Términos dentro del capítulo:
*Sala de Cognición: prácticamente es la biblioteca.
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Eres tú
Adaptarse a su rutina fue más natural de lo que pensó en un principio. Su habitación de por sí siempre ha estado apartada del dojo principal; antes de su reclusión el único ruido que bullía desde ahí era el de su guqin o las peleas ocasiones de Momo y Nana, ahora se añadió las visitas de Itachi o su maestro y la repentina aparición de Konohamaru, que le traía el desayuno enderezándose con tanto nerviosismo y emoción contenida.
Sinceramente agradecía que el encargado de esa tarea fuera Konohamaru, le agradaba el chico lo suficiente para motivarlo a entablar una conversación sin sacar a colación el tema de la falta de su don. A contrario de cuando pasaba por los pasillos del dojo principal los demás discípulos susurraban a sus espaldas, con el tiempo aprendió a restarle importancia a sus comentarios, pero no exentaba que le agradaba fingir no escucharlos. Así que las casuales pláticas con Konohamaru referente al entrenamiento del menor le parecían un soplo de aire fresco.
Después salía al jardín trasero junto a su espada y entrenaba sus movimientos. Durante su reclusión adoptó esta costumbre durante las mañanas. Terminando regresaba a su habitación y buscaba libros a leer esperando brevemente la hora del almuerzo.
Al principio se dirigió a compartir alimentos con el clan. Las comidas se servían en el Salón de Banquetes, toda la familia principal y maestros junto a algunos discípulos mayores se sentaba alrededor de las mesas y hablaban de temas políticos y relacionados con las bendiciones del cielo. En lo personal, Sasuke estaba cansado de escuchar el último tema, así fue la primera y única vez que asistió a pesar de la insistencia de Itachi, posteriormente decidió pasar por su propio plato con comida a la cocina y recluirse en su Pabellón.
Cabe destacar que la primera vez que puso un pie ahí, todo el comedor se inundó en un pesado silencio, incluso alcanzó a escuchar que un discípulo menor se atragantó. Simplemente los saludó con un asentimiento, recogió un cuenco con la porción de manos del cocinero y se alejó sin siquiera mirar atrás. No volvió nunca más porque al día siguiente Konohamaru apareció durante la mañana con una bandeja repleta de comida.
En las tardes que paseaba por la *Sala de Cognición y decidía quedarse ahí leyendo algunos libros conforme a la energía espiritual o relatos de los animales espirituales; otras ocasiones se cansaba del profundo silencio, recogía libros de partituras de música y regresaba a su pabellón en busca de su guqin e interpretar las melodías. Debido a que energía espiritual todavía era inestable no le permitían salir de cacería.
Si bien intentaba acaparar su mente lo suficiente para no pensar en su situación actual, no podía ocultarse. Cada siete días iba al Pabellón Médico a sentar frente a Tsunade para que le aplicara el tratamiento que retrasaría el estallido de sus canales espirituales. Dos o tres veces lo creyó necesario, pero a la cuarta y quinta vez se preguntó si toda su vida estaría sometido a la misma rutina monótona y de dolor sordo.
—Soporta un poco más, pronto el maestro Kakashi encontrará al sanador Toru —le decía su hermano en sus sesiones de curación, cuando veía la sombra de cansancio pasar por sus ojos recitaba casi las mismas palabras, y Sasuke se apresuraba a ocultarla rápidamente.
No respondía ¿Qué más podía decir? Las palabras ya están tan gastadas. Intentado no preocupar más a su hermano, le pidió que no "procrastinara" en el Pabellón Médico. Itachi replicó por un tiempo y desistió justo después que Tsunade le dijera que el bienestar del paciente era más importante que sus deseos, dejó de asistir. Sasuke agradeció internamente que su hermano ya no estuviera viéndolo mientras lo tratan, no quería ver su expresión de culpa.
El remordimiento en ocasiones es un sentimiento que consumía lentamente el alma.
Un remolino silencioso y a la vez ruidoso fue en aumento con el pasar de los días. Durante dos meses su mente fue un lienzo blanco al que le arrojaron un tarro de pintura negra y pasaron un pincel en diferentes direcciones, creando líneas y figuras sin sentido ni forma. Se sintió tan pesado y a la vez familiar la sensación, durante su reclusión no surgía el tiempo para darle cavidad a esos pensamientos.
