HASTA EL FIN DEL MUNDO
VIII: CATÁSTROFE
FLASHBACK
Año 13 del Nacimiento de Athena
Durante la batalla de los 12 templos
Marin se levantó del suelo con dificultad, tragándose sus expresiones de dolor, y se sacudió el polvo de sus ropas y armadura. ¡Ese maldito Jaki! El soldado se había aprovechado de que la chica estaba cansada de pelear contra todos los soldados que no dejaban de llegar contra ella. ¡Menos mal que había logrado librarse de él antes de que el maldito guardia le rompiera algún hueso! Y no podía creer todo lo que Jaki le había dicho.
Primero, que el Patriarca había prometido hacerlo un santo si la mataba. ¿Qué significaba eso? Eso iba en contra de todas las leyes de Athena.
Segundo, los santos de bronce estaban peleando en los Doce Templos en esos momentos, porque Athena estaba en peligro.
Y finalmente, más importante, Seiya estaba en el templo de Leo, peleando contra Aioria. ¿Era eso posible? Había escuchado que el santo de Leo ya se había enfrentado a su aprendiz una vez, pero que lo había dejado ir, porque le había creído sobre la señorita Saori Kido siendo Athena. ¿Porqué Aioria habría cambiado de opinión?
No, no era posible. Aioria era la última persona que podría traicionar a Athena. Mucho menos cuando toda su vida había sufrido por ser llamado hermano del traidor Aioros. Entonces, ¿qué era lo que estaba pasando?
Y Marin supo la respuesta. El Patriarca.
Había algo sospechoso sobre el Patriarca. ¿Podría éste estar influyendo en las acciones de los otros santos, Aioria incluido?
Dudosa, la chica levantó la vista hacia Starhill. Sabía la ley: ningún santo podía subir a esa montaña, a menos de que fuera el Patriarca. La chica respiró hondo. Había algo que no tenía sentido en todo ello. Miró alternadamente el camino hacia Starhill, y el distante templo de Leo que se podía ver desde el barranco al que había caído. Suspiró, y se dirigió al primer sitio.
"Por favor, Aioria", pensó Marin para sus adentros "eres un hombre justo. No vayas a hacer algo de lo que te puedas arrepentir después"
FIN DEL FLASHBACK
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Templo del Patriarca, Santuario de Athena
A la mañana siguiente
Tan pronto como amaneció, entre Shion y Sara habían logrado organizar que todos los dioses y sus guardianes acudieran al templo del Patriarca muy temprano en la mañana para discutir la crisis que se venía sobre ellos. Incluso Lyfia había llegado temprano, con una expresión preocupada.
A la cabeza de la mesa de discusión estaba Athena. A su derecha estaba sentada Sara, mirando un poco dudosa a los otros dioses, pues no estaba acostumbrada a esas reuniones. Junto a ella estaban Poseidón y Anfitrite, y después estaban Lyfia y Freya. Del otro lado de Athena estaba el asiento de Shion, y después estaban Hades y Perséfone. Junto a ella estaba Artemisa, quien había llegado esa mañana a discutir lo que harían al respecto de Phobos, que seguía suelto.
Detrás de Artemisa estaba de pie Touma con una expresión de pocos amigos. Era el único que había insistido entrar, pues todos los demás guardianes, Frodi y los guerreros, Aiacos y Violate, así como Sorrento, quien estaba de pie tomando la mano de Leilani.
-Gracias por haber venido- dijo Athena cuando todos estuvieron reunidos- era importante que estuviéramos presentes todos, porque tenemos un asunto muy importante que tratar. En septiembre logramos sellar a Deimos, y con ayuda de Hades logramos colocarlo en un sitio donde no tenemos riesgo de que escape. Ahora, solo tenemos que hacer algo con respecto a Deimos-
-Y de Ares- añadió Artemisa, pues la joven diosa recordaba que era su medio hermano quien había hecho que los humanos a su servicio la sellaran.
-Tienes razón, hermana- dijo Athena, y se volvió a los demás- no solo eso. Hemos escuchado muchas advertencias de lugares externos…-
-¿A qué te refieres?- preguntó Poseidón.
