HASTA EL FIN DEL MUNDO

III: INTENTOS

FLASHBACK

Año 8 del nacimiento de Athena

Marin había estado muy agradecida con Aioria por su ayuda con Seiya. La verdad era que ella era solo una mocosa de doce años, ¿qué sabía ella sobre entrenar a un niño como Seiya? Aioria, siendo mayor que ella y teniendo dieciséis años, siempre era una gran ayuda. Era una persona muy amable y respetable para su impresionable alumno, así como para otros de los aprendices que estaban dentro del Santuario. Incluso el aprendiz de Shaina parecía evitar confrontarse con Seiya cuando Aioria estaba cerca.

Esa tarde, Seiya se había ido a dormir temprano: el entrenamiento de ese día había sido extenuante y estaba agotado. Marin lo dejó durmiendo en su cabaña y salió a dar un paseo. Le apetecía estar sola un rato. La chica buscó un sitio aislado del Santuario, cerca de uno de los barrancos, y se sentó en él, sus piernas colgando, y se quitó su máscara.

Mientras respiraba hondo, disfrutando el aire fresco de la tarde en su rostro descubierto, notó algo cerca de donde se encontraba. Entrecerró los ojos para enfocar mejor, y se dio cuenta de que Aioria estaba en el fondo de ese barranco, usando su uniforme de entrenamiento, sentado en el suelo y con la espalda apoyada contra la pared.

Marin alzó las cejas. ¿Porqué Aioria se vería tan derrotado y cabizbajo?

La chica se puso su máscara de nuevo, y de un salto llegó al fondo del barranco, donde Aioria aún estaba. El santo de Leo se sorprendió de verla, pero sonrió.

-Hola, Marin- dijo el santo de Leo.

-¿Te encuentras bien, Aioria?- dijo la chica- te vi desde arriba y… quise ver si estaban bien-

Aioria sonrió tristemente y suspiró.

-Por supuesto que estoy bien- dijo Aioria- es solo que…-

Marin lo notó dudar, y alzó las cejas bajo su máscara. ¿Qué le pasaba a su amigo? Aioria siempre le había parecido fuerte, invencible. ¿Porqué se veía tan derrotado? La chica, al verlo así, se sentó junto a él en el suelo.

-Es solo que… hoy es el aniversario de la muerte de mi hermano- dijo Aioria. Lo pensó mejor y se aclaró la garganta- quiero decir, de la traición de mi hermano-

Marin sonrió tristemente. Lo entendía, ella también sabía lo que era haber perdido a su hermano. Le puso una mano en el hombro con suavidad, y después apoyó su cabeza en el hombro del santo dorado.

Al contacto con los cabellos de Marin, Aioria se ruborizó furiosamente, y agradeció que nadie más lo había visto. ponerse de esa manera. Por un momento olvidó toda su melancolía, sintiéndose muy a gusto ahí sentado con Marin, su querida amiga. Porque eso era, ¿verdad? Su amiga. Aunque una parte de él ya no la veía solamente como la niña fuerte que le había dado una paliza el día que la conoció. El santo la rodeó con su brazo.

-Gracias, Marin- dijo Aioria- supongo que… no quería estar solo-

-No lo estás- dijo ella.

-El día de hoy, sí lo estoy- dijo Aioria- es el día en el que todos recuerdan lo que hizo Aioros. Dejo de ser un santo dorado y vuelvo a ser "el hermano del traidor"- añadió tristemente.

-Oye- dijo Marin- los otros pueden decir lo que quieran, pero tú no tienes porque entristecerte por lo que digan los demás. Y no tienes que vivir bajo la sombra de lo que hizo tu hermano. Todo el mundo sabe que eres un fiel santo dorado, de eso no queda ninguna duda-

Aioria sonrió tristemente.

-Ojalá todos pensaran como tú- dijo él.

-Quizá necesitan una paliza- dijo Marin, tronándose los dedos- quizá así dejen de pensar tonterías de ti-

Aioria rió en voz baja, y apoyó su mejilla en la cabeza de ella, disfrutando el olor del cabello de la amazona, y suspiró largamente. Ese día no había sido tan malo, después de todo.

FIN DEL FLASHBACK

Terrenos del Santuario de Athena

Esa tarde, cuando Aioria terminó de entrenar a Kostas, notó con una sonrisa que la familia del pequeño había bajado a los terrenos del Santuario. El domingo, tras visitar a la familia de Cecilia en la embajada, Saga venía regresando de la ciudad cuando Aioria decidió regresar a los terrenos del Santuario.

