HASTA EL FIN DEL MUNDO
XVII: UN CORAZÓN POR OTRO
FLASHBACK
Santuario de Athena, Atenas, Grecia
Año 5 del nacimiento de Athena
Aioria regresó ese día con una enorme sonrisa en el rostro. Nunca antes había visto a una chica como Marin, la aprendiz japonesa que acababa de conocer ese día. Era impresionantemente fuerte y hermosa, y no lo juzgaba como el resto de los habitantes del Santuario de Athena. ¡Todo era por culpa de Aioros!
El chico suspiró largamente. ¿Qué hubiera pasado si Aioros no hubiera traicionado a Athena, y aún estuviera vivo?
Seguramente todo sería diferente. Nadie se metería con él. Nadie se atrevería a decirle nada, ni molestarlo por ser el "hermano del traidor". Al contrario, sería el exitoso hermano de un gran santo dorado. No tendría que esforzarse más que los demás para que lo dejaran de molestar, sino que se esforzaría solamente para ser el mejor.
Había escuchado que Marin también había perdido a su hermano, pero bajo otras condiciones totalmente distintas. Y ella también tenía que esforzarse por ser la mejor para callar a los críticos del Santuario que decían que una persona oriental no podía ser un buen santo de Athena.
Sonrió levemente mientras apoyaba la espalda contra una de las columnas. No sabía porqué, pero la sola idea de la amazona le hacía sonreír ampliamente. No se había dado cuenta, pero una parte de él había quedado impresionado con la chica.
Desde el día que la conoció, Marin se había quedado con su corazón, y Aioria estaba seguro que llegaría hasta el fin del mundo por ella.
FIN DEL FLASHBACK
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Camino al Duat
Poco antes
Tan pronto como cruzaron la barrera, Aioria y Touma se miraron entre sí, y luego hacia atrás, extrañados de que Aioros no los hubiera seguido. Ambos miraron hacia el otro lado de la barrera, como si ésta fuera de vidrio transparente, a un frustrado santo de Sagitario, con sus manos en la pared tratando de abrirla, y a Evelyn cayendo agotada en brazos de un muy preocupado Afrodita. Aioria miró tristemente a su hermano llevarse las manos a la cabeza en un gesto impotente. Suspiró y se volvió a Touma.
-Al parecer solo seremos nosotros dos- dijo Aioria, abriendo la bolsa que Death Mas les había dado, y poniéndose la pulsera de flores de Athena, para darle después una a Touma- vamos, nos queda poco tiempo-
Touma tomó la pulsera y se la puso. Ambos se sintieron de inmediato mucho mejor, y respiraron hondo. El pelirrojo abrió el papel que Evelyn les había dado, y comenzó a leer.
-Aquí dice que el Duat es un laberinto de cuevas, fuego y puertas mágicas- dijo Touma, y sonrió levemente- menos mal que tenemos esto, son las contraseñas que debemos decir para que nos dejen pasar-
-Igual tenemos que tener cuidado- dijo Aioria- Evelyn dijo que había un monstruo que nos iba a atacar-
Touma asintió.
-Apep, que es una serpiente gigante- dijo Touma, rascándose la cabeza- el punto débil es su vientre, donde tiene su corazón-
-Lo tendré en mente- dijo Aioria, entrecerrando los ojos- vamos, no debemos peder tiempo…-
Los dos chicos se volvieron hacia el camino que tenían frente a ellos. Era un pasaje cavernoso, y podían escuchar el ruido de agua corriente no muy lejos de donde se encontraban. Los dos chicos se echaron a correr hacia el sitio donde escuchaban el agua. Mientras lo hacía, Aioria se volvió hacia el pelirrojo. El hermano menor de Marin había ido con él y no estaba usando su armadura, solamente su máscara plateada, la única parte de ella que Artemisa le había permitido llevar, cosa que lo hacía sentirse cómodo y seguro de que Seth no lo usaría para atacar el Olimpo.
