HASTA EL FIN DEL MUNDO

XI: EFECTOS DEL VIENTO

FLASHBACK

Año 13 del Nacimiento de Athena, poco después de la guerra santa contra Hades

Santuario de Athena

Marin sonrió al ver que Athena había revivido a todos los santos que habían muerto en la guerra santa contra Hades y en general en las guerras anteriores. Poseidón y Hades hicieron lo mismo, con permiso de Zeus y con la condición de que ambos hicieran las paces con Athena.

Vio uno por uno a todos los santos dorados regresar al Santuario, y su corazón comenzó a brincar de contento al ver a Aioria. No solo eso, sino que éste estaba con esa enorme y radiante sonrisa al ver de nuevo a su hermano mayor.

Marin observó la escena desde una pequeña colina, donde había una enorme columna de mármol, sobre la cual la chica se había apoyado mientras los miraba. Se cruzó de brazos. Todo había salido bien ese día. La amazona estaba secretamente feliz de que todo hubiera salido tan bien, y estaba orgullosa de haber encontrado por fin a la hermana de Seiya.

Levantó la mirada, y sus ojos se cruzaron con los de Aioria. ¡Oh, Aioria! Se veía tan apuesto sonriendo de esa manera. Marin se ruborizó levemente, y agradeció tener la máscara puesta. Él también pareció sentir la mirada de la chica, y sus mejillas se tornaron un poco rojizas.

Marin sonrió, un poco mortificada al darse cuenta de los lindos latidos que sentía, y lo que significaban. Estaba enamorada de Aioria.

FIN DEL FLASHBACK

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Habitaciones de Artemisa, Olimpo

Poco después

Tan pronto como Kanon había mencionado las condiciones para que Seth liberara el alma de Marin, Touma había desaparecido por completo hacia el Olimpo. Estaba realmente aterrorizado por lo que acababa de pasar. Marin, su hermana mayor, había… había sido… ¡Y pensar que todo había sido por quitarle su ala!

Pero no podía entregar el ala de su armadura, su única manera de entrar al Olimpo y de ver a Artemisa. No podía poner en riesgo a su diosa, a la que debía proteger incluso con su propia vida, o a los otros dioses. Pero al mismo tiempo, adoraba a su hermana mayor, no podía abandonarla. El pelirrojo apretó los ojos y sacudió la cabeza. No quería tener que elegir entre su deber y su familia. Entre Artemisa y Marin.

Era injusto tener que hacer esa elección, pero sabía muy bien la respuesta correcta. Eso no quería decir que era fácil.

Touma abrió los ojos, y tras cruzar la fuente y el vestíbulo del Olimpo, se apresuró a las habitaciones de la diosa.

Artemisa estaba tumbada en su diván, arreglando con sus propias manos su arco, toda su atención en su tarea, y estaba rodeada por Odiseo y Teseo, quienes estaban conversando en voz baja. Al ver a su diosa, todas las dudas de Touma desaparecieron. ¡Era su diosa, él había prometido protegerla! Y sabía que estaba haciendo lo correcto. Aunque su hermana estuviera en peligro, no podía arriesgar a Artemisa.

Odiseo se dio cuenta de su presencia, y levantó la vista.

-Bienvenido, Touma- dijo el ángel, levantando la vista y sonriendo levemente- ¿porqué regresaste tan pronto? No te esperábamos hasta la próxima semana-

Teseo y Artemisa levantaron la mirada, y sonrieron levemente. La sonrisa de Artemisa se borró casi de inmediato al ver la expresión desolada de Touma. Dejó su arco junto a ella, y se levantó, caminado hacia él.

-Touma, estás pálido- dijo la diosa, acercándose a él y poniendo su mano en su mejilla- ¿qué sucedió?-

Touma no respondió inmediatamente. Tomó la mano de la diosa y la acercó a sus labios para besarla. Esto no hizo sino alarmar tanto a Artemisa como a los otros dos chicos. El pelirrojo tomó aire y comenzó a decirles todo lo que había pasado, desde el ataque en el bosque del Santuario, la carta de Seth y sus demandas.

Artemisa se llevó las manos a la boca, y los dos ángeles palidecieron. Cuando Touma terminó el relato y tomó asiento con una expresión derrotada, la diosa no pudo sino abrazarlo.

