HASTA EL FIN DEL MUNDO

V: MOMENTO INCÓMODO

FLASHBACK

Santuario de Athena

Año 13 del Nacimiento de Athena

Marin suspiró mientras miraba al horizonte esa tarde. Estaba satisfecha por su trabajo. El día anterior Seiya había ganado su armadura, y para estar horas ya estaría llegando a Japón. Sonrió levemente bajo su máscara. ¡Lo había logrado! Ahora podía relajarse y continuar con sus obligaciones con el Santuario.

Se abrazó levemente. No quería admitirlo, pero tenía ganas de ver a Aioria. Seguro tendría algo que decirle al respecto de lo ocurrido el día anterior, y Marin hasta lo esperaba.

De pronto, la chica escuchó ruidos. Marin se mordió el labio. Era Shaina, y de nuevo se estaba quejando de ella y de Seiya, así como del desenlace del combate del día anterior. Marin suspiró. Realmente esperaba que no fuera una repetición de lo sucedido la noche anterior, cuando un grupo de guardias había querido ayudar a Shaina a vengarse de la afrenta y habían perseguido a Seiya. Suspiró largamente y se levantó.

Marin dio un paso atrás y chocó contra alguien. Dio un brinco de sorpresa, pero reconoció de inmediato las manos que se posaron en sus hombros.

-¿Aioria?- dijo Marin, volviéndose hacia él y sonriendo.

-Felicidades, Marin- dijo Aioria- supe que Seiya ganó la armadura. Debes estar muy orgullosa-

-Lo estoy- sonrió la pelirroja- muchas gracias por tu ayuda-

-No fue nada- dijo Aioria.

Mientras que el chico aún estaba hablando, Shaina y un grupo de guardias llegaron a donde ambos estaban. Aioria entrecerró los ojos al verlos, y Marin alzó las cejas. ¿Acaso Aioria sabía que ellos irían a buscarla?¿Shaina y sus seguidores querrían lastimarla? No lo sabía, pero una parte de ella le decía que Aioria estaba ahí con ella precisamente por ello.

-Shaina- dijo el santo de Leo fríamente- ¿qué estás haciendo aquí? Según recuerdo, te tocaba la vigilancia de la entrada del Santuario-

-Pensé que había que sacar la basura por aquí- siseó la amazona, pero se dio la vuelta y se fue de ahí, seguida de los guardias. Una vez que se quedaron solos, Marin se volvió a Aioria.

-¿Qué fue eso?- dijo la chica.

-No te preocupes por ello- dijo Aioria, encogiéndose de hombros, como si no fuera nada importante- estoy muy contento por Seiya-

Ambos se sonrieron mutuamente, y finamente Aioria se sentó junto a ella. No era por nada, pero ese atardecer había sido muy lindo.

FIN DEL FLASHBACK

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Templo de Leo, Santuario de Athena

Más tarde

Aioria caminaba en círculos mientras esperaba a que llegara Marin, para que ambos fueran juntos a una cita. Si es que llegaba. Al chico no le quedó muy claro si ella querría salir con él ese día. Una parte de él estaba muy nervioso. ¿Porqué? Pues no sabía si Marin aún lo quería. Sí, la relación entre ambos se había enfriado terriblemente. Pero él quería arreglar las cosas, creía que aún se podía. ¿Era posible?¿Marin querría también?

-¿Maestro?- dijo Kostas, quien ya se había mareado de verlo caminar de un lado a otro- ¿se encuentra bien?-

-¿Qué? Oh, sí, estoy bien- dijo el santo dorado.

Quizá había sido mala idea invitar a Marin. Quizá se había sentido presionada a decir que sí, y había decidido mejor irse a esconder al recinto de las amazonas. No, lo más probable sería avisarle por cosmo que no era necesario que viniera, que no quería presionarla a salir con él, y que no…

-Maestro- insistió Kostas- ¿está seguro que está bien?-

Aioria parpadeó, y miró a su pequeño aprendiz, con una expresión interrogante. A diferencia de Saga, Kostas era mucho más extrovertido, pero había heredado ese talento de su madre de detectar cuando alguien estaba preocupado o se sentía mal de alguna manera. No podía engañar al pequeño.

