HASTA EL FIN DEL MUNDO

XIII: A MEDIO CAMINO

FLASHBACK

Templo de Leo

Año 14 del Nacimiento de Athena

Aioria y Marin se miraron con una sonrisa cómplice. Iban a planear la venganza contra los tres chicos que los habían encerrado en Géminis. A pesar de que sus intenciones habían sido honorables, les enseñarían una lección para que dejaran de meterse en asuntos ajenos. Y habían decidido lanzarlos de cabeza al mar y darles una buena remojada.

-¿Qué haremos?- dijo Marin, pensativa- ¿uno por uno?-

-Creo que será lo mejor- dijo Aioria- estoy seguro de que Sofía y Cathy nos apoyarán. Y Mu también, sobre todo porque estuvo advirtiendo a Lydia de que no se metiera en nuestros asuntos-

Marin rió en voz baja.

-Tu hermana es tan cabezota como tú- dijo la pelirroja. Aioria gruñó por lo bajo, pero Marin lo besó en la mejilla, y no pudo evitar sonreír.

Aioria levantó la mirada, y sus ojos brillaron de contento. ¡Por todos los dioses! Cómo le gustaba mirarla. Hasta ese día, el santo de Leo jamás había visto su rostro, y a pesar de ello se había enamorado perdidamente de la amazona. Y ahora que la veía… ¡era mucho más hermosa de lo que había imaginado.

Marin se dio cuenta de que Aioria la estaba mirando, y se sonrojó. Aioria acentuó su sonrisa. ¡Era tan hermosa! La rodeó con sus brazos, y la empujó suavemente contra la pared. Ella sonrió, y rodeó su cintura con sus propios brazos, poniendo sus manos en la espalda del santo de Leo. Todo aquello era nuevo para ambos, pero ¡vaya que les estaba gustando! Marin se puso de puntillas y besó a Aioria, quien la levantó levemente del suelo para besarla mejor.

Ambos escucharon pasos provenientes de las escaleras del templo de Cáncer, y se sonrojaron levemente. De nuevo con los pies en el suelo, Marin le guiñó un ojo, lo tomó del brazo, y tiró de él, caminado hacia la habitación de Aioria. Éste asintió y la siguió sin dejar de sonreír, cerrando la puerta tras él.

FIN DEL FLASHBACK

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Calles de El Cairo

Mientras que Afrodita y Evelyn habían ido a los bancos del río Nilo a buscar los lotos que necesitaban para bajar al Duat y poder regresar, Death Mask y Fatima buscaron algo de comer en el mercado. La chica recordaba como le gustaba ir a los mercados a ver las telas de colores, lo que ahora le parecía tan monótono.

-¿Fatima?- dijo una voz femenina.

Tanto Death Mask como Fatima se volvieron a donde venía la voz, y notaron a una chica, unos años apenas mayor que Fatima, vestida como solía hacerlo ella cuando aún vivía en Egipto. Death Mask se dio cuenta de que su chica la había reconocido.

-Eh… hola, Ravit- dijo Fatima, sonriendo, pero sin soltar al santo dorado. La chica llamada Ravit dejó la bolsa de víveres que llevaba en su mano y corrió a abrazarla.

-Fatima, me alegro de verte- dijo Ravit- me da mucho gusto ver que estás bien-

-Gracias- dijo la chica, sonriendo levemente y abrazando a su amiga- ¿cómo estás tú?-

-Yo…- comenzó a decir Ravit, pero palideció. No solo ella, también las mejillas de Fatima perdieron su color. Ambas habían escuchado la voz de Rashid. Ravit los empujó a ambos hacia la siguiente calle- ¡tienen que irse rápido! Viene Rashid, y…-

-No le va a hacer daño a Fatima- dijo Death Mask- yo me encargo de ello…-

-Vamos, Dema- dijo Fatima, tirando de su brazo- no quiero causarle problemas a Ravit-

Death Mask asintió, y tras una mirada furiosa al hombre que venía caminando, salió de ahí junto con Fatima. Una vez que estuvieron lejos del hombre, Fatima sonrió.

-Gracias, Dema-

-No hay de qué- gruñó él.

