HASTA EL FIN DEL MUNDO
XII: PRIMER SELLO
FLASHBACK
Año 14 del Nacimiento de Athena
Lo primero que Aioria sintió fue un terrible dolor, como sucedía cada vez que recobraba la conciencia. Estaba aún en un sitio desconocido, atrapado junto con su hermano y una chica, y era usado por las mismas personas que hacía unas semanas habían intentado usar a su hermana Lydia para obtener un terrible poder. Ahora, lo usaban a él como rehén para forzar a Aioros a traicionar a Athena. Sacudió la cabeza, aliviado de que al menos Lydia estuviera a salvo.
¡Cómo dolía todo su cuerpo! Al quitar a su hermana del camino de un terrible ataque, él mismo había sido impactado, y ahora todo su cuerpo estaba cubierto de horrendas heridas. La chica que estaba atrapada con Aioros había cubierto su espalda, pero aún así dolía mucho.
El santo de Leo respiró hondo. Iba a morir. Acababa de reencontrarse con su hermana, e iba a morir. No podía ser. Nunca pudo pasar tiempo con ella. Y Marin. Sobre todo ella, se arrepentía de no haber tenido el valor de decirle lo que sentía por ella. Había muerto y revivido, y ni así se había animado a decirle a la chica lo que sentía por ella.
¡Qué estúpido había sido!
Si sobrevivía, seguramente lo primero que haría sería decirle la verdad a Marin, tan pronto como la viera.
De pronto, sintió una mano sobre él, acariciando con suavidad una de sus mejillas. Que raro. Aioria no sabía quien podría ser. Se esforzó para abrir los ojos, y sus ojos se encontraron con una máscara plateada.
"Marin", intentó decir, justo antes de perder la conciencia.
FIN DEL FLASHBACK
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Base Militar de Punta Arenas
Poco antes
Julieta llegó esa mañana a la base con una sonrisa emocionada, y tras entregar su equipaje (que incluía cantidades industriales de comida que su mamá la había obligado a llevar por si las dudas) para que fuera llevado al interior del barco, se volvió hacia su madre y la abrazó.
-Llámanos seguido, hija- le dijo la mujer con una expresión aprensiva- y por favor, avísame como se adapta Rayen a su nueva escuela. Y cuídense mucho las dos. No vayan a salir descubiertas. No vayan a dejar de comer bien…-
-Sí, mamá, Rayen y yo estaremos bien- sonrió Julieta- serán solo unos meses, verás que se pasarán muy rápido y regresaremos a casa antes de que te des cuenta-
-Eso espero- dijo la mujer, y luego se inclinó al suelo al nivel de la pequeña- pórtate bien, Rayen, te voy a extrañar mucho-
-Yo también te voy a extrañar- dijo Rayen, abrazando a su abuela- pero nos vemos pronto. Adiós, Capi, pórtate bien- añadió, volviéndose al pastor alemán, el cual ladró un par de veces y comenzó a aullar tristemente- no llores, Capi, nos veremos pronto- añadió, dándole unas palmadas en la cabeza.
Rayen tomó la mano de Julieta, y ésta la acompañó a donde estaban Matias y Javier, el esposo de Barbara. La niña se apresuró a tomar la mano de Matias, pues ambos sabían que tanto Bárbara como Julieta tenían que estar en otra parte.
-Volvemos enseguida- sonrió Julieta, mirando a los dos niños subir al barco con Javier. Una vez que estuvieron a salvo a bordo del barco, Julieta y Barbara siguieron a su superior, quien les dijo que ese día tendrían un grupo de invitados especiales de la fundación Graude para viajar con ellos. A Barbara no le gustaba mucho la idea, aunque para Julieta era indiferente.
Una vez que llegaron a donde estaba su superior, éste les presentó a los cuatro invitados. Una mujer y tres hombres.
-¿Señor Io?- dijo el hombre mientras que presentaba a las chica- permítame presentarle a usted y a sus acompañantes a los responsables de su viaje, y quienes estarán al mando en villa Las Estrellas, antes de que vayan a la base militar O'Higgins- añadió, señalando a las dos chicas- la capitán Barbara Steiner, y el jefe médico, capitán Julieta Castillo-
-Gracias- dijo Io.
