HASTA EL FIN DEL MUNDO
XVIII: EPÍLOGO
Templo del Patriarca, Santuario de Athena
Shion y Sara se levantaron de golpe al sentir los tres cosmos aparecer de golpe en el templo del Patriarca, en la habitación donde habían dejado a Marin. Los dos corrieron hacia esa habitación, y vieron que Marin seguía tumbada en la cama, y que Aioria y Touma habían aparecido ahí, cayendo al suelo.
Antes de que Shion pudiera decir algo, Aioria se levantó y arrancó el escarabajo del pecho de Marin, lo tiró al suelo y lo pisó con todas sus fuerzas. Al mismo tiempo, Marin dejó escapar un pequeño grito, como si estuviera desesperada por tomar aire. Abrió los ojos, y miró a su alrededor.
-¿Donde…?-
-¡Marin!- exclamaron Aioria y Touma al mismo tiempo, aliviados de que todo estuviera bien. El pelirrojo se lanzó a abrazarla.
-Ya, ya, Touma, estoy bien- dijo ella, sonriendo y abrazando a su hermano, pero mirando fijamente a Aioria. Éste sonrió levemente.
-Marin, yo…- comenzó a decir el santo de Leo, pero no pudo terminar, porque la chica se levantó y le dio un enorme abrazo, rodeando su cuello y besándolo con ganas.
Sara y Shion se miraron entre sí y sonrieron. Habían pensado en dejarlos solos, pero pronto el templo del Patriarca se llenó de todos los habitantes del Santuario, apresurándose a corroborar con sus propios ojos que Marin hubiera vuelto y estuviera bien. Incluso Athena se había levantando y había ido directo a abrazarla. Después de que todos la abrazaron aliviados, y notando que la chica estaba agotada, el Patriarca se aclaró la garganta.
-Bueno, si no se han dado cuenta, es la mitad de la noche, y la señorita Athena necesita dormir- dijo Shion- y sospecho que los recién llegados también necesitan descansar-
Aioria agradeció a Shion y tomó a Marin en sus brazos, llevándola al templo de Leo, donde sabía que estaría segura. La puso en su propia cama, y la cubrió con las mantas.
-Gracias, Aioria- dijo ella. Aioria solo sonrió.
-Si me necesitas, estaré afuera- dijo él.
-No, no te vayas- dijo Marin, extendiendo su brazo hacia él para detenerlo- quédate-
-¿Estás segura?- dijo el santo de Leo, pero Marin lo miró con una expresión que el chico no se pudo negar. Se acostó a su lado y extendió los brazos, y la chica se dejó abrazar por él. Una vez segura en sus brazos, Marin cerró los ojos y se quedó dormida casi de inmediato.
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Palacio de Valhala, Asgard
A la mañana siguiente
Frodi llegó a Asgard con su moral hasta los suelos, mucho peor que como había salido de ahí, y eso que no había salido muy contento. Ignorando las preguntas de Sigmund y de Utgard, quienes lo habían visto en la entrada del palacio, y se dirigió a la sala del trono, donde Lyfia estaba sentada con una expresión llena de aburrimiento, y parecía que Hilda y Freya la estaban regañando por alguna razón, pero se callaron tan pronto como Frodi entró.
Cuando vio que las tres chicas guardaron silencio al verlo, Frodi parpadeó. ¿Estaban hablando de él? Pero sacudió la cabeza, no importaba si era así. Solamente se inclinó.
-He regresado de mi misión, Lyfia, señoritas- dijo Frodi en un tono indiferente- no tuvimos problemas y logramos nuestro objetivo-
Hilda se volvió a mirar a Freya, alzando las cejas, y después a Lyfia, quien había decidido ignorar a Frodi mientras se revisaba las uñas. Hilda gruñó en voz baja. Esa chica iba de mal en peor. Usó todo su autocontrol para volverse a Frodi y sonreírle: el chico no tenía la culpa.
-Muchas gracias por la información, y por todos tus esfuerzos, Frodi- dijo Hilda amablemente.
