HASTA EL FIN DEL MUNDO

IV: MENSAJES

FLASHBACK

Santuario de Athena

Año 12 del Nacimiento de Athena

Aioria sonrió levemente al ver que día era, mientras que miraba el horizonte, donde el tibio sol de media tarde seguía iluminando los terrenos del Santuario. Al día siguiente el discípulo de Marín, Seiya, iba a tener su duelo para obtener su armadura. El santo de Leo incluso estaba un poco preocupado: el rival de Seiya iba a ser Cassios, el aprendiz de Shaina. Suspiró, y se rascó la nuca. No estaba tan preocupado. Marin había entrenado bien a su aprendiz, y estaba seguro que ganaría.

El chico se levantó y comenzó a caminar hacia los Doce Templos, cuando escuchó una conversación.

-No puedes perder contra ese insecto japonés- escuchó la voz femenina conocida, que Aioria notó que se trataba de Shaina- ¡los europeos somos mejores que cualquier otro!-

-Lo sé, Shaina, no voy a perder- dijo Cassios- primero voy a aplastarlo como una cucaracha-

Aioria puso los ojos en blanco y se dispuso a seguir su camino, cuando vio que Shaina se retiró en sentido contrario a él, y volvió a escuchar la voz de Cassios, esta vez hablando con uno de sus compañeros.

-De todos modos, ya tenemos un plan para incapacitarlo antes del combate- dijo el aprendiz.

Aioria se detuvo en seco y se volvió hacia donde estaban los otros aprendices. ¿Qué rayos?¿Acaso Cassios estaba planeando hacer trampa antes del combate contra Seiya?

-No te preocupes por nada, Cassios- le dijo otro de los chicos- estamos listos para acabar con esa pequeña rata antes del combate de mañana-

Aioria escuchó suficiente y, en vista de que los aprendices estaban a punto de hacer algo ilegal, se encaminó hacia el lado contrario, a buscar a Seiya, con el firme propósito de acompañarlo para hacer que los tramposos desistieran. Y Marin…

No, Marin no necesitaba saberlo. De hecho, nunca debía enterarse de este asunto, de que Shaina o su aprendiz, uno de los dos, estuvo a punto de hacer trampa. Se desilusionaría horriblemente del sistema y del Santuario. No, mejor que no lo supiera. Marin era hermosa, fuerte y leal, pero tenía ideas muy revolucionarias sobre el Santuario, con las que Aioria no necesariamente estaba de acuerdo.

Si Aioria no decía nada, el resultado iba a ser el exactamente el mismo. Seguramente Seiya ganaría la pelea y la armadura.

FIN DEL FLASHBACK

Giudecca, Inframundo

A la mañana siguiente

Radamanthys y Aiacos se habían reunido en las cocinas de Giudecca para charlar sobre el estado de los juicios en las esferas del Inframundo. En vez de Minos, quien aún estaba en Narvik con Aria, asistió Lune. El espectro de Wyvern había llevado consigo a Lucy y a Dash, ya que Victoria había salido del Inframundo junto con Violeta para comprar algunas cosas que necesitaban. Radamanthys puso un par de almohadas en el suelo, y puso a la pequeña entre las almohadas, y a Dash a su lado.

-Rada, ¿tenías que traer a Lucy?- dijo Aiacos alzando las cejas mientras veía a la inquieta pequeña, que intentaba jalar las orejas del paciente corgi. Si fuera cualquier otra persona, Dash ya se hubiera ido, o peor, le hubiera mordido los talones, pero el perro adoraba a Lucy, y lo más que hacía era darle empujoncitos con su húmeda nariz para guiarla para un lado o el otro- creo que… está un poco inquieta-

-Sí tenía, tengo a Valentine trabajando, no puede cuidarla- gruñó Radamanthys- no pasa nada, Lucy se puede comportar, y Dash no va a dejar que se meta en problemas-

Y mientras lo decía, acarició la cabeza del corgi, quien recibió la caricia contento, e inmediatamente paró las orejas en una expresión alerta para buscar a Lucy, mordiendo la falda de su vestido y tirando de ella para evitar que la pequeña se alejara. Aiacos no estaba muy convencido, pero se encogió de hombros.

