Ayano llevaba ya cuatro días viajando, esos días empezaban a cansarle ya que su destino aun no daba señales de existencia. Mentalmente se preguntó si la hechicera le había engañado para librarse de ella, pero aunque fuese así no justificaba las buenas acciones que había hecho.

─ ¿Dónde será?

Ya el sol casi estaba por ocultarse entre los árboles, dejando un par de horas de su luz para luego darle paso luego a la oscuridad. Ayano vio un rio a un costado y fue hacia él con la idea de refrescarse y montar ahí su campamento.

─ Esto me ha de servir por ahora

Se arrodillo en la orilla y se agacho para recoger un poco de agua con las manos de donde luego bebió un trago del líquido.

─ ¿Qué es? ─ de pronto creyó oír un grito a lo lejos

Se puso de pie un momento y trató de agudizar sus sentidos, ahí estaba aquellos que no le mintieron a lo lejos se oía un escándalo. Supo de donde provenía pero debía ser lejos pues casi le costaba escucha con claridad. Corrió rio arriba por la orilla del rio, mientras avanzaba se hacía visible cada vez más una luz anaranjada que Ayano asocio con el fuego pues el sol poniente estaba a sus espaldas.

─ ¡ayuda por favor!

Al llegar a un claro vio a un hombre que corría hacia los matorrales huyendo de las llamas pero otro a caballo lo alcanzo y levantando su espada en el acto lo degolló. Ayano vio esa barbarie y sin duda alguna con un cuchillo que lanzo aquel asesino del caballo tumbó.

─ ¿Quién eres? ─ preguntó al acercarse pero en el pecho de aquel hombre la marca del reino Funami se hacía presente ─ soldados de Funami

─ Tu… ─ dijo dolido del hombro donde Ayano lo había herido ─ traidora

Ayano reaccionó cuando otro a caballo trato de lastimarla, con agilidad esquivó el ataque pero el hombre dio la vuelta dispuesta a acabar con ella. Enterrando en la tierra su espada espero hasta que el caballo se acercara, lo agarró del cuello pateando el suelo para levantar su peso y así segundos luego tumbó de una patada al jinete.

─ ¡maldición! ─ gritó él tumbado en la tierra

Agarró su arma pero antes de que pudiera hacer algo Ayano salto sobre él enterrándole su propia espada en el pecho. El otro vio la agilidad y la rapidez con la que esa mujer acabó con su compañero, el miedo pronto le invadió al verla avanzar hacia el con la espada de su compañero en mano y llena de su sangre.

─ ustedes son de Funami ─ dijo ella ─ ¿Qué hacen aquí?

─ solo… solo seguimos ordenes ─ dijo tratando de retroceder

─ entonces ya no vales

─ ¡no espera! ─ grito él rogando por su vida pero nada de lo que dijera pudo parar a la mujer que en un solo movimiento lo atravesó con la espada de su compañero.

Ayano caminó hacia donde había dejado su espada, la tomó y se apuró a subir una colina donde se veía las llamas. Al llegar ahí todo era un desastre, las casas de aquella aldea ardían mientras la gente corría por sus vidas lejos de los hombres que les perseguían. Cadáveres esparcidos por donde sea que mirara y el fuego ardiendo, llantos lamentos suplicas… eso era todo lo que Ayano mas odiaba.

Los soldados la vieron ahí parada moviéndose entre los cuerpos sin vida de hombres mujeres y niños. Uno de ellos le reconoció por su sombra y lo escalofriante de su mirada, trago saliva y un paso atrás dio, mientras los otros le oyeron gritar

─ es… es… ¡es la amazona!

Ayano siguió a paso lento esperando llegar a infringir el suficiente miedo, pero el miedo no importaría ya cuando todos esos hayan muerto.

─ es solo una chica, tenemos órdenes de no dejar a nadie con vida ─ dijo uno y se lanzó a atacarla pero nada sirvió mas solo para reafirmar el miedo de los demás.