-Maestro, ¿puedo bajar con mis papás?- dijo Kostas.

-Por supuesto que puedes, enano- sonrió Aioria benévolamente, sacudiéndole el cabello. Podía ser un maestro muy estricto, pero tenía su lado cariñoso para su aprendiz.

Kostas agradeció al santo de Leo, y se apresuró corriendo hacia la pareja, y llegó directamente a abrazar a Cecy por la cintura, quien sonrió y lo abrazó de vuelta.

-¡Bienvenida, mamá!- dijo Kostas mientras que aún abrazaba a Cecy. Ésta sonrió mientras estaba intentando evitar que Canuto saltara de sus brazos, y poniéndolo en los brazos de Kostas.

-Gracias, Kostas- dijo la chica, sacando de su bolso un par de barras de chocolate- mira, te trajimos unos chocolates de la ciudad-

Kostas los miró, ilusionado, y Aioria sonrió, cruzándose de brazos, pero sacudiendo la cabeza en un gesto reprobatorio. Como maestro del pequeño, el santo de Leo no aprobaba que comiera dulces, pero por ese momento se hizo de la vista gorda, principalmente porque era tan raro escuchar la voz de Cecy.

Saga sonrió, orgulloso de su hijo, y mientras éste aún charlaba con Cecy, y entre ambos intentaban recoger a Canuto del suelo, el santo de Géminis aprovechó para hablar con su colega de lo que él y Cecy habían notado el día anterior.

-Aioria, ¿puedo hablar contigo un minuto?- dijo Saga de pronto.

Aioria alzó las cejas, sorprendido de ello. No era el estilo de Saga pedir hablar con nadie, era casi tan reservado como Cecy, así que supuso que aquello debía ser importante.

-Eh… claro que sí. Vamos- dijo Aioria.

Ambos caminaron unos pasos hacia uno de los jardines de Afrodita, aunque manteniendo su distancia de ellos. Una vez que estuvieron más o menos alejados y notaron que nadie los escuchaba, Aioria se volvió a Saga.

-¿Qué sucede?¿Es sobre Kostas?- dijo Aioria.

-No- dijo Saga, y bajó la mirada, preguntándose por donde empezar. Quizá debía tantear las aguas primero. ¡Era tan difícil a veces! Levantó la mirada de nuevo- es sobre… primero que nada, dime algo. ¿Cómo están tú y Marin?-

Aioria parpadeó, confundido de que Saga le estuviera haciendo esa pregunta. ¿Qué tenía que ver eso?

-Pues… bien, estamos bien- dijo Aioria por fin- hemos estado ocupados estos últimos meses, yo con Kostas y los últimos ataques, y ella cubriendo los huecos que dejó Lena. Jamás imaginé que ella era tan importante para mantener funcionando bien el Santuario y el recinto de las amazonas- levantó la mirada, y vio que Saga aún lo estaba mirando fijamente, con una expresión un poco preocupada- ¿que pasó?¿porqué preguntas?-

-Espero que tomes esto, que viene de parte de un amigo- dijo Saga- nos hemos dado cuenta de que tú y Marin han estado un poco… separados estos últimos meses-

-Ya que dije que los dos…- comenzó Aioria, su rostro enrojeciendo levemente de enojo.

-Solo escúchame- lo interrumpió Saga, alzando un poco la voz y haciendo callar a su compañero- no te estamos criticando. Solo quiero hacerte ver que tú y Marin se están separando poco a poco, y me parece que no se están dando cuenta-

Aioria lo miró, y volvió su mirada hacia el recinto de las amazonas. No quería admitirlo, pero Saga tenía razón. Había días en los que ni siquiera se buscaban, y a veces podían pasar un par de semanas antes de verse, y aún así, no había tantas muestras de cariño como antes.

¿Qué fue lo que pasó entre ellos? Él la amaba, por supuesto. Sus sentimientos no habían cambiado ni un poco hacia ella. Y no quería separarse de ella.

-Gracias, Saga- dijo Aioria finalmente, sonriendo a su compañero- creo que tienes razón-

-De nada- dijo Saga, y tras un leve gruñido, se volvió hacia Cecy, quien había por fin levantado a Canuto del suelo y lo había puesto en los brazos de Kostas.

