Todo era felicidad y grandes expectativas las que se vivía en todo el reino de Himawari, por fin luego de una espera un tanto dudosa, las princesas de los únicos grandes reinos contraerían matrimonio, dando como resultado la tan esperada unión de los reinos y el levantamiento del gran imperio de Himawari. El deseo de unidad del nuevo imperio traería el fin de las disputas entre los pueblos y llevaría a la tierra a una era de paz y prosperidad, todo sea bajo manto cobijo de las leyes que impone Himawari.
— Estamos orgullosas de ella, pero hubiera deseado un destino diferente para Akari — Yui y Ayano se acercaban al palacio luego de una larga travesía sin descanso a tiempo para la ceremonia que se realizará aquella mañana esplendida
— ojala me equivoque — dijo Ayano con voz quedo — esto es una locura
— todo terminará para nosotras Ayano, pero tendrás el consuelo de lograr al fin por lo que has luchado
— Pero no así, nunca quise que terminara de esta manera — Ayano suspiro, bajo del caballo a la entrada del palacio y ayudo a Yui a realizar el mismo procedimiento — supongo que no todos pueden alcanzar la felicidad.
Ante ellas se encontraba el gran palacio de Himawari, con ella y en los jardines se extiende hasta sus pies una alfombra que les invita a caminar sobre ella. Ayano le hace una señal a Yui quien se pone adelante y caminan en ese orden hacia el edificio, siempre bajo la mirada de la guardia real del reino.
Más adelante a su encuentro llega una hermosa mujer de cabello azul y sonrisa divina que emerge natural y con elegancia. Ayano se sorprende de lo hermosa que se ve esa chica que un día conoció cuando tan solo era una niña. Yui no estaba tan impactada sabiendo que la familia Furutani tiene naturalidad en su esplendor.
— Su majestad — dijo ella acercándose e inclinándose con respeto — las estábamos esperando, onee-chan está encantada con vuestra visita
— Princesa Kaede — Yui y Ayano mostraron sus respetos, mas Ayano quien coloco su rodilla sobre la alfombra y su mano en puño sobre el pecho inclina la cabeza y niega mirarla a los ojos
— Princesa — dice Ayano — es un placer
La conducen hacia el interior a una gran y amplia sala donde allí encuentran a la hermana mayor de la princesa Kaede. Ayano por su condición deja sola a Yui no sin antes saludad a Himawari y retirase hacia algún lugar por asuntos personales.
— majestad Funami-san, estamos complacidos de que nos acompañe — Himawari complacida ordena que le siga hacia el comedor donde espera un juego de té que servirá para discutir ciertos puntos con Yui — Kaede-chan, podría por favor decirle a Hiro que proceda — Kaede acata y retirase apresurada
— Esto es demasiado, Furutani-san — dice Yui tomando una taza de té que le ofrece encantada Himawari — usted sabe que ya no seré más una noble
— ¿eso le preocupa Funami-san? — le pregunta sirviéndose a sí misma un poco de té
— En realidad estoy deseosa de que suceda — dice Yui y bebe un sorbo de su taza — es exquisito
— Me alegra, es algo de lo que presumimos aquí — dice Hima y le ofrece un pedazo de pastel — ¿pero segura que no desea seguir ejerciendo su cargo?
— estoy segura
— bueno, esa es su decisión — Himawari le hizo señas a una mujer para que se les acercara dándole a la reina un papel escrito con códigos del reino — por favor Funami-san — Himawari apunto a Yui con una pluma que esta sin dudarlo tomó arrebatándosela de las manos — solo necesita firmar y quedará libre de responsabilidades, convirtiéndose en una mujer más de esta tierra.
Ayano caminaba por los alrededores atenta en busca de algo, o alguien. Ella tenía una parte de culpa en todo, y como eso la estaba haciendo sentir terrible, le pediría consejos a una vieja amiga, si es que lograba encontrarla.
Por entre la multitud que deambulaba haciendo los preparativos para la ceremonia divisó a una chica de cabello claro corto que reconoció de inmediato. Esta parecía esconderse y así fue que llegó lejos de la multitud pasando desapercibida pero no para Ayano quien le siguió de cerca. Esa chica entró en un almacén en los jardines del palacio y cerró la puerta encerrándose ahí… con alguien.
Ayano espió guiada por la curiosidad, tan silenciosa se acercó al almacén escuchando voces desde adentro. Usando su capacidad para agudizar sus sentidos reconoció a la otra persona que acompañaba a esa chica. Ayano entró en el almacén dispuesta a encontrar una explicación razonable a tal desobediencia.
— ¿interrumpo algo?
Dentro la chica sostenía entre sus brazos a otra chica en claro imagen de estar acarameladas sin excederse claro. Ayano hubiera deseado pasar desapercibido eso sino fuera porque aquellas chicas eran nada más que su protegida Chizuru y la princesa Kaede quien se supone que estaba prohibido acercarse pues tocarle un solo cabellos significaba la muerte.
— ¡Sugiura-san! — grita Kaede empujando a Chizuru que palidece ante la feroz mirada de Ayano
— Chizuru — Ayano cruza los brazos sobre su pecho tocando con su dedo impaciente por una buena explicación — sabes lo que te ocurrirá
— lo se´— dice ella sonrojada al igual que la princesa — pero me arriesgo a ello porque la amo — segura afirma sus sentimientos hacia la princesa Kaede
— Chizuru — Kaede va devuelta y se aferra a Chizuru
Ayano relaja su postura suspirando — ojala tu hermana hubiera hecho lo mismo — dice cual sentencia sin apelación
Ayano deja sola a la pareja que no entendieron la analogía de Ayano pero agradecieron de qué ella entendiera sus sentimientos. Ayano salió del palacio y lejos de la multitud que empezaba a aglomerarse en los alrededores, significando aquello que la boda estaba cerca y que su tiempo se estaba reduciendo.
