HASTA EL FIN DEL MUNDO

XV: SEGUNDO SELLO

FLASHBACK

Bosque del Santuario de Athena

Año 15 del Nacimiento de Athena

Marin se cruzó de brazos, enfurruñada. Estaba muy molesta con su hermano menor. ¡Ese gusano escurridizo! ¿Cómo se le ocurría ir a decirle a Artemisa donde estaba escondida la hija de Apolo? No solo había abusado de su hospitalidad, sino que también había delatado a una pobre chica que había pasado desde que tenía memoria escondiéndose y temiendo por su vida.

-Argggg…- se quejó Marin, golpeando el suelo con enojo.

-¿Qué sucede, Marin?- dijo Aioria, llegando detrás de ella.

Por un momento, la chica sonrió y se quitó su máscara para besarlo. Mientras lo hacía, olvidó por completo el asunto de Touma delatando a Liliwen a Artemisa. ¡Cómo adoraba a ese hombre! Y lo peor de todo es que el muy idiota sabía lo mucho que lo quería.

-¿Que sucedió que te puso de malas?- volvió a preguntar Aioria, sin soltarla, y besando repetidamente su rostro.

-Touma- dijo Marin- el tarado fue a decirle a Artemisa donde está la chica a la que la señorita Athena dio asilo, a pesar de que le damos permiso de entrar al Santuario-

Aioria frunció el entrecejo. Él mismo estaba escandalizado por la saña y el odio que la diosa le tenía a la pobre chica. Suspiró.

-Ya verá las consecuencias- dijo Aioria, gruñendo en voz baja- le voy a dar una lección la próxima vez que lo vea-

Marin sonrió y abrazó al santo dorado por la cintura. ¡Estaba tan feliz con él! Realmente creía que era la chica más afortunada del mundo.

FIN DEL FLASHBACK

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Templo de Poseidón

Al mismo tiempo

Todos los generales marinos estaban un poco nerviosos por lo que estaba sucediendo. Sabían que Io se había ofrecido a ir a su país natal a ayudar a los santos de Athena a llegar a la Antártida y romper ese campo de energía, y desde que habían partido de Punta Arenas no habían escuchado nada de él o de los otros. Incluso Céline había llamado por teléfono a Athena, y ella tampoco había escuchado nada.

-Realmente espero que Io esté bien- dijo Céline, jugando nerviosamente con sus dedos cuando Sorento llegó a reportarles que no habían recibido ningún mensaje de su compañero- no sé porqué, pero estoy muy preocupada por él-

Justo en ese momento, Poseidón parpadeó, e hizo un gesto preocupado. Sintió el cosmo de Io fluctuar, y se dio cuenta de que algo siniestro lo estaba rodeando. Los otros generales no se habían dado cuenta aún, pero Anfitrite notó la expresión en los ojos de su esposo.

-¿Julián?- dijo la pequeña diosa- ¿qué pasó?-

-Creo… que algo le sucedió a Io. No, no está herido- dijo Poseidón al ver la expresión preocupada de la chica- pero… algo maligno está envolviendo su cosmo. No, no te preocupes, mi amor- le dijo a su esposa- estoy seguro que Io estará bien-

-¿A qué se refiere con eso, señor Poseidón?- dijo Sorrento.

-No estoy muy seguro- dijo el joven dios, rascándose la nuca- es solo que su cosmo se siente extraño-

Los otros generales se miraron entre sí, un poco preocupados.

-Señor Poseidón- dijo por fin Isaac- ¿no quiere que vayamos a la Antártida a ayudarlos?-

-No creo que sea necesario- dijo Julián tras pensarlo unos segundos- hay un santo de Athena y un guerrero de Asgard con él. Además, incluso si fueran en este momento, será difícil para ustedes. llegar a la Antártida con el campo de energía todavía activado-

Isaac y Sorrento se miraron entre sí, preocupados, mientras que Céline tomó la mano del dios en un gesto nervioso.

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Hostería en villa Las Estrellas

Cecilia había pasado esa tarde cuidando a Rayen. No le molestó mucho, pues la niña se entretuvo con Canuto la mitad del tiempo, y durmiendo siesta la otra mitad. En esos momentos, Rayen estaba profundamente dormida en el sofá de su habitación, quizá soñando en algo lindo, porque estaba sonriendo. Cecy suspiró y le apartó los cabellos de la cara.