-Bueno, si tú lo dices, Rada- dijo resignado el juez de Garuda, y se volvió a Lune- ¿cómo van los juicios en Ptolomea?-

-Avanzan sin contratiempos, señor Aiacos- dijo Lune- hace un par de días tuvimos un motín entre las almas que esperaban juicio en Ptolomea, que quisieron aprovechar que no estaba el señor Minos, pero se reprimió de inmediato y sin ninguna consecuencia-

Aiacos sonrió levemente. Lune era obsesivo con su trabajo, mucho más de lo que alguna vez pudiera ser Minos, así que no había tanto problema por la ausencia del juez. Además, Minos y Aria necesitaron varios meses para recuperarse de su pérdida, pero Lune se había encargado de mantener el barco a flote, y ahora Aiacos sabía que ambos chicos iban a estar mejor.

-En Antenora no hay novedad- dijo Aiacos con una expresión aburrida- Violate y Tokusa se han hecho cargo de solucionar la mayoría de los problemas-

-En Caída no hubo más incidentes- dijo Radamanthys a su vez- desde que Anika se unió a nosotros, ella y Valentine han ayudado a mantener el orden en la esfera-

-Hay otras noticias- dijo Lune, cerrando su libro de juicios y sacando una hoja de papel- sabemos que Poseidón y su esposa están en el Santuario de Athena, al parecer para formular un plan contra Phobos. Quizá pronto nos agreguen a esas pláticas-

Aiacos y Radamanthys se miraron entre sí. Ninguno de los dos estaba muy contento con el dios, y no podían esperar por su oportunidad para retribuirles.

-Esperemos que pronto- dijo Radamanthys, tronándose los dedos- no me molestaría ir a pelear un poco… creo que todos necesitamos darles su merecido-

Aiacos asintió, cuando de pronto notó que la sala donde se encontraban estaba muy silenciosa. Era notable la ausencia de las risas infantiles o del tintineo de la correa de cierto perro.

-Eh… Rada- dijo Aiacos de pronto, mirando a su alrededor, confirmando que solo estaban ellos tres en la sala- esto está muy silencioso… ¿dónde está Lucy?-

Radamanthys se volvió a su derecha, y palideció al ver que no había nadie ahí. Ni Lucy ni Dash estaban cerca.

-¿Qué…?- dijo Radamanthys con una expresión de pánico. Los otros dos se pusieron de pie- ¿dónde está Lucy?-

El espectro de Wyvern salió corriendo de la sala, dispuesto a recorrer el castillo para encontrar a su pequeña. ¡Victoria lo iba a matar si se enteraba de que había perdido a Lucy! Aiacos y Lune se miraron entre sí, suspiraron, y se echaron a correr tras él. Sabían lo peligroso que era dejar a una pequeña de poco más de un año y a su perro sin supervisión en Giudecca.

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Habitaciones de Hades, Giudecca

Al mismo tiempo

Hades había estado terminando de redactar una carta cuando el ruido tintineante de la correa del perro había llamado la atención del dios, y había encontrado a la niña curioseando en su habitación. Alzó las cejas al ver a la pequeña Lucy gateando hacia él acompañada de Dash. El rey del Inframundo suspiró largamente. ¿Cómo había llegado hasta ahí? Seguramente Radamanthys estaría muy preocupado por ella.

-Ven acá, Lucy- dijo Hades con paciencia, dejando su pluma sobre su escritorio e inclinándose al suelo para alzarla y sentarla en su regazo, cosa que a la pequeña no le desagradó- ¿qué haces aquí?¿Porqué te escapaste de donde está tu papá?-

-¡Dach!- dijo Lucy, extendiendo sus manitas al perro, el cual se echó sobre sus patas traseras y ladeó la cabeza.

Hades suspiró de nuevo, y buscó entre sus posesiones una pequeña pelotita antiestrés, y se la dio a Lucy, quien seguía sentada en su regazo. La pequeña miró la pelota con enormes ojos y la lanzó contra la pared contraria, a lo que Dash respondió corriendo hacia ella y trayéndola de regreso. Hades tomó la pelota del hocico del corgi, y se la volvió a dar a Lucy, para lanzarla, cosa que la niña hizo. La pequeña se reía a carcajadas cada vez que Dash corría tras la pelota, y Hades tenía que admitir que el ruido de las uñas del perro al echarse a correr era gracioso.

