feliz de ver pelear a sus hermanos como siempre lo hacen.

Cómo le gustaría seguir siendo parte de la familia, pero no puede dominar su miedo a lo que está por enfrentar, pero entonces, voltea al oír a su hermano mayor decir algo.

Quise descansar,

pero el suelo no dejaba de latir.

Quise alzarme en pie,

pero el cielo me oprimía con su pulgar.

Quise respirar,

pero tenía sangre en la nariz.

Quise sonreír,

pero el miedo tiene forma de bozal.

Miguel Ángel abre la boca, quiere preguntar qué fue exactamente lo que dijo, pero calla.

Leonardo espera a que se anime a hablarle, pero Miguel Ángel no habla, no puede hablar porque el miedo tiene forma de bozal.

-.-

Su hogar todo está en penumbras, y su habitación casi también; ha dejado encendida la lamparita de noche.

Esta vez, su habitación también está sumida en la oscuridad; -Vamos Leo.- dice Rafael (las cuatro tortugas están en su habitual ronda) -¿Cuándo fregados nos vas a contar de tu noviecita?

No le responde. Está mirando atento desde las alturas.

-Deja de insistirle, Rafa.- Donatelo sale en defensa de su hermano.

-Es que es divertido.

-¿Más divertido que patear traseros?

-La verdad, es que sí.

-Qué inmaduro eres.

-Oigan, tenemos trabajo que hacer.- es Leonardo que les señala a los demás hacia el oscuro callejón.

Se le acerca Rafael.

-Después de ti. No quiero perderte de vista, y que en una de esas, te escapes a ver tu noviecita.

Leonardo lo mira con fastidio. Ha estado molestándolo con lo mismo desde que puso un pie fuera de casa. Hasta ahora, no lo ha sacado de quicio, pero tampoco lo ha dejado solo como para poder hablar seriamente con Miguel Ángel, que ha estado muy callado, demasiado callado. No cree que esté así por su gatito, en parte tal vez; está triste por lo sucedió anoche, pero sabe que es algo más.

Sin otra alternativa, se lanza al vacío, hacia su siguiente misión. Sus hermanos lo siguen.

El resto de la noche pasa normalmente; no se topan con más que ladrones de baja categoría. Todos se desempeñaron bastante bien en las peleas, lo que les concede una felicitación de parte de su líder.

-Prefiero de premio, que me digas cómo se llama tu noviecita.- Rafael insiste.

Leonardo suspira de cansancio.

-Lotus.- suelta de repente, y sube a El Acorazado.

-Nah, no te creo. Sólo lo dijiste por decir algo.- y también sube.

-A mí me parece un bonito nombre.- dice Donatelo que ya está al volante; pone en marcha su amado armatoste -Es el símbolo universal de la revelación espiritual por excelencia.

-Ahora comprenden que- anima Leonardo la plática -para meditar, asumimos la posición en Flor de Loto.

-Doni…- dice Rafael temiendo que Donatelo se enfrasque en una divagación.

-La flor del loto es uno de los más antiguos y profundos símbolos de nuestro planeta. El loto simboliza la pureza del corazón y de la mente, y representa longevidad, salud, honor y buena fortuna…

-Tierra llamando a Donatelo…

-El símbolo de la Flor del Loto era denominado Sesen en la lengua egipcia. En su mitología, es un símbolo del sol, de la creación y del renacimiento.

-¡Donatelo, salte de esa divagación!

-En el Este, la flor del loto es vista como un símbolo de revelación espiritual, porque el loto tiene sus raíces en el fango, mas al crecer hacia arriba, aspirando llegar a la luz, sus pétalos se abren convirtiéndose en una hermosa flor. Om Mani Padme Hum, el mantra sagrado de los tibetanos significa: "se aclama a la Joya en el Loto", ¿o me equivoco, Leo?

-Estás en lo correcto hermano. Continúa.

-Gracias.

-¡Yo no quiero que le siga!

Demasiado tarde.

-La alternativa Cristiana del loto, es el lirio blanco, relacionado a María como reina de los cielos, y que significa tanto fertilidad como pureza. Tradicionalmente, el Arcángel Gabriel lleva a la Virgen María el lirio de la Anunciación. "Benditos son los puros de corazón", dice Jesús, "pues ellos verán a Dios". Las enseñanzas del Maestro de Galilea, y las de los más importantes yoghis de la India, han sido confeccionadas con la misma tela de auto realización…

-Doni… Doni… ¡Donatelo!