Al ver a Saga regresar con su familia, Aioria se rascó la cabeza. Su compañero tenía razón. Quizá sería buena idea volver a trabajar con su relación. Tenía que buscar a Marin, y charlar con ella. El serio león dorado se mordió el labio. Siempre había sido tímido para hablar de cosas así con Marin. Suspiró.

Tenía que hacerlo. Marin lo valía.

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Terrenos del Santuario

Al mismo tiempo

La comitiva de Poseidón acababa de llegar al Santuario, y había causado un gran revuelo. Nadie estaba más contenta que Shaina, pues François fue uno de los generales marinos que venían acompañando a Poseidón y a Anfitrite. Además de ellos, esta vez los acompañaba Leilani, y por supuesto, Sorento, quien no la dejaba sola ni un momento.

Kanon y Satu tomaban las manos de Elsita cuando los recibían. La pancita de la chica ya era bastante notable, y Elsita se había reconciliado con el hecho de que pronto sería una hermana mayor. La pequeña miró a la chica que caminaba de la mano de Sorento, sorprendida.

-Papá, ¿porqué ella tiene el cabello de ese color?- preguntó Elsita, señalando a Leilani y tirando de la mano de Kanon.

-Porque su papá y su abuelo también lo tienen- dijo Kanon en voz baja- no señales, cariño, no es de buena educación-

-¿Puedo tener el cabello de ese color, papá?- dijo la pequeña.

-Pues ya casi lo tienes, Elsie- dijo Kanon, y vio que su pequeña lo miraba con enormes ojos y extendía sus brazos hacia él. El gemelo se inclinó y la alzó en sus brazos. La pequeña rodeó el cuello de su papá con sus propios brazos- ¿quieres saludar a Leilani?-

-Sí, por favor- dijo la pequeña.

Sorento y Leilani se acercaron a ellos mientras que Kanon aún tenía la conversación con su hija, y el general de Sirena no pudo evitar echarse a reír.

-¿Qué es tan gracioso?- dijo Kanon, confundido.

-Nada- rió Sorento, extendiendo su mano y revolviendo los cabellos de la pequeña- esta hermosa muñeca es definitivamente tu hija. No solo es idéntica a ti físicamente, deberías verte a ti mismo siendo manipulado por ella-

-¿Qué dices?- dijo Kanon, enrojeciendo levemente mientras que Leilani reía en voz baja, y también saludaba a Elsita, quien tocaba el brillante cabello color aqua de la chica con curiosidad- nadie me manipula…-

-¿Papá?- dijo Elsita, mirando con los mismos enormes ojos primero a Sorento y luego a Kanon- ¿qué es mani… maní…manilar?-

Sorento, Leilani, e incluso Satu se echaron a reír. Julian y Céline, quienes caminaban unos pasos detrás de ellos, también llegaron a saludarlos, antes de cruzar los terrenos del Santuario, para llegar a su audiencia con Athena.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Cuando la comitiva llegó al templo del Patriarca, los primeros en notar la presencia de Sara fueron Poseidón y Anfitrite. La chica tenía una mano herida aún con la prótesis robótica que Mac le había hecho, pero estaba impecablemente vestida, y ambos dioses pensaron que la chica congeniaba perfectamente con el serio Patriarca. Olvidando un poco la presencia de la chica, Julián y Céline se volvieron a Athena, quien se lanzó hacia ellos para abrazarlos.

-¡Bienvenidos!- dijo la joven diosa tras abrazar a Julián, y volviéndose para abrazar a Céline- me da gusto que hayan venido-

Detrás de ellos estaban Sorento y Leilani, y Poseidón la presentó con su tía, Athena. La joven diosa la abrazó con cariño, pero no fue tan raro como al principio: Leilani ya estaba acostumbrada a que sus padres, abuelos y tíos fueran menores que ella.

Los dioses se acomodaron en la sala del templo del Patriarca, acompañados de Shion y de Sara. Irene y Agnes se acercaron a ellos con un par de bandejas con té, café y galletas, y las pusieron en las mesitas.

-Bueno, iré al grano- dijo Shion- hace un par de meses Phobos y Deimos pusieron una trampa para nosotros, usando las mismas rocas con los que los atacaron a ustedes en Marsella-

Céline se mordió el labio, y Leilani se volvió a Sorento, y se preocupó levemente. Poseidón frunció el entrecejo, y la tierra tembló levemente. No fue sino hasta que Céline le puso la mano en el hombro, el chico se tranquilizó.