-Estoy un poco preocupado por Marin, pequeño- dijo Aioria- la invité a salir conmigo, pero no sé si…- sacudió la cabeza- no importa, creo que lo mejor será decirle que mejor no, porque deberíamos ponernos a entrenar, y…-

-No, maestro- dijo el pequeño, sonriendo levemente, más listo de lo que Aioria hubiera esperado- yo puedo bajar a Géminis con mis papás-

-No es necesario, Kostas, porque no voy a…- comenzó a decir el santo dorado, cuando una voz femenina lo interrumpió.

-¿Aioria?-

El santo de Leo se quedó helado al escuchar la voz de la mujer en la que había estado pensando esa tarde. Su corazón comenzó a latir con tanta fuerza que sentía como si se le fuera a salir del pecho. ¿Estaba soñando? ¿Era en serio que Marín había decidido dejar sus obligaciones y pasar la tarde con él?

No, no estaba soñando. Kostas también se volvió hacia donde provenía la voz, y los pasos de la chica, tan conocidos por él, estaban resonando por el pasillo vacío del templo de Leo. No lo estaba imaginando, realmente era ella.

Aioria se levantó y salió a recibirla, y al verla volvió a dudar si realmente estaba dormido o despierto. Marin caminaba hacia él con una sonrisa sonrojada, con un listón blanco alrededor de sus hermosos cabellos rojos. Traía puesto un bonito vestido blanco con negro que le quedaba muy bien, y un par de zapatillas negras. Aioria parpadeó. ¡Su sonrisa era hermosa! Y sus mejillas tenían un leve color rojizo que casi rivalizaba con el color de sus cabellos.

-Hola- sonrió ella.

-Hola- dijo Aioria, boquiabierto al ver a la hermosa chica.

-Ya estoy lista. ¿Nos vamos?-

Aioria estaba impresionado y asustado en partes iguales. ¿Qué hacía ahora? Le iba a decir que tenía que cuidar a Kostas. ¡Sí, eso era! No podía salir con ella porque no podía dejarlo solo… Pero miró a su alrededor, y el pequeño se había ido de ahí, o mejor dicho, había desaparecido por completo desde que escuchó llegar a Marín, y por su cosmo y lo que había dicho previamente, se imaginaba que había ido al tempo de Géminis. ¡Ese enano! Seguramente lo había hecho de buena intención, pero… pero…

-¿Aioria?- dijo Marin, parpadeando confundida- ¿te encuentras bien?-

-Yo… ¡sí! Estoy muy bien- dijo Aioria, bajando levemente la mirada- sí, de hecho, estoy perfecto… y tú… estás muy guapa- tragó saliva, pero sonrió- te ves muy hermosa hoy, mucho más que de costumbre, me tomaste por sorpresa-

Marin acentuó su sonrisa, ruborizándose aún más, y Aioria le ofreció el brazo. La chica lo tomó, y ambos salieron juntos hacia la ciudad.

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Terrenos del Santuario

Al mismo tiempo

Saga y Cecilia habían estado charlando en los terrenos del Santuario cuando Kostas llegó corriendo hacia ellos. Ambos sonrieron al verlo llegar. Sabían que el entrenamiento era algo importante, pero también lo extrañaban. Kostas era especialmente tierno con Cecy, como si instintivamente supiera cuando la chica necesitaba un abrazo y cuando necesitaba ser dejada en paz.

En ese momento, estaba seguro de que su mamá necesitaba un abrazo.

-Gracias, cariño, lo necesitaba- dijo Cecy, besando al pequeño en la frente, y sentándose junto a ella. Saga hinchó el pecho de orgullo. Su hijo era pequeño, pero rápidamente se había vuelto poderoso.

Los tres vieron que Touma estaba cerca de donde se encontraban, y Saga suspiró largamente. El ángel pelirrojo le parecía como Seiya vuelto a nacer, y aunque era un poco más prudente que el santo de Pegaso, era una persona que hacía igual de desorden que Seiya. Suspiró largamente, esperando a que no se le ocurriera importunarlos.