Leonardo ríe muy disimuladamente. Cuando le dan cuerda, Donatelo puede hablar por horas; así Rafael no lo estará molestando.

Está feliz, Miguel Ángel está feliz de ver pelear a sus hermanos como siempre lo hacen.

Cómo le gustaría seguir siendo parte de la familia, pero no puede dominar su miedo a lo que está por enfrentar, pero entonces voltea al oír a su hermano mayor decir algo.

Quise descansar,

pero el suelo no dejaba de latir.

Quise alzarme en pie,

pero el cielo me oprimía con su pulgar.

Quise respirar,

pero tenía sangre en la nariz.

Quise sonreír,

pero el miedo tiene forma de bozal.

Miguel Ángel abre la boca, quiere preguntar qué fue exactamente lo que dijo, pero calla.

Leonardo espera a que se anime a hablarle, pero Miguel Ángel no habla, no puede hablar porque el miedo tiene forma de bozal.

-.-

Su hogar todo está en penumbras, y su habitación casi también; ha dejado encendida la lamparita de noche.

Miguel Ángel está recostado en su cama esperando nerviosamente a que llegue la fatalidad.

Está vez implora por hallar el valor para enfrentar al monstruo que se ha escapado de su mundo de pesadillas.

¿Pero cómo te armas de valor?

¿Cómo lo hallas?

¿Te es concedido por gracia divina?

Sabes pelear, sabes defenderte, pero eso no te ha ayudado en nada para enfrentarte a tus pesadillas.

Entonces, ¿cómo te haces valiente?

¿Cómo?

Pasan los minutos, pasa una hora, dos, tres… y no encuentra la respuesta y no hay a quién preguntarle.

La inquietud en su corazón se va apaciguando lentamente gracias al cansancio que le causaron las peleas. Quisiera permanecer despierto y enfrentar al monstruo cara a cara, debe cobrarse el haber echado la culpa de sus fechorías a Klunk, al menos desea poder cobrársela... pero el agotamiento lo obliga a cerrar los parpados…

Va sintiendo cómo sus ojos se cierran y cómo su cuerpo va siendo arrastrado hacia las tinieblas.

Piensa en su gatito. En ese mundo de sueño quiere luchar. Comienza a luchar. Piensa en Klunk y una pequeña llama en su corazón se enciende.

¡¿Cómo te atreviste a lastimar a mi gatito?! Grita a las tinieblas que lo rodean, pero la nada no le da la respuesta.

Está por gritarle de nuevo con todo su coraje a esas tinieblas, cuando siente que el falta el aire.

Abre los ojos. Apenas estaba quedándose dormido, cuando empezó a sentir que se ahoga.

Él está boca arriba, y sobre su tórax ahí está.

¡Ahí está!

Por la débil luz de la lámpara, puede ver a un pequeño monstruo cómodamente sobre su pecho y que tiene muy cerca de su cara.

Le sonríe.

¡Es grotesco! Su enorme nariz puntiaguda y grasienta, sus diminutos y malévolos ojos, sus dientes filosos y podridos…

Con tener tan cerca tan horripilante monstruo, se ha llevado el susto de su vida, y gritaría por su vida, pero se ahoga, algo está haciendo el monstruo que lo está asfixiando.

Lo que hace el monstruo es robarle su aliento, por eso Miguel Ángel no puede respirar.

El monstruo inspira, jala de la boca de la tortuga su dulce y tibio aliento. Una ligera nubecita blanca abandona su cuerpo.

La tortuga se ahoga.

El monstruo vuelve a inspirar.

La tortuga se ahoga.

¡Vete!

¡Vete!

¡Vete!

Su mente grita de terror, pero su cuerpo se ha paralizado. Con sus ojos desorbitados, mira que la grotesca boca se retuerce en una maligna sonrisa, y que esos ojos destellan victoriosos, como si dijeran: "Eres mío. No hay nadie que pueda auxiliarte".

De nuevo el monstruo le roba el aliento a Miguel Ángel, pero esta vez la inspiración es más honda, le roba el aliento en mayor cantidad.

Miguel Ángel siente un fuerte mareo, como si estuviera en el juego mecánico de las tazas giratorias, su cabeza gira y gira y gira.

El monstruo le roba más de su dulce y delicioso aliento.

