HASTA EL FIN DEL MUNDO

VII: MÁS ADVERTENCIAS

FLASHBACK

Terrenos del Santuario

Poco antes de la batalla de los Doce Templos

Aioria estaba muy preocupado y sorprendido por los alarmantes reportes que llegaban todos los días al Santuario sobre las las fechorías que hacían los santos de bronce en Japón. ¿Qué rayos les pasaba por la cabeza? ¿Qué acaso Marin, Camus y los otros maestros no les habían explicado que su lealtad estaba con el Santuario y con Athena?

Y hablando de Marín, acababa de escuchar que había sido enviada con Misty a asesinar a los santos de bronce, pero que finalmente entre Seiya y ella habían vencido a Moses y a Asterion respectivamente. ¿Qué rayos había estado pensando la chica?

Eso era peligroso. Marin… ¿acaso había elegido traicionar a Athena, igual que su aprendiz y todos los santos de bronce?¿Igual que Aioros?

Aioria se pasó los dedos por los cabellos en un gesto nervioso. No, Marin era incapaz de traicionar a Athena. Seguramente se trataba de un error. Él la conocía bien, y…

El chico suspiró. Estaba pasando de nuevo. Como con lo que sucedió con Aioros, nuevamente una persona que él juraba que jamás haría algo malo parecía estar traicionando a Athena y al Santuario. De hecho, desde que los santos de plata habían salido del Santuario a pelear contra los de bronce, comenzaron a revivir los rumores de que él mismo, Aioria, era hermano de un traidor, y que no se podía confiar en él. Gruñó.

Miró pasar a un par de guardias, ambos hablando de como Milo había sido llamado al templo del Patriarca, y se quedó pensativo. Quizá él podía ofrecerse a ir a darles una lección y, al mismo tiempo, averiguar que era lo que le había pasado a Marin, si es que tenía oportunidad de verla.

Suspiró, y comenzó a subir al templo del Patriarca.

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Terrenos del Santuario

Ni siquiera la noticia de que ese día la señorita Artemisa visitaría el Santuario para la reunión con Athena y los otros dioses podría animar a Touma. Desde que las chicas de Asgard habían llegado y había visto ese espectáculo, otra chica abrazando a Aioria y su hermana furiosa, el chico pelirrojo había estado de un genio terrible. Incluso los santos de bronce habían mantenido su distancia del chico.

Esa noche, Aioria había salido a los terrenos del Santuario, y cuando Touma lo vio, no perdió su oportunidad de ir a importunarlo. Aprovechando que estaba distraído, el pelirrojo se acercó por detrás y…

¡ZAPE!

-AAAAAAAH- gritó Aioria, furioso, y devolvió el golpe, dándole a Touma en la boca del estómago y sacándole todo el aire- ¡tarado! ¿quién rayos te has creído?-

Touma se puso en cuclillas, con sus dos manos en el abdomen, intentando recuperar el aliento, mientras que Aioria se levantaba y le lanzaba una mirada asesina. El pelirrojo no tenía idea del problema en el que se acababa de meter.

-Cofff.. cofff…- comenzó a decir Touma mientras intentaba respirar- tú… ¡cómo te atreves! Coff… mi hermana…-

El rostro de Aioria enrojeció de furia.

-Oh, no, tú no tienes porqué ponerte así también- dijo el santo de Leo en un tono realmente agresivo antes de que Touma terminara de hablar. ¿Desde cuándo todos los habitantes del Santuario se sentía con derecho de regañarlo? ¿Qué no entendían que NO HABÍA SIDO SU CULPA?

-¡No voy a tolerar que trates así a mi hermana!- dijo Touma.

-¡Y yo no voy a tolerar que todo el mundo se meta en donde no los llaman!- gritó Aioria a su vez- ¡no he hecho nada malo! ¡Y si tengo que dar explicaciones, es a Marín, no a ti ni a nadie más!-

Touma iba a decir algo más, pero recibió un zape antes de que pudiera hablar. Se volvió, enojado, a ver quien lo había golpeado, pero palideció al ver que había sido Marin, con sus manos en las caderas en un gesto amenazante.

