HASTA EL FIN DEL MUNDO

XIV: CONVERSACIONES

FLASHBACK

Santuario de Athena

Año 15 del nacimiento de Athena

Marin sonrió mientras veía a Aioria alejarse por las escaleras. ¡Se veía tan guapo cuando usaba su armadura! Mientras iba bajando, el chico se volvió hacia ella y sonrió levemente. Parecía que lo hacía a propósito. ¡El muy tarado sabía que era muy guapo! Aioria le sonreía con una expresión de un cachorrillo enamorado.

Marin suspiró y ladeó su cabeza mientras acentuaba su sonrisa, y el chico reanudaba su marcha. La chica pelirroja suspiró, y miró hacia sus piernas. Sobre su regazo estaba el casco de la armadura de Leo. Sonrió otra vez al mirarlo.

Estaba tan enamorada, y realmente pensaba que era la chica más afortunada del mundo.

Marin recogió las piernas, y apoyó su cabeza en una de las columnas, mientras esperaba a que Aioria regresara de los terrenos del Santuario.

-Ya te vi- dijo una vocecita detrás de ella.

La pelirroja se volvió hacia la recién llegada, y vio que se trataba de Lydia. Su cuñada no era más que una adolescente en esos días, que le sonreía traviesa. Era realmente muy ocurrente, y Marin le tenía un especial cariño. No solo porque era muy parecida a su adorado Aioria, sino que gracias a Lydia por fin Marin y el santo de Leo se habían logrado decir lo que sentían el uno por el otro.

FIN DEL FLASHBACK

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A bordo de la avioneta, camino a la península Antártica

Poco después

En la avioneta que los llevaría a la península Antártica, Saga estaba cruzando los brazos, no muy contento de haber dejado a Cecilia atrás en villa Las Estrellas, pero finalmente sabía que iba a estar bien. Io no podía dejar de mirar de reojo a Frodi y a Julieta, quienes no habían dejado de charlar desde que había despegado el avión.

Todo había iniciado desde cuando Julieta estaba intentando subir su enorme maleta de equipo médico a la avioneta, y Frodi se acercó a ayudarla.

-Gracias- le sonrió la chica- eres muy amable-

-Vaya- dijo Frodi, fingiendo que la maleta estaba demasiado pesada- creo que la avioneta va a tener que dos viajes, no va a poder levantar con el peso-

-No digas eso- dijo Julieta, sonriendo levemente, y Frodi se echó a reír.

-Mujer, ¿cómo cargas esto tú sola?- dijo el chico, nuevamente fingiendo que era demasiado pesado- esto pesa más que nosotros cuatro juntos-

La chica rió de nuevo e intentó quitarle la maleta, pero Frodi finalmente la levantó con facilidad, y ofreció la mano a Julieta para ayudarla a subir al avión. La chica parpadeó, dudando unos segundos, no porque no quisiera su ayuda, sino porque no estaba acostumbrada a esos gestos. Finalmente, ella asintió y tomó la mano de Frodi para subir. Io estaba mirando todo, y notó inmediatamente lo que estaba pasando.

Una vez que la pequeña avioneta despegó, y que el grupo estaba volando sobre el océano, acercándose cada vez a la Antártida, Julieta tomó su asiento y comenzó a trenzar su cabello, que lo había llevado suelto. Frodi no podía dejar de mirarla. En su mente, cada vez que pensaba en ella, siempre la comparaba con Lyfia. Para él, Lyfia era una princesa, una dama hermosa y elegante, siempre en un pedestal, siempre sonriente y tímida, y sin levantar la voz.

¿Y Julieta? Oh, por Odín, claro que no. Julieta era un libro abierto, con todas sus emociones expresadas por esos enormes ojos color miel. Y cuando quería decir algo, no dudaba en hacerse escuchar. En los breves días que la había visto, la había visto con casi todas las emociones que una persona podía tener. Excepto tristeza, ahora que lo pensaba, nunca la había visto triste. No, no era una princesa como Lyfia. ¿Una dama? Por supuesto, pero una que no dudaba en ensuciarse las manos si era necesario. La verdad le parecía realmente fascinante. Y luego estaba el asunto de Rayen. ¿Quién habría sido su padre?¿Cómo habría sido, o porqué Julieta se había enamorado de él?¿Porqué se habían separado? ¡Tenía tantas preguntas!