Ambas estaban sonriendo, firmemente de pie y con las manos en la espalda. Los ojos de Julieta se posaron sobre los cuatro extraños. Primero estaba el hombre que su superior había llamado Io, que hablaba con acento chileno, aunque no lograba localizarlo. Luego estaba la pareja, de los cuales la chica también tenía acento chileno, claramente de la capital. El hombre era mucho más alto que los otros dos, y tenía rasgos europeos, y hablaba español con acento extranjero. Y el cuarto…
"¿Pero qué rayos…?", pensó ella con una expresión sorprendida.
Ese era el hombre que el día anterior le había caído encima. Al cruzar miradas con él, le quedó claro que él también la había reconocido. Se esforzó por mantener su rostro impasible, pero no pudo evitar ruborizarse levemente. ¡Era el tarado al que había insultado cuando le cayó encima!
"Oh, dioses, ¡qué vergüenza! ¿Porqué me tienen que pasar estas cosas a mí?", pensó Julieta.
El chico parecía tan asustado como ella de haberla vuelto a ver, y una leve risita a su lado le indicó que Barbara también lo había reconocido. Julieta usó toda su fuerza de voluntad para no rodar los ojos, sino que parpadeó para aclarar su mente y no pensar más en ello, todavía manteniendo una expresión lo más neutral posible.
-Que tengan buen viaje- dijo el superior, sin siquiera darse cuenta de lo que sucedía.
-Muchas gracias por todo- sonrió Io, y los cuatro abordaron, seguidos de las dos chicas.
-Bueeeeeno, parece que tendremos un viaje interesante, Juli- dijo Barbara mientras subían a la cubierta del barco, con su atención en Frodi y recordando con una sonrisa el incidente del día anterior.
-No lo menciones- gruñó Julieta, finalmente pudiendo poner los ojos en blanco porque ya había pasado el momento de formalidad- esto solo podía pasarme a mí…-
-Ahora- dijo Bárbara, mirando de reojo a su amiga- mirando a este chico sin su horrenda capa, sin estar despeinado por el viento y de cerca, no está nada feo. Tiene ojos bonitos. ¿No has pensado que tal vez…?-
-No, ni siquiera lo pienses- siseó Julieta, dándole un codazo en las costillas.
Sin ninguna otra eventualidad, el barco levó anclas, y comenzó su viaje hacia la Antártida. Tanto Barbara como Julieta buscaron a Javier para ver como estaban los niños.
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Ártico, norte de Noruega
Tan pronto como amaneció, Aioria y los otros llegaron a los cascos polares del norte, y continuaron su viaje a pie para encontrar el sello que estaba bloqueando la entrada al Duat desde la gran pirámide. Mientras caminaban, Aioria sentía un feo hueco en el estómago. ¿Marin estaría bien?¿O sería ya demasiado tarde para ir por ella? ¿Estaría consciente de sí misma?¿O estaría sufriendo?
No, no debía pensar así. Pronto Marin estaría bien, y tendría que soportar la paliza que la chica le daría por tardar tanto en ir por ella. Y otra paliza, por haber caído en la trampa de Lyfia y haber dejado que lo besara… contra su voluntad, pero había dado igual. Aioria soportaría el enojo de Marin si eso significaba que la recuperaría pronto.
Touma estaba caminando con ellos, pensativo y sin decir nada.
Aioros, Minos y Sigmund miraron a los dos chicos con un poco de pena. Los dos primeros ya habían pasado por algo similar, el miedo de perder a su mujer, y no se lo deseaban ni a su peor enemigo.
Minos suspiró, pensando en como casi había perdido a Aria hacía unos meses, y como sí había perdido a alguien más. A su hijo o hija. Se pasó las manos por el cabello, y tragó saliva. Menos mal que las cosas habían comenzado a mejorar poco a poco. Ah, ya quería regresar al Inframundo, extrañaba a su mujer.