Aioria estaba impresionado con Touma. El pobre estaba dividido entre su lealtad a la diosa, y su cariño por su hermana mayor, y había elegido lo correcto para todos. Sonrió. Aún se había lanzado hacia el reino de los muertos sin su propia armadura, y confiando en la ayuda de los santos de Athena.
-¿Aioria?- dijo Touma, alzando las cejas.
-No es nada- dijo el santo de Leo- prepárate, creo que nuestro primer obstáculo esta por llegar-
Y mientras Aioria aún estaba hablando, una enorme pared de fuego se formó frente a ambos. Los dos chicos se pararon en seco, muy apenas, e incluso Aioria tuvo que tirar de Touma del brazo hacia atrás para evitar que cayera dentro del fuego.
-Gracias- dijo Touma, frotándose la frente.
-No es nada- dijo el santo de Leo seriamente- tú tienes la traducción. ¿Cuál es la contraseña para poder pasar por esto?-
Touma asintió y, tras sacar el papel que Evelyn les había dado, leyó algunas palabras que les parecían inteligibles para ambos, pero fueron efectivas. La pared de fuego poco a poco comenzó a disminuir su tamaño, hasta desaparecer por completo.
Los dos chicos se miraron, asintieron y se echaron a correr, internándose cada vez más en el Duat.
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Mar entre la península antártica y la isla rey Jorge
Julieta sonrió al ver a Frodi caminar hacia ella llevando dos tazas de té caliente. Desde que habían abordado el barco, la chica notaba que Frodi estaba muy atento con ella, más de lo normal. La chica estaba tumbada en un sofá, cubierta de una gruesa manta de lana, para asegurar que su pie estuviera en alto.
Julieta se incorporó y se acomodó la manta hasta su regazo, tomando la taza que Frodi le ofrecía con una sonrisa, y siguiéndolo con la mirada cuando tomó una silla y se sentó a su lado.
-¿Cómo te sientes?- dijo Frodi.
-Igual de bien que cuando preguntaste hace diez minutos- dijo Julieta, sonriendo, antes de dar un sorbo a su té- solo que tengo un poco de sueño-
-Deben ser los medicamentos para el dolor- dijo el chico, tras beber un poco de té también, y sonriendo ante la agradable sensación del té caliente en su estómago- bebe antes de que te duermas, es importante que estés caliente-
Julieta lo miró. Esos enormes ojos azules hablaban mucho más de lo que sus labios decían, y eso comenzaba a preocuparla. ¿Porqué Frodi la miraba así? Si se supone que él estaba enamorado de otra mujer. ¿O acaso era cierto lo que había dicho el enemigo? No, seguramente no, lo había hechos solamente para aprovecharse de la naturaleza amable de Frodi.
-No debe faltar mucho para llegar- dijo Frodi, limpiando la ventana más cercana y mirando a través de ella.
-Lo sé, un par de horas, a lo mucho- dijo Julieta, dando otro sorbo a su té y calentando sus manos con la taza.
-Debes extrañar mucho a Rayen- dijo Frodi tras unos momentos de silencio- y ella te debe de extrañar mucho-
-Claro que la extraño- dijo Julieta, encogiendo su pierna sana- es la niña más dulce que existe-
-Debes estar muy orgullosa de ella- dijo Frodi, bajando la mirada hacia su té- no imagino la alegría que debió traerte el día que nació-
Julieta parpadeó, y bajó la mirada.
-¿Dije algo malo?- dijo Frodi, alzando las cejas.
-Nada malo- dijo Julieta, dudosa, poniendo la taza de té sobre la mesita que estaba junto al sofá- pero creo que no te lo he dicho. Rayen no es mi hija-
Frodi se quedó helado.
-¿Qué dices?-
-Lo que escuchaste- dijo Julieta, sus mejillas coloreándose de rojo- no es mi hija-
-¿No es…?¿Cómo…?¿Entonces?- dijo Frodi, sin entender nada. La chica respiró hondo y comenzó a hablar.