-Como saben, ese día logramos sellar a Deimos, y Hades nos ayudó a mantenerlo sellado para siempre- continuó Athena- ahora, necesitamos un plan para hacer lo mismo para Phobos. Tenemos que unirnos para lograrlo-

-Estoy de acuerdo contigo, Athena- dijo Poseidón- pero quizá sería buena idea unirnos con Hades-

-Y no solo con Hades- intervino Anfitrite- con Apolo y Artemisa también. Y con las chicas y los guerreros de Asgard. Ellos también son susceptibles a un ataque de Phobos-

Julián asintió, algo apenado porque había sido él mismo quien involucró una vez a los de Asgard, pero finalmente todos estuvieron de acuerdo.

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Terrenos del Santuario

Tras su conversación con Saga, Aioria decidió bajar a los terrenos del Santuario a buscar a Marin, hacer un esfuerzo consciente de pasar más tiempo con ella, empezando desde ya. El santo de Leo se acercó un poco nerviosamente. No importaba que Marin ya fuera su novia o que estuviera seguro de sus sentimientos, Aioria era extremadamente tímido cuando se trataba de expresar sus sentimientos. Respiró hondo al verla de lejos.

Aioria sonrió inconscientemente al ver a su chica a lo lejos. Cada vez que la miraba, ahí estaba esa sonrisa de idiota, como sin fuera la primera vez que la vio hacía todos esos años. O la primera vez que había visto su rostro. ¡Era mucho más linda de lo que había imaginado! ¡Y la idea de que él era el primer hombre que había conocido esa parte de ella! Un leve tinte rojizo comenzó a aparecer en las mejillas del santo de Leo.

Justo cuando el santo de Leo iba llegando a donde se encontraba Marin, muy cerca de la entrada del recinto de las amazonas, cuando ambos sintieron un cosmo extraño. Los dos se volvieron a la entrada del Santuario, pero respiraron aliviados al ver que solo se trataba de Touma.

El pelirrojo tenía una sonrisa de lo más grande.

-¡Buenos días a todos!- dijo Touma en voz alta, y se volvió a su hermana- ¡Marín! Te extrañé un montón-

Antes de que la chica pudiera decir algo, el pelirrojo la abrazó por la cintura y la alzó unos centímetros del suelo. El pequeño hermano de Marin había crecido, ya casi era un adulto, y era mucho más alto que ella.

-Woa, Touma, me da gusto verte también- dijo Marin, sonriendo- bienvenido. ¿Qué haces aquí?-

-Solo vine a visitar, hermanita- dijo el pelirrojo, y se volvió a Aioria tras soltar a Marin- hola, Aioria, es un gusto volverte a ver-

Aioria sonrió levemente. Touma le caía bien, a pesar de que una vez había hecho enojar a Marin cuando provocó que Artemisa y sus secuaces intentaran lastimar a Liliwen cuando la diosa aún la odiaba. Incluso en ese entonces, el santo de Leo había tenido que darle un buen zape al ángel.

-Tienes que contarme como has estado, Touma- dijo Marin, tomando el brazo de su hermano menor. Aioria se mordió el labio, mortificado. Él mismo había querido pasar la tarde con Marin. La chica no se dio cuenta, pero el pelirrojo sí.

-Oh, no, no quiero interrumpirlos, hermanita- dijo Touma tras aclararse la garganta- si Aioria y tú tenían planes, puedo esperar hasta más tarde. Podría ir a importunar a Seiya. Además, no hay prisa, tengo vacaciones-

Aioria sonrió. Su cuñado era, en el fondo, una buena persona. Pero fue Marin quien sacudió la cabeza.

-No, para nada- dijo la chica- Aioria y yo nos vemos todos los días. Vamos, Touma-

-No creo que sea una buena idea, Marin- insistió el pelirrojo, mirando de reojo a Aioria y su expresión entristecida.

-No, insisto- dijo Marin, aún sin darse cuenta lo que sucedía con Aioria.

Touma, encontrándose de pronto en medio de una situación muy incómoda, no tuvo más remedio que aceptar, sobre todo porque Marin tiró de su brazo, y pronto ambos ya estaban en el camino hacia la ciudad. Aioria se quedó solo, mirando un poco ofendido el sitio donde habían desaparecido Touma y Marin, y tras suspirar, decidió regresar a los Doce Templos.