De pronto, ellos sintieron un cosmo maligno acercarse a ellos. Un grupo de enemigos, vistiendo armaduras negras, se preparó para pelear contra ellos. En respuesta, Touma y Aioria encendieron sus cosmos. Sigmund iba a intervenir, pero Aiorios y Minos lo detuvieron.
-¿Qué?-
-Déjalos- dijo Minos, sus dedos brillando con su cosmo, intentando contenerse las ganas de pelear también- ellos dos son los que necesitan liberar tensiones mucho más que nosotros-
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Camino a la Antártida, Océano Antártico
Poco después
Saga y Cecilia estaban conversando con Io y con algunos de los soldados chilenos en la cubierta del barco, la chica con Canuto en sus brazos, mientras que Frodi estaba en sentado en una esquina, alejado de todos, enfurruñado y cruzado de brazos. No estaba nada contento de la situación. ¿Porqué tenía que tener tan mala suerte? Se frotó la frente repetidamente. Desde que había llegado a ese país, las cosas iban de mal en peor.
-Hola, ¿te sientes bien?- dijo una vocecita.
Frodi parpadeó y levantó la vista. Una niña, con enormes ojos oscuros y una expresión amable, estaba de pie junto a él, mirándolo con curiosidad. Tenía puesto un vestido del mismo color de los uniformes de los otros militares, cosa que le pareció muy simpática. Sus cabellos eran oscuros también, atados en una trenza sobre uno de unos hombros.
-¿Qué dices, pequeña?-
-Te pregunté si te sentías bien- dijo la niña, aún mirándolo con atención- te ves un poco enfermo. Juli… eh… mi mamá es el médico a bordo, esta atendiendo a un soldado con mareo. ¿Tú también tienes mareo?-
Frodi sonrió levemente al ver que la niña estaba genuinamente preocupada por él. Era como la niña que había visto en el Santuario de Athena: también ella había notado que no estaba bien. ¿Acaso era tan evidente en su expresión?
-No, para nada, pequeña, muchas gracias por preocuparte- dijo Frodi, sacudiendo la cabeza- es solo que… estoy preocupado sobre una persona que dejé en casa-
-Oh, ¿tu novia?- preguntó ella, ladeando la cabeza con genuina curiosidad. Frodi rió levemente. ¡Ya quisiera él! Pero no, no era así, y el chico sacudió la cabeza.
-No, ella no es nada de eso- dijo el chico, encogiéndose de hombros pero sonriendo levemente al recordar a Lyfia. Sacudió la cabeza para deshacerse de ese pensamiento- ¿cómo te llamas, niña?-
-Me llamo Rayen Castillo. Mira, aquí dice- sonrió la pequeña orgullosamente, señalando que en su vestido tenía bordado un parche que decía "R. Castillo"- ¿y tú como te llamas?-
-Ya veo. Yo me llamo Frodi- dijo el chico sin dejar de sonreír, un poco enternecido, y tomando la manita de Rayen y besándola- es un honor conocerla, señorita Castillo-
Rayen rió en voz baja, cubriendo su carita con su manita libre, apenada por lo que había hecho el chico. Frodi alcanzó a ver que se le hacían unos hoyuelos en las mejillas cuando sonreía. ¡Ah, realmente los niños lograban levantarle los ánimos!
-Gusto en conocerte, Frodi- dijo la niña.
Unos pasos distrajeron al chico, y lo hicieron levantar la mirada de pronto. Oh, genial. Ahí estaba de nuevo la chica del día anterior. Pero a diferencia de la última vez que la había visto, la chica le estaba sonriendo. Frodi parpadeó, seguro de haber visto mal, y se volvió a mirarla otra vez. No, no se había equivocado. ¿En serio le estaba sonriendo?
-Rayen, no estás molestando al señor, ¿verdad?- dijo Julieta, inclinándose para estar al nivel de la pequeña. Frodi alzó una ceja. ¿Señor?
-No, mamá, solo le preguntaba a Frodi si se sentía mal, porque lo vi un poco triste- dijo Rayen.