-Cuando entré al ejército, Bárbara y yo estábamos en un ejercicio en la montaña. Y encontramos una cueva, donde una familia se había refugiado del frío, pero todos habían muerto. Todos, salvo Rayen, que era una pequeña de dos o tres días de nacida. La rescatamos y la llevamos al hospital- levantó los ojos- la pobre tenía su intestino inflamado, y su temperatura no ayudaba. Pasó dos o tres meses en el hospital-
-¿La adoptaste?- dijo Frodi.
-Buscamos a sus familiares, pero todos habían muerto en el accidente en la montaña- dijo la chica- y nadie quiso adoptarla. Al principio requería muchos cuidados, medicinas y vitaminas, y nadie quiso adoptar a una pequeñita tan enferma. Mi mamá y yo la llevamos a casa. Y pues… yo me convertí en su mamá desde entonces- sonrió tristemente.
El chico la miró, impresionado, y de inmediato sintiéndose mal por haberla juzgado cuando recién la conoció y supo que era una madre soltera, entendiendo la mirada ofendida de la chica cuando él hizo un gesto de desdén. Claro, se sintió terrible.
-Lo siento, Juli, lo siento mucho- dijo Frodi.
-Tranquilo, sé que no tenías mala intención- dijo la chica, sonriendo levemente. Al ver que Frodi seguía cabizbajo, Julieta extendió su brazo hacia él y tomó su barbilla con cuidado, haciéndolo levantar la mirada.
¡Oh, esos ojos azules hablaban volúmenes! Podía ver todo lo que pensaba Frodi tan solo al ver sus enormes ojos. Había arrepentimiento, tristeza y… ¿cariño? Eso último no lo pudo descifrar bien.
-Lo siento mucho- repitió el chico.
Julieta ladeó la cabeza y puso su dedo índice sobre los labios de Frodi para hacerlo callar y evitar que siguiera disculpándose.
-Frodi, tranquilo, no estoy ofendida, en serio-
Frodi la miró mientras que la chica deslizaba su mano de sus labios a su hombro, y luego lo deslizaba por su brazo. Esa caricia le encantó y, a su vez, Frodi le puso la mano en la mejilla, acariciándola con cariño con el pulgar. Julieta parpadeó levemente e intentó alejarse, asustada por la extraña sensación, pero Frodi puso su mano en la parte posterior de su cuello y con suavidad, pero con firmeza, y comenzó a acercarse a ella. Julieta estaba algo asustada, pero se acercó a él también.
Al sentir el aliento de la chica sobre él, Frodi acortó la distancia y tomó sus labios. Ambos, asustados en un principio, como si no se creyeran que se hubieran atrevido a hacer eso, comenzaron a dejarse llevar por el beso. Frodi bajó sus manos hacia la cintura de Julieta, y ella metió sus dedos entre los cabellos de él. Ambos corazones latían desbocados. Ambos estaban envueltos en tantas emociones, pero de pronto Julieta recordó algo que la trajo de regreso a la tierra. O al barco, mejor dicho.
Puso su mano en el pecho de Frodi, y con pesar, lo empujó suavemente, hasta que los labios de ambos se separaron. Ambos estaban respirando agitadamente, sus mejillas con idénticas coloraciones rojas y sus corazones aún no se sosegaban.
-Lo siento, no puedo…- dijo Julieta tristemente.
-¿Qué sucede, Juli?- dijo Frodi, aún sin soltar su cintura, negándose a dejarla ir.
-No puedo, porque tú estás enamorado de alguien- dijo Julieta tristemente, soltándose de él y llevándose una mano a los labios- no puedo… interponerme entre ustedes dos- se esforzó por sonreír, pero solo pudo producir una mueca entristecida- Lyfia es muy afortunada de tener un guerrero como tú-
Frodi se quedó helado. ¿Lyfia? ¡Ah, sí, ella! Claro, si él estaba enamorado de Lyfia desde que era niño. Entonces, ¿qué estaba haciendo besando a otra chica? Pero no, había besado a Julieta porque realmente le gustaba. La quería, sentía su corazón sonreír cada vez que la veía. Pero Lyfia…
No tuvo tiempo de pensar en nada más. Julieta se quitó las manos de Frodi de la cintura y, tras disculparme en voz baja, se tumbó en el sofá de nuevo y le dio la espalda, cubriéndose con la manta y cerrando los ojos. Frodi iba a decir algo, pero él mismo estaba confundido.
