Leo despertaba con una expresión extraña, su rostro mezclaba satisfacción y remordimiento. ¿Qué haría ahora? podría simplemente hacer caso omiso de lo que había pasado la noche anterior, buscar una manera de ignorar la gata, que ahora lo miraba con sus paralizantes ojos azules y así olvidar lo que había pasado. No quería ni imaginar la noche que había pasado Nico... Quizás tenía miedo, pues de todos modos esa era la primera noche que pasaban distanciados desde aquel primer encuentro en el Búnker 9. De pronto se sintió tan apesadumbrado que se decidió a salir corriendo, apartando a la gata de encima de él, mientras sus ojos se anegaban en lágrimas.. Se dirigió al Campamento, mas sin intenciones de contar nada de lo ocurrido la noche anterior. Mientras corría, se preguntaba: ¿qué le diría a las cazadoras cuando lo interrogaran por conocer el paradero de la que había sido su lider? Mh, tal vez sería una buena idea mentir diciendo que Thalia simplemente le había confesado que se había enamorado de él y de pronto había recibido el castigo de Artemisa, habiéndose convertido en una gata que huyó en el momento del lugar.
Llegó agotado a las puertas de la cabaña de Hades, donde aún yacía en su cama el pálido Nico. Leo entró a hurtadillas, se inclinó al borde de la cama y comenzó a hacerle cosquillas al niño del Inframundo. -Despierta, dormilón- le decía mientras el hijo de Hades llegaba a sacar lágrimas de la risa. Comenzaron a juguetear entre ellos, terminando ambos en la cama abrazados.
-¿Dónde estuviste anoche? Me preocupaste un poco- le dijo Nico a Leo, sin aires de celos, si no mas bien con timidez y sincera preocupación. -Hubo un pequeño problemilla con las cazadoras de Artemisa, pero nada más.- le respondió el hijo de Hefesto, y calló la respuesta de Nico con un beso. Los besos del hijo de Hades eran tan diferentes a los de Thalia, y Leo lo notaba drásticamente. Los besos de él eran delicados, tímidos y nerviosos, como si aún temiera que la gente pudiese criticarlos por su relación. En cambio los besos de la hija de Zeus eran seguros, fuertes, llegando al punto de ser violentos. De todo esto, Leo podía concluir una cosa: lo que había pasado entre él y Thalia había sigo un error fatal, había arriesgado su relación con Nico y ahora notaba que no quería perderlo jamás. Se había aferrado con todas sus fuerzas al torso de Nico y ahora lo besaba con una sonrisa en sus labios.
Las noches que habían pasado juntos estaban rindiendo sus primeros frutos: Nico se mostraba más confiado y ahora ya no dudaba en comenzar a quitarle la camisa a cuadros que llevaba el hijo de Hefesto. Cuando logró desabotonársela y quitársela, Leo hizo lo propio y le quitó rápidamente la polera a Nico. Comenzaron a abrazarse mientras suavemente Leo se posaba sobre el hijo de Hades.
Nico acariciaba con delicadeza la espalda de Leo cuando este comenzó a gemir, pero era un gemido extraño, incluso lastimero. Algo dentro de Nico le decía que él mismo no era el que estaba produciendo esos gemidos, pero sabía que quería ser él el causante, así que intentó lo que tantas veces había querido hacer: comenzó a bajar las manos hasta que logró llegar al cierre del pantalón del chico del fuego. Nico comenzó a mirarlo directamente a los ojos, tratando de ser desafiante y seductor (¿Lo estaría logrando?), como diciendo ''Soy capaz de esto y mucho más'', y Leo accedió a que él jugase a lo que quisiera con su cuerpo. De pronto los gemidos tristes de Leo cesaron y comenzaron los gemidos placenteros. Leo sentía el veloz movimiento de las manos de Nico por debajo de su calzoncillo mientras le besaba suavemente.
