Capítulo 4: Hombre y mujer.
- Dormiré con Cristal y Boomer.
- ¿Los tres juntos? - Momoko siguió con el interrogatorio a través del teléfono -. ¿En la misma cama?
- Si, ya te lo dije - se masajeó los hombros cansada de repetirlo por quinta vez -, regresaré a casa en la madrugada para no levantar sospechas, sólo quería avisarte para que me apoyes por si alguien pregunta el motivo y para informarte que dormiremos en tu habitación.
- Si, no te preocupes por mí, después de todo será tu esposo en el futuro.
Tenía que recordarlo su amiga pelirroja para luego romper en sonoras carcajadas, se apartó el auricular de la oreja o sus tímpanos explotarían. Cuando escuchó que la risa cesó intentó reclamar el comentario fuera de lugar pero Momoko se adelantó a colgar. Suspiró frustrada aún con el teléfono en mano y cerró los ojos al sentir otra presencia en la sala, lo que le faltaba.
- Hora de dormir - anunció burlón -, Cristal te espera en el cuarto.
Dejó el aparato en su lugar e intentó contar hasta diez para tranquilizarse. Ignoró el comentario dispuesta a salir de la habitación pasando por su lado rogando que él no le dirigiera la palabra pero parecía que éste no estaba dispuesto a dejarla en paz. La tomó a la fuerza del brazo y evitó su limpia salida.
- Sigue enojada la pequeña inmadura.
No respondió, no quería hablarle después de todo.
- El pijama que tienes puesto - recorrió su formado abdomen con un dedo -, no está nada mal.
Él se relamió los labios descaradamente, aunque ella tenía la culpa. No había contemplado ese pequeño detalle al transformarse y lo había olvidado por completo, incluso desconocía que él fuera un gran idiota y pervertido. Se preguntó por qué había elegido ese pijama justamente esa noche: un pequeño short blanco que llegaba por debajo del muslo y una blusa de tirantes ajustado que dejaba libremente sus voluptuosos senos. Se sintió sucia ante la mirada de Boomer e intentó soltarse del agarre pero él tenía más fuerza, después de todo no dejaba de ser hombre y ella una mujer.
- Suéltame.
Quiso mostrarse serena pero cuando él la atrajo a su cuerpo se sonrojó, al principio sólo la tomó de la cintura y la observó detenidamente, desde el rostro hasta el inicio de los senos. Tuvo la necesidad de cubrirse pero algo se lo impidió momentáneamente, después de varios segundos de congelarse entre sus brazos le comenzó a pegar en el torso para que la soltara. Eso lo enojó... Tomó de las muñecas a Miyako captando su completa atención.
- Deja de jugar y suéltame - ordenó intentando sonar tranquila -, no sé cómo en mi futuro apareces tú - no tenía la intención de herirlo pero ya lo había dicho y no podía retroceder -. Eres despreciable.
Boomer enfureció más y ejerció más fuerza en su agarre lastimando la zona. Ella intentó aguantar el dolor pero al final cerró los ojos adolorida, en definitiva la fuerza bruta de él era de preocuparse.
- Boomer - la voz se le quebró -, por favor - susurró al borde del llanto -. Me estás lastimando.
- Mamá - Cristal llamó dulcemente desde las escaleras -, papá.
Boomer la soltó de inmediato, separándose de ella lo más que pudo para que Cristal no los encontrara en esa horrible posición. Miyako se secó la única lágrima que había dejado escapar y sonrió al verla llegar junto a ellos, se acercó a su hija y ambas salieron de la habitación dejándolo solo. Este observó sus manos desconcertado pensando en que probablemente se había pasado con la chica pero sacudió la cabeza borrando esos pensamientos, igual ella le había dicho que lo despreciaba y ahora tal vez lo odiaba.
Las siguió hasta llegar a una habitación diferente a la suya. Miyako observó su expresión de desconcierto, tal vez Cristal se había olvidado de mencionar un pequeño detalle.
- No creíste que dormiríamos con mis tíos o las chicas - Cristal le robó la palabra -, ¿verdad, papá?