-Te dejaré descansar- solo atinó a decir Frodi en voz baja- estaré en la otra habitación-
Quiso besarla en la mejilla, pero lo pensó mejor, y tras disculparse, se dirigió a la habitación contigua. Julieta se quedó sola, un poco afligida, pero pronto se quedó dormida por el efecto de los medicamentos. Frodi no tenía tanta suerte, y pasó las últimas horas de viaje preocupado, pensando en lo que había pasado.
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Templo de Piscis, Santuario de Athena
Poco más tarde
Evelyn abrió los ojos y se levantó de golpe, con una respiración agitada. Acababa de tener un sueño terrible que su ancestro, Tutankamon, le había enviado sobre como se encontraban Touma y Aioria en esos momentos.
Al escucharla gritar, Afrodita se apresuró a su lado y la abrazó.
-Ya, ya, no tengas miedo, Eve- dijo el santo de Piscis- estamos en casa y a salvo, no pasa nada-
Evelyn miró a su alrededor mientras intentaba tranquilizar su respiración. Había visto, en sus sueños, a Tutankamon contándole que tanto Aioria como Touma estaban en esos momentos enfrascados en una terrible pelea contra Apep, el malvado dios serpiente que cuidaba los pasajes del Duat, y le había mostrado una parte de la batalla.
-Aioria… él está…- comenzó a decir Evelyn. Tras tranquilizarse un poco, comenzó a contarle sobre lo que había visto. Estaba preocupada porque no había visto a Aioros en su visión, y temía que algo malo le hubiera pasado.
-Tranquila, Aioros no pudo pasar por la barrera, porque te desmayaste antes de que pudiera pasar- dijo Afrodita.
Evelyn respiró hondo, y apoyó su cabeza en el hombro de Afrodita. Estaba aliviada de estar de regreso en casa, y no en Egipto, donde tenía todos esos terribles recuerdos de lo sucedido cuando conoció a Afrodita.
-Lo lograrán- dijo Evelyn, esforzándose por sonreír- con las instrucciones del libro de los muertos que escribí para ellos, será suficiente. Pronto Marin estará de regreso con nosotros-
Afrodita asintió.
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Guarida de Apep, Duat
Poco antes
Conforme iban adentrándose en el Duat, los monstruos que atacaban a Aioria y a Touma iban volviéndose más y más persistentes. Ambos sabían que, eventualmente, tendrían que enfrentarse a la gran serpiente Apep, la cual era el obstáculo final en el Duat para encontrar a Marin al final del camino.
Los dos chicos llegaron a un callejón sin salida, pues al final del túnel los esperaba una enorme puerta dorada, y ambos se detuvieron frente a ella.
-Aquí es- dijo Touma- la guarida de Apep-
-Abre la puerta, pero no bajes la guardia, Touma- dijo Aioria, y lo miró de reojo- o será mejor que yo me enfrente solo a ese monstruo, porque tú no tienes tu armadura-
Touma frunció el entrecejo, y Aioria se arrepintió de inmediato de haber dicho eso. Sabía muy bien que el pelirrojo estaba listo para pelear aunque no tuviera ninguna protección. Aioria hizo un gesto de disculpa, y Touma se volvió hacia la puerta. Abrió nuevamente el escrito que Evelyn le había dado, y recitó con sumo cuidado las palabras que la chica había escrito. La puerta se abrió, y ambos se pusieron en guardia.
Aioria y Touma se sorprendieron al ver que, cuando la puerta se abrió, no había nadie dentro.
-Vamos- dijo Touma- no te confíes-
Los dos cruzaron el umbral y miraron a su alrededor. Seguía vacío. Parecía que la serpiente se había ido a otra parte en esos momentos, y que tenían el camino libre. Aioria se encogió de hombros y se dirigió a la salida, cuando un siseo los puso a ambos en guardia.