-Ya lo sabíamos- dijo Lyfia en una expresión aburrida, sin dejar de mirar su manicura- el Patriarca del Santuario de Athena nos avisó hace un rato que Aioria y los otros habían regresado del Duat en la madrugada-
Frodi sonrió levemente al escuchar eso, a pesar del tono indiferente de Lyfia. Eso significaba que Marin estaba de regreso con Aioria, y que todo volvería a la normalidad. Suspiró y levantó la vista, volviendo a mirar a Lyfia. Todo el tiempo que estuvo en la Antártida, y que comparaba a Julieta con ella, recordaba a Lyfia como una especie de princesa inalcanzable, pero ahora se daba cuenta de como era realmente: solo una niña mimada que no entendía lo que se le decía y que no tenía ningún aprecio por los demás.
-Bueno, señoritas, si no les molesta, me retiraré a descansar- dijo Frodi, inclinándose de nuevo y dándoles la espalda, caminando hacia la salida de la sala del trono.
Lyfia se sorprendió al ver que el chico les dio la espalda y comenzar a caminar hacia la salida. Frodi nunca habría perdido la oportunidad de quedarse con ella y de seguirla a todos lados como un cachorrillo enamorado. Lydia se levantó de su asiento y corrió para alcanzarlo, a pesar de las miradas reprobatorias de Hilda y de Freya.
-Espera, Frodi- dijo la chica, alcanzándolo. Frodi, quien acababa de llegar a la puerta, se volvió hacia ella.
-¿Sí, señorita Lyfia?- dijo el chico.
Lyfia comenzó a asustarse. Frodi nunca la había llamado así, y nunca había sido tan formal. Como un gesto desesperado, intentó abrazar a Frodi, pero éste instintivamente se alejó de ella para impedirlo. Ambos se sorprendieron ante ese gesto, que no pasó desapercibido para todos los presentes, chicas y guerreros por igual.
Frodi estaba tan sorprendido como todos ellos, y dio un par de pasos atrás, se despidió torpemente, y corrió hacia sus habitaciones. Cuando llegó a su habitación cerró la puerta tras de sí y puso la espalda contra ella. Suspiró largamente mientras se deslizaba al suelo.
¿Qué le pasaba? ¡Si él siempre había querido un abrazo de Lyfia, y se había quitado justo cuando ella lo iba a abrazar!
Pero sabía bien lo que estaba pasando por su mente.
Julieta.
Incluso pensar en ella hacía que le doliera el corazón de una manera diferente de la que le dolía antes cuando pensaba en Lyfia. Pero si él siempre había querido a Lyfia, ¿porqué ahora se encaprichaba en otra mujer? Seguramente Julieta no lo quería de esa manera. ¿En que momento se había podido enamorar de ella? Si solo estuvieron juntos un par de días. Una persona no se enamoraba en dos o tres días. ¿Qué le pasó?
La puerta sonó, alguien estaba llamando, pero Frodi no estaba de humor.
-Déjenme, no quiero hablar con nadie- gruñó Frodi, mientras se llevaba las manos a la cabeza.
Julieta. ¿Cómo estaría en esos momentos? Quizá para esa hora ya estaría en casa de su madre, con su pierna en alto, obedeciendo al pie de la letra las indicaciones de su médico. Sonrió al pensar en que las posibilidades de que Julieta estuviera calmada y siguiera las indicaciones eran muy pocas. Seguramente estaba en su propia casa, arrastrando su pie por todos lados, y pasando un tiempo extraordinario con Rayen. Sonrió levemente al recordarlas.
Sacudió la cabeza. ¿Porqué le pasaba eso?¿Porqué sonreía así al pensar en Julieta?
La puerta volvió a sonar, y Frodi repitió en voz alta que no quería hablar con nadie. En serio, ¿era tan difícil de entender? No quería decirlo en voz alta, pero las extrañaba.
Y de nuevo, ¿porqué la había dejado ir? Recordó lo que le dijo Julieta, justo después de haberla besado. Que no podía, que él amaba a alguien más. Pero, ¿él amaba a Lyfia?