— tengo que hablar con ella — se dijo saliendo del pueblo hacia los bosques — espero que pueda ayudarme
Grandes ovaciones para la pareja que despacio desfilaban por entre una lluvia de pétalos, a pasos nerviosos bajo la mirada de alegría la tristeza se apoderaba de la pelirroja y su acompañante. Chinatsu apretó la mano con la que la conecta con su esposa y sostiene firme intentando darle fuerza para superarlo. Pero Akari sabe y Chinatsu intuye que solo existe en ese mundo una chica capaz de alegrar el corazón y hacer que la pelirroja sonría con naturalidad, pero esa chica no está, desapareció.
— con ustedes, ahora y aquí… se ha sellado el pacto acordado hace años atrás — dice la nueva emperatriz Himawari a la pareja — la unión de los reinos esta completa así como su futuro en manos de la otra — Himawari camina dando la espalda a la pareja y va hacia la multitud — por ello — le habla a la multitud elevando la voz para que la escuchen — se ha levantado al fin mi imperio y regocíjense quienes esperan un próspero futuro, por el bienestar de los pueblos que estarán ahora bajo mi manto.
Himawari ordena con un simple gesto a su capitana de armas que acata sin dudarlo, empezando así, una gran movilidad de soldados armados directo hacia el extinto reino Funami, con el objetivo de expandir la noticia. Ya nadie podrá oponerse a su ley, la ley de Himawari gobernara todo aquel que camine por su imperio.
— Akari-chan debemos irnos
— Bien — dijo sin ánimos de seguir
Su carrosa les esperaba para realizar un viaje hacia tierras lejanas, al otro lado del imperio donde vivía retirada la madre de Himawari y abuela de Chinatsu para recibir su bendición. Montaron y cómodas rápidas se pusieron en el coche que tan pronto la puerta estaba cerrada la conductora agito las riendas y el coche daba marcha.
Yui vio alejarse el coche que llevaba a su hija y su nuera, ella aun tenía asuntos en el palacio de Himawari y por ellos esperaba que Ayano acompañara a la pelirroja y se asegurara que estuviera a salvo. Aun si toda la escolta de la emperatriz Himawari custodiaba la carrosa de la pareja, Yui solo confiaba en Ayano para protegerlas, mas sin embargo Ayano había desaparecido sin dejar rastro desde que llegó con ella al palacio. Nadie sabía dónde se había metido, y eso le asustaba un poco a Yui ya que Ayano podría estar planeando cometer una locura.
Con suaves movimientos Akari se mecía dentro del coche mientras su vista solo iba hacia ningún lado por la ventana, Chinatsu vio en esa expresión la tristeza que carga encima sin la posibilidad de reanimarla. Pero de algo debía desprenderse porque ya no había vuelta atrás y que debía al menos intentar familiarizarse con su destino. Pobre aquella alma desolada sin nadie a su alrededor para consolarla, triste se va marchitando el amor que tanto había soñado.
— está bien Akari-chan — dijo Chinatsu tomando la mano solitaria de Akari — saldremos adelante — pero Akari no dijo palabra alguna
De pronto el coche se sacudió con violencia asustando a las chicas que lo ocupaban, Chinatsu gritó con sorpresa por la violenta repentina. Akari dejó su mundo un momento y prestó atención a su alrededor, pero en ese instante todo daba vueltas y los golpes se hacían cada vez más intensos.
— aaahh… — Chinatsu intentó sujetarse pero en eso una roca que no sabía de donde vino le cayó sobre el brazo rompiéndolo
El estruendo se detuvo quedando silencioso un momento, aprovechando Chinatsu abrió los ojos y agitando su mano trató de orientarse pues su cabeza seguía dando vuelta y un fuerte dolor le acompañaba. Akari intentó lo mismo pero al moverse un milímetro un fuerte dolor en su muslo izquierda la detuvo, quedando recostada sobre la puerta donde algunas ramas se asomaban por la ventana, pero una de esas le atravesaba allá en la pierda inmovilizándola.
— Akari-chan… estas ¿estás bien? — decía una adolorida Chinatsu
— Chitose… — contrario a lo que Chinatsu esperaba Akari comenzó a llorar — Chitose… te necesito
La puerta del lado de Chinatsu se abrió dejando entrar una gran cantidad de luz que cegó a las chicas — ¡rápido es inestable! — Dijo alguien — majestad con cuidado
Chinatsu fue sujeta y jalada hacia afuera mientras observaba en mejor perspectiva lo que había ocurrido. Ahí en el filo de una gran caída se balanceaba el coche volteado y casi destrozado. China vio a los ojos de Akari como esta sonrió culpable por un segundo y levantando su mano para golpear la puerta donde estaba recostada.
— ¡Akari no! — grito Chinatsu intentando detenerla pues podría provocar que el coche cayera con ella dentro
— ¡majestad deténgase!
Akari volvió a golpear con su puño la puerta otra vez, y otra vez, y otra vez, hasta que consiguió lo que quería. El carro rompió una rama de un árbol que lo mantenía liberándolo y que este siguiera cayendo por el acantilado con Akari dentro de él.
Chinatsu vio aterrada como el carro caía hacia el vacío con su esposa dentro, despidiéndose culpable por esa decisión. Akari sonrió ignorando el dolor de los golpes que quebraban sus huesos y las cortadas que herían su piel, así mismo de la sangre que brota, brota en ella el deseo de ser rescatada por aquella que ama y así ponga fin a su dolor.
— Chitose… búscame.