-Oh, Touma, lo siento tanto- dijo Artemisa tristemente- tenemos que encontrar una manera de ayudar a tu hermana-

-Y que los enemigos no puedan tomar el ala de su armadura- añadió Teseo.

-Solo hay una cosa que hacer, señorita- dijo el pelirrojo, muy afligido- tiene que encerrarme-

Artemisa lo soltó, asustada, y los otros dos chicos se miraron entre sí, sin poder creer lo que estaba diciendo el chico.

-¿Qué dices?-

-Tiene que hacerlo, señorita- dijo Touma, cabizbajo- sé que es mi deber tomar esta decisión, pero… tengo miedo de que el cariño que le tengo a mi hermana me haga hacer una tontería. Por favor-

Artemisa estaba horrorizada por esa solicitud, pero sonrió levemente. Adoraba a ese tonto humano que tenía enfrente. Lo abrazó de nuevo con mucho cariño, y por primera vez Touma se sintió un poco relajado y consolado con lo que había pasado.

-No, no te voy a encerrar- dijo Artemisa- solo voy a tomar de regreso tu armadura, y la mantendré a salvo mientras tú y los santos de Athena recuperan a tu hermana-

-Pero señorita…-

-Nada de peros- dijo la diosa, quitándose un listón de su cabello y comenzando a atarlo alrededor de la muñeca del pelirrojo- siempre estaré contigo, y cuando necesites volver, enviaré a Odiseo y a Teseo por ti, para que recojas tu armadura- sonrió al levantar los ojos cuando terminó de atar el listón- ahora vete, tienes que ayudar a los santos-

Touma sonrió levemente. Sabía que Aioria iría literalmente al fin del mundo por Marin, y que pelearía con todo por ella. Se cruzó de brazos. Ahora iría a ayudarle al tarado león, antes de que hiciera alguna tontería.

-Muchas gracias, señorita- dijo Touma- la veré muy pronto, lo prometo-

Y tras besar la mano de la diosa otra vez, el chico dejó su armadura frente a ella, y salió del Olimpo rumbo a la Tierra.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Poco después

Shion había hecho llevar a Marin a una pequeña habitación en el templo del Patriarca, donde estaría protegida, cerca de Athena, y Sara la estaba cuidando mientras que se ponían de acuerdo que era lo que iban a hacer. Se reunieron con Io, Minos, y pronto los alcanzaron Lyfia y los guerreros de Asgard. Aioria no estaba nada contento con ellos, menos con Lyfia, así que mantuvo su distancia, apoyando su espalda en una columna con los brazos cruzados y gruñéndoles de tanto en tanto.

Aioros y Dohko subieron al templo del Patriarca también, y habían escuchado lo sucedido. El santo de Sagitario notó a Aioria bastante pálido y preocupado por lo que estaba sucediendo, pero no se atrevió a decirle nada. Sabía que nada que lo que dijera lo haría sentirse mejor.

Saga había ido rápidamente a Egipto, a la gran pirámide, y había descubierto un par de cosas. Primero, que se percibía un fuerte cosmo maligno alrededor de la enorme estructura, y segundo, que estaba rodeada por un fuerte campo de energía.

-Me temo que no son buenas noticias, señorita- dijo Saga- parece que el campo de fuerza que rodea la pirámide proviene de ambos extremos del mundo-

-Debe ser lo que vimos al norte de Noruega- dijo Minos, y miró de reojo a Io, quien asintió, recordando lo que había visto al sur de su país también- deben ser sellos para ese campo de energía-

-Lo más probable es que tengamos que destruir los dos- dijo Aioros, cruzándose de brazos.

-Ese es otro problema- dijo Saga- en ambos sitios otra especie de campo de fuerza que no me permite abrir portales hacia ellos. Y creo que tampoco funciona la teletransportación-

-Entonces tendrá que ser a la vieja usanza, caminando- dijo Aioros, frotándose la frente, mientras que Saga asentía gravemente.

-Podemos salir desde el puerto de Narvik para ir al Artico- dijo Minos, cruzándose de brazos- yo puedo acompañarlos si lo necesitan-

-Yo iré- dijo Aioria inmediatamente. Claro, todos se esperaban eso, no era como que el santo de Leo se iba a abstener.