No pudo seguir pensando en ello.

-Saga, mira- dijo Cecilia en voz baja. Saga se volvió hacia donde Cecy le había indicado, y vio que se trataba de Aioria, que había salido de los Doce Templos junto con Marin, y que ambos estaban vestidos de civil y tomados del brazo, listos para salir juntos a la ciudad. Saga sonrió, aliviado al verlos.

-Mira, parece que Aioria me escuchó- dijo Saga en voz baja. Levantó la mirada, y notó que también Touma sonreía ampliamente al ver a su hermana con el santo de Leo. Suspiró largamente, esperando que le fuera bien a su compañero.

-Grrrr… ruffff….-

-Lo sé, Canuto- dijo Cecilia, volviéndose a él- pero no lo digas en voz alta, no queremos que se les arruine el momento-

El perro se sentó sobre sus patas traseras y ladeó la cabeza, haciendo reír a Kostas.

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Despacho de Hades, Giudecca, Inframundo

Hypnos se dejó caer sobre el respaldo de su asiento y dejó escapar un largo suspiro. Hades se había ido hace un rato, y las noticias no eran buenas. Parecía que algunas almas condenadas habían detectado que el rey del Inframundo se había ido, y habían decidido rebelarse en varios puntos de los dominios. Los jueces que habían quedado, Minos y Radamanthys, ya habían sido avisados, y habían ido junto con los Oniros a controlar la situación.

Tan pronto como el dios se recargó en el respaldo, sintió las manos de su esposa masajeando con cariño sus hombros. Se inclinó hacia él y lo besó en la mejilla.

-¿Estás bien, Hypnos?- dijo Pasithea en voz baja.

-Lo estoy- dijo él, dando un suspiro y volviéndose a ella- no me gusta quedarme encargado de los asuntos del señor Hades-

-Lo sé- dijo ella, sin sonreír- me lo habías dicho antes-

Hypnos asintió. Claro, recordaba cuando antes de que Zeus se la arrebatara, él y Pasithea hacían todo juntos. La diosa lo abrazó por la espalda, y lo besó en la mejilla. Hypnos se irguió en su asiento, contento, pero volvió a suspirar, frustrado, al ver el trabajo que tenía frente a él.

-Ojalá Thanatos me ayudara- se quejó el dios del sueño, pues su gemelo siempre se ofrecía voluntario para ayudarlo, pero finalmente pasaba el tiempo jugando ajedrez con Agatha, quien ya había dominado el juego.

-Papá, tío Thanatos está jugando ajedrez de nuevo- dijo Phantasos, llevando una torre de documentos- y los jueces dejaron estos papeles en la entrada-

Hypnos miró mortificado la montaña de pendientes que tenía frente a él. Las dos diosas se echaron a reír en voz baja. Phantasos se acercó a su padre al notar un error en sus notas.

-¿Papá?- dijo Phantasos, un poco dudosa- en Caína no hay tantos espectros. Y debes recordar que Anika se está quedando con Valentine.

Hypnos parpadeó, y miró lo que su hija le había corregido.

-Oh… tienes razón- dijo Hypnos, levantando la mirada. Su hija parecía ansiosa de poder ayudarlo, y los dioses sabían que él necesitaba la ayuda, sobre todo ahora que Thanatos estaba tan distraído- ¿quisieras ayudarme? Tengo mucho trabajo-

-Claro que sí- dijo Phantasos con una enorme sonrisa.

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Casa de la familia Castillo

Rayen miraba con ojos grandes a Julieta, sorprendida de que esta vez no hubiera ido a trabajar. Una vez que Julieta le explicó que tendría unos días de vacaciones antes de la mudanza, la pequeña sonrió ilusionada. Para Rayen era normal tener que cambiar de casa cada cierto tiempo, pero adoraba que Juli tuviera vacaciones.

-Entonces, ¿vamos a ver pingüinos?- dijo Rayen.