La puerta volvió a sonar, interrumpiendo sus pensamientos otra vez. Frodi se levantó, furioso, y abrió la puerta, dispuesto a gritarle a quienquiera que estuviera ahí que se largara y lo dejara en paz.
-¡Dije que no quiero…!- comenzó a decir Frodi, pero se quedó helado al ver de quien se trataba- oh… lo lamento mucho, señorita Hilda-
No solo estaba Hilda, sino estaba acompañada de Sigfried y de Sigmund, éste último mirándolo preocupado.
-Frodi- dijo Hilda tranquilamente, ignorando la manera grosera en la que Frodi había abierto la puerta- sé que quieres descansar después de tu viaje, pero necesito hablar contigo. Solo tomará un minuto. ¿Puedo pasar?-
Frodi asintió, boquiabierto, cuando los tres entraron a sus habitaciones. Hilda se sentó en el borde de su cama, y puso la mano a un lado, invitándolo a sentarse también. El chico obedeció.
-A ver, ¿qué sucedió contigo en tu misión?- dijo Hilda- detecto que fue algo importante-
Frodi suspiró largamente y, antes de que se diera cuenta de lo que pasaba, se encontró a sí mismo contándole a Hilda lo que había pasado, claro que en una versión resumida. La chica lo escuchó con atención, maldiciendo para sus adentros a Lyfia, que indirectamente había causado ese problema también.
-Pues…- comenzó a decir Hilda, pero Sigmund se acercó a Frodi y le ido un zape.
-¡Auch!- se quejó Frodi.
-¡Sigmund!- lo reprochó Hilda.
-Lo siento, señorita Hilda- dijo Sigmund, apenado- pero se lo merece. ¡Una mujer a la que quieres, que también te quiere, y la dejas ir! ¿Así o más tarado?-
Frodi parpadeó, y se frotó la frente.
-Sigmund, no es necesario usar la violencia. Frodi, te ves un poco cansado- dijo Hilda, levantándose- quizá deberías tomarte uno o dos días de descanso después de tu misión-
-¿Señorita?- dijo Frodi, alzando las cejas.
-Y tienes mi permiso si quieres tomar tu descanso fuera de Asgard- añadió Hilda.
-Yo…-
-Vamos, chicos, tenemos cosas que hacer- dijo Hilda sin darle oportunidad de responder- y además, Frodi necesita descansar-
Los dos chicos la siguieron cuando salieron, dejando a Frodi pensativo y rascándose la cabeza en un gesto confundido. ¿Qué rayos iba a hacer ahora?
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Apartamento de Julieta Castillo, Punta Arenas
Esa tarde
La señora Castillo podía ser un poco distraída, pero conocía a su hija como la palma de su mano, y sabía muy bien que algo estaba pasando con Julieta desde que ella y Rayen regresaron a casa. Tras el pánico inicial de escuchar que su hija había tenido un accidente y verla regresar herida, sabía que ese no era el final de la historia. No solo estaba seria con una sombra de tristeza, sino que en algunos momentos la encontraba pensativa y distraída. No solo ella lo había visto, sino también su esposo e incluso Rayen.
Primero pensó que estaba triste por lo que había pasado, que por su pie herido había perdido su oportunidad de pasar sus seis meses en la Antártida con su mejor amiga, pero cuando Rayen mencionó a un tal Frodi y vio que las mejillas de Julieta se habían teñido de un rojo brillante, supo que la actitud de su hija era por una razón completamente diferente a la que pensaba.
Al final, la chica se había quedado sola, dejando a Rayen dormida en su habitación, cosa que Julieta agradeció, pues no quería que Rayen la viera tan triste.
Tan pronto como anocheció y Julieta estuvo segura de que la niña estuviera dormida, la chica se dejó caer en el sofá y se cubrió los ojos con las manos. ¿Porqué se sentía así? No era la gran cosa. Había conocido a un chico por un par de días solamente. ¿Porqué tenía que tener ese efecto en ella?
"Frodi debe estar en estos momentos con Lyfia", pensó tristemente, mientras encogía su pierna sana y abrazaba su rodilla, "con su verdadero amor. Debe estar muy feliz"
Cerró los ojos, y se puso los dedos índice y medio sobre los labios. Suspiró tristemente. ¡Lo que daría por que el chico lo volviera a besar!