-¡Marin!- dijo Touma, mientras la chica le volvía a dar un zape- ay, ¡Marin!¿Porqué…?-

-Porque estás estorbando- dijo Marin con calma, pero tanto Touma como Aioria notaron un tono peligroso en su voz- necesito hablar con Aioria, así que vete de aquí y déjanos en paz, si sabes lo que te conviene-

Touma asintió, y con gusto se apresuró a salir de ahí. No sabía que le pasaba a Marin, pero sea lo que fuera, algo era seguro: no le iba a ir muy bien al león.

Una vez que Touma desapareció y se quedaron solos, la chica se volvió a Aioria, quien suavizó su mirada y se mordió el labio. La chica se había vuelto a poner su máscara, cosa que a Aioria no le agradó ni un poco. Suspiró.

-Marin, perdóname- dijo Aioria- solo quiero que sepas que hay una explicación para lo que sucedió ayer, y que yo no hice nada malo-

La chica se cruzó de brazos y apoyó su peso en una de sus caderas, con una expresión un poco agresiva para el gusto de Aioria. Sabía que Marin estaría enojada, pero una vez que hubiera explicado lo sucedido en Asgard, todo se solucionaría.

-Te escucho- dijo Marin con un tono frío.

Aioria respiró hondo, y comenzó a contarle lo que había pasado en Asgard, desde cuando había aparecido en la nieve, que había sido encerrado y como había querido volver a pelear por Athena. Como había conocido a Lyfia y había decidido, junto con los santos dorados, apoyaría y peleando contra el malvado dios Loki, cómo pensaba que iba a morir, al igual que los otros santos dorados, y le dio el colgante de Aioros, pensando que podría ayudarla a sentirse mejor, pues la chica acababa de ver desaparecer a los doce santos dorados delante de sus ojos.

Marin lo escuchó con atención, sin interrumpirlo y sin decir nada más. Poco a poco la chica comenzó a sentirse culpable por haberse molestado con él. Claro, nada de eso no explicaba porqué Lifya se sentía con el derecho de abrazarlo, pero bueno.

-Lamento no haberte hablado de esto antes, Marin- dijo Aioria, encogiéndose de hombros levemente.

-Está bien- dijo la chica, relajándose levemente- entiendo-

Aioria extendió su mano temblorosa hacia ella, queriendo abrazarla. Marin sonrió bajo su máscara, y dio un paso hacia delante, abrazándolo por la cintura. El chico sonrió y la rodeó también con sus brazos. Vaya, se había asustado. Por un momento pensó que perdería a Marin.

-No tienes que dudar de mí, Marin, en serio- dijo Aioria, besando su cabello.

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Templo en el Santuario de Athena

Al día siguiente

Hades sonrió benévolamente al ver a Perséfone reír en voz alta mientras que jugaba con Mavri. Esa tarde Cathy había llevado al pequeño a conocer a la diosa, acompañada de Milo. Perséfone lo había alzado, lo había puesto en su regazo y había pasado el día abrazando al pequeño y riendo. ¿Mavri? Estaba encantado con la atención. Tenía diez meses, y era un niño muy tranquilo pero bastante cariñoso, y amaba abrazar a todo el mundo.

-¡Eres un niño de lo más hermoso!- dijo Perséfone, emocionada, abrazando de nuevo al pequeño, quien se dejó querer y sonrió ampliamente- ¡me encanta Mavri!-

El rey del Inframundo tomó a la chica de los hombros y se sentó junto a ella.

-Veo que te estás divirtiendo mucho, florecita- le dijo Hades, inclinándose hacia ella y besándola en la mejilla.

Mavri miró a Hades con enormes ojos, y el dios sonrió tranquilamente, y le revolvió el cabello.

Milo estaba de pie, en la entrada del pequeño templo, acompañado de Aiacos y Violate, quienes también sonrieron al ver al pequeño. La chica sonreía pero no parecía dispuesta a acercarse al pequeño, como si le diera alergia.

-¿Qué sucede, Vi?- dijo Aiacos, alzando las cejas- ¿no vas a saludar a Mavri?-

-No- gruñó la chica- lo puedo saludar desde aquí-

Aiacos sonrió levemente mientras que Milo alzaba una ceja en una expresión interrogante. El espectro de Garuda sabía que su chica no gustaba de tocar a los niños. Huía cobardemente cuando había que alzar a Lucy, la hija de Radamanthys, y ahora hacía lo mismo, manteniendo su distancia de Mavri.