Al volverse hacia la entrada, ambos palidecieron. No era broma que Apep era una temible serpiente que guardaba el Inframundo, evitando que los difuntos llegaran al más allá. Era una enorme cobra de color negro, con enormes colmillos y un aliento nauseabundo que parecía incluso debilitar a los dos chicos.
La serpiente se lanzó hacia ellos, y ambos apenas alcanzaron a saltar del camino antes de que Apep los devorara de una mordida.
Los dos chicos cayeron al suelo apenas de pie y encendieron sus cosmos. La serpiente se irguió nuevamente y miró a ambos, como evaluando a cual de los dos debería atacar primero. Por fin, la serpiente se decidió por Aioria, y lanzó una mordida en su dirección, la cual el santo dorado apenas pudo evitar. Se preparó para contraatacar.
-¡LIGHTNING PLASMA!-
Al mismo tiempo que Aioria atacaba, Touma lanzó un puñetazo hacia la serpiente, pero solo alcanzó a golpearla bajó su mandíbula, lejos de su corazón. La serpiente se retorció de enojo, y se lanzó contra él. La lengua de Apep se enredó en una de las piernas del pelirrojo y tiró de él, lanzándolo en el aire y haciéndolo caer hacia su boca. Al ver eso, Aioria se lanzó contra él y de un golpe con su puño cerrado entre los ojos, quitó a la serpiente del camino de Touma, y el pelirrojo cayó al piso.
-Gracias- dijo Touma, levantándose un poco adolorido, pero dándose cuenta de que era mejor caer al suelo que en las fauces del monstruo.
-Ya me lo agradecerás más tarde- dijo Aioria, quitándose del camino de la serpiente, la que parecía dispuesta a tragárselo.
Finalmente, Aioria tropezó con la cola de Apep, y cayó de bruces al suelo. Antes de que se pudiera levantar, la serpiente se lanzó contra él y le hincó los colmillos en uno de sus hombros. Aioria gritó de dolor. ¡Era terrible! Era mucho peor que una espada traspasándolo, ya que los colmillos de la serpiente eran de lo más venenoso.
-¡Aaaargggg!- gritó Aioria, paralizado de dolor, sin que la serpiente estuviera dispuesta a abrir la boca y liberarlo.
-¡Aioria!- gritó Touma, lanzándose contra el monstruo y golpeándolo en la cabeza. Por fin, el monstruo soltó a Aioria, quien cayó de rodillas al suelo, mientras que el monstruo se volvía a Touma.
El pelirrojo miró la escena desesperado. Tenía el antídoto con él, pero no podía dárselo a Aioria mientras ese monstruo siguiera persiguiéndolo. Tras evadirlo un par de veces, nuevamente el monstruo lo hizo tropezar con su cola, y caer al suelo. Cuando Touma vio al monstruo lanzándose contra él, el chico se cubrió la cabeza con sus manos.
Pero el golpe nunca llegó. Aioria se había levantado, y golpeó a Apep con todas sus fuerzas sobre su corazón, aturdiendo al monstruo y haciéndolo desaparecer. El santo de Leo sonrió y cayó al suelo, agotado y mareado por el veneno que corría por sus venas.
-¡Aioria!- dijo Touma, corriendo a su lado.
-Touma- dijo Aioria débilmente- corre… ve por Marin-
-No seas estúpido- dijo el pelirrojo, sacando el antídoto y poniendo los ojos en blanco- Marin me va a freír vivo si te dejo morir aquí-
Y al decir esto, le puso un par de gotas del antídoto en la boca. El efecto fue inmediato, y pronto Aioria se levantó. Le dolía horriblemente la herida del hombro, pero todo rastro del veneno había desaparecido de su cuerpo. Tan pronto como se puso de pie, el santo se volvió a Touma.
-Vamos, ya perdimos demasiado tiempo- dijo Aioria.
-Concuerdo, vámonos antes de que el monstruo regrese- dijo Touma.