Pronto vieron llegar a Aioria y a Touma con ellos, y Aioros también venía corriendo tras ellos, intentando alcanzarlos. Los dos primeros tenían expresiones furiosas y sombrías.

-El sello del norte está roto- dijo fríamente el santo de Leo- solo falta que Saga y los otros hagan su parte-

-Será más difícil- le dijo Death Mask- los enemigos estarán prevenidos, y harán un esfuerzo por detenerlos-

-Lo sé dijo Aioria.

-Solo tenemos que confiar en ellos- dijo Aioros- no tardarán mucho en lograrlo-

Aioria asintió gravemente, mientras que Touma volvía sus ojos hacia la gran pirámide. Suspiró. Ya faltaba poco.

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Villa las Estrellas, Isla Rey Jorge, Antártida

Poco antes

Saga no estaba muy contento al escuchar que aún no habían llegado al sitio donde estaba el sello. Cecilia sonrió levemente mientras le ponía la mano en el hombro.

-Bueno, estrictamente estamos en el continente- dijo Io, encogiéndose de hombros- el sello parece estar en el borde del círculo polar antártico, así que nos faltan solo un par de kilómetros. Ya es tarde. El próximo vuelo a la península antártica parte en unas cuantas horas-

-Eso es algo- dijo Saga, encogiéndose de hombros, un poco preocupado. Seguramente para esa hora, y con lo fácil que era llegar al círculo polar ártico, Aioria y los otros ya habrían destruido el sello del norte, y contaban con ellos para destruir el del sur.

Frodi se encogió de hombros y metió las manos a los bolsillos de su pantalón. Veía que todos tenían frío, pero él estaba más o menos cómodo con la temperatura. Era verano en el hemisferio sur, de todos modos. Miró a su alrededor. Los militares, los científicos y sus familias ya habían desembarcado, y comenzaban a dirigirse a la pequeña villa.

Barbara Steiner, la amiga de Julieta, se acercó a ellos.

-Hay un par de habitaciones reservadas para ustedes en la hostería- dijo Barbara, señalando un edificio que decía Hostería Estrella Polar- todos los militares nos alojamos ahí, y está junto a la clínica- sonrió amablemente- allá está el supermercado, ahí la oficina de correos, y la biblioteca. Ah, y el transporte hacia la península sale en unas horas, desde la pista, cuando mejore un poco el clima- añadió señalando el fuerte viento.

-Está bien, muchas gracias- dijo Cecilia, tomando la mano de Saga.

"Oh, genial", pensó Frodi al escuchar que habían separado dos habitaciones para ellos, sabiendo que le tocaría compartir habitación con Io. Bueno, podría ser peor. Sus ojos se desviaron hacia donde estaba Julieta. Inconscientemente se llevó las manos al cuello, sobre el nudo de su bufanda, y sonrió al verla entrar al mismo edificio que ellos.

Frodi sacudió la cabeza. ¡Tenía que dejar de pensar en Julieta de esa manera! Sí, había sido muy amable, y era bonita, pero él amaba a Lyfia, quien era toda una princesa, a diferencia de Julieta. Levantó la mirada y vio que Rayen se había quedado dormida en el barco la última hora, y no había despertado por completo. Julieta la había bajado en brazos del barco, dejando que espabilara mientras la llevaba al interior del edificio. Sonrió levemente al ver que la pequeña abrió somnolienta sus ojitos hacia él y movía la manita para saludarlo, y después poner su cabecita en el hombro de su mamá. Miró a la chica alejarse, impresionado la facilidad con la que caminaba a pesar de ir cargando a una niña de cuatro años con un montón de capas de ropa.

-No puedo creerlo- dijo Io, sacando su teléfono celular, interrumpiendo los pensamientos de Frodi- tenemos buena recepción e internet-

Saga sonrió levemente, y sacó también su celular para informar a Aioria como iba su misión. El santo de Leo le comentó que ya habían destruido el sello en el norte, y que iban en camino hacia Egipto. El santo de Géminis asintió gravemente, y le dijo que, si las cosas salían como lo tenían planeado, no tardarían mucho en hacer lo mismo ellos.

Los chicos se refugiaron en la hostería, y se reunieron en la habitación de Io y Frodi finalmente para discutir los planes para lo que seguía.

