Sin importarse a sí misma, dejó atrás todos esos murmullos y se lanzó en la búsqueda de su princesa. Comenzó bajando directamente por donde el carruaje había hecho su aparatosa caída, tomándole algo de dificultad pero tiempo después pudo pisar tierra firme.

Ahí abajo había una pequeña playa de arena amarillenta a la orilla de un rio con fuertes corrientes. En la orilla el destrozo de algunos árboles y ramas rotas, sumándole el carruaje que era ya más que simples escombros de madera, esparcidos por unos metros por ahí

— ¡Akari Akari! — llamó desesperada esperando respuesta de la pelirroja con ansias d

Ella negaba lo que había ocurrido y todo lo mal que pudo haber sido ese accidente, lo negaba porque aunque el sentido común le dijera que nadie podría haber salido con vida en ese evento, había dentro de su pecho una sensación muy fuerte que le impulsaba a no rendirse ante el dolor y las lágrimas.

Solo había un destrozo, lo que antes era un carruaje ahora solo era un montón de madera destrozada, donde Chitose escarbaba con rapidez intentando encontrar a la pelirroja. Nada, nada había, solo sangre manchaba las tablas y otras que de un rio era arrastrada por la corriente.

Chitose comenzaba a desesperarse, mirando alrededor buscaba con la mirada el paradero de su princesa pero nada más que sangre era lo que podía encontrar. No era un buen escenario, destrozaba su corazón con cada gota roja que por ahí era esparcida.

— Akari Akari — lloraba ya la chica por su princesa desaparecida

Volvió a la pila de madera y como si hubiese olvidado algo o algo hubiera dejado pasar, revolvió una vez más los destrozos del carruaje impregnado sus manos con sangre. Tiembla al verlas y de ellas no queda duda que su princesa no está ahí, limpia con sus lágrimas que derrama y cae sobre sus manos ensangrentadas llevando su alma a la profundidad del dolor.

— Ella no está aquí — alguien dice

Chitose reacciona dirigiéndose hacia esa voz que instantáneamente reconoce, dejando surgir un grito ahogado que rápido se convierte en un rugido feroz. Se levanta del suelo limpiando sus lágrimas pues en ese momento su rostro cambia y de sus ojos se ve el fuego y el odio.

— Tú — Avanza hasta ella y no deja tiempo a que se defienda lanzando un puñetazo que la derribó en el acto — ¡¿Por qué?! — Le grito furiosa — ¡¿Por qué dejaste que esto ocurriera?!

La chica en el suelo le mira endureciendo su expresión — me culpas a mí de tu fracaso, ¿Quién te crees que eres?

— tu… me has mentido durante todos estos años — le dijo manteniéndose firme — tu… debías protegerla

— ¡y crees que no lo hice! — Expreso levantándose del suelo — trate de remediar lo que tu habías hecho y mira ¡mira lo que sucedió!

— mi mama… — Chitose retrocedió despacio y le dio la espalda — mi abuelita… mi princesa todas… ¡todas han muerto por tu culpa!

— … — ella no respondió pero se mantuvo igual sin dejarse intimidar por Chitose

— Es cierto — Chitose interpreto el silencio de la chica provocando que su ira fuera en aumento — ¡tú mataste a mi abuelita! — Chitose arremetió contra ella pero fallo pues la chica la esquivó con facilidad, pero Chitose no se rendiría tan fácil — ¡jamás debí confiar en ti, jamás debí confiar en una amazona!

Chitose se mantuvo baja dejando que Ayano cayera la mirada sobre ella, la chica pobre quedaba sin fuerzas mientras una nueva ola de dolor se apoderaba de su corazón. Gime despacio tan quedo tratando de ahogar su llanto, pero el llanto parece ahogarla a ella

— ¿Por qué? — Dice entre reparaciones cortas — por qué todo lo que amo termina aleándose de mí… Akari… ¡Akari!... Akari te necesito

— Búscala — Chitose reacciono con sorpresa girándose hacia Ayano — si tanto la amas, ve y reencuéntrate con ella

Chitose no quería creer en una luz que la llene de alegría, pero ya no había nada que perder — ¿Cómo?

A paso débil llegó hasta ellas una chica de baja estatura y ojos sin alma, viste unos harapos pero su piel tan brillante no parecía encajar con su vestimenta, su cabello negro era muy largo atado en dos colas que caían por sus hombros moldeando su pecho, sus dedos se asoman de entre esos trapos mostrando largas uñas afiladas, su rostro sereno cae en la nada acompañado con un par de ojos oscuros sin vida.

— Nozomi, reina del monte Pontenévma fue quien se la llevó — dijo esa chica de voz monótona y expresión en blanco — las almas puras tendrán el más dulce de los descansos, nada dignos para almas comunes quien esperan en la Pórtmortem por su merecido castigo.

— Yo fui… — dice Ayano bajando la vista al suelo como si se dejara castigar por un sentimiento amargo — yo tengo la culpa, tienes razón Chitose… no pensé… no pensé que Akari se entregaría a la recolectora de almas

— ¿Por qué?

— porque ella me lo pidió

Chitose no comprende cómo era posible que Akari pidiera semejante trato, a ella, a Ayano, a su propia madre. Era una locura y con eso en mente no le quedaba más que pensar en que Ayano le estaría mintiendo una vez más.

— eso no es cierto

— Créelo Nee-san — detrás de ella aparece Chizuru llevando consigo una bolsa sobre sus hombres y un arco en la mano — yo estaba ahí cuando la princesa le pidió a Sugiura-san que provocara este accidente

— Ella jamás pediría una cosa así — aun si era Chizuru quien lo decía, Chitose no estaba convencida — ¿Por qué razón…

— Para que tú la busques — interrumpió la chica misteriosa de la que aún no se sabe su nombre — las almas puras pueden tener una audiencia con Nozomi, su cuerpo y alma descansa en su templo hasta el momento en que tome la decisión, entonces Nozomi guiara su alma al paraíso.