Pero no era que le gustara, era solo curiosidad. Claro, solo curiosidad.

Al notar a Frodi tan pensativo, Julieta le dio un zape y se echó a reír.

-¡Oye!- dijo el chico.

-Vamos, deja de soñar, Frodi- le dijo Julieta con una sonrisa- ya tendrás tu oportunidad de decirle lo que sientes cuando regreses a casa-

-¿Uh?¿a quién?- dijo Frodi.

-¿A Lyfia?- dijo Julieta, alzando las cejas.

-Ah, sí…-

Julieta sonrió y ladeó la cabeza, mirando fijamente a Frodi. Sí, sabía que el chico estaba enamorado de esa misteriosa chica llamada Lyfia, que tendría que ser una mujer de lo más extraordinario, y que el pobre sufría por ella. Suspiró. Lástima, Frodi le parecía un buen chico, y además era muy guapo. Si no estuviera tan enamorado de esa chica…

-Cuéntame sobre ella- le dijo Julieta de pronto, apoyando su codo en el descansabrazos de su asiento.

-¿Sobre Lyfia?- dijo Frodi, y la chica asintió- eh… no hay mucho más que decir. Ella es… a la persona que yo sirvo. La conozco desde que éramos niños. Y peleo por ella para que sepa lo importante que es para mí, por eso me volví un guerrero de Asgard, para protegerla-

Julieta lo miró con atención, deteniendo su barbilla con su mano derecha.

-¿Y viniste a esta misión por ella?- dijo la chica, Frodi notó que sus ojos color miel brillaban de curiosidad-¿ella fue la que te envió?-

-Sí-

-¿Y aceptaste?-

-Por supuesto- dijo el chico, encogiéndose de hombros- soy un guerrero de Asgard. Y también lo hice porque la amo-

Julieta lo miró con curiosidad.

-¿Y ella ha hecho algo para demostrarle que siente lo mismo por ti?- dijo la chica, y Frodi borró su sonrisa de inmediato- ¿que siente cariño al menos?-

-No lo necesita hacer…- dijo el chico en un tono un poco brusco.

Julieta suspiró y bajó la mirada al suelo, pensativa. Si antes sospechaba que el chico estaba perdidamente enamorado de una chica que no lo quería, ahora estaba completamente segura. Comenzó a pensar que le estaba empezando a gustar el chico. ¡Qué pena que estuviera tan perdidamente enamorado de alguien más!

-¿Sabes algo?- dijo Julieta en voz baja, aún pensando en lo que había dicho Frodi sobre Lyfia y su relación con ella- yo no sé mucho de amor, pero… creo que debería ser incondicional, y recíproco ¿no?-

Frodi alzó las cejas.

-¿Insinúas que lo que hago es para comprar su cariño?-

-No, claro que no- dijo ella, encogiéndose de hombros y parpadeando, como si de pronto tuviera miedo de que Frodi se enojara- pero dime, ¿qué hace ella para demostrarte que eres importante para ella?¿Que al menos aprecia lo que haces por ella?-

El chico parpadeó, perplejo. Jamás se había cuestionado eso. Sabía que, hasta cierto punto, sabía que Julieta tenía razón, Lyfia jamás había hecho algo para demostrarle su cariño hacia él. ¡Pero ella no entendía! Lyfia era el amor de su vida, desde que la conoció había estado enamorado de ella. No tenía que hacer nada para que él la quisiera.

-Pues ella… eh….- dijo Frodi, dudoso, y sacudió la cabeza- mira, ya lo entenderás algún día, si la conoces. Si no nos atacan cuando aterricemos. Y si no morimos congelados primero-

Julieta sonrió con una expresión traviesa.

-Mmm- comenzó a decir, fingiendo estar pensativa- morir congelados… ser atacados por un grupo de locos con superpoderes… conocer a Lyfia… aún no decido qué sería más emocionante-

Frodi frunció el entrecejo, pero no pudo enojarse con ella. Aunque sabía que tenía razón, y le molesta mucho que se lo hicieran saber, al mirar la sonrisa de la chica se echó a reír también.

-No dirás lo mismo si llega a pasar- dijo Frodi- lo de ser atacados-

Julieta volvió a inclinar la cabeza hacia un lado, y se recargó en el respaldo de su asiento. Abrió su mochila y sacó una enorme barra de chocolate, envuelto aún en su empaque. Lo abrió, tomó un pequeño trozo, y extendió su brazo para ofrecerlo a Frodi.