Iría a Sagitario: le apetecía pasar tiempo con sus sobrinos. Nada como pasar tiempo con los mellizos para levantarle los ánimos.

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Café en el centro de Atenas

Poco más tarde

La verdad era que, lejos de sentirse feliz de pasar tiempo con su hermana, Touma aún se sentía incómodo por lo que había pasado con Aioria en el Santuario. Era evidente la ilusión en los ojos del santo de Leo, y la subsecuente decepción del chico al escuchar que Marín iría con Touma a la ciudad.

Tras pedir un par de cafés, Marin se quitó su máscara y se volvió a su hermano.

-Tienes una expresión horrible- dijo la amazona, notando la incomodidad de Touma- ¿qué ocurre?-

-¿No te diste cuenta?- dijo el pelirrojo, alzando una ceja, sorprendido de que su hermana mayor no se hubiera dado cuenta- parecía que Aioria se molestó un poco porque salimos juntos-

Marin se cruzó de brazos y se recargó en el respaldo de su asiento.

-Eso es absurdo- dijo la chica- ¿porqué se enojaría? Eres mi hermano-

-No es eso- dijo Touma- no lo sé, quizá quería salir contigo, y arruiné sus planes-

Marin sacudió la cabeza.

-No, para nada- dijo Marin, encogiéndose de hombros mientras sacudía la cabeza- hace meses que no salimos. Ambos hemos estado muy ocupados, él con su aprendiz, y yo intentando mantener funcionando el recinto desde que Lena se embarazó…-

"Así que eso es", pensó Touma.

Claro, tenía sentido que el santo de Leo se estuviera esforzando por mantener su relación, y Marin ni se había enterado. Suspiró. No quedaba más que hacer ver esto a su hermana. Aioria era un buen chico que adoraba a Marin, y se estaba esforzando.

-Bueno, solo ten en mente que Aioria quería salir contigo hoy- dijo Touma- es un buen cuñado, cuídalo-

Marin alzó una ceja, extrañada de que su hermano estuviera tan preocupado por Aioria, pero desechó esa idea. Pasaron el resto de la tarde hablando de sus respectivos trabajos. El pelirrojo insistió en varias ocasiones que le parecía que su relación con Aioria se estaba enfriando, pero al final Marin no lo tomó en serio. ¿Qué sabía él de su relación? Estaba solo juzgando por los cinco minutos que los había visto juntos.

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Templo de Sagitario, Santuario de Athena

Aioros y Sofía habían escuchado que Poseidón estaba de visita, y que esa noche habría una cena en honor a los invitados, por lo que prefirieron pasar la tarde en casa, descansando un poco y cuidando de los mellizos. Carina y Markus ya tenían un año y medio, ya caminaban y tenían agotados a sus padres. Sofi había tenido que ajustar sus guardias en el hospital para solo trabajar de día. Ya no podía dejar a Aioros solo a cargo de los dos remolinos por las noches.

Esa tarde, ambos se sorprendieron de ver llegar a Aioria cabizbajo a Sagitario. Markus recibió a su tío con una sonrisa y gritando su versión de su nombre, pero Carina lo miró, ladeando la cabeza y se acercó a él. Aioria alzó las cejas. ¿Porqué su sobrina lo miraba así? Sin saber que hacer, el santo de Leo la alzó, y la pequeña lo abrazó, haciendo sonreír a su tío.

-Bienvenido, Aioria- dijo Aioros, levantando a Markus del suelo y poniéndolo bajo su brazo, haciendo reír al pequeño- ¿qué te trae por aquí?-

-Vine a visitar a mis sobrinos preferidos- dijo Aioria, aún sin soltar a Carina. No sabía porqué, el abrazo de la pequeñita le daba una extraña calidez a su corazón.

Aioros no se tragó esa historia.

-Ya, dinos, ¿qué fue lo que pasó?- dijo el santo de Sagitario.

El hermano menor suspiró, y procedió a contarles lo que había pasado, desde que Saga había hecho esa observación. Sofía y Aioros se miraron entre sí. Ellos también habían notado la separación de esos dos, pero no le habían dado mucha importancia. Sabían que se amaban con locura y, a pesar de que estuvieran un poco separados, finalmente iban a terminar juntos. Era su destino estar juntos.

-Y entonces, Marin se fue con Touma- dijo Aioria finalmente.