-Por supuesto- dijo Julieta, sonriendo y revolviendo sus cabellos con una mano, mientras que con la otra continuaba preparando la comida- y va a haber una escuelas con muchos niños… y va a estar Mati también-

La niña la miró con enormes ojos.

-Hace mucho que no cocinabas, Juli- observó Rayen.

-Lo sé- dijo Julieta- ¿tienes hambre?-

-Mucha- dijo la pequeña, y se volvió hacia la puerta al escuchar el timbre- ¿es la tía Barbara?¿Puedo abrir?-

Julieta sonrió levemente y asintió. Su alocada amiga venía de visita para comer con ellas. Traía consigo a su pequeño hijo, Matias, quien era poco más de un año menor que Rayen. La niña se emocionó.

-¡Bienvenida, tía!- Julieta escuchó decir a Rayen desde la cocina- ven, mamá está haciendo de comer. Te gusta el cordero, ¿verdad?-

Barbara le dio unas palmadas a la pequeña, y la siguió hacia la cocina, con el pequeño Matias en sus brazos.

-Hola- dijo Barbara, al ver que su amiga estaba aún cocinando, poniendo a Matias en el suelo junto a Rayen y acercándose para ayudarla.

-Hola- sonrió Julieta- ya casi termino con esto. ¿Puedes hacer que se sienten a la mesa?-

Barbara sonrió, y asintió, volviéndose a los niños.

-Ya la escucharon- dijo la chica rubia en voz alta- ¡a lavarse las manos, y a la mesa todos!¡Vamos, vamos!-

-¡Sí, señora!- corearon Matias y Rayen al mismo tiempo, mientras intentaban hacer un saludo militar. Las chicas se echaron a reír. Mientras los niños corrían a lavarse las manos, Barbara se volvió a su amiga.

-¿Qué te dijo tu mamá?-

-Obviamente no le gustó nada la idea- dijo Julieta- pero al final aceptó que la mejor opción era lo que le proponía. No quería que me fuera yo sola con Rayen. Una parte de ella cree que no puedo cuidarla sola, supongo-

Barbara sonrió levemente.

-Pues deberías apresurarte entonces- dijo su amiga con una expresión traviesa- darle un papá-

Julieta puso cara de circunstancias.

-Sí, claro- dijo la chica- sabes también como me ha ido en ese tema. No gracias-

-Vamos, Juli, llevas literalmente años sin salir con ningún chico- dijo Barbara, sin dejar de sonreír- deberías hacer el intento de nuevo, darles una oportunidad-

-¿Una oportunidad?- dijo Julieta con cara de circunstancias- la última vez que te hice caso en ese tema, tomaron mi corazón y lo hicieron pedazos sin piedad-

-Exageras, no fue tan malo-

-¿Ah, no?- dijo Julieta- ¿recuerdas esa vez con ese we… del despacho de abogados?-

-Era abogado y político, así que no cuenta- dijo la chica rubia, encogiéndose de hombros- y sobre todos los demás, no les dijiste la historia de Rayen. Todos ellos pensaron que tú la habías tenido, no sabían que fue lo que pasó ese día-

-Eso no es pretexto para haberme tratado de mala mujer- dijo Julieta, haciendo un gesto ofendido- incluso si fuera cierto, no tenían porqué haberme tratado así. Ninguno de ellos-

-Eso fue porque no quieren criar un hijo que no es suyo- dijo Barbara.

-Yo sí- dijo Julieta.

-Exacto- dijo la chica rubia con paciencia- y habrá alguien más que lo quiera hacer-

Julieta suspiró largamente.

-No, amiga, todos los hombres con los que he salido tienen el corazón podrido- dijo la chica, apagando la estufa y buscando en uno de los cajones un par de guantes para el horno- cómo quisiera que hubiera un chico que no…-

-Debe de haber alguien- dijo Bárbara- es solo que aún no lo has conocido-

Julieta hizo un gesto de incredulidad, pero ambas se callaron cuando los niños regresaron. Ambos se veían realmente hambrientos, así que las chicas los sentaron a la mesa, y todos comenzaron a comer juntos. Barbara miró de reojo a su amiga, besando con cariño la frente de Rayen, y realmente deseando que hubiera alguien en el mundo para su amiga.