-La diosa Hathor nos dijo que Seth, el dios del miedo egipcio, se alió nuevamente con Phobos para atacarnos- dijo Athena- le avisó a la chica de una de mis santos, que es su protegida-
-No solo eso- dijo Shion- también Margot Blanc nos avisó que los espíritus de la naturaleza predicen que algo malo está a punto de suceder-
-Yo también recibí una advertencia- dijo Hades en voz baja- Minos nos llamó para decirnos que en Narvik notaron un rayo de luz rojo proveniente del polo norte-
Los dioses se miraron entre sí. Freya se mordió el labio, esperando que Hilda estuviera a salvo en Asgard. Sonrió levemente. Seguramente Sigfried jamás dejaría que algo malo le pasara a su hermana mayor.
-¿Qué vamos a hacer al respecto?- dijo Lyfia.
-Podemos enviar a los santos y generales a la isla de Milos- dijo Poseidón- ya sabemos que los seguidores de Phobos siguen ahí. Puede ser que él mismo siga ahí-
-Y los espectros pueden ir a Egipto- dijo Hades- sé de buena fuente que hay una entrada al Inframundo egipcio desde la gran pirámide…-
Shion miró a Athena, y ésta alzó las cejas, mirando repetidamente al Patriarca y a Sara.
-Bueno, también debemos discutir algunas cuestiones de seguridad- dijo Shion, y comenzó a hablar largamente de la necesidad de asegurarse de que los dominios de cada uno de los dioses estuvieran seguros y preparados para cualquier ataque inminente de Phobos y de sus aliados.
Una vez que terminaron la sesión, todos se retiraron.
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Ptolomea, Inframundo
Poco antes
Minos colgó el teléfono y suspiró largamente. Ya había cumplido con su encargo, avisándole a Hades sobre el extraño rayo de luz roja que su mamá había visto en casa. Se volvió a Aria, quien se estaba mordiendo nerviosamente las uñas desde que su suegra había llamado para decirles lo que habían visto.
-No hagas eso, cariño- dijo Minos, tomándole las manos para que dejara de morderse las uñas, pero besándolas alternadamente- no estamos seguros de que lo que nos dijo mi mamá sea algo malo, será mejor que no pienses en eso-
Aria sonrió levemente y asintió. La verdad se había puesto un poco nerviosa, y a Minos no le hacía mucha gracia. Tenía miedo que si su chica se estrenaba demasiado pudiera perder al bebé, así que así intentaba tranquilizarla, aunque muy a su manera.
-¿Está todo bien en Atenas con el señor Hades?- preguntó Radamanthys, quien estaba de visita en Ptolomea con Victoria y Lucy. Cabe mencionar que el juez de Wyvern jamás había mencionado a Victoria nada de su pequeña aventura cuando la nena se le escapó hacia las habitaciones de Hades. No quería ser enviado al sofá por el resto del año.
-Al parecer todo está bien con él y con la señora Perséfone- dijo Minos, guardando su teléfono celular- estaban a punto de entrar a la reunión con Athena cuando llamé-
-Yo me sentiré más tranquila cuando ambos regresen a casa- dijo Victoria, poniendo a Lucy en el suelo- con estos enemigos, nunca se sabe-
Desde que Aria había perdido el bebé, Radamanthys y Victoria se habían mantenido alejados de ella y de Minos, sobre todo para evitar que la presencia de Lucy les recordara lo que había pasado. No era necesario, pues Minos y Aria a su vez habían intentado evitar ver a Lucy o algún otro niño para no pensar en ello. Lucy fue la primera en sufrir por ello, haciendo berrinche y repitiendo que quería ver a su tío Minos. Pero ahora que ambos habían superado eso, y que ambos estaban esperando un bebé, por fin fueron los tres a visitarlos.
-Titito- dijo Lucy, caminando tambaleándose y abrazando al espectro.
-Ya sé que vienes a ver a tu tío favorito- dijo Minos, extendiendo los brazos y sentando a la pequeña en su regazo, para proceder a hacerle cosquillas, haciendo ruidos graciosos. La pequeña rió con ganas y pataleó, haciendo sonreír a todos los presentes.