-Bueno, no es el fin del mundo- dijo su hermano- puedes planear algo especial para mañana, o para el día siguiente-

-Supongo- dijo el santo de Leo tristemente.

Carina volvió a hundir su cabecita en el pecho de su tío. Aioria no sabía porqué, pero se sentía un poco mejor. Quizá por hablarlo con su hermano mayor. O quizá porque su sobrina irradiaba esa aura extraña y tranquila que era como un bálsamo para su corazón.

-Oya- dijo Markus, extendiendo su brazos hacia su tío, un poco celoso que solo alzara a su hermanita. Aioria suspiró y se sentó en el sofá, con Carina en su regazo, dejando que su sobrino también subiera a sentarse a su lado.

Aioros y Sofi los miraron y sonrieron. Los mellizos eran expertos en subir los ánimos de todos, especialmente los de su tío Aioria.

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Base militar, Punta Arenas, Chile

Al mismo tiempo, del otro lado del mundo apenas estaba cursando la mitad de la mañana, y Julieta había llegado muy a tiempo a continuar con sus deberes en el hospital militar que estaba en la base. Se frotó la frente.

Su rutina diaria consistía en levantarse temprano, vestirse y prepararse, levantar a Rayen y hacer que se vistiera mientras preparaba el desayuno, desayunar con ella, para después salir a dejarla a la guardería o a la escuela, y llegar al trabajo. Lo bueno es que su mamá la recogía de la escuela, le daba de comer y la llevaba a casa.

Julieta se cruzó de brazos y suspiró largamente. Ese día había transcurrido relativamente tranquilo, cuando vio que uno de los chiquillos que estaban realizando el servicio militar se acercó a ella con una pequeña hoja de papel, y se la entregó.

-¿Qué es esto?- preguntó.

-Es un memorandum- dijo el chico- con permiso…-

Julieta suspiró y lo miró. Era una citación a una reunión que se llevaría a cabo en cinco minutos en la oficina de su superior inmediato. La chica suspiró largamente y salió del hospital, para encaminarse a la oficia, ajustando levemente la corbata de su uniforme mientras que caminaba. Cuando estaba a punto de entrar, se detuvo en la puerta y alzó las cejas, pero sonrió.

Su amiga, Barbara Steiner, también estaba ahí, con su habitual sonrisa traviesa y cruzada de brazos. Barbara parecía más una modelo que un soldado, con un hermoso cabello dorado e impresionantes ojos azules, pero era terriblemente seria en su trabajo, y también era increíblemente fuerte. Ambas se saludaron con una sonrisa.

-¿Qué haces aquí?- dijo Julieta, sorprendida de verla en esa área- no me digas que peleaste otra vez con…-

-Nada de eso- dijo Barbara, sonriendo algo traviesa- aunque esa vez, no puedes negar que se lo merecían…-

Julieta sonrió levemente.

-No, lo que sucede es que me asignaron a un nuevo puesto- continuó Barbara, sus ojos brillando de emoción- ¡voy a la Antártida! Y lo mejor de todo es que creo que a ti también te asignaron-

Los ojos de Julieta brillaron. ¿Iba en serio? Lo cierto es que desde que estaban en sus entrenamientos, ambas habían imaginado la oportunidad de ser asignadas a la base militar permanente de la Antártida. Todo aquello era muy emocionante. Pero de pronto recordó que no era tan sencillo.

-¿Es cierto eso?- dijo Julieta, y se acomodó distraídamente la corbata de su uniforme otra vez, aunque ésta estaba perfectamente alineada- si es así, creo que va a ser un poco difícil para mi familia-

Barbara parpadeó por un momento, pero volvió a sonreír.

-¡Para nada!- dijo la chica rubia, encogiéndose de hombros levemente- sabes que puedes llevar a Rayen contigo. Los turnos son mucho más cortos que aquí, pasarás más tiempo con ella, y además hay una escuela que la cuidará mientras estás trabajando-

Julieta sabía todo eso, pero aún así estaba preocupada por Rayen, sobre si sería buena idea que la acompañara, y por su mamá, que seguramente extrañaría a la pequeña si ambas hacían ese viaje.

-Son solo seis meses- añadió Bárbara, adivinando los pensamientos de su amiga- Rayen no estará solita, mi esposo y Mati irán conmigo-

Julieta se quedó pensativa. Matías, el hijo de Bárbara, tenía tres años, y se había vuelto muy buenos amigos. No estaría tan mal si así fuera. No pudieron seguir hablando, pues la secretaria hizo pasar a hablar con su superior.