Y de pronto, algo logró apaciguarlo un poco.
Ocurrió dos meses después de finalizar su reclusión. La próxima entrada al verano y las flores ya estaban en su apogeo. Mientras caminaba por el prado de regreso a su Pabellón, se detuvo al ver un pétalo rosado volar frente a él, casi de inmediato y por inercia estiró el brazo y no lo dejó escapar. Los destellos de recuerdos recorrieron su mente y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba examinando el pétalo.
Rosa. ¿A quién más le recordaría si no a Haruno Sakura? Una memoria que lo acompañó en sus noches solitarias y que le gustaba recordar con cierto apego. Sea como sea, era un momento que le gustaba recordar, ya sea por la experiencia de salir sólo y conocer personas nuevas o el hecho de que nunca había conocido a una chica tan singular. Pero lo cierto es que cada vez que pensaba en ella no ponía la palabra "semidemonio" antes dé.
—¿Estará viviendo una próspera vida? —No evitó preguntar al aire, observando con detenimiento el pétalo antes de dejarlo libre y que el viento se lo llevara entre las copas de los árboles coloridos y el cielo celeste que marcaba el inicio de una nueva estación.
El ponerle parches en sus canales espirituales conlleva un dolor fino y lejano, incomodo, al fin y al cabo. El proceso consistía en abrir un poco de la vieja herida justo dónde se tensan los canales espirituales amenazando en romperse, y le metían directamente una aguja con la infusión especial. En total abrían cuatro pequeños agujeros en cada brazo que posteriormente se cerraban. Un proceso que se repetía constantemente.
—Listo, eso será suficiente para una semana —aseveró la mujer estando sentada en una silla frente a su paciente, terminando de vendarle el antebrazo derecho—. Procura no llegar al límite de tu energía o tendré que hacer el mismo procedimiento cada día.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Sasuke y contrajo casi de inmediato el brazo a su pecho.
—Tendré cuidado —aceptó.
Tsunade le sonrió dulcemente, y Sasuke pensó que, si no la conociera realmente, esa sonrisa angelical lo engañaría. Ella podía parecer una mujer tan dulce por fuera, pero sólo hazla enojar y terminarás con un hueso roto además del que ya tenías.
—Eso espero, en este viaje debes estar más alerta de tu energía espiritual —dijo levantándose con todos sus instrumentos, poniéndolas en la mesa que a su costado—. Cuando regreses quiero un reporte de todos los cambios, estarás limitado por una cierta cantidad y tu cuerpo podría reaccionar de diferente forma. Sólo no te sobre esfuerces. ¿Quedo claro?
Y otra sonrisa que dejaba claramente una frase: "No acepto un no como respuesta".
Sasuke elevó un poco la comisura de su labio.
—Como el agua.
Resultaba evidente la preocupación de la curandera Tsunade, pero Sasuke creía que exageraba, la misión en la que partiría tenía el mínimo de riesgo.
Dicha misión, o más bien, un encargo sencillo en viajar a las faltas del Monte de las Ánimas a recolectar la planta medicinal que lo ayudaría a evitar un desborde de energía. La planta , sus propiedades curativas retenían provisionalmente que las canales de energía espiritual se rompieran por completo. Y sabiendo que dichas plantas ayudarían a que estuviera estable, Sasuke aprovechó la oportunidad y pidió ir personalmente a recolectarla.
Principalmente lo hizo por dos razones cuales descubrió con el pasar de los días.
Los discípulos quienes son los encargados de recolectar dicha planta parecían un poco disgustados por el encargo. Su presencia resultó no ser grata en estos momentos entre el clan, algo de lo que ya está acostumbrado desde niño; lo que conllevó a la segunda razón: si la planta le ayudará a establecerse él mismo debía ir por su cura.
Ah, y la existencia de una tercera razón: no quería seguir encerrado. Pero aquello nadie tenía que saberlo.
Así que se paró frente a su padre y dijo: "yo iré por el senjusou" sin dar vuelta a objeciones. Al ser una misión simple Fugaku accedió sólo después de consultarlo con Tsunade, claro, iría a acompañado por su hermano y Konohamaru. No le molestaba, con tal de salir de las montañas le parecía bien. Jamás pensó que llegaría el día en que desearía con tanto esmero dar un pie fue de la montaña, su hogar.