El rey del Inframundo nunca había contemplado tener un hijo. Claro, por todos los milenios había pasado la mitad del año sin su esposa, y no quería. No sabía si podía soportar separarse, no solo de Perséfone, sino también de su hijo. Así que jamás lo había considerado ni una sola vez. Pero ahora podía, ¿no? Ahora Perséfone pasaba todo el año con él, y Deméter no se metería con ellos dos.

El dios suspiró, y sonrió al ver a Lucy lanzar la pelotita de nuevo. Tras hacerlo varias veces, Hades suspiró de nueva cuenta y se levantó.

-Vamos, Dash- dijo el dios, volviéndose al perro, acariciándole la cabeza, cosa que le encantó al corgi- supongo que tu dueño debe estar muy asustado por la ausencia de esta pequeña-

-Rufff-

Hades sonrió, y abrazando a Lucy con cuidado, salió de su habitación en busca del juez de Wyvern, seguido de Dash.

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Palacio de Valhala, Asgard

En el palacio de Valhalla, Freya se encontraba acomodando algunas rosas que había comprado en el mercado en uno de los floreros en la sala del trono, mientras que Hilda la miraba con curiosidad y Lyfia jugaba con el colgante que Aioria le había regalado antes de irse de Asgard. Las tres suspiraron casi al mismo tiempo, preguntándose si sería buena idea irse a dormir temprano.

Pronto, sus planes cambiaron, pues Sigfried llegó a la habitación donde se encontraban las chicas, acompañado por Sigmund, Hagen y Frodi. Este último intentó captar la atención de Lyfia tan pronto como llegó, sonriendo levemente, pero la chica lo ignoró.

-Chicos- dijo Lyfia, alzando los ojos al verlos entrar, irguiéndose en su asiento- ¿qué sucede?-

-Señorita, nos acaba de llegar un mensaje de parte del Patriarca del Santuario de Athena- dijo Sigfried.

-¿Oh?- dijo Hilda, de pronto interesada. Aún no olvidaba como Athena y sus santos habían prevenido un desastre causado por Poseidón, además de la ayuda de los santos dorados contra Loki hacía unos años- ¿cómo están?¿tienen aún problema?-

Sigfried sonrió levemente.

-No lo sé, señorita, no he abierto el mensaje- dijo él, extendiendo su brazo para entregar el papel doblado a Lyfia, ya que finalmente era ella la nueva representante de Odín en la tierra. La chica tomó la carta y, tras levantar los ojos un momento, notando que Frodi la miraba fijamente, la abrió.

Entre Hilda y Lyfia leyeron la carta, y alzaron las cejas. Era de parte de Shion, el Patriarca del Santuario de Athena, invitándolas a ir a visitarlos porque querían hablar con ellas sobre algo importante. Hilda se volvió a Lyfia.

-Oh, debe ser la amenaza de los dioses gemelos, Phobos y Deimos- dijo Hilda finalmente- hace unos meses el Patriarca del Santuario de Athena me ha estado informando que llevan cuatro o cinco años en batalla con esos sujetos, y aún no los dejan en paz. Hades y Poseidón también han sufrido por ello-

Lydia no escuchaba. Sus ojos habían brillado de emoción cuando terminó de leer la carta, y lo único que importaba en esos momentos es que era una invitación al Santuario de Athena, y una oportunidad de ver de nuevo a Aioria.

-¡Vamos!- dijo Lyfia por fin- ¡inmediatamente!-

-Tú no puedes ir a Atenas en estos momentos, Lyfia- dijo Hilda pacientemente, intentando hacerla entrar en razón- alguien tiene que quedarse aquí en Asgard a mantener los hielos, y tú eres la representante de Odín, ¿recuerdas?-

Lyfia se mordió el labio. Sí, finalmente era su trabajo, pero ¡realmente quería ir!¡Era la oportunidad de volver a ver a Aioria!

-Claro que puedo ir, Hilda, tú puedes quedarte y hacerlo por mí- dijo finalmente Lyfia.