-Rufff…-

-Shhh… Canuto, no hagas ruido, ¿no ves que Rayen está dormida?- dijo Cecilia.

-Grrrr…-

-Lo sé, pero no te preocupes, Saga no debe tardar en regresar- dijo ella- el regreso será mucho más fácil ya que destruyan el sello-

Canuto la miró ladeando la cabeza, y movió la cola. Cecilia sonrió al verla así, y comenzó a acariciarle la cabeza mientras apoyaba la espalda en el respaldo de su asiento y se cruzaba de brazos, aún con Canuto en su regazo.

Suspiró al ver a la niña dormir así, y ladeó la cabeza igual que Canuto. Pensó que sería lindo tener un hijo. Bueno, ya tenía a Kostas, quien era su hijo a pesar de que tuviera tan poco tiempo de conocerlo, y lo quería como si lo hubiera tenido ella misma. Pero una parte de ella quería tener la experiencia. ¿Qué pensaría Saga?¿Y Kostas, se sentiría mal por ello?

Cecilia se encogió de hombros, y ajustó la manta que tenía la pequeña en sus hombros. Sacudió la cabeza. Seguramente estaba pensando demasiado. Se volvió a recargar en el respaldo y subió los pies a su asiento, mientras que Canuto protestaba con un gruñido y se volvía a acomodar entre el pecho y el abdomen de la chica. Cecilia sonrió y siguió acariciando a Canuto.

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Límite del Círculo Polar Antártico

Poco antes

Saga y los otros dos chicos llegaron rápidamente al Círculo Polar a la mitad de la península antártica, buscando el sello del campo de energía que estaría controlando el campo de energía que cubría la entrada a la gran pirámide. El gemelo mayor sabía que era vital darse prisa: la vida de Marin dependía de su esfuerzo. Io y Frodi, quienes lo iban siguiendo, se miraron entre sí con preocupación. No veían ninguna luz roja, pero pronto notaron que frente a ellos había diez enemigos con armaduras negras bloqueándoles el paso.

-Así que ya empezaron…- dijo Saga con seriedad mientras que encendía su cosmo, al tiempo que los otros dos hacían lo mismo.

-¿Quiénes son esas personas?- preguntó Frodi, señalando a un grupo de militares que estaban con los enemigos, que usaban un uniforme completamente distinto al de los chilenos. Había escuchado en las reuniones en el Santuario de Athena que los enemigos usaban armaduras negras, pero no sabía que tenían otros aliados.

-Ese es el uniforme de los militares argentinos, seguramente vienen de la base cercana- observó Io con una expresión preocupada- pero, ¿porqué están ayudando al enemigo?-

Frodi entrecerró los ojos mientras apretaba los puños. Los militares que se acercaban a ellos parecían caminar torpemente, además de que tenían expresiones extrañas en sus rostros, y ojos vacíos.

-Tienen la mirada muy extraña- dijo Frodi con una expresión furiosa- quizá los están controlando de alguna manera-

-Tratemos de no lastimarlos entonces- dijo Io en voz baja- yo buscaré el sello, ustedes manténganlos ocupados-

Saga suspiró largamente y asintió, y los tres chicos se lanzaron a pelear. Frodi empuñó su espada Siegschwert y le ordenó atacar principalmente a los enemigos con armaduras, igual que Saga. Io se enfocó en los militares, pensando en aturdirlos o dejarlos inconscientes para no lastimarlos y que no se interpusieran en la batalla contra ellos, sobre todo si estaban siendo utilizados contra su voluntad.

Habiendo tantos enemigos, la pelea se volvió un poco caótica. Frodi se concentró en los tres o cuatro enemigos con los que había comenzado a pelear. No eran tan fuertes como un santo dorado de Athena, pero tampoco eran débiles. Frunció el entrecejo por un momento, pero sonrió. Iba a ser entretenido.