-Bueno, por fin hemos llegado- dijo Saga, y se volvió a Cecilia, quien había metido a Canuto dentro de su propia chamarra para mantenerlo caliente- aquí es donde nos separaremos, Cecy, pero sé que estarás bien cuidada por tus paisanos-

La chica sonrió y asintió. Finalmente, había prometido quedarse a salvo ahí mientras que ellos iban a su misión, sobre todo porque sabían que serían atacados por los enemigos, con mayor razón ahora que Aioria había tenido éxito, seguramente los enemigos enviarían más individuos a proteger el segundo sello.

-¿Iremos los tres?- dijo Io, mirando de reojo a Cecilia, un poco preocupado.

-Sí, necesitaremos todos nuestras habilidades- dijo Frodi- con mayor razón ahora que dices que Sigmund y los otros ya destruyeron el otro sello. No tenemos tiempo que perder-

-Bien, entonces esperemos a que el clima nos permita salir- dijo Io- les sugiero que intenten descansar mientras tanto-

Cecilia y Saga asintieron, y se retiraron a su habitación, dejando solo a Io con Frodi. Éste sonrió levemente, y decidió salir a estirar las piernas un poco antes de irse a descansar. Quería ver que la hostería fuera segura, y además no le molestaría volver a ver a Julieta.

No, no le gustaba. Bueno, sí era muy guapa, pero no le gustaba. Le había llamado la atención el gesto que la chica había tenido con él en el barco, protegiendo su cuello del frío, y luego una leve palmada en su hombro. Al principio pensó que había sido un gesto maternal, sobre todo porque ella tenía una hija, pero no había sido nada de ese tipo. Frodi nunca había sentido algo así, a alguien preocupándose por él a pesar de no conocerlo. Y cuando apretó suavemente su hombro. ¿Eso había sido una caricia?

Sacudió la cabeza mientras cruzaba el pasillo de la hostería. La calefacción mantenía una temperatura agradable en el sitio. Vio como algunos militares, científicos y sus familias comenzaban a acomodarse en las habitaciones. ¡Había muchos niños corriendo por los pasillos!

-¡Frodi!- el chico escuchó su nombre, y vio que Rayen lo saludaba con su manita a lo lejos, ya bien despierta. Julieta, quien estaba con ella, se volvió hacia él y sonrió también al verlo acercarse.

Frodi se detuvo de golpe cuando la vio. A diferencia de hacía un rato en el barco, con su cabello impecablemente peinado y recogido, ahora lo traía suelto y un poco alborotado, enmarcando su rostro y haciéndola verse, bueno, menos amenazante. Esto último también era porque se había cambiado su uniforme militar por ropa de civil: un enorme suéter gris, un grueso pantalón negro y unas gruesas botas de nieve. Se veía muy guapa.

Ambas estaban en la cafetería, en una de las mesas, a donde habían ido por una taza de chocolate caliente. Rayen se había levantado de su silla cuando lo vio, y había corrido hacia él. Al ver que la pequeña lo miraba con ilusión, Frodi la tomó de la mano.

-Es un gusto volver a verla, señorita Rayen- dijo Frodi, besando su mano. La pequeña rió, y Julieta no pudo evitar reír también en voz baja.

-Ven, Frodi, siéntate con nosotras- dijo la niña, tirando de la mano del chico. Frodi no se hizo del rogar, y se sentó en el sitio vacío.

-Bienvenido. Gracias- sonrió Julieta cuando la mesera dejó las tres tazas de chocolate caliente, y las puso sobre la mesa. La chica le pasó una taza a Frodi.

El chico tomó la taza y bebió un sorbo, y la sensación calientita en su estómago lo hizo sentirse mil veces mejor. ¡Vaya que era cierto que el chocolate caliente mejoraba las cosas! Se volvió a un lado, y vio a Rayen apurar su propia taza de chocolate y sonreírle con un poco de crema en la nariz. Julieta también rió al ver a la pequeña así, y luego se volvió a Frodi.

Ambos se miraron entre sí en silencio un momento, y se sonrieron.