-No, gracias- dijo el chico.

-Vamos, necesitarás un poco de energía- dijo Julieta, guiñando un ojo- y además, el chocolate alegra el corazón-

Frodi volvió a sonreír, y tomó el chocolate para trozarlo y tomar un poco también.

-Vaya que tienen barras de chocolate muy extrañas- dijo Frodi de pronto- ¿y qué es esto?¿Advertencias en el chocolate?- añadió, señalando la etiqueta que decía "Alto en calorías" en el empaque- ¿esto es seguro de comer?-

-¿Cómo te atreves?- dijo Julieta, entrecerrando los ojos mientras el chico se echaba a reír de nuevo al ver el tamaño de la barra de chocolate- ¡ya basta! No te burles-

Julieta lo miró, casi inflando las mejillas de enojo, pero se echó a reír al ver a Frodi guiñarle un ojo y finalmente tomar un trozo de chocolate.

Una vez que ambos dejaron de reír y continuaron disfrutando los trozos de chocolate, Frodi volvió a mirarla, dudoso, como si no estuviera muy seguro si fuera correcto preguntarle lo que quería saber sobre Rayen o su relación con el padre de la pequeña.

-¿Qué pasa ahora?- dijo Julieta, justo antes de ponerse otro pequeño trozo de chocolate en la boca- ¿otra vez pensando en Lyfia?-

-No, nada de eso. Tengo que admitir que siento un poco de curiosidad por ti. Si no es indiscreción, ¿puedo preguntar sobre…?- comenzó a decir Frodi, pero fue interrumpido por el capitán del vuelo.

-Por favor, vuelvan a sus sitios y ajusten su cinturón de seguridad, estamos a punto de aterrizar-

Cuando ambos se levantaron para hacerlo, Frodi sintió que Julieta puso su mano en su brazo derecho en un gesto cariñoso, y sonriendo, cosa que lo dejó helado. No sabía que había sido eso. No pudo pensar mucho en ello, pues ambos regresaron a sus asientos y se ajustaron el cinturón de seguridad.

Durante todo el vuelo, Io y Saga los habían estado mirando fijamente, y no pudieron evitar mirarlo sonrojarse al sentir esa caricia inocente.

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Hotel en Egipto

Al mismo tiempo

Aioria estaba comenzando a impacientarse mientras esperaba, sentado en el suelo del balcón que daba hacia el Nilo, y más allá la gran pirámide. Sabía muy bien que Saga haría absolutamente todo lo posible por romper esa barrera para que él pudiera entrar al Duat y rescatar a Marin, pero cada minuto que pasaba más pánico sentía el chico en su corazón. ¿Y si llegaba demasiado tarde?

Sintió una palmada en la espalda. Aioria levantó la mirada. Era su hermano.

-¿Qué estás pensando, Aioria?- preguntó el santo de Sagitario- no debe faltar mucho. Saga y los otros deben ya estar ahí-

-Quizá deberíamos enviar a alguien a ayudarles- dijo Aioria- si es cierto que habrán más enemigos defendiendo el sitio, lo mejor sería…-

-No, sabes bien que Saga es suficiente para llevar a cabo la misión- dijo Aioros, sonriendo amablemente y sentándose junto a él- de hecho, el hecho que vayan Io y Frodi fue solo una precaución, no creo que fueran necesarios-

Aioria se esforzó por sonreír, pero no lo logró.

-¿Qué pasa?- dijo Aioros, mirando fijamente a su hermano. Sabía que estaba preocupado por Marin, pero había algo más que le preocupaba.

-¿Qué pasa si llegamos demasiado tarde?- dijo el santo de Leo de pronto- ¿que pasa si… si el escarabajo que la mantiene viva se mueve? Aioros, ¿qué pasa si la pierdo?-

Aioros bajó la mirada. Él mismo había pasado por lo mismo: había tenido que decidir entre su Sofía y su lealtad hacia Athena, y casi la perdía por haber elegido la segunda. Finalmente todo salió bien, pero por poco y la perdía.