El pequeño extendió sus bracitos hacia la chica, y cuando Violate le dio la espalda para no mirarlo, todos rieron en voz baja. Milo se acercó y, tras tomar a Mavri en sus brazos, se acercó a la chica.

-Vamos, no muerde- dijo Milo, mientras que Mavri se esforzaba por extender sus bracitos hacia Violate, casi lanzándose hacia ella. El pequeño estaba tan cerca que tomó uno de los mechones del cabello de la chica y lo miró con curiosidad, con enormes ojos.

Aiacos estaba preocupado de que le molestara a Violate, así que él tomó al bebé, pero Mavri nuevamente se estiró tanto como pudo hacia ella, y la chica no tuvo otra opción más que tomarlo. Una vez que estuvo en los brazos de la chica, Mavri la abrazó.

-Tenía que ser tu hijo- dijo Cathy en voz baja, volviéndose a Milo- coqueto como solo él-

Mientras que Milo sonreía sin ninguna vergüenza, Violate miró al pequeño, quien le regresó la mirada con enormes ojos, y sonrió levemente al sentir una agradable calidez en el corazón. Casi al mismo tiempo sacudió la cabeza. ¡Justamente era el sentimiento que quería evadir! Rápidamente puso al bebé en brazos de Milo y tras darle un par de palmadas en la cabeza, regresó al lado de Aiacos, quien se echó a reír en voz baja.

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Templo de Géminis

Al mismo tiempo

Al mismo tiempo, Julian y Céline continuaban mirando, sorprendidos, a la familia de Kanon. Si bien es cierto que a Anfitrite no le causaba ninguna simpatía la manera en que el gemelo menor la había tratado cuando era niña, pero pronto se había reconciliado con él, así como Poseidón lo había perdonado por todo el asunto de la manipulación en el pasado. Después de todo, sin importar los motivos, Kanon lo había criado y lo había mantenido a salvo, no solo a él, sino a todos los generales marinos.

Elsa miraba a los invitados con una expresión curiosa, aunque sin soltar a camisa de su papá. Anfitrite adoraba a la pequeña.

-¿Y entonces cuándo nace el bebé?- preguntó de pronto Julian.

-En marzo- dijo Kanon con una leve sonrisa, mientras terminaba de recoger el cabello de su pequeña y lo ataba en una coleta, para después atar un listón en ellos- a decir verdad, todos estamos impacientes, ¿verdad, Elsie?-

Julian y Céline se miraron entre sí y sonrieron. ¡Kanon se había convertido en todo un padre de familia! Jamás, ni en sus más locos sueños, pudo haber imaginado al gemelo peinando a su pequeña hija con ese cariño. Céline le lanzó una mirada traviesa a Julian, quien asintió.

-Elsie, preparaste unas galletas con tu tía Cecy- dijo Satu de pronto, aún con su mano sobre su panza- ¿porqué no les compartes a Julián y a Céline?-

Los ojitos de la pequeña brillaron, y corrió a la cocina a traer las galletas. Julián se echó a reír al ver a Kanon hinchar su pecho, orgulloso de su pequeña.

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Normandía, Francia

Margot regresó a casa después de la escuela y, tras saludar a su mamá, revolvió los cabellos de Rémy y se dispuso a subir a su habitación, cuando Bianca la detuvo.

-¿Cómo está Sofi?- preguntó Bianca- ¿Kiki te ha contado algo de ellos?-

-No, pero tía Sofi estaba muy bien la última vez que la vi, mamá- dijo Margot, sonriendo- ¡Markus y Carina casi corren! Les dan muchos problemas a ella y a tío Aioros-

Bianca sonrió ampliamente.

-Quizá deberíamos planear visitarlos, ¿no crees?- dijo la chica, haciendo que los ojos de su hija brillaran. ¡Por supuesto que quería ir a Atenas a visitar a su tía! Porque claro, era una ocasión ideal para visitar a Kiki. Ya hacía un par de semanas que no lo veía, aunque sí conversaban todas las noches. ¡Lo extrañaba mucho!