"¿Esta chica es su mamá?", pensó Frodi, mordiéndose el labio "oh, esto no es nada bueno. Espero que su esposo no esté abordo, o habrá bronca por caerle encima"
-Oh, ya veo, cariño- dijo Julieta, ignorando el monólogo mental de Frodi, y miró al chico. Ambos se miraron por unos momentos. La chica se aclaró la garganta- lo que pasó ayer en el Mirador… lo lamento mucho, creo que me enojé mucho y hablé sin pensar-
Frodi sonrió levemente, por un momento aliviado de que la chica no estuviera enojada con él. No quería tener más problemas con nadie. Ya había tenido suficiente el día anterior.
-No, disculpa por ser tan irremediablemente…. ¿cómo me llamaste?- dijo el chico, y Julieta se ruborizó.
-Eh… no puedo repetir esa palabra delante de…- dijo señalando a Rayen con los ojos, y Frodi no pudo evitar ampliar su sonrisa. Se rascó la nuca en un gesto apenado, y Julieta volvió a hacer una expresión mortificada- ¡lo lamento mucho! Te dije que estaba muy enojada cuando te grité, y no pensé que…-
-Tranquila- la interrumpió Frodi, riendo levemente- tenías buenas razones para regañarme como lo hiciste. Te tiré al suelo y te caí encima, después de todo. Discúlpame por eso-
Julieta lo miró, un poco ruborizada, pero sonrió un poco también. Rayen los miraba con atención, con ojos enormes, y reía en voz baja ante la idea de que ese chico le cayera encima a Julieta.
Frodi la miró. Es decir, la miró bien, con atención, como no la había visto antes. Era una chica un poco más alta que Lyfia, y un poco más delgada. Tenía los cabellos largos, color castaño, y lo tenía impecablemente recogido. Su piel era un poco morena, y sus enormes ojos tenían un cálido color chocolate.
-Creo que empezamos mal- dijo la chica, ignorando la risita de Rayen y ofreciéndole la mano- me llamo Julieta Castillo-
-Frodi de Guillinbursti, guerrero de Asgard, a sus órdenes- dijo el chico, tomando su mano, pero de pronto se dio cuenta de algo que había dicho la niña- espera. Te apellidas igual que… y si Rayen es tu…-
Frodi recordó que Rayen le dijo su nombre, y le dijo el mismo apellido que Julieta. Y entonces entendió que Julieta era madre soltera. En ese momento, la mente del chico comenzó a divagar, pensando en que Julieta era una chica muy poco convencional en todos los sentidos. Al mismo tiempo, pensó en Lyfia y en como ella era una señorita y una princesa, no se alteraba, no gritaba y no daba zapes, a diferencia de esta chica.
Mientras Frodi pensaba eso, hizo una expresión que a la chica le pareció de desdén, y al verlo Julieta frunció el entrecejo. Desafortunadamente, ella no era extraña a ese tipo de miradas cuando algún chico con el que salía se enteraba que su hija, Rayen, no tenía padre. Y nuevamente, Julieta la había adoptado, sus padres biológicos habían muerto, pero eran esas miradas juzgadoras las que ponían a la chica de mal humor… y usualmente eso le quitaba las ganas de corregirlo, o de salir con el hombre en cuestión.
-Ah, conozco muy bien esa mirada- dijo Julieta en voz alta, poniendo sus manos en sus caderas, sin disimular para nada su molestia- con permiso, señor. Vamos, Rayen, es hora del almuerzo-
Frodi vio que se iba a dar la vuelta, y sintió una extraña acidez en el estómago. Por alguna razón no quería que esa chica estuviera enojada con él. ¡Era el colmo! Algo tenía que salirle bien ese día.
-Espera, Julieta, por favor…- dijo Frodi, levantándose e interponiéndose en su camino- me disculpo. Mi mente divagó a otra parte, que no tiene nada que ver contigo. No quise que te molestaras-
La chica lo evaluó con la mirada por unos segundos, pero al final sonrió. Le daría a ese chico el beneficio de la duda, sobre todo porque fue muy evidente para ella que a Rayen le cayó bien, y su pequeña era un buen juez de carácter. Y no quería admitirlo, pero a ella también le caía bien.