-Eres extranjero, ¿verdad, Frodi? Dime, ¿qué piensas de Chile?- dijo Julieta, y Frodi hizo una mueca que la hizo alzar las cejas- ¿dije algo malo?-

-¡No! No, para nada. Y no es nada personal- dijo Frodi con una expresión mortificada- pero creo que tu país me odia-

Julieta se echó a reír ante la idea. Claro, era entendible, cualquier persona podía pensar eso después de tener un incidente como el que Frodi tuvo en el mirador de Punta Arenas por culpa del viento y por traer una capa puesta.

-¿Lo dices por ese incidente del viento en Punta Arenas? No sigas con eso, por favor, me vas a hacer sentir mal por tratarte así-

-No fue solo eso- dijo Frodi, encogiéndose de hombros mientras recordaba lo que había pasado el primer día que estuvo en Chile- primero sucedió eso, y luego hubo un terremoto…-

-Temblor- lo corrigió Julieta con una expresión indiferente, la misma que Io y Cecilia solían hacer cuando decía que no era la gran cosa- tranquilo, eso fue solo Chile siendo Chile. No te preocupes, eventualmente mi país dejará de hacerte bullying-

Frodi gruñó, pero luego sonrió astuto.

-¿Y qué me dices que las mujeres chilenas que me golpean en la cabeza, que me gritan y me llaman we…?-

-¡No lo digas!- lo interrumpió Julieta, sonrojándose y cubriendo los oídos de Rayen, haciendo que Frodi se echara a reír. La niña los miró alternadamente y rió, aunque no sabía porqué se reía el chico- no te burles. ¡Te digo que me siento culpable!-

-No te sientas culpable, no pasó nada- dijo Frodi, sonriendo y pasándose los dedos entre los cabellos.

Su vista pasó de Julieta a Rayen, que estaba muy entretenida intentando repartir unos dulces extraños que tenía en una bolsita de plástico.

-Pero, ¿qué es esto, señorita?- dijo Frodi, volviéndose a la niña, mirando los dulces con genuina curiosidad- ¿son galletas?-

-No, ¡son chilenitos!- dijo Rayen, riendo- ¿quieres probarlos? Son muy ricos. Ten…-

Frodi miró los dulces. Sí, se veían ricos. Pasó sus ojos de la niña a Julieta, quien asintió con una sonrisa, y se animó a tomar uno para probarlo. ¡Era delicioso! Parecía una especie de galleta de harina con un relleno viscoso muy dulce. Se sentía como un apapacho.

-Tenía razón, están deliciosos- dijo el chico finalmente, y extendió su mano hacia la niña para revolverle los cabellos- muchas gracias por compartirlos conmigo-

Rayen sonrió, orgullosa, y Julieta la miró sonriendo. Era lindo que a la pequeña le hubiera agradado Frodi, y a ella misma comenzaba a agradarle también. Se notaba que era bueno con los niños, y que tenía buen corazón. Pero aún estaba esa tristeza en sus enormes ojos azules que parecían hablar por sí mismos. ¿Era por culpa de la chica de la que estaba enamorado?

Frodi y Rayen compartieron los chilenitos mientras que Julieta los miraba. Después de un rato, el chico levantó la mirada hacia el reloj.

-Será mejor que me vaya a dormir un rato. Cuando mejore el clima nos iremos a la península antártica- dijo Frodi.

-Lo sé, y al parecer iré con ustedes- dijo la chica, encogiéndose de hombros y mirando de reojo a Rayen- me informaron que hubo un accidente en la base militar O'Higgins, el médico y otro chico están heridos, así que ya ves-

-Oh…- dijo Frodi, sonriendo levemente- entonces, nos vemos en un par de horas-

-Así es- dijo ella, guiñándole un ojo- aprovecha para descansar un rato. Vamos, Rayen, despídete de Frodi-

-Nos vemos después, Frodi- dijo la pequeña.

El guerrero de Asgard se despidió de ellas, y regresó a su habitación, pensando en lo que acababa de hacer. ¡Qué bien se sentía que alguien, una chica, se preocupara por él para variar! De pronto, sacudió la cabeza y borró su sonrisa.

Sí, Julieta podía ser muy linda, y guapa. Pero no era Lyfia.

Mientras tanto, Julieta se levantó de la mesa para regresar con Rayen a su habitación, cuando captó la mirada de Barbara, quien la miró alzando repetidamente las cejas. Julieta gruñó en voz baja, adivinando lo que estaba pensando su amiga.