Se despeinó con una mano y se dejó caer en el sofá.
-Argggg… ¿porqué me pasan estas cosas a mí?- se preguntó la chica.
De pronto, escuchó el timbre de su apartamento, y puso los ojos en blanco. ¿Quién demonios llamaría a esa hora? Seguro era alguno de sus vecinos para pedirle algo. ¿Porqué tenían que esperar a que estuviera sola para llamar? Si hubieran hablado media hora antes, su madre habría abierto la puerta. Además, corría el riesgo de que el ruido despertara a Rayen.
Pero finalmente Julieta se levantó, arrastrando su férula mientras intentaba acercarse a la puerta saltando sobre su pierna sana. Abrió la puerta, y casi se desmaya del susto.
-Ho… hola…- dijo la chica, parpadeando sorprendida, sin poder cerrar la boca de la impresión.
-Veo que tenía razón, Juli, no hay poder humano que haga que sigas las indicaciones del médico- dijo Frodi, fingiendo una expresión de molestia y poniendo sus manos en la cintura como si fuera a regañarla.
Julieta parpadeó, pero sonrió.
-Frodi… ¿qué haces aquí?-
-Bueno, cuando nos despedimos dijiste que cuando estuviera en Punta Arenas viniera a visitarte, así que vine…- dijo Frodi, encogiéndose de hombros, como si fuera la cosa más normal del mundo.
Julieta iba a sonreír, pero recordó el asunto de Lyfia, y bajó la mirada. Frodi lo notó, y frunció el entrecejo. La tomó por la cintura y la levantó en el aire, haciéndola dar un grito de sorpresa. El chico entró a la casa y cerró la puerta tras de sí, abrazándola contra él y caminando con ella hacia el sofá, para sentarse ahí y sentarla en su regazo con cuidado. Frodi notó que Julieta estaba tan ruborizada como nunca la había visto, y eso lo hizo sonreír mucho más. ¡Se veía hermosa con ese color en sus mejillas!
-Frodi, recuerda lo que te dije, yo no…-
-Shhh…- dijo el chico, poniendo un dedo en sus labios- quiero decirte algo importante, antes de que me corras a patadas de tu casa por mi atrevimiento-
Julieta lo miró con una sonrisa, aún muy ruborizada, y Frodi le regresó la mirada con adoración. La tomó de las manos, y la miró fijamente.
-Me equivoqué- dijo el chico, mirándola fijamente mientras rodeaba la cintura de Julieta con sus brazos- te amo a ti, Juli. Eres la mujer mas hermosa, fuerte, valiente e impresionante que conozco. Y fui un idiota al dejarte ir así. Nunca más-
Julieta se puso, si era posible, mucho más roja de lo que había estado antes al escuchar esas palabras. Frodi rió en voz baja, la atrajo a sí mismo, y tomó su barbilla con una de sus manos.
-Juli, ¿me permites besarte?- dijo Frodi en voz baja mientras acariciaba su mejilla.
Como respuesta, la chica le puso los brazos alrededor del cuello. Frodi sonrió, ilusionado, y envolvió la cintura de la chica en uno de sus brazos, mientras que con el otro le pasaba un mechón de cabello detrás de la oreja. Ambos cerraron los ojos al sentir el aliento del otro sobre ellos mismos. Frodi fue finalmente el que se acercó a ella y la besó.
Julieta sonrió mientras se besaban, y a Frodi le pareció notar algunas lagrimas en sus mejillas cuando se separaron.
-No llores, Juli- dijo el chico, limpiándole la mejilla con su pulgar- te quiero. Quiero que estés feliz-
La chica apoyó su frente en la de él, y sonrió.
-Es que… etoy muy feliz, Frodi- dijo ella en un susurro- yo también te amo-
El corazón del chico latió con fuerza de la emoción, y la rodeó con sus brazos de nuevo, tumbándose en el sofá y atrayendo a Julieta para que se tumbara sobre él, y besándola repetidamente. Estaba tan contento que no quería dejarla ir.