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Museo Arqueológico de Atenas

Evelyn suspiró, frustrada, y dejó caer la cabeza sobre su escritorio. ¡Había tanto trabajo! Acababan de llegar unas piezas nuevas de Egipto, y como ella era la experta, tenía que etiquetarlas, archivarlas, escribir una pequeña revisión sobre el objeto y diseñar como se vería la exposición. Suspiró de nuevo y vio el escritorio a unos pasos del suyo, que era el de Cecilia. La chica ya había terminado su trabajo por el día, e hizo un gesto de envidia.

Suspiró de nuevo, se irguió y cerró sus dedos alrededor de su colgante de Kepri. Ni modo, tendría que hacerlo o solo saldría muy tarde.

Iba a ponerse a trabajar, cuando sintió una mano sobre sus hombros. Al principio pensó que era Afrodita, quien había llegado un poco más temprano de lo esperado, pero al volverse vio que no era él.

-Tú- dijo Evelyn, sorprendida- ¿qué haces aquí?-

-Disculpa, no quería asustarte- dijo la mujer que había llegado.

Evelyn siguió con la mirada a la mujer mientras tomaba la silla del escritorio junto al de ella y se sentaba. La chica miró sorprendida a Nancy Habib, la mujer que había cuidado de ella desde la distancia durante toda su vida, hasta que finalmente Evelyn se había enterado de que era una diosa.

-Lamento haber venido sin avisar- dijo Nancy mientras que hacia una señal a los dos chicos que estaban en la puerta. Mohamed y Nasser, según recordaba Evelyn- pero tenía que hablar contigo de algo importante-

-¿Qué sucede?-

-No te vayas a asustar. Se trata de Seth- dijo la diosa en voz baja- me enteré que nuevamente está muy activo. Está movilizando a su ejército en las entradas del camino a la Duat. Necesitas decirle a Athena eso. Tienes que decirle que debe prepararse. Está a punto de atacar de nuevo-

Evelyn reprimió un escalofrío. Recordaba perfectamente lo que había pasado cuando conoció a Afrodita: como Seth la había usado para atacar a Athena y a los santos. Nancy pareció notar el miedo de la chica, pues la abrazó con cariño.

-No te preocupes, hija- dijo Nancy- no debes tener miedo. No te dejaremos sola si llegas a necesitarnos-

La chica sonrió levemente, y entonces Nancy tan rápido como había aparecido. Mientras Evelyn aún seguía pensando en ello, la chica se frotó la frente. No sabía que pensar de ello. No pudo seguir dando vueltas a ese asunto, pues pronto el santo de Piscis llegó por ella.

-¿Estás bien, Eve?- preguntó Afrodita al verla tan alterada.

-Sí, sí, estoy bien- dijo Evelyn, volviéndose hacia él y abrazándolo por la cintura. El chico se sorprendió, sintiendo que algo no estaba bien con su chica. Le acarició el cabello con cariño.

-¿Estás segura?- dijo el chico.

-En serio, Afro- dijo ella- vamos a casa. Te contaré lo que pasó en el camino-

El santo de Piscis la miró, pero asintió. Rodeó a la chica con su brazo, y ambos salieron del museo.

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Entrada al Santuario, Atenas, Grecia

Poco después

Hades no era un dios feliz. No solo no le gustaba subir a la superficie porque detestaba la luz del sol y el calor en el mundo humano, sino que a su reina le parecía desagradable porque en la superficie no podía caminar por su accidente. Él la llevó en sus brazos sin ninguna dificultad, seguido de Aiacos y Violate con una expresión un tanto agresiva.

Athena y Shion los recibieron, rodeados por la mayoría de los santos dorados. Algunas de las chicas estaban ahí con curiosidad, sobre todo Cathy, con Mavri en sus brazos porque quería saludar a su amiga.