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Terrenos del Santuario
Horas más tarde
Frodi suspiró mientras se sentaba en el pasto húmedo en los terrenos del Santuario. No estaba contento, y no estaba a gusto. Todo ese viaje había sido de lo más desagradable. Una parte de él estaba seguro de que algún día Lyfia cambiaría de opinión sobre él, pero esto era algo diferente. Una cosa era aguantar que ella lo tuviera en la friendzone en Asgard, y otra muy diferente verla activamente intentar llamar la atención de otro chico.
¿Porqué a él?¿Porqué se había enamorado de alguien que no lo amaba?
Frodi había visto en esos días lo felices que estaban la mayoría de los santos dorados. No había estado ocioso en esos días, había charlado con Mu de Aries y con Dohko de Libra, y una parte de él los envidiaba. Lo único que le había dado un poco de esperanza era escuchar que Aioria estaba en una relación estable con esa amazona, Marin.
Que ahora estaba enojada por culpa de Lyfia.
Y hablando de ella, Lyfia había vuelto a intentar charlar con Lydia, pero la chica la había ignorado olímpicamente tras mirarle una mirada furiosa. Mu le había dicho que esa amazona era la hermana menor de Aioria, y una de las mejores amigas de Marin, por lo que no le extrañaba la molestia de la chica.
Frodi suspiró largamente. Quizá Sigmund tenía razón, y debía olvidarse de ella. ¡No! ¡No quería! ¡La amaba, desde que la había conocido, se había enamorado!
Sacudió la cabeza, y levantó la mirada. No. Lo mejor hubiera sido quedarse en Asgard. Y haber convencido a Lyfia de quedarse allá. Hilda hubiera podido haber hecho el viaje. Frodi suspiró largamente, poniéndose la mano sobre su corazón adolorido.
De pronto, algo llamó su atención. Había una nena de unos tres años caminando hacia él, mirándolo con curiosidad. Tenía enormes ojos verdes, y Frodi notó en ella un gran parecido a los gemelos del Santuario.
-Hola- sonrió la niña, con sus manitas en la espalda- ¿porqué estás triste?-
Frodi parpadeó.
-Yo no estoy triste- gruñó Frodi, cruzándose de brazos, mientras la niña se sentaba en el suelo junto a él- ¿deberías estar aquí tú sola, niña?¿Dónde están tus papás?-
-Mi papá está allá- dijo la niña, señalando a Kanon, quien estaba a lo lejos y traía puesta la armadura de Géminis. La niña ladeó la cabecita y sonrió otra vez- me llamo Elsa. ¿Cómo te llamas?-
-Frodi- volvió a gruñir el chico.
Frodi miró a la pequeña. Estaba seguro de que el tarado de Géminis estaría loco por su pequeña hija. Le cayó bien la niña, parecía tener buen corazón.
-¡Así que aquí estás!- dijo de pronto una chica, acercándose a él- Elsie, te dije que no te fueras corriendo así-
Frodi levantó la mirada, y vio a una chica pequeña, bajita, y embarazada. Muy embarazada. Se iba a inclinar al suelo para levantar a la pequeña, pero no lo logró. Sonrió a mirar a Frodi.
-Lo lamento, Elsita tomó la costumbre de escaparse de Geminis- dijo la chica recién llegada, que era Satu, y volvió a intentar inclinarse al suelo para alzar a la pequeña cuando Frodi suspiró largamente y la detuvo.
-No, espera- dijo el chico, poniéndose de pie- no puedes, yo te ayudo-
Alzó a la pequeña, quien sonrió y abrazó a Frodi mientras ambos caminaban juntos a la entrada de los Doce Templos.
-Gracias, eres muy amable, Frodi- sonrió la chica.
-No es nada- gruñó Frodi, mientras ponía a Elsita en el suelo.