Julieta hizo un gesto de dolor, y Frodi se levantó, preocupado.
-¿Estás bien?- dijo el chico.
-Mi tobillo, lo siento- dijo ella, ruborizándose y acomodándose el cabello- y además, Rayen está aquí, no creo que sea buena idea que nos vea…eh… así. No todavía-
Frodi asintió. Adoraba a Rayen casi tanto como a Julieta, pero se imaginaba que podía ser extraño para ella verlo besar a su mamá en el sofá. Además, otra idea se acababa de formar en su mente, y sabía que Julieta estaría de acuerdo.
-Cierto- dijo Frodi, sonriendo levemente- tenemos que asegurarnos de que descanses. ¿Me permite, señorita?- añadió, haciendo el gesto de que iba a alzarla en brazos.
Julieta puso las manos alrededor de su cuello y Frodi la levantó en sus brazos, volviendo a besarla mientras lo hacía.
-¿Qué pretendes?- dijo la chica.
-Necesito que hables con tu mamá y con Rayen- dijo Frodi, guiñándole un ojo- no tenemos tiempo que perder-
Julieta no entendía nada, pero no hizo más preguntas. Tomó el teléfono que Frodi le acercó y marcó al número de la casa de su mamá, sin dejar de mirar al chico.
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Templo de Leo, Santuario de Athena
Esa tarde
Ambos habían dormido profundamente hasta el día siguiente y bien entrada la tarde. Marin fue la primera en despertar, y notar que, además de que Aioria seguía profundamente dormido, y que tenía una fea herida en el hombro. Aunque no sangraba, estaba muy enrojecida.
Se incorporó sentada sobre la cama y miró a Aioria de nuevo. Estaba dormido con el torso descubierto, y un pantalón de pijama color azul, tumbado de su lado derecho, y con sus brazos aún alrededor de ella. Adoraba los cabellos castaños de su santo dorado, que parecían dorados con el pequeño rayo de sol que se había colado por una de las ventanas del templo de Leo.
Marin puso su mano sobre el pecho de ese guapo dios griego y sonrió al recordar lo que había pasado en el Duat. Fue hermoso que hubiera entrado al más allá por ella. Touma también, pero la expresión de Aioria lo había dicho todo.
-¿Aioria?- susurró en voz baja, quitándole un mechón de cabellos de los ojos.
El chico gruñó levemente, cosa que hizo sonreír a Marin, antes de estirarse como gato y abrir los ojos, volviendo a gruñir porque la luz del sol estaba en sus ojos. Se puso una mano delante de sus ojos, y se volvió a mirarla. Sonrió cuando sus ojos se encontraron con los de ella y extendió una mano para, en efecto, comprobar que, en efecto, ella estaba ahí.
-Estoy soñando, ¿verdad?- dijo Aioria en voz baja, mientras acariciaba la mejilla de la chica. Marin sonrió y puso su mano sobre la de él.
-No, no estás soñando, león- dijo Marin con una sonrisa.
Al escucharla, el chico se incorporó también y la besó rápidamente. ¡Estaba muy contento de tenerla con él de nuevo! De pronto, Aioria hizo una mueca al recordar lo que había pasado antes, con Lyfia.
-Marin, escucha, yo nunca…-
-Shhhh, está bien, Aioria- sonrió Marin- yo me equivoqué. No debí haberme enojado contigo, debí suponer que no era tu culpa, y…-
Aioria estaba tan feliz de tenerla con él, que no la dejó terminar. La rodeó con sus brazos, abrazándola con cariño, y besando sus labios con cierto grado de desesperación. ¡La había extrañado tanto! A Marin no le molestó ni un moco el impulsivo gesto del león, sino que le puso los brazos alrededor del cuello mientras se besaban. Ambos parecían tener hambre de los besos del otro.
Al poner sus brazos sobre los hombros de Aioria, Marin notó que el chico se contrajo de dolor suavemente, y se separó de él.
-Aioria, tu hombro…-
-Estoy bien- gruñó el santo de Leo, y buscó nuevamente los labios de la chica, pero ella se lo impidió- estaré bien, en serio-
-Dame un minuto, ¿si?- dijo Marin, saliendo de la habitación y regresando con un frasquito de antiséptico y una venda.