Terminó de colocarse las cintas tensoras alrededor de sus brazos sobre las vendas y se colocó su kimono negro, los abanicos del clan impregnados en las mangas de este.
—Estando tú aquí hay mayormente silencio —dijo vagamente Tsunade mientras limpiaba las agujas que utilizó—. Los otros discípulos jóvenes parecen que se desangran apenas y les hago una pequeña inspección. Se quejan sin parar.
—Aunque me sacaras lo intestinos no habría gritado. —Sasuke contestó sin pensar, algo distraído en sus pensamientos—. Cuando te pones en ti mismo constantemente el Hechizo Silenciador los labios se acostumbran.
Terminando de decirlo, a los pocos segundos se percató de sus propias palabras, quedándose estático en su lugar.
El Hechizo Silenciador consistía, en prácticamente su nombre. A quién le era aplicado sentía como si alguien apretara los labios inferior y superior con ambos dedos impidiendo que emitiera palabra alguna, y entre más intentaras hablar, más doloroso se volvía. El efecto se desvanecía dependiendo de poder espiritual del usuario aplicador.
Sasuke alzó la vista de sopetón y se topó con la mirada mortal de Tsunade. En ese instante supo que soltó indebidamente el comentario y se aclaró la garganta dispuesto a dejarlo pasar.
—Gracias por curarme, maestra Tsunade, me retiro.
Él no corrió por su vida, él caminó rápido, por supuesto.
—¡Sasuke, regresa aquí ahora mismo!
Ella gritó, pero el joven ya había desaparecido magistralmente. Reprimió un lamento y cerró la puerta. Para que Sasuke se haya acostumbrado a la sensación del Hechizo Silenciador en él mismo, debió utilizarlo como último recurso ¿y en qué otro momento lo utilizaría si no fue en la reclusión para reprimir sus propios gritos agónicos?
El mismo enojo creció en ella a medida que lo pensaba a profundidad mientras recordaba las cicatrices que tenía en el torso y brazos.
Konohamaru no había interactuado tan estrechamente con Sasuke antes de su reclusión.
Se catalogaba a sí mismo en un rango de "conocido cercano" porque desde niño ha sido muy curioso, y cuando Nana paseaba por los corredores principales se quedó embelesado por la yegua tan imponente, le fascinaban los caballos, y, sobre todo, tocarlos. Lo intentó con Nana, pero fue una pésima elección de día, Nana al parecer estaba de mal humor y sin darse cuenta soltó una patada. Casi le destroza la cabeza si no fuera porque alguien lo tiró de atrás apartándolo del fatídico golpe.
No resultó ser otro más que el amo del caballo, un joven de dieciséis años en ese entonces. Le había preguntado si se encontraba bien y por reacción al miedo, se soltó a llorar. A consecuencia, Sasuke terminó ofreciendo disculpas a su madre y a él incontablemente. Su madre estaba furiosa, pero tras recibir unas sinceras disculpas dejó ir a Sasuke.
A partir de ahí, con el pasar de los años lo veía en ocasiones en los pasillos. Tomando sus clases por las mañanas o caminando por el prado sin nada en particular. Varias veces se toparon y Sasuke comenzó a preguntarle por sus clases, notas y cosas favoritas. A todo niño le encanta a la atención, y más si era de un discípulo mayor, así que Konohamaru parloteaba todo lo que podía y, sintiéndose más eufórico, Sasuke lo escuchaba atentamente.
Después se recluyó tres años y perdió el contacto por completo, se esforzó en sus entrenamientos así cuando él terminara el suyo pudiera demostrarle cuán duro trabajó. Entrenó y entrenó, pero no fue capaz de alcanzar los tres primeros puestos de la clase quedándose en el sexto. Bien, seis es mejor que siete, se alentaba cada vez.
Y cuando por fin Sasuke terminó su reclusión, impulsado por su propia admiración, decidió hacer lo posible por acercarse a él, por ello se sugirió a la Madre Nodriza llevarle él personalmente el desayuno. Dónde todos venían un suplicio él lo tomó como una oportunidad.