Tras un rato de pelear, Frodi levantó la vista. Saga parecía fulminar a cualquier enemigo que se le acercara, pero de pronto vio algo extraño. No vio bien que era lo que había pasado, pero Io le pareció de pronto algo desorientado, caminando con la mirada perdida en el campo de batalla.

-¿Pero qué le pasa…?- comenzó a decir al ver a Io. No pudo seguir pensando en ello, porque uno de los enemigos lo atacó por la espalda y lo tomó por el cuello. El chico se lo quitó de un golpe con el codo, y lo lanzó lejos de una patada.

Frodi buscó a Io con la mirada y cuando lo encontró lo miró preocupado, pero ningún daño llegó a él. Parecía que los enemigos lo estaban evitando a propósito.

-¿Pero qué…?- comenzó a decir Frodi, y se distrajo cuando un enemigo lo golpeó en el abdomen. El chico se dobló levemente, pero no se hizo daño, y respondió a su atacante dándole un golpe para quitárselo de en medio.

Cuando volvió a levantar la vista a ver lo que había pasado, Io había encendido su cosmo, y estaba dirigiéndose hacia Saga.

-¡No, Io, detente!- gritó Frodi, pero el general marino parecía no escucharlo- ¡Saga, detrás de ti!-

Saga se volvió, pero fue demasiado tarde. Io golpeó a Saga con su poder con su cosmo mientras que éste le daba la espalda por ser su aliado. El gemelo salió despedido unos metros, pero al parecer el daño no fue mucho, y se levantó, aunque con un poco de dificultad.

-Io, ¿qué demonios…?- comenzó a decir Saga entre dientes, pero el general marino volvió a atacarlo, y el gemelo no tuvo más remedio que saltar para evitar el golpe- ¡estamos del mismo lado! ¿Qué te pasa?-

Frodi iba a decir algo, cuando escuchó ruidos a su espalda, hacia la base que acababa de dejar. Era el sonido del motor de dos motonieves que se acercaban a ellos a toda velocidad, ambas de color negro y con una pequeña banderita de Chile en las antenas. El chico alzó las cejas al ver que la primera persona que se bajó de una de ellas, levantándose las gafas protectoras, era Julieta.

A Frodi no le gustó ni un poco que la chica estuviera ahí.

-¡Tú!- dijo Frodi con una expresión preocupada al verla acercarse- ¿qué están haciendo aquí?¡No es seguro!-

-¡Es una trampa, Frodi!- dijo Julieta, ignorando su reclamo, y señalando a los militares argentinos- ellos están siendo controlados. Tienen un muñequito de arcilla atado alrededor del cuello que los hace volverse agresivos. Los puedes liberar si se los quitas-

Frodi la miró, y levantó la vista. Sí, todos los militares, además de Io, tenían un muñequito de arcilla colgando de sus cuellos. Entrecerró los ojos, y se volvió de nuevo a Julieta.

-Gracias, Juli, pero por favor, ponte a salvo- dijo Frodi mientras que se volvía para disponerse a pelear de nuevo.

Julieta asintió, y regresó a la motonieve junto con Carlos Ramirez, pero no se fueron, sino que ambos sacaron sus armas y se quedaron ahí, en caso de que Frodi y los otros los necesitaran después de la pelea.

-¡Saga!- gritó Frodi tras suspirar aliviado de que Julieta estuviera a una distancia segura de los enemigos, y volviéndose al santo dorado, quien aún se detenía el costado, y vio que derramaba algunas gotas de sangre de su costado a la nieve- ¡los controlan con el muñeco de arcilla que tienen en el cuello!-

Saga asintió al escucharlo y entrecerró los ojos, mientras Frodi empuñaba su espada. Pasó su vista por el campo de batalla de nuevo para analizarlo. Vio que uno de los hombres con armaduras negras señaló al sitio donde estaba Julieta, y como respuesta, los militares controlados caminaron torpemente hacia ella y el otro soldado.

"Así que tu eres el que los controla", dijo Frodi, entrecerrando los ojos y haciendo que Siegschwert se lanzara contra él.

Efectivamente, la espada lo golpeó en la cabeza y el hombre cayó al suelo, pero los militares no dejaron de moverse. El chico entrecerró los ojos, nada contento que los militares argentinos fueran tras Julieta, controlados o no. No quería que nadie saliera lastimado, pero Julieta mucho menos que nadie.