-Lyfia, la señorita Hilda tiene razón- intervino finalmente Frodi, quien no estaba ni un poco contento de la posibilidad que la chica fuera al Santuario de Athena, donde sabía que estaría Aioria de Leo. Además, en el fondo sabía que la chica mayor tenía razón: era la nueva responsabilidad de Lyfia, no podía pasarla a Hilda así nada más.

-Bah, podemos hacer esto- dijo Lyfia- Hilda se quedará en mi lugar mientras voy al Santuario. Freya puede acompañarme a Atenas. Solo por esta ocasión-

Hilda y Freya se miraron entre ellas. A ninguna le agradaba la idea de Lyfia, pero no podían decir que no. Al menos Freya podía acompañarla, aconsejarla y asegurarse de que no hiciera alguna tontería. Al ver que ninguna de las chicas mayores opuso resistencia y que Frodi estaba lívido, pues no le gustaba la idea en lo más mínimo, Sigmund y Sigfried suspiraron.

-Bueno, si le parece bien, señorita, Frodi y yo podemos acompañarla- dijo Sigmund, pensando en que su amigo no dejaría ir sola a Lyfia, y que también sería prudente ir en caso de que hubiera algún problema.

-Yo también puedo acompañarlos- dijo Hagen, habiendo decidido ir desde que Freya fue mencionada en la conversación.

-Entonces ya estamos de acuerdo- dijo Lyfia alegremente, aunque era la única persona optimista en ese sitio- será una buena oportunidad de agradecer a Aioria y a los otros santos dorados lo que hicieron por nosotros hace cinco años-

Hilda asintió mientras miraba de reojo que Frodi se mordió el labio, y sacudió la cabeza, un poco decepcionada de Lyfia. Suspiró. Finalmente, se suponía que Odín sabía que era lo que estaba haciendo.

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Giudecca, Inframundo

Al mismo tiempo

Tras despedirse de la madre de Minos, éste y Aria habían por fin regresado al Inframundo. Sus compañeros, Radamanthys y Aiacos, los habían estado esperando en la entrada de Giudecca con las chicas. Victoria y Violate abrazaron a Aria, muy contentas por su estado, aunque ya la habían felicitado antes en Narvik. También Radamanthys le dio una palmada en la espalda a Minos, y Aiacos lo había abrazado también.

-Bienvenidos, señor Minos, señorita Aria- dijo Lune en un tono pomposo, como siempre- el señor Hades los está esperando-

Minos y Aria se tomaron de las manos, y entraron a Giudecca, seguidos por los otros. Apenas dieron un paso dentro de la sala del trono cuando Perséfone, Pasithea y Agatha se levantaron y se apresuraron hacia ellos, abrazándolos y felicitándolos por las buenas noticias. Hades no pudo evitar sonreír benévolamente, Thanatos se aclaró la garganta e Hypnos se cruzó de brazos con una sonrisa.

-¡Muchas felicidades a los dos!- dijo Perséfone, soltando a Aria, y volviéndose a abrazar a Minos- deben estar muy contentos-

-Sí, muchas gracias, señora- dijo Minos, muy apenado.

Pandora y Cyrus, quienes esperaron a que las tres chicas soltaran a Minos y a Aria, también se acercaron a felicitarlos.

Hades miró sonriente aquel intercambio, recordando su intercambio previo con Lucy, antes de regresarla con Radamanthys. Realmente no le molestaba que hubiera más pequeños en el Inframundo. Al contrario, por segunda vez en ese mismo día había contemplado la posibilidad de hablar con su esposa sobre tener un hijo ellos mismos. Suspiró y se levantó de su trono. Caminó hacia Minos, dándole una palmada en el hombro, y le dio un abrazo a Aria.

-Felicitaciones- dijo Hades, sin dejar de sonreír.

-Gracias, señor Hades-

Hypnos estuvo a punto de decir algo cuando Lune se aclaró la garganta.