De que lo conocía Konohamaru tenía la certeza de que Sasuke sí tenía sentimientos, contrario a lo que todos decían. Pues mayormente se mostraba como alguien sereno que no perdía la compostura y en ocasiones hasta parecía alguien sombrío —en sus no tan mejores días, quiere suponer—, las personas le sonreían y él no devolvía el gesto sincero más que alguna mueca cordial o un asentimiento de cabeza. Pero en realidad Sasuke no le sonreía a cualquiera ni deja que lo vieran vulnerable, y pocas personas han sido dignas de presenciar sus desplantes de serenidad.
Como él, por ejemplo, descaradamente observó a Sasuke soltar una media sonrisa tras una ocurrencia que dijo Itachi. Sasuke sonrió ¡SONRIÓ! Que los Cielos se abran ya mismo, jamás lo vi sonreír. Sus ojos brillaron esperanzados, si Sasuke sonrió frente a él ¿significaba que lo consideraba parte de su círculo cercano?
Internamente lloro agradecido y miró al cielo con eterna gratitud. Gracias Dios, gracias.
Moegi seguramente se burlaría de él si lo viese, pero no le importaba. En verdad le parecía impresionante, ¿Y cómo no? ¡Admiraba a Sasuke! Al no poseer ningún don en especial no dejó que su herencia fuera la base de su entrenamiento, se preparó como todo discípulo del clan y sobresalía en todos ámbitos como uno de los mejores discípulos mayores del clan. Entonces ¿Cómo no admirarlo? Especialmente la forma en que manejaba su espada, un estilo brutal, cuando él blandía la espada parecía una persona completamente diferente, y que decir de sus consejos, mayormente de lo que hablaban durante las mañanas era sobre su corrección de postura que Konohamaru le pedía.
Al principio le pareció inapropiado preguntarle al segundo joven maestro creyendo que no lo tomaría en serio, pero hasta ahora Sasuke no lo había tratado inferiormente y en ocasiones practicaban con las espadas de madera. Ahí comprobó su teoría que parecía sereno por fuera, pero su fuerza decía otra cosa.
—Konohamaru, por aquí.
—¡Sí! —Se enderezó ante el llamado del joven maestro.
Tan sumergido en sus pensamientos que notó apenas que llegaron a la aldea Taishi que se ubicaba cerca del Monte de las Ánimas. Alzando solamente la vista apenas podía ver la silueta del Monte de las Ánimas a una distancia considerable, de cerca debía verse extraordinario, ahora en medio de la noche no se apreciaba debidamente.
Regresó a vista al frente. Sasuke había bajado de Nana y jalaba, al igual que él, las riendas para guiarlos tranquilamente entre los aldeanos en medio apogeo nocturno de la aldea. Itachi los guiaba por la calle principal, varios comerciantes yacían guardando sus pertenencias y las posadas encendían sus luces. Se detuvieron frente a una en particular, girándose a ambos le entregó las riendas del caballo al peli café.
—Preguntaré si tienen habitaciones disponibles. —Itachi desapareció en el interior de dicha posada.
Sinceramente Konohamaru no le prestó demasiada atención ya que se fijó en la posición de la luna y se alarmó un poco, se acercó apresuradamente a Sasuke captando su atención.
—Joven maestro, pronto será media noche —apremió preocupado.
Sasuke también miró el cielo y comprendió de inmediato la alarma en el joven.
La planta senjusou tenía propiedades curativas en sí, pero a media noche la planta cambiaba de color purpura a roja y sus propiedades aumentaban. Si quería sacarle provecho a su viaje era vital arrancar las flores en dicho momento.
—Los caballos... —Sasuke miró a su alrededor en busca de un establo—. Investigaré donde podemos dejarlos.
—No se moleste joven maestro, yo me encargo de encontrar un establo.
Antes de que pudiera tomar las riendas de Nana, la yegua había retrocedido y resoplando, aquel gesto fue únicamente reconocido por su amo. No pudo evitar suspirar, debió suponer que Nana no se alejaría fácilmente de su lado al estar separados por tres años.
—Nana te dará problemas, yo me ocupo de ello —dijo dándole palmaditas en el cuello de la yegua.
Konohamaru intento objetar, pero tras ver la negativa del joven no insistió más. En cambio, se le ocurrió otra idea.