-Bienvenidos- exclamó la joven diosa, rompiendo el protocolo como acostumbraba, y corriendo a saludar a Perséfone. Shion resistió las ganas de poner los ojos en blanco, y solo se aclaró la garganta. Athena lo ignoró por completo.

-Gracias, Athena- dijo Hades en un tono sobrio- necesitamos resolver este asunto con Phobos lo más pronto posible-

Athena asintió, dejando de sonreír un momento. Aún recordaba lo que había sucedido meses antes, cuando Deimos había logrado llegar a lo más profundo del Santuario. Claro que ella también quería terminar con el problema de Phobos.

-Me da gusto que hayan venido- dijo Athena- por fin podremos resolver esto, todos juntos-

-Lo sabemos- dijo Perséfone, al ver que Hades estaba extremadamente serio- esperemos que podamos resolver esto rápidamente-

Athena abrazó a Perséfone, y Shion les indicó donde podían descansar un rato mientras esperaban a que llegaran las chicas de Asgard, así como Artemisa y sus ángeles.

Una vez que Hades, Perséfone y sus espectros se fueron al pequeño templo cercano a descansar y comer algo, Shion y Athena se disponían a regresar al templo del Patriarca, pero se detuvieron tras dar un par de pasos al sentir los cosmos de las chicas de Asgard y sus guardianes.

-Oh, aquí vienen Lyfia y Freya- dijo de pronto Athena.

-Lo sé, señorita- dijo Shion con una expresión difícil de leer. A diferencia de los santos dorados, él no la había visto nunca, y no la conocía. Pero esperaba que fuera todo lo que los chicos dorados habían dicho. A Freya, la hermana de Hilda, Athena ya la había conocido antes, y sabía que no habría problema con ella.

-¿Crees que haya sido buena idea, Shion?- preguntó la diosa a Patriarca en voz baja, volviéndose hacia él- invitarlas a participar en este asunto, quiero decir-

-Yo creo que sí- dijo el Patriarca seriamente- ya vio como Hades, Poseidón y Artemisa han sido afectados poco a poco. Creo que es cuestión de tiempo para que Phobos se de cuenta que puede utilizarlas. Es mejor que estén sobre aviso-

Athena asintió finalmente mientras veía al grupo de chicas acercarse a ellos. Estaba anocheciendo, y el aire comenzaba a enfriarse, por lo que la joven diosa se frotó suavemente los brazos mientras esperaba.

Ninguno de los dos habían visto a Lyfia antes, y sonrieron amablemente al ver a la chica, que usaba un vestido rojo y sonreía ampliamente, mirando a su alrededor. Iba a acompañada de Freya, que a diferencia de Lyfia, no parecía muy contenta de estar ahí, si no más bien nerviosa o molesta. Acompañándolas estaban Frodi, Sigmund y Hagen, ninguno de los cuales parecía muy contento tampoco. Shion se volvió a Athena, y ésta le devolvió la mirada sorprendida.

-Bienvenidas- dijo Shion en un tono formal.

-¡Muchas gracias!- sonrió ampliamente Lyfia, que parecía ser la única persona que estaba disfrutando el momento. Shion pensó que quizá algo había pasado en Asgard, pero bueno, ya lo averiguarían más tarde.

Freya, por su parte, saludó amablemente a Athena, quien le sonrió para intentar animarla un poco.

-Espero que su viaje haya sido placentero- dijo la diosa.

-Lo fue, gracias- dijo Freya, sonriendo levemente. Mientras tanto, Lydia parecía distraída mirando a su alrededor.

Mientras eso pasaba, unos pasos detrás de Athena y Shion, Mu y Lydia estaban mirando la escena. La chica se acercó a él, sin quitar la vista de los recién llegados.

-Entonces, ¿esa chica es Lyfia?- preguntó la chica en voz baja, y Mu asintió. Lydia alzó las cejas. ¿Esa era la representante de Odín?- por alguna razón creí que sería muy diferente-

Mu sonrió levemente mientras la tomaba de la mano.

-Lo sé, Lydi, pero si te das cuenta, no es muy diferente a la señorita Athena- dijo Mu.