-De acuerdo- dijo ella finalmente- tranquilo, ya fueron muchas disculpas para un día. Pero realmente es hora del almuerzo de Rayen, y no podemos tardar mucho porque tiene que tomar sus medicinas. Quizá te veré más tarde. Vamos, cariño, despídete-
-Te veo más tarde, Frodi. No estés triste- dijo Rayen, sonriendo mientras que tomaba la mano de Julieta, aunque seguía despidiéndose de Frodi con su mano libre. El chico la imitó, y las miró alejarse hacia abajo de la cubierta con una sonrisa.
Una vez que se quedó solo, Frodi se recargó en el respaldo de su asiento y suspiró largamente. ¡Vaya! Julieta era una chica muy guapa, y tenía una sonrisa muy linda. Pero no era Lyfia.
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Límites del Círculo Polar Ártico
Aioria y Touma habían tenido varias peleas con los enemigos, las cuales habían sido catárticas para ambos, pues estaban muy preocupados por Marin. Aioros y los otros solo miraban divertidos, sabían que habían ido solo en caso de que los necesitaran, pero al parecer no fue necesario.
De pronto, Sigmund parpadeó. Tenía una extraña sensación en su estómago. Levantó la vista y miró a su alrededor. Había varias columnas de hielo por todos lados, y el viento helado había comenzado a molestarlo incluso a él, pero había algo en su campo visual. Era discreto, y no emanaba ningún cosmo, pero un pequeño brillo rojizo en la nieve llamó su atención.
-¡Deténganse!- dijo el guerrero de Asgard de pronto- creo que ya sé donde está el sello que estamos buscando-
-¿Qué viste?- preguntó Aioros, apretando los dientes. Él era el que menos estaba soportando el frío. Era griego y, a diferencia de su hermano menor, no tenía ese enojo que lo hacía que Aioria pudiera fácilmente ignorar el aire helado.
-Hay un parpadeo de color rojo por allá- dijo Sigmund.
-No se siente ningún cosmo- comentó Minos, pero mientras aún hablaba, Touma y Aioria se echaron a correr en esa dirección. El espectro entrecerró los ojos- pero… ¡deténganse!¡Hay un campo de…!-
Pero fue demasiado tarde. El ángel y el santo de Leo se dieron de cara en un campo de energía, y cayeron de espaldas al suelo. Ambos se levantaron, y fueron alcanzados por los otros, quienes miraron la barrera con curiosidad. Dentro de la barrera de aproximadamente tres metros cuadrados, había una pequeña caja, la cual despedía un par de brillos de color rojo.
-Bien, esto es- dijo Aioros, tocando la barrera con la palma de su mano- ¿ahora qué hacemos?
Minos encendió su cosmo, y sus hilos rodearon la barrera, y los demás vieron que tenía forma de una esfera. El espectro cerró su mano, y vieron la esfera de energía quebrarse en cientos de trozos que se evaporaron.
-Bien, ya está- dijo Minos, señalando la cajita con la mano abierta y volviéndose a los otros- por favor, señores, si nos hacen el honor…-
Touma se acercó a la cajita y, encendiendo su cosmo, le dio un golpe con todas sus fuerzas con el puño cerrado. La tapa de la caja se rompió, y los chicos vieron en su interior un muñeco de arcilla con forma de un hombre egipcio. El pelirrojo la tomó y la rompió en su mano.
Todos los presentes sintieron un alivio, y supieron que el sello en el norte se había roto. Aún estaba el sello del sur, que al parecer tomaría un poco más de tiempo.
-Ya está hecho- dijo Aioria fríamente- regresemos, y vayamos a Egipto. Llegaremos a El Cairo, Saga y los otros ya habrán roto ese sello-
Los otros asintieron, y comenzaron su viaje de regreso al barco, fuera del círculo polar.
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Calles de El Cairo, Egipto
Death Mask y Fatima estaban caminando juntos por las calles de El Cairo cuando el santo sintió que uno de los sellos se rompió, y sonrió levemente.