—Entonces me adelantaré y recolectaré algunas plantas, así cuando ustedes lleguen será menos trabajo —dijo sonriendo entusiasmado al ver que Sasuke lo consideraba, no tendría objeción alguna, después de todo previamente asistió a cacerías y sin supervisión de un maestro—. Debemos recolectar la mayor cantidad de plantas que sea posible.
El joven azabache estimó los riesgos a que fuera primero. Después de pensarlo detenidamente unos minutos, decidió darle ese voto de confianza al menor contando con la veracidad de la información recaba con anterioridad el último demonio fue exterminado hace unos días.
—De acuerdo, pero debes tener extremo cuidado mientras te alcanzamos —le advirtió tomando las riendas de los otros dos caballos y a su vez extendiéndole el mapa con las indicaciones para llegar—. Ten el mapa, Momo te acompañará en caso de que te desorientes.
A Momo le gustaba dormir en los pliegues del kimono de Sasuke, así que cuando escuchó su nombre se despertó inmediatamente y asomó su cabeza. Tras una indicación de su amo soltó entusiasmado al hombro de Konohamaru quién lo recibió gustoso. La primera vez que lo hizo se sobresaltó y casi le da un manotazo de la impresión. Pero ahora le dio un par de palmaditas en la cabeza cuidando en no desacomodarle el sombrero de paja, a Momo no le gustaba que estuviera fuera de su lugar.
—Me voy primero, joven maestro.
Y a pesar de ello, Sasuke se veía un poco preocupado.
—No dudes en utilizar la señal de auxilio en caso de emergencia.
No, Konohamaru no estaba perdido, en absoluto.
—¡¿Pero qué diantres sucede!? —Exclamó en medio del bosque oscuro y un escalofrío recorrió su cuerpo cuando las hojas de los arbustos se movieron a sus costados. Siguió avanzando mirando sobre su hombro de vez en cuando, Momo sobre su hombro derecho parecía un poco inquieto. Su mano izquierda extendida al frente, envuelta en energía espiritual que le alumbraba tenuemente el camino.
Desde que entró al bosque siguió al pie de la letra las indicaciones del mapa detallado, derecho sin detenerse ¡Así de simple! ¿o quizás giró en alguna intersección sin darse cuenta? No lo sabía con certeza ya que ahora parecía estar en lo profundo del inmenso bosque y sin ningún rastro de las plantas.
Andaba cautelosamente, sus pasos suaves lo dirigían más al fondo por dónde se supone que termina el bosque y abría paso a otra sección dónde se veía un pequeño conjunto de flores, pero nada de la descripción apareció hasta ahora y si era honesto consigo mismo, dudaba que apareciera si tomaba esta dirección.
—Ah, que los Cielos me iluminen —murmuró caminando rápido huyendo de algo inexistente. Está preocupado porque pronto sería media noche, ¡y se suponía que él se adelantó para avanzar en la recolección! Resultaría vergonzoso si llegase y ya estuvieran allí ambos jóvenes maestros.
Mientras se lamentaba en su mente y consideraba que volar sobre el bosque en su espada no parecía ser una viable opción, de pronto Momo saltó de su hombro aterrizando frente a él impidiéndole el paso, Konohamaru se detuvo en seco y frunció el ceño sin ignorar su acción, los animales espirituales eran sumamente inteligentes, así que asumió que percibió una anomalía.
Apoyando una rodilla en el suelo, acercó su mano envuelta en energía y con la otra apartó hojas verdes en el camino revelando una cuerda que se unía a una trampa. Con tan sólo un paso más que hubiese dado ya estaría colgando de cabeza del árbol.
—¿Quién pondría una trampa por aquí? —se preguntó observando los detalles.
Una cuerda común y corriente, con un nudo especial que bien conocía por ser uno de los más básicos, pero tenía una vuelta extraña que no supo identificar. Soltó el aire, aliviado. Menos mal que Momo le advirtió a tiempo, en esta oscuridad casi no se distinguía más que la siluetas y si no fuera por la leve fuente de luz, hubiese quedado atrapado y utilizado vergonzosamente la señal de auxilio.
