Fue Leo quien tomó la iniciativa, sosteniendo las manos de Nico con las tuyas a la altura de ambas caderas que estaban como máximo a un centímetro a distancia. Nico estaba muy nervioso y en medio de esos ataques nerviosismo abrazó fuertemente Leo, hiriéndole la espalda con las muñequeras que llevaba. -Quítate eso- le pidió el tipo del fuego -vas a seguir hiriéndome si no la deja de lado.- Obediente, Nico arrojó sus muñequeras y pulsera de metal hacia una mesa. Aprovechando el momento, se quitó la polera para estar a la par con Leo. Ahora todo eran suspiros. Sentir el calor de los cuerpos encontrados estaba produciendo una sensación nunca antes sentida por ninguno de los dos. Sus besos se habían vuelto más audaces, más arriesgados. Al parecer, Leo gustaba de los besos apasionados, pues a ratos dejaba a Nico incluso sin respiración. Pasada una hora, Nico comenzó a sentir las manos de su amigo -¿debía seguir llamando amigo?- bajando por el frente dirigiéndose hacia su cinturón, que estaba molestando. Fue cosa de segundos para que ambos se encontrasen sólo en ropa interior, besándose frenéticamente. Ninguno oponía resistencia a nada, sus sentimientos fluían tan velozmente como se movían sus manos en el cuerpo de su compañero. Nico comenzó de pronto a sentirse caliente... Espera... ¿Caliente? Excelente, Leo había iniciado un incendio en la ropa interior. -Lo siento- dijo Leo, entre risas. Nico comenzó abrazar a Leo cada vez más fuerte. Mientras sentían los suspiros del otro comenzaban a entrar mucho más en confianza. Sus manos jugueteaban entre sí, luego a la altura del pecho se cosquilleaban y para terminar se acariciaban mutuamente a la altura de la cadera. Con el paso del tiempo se fueron calmando, terminando por dormirse primero Leo sobre el pecho de Nico, y luego él sobre la cabeza de Leo. A las horas, Nico despertó. -Mira- le dijo apuntando hacia fuera -ya está amaneciendo, debemos partir antes de que Quirón nos mate-. -Sólo tenemos un problema- dijo Leo, señalando sus cuerpos totalmente desnudos -nos falta ropa interior- le recordó, riendo. -Espérame un momento-. Pasado un minuto, Leo volvió con dos calzoncillos y le alcanzó uno negro a Nico. -Te va la perfección- le dijo sonrojado mientras se vestían. Unos minutos después estaban listos para volver al campamento.