-Gracias, Frodi- dijo la pequeña, sonriendo y tomando obedientemente la mano de su mamá- no estés triste-
El chico sonrió, revolvió el cabello de la pequeña y regresó a los terrenos a buscar a Lyfia. Mientras lo hacía, iba pensando en lo que le había dicho la pequeña. ¿Se notaba que estaba triste? Él no estaba muy seguro. Sacudió la cabeza. Era mejor no pensar en ello.
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Entrada del templo de Aries
Poco después de ver pasar a Satu de regreso a Géminis llevando a Elsa, Mu extendió los brazos para abrazar a Lydia. Según lo que había dicho el maestro Shion, al día siguiente los dioses se iban a ir del Santuario, y eso lo tranquilizaba. Lyfia nunca le había caído mal, pero no le hacía mucha gracia que su esposa se enojara con él, o que Aioria se hubiera metido en problemas con Marin por su culpa.
Suspiró. Pronto se irían, y las cosas volverían a la normalidad.
-¿Qué pasa?- le preguntó Lydia.
-Nada, solo estoy pensando que no me gusta mucho lo que está pasando- dijo Mu.
Lydia se frotó la frente.
-Al menos Aioria y Marin ya hicieron las paces- dijo ella- estaba muy preocupada por ellos dos. Tanto que se quieren, no estaría bien que se separaran por un malentendido y por una… arggg… desubicada-
Mu sonrió levemente, y asintió. Borró su sonrisa al ver que Lyfia había salido de su templo y se dirigía de nuevo a los terrenos del Santuario. Entrecerró los ojos. Esta vez estaba sola, no estaban los guerreros de Asgard con ella.
-¿Sucede algo?- dijo Lydia de nuevo.
El santo de Aries no respondió, solo señaló hacia donde estaba la chica. A Lydia no le hizo ninguna gracia verla, solo bufó enojada. Mu la abrazó y le dio un beso en la mejilla.
-Argg… ¡no la soporto!- dijo Lydia, sin sonreír a pesar de que Mu estaba mimándola- y me cae pesadísimo que su nombre se parezca tanto al mío- suspiró- solo espero que no vuelva a causar problemas entre Aioria y Marin-
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Embajada mexicana en Atenas
Saga y Cecilia sonrieron cuando Beatriz les puso a Frida en el sofá entre ellos. La pequeña no se podía sostener sentada aún, y finalmente Cecy fue quien la sentó en su regazo. Saga la miró, y sonrió levemente al verla con la pequeña en brazos, pensando que se veía muy linda con la niña. Frida solo miró a Saga con enormes ojos y sonrió, juntando repetidamente sus manitas.
Diego le dio un codazo a su esposa, para señalar a su hermana y a Saga, ambos concentrados en Frida. Kostas y Santi, quienes estaban jugando con Canuto, también se dieron cuenta de ello, el primero esperando que eso animara a sus papás a darle un hermanito pronto.
Saga no se oponía para nada a la idea. Tenía curiosidad de saber como se sentía tener un hijo, verlo desde el día que nació, pensando en como se había perdido cuando nació Kostas. Y sabía que a Cecilia le gustaban los niños.
Frida extendió una manita hacia Saga, y éste no se hizo del rogar. Su nueva sobrina era muy linda, y además, él ya tenía práctica con Elsita.
Kostas aprovechó que su mamá estaba libre, así que se acercó a Cecilia y le dio un abrazo. Canuto se puso un poco celoso y le ladró un par de veces.
-Ya, Canuto, no molestes a Kostas- dijo ella- te queremos a ti también-
-Ruuffff…- se quejó Canuto, mirando con los ojos entrecerrados a todos hasta que Kostas lo levantó del suelo.
-Se van a quedar con nosotros a cenar, ¿verdad?- dijo Diego.
-Por supuesto- dijo Saga sin quitar los ojos de Frida- tenemos la tarde libre-
Lo anterior era cierto. Saga había hablado con el Patriarca desde que había escuchado el problema entre Marin y Aioria, y prefirió mantener a Kostas alejado del santo de Leo para que éste tuviera oportunidad de arreglar las cosas con la amazona. Realmente esperaba que todo estuviera bien.
-No volviste a cocinar tú, ¿verdad?- dijo Cecilia, volviéndose a Beatriz.