-Lamento mucho interrumpir, señores- dijo el espectro- tenemos un mensaje de parte del Santuario de Athena. El Patriarca solicita que el señor Hades vaya a escuchar el plan que tiene para neutralizar a Phobos y a Ares-

Hades se mordió el labio. No le hacía mucha gracia ir, y no quería dejar sola a Perséfone, menos en esa época del año. Y llevarla, así como Poseidón había llevado a Anfitrite, estaba fuera de discusión: a Perséfone no le gustaba regresar al mundo humano, en el que no podía caminar y estaba confinada a una silla de ruedas. Levantó la vista, y vio que los dioses gemelos se miraban entre sí.

-No, creo que lo mejor será que Hypnos y Thanatos vayan en mi lugar- dijo el dios, cruzándose de brazos.

A ninguno de los gemelos les gustó esa sugerencia, a Hypnos mucho menos. Llevaba ya un tiempo ayudando a Pasithea a regresar a la rutina del Inframundo, después de tantos años de ausencia, y de la experiencia traumática que vivió cuando era más pequeña. No le hacía ni una pizca de gracia dejarla sola.

-Señor Hades, yo no…- comenzó a decir el dios del sueño.

-Señor, yo puedo hacerlo solo en su lugar- dijo Thanatos antes de que su gemelo terminara de hablar. A él tampoco le gustaba la idea de dejar sola a Agatha, pero sabía lo mucho que Hypnos quería estar con su esposa.

-Realmente no me molesta ir, Hades- dijo Perséfone a su vez.

Hades se volvió hacia ella.

-Allá arriba no puedes caminar, florecita- dijo Hades- sé que no te gusta, y…-

-Vamos, no me molestaría volver a ver a Athena y a Poseidón- dijo Perséfone- Aiacos y Violate pueden venir con nosotros. Además, quiero conocer al bebé de Cathy. Vamos-

Hades suspiró largamente. No le gustaba la idea, y no era muy aficionado a salir del Inframundo, pero no tenía otra opción. Sabía que, en el fondo, necesitaba ir él mismo para asegurarse de que Phobos fuera vencido, y que su familia, es decir, su esposa, los dioses gemelos y sus espectros, jamás volvieran a pasar los malos ratos que habían pasado ya. Suspiró largamente.

-De acuerdo- dijo Hades en un tono resignado- Lune, avisa a Athena que iremos mañana, después de que se ponga el sol. Hypnos y Thanatos se quedarán en mi lugar gobernando el Inframundo durante mi ausencia-

Mientras que Hades hacía un gesto para que los jueces se retiraran, Minos rodeó a Aria con su brazo, para acompañarla de regreso a Ptolomea. Adoraba a su chica, y estaba genuinamente feliz de estar de regreso en casa. Aria levantó los ojos hacia él y le sonrió. Hacía unos meses, parecía que todo a su alrededor había sido destruido. Poco a poco sus vidas se estaban reconstruyendo.

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Templo de Leo, Santuario de Athena

Aioria despertó temprano esa mañana, como siempre, y arrastró los pies hacia la cocina para buscar para preparar algo de desayunar para él y Costas. Hizo una mueca. Aún recordaba que Marin se había negado a pasar la noche con él. Se pasó los dedos por el cabello mientras abría la puerta del refrigerador. ¿Qué estaba pasando con su relación con Marin? ¿Es que acaso la amazona ya no lo quería?¿Saga tenía razón, y el corazón de su chica se había enfriado hacia él?

-No- dijo Aioria para sí mismo- no es así. No es posible-

No, no podía ser. Ambos tenían una muy larga historia juntos. Si bien tenían poco tiempo de haberse confesado sus sentimientos, ambos tenían una larga historia de amistad, y quizá de algo más. No podía haberse olvidado de él tan pronto.

Bueno, había visto que los últimos meses cada vez estaban más separados. Las obligaciones de ambos los habían separados. Cada vez más se daba cuenta de que lo que Saga y Cecilia habían notado.

¿Qué podía hacer para resolverlo?

Había hecho su esfuerzo, y Marin se resistía. O bueno, quizá ella no había visto el problema, como Saga se lo había hecho ver a él. A veces podía ser un poco distraída. Lo mejor sería encontrar un momento para hablar con ella y mostrarle lo que él mismo había visto.

Suspiró, y sintió que alguien tiraba de su camisa. Bajó la mirada y vio a Kostas, observándolo con preocupación.