-Oh, no, ni siquiera lo pienses- siseó Julieta cuando pasó junto a su amiga, cosa que hizo que ésta ampliara su sonrisa.

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Templo del Patriarca, Santuario de Athena

Lydia entró dudosa a la habitación en donde el Patriarca había hecho poner a Marin. La chica no parecía estar en ningún problema. Si acaso, parecía estar sumida en un sueño tranquilo, pero ella sabía muy bien que su amiga no estaba ahí. Su cosmo había desaparecido por completo, y su corazón había sido sustituido por ese feo escarabajo negro. Lydia reprimió un escalofrío: estuvo tan cerca de que le pasara lo mismo a ella.

-¿Estás bien, Lydia?- dijo Sara, alzando las cejas al ver a la chica de pie, pálida, en la entrada de la habitación.

-Sí, estoy bien- dijo ella, parpadeando y dando un paso delante- pensé que aquí estaría Saori o el maestro Shion-

-Oh, creo que ellos dos están recibiendo noticias de Aioria y los otros- dijo Sara, sonriendo levemente, pero borró su sonrisa al mirarla de cerca- ¿segura que estás bien? Te ves un poco pálida-

-Debí haber sido yo- dijo Lydia, mirando tristemente a Marin- ella quiso protegerme, y me mandó a sacar a Elsa de ahí. Si no le hubiera hecho caso…-

-Las hubieran llevado a las dos- dijo Sara- querían a Marin, lo demás fue solo una distracción. No pienses esas cosas, no querrías que Mu sufriera como lo hace Aioria, ¿verdad?-

-No, claro que no- dijo Lydia, aún con un sentimiento de culpabilidad.

-Entonces no pienses más en ello- dijo Sara- tengo poco tiempo de conocerlos, pero sé que Aioria hará cualquier cosa por Marin, y que nunca va a renunciar a ella-

Lydia sonrió levemente.

-Lo sé, tienes razón- dijo la chica. Suspiró tristemente, pensando que la chica había querido disculparse con Aioria antes de que sucediera todo eso. Esperaba ver a su hermano, y a Marin, muy pronto.

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Duat, Inframundo Egipcio

Marin abrió los ojos lentamente. No sabía porque, pero le dolía todo el cuerpo. ¿Qué era lo que le había pasado? Solo recordaba que había enviado a Lydia a poner a salvo a Elsa, sino que el enemigo se había presentado frente a ella. ¡Ya lo había visto antes! Era Seth, dios egipcio del miedo. Y le dijo que era ella a quien quería. Le dio un golpe, y ya no recordaba más.

Miró a su alrededor. Estaba en un pequeño calabozo, en una cueva, encadenada a la pared. Tiró de una de las cadenas, pero ésta le devolvió un choque eléctrico por el tirón. La chica gimió de dolor y cayó de rodillas.

-Duele…- susurró para sí misma, mirando a us alrededor- ¿dónde estoy?-

Se puso de pie, y fue cuando lo notó. Había un escarabajo en su pecho, incrustando sus patas en su piel. Marin hizo una mueca. ¿Cómo no lo había visto antes?¿Porqué tenía esa cosa encima? Hizo un intento de quitárselo.

-¡Espera! No te lo quites- escuchó una voz al final del pasillo- eso es lo que te mantiene viva. Lo necesitas para poder salir de aquí-

-¿Uh?- dijo Marin, mirando a su alrededor, intentando encontrar al dueño de la voz- ¿quién está ahí?-

La pelirroja vio a un chico al final del pasillo, caminando lentamente hacia ella. Era apenas un adolescente, y le recordaba un poco a alguien, pero no podía decir quien. Era un hombre vestido como egipcio antiguo, con ojos delineados y un tocado azul y dorado en su cabeza.

-Shhh, baja la voz, Marin- dijo el chico- me llamo Tutankamon. Estás en el camino hacia el Duat, en el Inframundo egipcio. El malvado dios Seth te trajo aquí-

Marin palideció al escuchar eso. Sí, sabía quien era Tutankamon, no solo por lo que había aprendido de historia, sino porque recordaba que había sido un ancestro de Evelyn. ¿Y qué decía sobre estar en el Inframundo. ¿Estaba muerta entonces? No, dijo que el escarbar era lo que la mantenía con vida.

