Puedes ver si a tus ojos no les llega luz, puedes creer que la oscuridad será tal cual tu eterna acompañante. Suspira apagándose, ahogándose en el llanto… sufriendo.

— Puedes elegir ahora si quieres — le dijo ella hablando desde lejos

— ¿Qué puedo yo hacer? — preguntó gimoteando por el dolor

Kyōko guardó silencio despegando hacia su esquina estrecha dispuesta a descansar, mientras susurra un lamento sincero y apega a lado bueno solo por un breve momento. Ya no ríe como antes, hasta, dejó de sonreír.

— cúlpame a mí por tu desdicha… eso no funcionará

Todo queda en silencio, solo afuera pareciera que los animales nocturnos gozan de una gran fiesta, y cantan y bailan atrayendo con su hipnótico desprevenido esos pobres quienes no esperan encontrarse aquella noche… con la muerte.

Chitose, que aun caída en el suelo intenta deshacerse de todo. Aquel sentimiento lleno de espinas que desgarra su alma incitándola al descanso eterno. Su princesa… Akari… vive aún esa chica dentro de su corazón aferrándose a él impidiéndole trabajar con normalidad.

Ella los sabe ¿verdad?

Ella sabe que la ama

— no… ¡no quiero!

— No somos tan diferentes — dijo la rubia sin emoción en la palabra — fuimos traicionadas por el amor… ya solo nos queda el dolor como nuestro acompañante en este mundo… pero… piensa un momento en todo lo que te ha ocurrido, ¿crees que te lo mereces?

Chitose apoyó la cabeza en el suelo y rodo sobre su espalda quedando con la mirada hacia el techo oscuro que no era alcanzado por la vela encendida. Pensó en la respuesta a la pregunta de la rubia, si bien estaba fácil decir un "no" Chitose se planteó mejor su destino ahogando sus palabras sin sentido abrazando por un instante el camino que recorrió

— ¿me mataras?

— no respondas con otra pregunta

— de que sirve mi respuesta si mi vida se extingue

— no soy tan mala como mi madre — le dijo — piensa que te mataré pero solo era una broma. ¿De qué me sirve que mueras? Tú no eres mi enemiga

— ¡Akari tampoco lo es y aun así planeabas asesinarla! — gritó llena de rabia contra la reina Kyōko

— Puede ser… — Kyōko bajo el tono de su voz continuando una lucha interna — tal vez… te mantengo con vida porque… porque en el fondo… deseo que ella sea feliz… porque… aunque no lo parezca… la quiero como si fuera mi hija — Kyōko sonrió divertida convirtiéndose en una gran carcajada demente — ¡o tal vez solo quiero que la veas muerta! Jajaja

— ¡estas demente! Si tan solo huh… — Chitose forcejeo tratando de liberarse nuevamente

— Piénsalo un segundo antes de descargar tu rabia conmigo — dijo Kyōko — estabas débil ¿verdad? Solo te encontré débil tirada en algún lugar del bosque — dijo la rubia — dime ¿no te sientes con más energía que cuando caíste desmayada?

Ella tenía razón y hasta ese momento Chitose pudo darse cuenta, de que sus fuerzas estaban ahí. Acaso no fue ella quien alimentó cuando deliraba, era posible que los verdaderos motivos por los cuales le salvo los lleve consigo, de lo contrario ¿Por qué se molestaría en ayudarla cuando fácilmente la pudo dejar y seguir su camino?

— ¡bien! — Exclamó — quiero que veas el final de todos por tus propios ojos

— ¿de qué hablas?

— Es una lástima — dijo esquivando la pregunta — Akari-chan no tiene nada que ver pero aun así será la primera en caer, claro… eso será tu decisión

Que quería decir

No estaba segura pero de ser cierto todo lo que la rubia había dicho, Akari estaba en peligro y Chitose tenía que salvarla.

— Es hora de dormir — dijo abriendo la boca grande para bostezar — hasta mañana

Luego de que en su mente contara el tiempo suficiente como para saber que la rubia estaba ya dormida, Chitose buscó una forma de liberarse, mirando cerca su oportunidad estaba a solo unos metros de ella. Un cuchillo que supo al verlo fue dejado por la despistada rubia, se arrastró en silencio hasta alcanzarlo y tomándolo apresuro a cortar sus ataduras. Primero las manos con algo de lucha quedaron libres, luego los pies más rápido ya se movían separados.