-Yo puedo acompañarlos también- dijo finalmente Sigmund- el ártico es parte de nuestra jurisdicción, necesitarán ayuda-

-Y para ir al sur, hay un puerto de salida hacia la Antártida en Punta Arenas, en el sur de Chile- dijo Io, cruzándose de brazos orgullosamente- yo los puedo guiar. Conozco a uno de los líderes de las fuerzas armadas, quienes nos pueden proporcionar transporte-

-Yo iré contigo- dijo Saga, pensando en que Cecy podía ir con él- conozco bien la ciudad, y podría ayudarles-

Hubo un silencio incómodo después de ello, pues todos esperaban que Frodi o Hagen dijeran algo. Lyfia miró a los guerreros, pero estos no dijeron nada. Finalmente la chica suspiró.

-Frodi irá con ustedes- dijo Lyfia finalmente.

El rostro de Frodi enrojeció horriblemente, pero no se atrevió a contradecirla, al menos no frente a los santos de Athena. Pero aún así, sus sentimientos eran tan transparentes que todos, excepto obviamente Lyfia, se dieron cuenta. Ahí estaba nuevamente ella mandándolo lejos.

-Bien, entonces está decidido- dijo Shion, ignorando por un momento la expresión de Frodi- solo falta una cosa más. Realmente Evelyn es la única que nos puede abrir esa puerta al Duat-

Afrodita no le hacía ninguna gracia lo que su chica tenía que hacer, pero sabía que Shion tenía razón: era la única manera.

-De acuerdo, hablaré con ella- dijo Afrodita finalmente.

-Bien, una vez que ambos grupos terminen, veremos quien va al Duat junto con Afrodita y Evelyn- dijo Shion.

-Tendrán que tener mucho cuidado- dijo Dohko, cruzándose de brazos y mirando un poco preocupado a los otros- con tantos preparativos, seguramente ambos puntos estarán muy bien protegidos por los enemigos-

-Partimos inmediatamente- dijo Aioria con un gruñido. El santo de Leo fue a su templo por su armadura, pasando a un lado de Lyfia sin siquiera mirarla. ¡Estaba furioso! Pero sabía que pronto tendría su momento de patadas catárticas.

-Yo también voy con ustedes- dijo Touma, llegando de pronto al templo del Patriarca, sin su armadura, y tronándose los nudillos.

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Templo de Geminis, Santuario de Athena

Kanon había por fin logrado consolar a la pequeña, quien estado muy asustada por lo que había sucedido en el bosque. Por fin, el gemelo menor supo que Elsa se había escapado del tercer templo, buscándolo, y se había topado con uno de los enemigos, quien intentó tomarla y llevársela, pero la niña había hecho explotar su cosmo, sin saberlo, y había pulverizado el hombre que había osado acercarse a ella.

Era lo esperado, que Elsa estuviera muy asustada.

Tan pronto como la niña dejó de llorar, aunque aún haciendo pucheros y suspiros, Kanon entró a su habitación, para encontrar a Satu aún durmiendo. Sonrió levemente. ¡La pobre estaba tan agotada! Y no quería decirle nada de lo que había pasado a su mujer, no quería alterarla, por el bien del bebé, pero sabía que eventualmente se enteraría de algo, y sería peor si conocía la verdad de una manera equivocada. Suspiró, y tras poner a Elsita en la cama, movió levemente a Satu. La chica abrió los ojos, y se frotó la frente.

-¿Kanon?- dijo Satu, e inmediatamente notó la mirada preocupada del chico. Se incorporó, pero se tranquilizó al ver a Elsa junto a ella. Respiró hondo y se volvió de nuevo a Kanon- ¿pasó algo malo?-

-Algo pasó, cariño, pero necesito que no te asustes- dijo Kanon, aunque inmediatamente se arrepintió al ver el miedo formándose en los ojos de Satu- ¡dije que no te asustes!-

-Solo dime que pasó-

-Hubo un ataque al Santuario, y Elsa se escapó otra vez de Géminis- dijo Kanon, pensando muy bien en sus palabras- solo se asustó un poco, pero no está lastimada de ninguna manera-

Kanon vio que Satu soltó todo el aire que estaba reteniendo en sus pulmones. Aquello no era necesariamente toda la verdad, pero tampoco era mentira. Kanon se mordió el labio: no podía decirle lo demás, que su hija estuvo a punto de ser secuestrada por los enemigos de Athena, o peor.