Ambos iban tomados de la mano. Fatima había insistido en vestir normal, como lo hacía en Grecia. Estaba negada a tener cualquier recordatorio de su vida previa en Egipto. El italiano notó que la chica dudaba, pero se inclinó hacia ella y la besó en la mejilla.
-Tranquila, amore mio- dijo Death Mask- mataré a quien se le ocurra siquiera mirarte mal-
Fatima sonrió levemente. Claro que, a pesar de lo que había pasado antes, se sentía segura con el santo de Cancer. Unos pasos atrás, caminando en dirección al museo de El Cairo, estaban Evelyn y Afrodita, quienes a diferencia de los otros dos, estaban pálidos e incómodos.
-Vamos, chicos- dijo Death Mask- apúrense-
Pero Evelyn se detuvo en la entrada del museo.
-No quiero- dijo la chica.
-Eve, tienes que entrar- dijo Afrodita- imagina que Tutankamon tenga que decirte algo sobre Marin… o advertirnos que estamos haciendo algo mal-
Evelyn lo miró con una expresión de pánico, y el santo de Piscis entendió que ese era el problema: no quería escuchar lo que su ancestro tenía que decir. ¿Qué le diría? ¿que se alejara? No, seguramente la animaría a cumplir con su parte, y eso no lo podía soportar.
-No quiero- repitió Evelyn. Afrodita suspiró largamente. Sabía que tenían que hacerlo, la vida de Marin dependía de ello. Y si no la rescataban, quien sabe a quién más se llevarían al Duat.
-Lo sé, yo tampoco quiero que lo hagas- dijo el santo de Piscis- te confieso que odié un poco a Cecilia cuando te metió en este problema-
Evelyn sacudió la cabeza.
-No, no es su culpa, ella quería ayudar, y está preocupada por Marin… igual que yo- dijo la chica, y suspiró- está bien, vamos-
Afrodita sonrió levemente y tomó la mano de Evelyn de nuevo, y ambos entraron al museo, seguidos de Fatima y Death Mask. Cruzaron las primeras salas, y por fin se detuvieron frente a la máscara funeraria de Tutankamón.
-¿Estás segura de que es aquí?- preguntó el santo de Piscis, y la chica asintió- adelante, nosotros te cubrimos…-
Evelyn suspiró para tomar valor, y extendió su mano hacia la vitrina de vidrio, cerrando los ojos, mientras que los otros tres la rodeaban y fingían estar charlando.
Evelyn abrió los ojos, y se encontró en un bello campo junto al río, donde había plantaciones de trigo, rodeada de enormes palmeras. Miró a su alrededor. ¿Era correcto?¿Estaba en el Inframundo egipcio? No se veía muy diferente a como ella se imaginaba el antiguo Egipto.
-¿Evelyn?-
La chica se volvió a donde la llamaban, y vio al chico que siempre se encontraba en sus sueños. Su ancestro Tutankamon. El chico estaba gratamente sorprendido de verla ahí.
-Bienvenida, te había extrañado- dijo el chico- ¿vienes a preguntarme algo?¿en qué te puedo ayudar?-
-Yo… sí, necesito preguntarte algo- dijo Evelyn- Seth se robó el alma de una de mis amigas, y creemos que la llevó al Duat-
La sonrisa de Tutankamon se borró.
-Sí, supimos que sucedió eso- dijo él- la chica que buscas no está aquí, en el Duat, sino en una cueva, en el camino hacia aquí. Es el lugar más peligroso del Inframundo- añadió- donde están todos los monstruos que protegen el camino-
-Aparentemente tendremos que ir por ella- dijo Evelyn, palideciendo- quieren que yo les abra la puerta-
-Claro, tú puedes abrirla sin morir, usando el colgante de Kepri que te di- dijo Tutankamon- puedes abrir la puerta para que los santos de Athena entren. Si les das una flor de loto, no necesitarás ir con ellos, podrán salir cuando arranquen los pétalos de la flor- los ojos de la chica brillaron- eres muy valiente, Evelyn, estoy orgulloso de ti-
-No deberías, ¡no sabes lo asustada que estoy!-
-Lo sé, pero también sé que estás dispuesta a ayudarlos a pesar de todo- sonrió Tutankamon, y suspiró- veré que puedo hacer para ayudarlos desde aquí-
-Gracias-
-Y Evelyn- dijo el chico, haciendo que ella se volviera hacia él- cuídate mucho-
Evelyn sonrió y asintió. Quitó la mano de la máscara, y regresó al museo.