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Villa Las Estrellas, Isla rey Jorge
Tan pronto como bajaron del barco, Julieta apoyándose en el hombro de Frodi, Rayen corrió hacia ellos y se lanzó a abrazar a la chica por la cintura y casi tumbándola al suelo, si no fuera porque Frodi lo impidió.
-Tranquila, Rayen- le dijo Julieta, intentando recuperar el equilibrio, para lo que Frodi le ayudó- no me voy a ir a ningún lado-
-Te extrañé mucho mucho, Juli- dijo la pequeña, hundiendo su cabeza en la abertura de su chamarra.
-Yo también, cariño- dijo Julieta, abrazándola- pero ya estoy de regreso. Y al parecer voy a tener vacaciones forzosas- añadió señalando la férula en su pie.
La pequeña volvió sus enormes ojos hacia Frodi. Claro, Rayen era una niña muy linda, pero sus facciones eran muy distintas a las de Julieta. Y sus ojos eran tan diferentes. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Bueno, había asumido que era porque la niña se parecía a su padre.
-Dijiste que ibas a cuidar a Juli- dijo Rayen de pronto en tono de reproche.
-Oh, no, no fue culpa de Frodi, cariño- le dijo Julieta en voz baja antes de que el chico tuviera tiempo de decir algo.
-Mami, Cecy me dejó jugar con Canuto- dijo Rayen, señalando a Cecilia y a Saga. El gemelo mayor ya estaba parchado, su anterior palidez había desaparecido. Julieta se acercó a ellos, y les agradeció por cuidar de la pequeña mientras ella no estaba. Tan pronto como terminó de hablar con ellos, se volvió a Frodi con una sonrisa.
Frodi no podía sonreír. Lo que había pasado en el barco lo había estado atormentando desde que Julieta lo había detenido cuando se estaban besando, y le había recordado a Lyfia. ¿Qué quería decir eso? ¿Que ella respetaba el hecho que le gustaba otra mujer, como había dicho?¿O era solo un pretexto para alejarlo porque no estaba interesada en él? No, ella era demasiado sincera como para jugar con sus sentimientos.
-Bueno, creo que nos tenemos que despedir- dijo Julieta, ofreciéndole la mano- me dio gusto haberte conocido, Frodi-
-Lo mismo digo- dijo el chico, tomando su mano y estrechándola, pero sin soltarla- ¿regresarás a tu casa a Punta Arenas?-
-Esa es la idea, tengo que obedecer las indicaciones que me dieron- dijo Julieta, sonriendo nerviosamente al ver que Frodi no soltaba su mano- muchas gracias por todo, en serio-
-Gracias a ti- dijo Frodi con toda sinceridad, llevándose la mano de Julieta a los labios y besando sus nudillos con tanto cariño que hizo que un escalofrío recorriera todo el cuerpo de la chica.
Ambos levantaron la mirada, y nuevamente Julieta notó que esos enormes ojos azules decían todo lo que sus labios no querían pronunciar. La chica parpadeó para evitar su mirada, y se acercó a él para besarlo en la mejilla.
-Bueno, si llegas a visitar Punta Arenas, pasa a vernos- dijo Julieta, tomando la mano de su hija- Rayen y yo estaremos contentas de recibirte, ¿verdad?-
-¡Sí! Tienes que visitarnos. Adiós, Frodi- dijo Rayen, despidiéndose con su manita.
-Vamos, Juli, te ayudo- dijo Bárbara, con una expresión un poco decepcionada, haciendo que la chica se apoyara en ella.
Mientras ocurría ese intercambio, Saga, Cecilia e Io miraban con atención, y suspiraron frustrados al ver el desenlace, cuando Julieta entró a su habitación, acompañada de Rayen, Mati y de su amiga, para esperar su vuelo hacia Punta Arenas. Finalmente Saga se cruzó de brazos, mientras que Io le ponía una mano en el hombro.
-Vamos, nos esperan de regreso en Atenas- dijo Saga tras sacudir la cabeza para regresar a la realidad. Hizo un gesto para abrir un portal a otra dimensión, por el que todos atravesaron. Cuando Frodi los iba a seguir, al final miró hacia atrás y suspiró antes de cruzar también.