Su cabeza gira más violentamente, pero no es como en las tazas giratorias, esto no es nada divertido.

Abre su boca para pedir ayuda, pero las tiniebla son mucho más fuertes que él. La luz de la lamparita se está opacando, todo a su alrededor está poniendo negro. Está siendo arrastrado a las tinieblas, no de las pesadillas, sino a las tinieblas de la muerte.

El monstruo se relame sus gruesos labios, ha sido la comida más suculenta que haya tenido en su larga existencia.

Se prepara para el último y más grande bocado, pero de repente, recibe un fuerte golpe y cae al suelo. Rápido se incorpora y ya tiene en frente a un gato que no tarda en lanzarle un zarpazo, que evita. Corre hacia el armario.

Ya que puede tomar aire libremente, Miguel Ángel tose para poder volver a respirar, con dificultad, pero consigue llenar sus pulmones con el vital aire. Sin dejar de toser, consigue voltearse de lado y ver cómo Klunk persigue al monstruo, aunque cojea. Quiere llamarlo, pero su garganta la siente muy reseca, incluso arde, como si hubiera comido pedazos de vidrio en vez de un esponjoso pastel de chocolate.

El monstruito se topa con la pared reparada. Gruñe, maldice su mala memoria. Tiene que girarse rápido porque el gatito le lanza zarpazos que logra bloquear con su espada; va retrocediendo y protegiéndose de las garras del felino hasta que deja el armario y echa a correr. Klunk lo persigue, pero no es tan ágil como la noche anterior; de esto se da cuenta el monstruo y se detiene para hacerle caras y gestos, en cuanto Klunk casi lo alcanza, y corre de nuevo, va a la puerta, de ahí se regresa y de un salto cae sobre la patineta de Miguel Ángel, y por el impulso, se desliza por la habitación: pasa por debajo de la cama, sale (Klunk apenas si lo puede seguir), luego consigue dar una curva y rodea al gatito confundiéndolo momentáneamente, pero entonces, Klunk brinca sobre la patineta y lanza al feo ser como catapulta directo a la cama de Miguel Ángel, Klunk de inmediato trepa por las sabanas, apenas si tiene fuerza para hacerlo, el monstruo lo ve desde la orilla haciéndole burla (Miguel Ángel ve con un miedo indescriptible a la cosa esa), hasta que Klunk consigue subir, el monstruo corre por la cama y pasa sacándole su viscosa lengua a Miguel Ángel; luego salta y Klunk también, pero al caer, se lastima más su patita, y aun así, intenta seguirlo; el monstruo llega a una pared, parece que está ha acorralado, pero Klunk ya no corre, cojea con mucha dificultad, el dolor se está haciendo insoportable; el monstruo regresa, encara al gatito con total desenfado, estando frente a él, hace un sonido de desaprobación, como algo que diría Rafael: ni me serviste para el arranque.

Saca su espada.

Miguel Ángel cierra los ojos, no quiere ver cómo va a morir Klunk. Por más que quisiera, no puede moverse, sea lo que sea que le haya hecho el monstruo, no puede moverse… ¡No puede hacer nada para evitar que Klunk muera! ¡Morirá su amigo!

¿O será el miedo que es lo que lo ha paralizado?

Un leve maullido lo obliga abrir los ojos.

Ve mucha sangre

La cosa esa no lo ha matado a Klunk al instante, ha hecho un feo corte en la otra pata del gatito.

Y de nueva cuenta tiene en alto la espada.

¡Va a destajarlo vivo!

Miguel Ángel vuelve a cerrar los ojos.

Las lágrimas empiezan a correr por su cara.

¡¿Pero qué estás haciendo?!

¡Tengo miedo!

Grita el alma de Miguel Ángel (ya que su garganta está reseca).

¡¿Vas a quedarte temblando de miedo mientras muere tu amigo?!

¡Ya no quiero tener miedo!

Haciendo a un lado su temor, con una mano trémula, le lanza la linterna, pero no da en el blanco.

El monstruo voltea y gruñe, dice algo en una lengua extraña, pero de nuevo enfoca su atención en el guardián del chico, preparado a lastimarlo más profundamente y darle una muerte lenta, muy lenta.

Miguel Ángel le lanza la almohada, pero falla, da contra un estante lleno de cosas apiladas de mala manera.