Una vez que terminaron de charlar, Margot subió a su habitación, y casi da un brinco del susto. Lowe y Chanteloup, los espíritus lobo que siempre la seguían, habían aparecido en su habitación tan claros como si fueran realmente corpóreos. Margot jamás los había visto con tanta claridad.

-Ustedes dos- dijo la chica, abriendo la boca sorprendida- ¿qué están haciendo aquí? Hace mucho que no los veo tan… sólidos-

-Tenemos que advertirte, Margot- dijo Chanteloup con seriedad- hemos notado que estos últimos meses los enemigos se han estado volviendo más poderosos-

-¿Cómo?- dijo la chica- si Kiki me dijo que habían capturado a uno de los dioses gemelos-

-Sí, pequeña, pero el otro sigue libre- dijo Lowe- está desesperado, y por eso es mucho más peligroso-

Margot se mordió el labio.

-¿Qué han visto?-

-Sus poderes se están concentrando en los extremos del mundo- dijo Chanteloup- y creo que pronto atacarán el Santuario de Athena. Tienes que advertirles-

-Y quizá sería buena idea que te refugiaras con ellos- dijo Lowe- ellos saben que tuviste el poder del Nahimana, no sabemos si quieran volver a atacarte-

La chica tembló levemente, cerró los ojos y sacudió la cabeza. No quería volver a pensar por lo que había pasado cuando conoció al aprendiz de Aries.

-Podemos sentir la maldad acercándose, no solo a nosotros, sino también al Santuario de Athena, y en varias zonas del mundo- dijo Chanteloup- más vale que les avises, y que te pongas a salvo-

Margot suspiró, y asintió. No entendió la mitad de lo que los lobos habían dicho, y sabía que no era sabio ignorar lo que le decían los espíritus lobo. Sacó su celular y marcó el número de Kiki. Necesitaba que el chico fuera por ella, para explicarle a Athena lo que los lobos habían intentado advertirle.

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Templo en los terrenos del Santuario

Sigmund y Hagen se cruzaron de brazos, mirando al pobre Frodi con algo de compasión. No eran tontos, sabían los sentimientos del chico hacia Lyfia, y debía ser muy difícil no solo ser ignorado de esa manera, sino ver que la chica activamente estaba buscando a otro hombre, un santo de Athena. Sigmund se cruzó de brazos. Su propio hermano, Sigfried, había sentido lo mismo, enamorándose de la previa representante de Odín en la tierra, pero al menos no tenía que aguantar mirar a Hilda rechazándolo de esa manera o enamorada de alguien más.

Lyfia era diferente.

Esa tarde habían salido, y notaron que la chica había estado buscando insistentemente a Aioria, aunque en vano. Shion se había encargado de que el santo de Leo estuviera bien lejos de donde se encontraba Lyfia para no causar más problemas de los que ya tenían. Solo habían conocido a la hermana menor de Aioria, pero ésta había siseado enojada que tenía cosas que hacer y se había ido de una manera que a los guerreros les pareció un poco grosera, seguida de Mu, quien les dedicó una sonrisa de disculpa.

Los tres guerreros vieron a Freya sentándose junto a Lyfia y poniendo una mano en su hombro mientras Lydia se iba enojada, seguida de Mu.

-¿Cuál es su problema?- dijo Lyfia.

-Supongo que es una hermana celosa- dijo Freya, sonriendo- yo a veces me pongo un poco así cuando Sigfried se acerca demasiado a Hilda-

-Igual, no tenía que ser tan grosera- dijo la otra chica, cruzándose de brazos en un gesto molesto- no es mi culpa que Aioria y yo…-

-No me digas que no lo notaste ayer- dijo Freya- esa chica pelirroja es la novia de Aioria. Él ya está ocupado. Quizá sería buena idea que miraras a otros chicos, sobre todo los que están más cercanos a casa, como Fr…-

-No, no está ocupado- dijo Lyfia, gruñendo por lo bajo- no veo que tenga un anillo o algo así-

Freya suspiró, y miró de reojo a Frodi, quien se ruborizó levemente al escuchar su nombre ser mencionado. La chica rubia suspiró. ¡Por eso no quería acompañar a Lyfia!

-Lyfia, mejor no…- comenzó Freya.