Mientras tanto, dentro de la habitación, Bárbara dejó a Julieta en un sofá, y se había ido a la pequeña cocina para preparar algo caliente de comer, seguida de Mati, dejándola acompañada de Rayen. Una vez que la niña se distrajo para jugar con Mati y Julieta se quedó sola, la chica comenzó a sentir que sus ojos se humedecían. Parpadeó varias veces, luchando para evitar echarse a llorar.
¡Claro que ella quería a Frodi! ¡Era tan fuerte y guapo, y tenía un enorme corazón! Pero desde que lo conoció, Frodi estaba enamorado de alguien más, y ella no entraba en la ecuación. No se iba a interponer entre él y el amor de su vida. Porque por lo que había escuchado, desde que era pequeño, Frodi había amado a Lyfia y a nadie más.
Se cubrió la cara con las manos, y reprimió un sollozo. Por primera vez había encontrado al chico ideal para ella, pero no estaba disponible. Parpadeó un par de veces y tragó saliva, recuperando la compostura antes de que Rayen regresara y la viera así.
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Final del camino hacia el Duat
Poco después
Tras pasar por la guarida de Apep, Aioria y Touma siguieron adentrándose en el Duat, aunque desde la pelea contra Apep habían avanzado mucho más lentamente por la herida de Aioria, quien agradecía tener la pulsera de flores de Athena, pues apenas podía soportar el dolor que le atravesaba el hombro. El pelirrojo se dio cuenta de inmediato la dificultad que Aioria tenía para respirar.
-¿Estás bien?- dijo el chico.
-Estaré bien- dijo Aioria- y estaré mucho mejor cuando regresemos a Atenas con Marin-
Al llegar al final del Duat, los chicos se encontraron una enorme balanza de oro. Los dos intentaron rodear la balanza, pero había un horrible monstruo con cabeza de cocodrilo detrás de ella. No los atacaba, pero les gruñía en advertencia para que no se acercaran.
-Aparentemente no podemos seguir- dijo Aioria, mientras que ambos notaban que había un pequeño vial en uno de los platos en la balanza, y una pluma en el otro plato- ¿qué dice el escrito de Evelyn?-
Touma sacó la traducción que Evelyn les había dado, y leyó.
-Para poder pasar, tienes que poner tu corazón y pesarlo contra la pluma- dijo Touma- si tu corazón es pesado por maldad, el monstruo lo devorará. Si no, te dejará pasar-
Aioria respiró hondo y miró la balanza. Finalmente comprendió lo que tenía que hacer. El santo de Leo tomó el vial en su mano. Supuso que esa poción le permitiría sacarse el corazón y ponerlo en el platillo. Lo destapó, pero antes de que se lo pudiera llevar a sus labios, el suelo tembló y apareció un hombre detrás de ellos, por donde acababan de entrar. Ya lo habían visto antes, el día que Evelyn había sido forzada a atacar el Santuario. Tenía piel de un enfermizo color oscuro, grisáceo, y una fea barba postiza.
-Seth…- dijo Touma.
El dios se echó a reír, pero no estaba solo. Señaló a Marin, quien estaba flotando, inmóvil, a su lado. Tanto Aioria como Touma intentaron acercarse a ella, pero era como si ella estuviera en otro lado, como si fuera un fantasma, un holograma de ella misma.
-Ah ah, no pueden tocarla- dijo Seth, sonriendo maliciosamente- ella es un espíritu, ¿recuerdan? Solo un alma. Ustedes son los únicos que han entrado a este sitio con su cuerpo. Pero pronto arreglaremos eso-
Seth se preparó para atacarlos, y Touma y Aioria hicieron lo mismo. El pelirrojo se volvió a su compañero.
-No, Aioria, tienes que sacar tu corazón y ponerlo en la balanza- dijo Touma- tú eres el que tiene que sacarla de aquí. Yo lo mantendré ocupado-
Aioria miró a Touma, preocupado al verlo sin su armadura, pero sabía que no tenían una mejor opción. Asintió y corrió hacia la balanza mientras que el chico pelirrojo se volvía a Seth. El malvado dios se echó a reír.