Una cabeza rodó hasta los pies de los soldados, temblando vieron en los ojos de su compañero muerto el quemar de su alma. Alguien grito de dolor al sentir un objeto afilado enterrarse en su estómago, éste cayó segundos después de recibir el golpe.

─ Ustedes miserables

Apartó el humo con un corte de su espada que fácil dejó una marca en el cuello de aquel soldado, uno tras uno cayendo ante sus pies rogando clemencia hasta que el hades reclame sus almas.

─ 10 han caído ─ dijo Ayano sin emoción en sus palabras

Ya no vio a nadie más hacerle frente, pero vio a uno correr lejos de ella claramente temiendo por su vida. Ayano por su parte agarro un cuchillo que guardaba en su cintura, lo lanzó dibujando una línea entre humo el cuchillo luego se enterraba en la cabeza del que corría por su vida más su vida fue tomada en un instante.

Ayano vio su panorama, no debió hacer eso porque su ira aumentó. Apretó los puños conteniendo su enojo pero no logró contener un grito que después libero. Ella cayó sobre sus rodillas dejando salir unas lágrimas que le lastimaban. Pero del otro lado del bullicio y el lamente pudo escuchar el choque metálico de las espadas, rápidamente se puso de pie y corrió hacia ahí.

Del otro lado una chica se batía en duelo con dos soldados, claramente estaba bastante en desventaja y más viendo que con su mano libre se tomaba las costillas que estaban bastante ensangrentadas. La chica peleaba con todas sus fuerzas eso se notaba pero su cuerpo ya le fallaba, cayó al suelo rendida agonizando.

La chica rodo sobre si con un fuerte dolor, vio a los soldados levantar sus espadas sobre ella no lo quedaba más que cerrar los ojos y dejar escapar sus lágrimas. Había hecho lo posible por salvar a los suyos pero no pudo, igual que aquella vez recordó el dolor que el miedo provoco al no ser lo suficientemente fuerte para pelear pos su sensei.

─ perdónenme Chitose… Chizuru, las quiero mucho ─ dijo ella

Pero el golpe final no llegó, lentamente abrió los ojos para encontrarse con una silueta parada junto a ella. Esa ahí viéndole desde arriba se le hizo familiar, entonces creyó que su momento había llegado y que ella estaba ahí para ayudarle a cruzar al otro lado

─ Sugiura-sensei ─ dijo con esfuerzo ─ perdónenme

─ guarda tus fuerzas ─ dijo ella y se inclinó sobre la chica

Ella la vio mejor y su vista empañada se volvió recordando a aquella niña que lloraba sobre el cuerpo de su madre ─ ¿Ayano-chan?

─ ¿me conoces?

─ fue… fue una trampa… no pude hacer nada para salvarla argh… ─ ella estaba forzándose demasiado que pronto acabaría, pero sabía que no lo lograría y usaría su último aliento para pedir perdón ─ Sugiura-sensei… ella… ella me salvó… de morir

─ Mamá

─ ella… fue… aaa… el reino… sabia sobre sus sentimientos… la mató… ella no es… ¡ella no es lo que parece!

─ ¿de quién estás hablando?

─ lolo… lo sabía… mandó a asesinarme… para… agr… para que no hablara ─ la chica levantó su mano temblorosa y ensangrentada, Ayano la tomó entre las suyas ─ era… fue… fue por amor… ella…

─ ¡¿Quién?! ─ insistió la amazona

─ Por… favor… no dejes… que lastimen a mis… mis niñas… por favor te lo ruego… ¡protégelas de ella!

─ ¿Quién? ─ Ayano quería saber de una vez por todas ─ ¡¿Quién fue la que asesinó a mi madre?! ¡Dímelo!

─ su… su nombre… e es…

Pero la chica no pudo terminar de hablar pues su vida acabó en ese instante, Ayano lo supo cómo ella aflojaba su agarre y su mano caía a sus costados sin ninguna reacción. Luego de verle unos momentos no había duda alguna y aquella chica la que estaba tendida en el suelo, era aquella, la hija de Ikeda.