Frodi iba a lanzarse hacia ellos para alejarlos de Julieta y Carlos, pero Saga lo advirtió que otro enemigo con armadura negra lo iban a atacar por la espalda, así que se volvió y apenas logró detenerlo, interponiendo la espada para defenderse del golpe enemigo. Mientras lo detenía, Frodi levantó la vista, nuevamente hacia el sitio donde estaban las motonieves.

"Julieta", pensó algo preocupado.

Se volvió a Saga, quien al parecer ya había vencido al resto de los enemigos de armaduras negras, y estaba luchando con Io para intentar quitarle el muñeco de arcilla que lo controlaba. Frodi se volvió ahora hacia los militares, intentando encontrar una manera de detenerlos sin hacerles daño y, más importante, sin dejar que dañaran a Julieta.

Frodi se apresuró a su lado para ayudarla, pero tuvo que detenerse en seco. Tanto Julieta como el chico militar que estaba con ella habían tomado un par de palas de nieve y se defendían con ellas.

La chica no lo hacía nada mal por sí sola. ¿Una chica peleando así? No estaba sola, también el otro militar chileno estaba con ella, pero… ¡vaya! Sabía que bajo Athena había un grupo de mujeres guerreras, pero jamás soñó que vería a una mujer sin cosmo peleando así contra un gran grupo de enemigos con nada más que sus manos y una pala de nieve.

Tras unos segundos de duda, Frodi parpadeó para aclarar su cabeza, y se lanzó hacia ellos, para ayudarla a romper todos los muñecos de arcilla que estaban controlando a los pobres chicos.

Cuando por fin todos los militares argentinos fueron libres del control de los muñecos de arcilla, Julieta se volvió a su compañero y, al ver que estaba a salvo, se volvió a Frodi. Iba a sonreír, pero palideció al ver que había quedado un hombre con armadura detrás de él, dispuesto a atacarlo.

-¡Frodi, cuidado!- dijo Julieta.

El chico se volvió, pero era demasiado tarde, no iba a poder bloquear el ataque. Pero no fue necesario…

¡CLANG!

-¡'JOEPU…!- exclamó Julieta en un tono enojado- ¡solo los cobardes atacan por la espalda, ta'madre!-

Frodi parpadeó. Julieta le dio un buen palazo al sujeto en la cara, y a pesar de que la pala se rompió, la chica siguió golpeándolo con el mango de la misma. El chico tuvo que físicamente detenerla para que dejara de golpear al enemigo, que ya estaba inconsciente en el suelo.

-Ya, ya, tranquila, no pasó nada…- dijo Frodi, deteniéndola por la cintura para que no se lanzara a seguir golpeándolo.

-Aaarrgg… ¡suéltame, Frodi!- dijo Julieta, pataleando para soltarse- ¡este we… no merece tu compasión! Lo voy a…-

-Calma, Juli, ya está inconsciente- dijo Frodi, aunque no pudo evitar sonreír divertido- ya no va a causar más problemas-

Mientras tanto, Saga por fin logro quitar a Io el muñeco de arcilla, y el pobre general marino había caído inconsciente en la nieve. Frodi y Julieta los alcanzaron, mientras que Ramirez cuidaba de los militares argentinos, esperando a que despertaran. La chica se inclinó a ver a Io.

-Estará bien- dijo Julieta- no debe tardar en despertar…-

-¿Cómo supiste que era una trampa?¿Y que esos muñecos de arcilla eran los que los estaban controlando?- preguntó Frodi, quien seguía algo sorprendido por lo que acababa de ver. No solo que la chica se hubiera lanzado a advertirle de la trampa, sino que hubiera peleado así y que supiera que hacer para liberar a los militares que estaban siendo controlados. Julieta les contó rápidamente lo que había sucedido en la base.

-Eran estatuillas egipcias, así que debe tratarse de Seth… seguro sigue estando aliado con Phobos y no quiere que Aioria entre al Duat. Bueno, démonos prisa- dijo Saga fríamente una vez que Julieta terminó de hablar. Estaba nervioso, y temía que también pudiera haber enemigos en villa Las Estrellas. Quería terminar eso lo más pronto posible y regresar con Cecilia.