-Oh, no, Saori pudo haber sido mimada, pero ha cambiado bastante en estos años- dijo Lydia- ha madurado bastante, ¿no crees?-

Mu rió en voz baja, pero tenía que aceptar que tenía razón. A diferencia de Athena, Lyfia parecía ser la misma chica distraída que había conocido en Asgard hacía todos esos años. Notó que Lyfia captó su mirada y lo empezó a saludar con la mano, así que sonrió levemente e inclinó su cabeza amablemente, mientras que seguía tomando la mano de su chica y la besaba.

Lydia miró con curiosidad a las chicas recién llegadas y a sus guardianes. Entre ellos, Frodi parecía tener una expresión sombría. Pero pronto olvidó de ello, pues vio que Aioria y Marin venían regresando de su cita en la ciudad. Lydia se volvió a Sofi y Aioros, quienes estaban a un paso de ellos, y alzó las cejas de manera significativa.

Era evidente que les había ido muy bien en su cita juntos. Aioria y Marin caminaban de la mano, mirándose muy enamorados entre ellos, sonrojados y sonrientes. Al parecer, ninguno de los dos se había dado cuenta de la visita de las chicas de Asgard, porque Aioria rodeó a la chica por la cintura y la atrajo hacia sí mismo. Marin apoyó su cabeza en el hombro de él.

Y fue entonces cuando ocurrió el desastre.

Cuando ambos se acercaron a donde Athena y Shion estaban recibiendo a Lyfia y Freya, Aioria se detuvo de golpe de la impresión con una expresión un poco culpable, pues no sabía que todos los santos dorados estaban ahí. Lyfia se volvió a mirar a los recién llegados y sonrió ampliamente al ver a Aioria. Sin que nadie lo evitara, la chica se dirigió hacia él y Marin, pasando por los guerreros de Asgard, empujando a un lado a Frodi en el proceso, y se lanzó a abrazar a Aioria.

Todos se quedaron helados, mirando lo sucedido sin poder creerlo.

No fue un abrazo amistoso, fue otro tipo de abrazo, que hizo que todos los dorados, comenzando con Aioria, palidecieran, y todas las chicas presentes entrecerraran los ojos con expresiones furiosas. No se diga Marin, estaba realmente enojada.

-¿Qué rayos…?- siseó Lydia, volviéndose a Mu, interrogante, como si le estuviera preguntando si él sabía algo que ella no. Mu tragó saliva, preocupado por la situación.

-¡Aioria!- exclamó Lyfia, aún abrazando al santo de Leo, ignorando lo que estaba sucediendo a su alrededor, así como el hecho de que había empujado no solo a Frodi, sino también a Marin, haciéndola apartarse de ellos- ¡te extrañaba! Mira, guardé el colgante que me diste-

Para empeorar las cosas, Lyfia sacó el colgante de Aioros de entre sus ropas a la vista de todos.

-Oye, ¡ese colgante es mío!- dijo Aioros de pronto, reconociendo el objeto- ¿cómo es que lo…? Ouch- añadió, cuando Sofía le dio un codazo en las costillas para que se callara, pues estaba empeorando las cosas.

Demasiado tarde, el daño ya estaba hecho. Marin dio media vuelta y, sin darle oportunidad a Aioria de decir nada, se apresuró a entrar al recinto de las amazonas. Touma, quien había estado en los terrenos del Santuario y había visto todo, también se fue detrás de su hermana, su rostro tan furioso como jamás lo habían visto. Lydia se arremangó y dio un paso adelante, dispuesta a resolver el asunto a golpes, y Mu tuvo que detenerla mientras la abrazaba por la espalda para que no se lanzara al cuello de nadie.

Por fin, Lyfia soltó a Aioria, y alzó las cejas al notar la tensión a su alrededor.

-¿Pasa algo malo?-

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CONTINUARÁ…

¡HOLA A TODOS! Bueno, conste que se los advertí, la catástrofe estaba muy cerca. Una manera perfecta de echar todo a perder. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias por sus reviews. Les mando un abrazo a todos. Nos leemos pronto.

Abby L.