Ambos miraron de reojo a Elsa. Se había quedado dormida, agotada entre todo lo pasado en el día. Ambos sonrieron, pero Kanon se volvió a Satu para seguir contándole lo que había pasado.

-Atacaron a Lydia y a Marin mientras que estaban solas en el bosque- dijo Kanon finalmente- Lydia está bien, pero…-

-¿Qué le pasó a Marin?-

Kanon le explicó lo que había sucedido y los planes que tenían. La chica lo escuchó con calma, pero aún así el gemelo podía ver la tristeza en sus ojos. Kanon la abrazó.

-Tranquila, sabes que Aioria es por mucho el más terco de todos los dorados- dijo el gemelo menor- y sabes que no descansará hasta encontrar a Marin. Igual Touma. Aunque todos tengamos que ayudarles a ese par de tarados. Saga y Aioros fueron con ellos-

Satu sonrió ante eso.

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Narvik, Noruega

Al día siguiente

Minos estaba serio, pero una parte de él sonrió al pasar cerca de la casa de su madre, e inconscientemente recordó que ahí había sido donde él y Aria recibieron la buena noticia de que esperaban un bebé. A diferencia de él, Aioria no estaba ni un poco contento, muy al contrario. Tenía una expresión de que le partiría el craneo a la primera persona que se le pusieron enfrente.

-¿Podemos apresurarnos?- gruñó el santo de Leo- el sello nos espera-

Aioros, quien había acompañado también a su hermano, y Touma, asintieron gravemente. Sigmund se cruzó de brazos.

-Vamos, no debemos perder el tiempo- dijo Aioros con una expresión sobria, al parecer solo él y Sigmund tenían la cabeza fría en esos momentos.

-Vamos, esta noche podremos tomar el barco hacia el Ártico- dijo Minos, quien seguía sonriendo levemente, aunque no le hacía mucha gracia estar lejos de Aria, al menos sabía que estaba a salvo en el Inframundo- y para la mañana estaremos en los cascos de hielo-

Aioria asintió, y caminó hacia el puerto, seguido de su hermano.

-Eh, Aioria- dijo Aioros, alcanzándolo- ¿te encuentras bien?-

-¿Cómo quieres que esté bien, si Marin…?- escupió el santo de Leo. Aioros tenía una expresión de tristeza, y su hermano asintió levemente- lo siento. Estoy muy preocupado por ella-

-Lo sé. Yo también- dijo Aioros, levantando la vista mientras miraba de reojo a Touma, quien también estaba mortalmente preocupado- pero vamos por ella. Todo estará bien. Y con suerte, Saga y los otros tampoco tendrán problemas en el sur-

Aioria intentó sonreír, pero no lo logró. Nunca sonreiría hasta que no encontrara el alma de Marin y la llevara de regreso a Athenas.

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Punta Arenas, Chile

Al mismo tiempo

Frodi estaba, si es posible, con una expresión casi tan sombría como la de Aioria, por razones muy diferentes. Lyfia había vuelto a Asgard, y lo había enviado a él lejos. Al otro lado del mundo, literalmente. Suspiró, pensando que quizá esa podía llegar a ser una oportunidad de probarse a sí mismo.

Saga los había transportado a la ciudad de Punta Arenas, en el extremo sur de Chile. Io les había dicho que había una base militar ahí que hacía viajes a la Antártida. Cecilia había ido con ellos en caso de que necesitaran algo, a pesar de que Io les había asegurado de que no era necesario.

-Bueno, ya llegamos- comentó Saga, dando un suspiro resignado tan pronto como llegaron a la ciudad. Cecy sonrió mientras abrazaba a Canuto con una mano.

-Yo iré a la base militar, por lo pronto- dijo de pronto Io- pediremos que nos lleven lo más pronto posible-

-Creo que será mejor que Cecy venga con nosotros, Io- dijo Saga, sin soltar a la chica, y se volvió a Frodi- ¿vienes?-

-Creo que mejor voy a comprar algo de comer- dijo Frodi en un tono seco- se que ustedes pueden arreglárselas por sí mismos.