El monstruo se ríe por la mala puntería del chico, pero el gusto le dura poco… El estante que golpeó la almohada se tambalea, y por el peso del desorden que sostiene, cae sobre Klunk y él.

-¡No!- Miguel Ángel por fin puede hablar, aunque en un susurro.

Se pone de pie tan rápido como puede. Tambaleante, se arrodilla junto al tumulto de cosas buscando a su mascota.

-¡Klunk!

Pero quien le contesta es un áspero gruñido. El monstruo sale fácilmente de los escombro y camina hacia Miguel Ángel profiriendo maldiciones en su extraña lengua; la tortuga palidece, pero se repone enseguida, levanta su mano y cierra su puño con sus dedos entumecidos de miedo dispuesto a defender a Klunk, pero justo en ese momento, suena un…

¡Plof!

Algo pesado cayó sobre la creatura.

Lo único que ve la tortuga, es un humo fétido evaporándose de debajo de una pesa de Rafael que le pidió "prestada" hace días, y que le ha reclamado desde hace días que se la regresara. No muy seguro de qué acaba de pasar, Miguel Ángel sigue buscando a su mascota hasta que la halla. La toma en sus brazos.

-Klunk.

El gatito le maúlla muy quedo.

La tortuga se pone en pie, toma su sábana y envuelve con ella al gatito, y lo deja en su cama, con cuidado.

El gatito ya no maúlla, está muy mal herido.

Tan preocupado está Miguel Ángel, que no se da cuenta de una sombra que está en el umbral de su habitación.

Miguel Ángel se apresura a bajar a la enfermería para trae el botiquín, un tanto tambaleante, pero se topa con la sombra; se sobresalta, pero se da cuenta de quién es.

Leonardo le entrega el botiquín, lo recibe y va prisa para curar a Klunk.

Leonardo se marcha, pero se detiene a mirar la mancha repulsiva que hay bajo la pesa. Ya estaba profundamente dormido, cuando un sobresalto lo despertó, fue directo a la habitación de Miguel Ángel; no creía que lo vio: un asqueroso monstruo estaba robándole el aliento a su hermano, lo estaba matando… pero no hizo nada, su hermano nunca le pidió su ayuda, no debía hacer nada; con rabia e impotencia, estaba viendo morir a su hermano… Afortunadamente llegó Klunk, que ni reparó en él, y entró tan rápido como sus fuerzas se lo permitieron, pero estaba herido, más de lo que estaba anoche…

Pasado el susto, regresa a su habitación a descansar. Se tiende boca abajo sobre su cama.

Ahora entiende que su hermano no le haya dicho nada; debió pensar que no le creería.

-Tonto.- susurra.

Pasa otra noche sin dormir.

está recostado en su cama esperando nerviosamente a que llegue la fatalidad.

Está vez implora por hallar el valor para enfrentar al monstruo que se ha escapado de su mundo de pesadillas.

¿Pero cómo te armas de valor?

¿Cómo lo hallas?

¿Te es concedido por gracia divina?

Sabes pelear, sabes defenderte, pero eso no te ha ayudado en nada para enfrentarte a tus pesadillas.

¿Entonces cómo te haces valiente?

¿Cómo?

Pasan los minutos, pasa una hora, dos, tres… y no encuentra la respuesta y no hay a quién preguntarle.

La inquietud en su corazón se va apaciguando lentamente gracias al cansancio que le causaron las peleas. Quisiera permanecer despierto y enfrentar al monstruo cara a cara, debe cobrarse el haber echado la culpa de sus fechorías a Klunk, al menos desea poder cobrársela... pero el agotamiento lo obliga a cerrar los parpados….

Va sintiendo cómo sus ojos se cierran y cómo su cuerpo va siendo arrastrado hacia las tinieblas.

Piensa en su gatito. En ese mundo de sueño quiere luchar. Comienza a luchar. Piensa en Klunk y una pequeña llama en su corazón se enciende.

¡¿Cómo te atreviste a lastimar a mi gatito?! Grita a las tinieblas que lo rodean, pero la nada le da la respuesta.

Está por gritarle de nuevo con todo su coraje a esas tinieblas, cuando siente que el falta el aire.

Abre los ojos. Apenas estaba quedándose dormido, cuando empezó a sentir que se ahoga.

Él está boca arriba, y sobre su tórax ahí está.

¡Ahí está!