-Marin, en serio esto no es necesario- dijo Aioria en voz baja.
-Compláceme- dijo Marin, sonriéndole.
Aioria gruñó, impaciente, pero se mantuvo quieto mientras que la chica le aplicaba el antiséptico y le vendaba el hombro con cuidado. Una vez que terminó, Marin besó su hombro sobre la venda, haciéndolo sonreír.
-Listo- dijo Marin, volviendo a poner sus brazos alrededor de su cuello, mientras que Aioria rodeaba con sus brazos la cintura de ella. La chica se inclinó y le besó la nariz de manera juguetona y rió en voz baja- te amo, Aioria-
El santo de Leo no le respondió, al menos no con palabras. Buscó nuevamente con desesperación los labios de Marin, y volvió a besarla.
Ninguno de los dos salió de Leo ese día.
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Templo de Geminis, Santuario de Athena
Saga estaba aliviado de haber regresado a Atenas después de su misión. Esa tarde había charlado con Cecilia, y ambos habían llegado a la conclusión de que esperaban que Frodi cayera en cuenta de lo mucho que le gustaba Julieta, al contrario de Lyfia.
Suspiró y salió de su habitación.
Kanon estaba disculpándose con Satu por haberle ocultado la verdad de lo que había pasado con Elsa durante el ataque al Santuario, y se sentía un poco culpable porque se había quedado dormida cuando la niña se escapó del Santuario. Saga sonrió levemente. Su gemelo y Satu eran una linda pareja. Familia.
Saga miró a Cecilia, quien estaba en el sofá, abrazando a Elsa e intentando animar a Kostas, quien estaba un poco molesto porque llevaba ya varios días sin entrenar con Aioria. El gemelo mayor entrecerró los ojos al ver a su esposa. Se veía diferente, incluso desde hacía unos días, cuando estaban en Chile y en la Antártida. Sí, la había visto abrazar a la hija de Julieta, y había estado un poco más vocal que de costumbre. Al principio, Saga pensó que era porque estaba en su país de origen, pero…
Se volvió a Canuto, y el perro se volvió a Saga y le ladró. Suspiró.
-¿Es lo que estoy pensando, Canuto?- dijo Saga, alzando las cejas.
El perro le respondió con un par de ladridos, moviendo la cola.
-¿Cecy?- dijo Saga, llamando su atención- ¿podemos… hablar un minuto?-
La chica levantó la mirada, extrañada, y asintió. Dejó a la pequeña jugando con Kostas, y siguió a Saga a su habitación.
-¿Qué sucedió?- dijo ella, alzando las cejas.
-¿Cómo te sientes?- le dijo Saga.
Cecilia parpadeó, y sonrió.
-Me siento bien- dijo la chica, y levantó la vista hacia él- yo… sé porqué lo preguntas. Me di cuenta también, pero… no quería decir nada hasta no estar segura. Y todavía no lo estoy, pero…-
Saga no la dejó terminar. Puso sus manos en la cintura de ella y la levantó levemente. La chica rió en voz baja y apoyó sus manos en el hombro de Saga.
-¿Estás contento?- preguntó ella.
-Por supuesto- dijo Saga, sonriendo y acercándola a sí mismo para besarla- ¿deseas que guardemos el secreto por un tiempo-
Cecilia asintió levemente, con sus mejillas un poco enrojecidas. Saga le quitó las gafas con cuidado, para ponerlas en la mesita de noche, y tras ponerle un mechón de cabello detrás de su oreja, volvió a besarla.
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Palacio de Valhala, Asgard
La noche siguiente
Lyfia tenía las piernas cruzadas, pero agitaba su pie en un gesto ansioso. Escuchó decir a Sigmund que Frodi había salido la noche anterior sin decir a donde se dirigía, y se había perdido la cena con los guerreros de Asgard. Ese día, durante todo el día, nadie lo había visto tampoco, y eso comenzaba a molestarla.