-Ten cuidado. Y si compras cordero, te recomiendo que pidas solo media porción- dijo Cecilia, recordando que algunos de sus paisanos eran capaces de comerse un cordero entero- y te recomiendo que recojas tu capa, hay viento pronosticado para hoy. Nos vemos aquí mismo en una hora-

Frodi se miró a sí mismo. Ese día los chicos iban vestidos de civil, y él llevaba un traje típico noruego, completo con una capa. El chico estaba algo ofendido de que Cecilia sugiriera que se tenía que quitar la capa, pero asintió, impaciente y poniendo los ojos en blanco, se dio media vuelta. ¿Que tuviera cuidado? ¿Qué demonios les importaba a esos dos? ¿Que se quitara su capa? Si él podía vestir como quisiera. ¡Ja! Además, como si un poco de viento fuera a molestarlo.

El guerrero de Asgard cruzó hacia la ciudad en poco tiempo, alejándose del muelle y de la base militar, rumbo al mirado de la ciudad. Podía estar ahí contra su voluntad, pero él sabía apreciar una ciudad hermosa. Odiaba admitirlo, pero Cecilia tenía razón cuando dijo que la ciudad era muy bella. Suspiró. La chica de Saga era muy callada y reflexiva, pero cuando hablaba, valía la pena escucharla.

Por fin, Frodi comenzó a subir al mirador de la ciudad cuando sintió que el viento comenzó a soplar con más fuerza. Puso los ojos en blanco. Le habían echado la mala suerte advirtiéndole del viento. Pensó de nuevo en lo que le habían dicho de quitarse la capa, pero decidió no hacerlo. No estaba tan mal, el edificio que tenía enfrente lo detenía. Además, ¿que tan malo podía ser in poco de viento?

Cuando Frodi dio vuelta a la esquina para comenzar a subir al mirador, una fuerte ráfaga de viento lo golpeó de frente, y no hubiera sido nada, pero al tener la capa libre, ésta comenzó a volar con la fuerza del viento y tiró de él, obligándolo a dar un par de pasos hacia atrás.

-¡Ten cuidado, te vas a…!- escuchó a una mujer gritándole, pero Frodi no pudo hacer nada. La capa alrededor de su cuello casi lo estaba estrangulando, y una nueva ráfaga, esta vez en sentido contrario, tiró de él con capa y todo, lanzándolo contra otra persona y tumbándolos a ambos al suelo.

El viento se calmó por un momento, y por esos segundos Frodi abrió los ojos para a la chica que tenía… eh… debajo de él. El pensamiento hizo que se ruborizara furiosamente, y ella no estaba mucho mejor. La chica levantó los ojos hacia él, sorprendida como si no cayera en cuenta de lo que estaba pasando. Cuando por fin lo hizo, frunció el entrecejo, puso la mano en el rostro de Frodi para alejarlo del suyo.

-¿Pero qué…?- comenzó la chica.

El viento volvió a soplar con fuerza, y enredado entre la capa que no dejaba de revolotear por culpa del fuerte viento, y la persona que había tirado al suelo intentando quitárselo de encima, Frodi no podía maniobrar para levantarse del suelo.

-¡Si serás we…!- gritó la chica que había tumbado al suelo, quien no estaba nada contenta por la situación- ¿cómo se te ocurre traer capa con este viento?¡Argggg!¡Quítate de encima!-

Frodi frunció el entrecejo, molesto por el regaño, e intentó nuevamente levantarse, pero justo cuando lo iba a hacer, la ráfaga de viento volvió a tirar de su capa y tumbarlo al suelo nuevamente sobre la chica.

-¡Arrrgg!- se quejó la chica, empujándolo para quitárselo de encima. La chica se volvió sobre su espalda y, tras quitarse de encima a Frodi, se arrastró con sus rodillas y codos un par de centímetros y envolvió con sus brazos la capa del chico, colapsándola y así evitando que estuviera libre al viento y que siguiera causando estragos. Tras hacer la capa en un enorme nudo, la puso en los brazos de Frodi con un gesto brusco. Después de ello, la chica se levantó y se sacudió la ropa con una expresión molesta en sus ojos.

-Muchas gracias, señori…- dijo Frodi al levantarse del suelo también, sorprendido de lo que había pasado, mirando mortificado el nudo en su capa, pero sinceramente agradecido de que la chica le hubiera ayudado a…

¡ZAPE!