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Terrenos del Santuario

Esa noche

Los invitados se reunieron en la explanada frente al templo de Aries en la cena. No solo estaban de visita Poseidón, Anfitrite y su compañía, sino también Touma. El pelirrojo estaba incómodamente sentado junto a Marin, pero aún podía notar la molestia de Aioria. Suspiró. ¿Porqué le pasaban esas cosas a él? Primero todos se molestaron con él porque Artemisa se quería despachar a Liliwen, y ahora esto, que involuntariamente había arruinado los esfuerzos de Aioria.

Y hablando de Liliwen.

Camus no dejaba de mirarlo sospechosamente, aunque hacía unos meses Artemisa había reconocido que Liliwen ayudó a liberarla del sello de Ares y comenzaba a ser amable con la pelirroja. Touma recordó lo que la diosa le había dado, y se acercó a la pareja.

-Ejem… señorita Liliwen- dijo Touma, poniéndose de pie junto a la chica, mientras que Camus no paraba de mirarlo con los ojos entrecerrados, en una fría y silenciosa advertencia- tengo algo para usted, de parte de mi señora Artemisa-

La pelirroja se volvió hacia él, interrogante, y Touma le entregó la pequeña cajita.

-Gracias, Touma- dijo Liliwen, mirando la cajita- ¿qué es esto?-

-No lo sé, señorita- dijo el pelirrojo, sonriendo amablemente y dando un paso atrás, pues no estaba muy seguro de que Camus no fuera a congelarlo- solo me dijo que se lo entregara-

La chica tomó en sus manos la cajita, con us mirada y la de Camus mirándola con curiosidad. Liliwen por fin levantó la tapa, y miró impresionada su interior. Con cuidado sacó su contenido, un pequeño anillo dorado en forma de un dragón, con dos patas y un par de alas. La chica entrecerró los ojos, intentando recordar donde lo había visto antes.

-¿Qué es eso, mon amour?- le preguntó Camus en voz baja.

-Creo… creo que esto era de mi mamá- dijo finalmente Liliwen, mostrándole el anillo- este es…Y Ddraig Aur… el dragón dorado, era el símbolo de Owain Glyndwr. Mi mamá era una de sus hijas-

Camus sonrió y, tomando el anillo de manos de la chica y se lo puso en el dedo corazón de la mano derecha. Le quedaba perfectamente. Tras sonreír también, la chica se volvió hacia Touma, quien había tomado su distancia.

-Muchas gracias, Touma- dijo ella con una sonrisa sincera- y por favor, dale las gracias a mi tía-

-Lo haré, señorita Liliwen- sonrió el pelirrojo, pensando en que podía importunar a Artemisa por el hecho de que Liliwen le había dicho tía.

Mientras ese intercambio tenía lugar, Aioria se volvió hacia Marin, aprovechando que Touma no estaba cerca.

-Marin, ¿te gustaría que hagamos algo mañana?- dijo en voz baja el santo de Leo. La chica se volvió hacia él con una sonrisa. Recordaba lo que Touma le había dicho, y además tenía que admitir que extrañaba pasar tiempo a solas con él.

-Claro, me encantaría- dijo ella.

Aioria sonrió levemente, aliviado de que hubiera aceptado. Por debajo de la mesa, extendió su mano hacia la chica y tomó la mano de ella. Marin se volvió a mirarlo de nuevo, se sonrojó levemente, y lo besó en la mejilla.

-¿Pasas la noche conmigo en Leo?- dijo Aioria en voz baja.

Marin iba a asentir, pero lo pensó mejor.

-Sabes que no puedo, Aioria- dijo la chica, encogiéndose de hombros con una expresión un poco decepcionada- al menos hasta que Lena regrese al recinto-

Aioria asintió, algo decepcionado también, pero no dijo nada más. Realmente dudaba que Lena fuera a dejar la seguridad del templo de Virgo ahora que tenía a su pequeño, pero se encogió de hombros. Esperaba poder convencerla pronto de pasar al menos una noche con él. ¡La extrañaba un montón!

Suspiró decepcionado. ¡Ni modo! Ya sería en otra ocasión.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Como ven, las cosas no están muy bien entre Aioria y Marin, pero bueno, esperemos a ver lo que sucede a continuación. Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y por sus reviews. Les mando un abrazo.

Abby L.