-Sí, pero esta vez no es nada picante- dijo su cuñada.
Saga sonrió ante la sonrisa escéptica de Cecilia, y volvió a poner a Frida en los brazos de ella.
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Terrenos del Santuario
Poco más tarde
Marin había salido del recinto de las amazonas con buen ánimo. Lena había vuelto a ir, dejando a su pequeño al cuidado de Shaka, y tras darle un par de zapes le había dicho que debería aceptar la propuesta de Aioria de pasar la noche con él, ya que el recinto podría aguantar perfectamente sin ella al menos por veinticuatro horas. La pelirroja no quiso discutir. No sabía si eran las hormonas post embarazo, pero Lena tenía la mano muy pesada últimamente. Y sabía que, en el fondo, la chica tenía razón. Había dejado muy abandonado al león, y el pobre sufría.
Suspiró, y salió del recinto, caminando con decisión hacia los Doce Templos, para ver si lograba encontrar a Aioria. En el camino se encontró a Freya, con quien conversó animadamente bajo la atenta mirada de Hagen. La chica rubia parecía aliviada de que volverían a casa al día siguiente.
En secreto, Marín también estaba aliviada de que se fueran. Había escuchado y creído sinceramente en la explicación de Aioria sobre lo que había pasado con Lyfia en Asgard, pero una parte de ella estaba segura de que, si bien Aioria era indiferente, la chica no lo era tanto, y la ponía muy celosa.
Una vez que la amazona se despidió de Freya, vio a lo lejos que estaba Aioria, con su traje de entrenamiento, dandole la espalda. Le extrañó un poco a Marin no ver a Kostas con él, pero no pensó mucho en ello. Comenzó a apresurar el paso para alcanzarlo y, si era posible, sorprenderlo.
De pronto, se detuvo en seco.
Marin miró con horror que un par de brazos estaban rodeando el cuello de Aioria. Que pertenecían a una chica. Y era Lyfia de nuevo. Y mientras eso pasaba, Aioria la tomaba de la cintura. ¡Ese maldito de Aioria!
La chica parpadeó para aclarar su vista, como si estuviera convencida de haber visto mal. Pero no, no se había equivocado. Ahí estaba, a plena luz del día. Y no solo eso. Cuando la chica se acercó un poco más, vio que se estaban besando. ¡Aiora y Lyfia se estaban besando!
Marin se dobló sobre si misma. Algo pasó dentro de ella. Le dolía el pecho, sentía como si su corazón se estuviera partiendo en mil pedazos. ¡Era realmente horrible! Era como si una terrible opresión en el pecho no la dejara respirar. Pero en ese momento estaba demasiado enojada como para llorar. Además, ella no era cualquier chica: ¡era una amazona de Athena!
Marin entrecerró los ojos y apresuró aún más el paso. ¡Ese maldito león la iba a escuchar!
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Poco antes
Aioria había bajado a los terrenos a buscar a Saga, pero éste se había ido con Cecilia y Kostas a la embajada a pasar la tarde con sus cuñados. Al ver que no estaban ahí, se encogió de hombros, dispuesto a regresar al templo de Leo.
"Quizá…", pensó Aioria "quizá podría ir al recinto a buscar a Marin… a ver si quiere pasar la noche conmigo hoy"
Mientras dudaba si encaminar sus pasos hacia el recinto o de regreso a casa, notó con un poco de fastidio que Lyfia iba caminando hacia él, seguida esta vez de Sigmund. Le extrañó que no estuviera Frodi siguiéndola como cachorrillo enamorado como de costumbre, pero no pensó más en ello. Estaba muy enojado con la chica por haber causado todo ese problema con Marin. Quizá hubiera sido mejor hablar con Lyfia y explicarle que él tenía novia y que no estaba interesado en ella, pero justo ahora no estaba de humor.
Por fin, Aioria decidió arriesgarse e ir a buscar a Marin al recinto de las amazonas. Lo peor que podía pasar era que le dijeran que no podía otra vez. Suspiró y comenzó a caminar hacia el recinto de las amazonas, dandole la espalda a Lyfia.