Pocas personas se acercaron a ver, unas no soportaron y cayeron destrozadas, y de entre ellas una niña corrió llorando hacia el cuerpo. Con lágrimas en sus ojos comenzó a mover el cuerpo rogándole a su madre a que se levantara, pero nada le funcionaba a la pequeña niña.

─ deben irse ─ dijo Ayano a las personas que estaban ahí ─ huyan, aquí morirán

La que lloraba sobre su madre levantó su mirada triste hasta esa mujer de cabello largo y mirada penetrante, ella de pronto le dio la espalda y se marchó por entre las sombras de la noche.

.

.

.

─ huimos como ella había dicho, con la guerra entre los reinos no nos quedó otra más que refugiarnos en terra mortum

Chizuru terminó de narrar la historia a aquellos que la escuchaban, entre ellos estaba su hermana gemela y la princesa Akari.

Con dolor ante el recuerdo miró a su hermana y entre sus brazos la sostuvo, un instante bastaba para que su laso les fortalezca. Akari limpio sus mejillas con la ayuda de un pañuelo que Hanako le pasó, no soportaba la idea de que Chitose y Chizuru perdieran a un ser amado de esa forma tan cruel.

Las hermanas se separaron de su abrazo y una sonrisa se dedicaron, ellas se tendrían la una a la otra sin importar nada. Chitose juró proteger a su hermana, Chizuru juró hacer lo mismo. Ya no importaba el dolor, reconocen el sacrificio que hiso su madre y su abuela y por eso les dieron las gracias.

─ Pero hay algo que no entiendo ─ dijo Hanako ─ enserio el caballero negro peleo con una dragona

Chitose y Chizuru se rieron, sin duda esa parte de la historia estaba bastante dudosa ─ eso dice la leyenda ─ dijo Chizuru

─ ¿ninguna de las dos le ha preguntado si eso era verdad? ─ insistió Hanako pues no se tragaba la historia de la dragona para nada

─ Yo lo hice una vez ─ dijo Chizuru ─ ella dijo que dejara de creer tonterías

─ ¡ajá! Sabía que eso no podía ser cierto ─ dijo la castaña

Todas rieron pasando el trago amargo de la historia, Hanako se sintió muy bien al desviar la atención de la princesa hacia algo que no sea culparse así misma por las desgracias de las hermanas.

De pronto un par de chicas entraron en la habitación donde se encontraban ─ mi señora ─ dijeron inclinándose con respeto ─ ya está listo lo que ordenó

─ Gracias ─ las chicas saludaron y salieron de la habitación ─ Nee-san, está todo listo, podrán partir al reino de Himawari enseguida

─ ¿tú no vendrás? ─ pregunto Chitose a su hermana con un deje de tristeza

─ debo quedarme aquí, hasta que podamos volver a nuestra tierra

─ princesa ─ dijo Hanako a la pelirroja ─ debemos dejarles solas

La princesa y Hanako salieron de la habitación para darles tiempo a las hermanas en privado. Chizuru vio esta oportunidad para narrar un hecho que solo Chitose debía conocer

─ Nee-san

─ ¿Por qué mentiste? ─ se adelantó Chitose ─ sobre la muerte de mamá

─ debía hacerlo, la princesa Akari no debe saber la verdad, debía hacerle creer que fueron simples sicarios ─ dijo Chitose

─ Pero me mentiste a mi también ─ dijo Chitose ─ me dijiste que estaban buscando a los asesinos de Sugiura-san, pero no era así, buscaban a mamá

─ Lo sé, pero no podía confiar hasta estar segura de que no le dirás la verdad a la princesa

─ ¿de qué verdad hablas?

─ Mamá si le dio un nombre a Ayano ─ dijo Chizuru ─ Ayano sabe muy bien quien fue la que mato a su madre y también sabe quién fue la que asesinó a la nuestra

─ Pero dijiste que mamá murió antes de revelarlo

─ ya te dije, no podemos dejar que la princesa lo sepa, incluso Ayano me tiene prohibido pronunciar ese nombre

─ ¿Quién fue?

─ Toshinō-san