Por la débil luz de la lámpara, puede ver a un pequeño monstruo cómodamente sobre su pecho y que tiene muy cerca de su cara.

Le sonríe.

¡Es grotesco! Su enorme nariz puntiaguda y grasienta, sus diminutos y malévolos ojos, sus dientes filosos y podridos…

Con tener tan cerca tan horripilante monstruo, se ha llevado el susto de su vida, y gritaría por su vida, pero se ahoga, algo está haciendo el monstruo que lo está asfixiando.

Lo que hace el monstruo es robarle su aliento, por eso Miguel Ángel no puede respirar.

El monstruo inspira, jala de la boca de la tortuga su dulce y tibio aliento. Una ligera nubecita blanca abandona su cuerpo.

La tortuga se ahoga.

El monstruo vuelve a inspirar.

La tortuga se ahoga.

¡Vete!

¡Vete!

¡Vete!

Su mente grita de terror, pero su cuerpo se ha paralizado. Con sus ojos desorbitados, mira que la grotesca boca se retuerce en una maligna sonrisa, y que esos ojos destellan victoriosos, como si dijeran: "Eres mío. No hay nadie que pueda auxiliarte".

De nuevo el monstruo le roba el aliento a Miguel Ángel, pero esta vez la inspiración es más honda, le roba el aliento en mayor cantidad.

Miguel Ángel siente un fuerte mareo, como si estuviera en el juego mecánico de las tazas giratorias, su cabeza gira y gira y gira.

El monstruo le roba más de su dulce y delicioso aliento.

Su cabeza gira más violentamente, pero no es como en las tazas giratorias, esto no es nada divertido.

Abre su boca para pedir ayuda, pero las tiniebla son mucho más fuertes que él. La luz de la lamparita se está opacando, todo a su alrededor está poniendo negro. Está siendo arrastrado a las tinieblas, no de las pesadillas, sino a las tinieblas de la muerte.

El monstruo se relame sus gruesos labios, ha sido la comida más suculenta que haya tenido en su larga existencia.

Se prepara para el último y más grande bocado, pero de repente, recibe un fuerte golpe y cae al suelo. Rápido se incorpora y ya tiene en frente a un gato que no tarda en lanzarle un zarpazo, que evita. Corre hacia el armario.

Ya que puede tomar aire libremente, Miguel Ángel tose para poder volver a respirar, con dificultad, pero consigue llenar sus pulmones con el vital aire. Sin dejar de toser, consigue voltearse de lado, y ver cómo Klunk persigue al monstruo, aunque cojea. Quiere llamarlo, pero su garganta la siente muy reseca, incluso arde, como si hubiera comido pedazos de vidrio en vez de un esponjoso pastel de chocolate.

El monstruito se topa con la pared reparada. Gruñe, maldice su mala memoria. Tiene que girarse rápido porque el gatito le lanza zarpazos que logra bloquear con su espada; va retrocediendo y protegiéndose de las garras del felino hasta que deja el armario y echa a correr. Klunk lo persigue, pero no es tan ágil como la noche anterior; de esto se da cuenta el monstruo y se detiene para hacerle caras y gestos, en cuanto Klunk casi lo alcanza, y corre de nuevo, va a la puerta, de ahí se regresa y de un salto cae sobre la patineta de Miguel Ángel, y por el impulso, se desliza por la habitación: pasa por debajo de la cama, sale (Klunk apenas si lo puede seguir), luego consigue dar una curva y rodea al gatito confundiéndolo momentáneamente, pero entonces, Klunk brinca sobre la patineta y lanza al feo ser como catapulta directo a la cama de Miguel Ángel, Klunk de inmediato trepa por las sabanas, apenas si tiene fuerza para hacerlo, el monstruo lo ve desde la orilla haciéndole burla (Miguel Ángel ve con un miedo indescriptible a la cosa esa), hasta que Klunk consigue subir, el monstruo corre por la cama y pasa sacándole su viscosa lengua a Miguel Ángel; luego salta y Klunk también, pero al caer, se lastima más su patita, y aun así, intenta seguirlo; el monstruo llega a una pared, parece que está ha acorralado, pero Klunk ya no corre, cojea con mucha dificultad, el dolor se está haciendo insoportable; el monstruo regresa, encara al gatito con total desenfado, estando frente a él, hace un sonido de desaprobación, como algo que diría Rafael: ni me serviste para el arranque.

Saca su espada.