Era divertido, porque estaban por primera vez a plena luz del día, en la cabaña de Hades, siendo el uno del otro. Leo no podía aguantar más: la noche con Thalia había activado su imaginación al punto de que mientras él la poseía, pensaba cómo podría sentir lo mismo estando con Nico (si, a esos niveles llegaba el déficit de atención de Leo).No pudo seguir conteniéndose e impulsivamente quitó las manos de Nico de donde las tenía y lo tomó por la cadera para voltearlo, dejándolo acostado boca abajo. Nico comenzaba a atar cabos, entendiendo a lo que Leo quería llegar, y aunque estaba asustado, no opuso resistencia. Después de acariciarse unos breves instantes, Nico sintió un calor abrasador apoderándose de él, invadiéndolo desde su cadera para luego abarcar todo su cuerpo. Al principio dolía, pero luego se iba acostumbrando y comenzaba a sentir lo agradable que era. Jamás se había sentido así. Ni siquiera en sus mejores sueños había pensado que lograría sentirse de esa manera. Sentía cómo el hijo de Hefesto se movía primero suavemente y luego más rápido, siguiendo el compás de sus suspiros, que se agitaban cada vez más. Sentía los besos de Leo en su cuello, lo que agregaba la cuota de ternura a la situación. Para acabar aquella mañana que debería pasar al recuerdo, Leo se sintió obligado a alejarse abruptamente y salir del hijo de Hades, logrando así eyacular en la cama de Nico, quedando uno acostado al lado del otro. Leo estaba totalmente agotado, por lo que a pesar de ser apenas las 11 am, no demoró en caer dormido. Nico se quedó a su lado, acariciandolo tiernamente y jugando con sus cabellos.
Ya habían pasado unos 30 minutos y el estómago de Nico comenzaba a crujir: no había comido nada desde el almuerzo del día anterior. Decidió que sería un buen momento para despertar al hijo de Hefesto, así que comenzó a tocarle la espalda con sus frias y pálidas manos... Pero había algo raro, la piel de Valdez estaba más rugosa que lo usual. Leo despertó abruptamente, quejandose de dolor. Nico, extrañado, pasó su cuerpo sobre Leo para lograr ver su espalda.
A medida que miraba la espalda de Leo, sus ojos comenzaron a llenarse de tristeza. Miraba aquellos rasguños en la espalda del hijo de Hefesto y a continuación miraba sus propios dedos, convenciendose a si mismo de que era imposible que él le hubiese infringido esas heridas a Leo. A punto de llorar, pero manteniendo un extraño hermetismo y seriedad, preguntó -¿Qué pasó anoche?-. Leo no quería decir nada, pero aquellos ojos oscuros le suplicaban sinceridad. -Nico, quiero que sepas antes que todo que eres demasiado importante para mi, y no quiero perderte- comenzó diciendo Valdez, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. -Anoche sencillamente no estaba yo en mi cuerpo, todo sucedió tan rápido que no hubo tiempo para entrar en razón, fue culpa de ella...-le dijo, esperando la ira del hijo de Hades, sin embargo Nico parecía paralizado. -¿Ella?- preguntó-¿a quién te refieres?. Las manos del hijo de Hefesto se movían nerviosas, mientras él aparente confianza en si mismo que plasmaba Leo se estaba viendo totalmente vulnerada. Lucía patético llorando. Nadie hubiese reconocido ahí al hiperventilado Leo Valdez, ese mismo que le coqueteaba a las ninfas y le hacía bromas a todos (ni Quirón se salvaba de las bromas que hacian reir a todas las cabañas). A modo de consuelo, y sin saber bien por qué, Nico tuvo un ataque de ternura y besó los labios de Leo suavemente. Leo estaba sorprendido, pero a medida que los besos cesaban, sintio la necesidad de
confesar todo: la noche con Thalia y el castigo eterno de Artemisa. Las expresiones de Nico fueron cambiando, pero solo un sentimiento abarcaba por completo su corazon: tristeza. Algo dentro de Nico queria perdonarlo, olvidar lo ocurrido y comenzar de nuevo, pero su orgullo parecia ser mas fuerte. Una mezcla de sentimientos asi solo habia logrado un sentimiento en el niño del Inframundo: angustia. Se sintio desesperado, entonces sucedio lo mismo que habia sucedido un par de años atras... Una zanja (aunque mas pequeña que la de aquella ocasión) se abrio en el piso de la cabaña de Hades, pero esta vez, en vez de usarla para hacer desaparecer guerreros-esqueletos, Nico la usó para desaparecerse a si mismo. La zanja se cerró en un instante y Nico ya no estaba. Habia dejado a un desconsolado Leo Valdez en la cama, con su mente a punto de explotar.