Iba a dar un paso al frente, pero hizo un gesto de dolor y se abrazó su propio costado.

-Espera, estás herido- le dijo Julieta al ver las gotas de sangre que aún caían a la nieve.

-Estoy bien- gruñó Saga, dando un paso atrás para alejarse de Julieta.

-Mira, ahí está el sello- dijo Frodi, señalando un brillo rojo a unos metros de donde estaban, el cual no habían visto porque estaban ocupados con la pelea.

Saga frunció el entrecejo y se dirigió al sitio que despedía esa luz rojiza, aún deteniendo su costado. Igual que en el ártico, la caja estaba cubierta por una esfera de energía. Frodi la pinchó con su espada, y se quebró en pedazos. Saga, por su parte, encendió su cosmo y golpeó el sello con todas sus fuerzas.

Tan pronto como el sello se rompió, la tierra tembló, y todos los presentes cayeron al suelo, ya sea sentados o de plano tumbados en el suelo. Frodi creyó que lo que había sucedido era por romper el sello, pero no. Sintieron un horrible cosmo sobre ellos, como si los empujara hacia el suelo.

Frodi tembló. Esto no estaba bien.

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El Cairo, Egipto

Al mismo tiempo

El segundo sello ya estaba roto. Aioros se puso de pie tan pronto como lo sintió, e incluso fue demasiado tarde. Touma y Aioria ya se habían levantado y comenzaron a caminar hacia la puerta. Death Mask se frotó la frente, un poco preocupado, y Afrodita de plano palideció. Sabía lo que tenía que hacer Evelyn.

-Esperen- dijo Afrodita de pronto.

-No tenemos tiempo que perder- dijo Aioria fríamente- Marin no…-

-No, necesitan escuchar- dijo Afrodita- Evelyn va a abrir la puerta hacia el Duat, pero no los va a acompañar-

-¿Y entonces cómo vamos a regresar?- dijo Aioros.

-Eve habló con Tutankamón. Dijo que podíamos usar los lotos que crecen a la orilla del Nilo para que regresen- dijo el santo de Piscis, sacando cuatro lotos- un para cada uno de ustedes y uno para Marin-

-Pero…- comenzó a decir Aioria.

-Aioria- lo interrumpió Death Mask- si fuera al revés, no querrías que Marin se pusiera en peligro, ¿verdad?-

Aioria suspiró, y asintió. Afrodita tenía razón al preocuparse por Evelyn y no querer que fuera. Y si había una manera de evitarlo, no había problema.

-Bien, tienes razón- dijo Aioria- vamos-

-Una cosa más- dijo Death Mask, mostrándoles una bolsita- la señorita Athena envió cuatro pulseras de flores, pues es el mundo de los muertos. Y Fatima agregó su vial de antídoto-

Los santos se volvieron hacia la chica, quien se ruborizó y dio un paso detrás de Death Mask.

-En el Duat hay monstruos venenosos- dijo Fatima tímidamente- lo pueden llegar a necesitar-

Aioros asintió con una sonrisa, y los otros dos chicos asintieron gravemente.

-Bueno, ya estamos listos- dijo Touma un poco impaciente mientras que Aioria se guardaba la bolsita con los lotos, las pulseras de flores y el antídoto en su armadura- vamos-

Los tres salieron del hotel, seguidos de Afrodita, quien llevaba a Evelyn de la mano. Estaba un poco preocupado por lo que la chica tenía que hacer, pero sabía que iba a estar bien. El tiempo se les estaba acabando, así que sería mejor que se diera prisa.

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Antártida

Poco después

Frodi palideció al ver que tanto Julieta como el otro militar y Saga cayeron de rodillas al sentir ese fuerte cosmo. El chico jamás lo había sentido antes, pero sabía muy bien que quienquiera que fuera, eran malas noticias. No tuvo mucho tiempo para pensar en ello, porque se vio a sí mismo cayendo de rodillas también, con un horrible dolor de cabeza.