-¿Así que crees que vas a rescatar a tu hermana sin tu armadura, ángel de Artemisa?- dijo Seth en un tono despectivo, tornándose los nudillos- ¡debiste haber aceptado mi oferta, tu ala por tu hermana! Ahora ella va a morir, y yo te voy a destruir a ustedes en menos de un minuto-
-Un minuto será más que suficiente para darte tu merecido- dijo Touma, lanzándose contra él.
Mientras tanto, Aioria se volvió a ver de reojo a Marin, quien flotaba a la derecha de la enorme balanza. El santo de Leo destapó el vial y bebió su contenido, mirando a la chica con una sonrisa.
-Mi corazón siempre ha sido tuyo, Marin- dijo Aioria, poniéndose la mano sobre el pecho. De pronto, el chico sintió algo en su mano. Su corazón, que brillaba con un tono dorado, y latía como loco cuando miraba a la chica. Aioria sonrió y, respirando hondo, puso su corazón en el platillo dorado vacío y espero pacientemente.
De pronto, el platillo donde había puesto su corazón parecía estar en llamas, al mismo tiempo que el alma de Marin comenzaba a desaparecer. Aioria sintió pánico, y pasó sus ojos de su corazón en llamas, hacia el alma de Marín, que se volvía cada vez más transparente. Sin pensarlo dos veces, Aioria se lanzó hacia la chica, en un intento de abrazarla, detenerla… ¡no podía dejar que desapareciera!
Mientras hacía eso, Seth golpeó a Touma en la cara, haciéndolo perder la conciencia y tumbándolo al suelo, y se burlaba del hecho de que Aioria dejara que se quemara su corazón para intentar salvar un alma que ni siquiera podía tocar.
Al contrario de lo que todos esperaban, Marin se materializó tan pronto como Aioria la tocó, y ambos cayeron al suelo junto a la balanza. El fuego en el platillo alrededor del corazón de Aioria se apagó, y Marin miró a este último con enormes ojos.
-¡Aioria!- dijo Marin, dándose cuenta de lo que estaba pasando.
-¿Qué? ¡No!- gruñó Seth, a punto de lanzarse contra ellos, pero el monstruo con cabeza de cocodrilo y un dios con cabeza de chacal lo detuvieron.
-Alto- dijo el dios recién llegado- ellos han pasado la prueba. Y como están vivos, tienen el permiso de Osiris de salir del Duat-
-Pero Anubis, ellos no…-
-La palabra de Osiris es final en el Duat- dijo el dios llamado Anubis.
Seth rugió de furia, y desapareció. Anubis sonrió y se volvió a los chicos. Touma estaba noqueado, Aioria estaba sangrando por la herida de su hombro, y Marin estaba agotada. El dios tomó el corazón de Aioria del platillo, y se lo dio a Marin.
-Él dijo que era tuyo- dijo Anubis mientras Marin tomaba el corazón dorado con todo cuidado. La chica sonrió, algo ruborizada, y puso el corazón de regreso en el pecho de Aioria. Touma no tardó en despertar, y se levantó frotándose la frente.
-Marin- sonrió Aioria cansadamente, mientras ponía una de las pulseras de Athena en su antebrazo- cuando regresemos…-
-Shhh, no tienes nada que decir- dijo la chica- volvamos a casa, Aioria-
-Yo también estoy bien, chicos, gracias por preguntar- dijo Touma, algo ofendido por la falta de atención de su hermana y cuñado. Sacó las tres flores de loto, y las repartió- volvamos a casa, ya se las arreglarán cuando estemos allá-
Los tres comenzaron a arrancar los pétalos, y éstos los envolvieron, transportándolos de regreso al mundo de los vivos.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Pues parece que algunos conflictos ya están resueltos de manera satisfactoria, los otros no tanto. Lamento informarles que el siguiente capítulo es el último. Muchas gracias a todos por sus reviews, y por seguir leyendo. Les mando un abrazo a todos.
Abby L.