Tutankamon la vio palidecer, así que se acercó aún más a ella, y le puso una mano en el hombro para ayudarla a tranquilizarse.

-Tranquila, no tengas miedo- dijo el chico- me enviaron un mensaje para ti, de parte del Santuario de Athena. Evelyn manda decir que Aioria viene en camino-

Los ojos de Marin se iluminaron. ¡Aioria venía en camino!

-No puedes salir de aquí por ti misma- continuó diciendo Tutankamón- necesitas la ayuda de Aioria para poder salir. El camino no va a ser fácil, pero estoy seguro de que Aioria logrará llegar por ti. No pierdas la esperanza-

La chica sonrió, y sintió como si su corazón volvía a latir, a diferencia del horrendo escarabajo que tenía sobre ella.

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Ptolomea, Inframundo

Cuando Minos regresó a Ptolomea después de la misión al norte, se encontró a Aria charlando con Victoria y Radamanthys, mientras que ambos cuidaban que Lucy y Dash no vuelvan a huir y perderse en el Inframundo. Tan pronto como lo vio, Aria puso a la niña en el suelo, y corrió hacia él. Minos sonrió mostrando los colmillos y la abrazó, levantándola del suelo y dando un par de vueltas con ella.

-¡Minos, ya regresaste!- dijo Aria sin dejar de sonreír o de abrazarlo- ¡te extrañé!-

-Yo también te extrañé, min kjære- dijo Minos, besando su cabello para después ponerla de nuevo en el suelo- ¿cómo te has sentido? ¿te encuentras bien?-

-Mmmf….- se quejó Radamanthys antes de que Aria pudiera responder- ¿no confías en que nosotros te íbamos a ayudar a cuidarla mientras que no estabas?-

-Estoy bien, Minos, en serio- dijo Aria en voz baja, llevándose la mano a su abdomen que ni siquiera se le notaba- Rada y Victoria me han estado acompañando-

-Menos mal- dijo Minos, ignorando el reclamo de Radamanthys, y volviéndose a él y a la chica- muchas gracias por cuidarla, chicos-

Después de ello, Minos se sentó en la sala de Ptolomea, cuando llegó Lune a pasarle los reportes de los juicios, pero el juez no estaba de humor.

-¿Y bien?- dijo Radamanthys, mientras Victoria se levantaba a ir donde Lucy, que otra vez se había intentado salir de ahí seguida del pequeño corgi- ¿qué sucedió?-

Minos suspiró largamente, y les contó todo lo que sabía hasta el punto en donde había dejado a los santos de Athena y a Touma camino a Egipto para entrar al Inframundo.

-¿No pueden ayudarlos de alguna manera?- dijo Victoria, regresando con Lucy en brazos, quien seguía riendo y extendiendo sus bracitos hacia Dash- quiero decir, ustedes son espectros-

-El Duat es muy diferente al Inframundo- dijo Radamanthys- tienes que pasar una serie de pruebas para llegar a él. No, solo Aioria y Touma pueden entrar para sacar a la persona que está atrapada ahí dentro-

-¿Quieres decir que… si fuera Victoria, solo tú podrías hacerlo?- dijo Aria ingenuamente.

Radamanthys frunció el entrecejo, nada contento con la idea, pero asintió. Minos le ofreció la mano a Aria, quien la tomó contenta.

-Con su permiso, voy a reportar lo sucedido al señor Hades y a los otros dioses- dijo Minos- ¿vienes conmigo, Ari?-

La chica asintió, y ambos salieron, seguidos de Victoria y Radamanthys, éste último llevando a una inquieta Lucy, quien no paraba de mover las manos y los pies como si estuviera nadando, y reía en voz alta. El juez de Wyvern puso los ojos en blanco. ¡Eso era suficiente! No volvería dejar que Queen le diera chocolates.

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Palacio de Valhala, Asgard

Poco después

Una vez que Sigmund regresó al palacio de Valhala, acudió a la sala del trono donde lo esperaban Lyfia, Hilda y Freya. La última no estaba nada contenta con lo ocurrido en su reciente viaje a Atenas, en la que se la pasó viendo como Lyfia causaba conflictos entre todos los santos de Athena y se llevaba entre las patas el corazón del pobre Frodi en el proceso. Todo eso Freya le había contado a Hilda, y ésta había compartido su angustia con su hermana menor. ¿Lyfia? Ni se había mosqueado.