¿Qué pasaba? Comenzó a ver en su mente imágenes horribles. El palacio de Valhalla destruido. Sus compañeros, Sigmund, Utgard y los otros, muertos de las maneras más horribles delante de sus ojos. Lo mismo con Hilda, Freya y… ¡Lyfia!

Frodi sacudió la cabeza, y se tiró de los cabellos con sus manos. Se sentía horrible. No quería que eso pasara.

No solo eso, vio a alguien más, a una chica, teniendo una muerte horrenda.

-Juli…- dijo en voz alta sin darse cuenta.

Sacudió la cabeza. ¡No! Eso no era cierto. ¡No podía ser posible! Si acababa de ver a Julieta a su lado, ¿no? La había visto dando patadas y golpes con su pala de nieve…

Frodi abrió los ojos, y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Cada uno de los presentes, aliados y enemigos por igual, estaban de rodillas en la nieve, con los ojos cerrados y sacudiendo repetidamente la cabeza, como si estuvieran imaginando las cosas más horrendas.

-¿Qué sucede?- dijo Frodi, caminando hacia Saga y notando que él parecía ser inmune a lo que les estaba pasando a todos.

-Es Phobos- dijo Saga, entrecerrando los ojos- está aquí. Hace que cada uno viva sus peores recuerdos, o que vea a la persona que más ama sufrir terriblemente-

-¿Porqué tú no…?-

-La señorita Athena me puso un sello- dijo Saga- para protegerme de intromisiones en mi mente. Siento el peso de su cosmo, pero su poder no me afecta-

Frodi frunció el entrecejo al escuchar eso, y se apresuró al lado de Julieta. El chico jamás imaginó siquiera verla así. Estaba tumbada en el suelo, ovillada y abrazándose, y repitiendo con desesperación el nombre de Rayen una y otra vez. Recordando lo que había dicho Saga recién, que los ataques de Phobos explotaban el miedo que todos tienen de que algo malo suceda a las personas que amas, se imaginaba lo que Julieta estaba viendo en su mente.

El chico se inclinó al suelo y la levantó en sus brazos, sacándola del banco de nieve donde había caído. Le partió el corazón verla así. Julieta estaba pálida, su respiración agitada, y una lágrima salió de uno de sus ojos. En ese momento Frodi sintió algo extraño. La necesidad de protegerla, de evitar que volviera a encontrarse de esa manera.

Frodi la sacudió con suavidad para hacerla despertar de esa visión. No lo logró.

-¿Qué pasa?- dijo el guerrero de Asgard volviéndose a Saga, un poco mortificado al verla sufrir así y no poder despertarla- ¿porqué no despierta?-

-No es tan fácil para ella, Frodi- dijo Saga, entrecerrando los ojos- Phobos es un dios, y ella no tiene cosmo como nosotros. Tenemos que distraer a Phobos para que deje de atormentarlos, a ella y a los otros- añadió señalando a Carlos y a los otros militares.

Frodi enrojeció de furia. ¿Porqué ese mediocre dios hacía eso? El chico se puso de pie y caminó un par de pasos, llevando a Julieta consigo y dejándola en un lugar seguro cerca de las motonieves. El chico se alejó de ella, empuñando su espada con un gesto agresivo, y miró a su alrededor.

-Hey, Phobos- dijo Frodi en voz alta, levantando a Siegschwert con su mano derecha- ven, atácame si te crees tan fuerte-

-Frodi…- dijo Saga, preocupado. Al mismo tiempo, Io despertó, y tras un momento de duda, se levantó del suelo.

-¿Qué es lo que pasó?- dijo Io, mirando a los dos- ¿dónde…?-

-No hay tiempo de explicar, Io- dijo Frodi, sin quitar su mirada del cielo y sin que le temblara la mano a pesar del fuerte viento helado- prepárate a pelear, aquí viene-

Los tres chicos sintieron la tierra temblar, y un ataque de energía se dirigió hacia ellos desde el cielo. Todos saltaron, alejándose del centro de la colisión, y Frodi se volvió a mirar que Julieta estuviera a salvo.

-¿Se atreven a desafiarme, malditos insectos?- dijo la voz de Phobos.