-Lo sé- dijo Aioros- pero tienes que tener confianza. Saga no debe de tardar. En cualquier momento sentiremos la barrera romperse- sonrió levemente- seguro ya sabe que vas por ella, y te está esperando-

Aioria se esforzó por sonreír, y suspiró. ¡Ojalá que Saga se diera prisa!

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Base militar O'Higgins, Antártida

Poco más tarde

La avioneta aterrizó sin ningún contratiempo. Frodi y los otros miraron a su alrededor. A pesar de que el aire estaba más que helado, que hizo que su nariz enrojeciera casi de inmediato, el suelo estaba descubierto, y solo había algunos bancos de nieve alrededor de la base, la cual era un gran edificio de color rojo, con una enorme antena justo detrás. El edificio estaba junto al mar, apenas a unos metros de la pista de aterrizaje.

-Bueno, hemos llegado- dijo el capitán de la avioneta- el vuelo para regresar a villa Las Estrellas sale en ocho horas. Si llegan a tardar un poco más, pueden quedarse en la base hasta que llegue otro transporte-

-Gracias- dijo Saga fríamente- tenemos prisa por llegar al sitio que estamos buscando, no para regresar-

Io y Frodi asintieron, pues tenía razón. Al escuchar eso, Julieta alzó las cejas, pero no dijo nada. Ya se imaginaba, por lo que había escuchado de Barbara, que esos chicos eran guerreros y que tenían que destruir algún poder maligno.

-¿Les puedo ofrecer vehículos?- preguntó uno de los generales de la base.

-No, gracias- dijo Io, volviéndose a los otros dos, y vistiendo su escama, mientras que Saga y Frodi se ponían sus armaduras- llegaremos más rápido a pie-

El santo de Geminis y el general marino salieron corriendo hacia el interior del continente, y Frodi, justo antes de hacer lo mismo, se volvió y miró a Julieta, quien le sonrió y le guiñó un ojo en señal de apoyo. Frodi también sonrió y se echó a correr detrás de los otros dos, su capa roja sobresaliendo en el suelo y luego en la nieve conforme se alejaban de la base.

Julieta se cruzó de brazos y sonrió, mirando a los chicos alejarse en la nieve y, cuando desapareció de su vista, el general se volvió hacia ella.

-Bienvenida, capitana Castillo- dijo el general- gracias por venir. La enfermería está por aquí. Carlos Ramirez la acompañará a la enfermería donde están los pacientes- añadió, señalando a uno de los militares que estaba junto a él.

Julieta asintió, y Carlos tomó la enorme mochila que llevaba, poniéndosela en el hombro y comenzando a guiar a la chica hacia el interior de la base. Cruzó la puerta hacia la zona de transición y se quitó la capa más externa de su ropa, pues entraba a un sitio con calefacción. Siguió al general entre los pasillos rumbo a la enfermería, y se encontró a dos chicos tumbados en un par de camillas.

Se acercó a revisarlos. El mayor de los dos militares que estaban ahí era el médico de la base, quien tenía varias heridas en la cara, un pómulo morado y algunos arañazos en los brazos. Había estado inconsciente desde que lo encontraron en la misma enfermería. El otro chico fue a quien atacaron primero, mientras estaba patrullando un área lejana. Lo habían rescatado de la nieve, con quemaduras en sus brazos y torso.

-¿Qué fue lo que les pasó?- preguntó Julieta en voz baja.

-Este chico, Jorge Fernandez, estaba patrullando el área más lejana a la base- dijo Carlos, rascándose la cabeza un poco preocupado- lo encontramos así, con esas quemaduras, aunque no escuchamos ninguna explosión, y no hubo ningún indicio de fuego. Al médico lo encontramos así, golpeado e inconsciente aquí mismo. No sabemos que le pasó, o como quedó así-

Julieta escuchó preocupada, y tomó un medicamento para las quemaduras, para ponerlo sobre las heridas del primer chico, las cuales se veían bastante feas, y pensó que seguramente necesitaría debridarlas si no mejoraban. Carlos comenzó a acomodar al médico de la base en la otra camilla mientras tanto.

De pronto, Julieta notó algo extraño sobre el pecho del chico. Se acercó para mirarlo un poco mejor. Parecía ser un pequeño muñeco de arcilla, colgando alrededor de su cuello con un trozo de cuerda. Pero cuando la chica extendió su brazo para tocar el muñeco, el militar pareció despertar de pronto, abrió los ojos grandemente y la tomó del cuello.