— yo

— no hay tiempo que perder — dijo una mujer que de la nada apareció montada en un caballo — debemos irnos ahora

— Ella es la hechicera Nishigaki — dijo Ayano presentando a la mujer — te mostrará el camino

Chitose se levantó del suelo con la ayuda de su hermana recibiendo de esta un arco y flechas que Chitose tomó sin objetar pues ya se había decidido. Terminaría con el trabajo que Akari le había dejado, la encontraría no importara como y la traería de vuelta, pero esta vez, no se apartaría jamás de su lado.

— A prisa Ikeda — dijo Nishigaki extendiéndole la mano para que subiera al caballo — no nos queda mucho tiempo, debemos ir al tempo el camino de los dioses te guiará hasta el monte Pontenévma

Chitose tomó la mano y montó el caballo tras la hechicera quien al sentirla tras de sí sacudió las riendas dando paso a una carrera hacia el este. Se alejaron lo más posible de civilización humana o animal, allá donde la nada cubría la tierra cerca de unas montañas secas rojizas, tierra abandonada por la mano de los dioses, condenada a muerte lenta, se alzaba en medio de un espantoso desierto una gran edificación echa de roca en su totalidad.

— Es aquí — anuncio la hechicera quien todo el viaje solo se había dedicado a cabalgar sin decir palabra alguna — la puerta hacia el reino de Nozomi, recolectora de almas

— ¿Cómo saben que existe? ¿Si quiera alguien ya la ha visto? — dijo Chitose dudando de esa idea pues hasta ahora solo había escuchado rumores

— ¿te arrepientes? — le preguntó la hechicera entrando en el oscuro templo iluminándose con una antorcha

— si existe una sola oportunidad de al menos volver a verla, yo tomaré los riesgos que sea — dijo con firmeza

— Muy bien — Nishigaki guio a Chitose por unos oscuros pasadizos hasta que se detuvo utilizando la antorcha para encender otra que extendió el fuego a lo largo de los muros revelando una amplia cámara con una mesa de piedra en el centro — te contare una historia:

Hace años existió una pequeña niña que le gustaba hacer amigos, un día la pequeña niña se encontró a una mujer que lloraba mientras jugaba en los bosques. La niña curiosa se le acercó para preguntarle si estaba bien, la mujer le respondió que había perdido a su hija. La niña entristeció pero con firmeza le dijo que le ayudaría a buscarla, la mujer vio la inocencia con la que pensaba la niña que no tuvo otra opción más que revelarle la crueldad de la vida. Aun si la mujer le contara que su hija había muerto, la niña sonrió y abrazó con fuerza a la mujer transmitiéndole algo más que un calor reconfortante, le transmitió amor. La niña no pensaba en remplazar a la hija de aquella mujer, pero si creía en darle la fuerza necesaria para superar su tristeza y que se alegrara por su hija. La mujer sonrió por una vez y correspondió el abrazo mientras le decía al oído "te encontré" "ya es hora"

… ok necesito que te acuestes en la mesa — le indico a Chitose quien obedeció sin chistar pues aquella historia que la hechicera le contó, no le encontraba significado — Akari no está viva pero tampoco está muerta, ella se encuentra entre el reino de los vivos y el reino de los muertos. Algunos lo llaman limbo o algo así

— ¿Cómo se supone que llegaré al monte Pontenévma? — preguntó Chitose acostada en la dura roca mientras seguía a la hechicera con la mirada

— Solo hay una forma de ir ahí — dijo y levantó con su mano un cuchillo viejo oxidado — lo siento, pero esto te dolerá

— ¡un momento! — Expresó con algo de terror viendo las intenciones de la hechicera — no era lo mismo morir en cualquier lado

— no, porque al morir tu alma pasará al reino de la muerte y jamás te toparas con Nozomi o Akari — explicó — desde aquí tu alma pedirá una audiencia con Nozomi para reclamar un descanso que crees merecer

— pero… y y si no existe y si Nozomi y el monte Pontenévma son solo leyendas…

— si eso es lo que te preocupa, pues déjame decirte que no eres la primera en comprobarlo

— ¿Quién?

— Ayano — dijo seriamente — ella busco una audiencia con Nozomi para traer de vuelta a su madre

— Ayano lo hizo — Chitose se relajó permitiéndole a la hechicera continuar con lo que sea que estuviera planeando hacer

— Muy bien — la hechicera le dio el arco y las flechas a Chitose y una espada — sostenlas firmemente

— pero si me vas a matar ¿Cómo se supone que me llevare todo esto? — ciertamente Chitose tenía un punto y no le veía lógica a aquello

— pues en realidad, morirás pero vivirás

— ¿eso qué significa?

— pues que al morir tu alma no dejara tu cuerpo y entonces las garras de la muerte se extenderán y reclamaran tu cuerpo llevándoselo a Nozomi para tu audiencia de destino eterno

— Eso suena complicado — dijo Chitose ahora agarrando con fuerza lo que Nishigaki le había dado

— veras que no lo es, en fin aquí voy

Nishigaki alzo sobre Chitose el cuchillo oxidado apuntando sobre el pecho de la chica, un golpe certero debía bastar para enviar a Chitose al camino de las almas. Chitose cerro sus ojos y apretó los dientes esperando a que terminara la hechicera quien al verla preparada no dudó y bajó el arma con fuerza enterrándolo en el pecho de Chitose y perforándole el corazón.