¿Acaso Frodi ya no la quería? No que le importara mucho, ella no estaba enamorada de él, pero en su subconsciente le gustaba la atención que el chico le prodigaba, y el hecho de que ya no existiera esa atención la tenía muy nerviosa.
Lyfia comenzó a caminar por sí misma hacia el comedor del palacio, jugando nerviosamente con sus dedos, sin saber que pensar. Cuando abrió la puerta, notó que el comedor no estaba solo. Hilda y Freya ya estaban ahí, charlando animadamente con Sigfriend y Hagen, respectivamente. Levantaron la vista al ver que Lyfia había entrado, sonrieron amablemente, y siguieron con sus asuntos.
La chica bufó. Realmente extrañaba la atención de Frodi. No estaba acostumbrada a ser ignorada, o a no tener a alguien caminando dos pasos detrás de ella. Fue a su sitio y se sentó, cruzándose de brazos molesta.
Pasó el tiempo, y el comedor se llenó de los guerreros de Asgard. Nuevamente, el sitio de Frodi estaba vacío. Lyfia entrecerró los ojos, y miró discretamente hacia Hilda y Sigfriend, quienes parecían saber algo que ella no, sonriendo cómplices. No solo ellos, Sigmund también tenía una sonrisa muy peculiar.
-¿Hilda?- dijo Lyfia, dudosa- ¿tú sabes donde está Frodi?-
-Se tomó un día de descanso, pero creo que regresará a tiempo pare cenar- dijo Hilda, volviéndose a mirar el reloj, y acentuó su sonrisa- no debe de tardar en llegar-
Tal y como dijo Hilda, la puerta del comedor se abrió, y apareció Frodi, aunque no venía solo. Tenía una chica con su brazo alrededor de su cuello, y él había puesto su mano en la cintura de la chica. La mujer con la que estaba era muy linda. Tenía la piel un poco morena, que era notable contra la piel pálida de Frodi, y cabellos castaños ondulados que tenían un lindo efecto. Los ojos color miel de la chica parecían de color amarillo con la luz del candelabro del comedor. La chica traía un vestido corto color azul zafiro, con una zapatilla color plateado en un pie y una férula negra en el otro.
Detrás de ambos chicos, y aferrada a la capa de Frodi, venía caminando una pequeña de cuatro años, con el cabello recogido en una trenza y un vestido celeste, mirando a su alrededor con una enorme sonrisa.
Lyfia estaba boquiabierta de ver a Frodi tan cariñoso y cercano con otra chica. Los otros guerreros, salvo los hermanos Sigmund y Sigfried, estaban igual de sorprendidos, aunque algo contentos y aliviados por su compañero.
-Buenas noches, señorita Lyfia, señoritas- dijo Frodi amablemente, volviéndose a Hilda y Freya, como si no hubiera notado la sorpresa de todos los presentes- permítame presentarles a mi novia, Julieta Castillo. Ah, y esta pequeña señorita es Rayen-
Mientras que Lyfia aún estaba boquiabierta y sorprendida, Hilda y Freya se levantaron para saludarla.
-Gusto en conocerte, Julieta- dijo Hilda amablemente, sin dejar de sonreír- bienvenida. Por favor, traigan otras dos sillas- añadió la chica, dirigiéndose a los sirvientes que estaban con ellos en el comedor, quienes obedecieron de inmediato. Ambas hermanas se quedaron encantadas con la niña.
-Gracias- sonrió ella, mientras que Frodi volvía a tomarla en sus brazos para ayudarla a sentarse en el asiento que habían puesto junto al suyo. Una vez que estuvo ahí, Frodi le besó su mano y se sentó junto a ella. Rayen se sentó junto a su mamá, y miraba con enormes ojos a todos los guerreros de Asgard, sobre todo a Mime, quien le sonreía amablemente.
Todos los chicos los miraron con alivio al ver a Frodi tan contento.
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Narvik, Noruega
Días más tarde
Una vez que las cosas se tranquilizaron, Minos y Aria organizaron un viaje a casa de la familia del espectro para celebrar el embarazo de la chica. Radamanthys y su familia también asistieron, al igual que Aiacos y Violate.