-Aioria- lo llamó la chica de Asgard- por favor, Aioria, espera-
Aioria puso los ojos en blanco, pero usó todo su autocontrol para respirar hondo, y se dio la vuelta hacia ella. Lyfia pareció notar la molestia del chico, pues bajó la mirada.
-Lamento mucho molestarte, Aioria- dijo Lyfia, jugando con sus dedos- es… solo que yo… quería despedirme, en caso de que no te vea mañana. No fue mi intención causarte tantos problemas-
Aioria alzó las cejas, y sonrió levemente por amabilidad más que por otra cosa. El chico extendió la mano derecha hacia ella para despedirse, y Lyfia, al acercarse a él para tomarla, tropezó (o al menos eso pareció) y extendió las manos hacia él para no caer al suelo. Aioria evitó que se diera contra el suelo casi por instinto, tomándola por la cintura.
Antes de que Aioria pudiera hacer al respecto y mientras intentaba ayudarla a volver a ponerse de pie, Lyfia le echó los brazos alrededor del cuello y, cuando la chica puso los pies en el suelo de nuevo, se puso de puntillas y le plantó un beso en los labios.
El pobre de Aioria se quedó helado de susto y de horror, y tardó uno o dos segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo empujó a la chica con firmeza para alejarla de él.
-¿Qué rayos…?- dijo el santo de Leo, enrojeciéndose de coraje.
Pero no pudo decir nada, porque se dio cuenta de que Marin estaba a unos pasos de él, y su rostro estaba impasible, pero sus ojos brillaban con furia. Aioria palideció. Incluso cuando empujó a Lyfia para separarlo de él, se vio muy mal, como si hubiera sido culpable.
-Marin, no es lo que parece, yo…- comenzó a decir Aioria mientras la pelirroja se acercaba a él.
-No te molestes, Aioria- dijo la chica con fría cólera- solo vine a decirte que creo que será mejor que terminemos nuestra relación inmediatamente, no vale la pena seguir con esto-
-Pero yo…-
-No creo que tengamos nada más que decir- continuó Marin, sin escucharlo- con permiso, señor Aioria-
Y sin dejar que el santo de Leo dijera nada más, Marin le dio la espalda y comenzó a caminar hacia el recinto de las amazonas. Aioria estaba demasiado sorprendido y, cuando cayó en cuenta de lo que había sucedido, la chica pelirroja ya estaba lejos. Su sorpresa se transformó en desesperación y furia.
Ignorando a Lyfia, a Sigmund, y más adelante a Frodi, quien también alcanzó a ver parte del show, se dirigió de regreso al templo de Leo. Todos pudieron sentir el cosmo furioso del león, y a nadie se le ocurrió siquiera cruzarse en su camino.
Lyfia se volvió a los dos guerreros que iban con ella. Sigmund estaba pálido, sin poder dar crédito a lo que había visto que había hecho la chica. Pero su sorpresa no se compara con la de Frodi quien, si alguien le hubiera puesto atención, podrían haber escuchado su corazón quebrándose. De nuevo. Frodi enrojeció levemente, y se alejó de Lyfia y de los otros. No estaba bien. Necesitaba estar solo.
Freya alcanzó a Lyfia, seguida de Hagen, y ambos estaban sorprendidos por lo que acababa de pasar. No lo podía creer. Marin, Aioria y Frodi se habían ido en direcciones opuestas, cada uno tan enojado como el otro. Freya se frotó la frente repetidamente.
-¡Oh, por Odín!- se quejó Freya en voz alta.
-¿Qué?- dijo Lyfia, haciendo un gesto desafiante en dirección a la otra chica.
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CONTINUARÁ…
¡HOLA A TODOS! ¡FELIZ NAVIDAD! Espero que la hayan pasado muy bien. Conste que les advertí, en el capítulo anterior, que no olvidaran tomar un buen antiácido. Lyfia ahora sí causó un gran problema, y no se imaginan los que se vienen encima. Sugiero una pelotita antiestrés para el próximo capítulo. Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y por sus reviews. Abrazos.
Abby L.