—Gracias, Momo sin tu advertencia yo- ¿Eh? ¿Dónde estás? —preguntó al agachar la vista y no toparse con el pequeño hurón. Entró en pánico por un segundo—. ¿¡Momo!?
La gran ventaja de la oscuridad era que fácilmente se distinguía el blanco, y siendo un animal espiritual, tenía la capacidad de emitir su aura al exterior que servía de guía. Notó el pequeño resplandor que corría por el sendero.
—¡Oye, espera! ¿A dónde vas?
Lo siguió atento, cuidado de no pisar otra trampa. Al cabo de un rato, a lo lejos los árboles culminaban, se alegró. ¿Acaso llegó al lugar indicado?
Tras salir del sendero y dejas atrás los árboles, se topó con un extenso prado. Se quedó estático al mirar unos metros más allá un prado repleto de plantas senjusou en medio apogeo, abriendo exactamente sus pétalos mirando a la luna resplandeciente cambiando a un rojo carmesí. Más allá continuaba el bosque, y continuando con la misma línea de visión, se lograba admirar a lo lejos el Monte de las Ánimas. Una vista espectacular.
—¡Bien hecho, encontraste el prado! —Felicitó al hurón que se jactó moviendo la cabeza y sacando el pecho orgulloso de los elogios.
Konohamaru sacó rápidamente su bolsita dimensional mientras avanzaba dispuesto a recolectar las plantas. Pero jamás esperó encontrarse con un inconveniente que lo impediría avanzar, o, mejor dicho, con alguien que se interpusiera en su camino tan rápido que apenas se percató de su llegada.
Se detuvo en seco, impresionado por la repentina aparición. Una silueta oscura en al comienzo del prado, justo dónde las senjusou comenzaban a creer. Sus sentidos se dispararon y detalló disimuladamente, la silueta de una persona envuelta en una capa negra y botas del mismo color. Una capucha impedía verle el rostro.
Se detuvo en seco y estimó si acaso se tratase de un demonio. Lo descartó tras meter la mano a su manga y extraer disimuladamente un talismán especial para detectar energía demoniaca en el aire en un rango estrecho, si bien no eran funcionales en batalla servían mucho para este tipo de situación. Al discernir la razón del que talismán no se haya incendiado supuso que se trataba de un humano.
—No deberías estar aquí. —La voz que salió debajo de la capucha tenía una entonación delicada y femenina.
El chico tragó grueso, enderezándose mejor preparándose a hablar recordando primero recurrir al dialogo antes de atacar.
—Me disculpo si mi presencia ha perturbado su lugar de... descanso —dijo un poco dudoso ya que no vio ninguna vivienda a la redonde en el que pudiera vivir la mujer—. No tengo intenciones de causar alboroto, solamente vengo a recoger un poco de la planta senjusou.
Esperaba que con su explicación le dejara de obstruir la vida. Tuvo la esperanza cuál se rompió en mil pedazos cuando la mujer ladeó un poco la cabeza, apenas revelando parte de su quijada y parecía verlo, no estaba seguro, no podía verla pero sí sentir sus ojos clavados en él.
—Lamento decirte que hiciste tu viaje en vano, joven Cazador de demonios.
El chico se tenso al oír su título en un tono seco y frío, ¿cómo supo que era un Cazador? El emblema yacía plasmado en la parte de la espalda y en ningún momento volteó. Obtuvo otro escalofrío, pero no retrocedió. Debía conseguir esa planta sí o sí, de aquello dependía la supervivencia de Sasuke.
—Lo siento, pero no puedo retroceder. —Él se negó a dar siquiera un paso en reversa, planteándose con toda la seguridad del mundo, lleno de determinación.
Primero arreglaría este inconveniente antes de que Sasuke o Itachi aparecieran.
La silueta se inclinó un poco, como si hubiese escuchado mal sus palabras e intentara comprenderlas.
—Parece que no me expliqué. —Enfatizó dando un paso al frente, su postura destilaba amenaza—. No dejaré que tomes una planta de este prado. Así que márchate.
La comisura del labio de Konohamaru se tensó mientras llevaba la mano al mango de la espada que descansaba en su cintura, listo para luchar.