Miguel Ángel cierra los ojos, no quiere ver como va a morir Klunk. Por más que quisiera, no puede moverse, sea lo que sea que le haya hecho el monstruo, no puede moverse, ¡no puede hacer nada para evitar que Klunk muera, morirá su amigo!

¿O será el miedo que es lo que lo ha paralizado?

Un leve maullido lo obliga abrir los ojos.

Ve mucha sangre

La cosa esa no lo ha matado a Klunk al instante, ha hecho un feo corte en la otra pata del gatito.

Y de nueva cuenta tiene en alto la espada.

¡Va a destajarlo vivo!

Miguel Ángel vuelve a cerrar los ojos.

Las lágrimas empiezan a correr por su cara.

¡¿Pero en que está haciendo?!

¡Tengo miedo!

Grita el alma de Miguel Ángel (ya que su garganta está reseca).

¡¿Vas a quedarte temblando de miedo mientras muere tu amigo?!

¡Ya no quiero tener miedo!

Haciendo a un lado su temor, con una mano trémula, le lanza la linterna, pero no da en el blanco.

El monstruo voltea y gruñe, dice algo en una lengua extraña, pero de nuevo enfoca su atención en el guardián del chico, preparado a lastimarlo más profundamente y darle una muerte lenta, muy lenta.

Miguel Ángel le lanza la almohada, pero falla, da contra un estante lleno de cosas apiladas de mala manera.

El monstruo se ríe por la mala puntería del chico, pero el gusto le dura poco, el estante que golpeó la almohada se tambalea y por el peso del desorden que sostiene cae sobre Klunk y él.

-¡No!- Miguel Ángel por fin puede hablar, aunque en un susurro.

Se pone de pie tan rápido como puede. Tambaleante, se arrodilla junto al tumulto de cosas buscando a su mascota.

-¡Klunk!

Pero quien le contesta es un áspero gruñido. El monstruo sale fácilmente de los escombro y camina hacia Miguel Ángel profiriendo maldiciones en su extraña lengua; la tortuga palidece, pero se repone enseguida, levanta su mano y cierra su puño con sus dedos entumecidos de miedo dispuesto a defender a Klunk, pero justo en ese momento suena un…

¡Plof!

Algo pesado cayó sobre la creatura.

Lo único que ve la tortuga, es un humo fétido evaporándose de debajo de una pesa de Rafael que le pidió "prestada" hace días, y que le ha reclamado desde hace días que se la regresara. No muy seguro de que acaba de pasar, Miguel Ángel sigue buscando a su mascota hasta que la halla. La toma en sus brazos.

-Klunk.

El gatito le maúlla muy quedo.

La tortuga se pone en pie, toma su sabana y envuelve con ella al gatito, y lo deja en su cama, con cuidado.

El gatito ya no maúlla, está muy mal herido.

Tan preocupado está Miguel Ángel, que no se da cuenta de una sombra que está en el umbral de esa habitación.

Miguel Ángel se apresura a bajar a la enfermería para trae el botiquín, un tanto tambaleante, pero se topa con la sombra; se sobresalta, pero se da cuenta de quién es.

Leonardo le entrega el botiquín, lo recibe y va prisa para curar a Klunk.

Leonardo se marcha, pero se detiene a mirar la mancha repulsiva que hay bajo la pesa. Ya estaba profundamente dormido cuando un sobresalto lo despertó, fue directo a la habitación de Miguel Ángel, no creía que lo vio: un asqueroso monstruo estaba robándole el aliento a su hermano, lo estaba matando… pero no hizo nada, su hermano nunca le pidió su ayuda, no debía hacer nada; con rabia e impotencia, estaba viendo morir a su hermano… afortunadamente llegó Klunk, que ni reparó en él, y entró tan rápido como sus fuerzas se lo permitían, pero estaba herido, más de lo que estaba anoche…

Pasado el susto, regresa a su habitación a descansar. Se tiende boca abajo sobre su cama.

Ahora entiende que su hermano no le haya dicho nada; debió pensar que no le creería.

-Tonto.- susurra.

Pasa otra noche sin dormir.

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Ya está subido el epilogo.

Comentarios, sugerencias, dudas, peticiones, aclaraciones, zapes, jitomatazos, abucheos, reclamos, ultimátums, etc., etc., son bienvenidos.

Gracias por leer mi fic y por tus reviews.

n.n