En fin, Sigmund llegó y comenzó a contarles lo que había pasado en el ártico, donde prácticamente solo había ido a acompañar a los santos de Athena, Minos y Touma para destruir el sello, lo cual se había llevado a cabo con éxito.

-Buen trabajo, Sigmund- dijo Lyfia, por fin dejando a un lado su teléfono celular y aplaudiendo repetidamente- estoy muy contenta con tu trabajo-

Sigmund sonrió levemente y asintió.

-Bueno, ¿y que me dices de Aioria?- continuó Lyfia, acomodándose en su asiento, haciendo que tanto Hilda como Freya pusieron los ojos en blanco- ¿está a salvo?¿Ya regresó a Atenas?-

-No, señorita- dijo Sigmund, cabizbajo- va camino a Egipto, con la esperanza que cuando llegue Frodi y sus acompañantes ya hayan logrado romper el sello del sur, para que pueda entrar al Duat a rescatar a su novia- añadió, poniendo énfasis en las últimas palabras.

Lyfia hizo una mueca, y se encogió de hombros.

-Ya regresaremos al Santuario de Athena entonces, cuando Aioria regrese- dijo Lyfia, encogiéndose de hombros- ¿algo más?-

Hilda entrecerró los ojos. Ya había tenido suficiente. No solo Lyfia se había comportado como una cabezahueca, sino que el pobre Frodi no dejaba de sufrir por ella. ¡Eso tenía que terminarse ya!

-Bueno, Lyfia- dijo Hilda, poniéndose de pie, haciendo que Freya se alarmara- en vista de que no te preocupó como está Frodi o que pasó con él…-

-Claro que me preocupo- interrumpió Lyfia, encogiéndose- pero sé que Frodi va a estar bien-

-¿Y se puede saber que vas a hacer con él cuando regrese?- dijo Hilda, cruzándose de brazos- porque sabes bastante bien que Frodi está enamorado de ti-

-¡Señorita Hilda!- dijo Sigfried, alarmado de que hablara del asunto tan abiertamente. Hilda estaba acostumbrada a ser la que mandaba, y ya se había cansado de esa actitud de Lyfia.

-Silencio- dijo Hilda, volviéndose de Sigfried a la chica- Lyfia, no puedes seguir tratando así a Frodi, lo estás haciendo sufrir con tu actitud. Si no lo amas, díselo de una vez por todas-

Lyfia pareció sorprendida paro el regaño de Hilda, pero se cruzó los brazos, enfurruñada.

-No es cierto, Frodi ha sido mi amigo desde que éramos niños- dijo Lyfia- y francamente no creo que sea bueno estar hablando de esto con todos ellos presentes- añadió señalando a los otros guerreros.

-Todos han visto como lo tratas, y todos saben que está enamorado de ti- dijo Hilda, poniéndose las manos en las caderas- lo correcto sería liberarlo por fin-

-No es cierto, eso no…- comenzó a decir Lyfia, pero Hilda y Freya habían tenido suficiente.

-Eso es lo que yo pienso- dijo Hilda- queda en tu conciencia si lo sigues haciendo sufrir. Con permiso-

Y sin añadir nada más, la chica terminó de hablar, se dio la vuelta y salió de la sala, seguida de Freya y Sigfried. Los otros chicos se miraron entre ellos de manera incómoda. Lydia bufó, molesta, aún cruzada de brazos. Nunca la habían regañado así, y no tenía ganas de cambiar el status quo que tenía con los guerreros, sobre todo con Frodi. Suspiró y volvió a sacar su teléfono celular. Ya lo pensaría cuando regresara.

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Villa las Estrellas, Antártida

Poco después

El tiempo había mejorado, y los chicos recibieron la noticia de que partirían en media hora hacia la península antártica, y que la avioneta ya estaba lista. Frodi vio en el pasillo que Julieta tomaba su enorme mochila, la cual tenía una gran cruz roja bordada en ella, y se arrodillaba en el suelo para despedirse de Rayen.