Se levantó con cuidado de no ser demasiado ruidosa para llamar la atención de la rubia, aunque en esa habitación era difícil saber por lo oscuro si Kyōko estaba o no ahí dentro con ella. Con la mirada trató de ubicar la salida para dar paso a una rápida huida, aunque se preguntó si debía primero encargarse de la rubia para que luego no se entrometiese.

— Cierra la puerta cuando salgas, no quiero que se meta el frio — parece ser que Kyōko supo todos los movimientos que Chitose hizo

— Lo sabias — Chitose se puso en guardia con el cuchillo frente a ella

— Te lo dije — habló desde las sombras — no soy tan mala como mi madre

— ¿entonces por qué me ataste? — preguntó sin encontrar lógica en la forma de actuar de Kyōko

— solo fue por seguridad, sabía que dándote la oportunidad de escapar tú la aprovecharías

— pero me contaste secretos… tus secretos ¿con que fin?

— bueno… quiero que me hagas un favor

— ¿Qué clase de favor?

— quiero que mates a Sugiura Ayano

— no puedo hacer eso… ella

— ella mató a tu abuela ¿crees que no se merece un castigo?

— tal vez… pero eso es algo que ella deberá explicarme y si lo que dices es cierto ella… ella lo pagará.

— trataré de imaginarlo

Chitose no perdió más tiempo y salió a prisa de la cabaña en la que se encontraba, al estar afuera vio hacia atrás en medio de la oscuridad de la noche sorprendiéndose del sitio donde se encontraba. Esa casa podía ser una guarida perfecta para Ayano, pero muchas personas sabían ya su ubicación, pero aunque parezca malo todo fue bueno para Chitose.

Sabiendo bien que la casa de Ayano guarda un pequeño corral donde los caballos de la amazona descansan, Chitose fue rápida en elegir un ejemplar y montarlo a pelo limpio. Chitose cabalgó devuelta hacia el reino de Himawari, con la esperanza de que al amanecer este allá abrazando a su princesa.

Cuando el sol ya estaba más allá del medio día, Chitose seguía por los senderos por las montañas cada vez más cerca del castillo de Himawari, donde estaría su princesa. Sin embargo allá donde los acantilados desafían a los intrépidos, inexplorables riscos de la miseria andante de caminantes sin futuro, allá un grupo de gente se aglomera en una curva peligrosa.

Chitose detiene su caballo y rápido se precipita hacia ese gentío, abriéndose paso entre lamentos y caras largas llega hasta el centro donde yace sobre las piernas de una mujer, una hermosa princesa de cabello rosa.

Chitose no la reconoce, pero reconoce con solo ver a su alrededor y aquellos caballos que guindan sin vida enredados entre las ramas de algunos árboles en el costado de la montaña, lo que esa chica de cabello rosa acaba de pasar.

— ¿Qué ha sucedido?

Todos se quedan callados, pero aun sus gimoteos se escuchan por entre ellos. La chica que sangra voltea con lentitud su mirada enrojecida hacia Chitose permitiéndole ver una lagrima me que mezcla con su sangre que brota de su cabeza.

— Tu eres… — Chitose sintió un fuerte dolor en su pecho el cual tomo con su mano — ¡¿Dónde está?! — Gritó — ¡¿Dónde está Akari?! ¡¿Dónde está Akari?! ¡¿Dónde está mi princesa?!

Las personas agacharon la cabeza, como si decirle a ella la verdad las condenaría. Pero la chica peli rosa levanto su mano temblorosa, con lenta quietud de sus dedos sangra y apunta torpemente hacia el filo del abismo, indicando que como su sangre cae de sus manos, tal cual algo cayó por el barranco.

Chitose camina hacia ahí… ve hacia abajo el camino destrozado que algo ha provocado. Callada su corazón se detiene y pica el alma que se quiebra como su cuerpo se desploma sin fuerza. No lo soporta, era cruel

— A… Akari — dice con gemidos ahogados — Akari… ¡AKARIIII…!