-¿Pasa algo malo, maestro?- dijo el pequeño con enormes ojos.

-No, para nada, Kostas- dijo Aioria- es solo que estoy un poco preocupado… por Marin-

Kostas sonrió levemente.

-¿Porqué vino Touma a visitarnos?- preguntó el niño.

-Porque extrañaba a su hermana- dijo Aioria, encogiéndose de hombros.

Kostas asintió, y se volvió hacia la alacena, sacando una caja de mezcla para pancakes, y del refrigerador huevos y leche. Aioria miró al chico haciendo la mezcla, alzando las cejas, y sorprendido gratamente. A veces se le olvidaba que Kostas ya no era un niño pequeño, ya tenía ocho años, la edad a la que él ya era un santo dorado y que ya había perdido a Aioros, así como Kostas perdió a su mamá. Suspiró y tomó un sartén, encendiendo la estufa.

-Vamos, déjame ayudarte- dijo Aioria.

Entre ambos terminaron de preparar el desayuno, y el santo de Leo comenzó a recordar cuando Marin lo ayudaba de cuidar de Kostas, sobre todo durante los meses en los que Saga estuvo deprimido.

-Podemos invitar a Marin a desayunar con nosotros, maestro- dijo Kostas.

Aioria sonrió levemente ante los esfuerzos del pequeño de ayudarlo.

-Quizá tienes razón, pequeño- dijo el santo dorado- pero hoy no, está muy ocupada esta mañana-

Kostas asintió mientras ayudaba a Aioria a voltear los pancakes, y los servía uno por uno en los platos junto a la estufa. Aioria volvió a sonreír, y le revolvió los cabellos. No iba a ser tan malo. Después de todo, esa tarde saldría con Marin, y hablaría con ella al respecto de lo que Saga había explicado.

Quizá estaba pensando demasiado. Tomó la cafetera, y se sentó junto a su aprendiz para desayunar.

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Recinto de las amazonas

Al mismo tiempo

Marin llevaba ya un par de horas despierta. La noticia de que Hades y Perséfone irían de visita, además de Poseidón y su esposa y un par de chicas de Asgard había causado un gran revuelo en el Santuario, y la pelirroja había tenido que reorganizar a las chicas para las guardias en los terrenos del Santuario.

-Marin, deberías descansar un poco- dijo June, quien estaba muy emocionada porque pronto llegaría Shun de Japón, pero estaba en partes iguales preocupada por su amiga- te levantas antes que todas y te vas a dormir muy tarde, no puedes continuar así-

-Pronto pasará, cuando Lena regrese con nosotras- dijo Marin.

June sonrió levemente.

-Lena no va a regresar al recinto, Marin, lo sabes- dijo la amazona rubia- se quedará con Shaka en Virgo. No se va a arriesgar a dejar a Sai menos protegido-

Marin se mordió el labio. Sabía que June tenía razón.

-Lo sé- dijo Marin, dando un largo suspiro- tendremos que reorganizarnos de nuevo-

June sonrió levemente mientras que su compañera seguía reorganizando algunas hojas de papel, y su atención estaba completamente en la tarea. La verdad, estaba muy preocupada por ella. Hacía varias semanas que ni siquiera la veía con Aioria.

-Marin- dijo June- sé que no es mi asunto, pero… ¿cómo van las cosas con Aioria?-

-¿Uh? Bien. Aioria está bien- dijo distraídamente la chica, encogiéndose de hombros, sin siquiera levantar la mirada de sus papeles. June sacudió la cabeza. A veces Marin podía ser un poco distraída. ¡Piscis tenía que ser!

-¿Marin?- dijo June, y al ver que no le ponía atención, puso las manos sobre los papeles de su amiga- ¡Marín!-

-¿Qué pasó?- dijo la pelirroja.