-¿Tienes que irte, Juli?- dijo la pequeña, mientras que la chica le terminaba de trenzar el cabello.

-Solo será por el día de hoy, cariño- dijo la chica, acariciándole la mejilla con ternura- te quedarás con tu tía Barbara y con Mati, y regresaré en la noche. Cuando despiertes, ya estaré aquí contigo-

La pequeña sonrió y la abrazó, y fue cuando notó que Frodi las miraba, sonriendo.

-¿Frodi también va a ir contigo?- dijo Rayen.

-Eh… sí, Frodi y sus compañeros tienen cosas que hacer allá, pero también volverán pronto- dijo Julieta- mira, una de las amigas de Frodi se quedará también- añadió, mirando a Cecilia- seguro puedes charlar con ella mientras que no estamos-

Frodi se acercó a ella y le ofreció la mano, que la niña tomó.

-No se preocupe, señorita, me aseguraré que su mamá esté a salvo- dijo Frodi, besando la mano de la niña. Rayen rió.

-Yo creo que será al revés, seré yo la que te tenga que mantener a salvo, a juzgar por el récord que tenemos- dijo Julieta entre dientes, cruzándose de brazos con una sonrisa irónica.

Rayen rió ante ese intercambio, y Frodi y Julieta se encontraron a sí mismos riendo juntos. Cuando se dieron cuenta, los dos parpadearon, y la chica se aclaró la garganta.

-Ejem… sí, pórtate bien, y no te separes de Barbara, ¿sí?- dijo Julieta, dándole un último abrazo.

-Sí, señorita, me portaré muy bien- dijo Rayen, haciendo un saludo militar y corriendo a donde estaba su tía.

Mientras ocurría ese intercambio, Frodi miraba atentamente, frotándose la barbilla y sonriendo levemente. Cuando Julieta se dispuso a levantarse, el chico le dio la mano para ayudarla.

-Gracias- dijo ella en voz baja.

Frodi sonrió. Estaba aún vistiendo sus ropas de civil, y nuevamente su cabello estaba suelto. Cada vez le gustaba más esa chica. Parpadeó, intentando quitarse esa idea de la cabeza. No, claro que no le gustaba.

Para quitarse la idea de la cabeza, Frodi luego se volvió a Saga, quien se despedía de Cecy.

-No vayas a salir de aquí, Cecy, por favor, quédate a salvo- dijo Saga, mientras le pasaba un mechón de cabello detrás de la oreja.

-Lo prometo, Saga- sonrió la chica- me mantendré a salvo, sabes que nada malo me va a pasar aquí-

Saga tomó su cabeza con sus manos y la besó en la frente.

-Estaré bien- repitió Cecilia- eres tú el que va a ir a pelear. Cuídate-

Saga asintió gravemente, y siguió a los otros rumbo a la salida del edificio, y hacia la pista de despegue. Cecy se cruzó de brazos, borrando su sonrisa, y mostrando una expresión preocupada cuando vio a Saga alejarse.

-Espero que estén bien los tres- dijo Cecilia, cruzando los brazos.

-Ruufff ruff rufff…- ladró Canuto desde el interior de su chamarra.

-Lo sé, Canuto, no hace falta que lo digas- dijo la chica- ¿vamos a la cocina? Tengo frío, y me apetece tomar un poco de café-

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Nota de Autor:

Chilenitos: dulce típico de Chile hecho de harina y relleno de manjar. Son denominados chilenitos porque son un tipo de alfajor chileno de maicena u otro tipo de harina, más sencillos y más pequeños que los alfajores comunes. Así el término alfajor chileno es utilizado para definir a otro tipo de alfajor tradicional, con una hojarasca (tipo de galleta) más delgada y firme. Se preparan con cubiertas de azúcar flor, chocolate o merengue, y se producen con formas y tamaños diversos. (via Wikipedia)

No los conozco personalmente, pero se ven deliciosos. ¡Quiero!

¡HOLA A TODOS! Espero que les esté gustando esta historia. Como pueden ver, Frodi y Juli se llevan mucho mejor, y un gran factor ha sido Rayen. A ver como les va de aquí en delante. Muchas gracias por sus reviews. Les mando un abrazo enorme.

Abby L.