-¡Aaarggg!- se quejó ella, tratando de soltarse. Al mismo tiempo, el médico también había despertado y había tomado el cuello de Carlos, quien había estado intentando acomodarlo sobre la camilla.

Julieta se quitó al hombre de un codazo y dio unos pasos atrás, pero éste se volvió a lanzar contra ella, empujándola contra la pared, con su antebrazo firmemente puesto contra su cuello. Alcanzaba a escuchar los gritos de Carlos, intentando soltarse, pero Julieta no podía hacer nada para ayudarlo.

-¡Suelta…!- dijo Julieta, pateando al hombre, pero sin lograr que la soltara. Sus ojos estaban rojos y vacíos. Con todas sus fuerzas, la chica empujó al hombre que tenía encima- ¡aaaaaaah!-

Julieta se quitó al sujeto de encima de un empujón y por fin se pudo separar de la pared. Al ver al otro médico todavía atacando a Carlos, la chica intentó ayudarlo, pero de nuevo el primer chico la atrapó por la cintura.

-Ah, ¡cómo eres molesto!- se quejó Julieta, doblando las piernas para quitárselo de encima, mientras que el hombre de nuevo intentaba estrangularla. Le dio un codazo en la boca del estómago, lo que hizo que la soltara momentáneamente, y corrió hacia el otro chico, pateando al medico que seguía sobre Carlos, cuando el otro chico la tomó del cabello y la tumbó al suelo.

Julieta cayó al suelo boca arriba, y encima le cayó el mismo sujeto.

-Aaaargggg- se quejó la chica de nuevo, empujándolo con todas sus fuerzas para quitárselo de encima. Mientras que lo empujaba, el trozo de cuerda del que colgaba el muñeco de cuerda se enredó en los dedos de la chica y se rompió. El chico cayó al suelo después de que Julieta lo empujó. Pareció haber despertado de un largo sueño, mirando a su alrededor y parpadeando asustado.

Al ver que al perder del muñeco de arcilla la persona volvía en sí misma, Carlos extendió su brazo para romper la cuerda de quien lo atacaba. Inmediatamente también el médico dejó de atacarlo y volvió en sí.

-¿Se encuentran bien?- preguntó la chica al ver que ambos habían vuelto en sí.

-Sí… ay, duele- se quejó el primero, sobre todo porque tenía su cuerpo lleno de quemaduras.

-No te muevas- dijo Julieta, empujándolo para evitar que se levantara- déjame ver… ¿qué rayos es esta cosa?- dijo ella, distrayéndose e inclinándose al suelo, para ver el muñeco de arcilla en el suelo. Acercó sus dedos a la figura, y ésta despidió una chispa eléctrica, haciendo que la chica retirara su mano.

-¿Qué es eso?- dijo Carlos, mirando el otro.

-Es algo malo- dijo Julieta, pensativa- creo que esto… estaba controlándolos, ¿no es así?- los chicos asintieron- ¿qué fue lo que pasó?-

-Yo estaba en el patrullaje habitual, como a diez kilómetros de aquí- dijo Jorge Fernandez- cuando vi algunos destellos de luz roja. Cuando llegué, había diez hombres vestidos con armaduras negras, que no parecían tener nada de frío. No solo ellos, había un grupo de militares de la base argentina, pero que parecían tener la mirada perdida. Me miraron y me atacaron. Luego dijeron "éste no es parte de los santos" o algo así, y me pusieron esa cosa alrededor del cuello- añadió, señalando el muñeco de arcilla- y no recuerdo nada más-

-Y yo estaba a punto de revisarlo cuando me atacó y me puso uno de esos también- dijo el médico.

-Lo lamento- dijo Jorge Fernandez, apenado.

-Tranquilo, no fue tu culpa-

Julieta había dejado de escuchar desde que Fernandez había terminado su relato. Su mente comenzó a correr a mil por hora. Los hombres con armaduras negras debían ser enemigos de Frodi y los otros. Y si ellos eran diez, además de los militares argentinos, y los otros eran tres… y si tenían esos muñecos de arcilla para controlarlos…

La chica palideció al caer en cuenta de que Frodi y los otros estarían en desventaja. Se puso de pie y, de un pisotón, rompió el muñeco de arcilla que tenía más cerca de ella. Después de ello, se acercó al que tenía Ramírez, y lo rompió de igual manera.