-No molestes, Freya- dijo Lyfia, encogiéndose de hombros y levantándose para bajar a los terrenos del Santuario. Los chicos se levantaron para seguirla, pero Freya los detuvo.

-No, no vayan los tres- dijo la chica- ve tú, Sigmund-

Frodi y Hagen asintieron, y regresaron a sus asientos, y Freya se volvió de nuevo a Sigmund.

-Mantén tu distancia, pero no dejes que cause muchos problemas- dijo la chica en voz baja. Sigmund asintió tras dar un largo suspiro, y salió para seguir a Lyfia. Freya se frotó la frente repetidamente, y no le gustaba ni un poco la situación ¡Por eso quería que fuera Hilda quien fuera al Santuario! ¿Qué podía hacer ella al respecto?

Freya se volvió a Frodi, quien pasaba sus dedos por sus cabellos en un gesto entristecido, y lo miró con un poco de pena. ¡Qué difícil era estar enamorado de alguien que no lo quería! Ojalá pudiera hacer algo para mejorar la situación.

Frodi suspiró, y salió a los terrenos del Santuario a tomar un poco de aire fresco, lejos de Lyfia. Necesitaba estar solo para pensar. Caminó un poco por los terrenos, pasando por uno de los jardines de rosas de Afrodita (teniendo cuidado con ellas) y se acercó a la orilla del bosque.

El chico se sentó bajo un árbol y respiró hondo.

-Oh, por Odín…- dijo Frodi finalmente- ¿qué estoy haciendo?-

Esa era la pregunta. Desde hacía mucho era evidente que Lyfia no estaba interesada en él, y solo había seguido tras ella porque sabía que eventualmente la chica se desengañaría y se daría cuenta de que Aioria estaba enamorado de su actual novia. ¿Y si no pasaba eso?

-Vamos, Frodi- le había dicho Sigmund hacía un tiempo- no puedes seguir así. ¿Dónde está tu orgullo?-

Ese era el problema. Frodi estaba demasiado enamorado.

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Narvik, Noruega

La madre de Minos suspiró cuando cayó la noche en Noruega, mientras caminaba por los solitarios pasillos de su casa. ¡Cómo le gustaría que Minos y Aria pudieran quedarse con ella siempre! Pero sabía que no podía ser, que su hijo tenía un deber en el Inframundo.

La mujer recogió las toallas de la lavandería y comenzó a caminar hacia arriba, hacia el pequeño armario donde guardaba la ropa de cama y las toallas. No le importaba mucho estar sola. Minos y Aria acababan de darle la mejor noticia del mundo. ¡Iba a ser abuela!

Bueno, hacía unos meses, Minos había llevado por primera vez a su mujer, y ambos, tanto su hijo como la chica, habían llegado a su casa heridos y quebrados por dentro. Habían perdido un bebé antes de que naciera, y ambos se sentían culpables por ello. Además, la pobre Aria no había tenido ningún apoyo de su madre, sino todo lo contrario. Minos no dejaba de abrazarla y darle mucho cariño, pero la mujer supo instintivamente que la chica necesitaba algo que el espectro no podía darle: cariño materno.

Y ella estaba contenta de hacerlo. No entendía como la señora Rossini podía haber abandonado así a Aria. ¡Si era una chica tan linda! Y tampoco Minos estaba nada mal, y no lo pensaba así solamente porque era su hijo. Ambos eran un par de chicos con buen corazón.

La mujer suspiró y guardó por fin las toallas. Notó al ver por la ventana que ya había oscurecido, y que el cielo estaba tan claro que seguramente pronto aparecerían las auroras boreales. Cuando se acercó a la ventana para correr la cortina, notó que estaba pasando algo extraño.

-Pero, ¿qué es eso?- dijo para sí misma en voz baja.

En la distancia, en dirección al norte de Narvik, apareció un rayo de luz de color rojo brillante. La mujer alzó las cejas. ¿Qué era eso? No era una aurora, jamás había visto una de ese color. ¿Qué podría ser? Y no era solo eso. Algo en su corazón le decía que eso eran malas noticias.

La mujer sacó su teléfono celular e ignorando el frío, abrió la ventana. Comenzó a tomar fotografías y luego a grabar lo que estaba viendo con su teléfono celular. Había algo que no le gustaba al respecto. Una vez que terminó de grabar, llamó a Minos para contarle lo que había visto, y enviarle el video. Seguramente el chico necesitaba saberlo.