-No tienes nada que decir, cobarde- dijo Saga fríamente- parece que no pueden hacer nada sin hacer trampas o pelear de frente, y tienen que controlar a los demás para atreverse a pelear-

La tierra tembló, y sintieron que Phobos se preparaba a pelear. Frodi levantó nuevamente a Siegschwert, y la lanzó contra el dios con todas sus fuerzas. Io y Saga lanzaron sus ataques también. Con la combinación de los tres ataques, el cosmo de Phobos desapareció.

Frodi esperó unos segundos y, al ver que Phobos no regresó, se apresuró a regresar junto a Julieta, y la movió levemente para intentar despertarla. El chico respiró aliviado al ver que los ojos color miel de la chica se abrieron y se fijaron en él. Aún respiraba agitadamente, y tenía una expresión asustada.

-Tranquila, está todo bien, Juli- dijo Frodi en voz baja, ayudándola a ponerse de pie e intentando tranquilizarla al ver que intentaba mirar a su alrededor y sus ojos se llenaban de lágrimas- Rayen está a salvo. Todo era un sueño, una ilusión-

Julieta lo miró con una expresión de inmenso alivio, y sin pensar lo abrazó. Frodi se asustó ante ese gesto, y por el hecho de que, al contacto con ella, su estómago y su corazón sintió un calorcito agradable. ¿Qué brujería era esa? Nunca había sentido algo así, un abrazo así, la calidez de un abrazo así con una chica. No, nunca nada parecido. Las mejillas de Frodi se volvieron completamente rojas, pero no podía negar que se sentía muy bonito.

-Gracias, Frodi- dijo la chica, soltándolo y limpiándose los ojos- disculpa-

-No… no es nada- dijo Frodi, un poco apenado, aún intentando que el color rojo de sus mejillas se fuera antes de que Julieta lo notara.

Todos estaban aliviados por que todo hubiera acabado.

-Volvamos a la base- dijo Saga, palideciendo cada vez más cada minuto que pasaba. Io asintió, notando que los militares argentinos ya habían despertado y estaban a salvo. Io quería regresar lo más pronto posible a villa Las Estrellas a que Saga atendiera su herida. El gemelo quería ver que Cecilia estuviera a salvo, y Frodi se imaginaba que también Julieta quería regresar a ver que su pequeña estuviera bien.

Los soldados argentinos les agradecieron por haberlos liberado y se retiraron a su base, a menos de un kilómetro de donde estaban. Carlos Ramirez subió a su motonieve, y Frodi iba a comenzar a acompañar a Julieta a la suya, cuando la tierra volvió a temblar. Esta vez de nuevo el cosmo de Phobos sofocó a todos los presentes por un momento, distrayéndolos, y fue entonces cuando uno de los enemigos que creían vencidos se levantó de la nieve, tomó a Julieta por la cintura, y se alejó llevándosela con él.

Cuando Frodi se disponía a correr tras él, el enemigo abrió las alas de su armadura y se alejó volando.

-¡No!¡Julieta!- gritó Frodi.

-Frodi, espera- dijo Io, deteniéndolo al tomarlo de uno de sus brazos- creo que tenemos que separarnos-

-¿Qué?¿Porqué?- dijo el chico.

-Saga está herido, y cada vez más pálido, no puede seguir peleando. Además, tenemos que asegurarnos de que no quieran atacar a Cecilia ahora que está sola- dijo Io, mirando de reojo a Saga.

Frodi meditó por un momento lo que había pasado. Los enemigos se llevaron a Julieta. Y al haber roto el sello, el santo de Géminis podía teletransportarse otra vez.

-Tienen razón. Ustedes dos vayan a villa Las Estrellas- dijo Frodi, aunque sin quitar los ojos del enemigo que se estaba alejando- y por favor, mantengan a salvo también a Rayen. Yo voy a ir por Julieta-

Saga asintió gravemente, abriendo el portal a Otra Dimensión, mientras que Io se volvía de nuevo a Frodi.

-Si necesitas ayuda…- comenzó a decir el general marino, pero Frodi ya se había ido en dirección a donde el enemigo se alejaba volando, llevando consigo a Julieta. Io se encogió de hombros y siguió a Saga por el portal.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y por sus reviews. Les mando un abrazo enorme. Nos leemos pronto.

Abby L.