Negó con la cabeza y se quedó parado en el mismo lugar, estudiando la fémina habitación. Solamente había una gran cama de sábanas blancas, las paredes estaban pintadas de un rosa pálido y tenía una pequeña ventana que dejaba entrar el resplandor de la luna llena. Habían muy pocas cosas como revistas y alguno que otro comic, libros académicos y una mochila café sobre una silla de madera en un rincón de la habitación. Dejó caerse sobre la amplia cama después de quitarse las pantuflas. Solamente llevaba un pantalón de dormir gris y una sencilla playera azul marino, se había cambiado al llegar porque tenía mucho sueño pero al parecer Burbujita había tardado en regresar de la sala y Cristal lo había obligado a ir por ella.
Observó a Cristal y se fijó en el pijama, un pantalón de algodón negro y una playera azul parecida a una suya, tardó un par de segundos para darse cuenta que era la misma que había recordado.
- ¿Quién te dio permiso de usar mi playera?
Cristal se sonrojó hasta las orejas y se recostó a un lado de él.
- Disculpa - sonrió tiernamente - pero estoy acostumbrada a usar tus playeras para dormir, son cómodas y tienen tu aroma.
Boomer le acarició la cabellera ligeramente conmovido y la abrazó fuerte. Miyako que había visto todo desde el pie de la cama, soltó sus dos típicas coletas dejando caer su cabellera ondulada sobre la espalda, lo trenzó y apagó la luz para meterse en la cama a un lado de su hija. Cristal sonrió complacida, al fin podía volver a dormir entre sus dos padres.
Él se apartó de Cristal un momento para quitarse la playera al sentir mucho calor, la lanzó sin importarle su punto de caída y abrazó de nuevo a su hija, quien acurrucó el rostro en el fuerte pecho de Boomer quedando de espaldas a su madre. Miyako frunció el ceño al sentir que una prenda con fragancia a hombre había caído sobre su rostro, lo quitó de encima y la dejó caer en el suelo. Se dio la vuelta con vista a la única ventana de la habitación y sintió que un brazo se posó sobre el lado derecho de su cintura, supo que se trataba de Boomer pero no le dio importancia pues ya quería dormir, había sido un día muy cansado y ya era hora de descansar, no de pelear.
Abrió los ojos lentamente al sentir que Cristal se movía inquieta detrás de ella, pensó que se había despertado pero sólo se había removido en su propio lugar. Dirigió la vista a la alarma sobre la mesita de noche a su lado y vio la hora; 4:59... Un minuto para irse. Apagó el aparato antes de que sonara y con cuidado de no despertarlos, se levantó de la cama. Estiró los músculos mientras caminaba hacia la puerta para salir pero una voz adormecida llamó su atención.
- ¿Ya te vas?
- Si, Boomer - susurró sin dignarse a mirarlo -. Los veo en la escuela.
Bajó las escaleras para ir a la cocina por un vaso de agua antes de irse, el calor era insoportable durante esas fechas y había despertado sedienta. Dio un respingo al encontrarse con Butch.
- Te asusté - burló.
Asintió lentamente y se sirvió un vaso con agua mientras lo observaba de reojo bebiendo un vaso de leche, parecía un lindo niño que no podía dormir.
- No habrán hecho cosas malas frente a la niña - sonrió malicioso -, ¿verdad?
Eso la desconcertó lo suficiente como para escupir el agua que había comenzado a beber, tosió lo más bajo que pudo para no despertar a nadie en la casa. Sintió las mejillas arder, obviamente se había sonrojado por la pregunta inesperada de Butch. Él se limitó a soltar una ligera risilla para luego desaparecer por la puerta.
Limpió el agua que había dejado caer y observó la cocina en silencio. Buscó lo que necesitaba en las cajoneras y encendió la estufa.
Después de unos minutos se felicitó internamente al terminar de preparar el desayuno, lo dejó en el microondas y dejó una nota sobre este junto con una gran sonrisa.