—Yo creo que tú no entendiste: tomaré esa planta por la fuerza si es necesario —advirtió apuntándola con un dedo, posteriormente llevó la misma mano en el mango de la espada colgando en su cintura y optando una posición de defensa. Las intenciones de la mujer eran claras: no lo dejaría pasar por las buenas. Si las palabras no funcionaron, tendría que enfrentarla.
La silueta se enderezó lentamente, ladeando un poco la cabeza a un costado y haciendo un ligero movimiento en sus manos debajo de la capa, dijo mesuradamente:
—Así lo quisiste. Sólo no me culpes por lo que vaya a suceder.
En un instante estaba frente a él y en el otro tuvo que sacar su espada para contrarrestar la embestida que lo arrojó hacia atrás. Retrocedió a la fuerza dando un salto fijándose en las manos blanquecinas de la mujer, no empuñaba ningún arma, entonces ¿cómo logró golpear la espada con las manos desnudas y no cortarse? Ella movía las manos como si le estuviera dando zarpazos y él a respuesta contrarrestaba con su espada.
Cuando se adentraron al bosque apenas tuvo visión debido a las hojas de los árboles que apenas dejaban filtrar rayos de luz lunar, fue cuando se dio cuenta de un destello apenas metálico proveniente de las manos contrarias, al pegar con los finos rayos de luz logró verlo. No es que no tuviera ningún arma, si no que se trataba de dos agujas, una en cada mano, unidas a un anillo colocado en el dedo de en medio y giraban sin control.
Detallar el arma del enemigo era primordial en batalla, por lo tanto, Konohamaru intentó analizar a su oponente a pesar de que claramente le estaba haciendo retroceder a cada paso dejándolo en desventaja. Tenía que utilizar su secuencia de pasos asentando bien sus pies, a cada golpe sentía una increíble fuerza, ni que decir de sus movimientos fluidos. Sumándole que la mujer no se detenía entre cada golpe, lo estaba agotando rápidamente.
Exhaló con fuerza cuando fue arrojado contra un árbol tras descuidar su costado y de improvisto le llegó una patada. Tosió ante de tener que interponer la espada frente a él, pues la mujer se agazapó inmediatamente a él sin darle tregua. Apretó los dientes, ¡resultaba evidente, aunque le doliese, que su oponente era más fuerte que él!
Pero no por ello se rendiría fácilmente. En una batalla la fuerza no lo es todo.
Miró brevemente a su alrededor reconociendo parte del collage, y más allá el sendero que utilizó al venir. Tuvo una idea y con todas sus fuerzas, empujó la espada al frente en un arco, la mujer se alejó de un salto y aterrizó apenas lejos de él. Fue tiempos suficiente para correr a su lateral, como esperó su oponente lo siguió de cerca.
Se fijó en el suelo con la guardia en alto, más allá la trampa que Momo le ayudó a evitar.
—Si te rindes ahora te dejaré marchar —dijo repentinamente la mujer de tras de él.
Konohamaru la miró sobre su hombro mientras giraba sobre sus talones y logró ver apenas un destello verde debajo de esa capucha. Unos ojos feroces y amenazantes.
—¡No me rendiré fácilmente! —exclamó y dio otro paso en reversa levantando su espada.
¡Ahora! Pensó cuando la silueta se movió a él de frente, pisando justo en la trampa. En el instante una cuerda se tensó y un cuerpo femenino fue arrastrado hacia el tronco de un árbol.
Sin embargo, Konohamaru no celebró tan pronto su victoria puesto que, en el instante en que la cuerda regresó y el cuerpo ascendió de cabeza, la mujer apoyó rápidamente su pie en el tronco que le sirvió de ayuda para hacer una vuelta hacia atrás, al mismo tiempo cortó la cuerda. Sucedió tan rápido que, saliendo de su asombro, el Cazador percibió el peligro aproximarse ¡Su oponente apenas se apoyó en el suelo y corrió hacia él!
Por instinto retrocedió levantando la espada, grave error. Justo detrás de él había una cuerda escondida y apenas la pisó la trampa se activó. Konohamaru nada más sintió su cuerpo siendo arrastrado sorpresivamente, dejando escapar un grito de la impresión y susto. Rápidamente fue suspendido al aire y de cabeza, en su trayendo soltó su espada, la misma que fue atrapada en el aire por otra mano.