-Ay…- se quejó Frodi, frotándose la cabeza y mirando a la chica con los ojos entrecerrados- ¿porqué fue eso?-

-¿Eres un we… o qué?- gritó la chica, visiblemente molesta- ¿a qué persona en su sano juicio se le ocurre traer una capa en un día de viento?-

-Ouch…- dijo Frodi, un poco ofendido por la actitud de la chica, frotándose la cabeza en el sitio donde lo había golpeado la chica- lo siento mucho, señorita, no pensé que…-

¡ZAPE!

-¡Ay!- se volvió a quejar Frodi.

-¡Exacto!¡No pensaste! ¿Qué no viste el pronóstico del tiempo esta mañana?- continuó diciendo la chica- ¡es sentido común!-

-Ya dije que lo lamento, yo…-

La chica levantó la mano como si le fuera a dar otro zape, e iba a decir algo más, pero otra chica llegó detrás de ella, y detuvo su brazo.

-Ya, ya, Julieta- dijo la recién llegada, una chica rubia que parecía ser amiga de Julieta- no te enojes con él, fue un accidente-

-¡Eso no quiere decir que…!- comenzó a decir Julieta.

-Ya dijo que lo siente- la interrumpió la otra chica- es extranjero, es normal que no supiera que el viento puede ser muy fuerte aquí-

Julieta y Bárbara sabían que se iría al día siguiente a su nueva base militar, así que habían salido a comprar las pocas cosas que les faltaban y se apresuraban ya de regreso a casa para terminar de hacer las maletas. De camino de regreso encontraron Frodi, y Julieta se había acercado para prevenirlo al verlo usar una capa, y se ganó que la tumbaran al suelo y le cayeran encima por sus problemas.

Frodi parpadeó al verlas. Ambas chicas eran muy guapas, y ambas tenían puestas ropas casuales, las cuales eran mucho más apropiadas para la ocasión que lo que él llevaba puesto. El chico se miró con algo de vergüenza, y suspiró.

-Dije que lo siento mucho, señorita- repitió Frodi, con una expresión ofendida, pero inclinando la cabeza en un gesto elegante- gracias por su ayuda. Por favor, acepte mis disculpas. Con permiso-

Mientas que se alejaba, Frodi gruñó puso los ojos en blanco. ¿Era su imaginación, o esa chica le había dado un zape? No, le había dado dos. ¡A él, un guerrero de Asgard! ¿Qué rayos se creía esa mujer? El chico gruñó otra vez mientras bajaba del mirador y buscaba algún sitio para comprar comida.

Y él que pensaba que todas las chicas en Chile eran lindas como Cecilia. Se encogió de hombros, y pensó mejor su objetivo. Justo antes de irse, Frodi se volvió hacia atrás, y vio a las dos mujeres alejarse.

Julieta y Bárbara, mientras tanto, se apresuraron de regreso a casa. Había muchas cosas que preparar para su viaje del día siguiente.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Esa noche

Una vez que Aioria y los otros se fueron, Shion llamó a los santos de Piscis y Cáncer a la sala del trono. Tanto Afrodita como Death Mask estaban pálidos ante lo que Athena y el Patriarca les pedían que hiciera. Si bien Afrodita no quería a Evelyn ni cien kilómetros cerca del sitio donde estaban los enemigos, estaba fuera de discusión para Death Mask que Fatima regresara a la ciudad donde aún vivía su ex esposo.

-Creo que no lo entienden, señorita Athena- dijo Death Mask- ese hombre juró destruir a mi Fatima. Incluso si yo estoy ahí para protegerla, estoy seguro de que la va a hacer llorar si la llega a ver. No creo que usted quiera que la lastimen-

-No quiero nada de eso, Death Mask- dijo la joven diosa- solo quiero que vayan, que monitoricen la ciudad mientras Aioria y los otros destruyen los sellos. Si hay alguna trampa o algo que pueda retrasarlos. Y tanto Evelyn como Fatima se pueden mezclar mejor con la gente de El Cairo-

-Sí, pero nosotros no- dijo Afrodita, señalando su piel blanca- llamamos la atención, y nuestro cosmo nos va a delatar-

-Dema, podemos ir- dijo Fatima, tomando la mano del santo de Cáncer y mirándolo con enormes ojos- conozco la ciudad, y te puedo llamar si tengo algún problema. Athena tiene razón. Y no tengo miedo si estoy contigo-

Death Mask gruñó, pero asintió finalmente. Además, estaría segura con él, y si acaso Rashid llegaba a siquiera mirarla mal, él le partiría el cráneo. Y se podría acompañar de Evelyn, así sería menos terrible para ellas. Suspiró.