Afrodita extendió los brazos hacia Evelyn cuando ésta pareció perder el equilibrio. Uno de los guardias se acercó a ellos, frunciendo el entrecejo, como si estuviera preocupado, pero Fatima lo detuvo.
-Esta chica… ¡le dijimos que comiera antes de venir! La llevaremos a comer algo de inmediato, muchas gracias- dijo Fatima. El guardia del museo asintió y se retiró.
-¿Y bien?- dijo Afrodita- ¿qué pasó?-
-Puedo abrirles la puerta al Duat sin tener que ir- dijo Evelyn- y… necesitamos encontrar flores de loto en la orilla del río antes de que Aioria y los otros lleguen. ¡Vamos!-
Los santos dorados y Fatima sonrieron, y los cuatro salieron corriendo del museo rumbo a los bancos del Nilo.
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Barco del Ejército de Chile, Paso Drake
Poco más tarde
Frodi miró por la cubierta. A pesar de ser verano en el hemisferio sur, el barco ya había llegado a un sitio donde la superficie del mar estaba parcialmente congelado, cubierta de una delgada capa de hielo cubriéndola. Se frotó levemente las manos. Aunque Frodi estaba acostumbrado al clima helado en Asgard, comenzaba a tener un poco de frío.
La tripulación era bastante interesante. Había miembros del ejercito y de la marina, los primeros que viajaban a la Antártida con sus familias. También había un grupo de científicos, biólogos en su mayoría, que también parecían ir acompañados de sus familias a trabajar en la Antártida. Sonrió levemente. Estaba a punto de llegar al punto más bajo de la tierra.
Había visto a la amiga de Julieta, que ahora sabía que se llamaba Barbara, con su esposo y su hijo. Ella también parecía ser una chica muy agradable. Levantó la vista, y vio que, a unos pasos de ellos, estaba Julieta ocupada en abrigar a Rayen, anudando con cuidado la bufanda de la niña. Una vez que terminó, la pequeña se fue bajo la cubierta, y Julieta notó que Frodi la estaba mirado. La chica sonrió y caminó hacia él.
-Hola- dijo Frodi en un tono neutral cuando la chica lo alcanzó.
-Hola- dijo ella, mirándolo con atención, entrecerrando los ojos, como si estuviera buscando algo en sus facciones o en su expresión. Frodi tuvo que hacer su cabeza hacia atrás, pues se sentía un poco expuesto por su mirada- Rayen tiene razón, ¿sabes? Sí te ves un poco triste-
Frodi se ruborizó al escuchar aquello, mientras que Julieta dejaba de mirarlo para buscar un asiento junto a él. ¿A poco sí se notaba triste? Quizá sí, ahora que tres personas se lo habían dicho, debía ser verdad.
-¿Dónde está Rayen?- dijo Frodi en voz baja, notando que la niña se había ido bajo la cubierta. Le caía bien, y se notaba que tenía buen corazón.
-Fue abajo por su mochila, creo que quiere traer su muñeca favorita para mostrártela- dijo la chica, sonriendo cuando Frodi mencionó a Rayen- espero que no te moleste, le caíste muy bien-
-Para nada- sonrió el chico- tu hija es una niña muy linda-
Julieta sonrió orgullosa de su pequeña, pero volvió a mirar fijamente a Frodi, aunque esta vez no tan intensamente con la anterior.
-¿Te encuentras bien?- dijo ella, notándolo aún un poco desanimado.
El guerrero de Asgard sonrió tristemente. Sí, estaba bien, pero también era cierto que llevaba varios días sintiéndose melancólico. Claro, no era el asunto de Julieta. ¿Porqué esa chica se preocupaba por él?