-¿Qué hace, capitán Castillo?- dijo éste último.

-Carlos, necesito que vengas conmigo, vamos a salir- dijo Julieta con una expresión decidida, guardando algunas vendas en su chamarra, en caso de que las necesitara- tenemos que avisar a los otros chicos lo que sucedió aquí. Creo que van directo a una trampa-

Carlos asintió, y se apresuró a seguir a Julieta hacia la puerta de la base. Ahí ambos se pusieron las ropas protectoras, y tras tomar un par de motonieves, salieron de inmediato siguiendo las huellas que habían dejado Frodi y los otros dos chicos.

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Santuario de Athena, Atenas, Grecia

Poco después

Esa tarde, un poco preocupado por su compañero, Sigmund pidió permiso a Hilda de regresar al Santuario de Athena para ver si los santos tenían noticias de Frodi. La señorita Hilda le había dado el permiso casi sin pensarlo, ella misma y Freya estaban muy preocupadas por el chico, tanto por lo que pasaba ahora como por lo que iba a pasar más delante, cuando regresara y viera que Lyfia seguía interesada en Aioria y no en él.

Al llegar, a la primera persona que vio fue a Kanon, quien estaba intentando convencer a Elsa de bajar de nuevo a los terrenos del Santuario. La niña se negaba a hacerlo: estaba aterrorizada por lo que había pasado cuando fue atacada, a pesar de que la niña se había defendido muy bien.

-Vamos, Elsie, busquemos unas florecitas-

-No quiero- dijo la pequeña haciendo un gesto asustado- por favor, papito, no quiero-

Kanon sonrió levemente, enternecido. Sabía que cuando la pequeña lo llamaba así era porque estaba asustada de verdad. Se inclinó hacia ella y extendió los brazos para abrazarla. La niña no se hizo del rogar, rodeó a su papá con sus bracitos y no lo soltó.

Fue entonces cuando Kanon notó la presencia de Sigmund.

-Buenas tardes- sonrió Sigmund.

-Hola- dijo Kanon.

-Disculpa que haya venido- dijo el guerrero de Asgard- solamente vengo por noticias de Frodi. Estoy muy preocupado por él-

Kanon sonrió levemente.

-No tenemos noticias. De Saga tampoco- dijo Kanon antes de que Sigmund preguntara- deben estar en el sitio donde ya no pueden enviar mensajes por cosmo, por el campo de fuerza-

-Entonces deben estar cerca- dijo Sigmund- no deben tardar en lograr su objetivo-

El gemelo menor asintió gravemente, sin soltar a su hija, quien miraba al guerrero de Asgard con curiosidad. De pronto, Sigmund sintió que algo no estaba bien, cuando Kanon hizo un gesto de dolor y se dobló hacia el suelo. El chico detuvo a Elsita para que Kanon no cayera al suelo junto con ella. Una vez que la niña estuvo a salvo en el suelo, el gemelo cayó de rodillas y apretó los dientes.

-¿Papito?- dijo Elsa, asustada.

-¿Qué sucede, Kanon?- dijo Sigmund, preocupado.

-No… no estoy seguro- dijo el gemelo, con su mano sobre el pecho- Saga… algo debió pasarle a Saga-

Sigmund parpadeó, y recordó que Kanon y Saga eran gemelos, y que podían tener una conexión. Esperó pacientemente, poniendo sus manos en los hombros de Elsa para intentar tranquilizarla.

-Tranquila, pequeña- dijo Sigmund, mientras cerraba los ojos por un momento, y sentir fluctuaciones en el cosmo de Frodi. ¿Estarían peleando? No lo sabía, pero algo había sucedido en la Antártida.

-Saga…- dijo Kanon, frotándose la frente por fin- creo que algo no está bien-

-¿Vas a ir?- dijo Sigmund.

-Incluso si pudiera, no puedo llegar tan lejos, por la barrera- dijo Kanon con una expresión mortificada- tenemos que darle una oportunidad-

Sigmund asintió, y se frotó los brazos. Estaba preocupado por Frodi también.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias por sus reviews, y por seguir leyendo. Por cierto, concuerdo con Frodi sobre los chocolates chilenos. Les mando un abrazo a todos. Nos leemos pronto.

Abby L.