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Punta Arenas, Chile

Al mismo tiempo

Julieta y Barbara caminaron a casa juntas tan pronto como ambas habían recibido oficialmente su asignación en la base militar de la Antártida. Ambas llevaban puestos sus uniformes militares de color verde. Cuando estuvieron bastante lejos de la base, se miraron entre ellas con una sonrisa.

-Esto requiere una celebración- dijo Barbara, riendo.

-No, amiga, sabes que no me gusta beber-

-Oh vamos, Juli- dijo Barbara- una copa de vino no le hace daño a nadie-

Julieta la evaluó con la mirada, pero sonrió.

-Bueno, solo una copa de vino- aceptó Julieta- pero inmediatamente vamos a casa, le prometí a Rayen que no nos tardaríamos en llegar-

-Tienes razón, yo le dije lo mismo a Mati…-

-Entonces apresurémonos- dijo la otra chica- a tu esposo no le va a gustar que pases tus vacaciones con tu compañera del trabajo, ¿verdad?-

Las chicas se iban a dirigir a su restaurante favorito, cuando vieron algo extraño en el cielo. Aún era la mitad del día, y el cielo estaba medio nublado, con algunos rayos de sol colándose entre las nubes, cuando vieron un rayo de luz de color rojo iluminando el cielo en dirección al sur de Punta Arenas.

-Wow… ¿qué es eso?- dijo Julieta, sorprendida, mientras que Barbara sacaba de entre sus ropas su teléfono celular y comenzaba a tomar fotos.

-No lo sé, pero parece venir del sur- dijo Barbara, sorprendida, mientras seguía tomando fotos del fenómeno.

Julieta miró a su alrededor. No eran las únicas que habían notado el extraño fenómeno. Todos a su alrededor estaban mirando el cielo y comentando sobre él. La chica se encogió de hombros. No tenía idea de qué se trataba eso, pero supuso que lo vería en la noche en las noticias.

Seguramente no era nada importante.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Poco después de que cayó la noche, Kiki tomó la mano de Margot mientras ambos entraban al templo del Patriarca. El pelirrojo había recibido una llamada de la chica, quien le había explicado lo que los espíritus lobo le habían dicho. El chico suspiró y fue por Margot a Normandía, y tras avisarle a los padres de ella, ambos se teletransportaron al Santuario de Athena.

-No me gusta nada esta situación- comentó Kiki mientras ambos entraban al último templo del Santuario.

-A mí tampoco- dijo Margot- pero al menos esta vez tenemos un aviso de que algo no anda bien-

Kiki sonrió levemente y asintió, apretando suavemente la mano de la chica. No le hacía ni un poco de gracia saber que los lobos pensaban que Margot también estaba en peligro. Quizá cuando terminaran de hablar con el Patriarca intentaría convencer a Aioros y a Sofi de que su sobrina se quedara con ellos.

No pasó mucho tiempo cuando los dos se toparon con Shion y con Sara, quienes estaban conversando juntos en la biblioteca.

-Kiki- dijo Shion, levantando la mirada cuando los vio llegar- …y Margot. ¿Qué sucede?-

-Lamento mucho molestarlo, maestro Shion, señorita Sara- dijo Kiki, inclinándose levemente, y se volvió a la chica que lo acompañaba- Margot… vino porque tiene algo importante que informarle-

Shion alzó las cejas. Recordaba muy bien el poder secreto que tenía la chica, y que tenía un par de espíritus de la naturaleza que se encargaban de advertirle cuando había peligro y de cuidarla. Le extrañaba que Kiki la hubiera llevado, no lo habría hecho si no fuera importante.

-Te escucho, hija- dijo Shion.

-Señor Shion, mis espíritus lobo me dijeron que algo malo está a punto de pasar- dijo la chica, y comenzó a contarle sobre la conversación que había tenido en su casa con Lowe y Chanteloup. Shion y Sara escucharon con atención lo que dijo la chica.

Una vez que terminó, Kiki le pasó un brazo por la espalda, tomándola por la cintura y atrayéndola a sí mismo, al notar que Margot estaba muy preocupada.