-¿Estás segura de que las cosas están bien entre tú y Aioria?- dijo June- hace literalmente varios meses en los que no te veo siquiera hablar con él-

-He estado ocupada con…-

-Lo sé- dijo June, quitándole las hojas de las manos- solo considera que… todos nos hemos dado cuenta que ustedes dos se han distanciado. Sería… buena idea que le dedicaras un poco de tiempo. Lo sé, él también está ocupado- añadió, al ver la expresión de su amiga- solo… hagan un poco de tiempo para verse y pasar tiempo juntos-

Marin suspiró largamente, pero sabía que June tenía razón. Algo tenía que hacerse. Recordó el día anterior, como Aioria le había pedido salir con ella. Sí, definitivamente sería buena idea darse el tiempo. Extrañaba a su guapo león dorado.

-¿June?- dijo Marin por fin- ¿podrías cubrirme esta tarde?-

La amazona sonrió ampliamente, y asintió.

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Casa de la familia Castillo, Punta Arenas, Chile

Julieta se levantó temprano esa mañana y arrastró sus pies hacia la cocina con una expresión mortificada, seguida de Capi, quien movía la cola contento tras su dueña. Su madre y Rayen estaban todavía durmiendo a esa hora de la mañana. La señora Castillo había decidido quedarse por la noche anterior, pues la discusión entre ella y su hija se había alargado hasta la madrugada.

FLASHBACK

-Mamá, entiende que realmente no tengo opción- le había dicho Julieta en voz baja- como pertenezco al ejército, tengo que ir a donde me asignen. Además, son solo seis meses-

-Pero no tienes que llevar contigo a Rayen- dijo su madre, cruzándose de brazos- la puedes dejarla aquí conmigo. ¡Es muy pequeña para llevarla a un sitio tan frío! Y allá no tendrás quien la cuide mientras estás trabajando-

-En la base hay una escuela y una guardería- le explicó Julieta- Rayen no será la única niña, habrá otros niños con ella. Barbara va a llevar a su esposo y a Matias-

La señora Castillo había cruzado los brazos, molesta. No le hacía ninguna gracia que pasaría seis meses sin ver a su nieta.

-Entonces yo voy con ustedes- dijo la mujer.

-No puedes- dijo Julieta- sabes que son muchos requisitos para que puedas acompañarnos. Incluso te piden que te remuevan el apéndice. A Rayen se lo quitaron de recién nacida, cuando la operaron por sus complicaciones, y a mí ya me operaron hace mucho. Siempre habían considerado mandarme, mamá. Y no, no puedes operarte tú, es muy riesgoso a tu edad-

-¡Tengo cincuenta y nueve años, hija!- dijo la señora Castillo, enojada ante la insinuación- no estoy tan vieja-

-Pero es un riesgo innecesario- dijo Julieta- no vale la pena. Mamá, serán solo seis meses. Es como si nos fuéramos a casi cualquier otra parte del mundo. Y mi papá necesita que estés aquí con él. Y la base no está tan lejos de aquí, podemos volver rápidamente-

La señora Castillo gruñó en voz baja, pero asintió. Sabía que su hija tenía razón. Su esposo la necesitaba, se estaba recuperando de un infarto y no podía dejarlo solo para ir con Julieta. Además, Rayen pasaría así más tiempo con ella. No podía separarla seis meses de Julieta, la pequeña se afligiría muchísimo.

-Está bien, supongo que tienes razón- dijo finalmente la señora Castillo. Julieta sonrió y la abrazó.

-Gracias por entender. Sé que es difícil, mamá- dijo la chica- pero son solo seis meses. Regresaré, y volveremos a nuestra rutina como si nada hubiera pasado-

FIN DEL FLASHBACK

Julieta sacudió la cabeza mientras que recordaba todo eso, y le daba un sorbo a su taza de té. Suspiró largamente. Ahora, tenía unos cuantos días de vacaciones antes de su mudanza a la Antártida. Tendría que hacer una lista y salir de compras, para asegurarse de que nada le faltara a Rayen una vez que estuvieran allá.

Notando la expresión de su dueña, Capi comenzó a lamerle la mano. Julieta sonrió y acarició la cabeza de su perro. ¡Oh, a ese enorme bebé peludo lo iba a extrañar también!

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pues este capítulo no tuvo muchos eventos, pero ya se está acercando cada vez más la catástrofe… digo… ya saben a quien me refiero. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias por sus reviews, y por seguir leyendo. Les mando un abrazo enorme, y nos leemos pronto.

Abby L.