-No, no te preocupes, estoy bien- dijo Frodi, sonriendo y rascándose la nuca levemente- es solo que… creo que es porque extraño un poco a una persona en casa-
-Oh, ¿a una chica?- sonrió Julieta, apoyando su mejilla en su mano, y su codo sobre su rodilla, mirándolo con atención mientras que Frodi sonreía al ver su reacción- ¿es tu novia o esposa?-
-No, no es nada de eso- dijo el chico, cabizbajo- es una mujer que… es la representante de Odín en la tierra. Y mi trabajo como guerrero de Asgard es protegerla-
-¿Y cómo es?-
-¿Cómo es?-
-Ella, ¿cómo es?- dijo Julieta.
Frodi miró extrañado a la chica. ¿Porqué le preguntaba eso? Se encogió de hombros. Quizá estaba aburrida, y quería conversar con alguien. En fin, hablar sobre Lyfia no le molestaba nada.
-Oh, Lyfia es… es toda una princesa- dijo Frodi, sonriendo un poco sonrojado- tiene unos enormes ojos violetas, y su cabello es muy muy largo. Siempre está guapa, y usa un pañuelo de colores en sus cabellos. Y tiene la voz más dulce que hayas escuchado-
Frodi miró a Julieta mientras decía eso, y la chica estaba sonriendo, con la mirada perdida, seguramente intentando imaginar a Lyfia por la descripción que él le había dado. Finalmente parpadeó y volvió sus ojos hacia él.
-¿Ojos violetas, dijiate?- dijo Julieta, muy sorprendida, y Frodi asintió- vaya, jamás he conocido a nadie con ojos de ese color- bajó la mirada, mientras que se frotaba las manos para entrar en calor- entonces, ¿le has dicho cómo te sientes al respecto de ella?-
El rostro de Frodi se enrojeció hasta la raíz del cabello. Él nunca había dicho que la quería así, pero no se tenía que ser un genio para adivinarlo por la manera en la que se expresaba de ella.
-Claro… ¡claro que no!- dijo Frodi, sacudiendo la cabeza. ¡Qué ocurrencias! ¿Cómo se le ocurría siquiera preguntar eso?- ¡ella es la representante de Odín en la tierra! Además…-
-¿Además?-
-Además que ella está enamorada de alguien más- dijo Frodi tristemente- de un santo de Athena-
-Oh… lo siento mucho-
Julieta parpadeó, y entonces fue cuando entendió la expresión de tristeza de Frodi. Estaba enamorado de una chica que no lo amaba, y tenía el corazón roto. Y lo peor: a pesar de que sabía que la mujer, fuera quien fuera, no lo quería, él seguía enamorado de ella. ¡Pobre chico!¡Eso debía ser realmente una tortura!
Hubo algo que llamó su atención. Bárbara tenía razón, y no se había fijado antes, pero Frodi era un chico apuesto, y se veía aún más guapo vistiendo sus ropas de civil, y no con esa ridícula capa que tenía el día que lo había conocido. Además, los enormes ojos azules del chico parecían hablar por sí mismos.
Una corriente de aire helado los golpeó a ambos, y, al ver que el chico se encogió levemente por la fría sensación, Julieta extendió las manos hacia Frodi, tomando su bufanda y haciéndole un nudo para que le cubriera bien el cuello.
-Listo- dijo Julieta, terminando el nudo y levantando la mirada- oh, ¡mira! Ya casi llegamos-
La chica se levantó de su asiento y, tras apretarle suavemente el hombro y guiñarle un ojo para intentar animarlo, se apresuró a volver a su puesto. Frodi la miró alejarse, sorprendido y asustado en partes iguales, sintiendo un poco más de calor en sus mejillas y no necesariamente por estar bien cubierto. Se llevó la mano hacia la bufanda anudada, y sonrió levemente, inclinando la cabeza, y se puso de pie, para buscar a Saga y a los otros.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! ¡Feliz año nuevo! Espero que la hayan pasado muy bien. Como pueden ver, Frodi y Juli se están llevando un poco mejor, y Aioria y los otros rompieron el primer sello. Espero que les esté gustando esta historia esté gustando. Muchas gracias a todos por sus reviews, y nos leemos pronto.
Abby L.