La madre de Minos era la mujer más abrazable que existía en el mundo. No solo abrazó a su hijo y a Aria tan pronto como llegaron, sino también a las otras dos parejas, muy a pesar de las protestas de Radamanthys. Lucy, por su parte, era mucho más abierta a los abrazos que su papá, y los recibió contenta de su "abuela honoraria".
-Pasen, chicos, hay bastante comida y cerveza para todos- sonrió la mujer.
Minos sonrió ampliamente y fue a abrazar a su mamá de nuevo. La había extrañado, y le gustaba que fuera tan buena, tan tierna y tan comprensiva con él y con Aria, a diferencia de su suegra y toda la familia italiana de la chica. Y hablando del diablo…
El timbre sonó, y Minos se apresuró a abrir la puerta, seguido de Aria, quien estaba curiosa de ver quien más había ido a visitarlos. Ambos palidecieron al abrir la puerta.
-¡Aria!- escuchó el grito de su propia madre, como si fueran uñas en una pizarra para tanto ella como para Minos. Instintivamente el chico le puso las manos sobre los hombros y la alejó de la mujer, cosa que la hizo rabiar- ¡quita las manos de encima de mi hija, maldito espectro!-
-Mamá, no le hables así a Minos- dijo Aria, aunque estaba un poco asustada. Le recordó el incidente con Giovanni Pastrana hacía varios meses- yo no…-
-¡Calla!- dijo la mujer, extendiendo la mano para tomar el brazo de Aria y tirar de ella- vine hasta aquí precisamente para terminar con esta tontería. ¡Nos vamos de regreso a casa! No vas a seguir…-
-¡Suéltame!- dijo Aria, haciendo un gesto para soltarse. Una vez que lo hizo, Minos se plantó entre ella y la mujer.
-No se atreva a volver a tocarla- gruñó Minos en un tono peligroso.
-Quítate de en medio, sucio espectro- dijo la mujer en un tono agresivo- Aria es mi hija, y me va a obedecer. No va a…-
¡PLAF!
Antes de que cualquiera de ellos tres entendiera que sucedió, la madre de Minos había bajado tras ellos y, sin ninguna vergüenza, le dio una buena bofetada a la madre de Aria. Los tres estaban helados, así que la mujer aprovechó el silencio.
-Supongo que usted es la señora Rossini- dijo fríamente la madre de Minos- he escuchado mucho sobre usted, y nada bueno. Y ahora veo que todo lo que escuché fue cierto-
-No me va a…-
-¡Silencio!- dijo la mujer, alzando la voz. La señora Rossini se calló, la otra mujer era al menos treinta centímetros más alta que ella- no me gusta que les hable así, tanto a mi hijo como a esta maravillosa chica, así que si persiste con su horrible actitud hacia ella, va a tener que responder ante mí…-
-¡No me importa lo que el bueno para nada de su hijo o esa sucia…!-
¡PLAF!
Minos y Aria miraron sorprendidos el intercambio.
-Te dije que no me gusta que les hables así- repitió fríamente la madre de Minos, cambiando su tono de voz y hablándole de tú en vez de usted- ya perdí un nieto por culpa de tu idiotez, y no vas a provocar ninguna otra tristeza en ellos dos. ¡Largo de aquí!-
La madre de Minos empujó a la señora Rossini hacia afuera de su casa y le cerró la puerta en la cara. Se volvió hacia los chicos, quienes estaban aún sorprendidos. La mujer abrazó a su nuera, quien aún estaba muy asustada por lo que había pasado.
-No sufras, Ari- le dijo con cariño maternal.
Ella parpadeó, pero sonrió.
-No sufro, señora- dijo Aria, tomando la mano de Minos- toda mi familia está aquí-
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FIN
¡Hola a todos! Como ven, a Lyfia ya se le acabó el veinte, Frodi ya no le hace caso, y eso es algo bueno. No se preocupen, Odín no la dejará como su representante por mucho más tiempo. Aioria y Marin están juntitos de nuevo, y Minos y Aria están felices otra vez. Espero que el final les haya gustado. Muchas gracias a todos por haber leído esta historia, y por sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