-Tienen razón- dijo Shion- tenemos que tener cuidado. No te preocupes. Redoblaremos las guardias en el Santuario, y creo que sería buena idea de que Margot se quedara con sus tíos en Sagitario. Podemos hablar con tus padres, para decirles que es importante para que estés a salvo-

Margot asintió.

-Mandaré también a un par de santos de plata a cuidar a tus padres- continuó Shion- no creo que se les ocurra atacar si tú estás aquí, pero de igual manera-

Kiki agradeció al Patriarca, y acompañó a Margot con sus tíos Aioros y Sofía. Una vez que se quedaron solos, Shion se volvió a Sara.

-Necesito que pidas permiso de faltar a tu trabajo y te quedes conmigo en los siguientes días- dijo Shion- estoy seguro que no deben tardar en intentar atacarnos-

Sara asintió levemente sin atreverse a discutir la decisión de Shion. Después de su última experiencia, no quería volver a pasar por ello.

-Necesitamos decirle a Saori lo que acabamos de escuchar- añadió Sara.

-Lo sé- dijo Shion- pero ya está dormida. Mañana a primera hora le informaremos, y nos reuniremos con los otros dioses. Necesitamos comenzar a planear nuestro contraataque-

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Casa de la familia Castillo

Para cuando regresó a casa después de tomar una copa de vino con su amiga, Julieta ya había olvidado todo el asunto de la luz roja que apareció en el horizonte. Encontró a Rayen durmiendo la siesta y a su mamá leyendo en la sala. Tras despedirse de ella cuando se fue, la chica se metió a la cocina para preparar la cena.

Mientras preparaba la sopa que ella y Rayen cenarían, dejó que su mente divagara en lo que había visto ese día, la familia de su amiga. Sí, ella tenía un pequeño así como ella tenía a Rayen, pero también tenía un esposo. Julieta suspiró. Siempre se las había arreglado ella sola, claro, con ayuda de su familia, pero su amiga tenía algo que Julieta no. Una parte de ella sentía que se estaba perdiendo al no tener a un chico con ella.

Siempre se había dicho a sí misma que no importaba, que podía hacerlo sola, y era cierto, pero no podía evitar sentirse un poco melancólica.

-¡Mamá!-

Julieta dio un respingo al escuchar a Rayen llamándola. Tras apagar la estufa, la chica se apresuró al cuarto de la niña, quien estaba mirando asustada a su alrededor. Julieta se sentó en la cama y la abrazó.

-Mamá…- sollozó en voz baja la niña.

-Ya, ya, aquí estoy, Rayen- dijo Julieta- no pasa nada, tuviste una pesadilla. Aquí estoy, todo está bien-

-Mami…- dijo la niña conforme se tranquilizaba- me asusté… soñé muy feo-

-Lo sé, pero no tienes porque tener miedo, cariño- dijo Julieta, ofreciéndole la mano- ven, vamos a cenar, estoy terminando-

Rayen asintió y siguió a Julieta a la cocina, sin soltar la mano de su mamá. Cuando terminó de cocinar y se sentaron a la mesa, Julieta la puso sobre su regazo y no dejó de abrazar a su pequeña.

-Mamá, ¿cuándo nos vamos a mudar?- dijo la niña en voz baja.

-En un par de días- dijo Julieta, preguntándose si eso era lo que había asustado tanto a Rayen- sabes que no tienes que preocuparte, ¿verdad?-

La niña la miró con enormes ojos.

-Sí, mami- dijo ella. Julieta sonrió. Le gustaba que Rayen la llamara así. Tras ver a esa niña, se dio cuenta de que no necesitaba nada más.

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CONTINURÁ…

¡Hola a todos! Bueno, como se dieron cuenta, Lyfia no está arrepentida en lo más mínimo de los problemas que causó, y parece dispuesta a causar muchos más. Parece que todo el mundo se unió al club de odio hacia Lyfia. El próximo capítulo será el día de Navidad, pero les recomiendo que (nuevamente) tomen antiácido antes de leer, pues lo que va a pasar, sumado a la cena de navidad puede causarles unas agruras terribles. ¡Muchas gracias a todos por sus reviews, y por seguir leyendo! Un abrazo a todos. ¡Feliz Navidad!

Abby L.