-De acuerdo- dijo el santo de Cancer en una expresión resignada. Afrodita no estaba nada contento, pero tuvo que ceder también.

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Base militar de Punta Arenas

Al día siguiente

Saga y los demás se presentaron temprano en la base de Punta Arenas para dirigirse a la Antártida. Muchas cosas habían pasado la noche anterior. Primero, Saga y Cecilia habían discutido, porque él quería que la chica se quedara en Santiago con su familia, pero ella insistió en ir con ellos, prometiéndole quedarse en villa Las Estrellas mientras Frodi, Io y él iban a destruir el sello.

El otro asunto era que, a pesar de que la comida que Frodi había conseguido era muy buena, cordero, no había escapado las burlas de Io e incluso de Cecilia al notar sus ropas sucias y el nudo de su capa, y aunque el chico negó rotundamente que algo interesante hubiera sucedido, nadie le creyó.

Otra cosa que había ocurrido es que en la noche, mientras estaban cenando en un puesto al aire libre, había temblado en Punta Arenas, y Frodi se había alarmado, mientras que Io y Cecilia solo detuvieron con calma sus vasos mientras dejaba de temblaba. Saga, que también había estado ahí antes, solo se encogió de hombros, y finalmente los tres se burlaron de Frodi por haberse asustado.

-Estamos acostumbrados porque aquí tiembla muy seguido- había comentado Io con indiferencia al ver la expresión preocupada de Frodi

Finalmente, Io había arreglado que los llevaran a la base militar de la Antártida que, aunque estaba un poco lejos del sitio donde se encontraba el sello, podían llegar rápidamente gracias a la velocidad de los tres chicos.

Como resultado de todo aquello, esa mañana Frodi no estaba de buen humor. También había intentado llamar a Lyfia, en vano. A pesar de saber que la chica se la pasaba pegada a su teléfono celuar, no le había respondido. El chico dejó el aparato a un lado y se encogió de hombros. Ya la vería cuando quitaran ese maldito sello, y todo volvería a ser como antes.

Cuando llegaron a la base militar, Frodi levantó la vista, curioso al ver en el muelle a los militares que viajarían a la Antártida con ellos, los cuales estaban despidiéndose de sus familiares y abordando el barco.

-Anímate, Frodi- dijo Io, dándole un leve codazo en las costillas- terminaremos esta misión antes de que te des cuenta-

Frodi gruñó, pero se encogió de hombros, mientras uno de los militares se acercaron a ellos.

-¿Señor Io?- dijo el militar- permítame presentarle a usted y a sus acompañantes a los responsables de su viaje, y quienes estarán al mando en villa Las Estrellas, antes de su viaje a la base militar O'Higgins- añadió, señalando a dos mujeres, también vestidas de militares, quienes caminaron hacia ellos- la capitán Barbara Steiner, y el jefe médico, capitán Julieta Castillo-

-Mucho gusto- dijo Io, mientras que Saga y Cecilia sonreían levemente, y cuando Frodi las miró, palideció mortalmente. A unos pasos de él, vestida con un uniforme militar, botas y un sombrero, y con su cabello impecablemente recogido, estaba la mujer sobre la que había caído la tarde anterior.

-Oh, por Odín, no puede ser- dijo Frodi entre dientes, con una expresión mortificada, al tiempo que notaba que Julieta también lo reconocía. ¿Porqué le pasaban esas cosas a él? Nunca debió haber ido a Chile. ¡Con todo lo que le había pasado en ese par de días, estaba seguro de que ese país decididamente lo odiaba!

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando este fic. Decidí actualizar un día antes. Última actualización del 2017. Pues bien, por fin Julieta y Frodi se conocen, pero digamos que no fue de la mejor manera. Y si quieren mi consejo, no se pongan enfrente de Aioria en estos momentos, quien cometa ese error se va a arrepentir. Por cierto, leí mucho y recibí muchos consejos sobre Chile y los sitios que menciono en el fic. Si cometo algún error, mis más sinceras disculpas, no es a propósito, nunca he estado en esos lugares, aunque me muero por conocerlos.

Muchas gracias a todos por sus reviews, y por seguir leyendo. ¡Muy feliz año nuevo a todos! Nos leemos el próximo año.

Abby L.