Entró en pánico en ese mismo instante. La mujer no se detuvo y se aproximó a él con espada en mano, dispuesta a travesarlo. La bilis subió a su garganta, pero incluso antes de que pudiera gritar o reaccionar ante su propia muerte, un cuerpo se interpuso frente a él. Aún de cabeza logró identificar el emblema del clan Uchiha y la postura de aquel hombre.
—¡Joven maestro! —exclamó aliviado y agradecido.
Sasuke lo miró apenas de reojo, más concentrado en mantener su postura y detener el ataque de la persona encapuchada. Su ceja se arqueó ligeramente al sentir la fuerza y precisión, quién empuñaba la espada sabía manejarla, sin duda alguna. Intentó descifrar su apariencia y demás, pero todo su cuerpo era cubierto por una capa y su rostro detrás de una capucha, apenas dejando ver una fina barbilla, por las proporciones y el tamaño de las manos dedujo que se trataba de una mujer.
Interesante.
Empujó su propia katana al frente obligando a su oponente a retroceder. Si bien apenas la dejó respirar, se abalanzó dispuesto a continuar ya que la otra persona claramente no se retiraría.
Destellos de espadas y el choque de dos métales resonaron en el bosque, las urracas chillaron y alzaron en vuelo. Y mientras Sasuke movía magistralmente su espada, la mujer lo contrarrestaba con precisión y sin titubeos, nada parecido a los movimientos de cuando luchaba contra Konohamaru. Parecía una gacela evitando que el agua la tocase, tan ágil y precisa.
Este que veía todo de cabeza y suspendido en el aire, tenía la boca ligeramente abierta de la impresión ¡No todos los días veías que alguien pudiera llevarle el ritmo al segundo joven maestro del clan Uchiha! Sasuke es conocido en su generación como el mejor manejando la espada, solamente igualado por Itachi y superado por su propio maestro. No había que negar que los otros jóvenes maestros de los demás clanes eran oponentes dignos y podía sostener una pelea entre sí; pero que un forastero le repelara los ataques y al mismo tiempo lo atacara, sin duda alguna se convertiría en un hecho impresionante.
Como pensó, cuando Sasuke tomaba su espada y luchaba se convertía en una persona completamente diferente. Su rostro siempre estoico y sereno, ahora su semblante estaba serio y sombrío con ojos entrecerrados analizando a su oponente como si fuese una presa. Sus movimientos brutales y a la vez agiles sin detenerse.
Pero esto tenía que terminar, Konohamaru recordó el pequeño gran detalle que Sasuke no podía gastar su energía innecesariamente, pero si lo gritaba a los cuatro vientos su oponente tomaría ventaja. Así que intentó librarse de la cuerda con desespero impulsando la mitad de su cuerpo hacia arriba no sin antes sacar un cuchillo que siempre llevaba escondido en una de sus botas.
—¡J-Joven Sasuke, tiene que detenerse!
Quién hubiera imaginado que apenas pronunció su nombre, el oponente titubeó en su resistencia al cruzamiento de espadas. Justo en ese instante, la nube que había cubierto la luna se alejó dejando filtrar entre las hojas destellos de luz lunar, y uno decayó justo frente al rostro de la encapuchada.
Konohamaru retomó el aire al volver a la misma posición, y lo hubiese intentando de nuevo si no fuera porqué repentinamente Sasuke se alejó rápidamente de la mujer encapuchada bajando la espada. El chico entró en pánico ¿¡Acaso le hizo daño sin que se diese cuenta!? ¡Si algo le ocurría al joven Sasuke, el joven Itachi lo iba a asesinar!
Empero, todo pánico se disipó sólo para ser cambiada por confusión y un fuerte shock, sólo por las cuatro palabras que pronunció Sasuke.
—¿Es usted, señorita Sakura?
Cabe destacar que el tono de voz que empleó encerraba un sinfín de emociones que decían mucho y a la vez nada.
Hola, Hola!
¿Qué les ha parecido el capítulo? Ciertamente la historia está avanzando un poco lenta, pero es necesario ya que estos aspectos son importantes para que conozcan el actuar de los personajes en este historia.
Por lo pronto el encuentro tan esperado de latinoamerica por fin llegó (? ya sabemos quién es la mujer encapuchada.
Buenos ¡nos leemos pronto!
Alela-chan fuera.