Salió del laboratorio con dirección a su casa, obviamente transformada o de lo contrario tendría graves problemas para llegar hasta la ventana de su habitación. Sólo esperaba estar al cien para toda la jornada escolar, lo que menos quería era tener que dormirse en clases.
Boomer sintió que Cristal se alejaba de su lado y abrió los ojos alarmado, su hija lo observó con ojos confusos al verlo incorporarse bruscamente en la cama. Tragó saliva nervioso, no quería dejar tan al descubierto su preocupación por ella. Se restregó el rostro adormecido esperanzado de que lo dejase solo en la habitación.
- ¿Me prepararás el desayuno?
Demasiado bueno para ser cierto aunque la voz infantil le hizo sonreír, de alguna manera esa niña tenía algo que le arremolinaba el estómago y tocaba su corazón. Después de unos cuantos segundos de admirarla sentada frente a él, asintió a la petición. Con la mirada buscó su playera pero no la encontró por ningún lado, le quitó importancia y bajó a la cocina mientras Cristal se daba un baño.
Se volvió a restregar los ojos para despertar completamente hasta que al pasar cerca del microondas notó un pequeño papel azul pegado en este.
Lo despegó.
- Cristal - leyó en un susurro -, te dejé hot cakes en el microondas para desayunar, te veo en la escuela - sonrió -. También preparé para Boomer, no te los vayas a comer todos o te hará daño. Te quiero.
Sonrió por lo ingenua que podía llegar a ser Miyako, realmente después de todo lo que le hizo se atrevía a prepararle el desayuno. Era algo admirable pero no lo suficiente, después de todo la noche anterior había dicho lo que pensaba acerca de él.
Cristal llegó tarareando una canción ya vestida para la escuela, le entregó la nota, le dio un beso en la coronilla y subió a vestirse, dejando a una joven confundida.
Sintió un poco de frustración ante la imponente presencia de Boomer, desde la mañana se sentía observada y jamás había sentido cierta incomodidad con respecto a él. Se levantó de su asiento frente a las miradas confundidas de sus dos amigas excusándose de que iría al baño. Agradecía que tuvieran la hora libre por ausencia de docente, le daría un poco de tiempo para alejarse de Boomer. De nuevo sintió que la vigilaban antes de entrar al baño de mujeres, sabía que ahí él no sería capaz de seguirla. Pensó en encerrarse hasta que terminara la hora pero lo descartó de inmediato. Lavó sus manos y se refrescó el rostro con agua, el cansancio comenzaba a surtir efecto; no dormir bien tenía sus consecuencias sumando que había despertado muy temprano para regresar a casa y no levantar sospechas.
- El baño de mujeres es más limpio que el de hombres.
Soltó un pequeño respingo al escuchar una voz detrás de ella. Boomer sonrió por su reacción, satisfecho de lograr algo más que desprecio. Caminó lentamente hacia ella sin darle tiempo de alejarse, la tomó de la muñeca derecha y la acercó a su cuerpo a la fuerza. Desvió la mirada hacia la zona donde una marca rojiza resaltaba de su blanca piel de porcelana, dándose cuenta finalmente de cuanta fuerza había ejercido para herirla. Acarició la marca con delicadeza y sonrió amargo.
- ¿Disfrutando de tu pequeña obra?
Ignoró el comentario sarcástico y tomó la otra muñeca suavemente.
- ¿Por qué siempre te dejas lastimar por mi?
Miyako no pareció entender la interrogante.
- No es que me deje - susurró incómoda -, simplemente has sido el único que ha querido lastimarme en toda mi vida.
- Lo siento, pero es mi naturaleza.
- Lo entiendo pero yo no apruebo la fuerza bruta.
- Lo siento.
Entonces comprendió que la primera disculpa no era una excusa, realmente lo sentía.
- De acuerdo pero suéltame.
Boomer suavizó lentamente el agarre hasta soltarla por completo. Ella agarró su muñeca adolorida intentando disimular un poco el dolor pero al sentirse observada de nuevo bajó la mirada incómoda. Tuvo una pequeña idea para romper el horrible silencio que surgió entre los dos.
- Mi nombre es Miyako Gotokuji - le extendió la mano amable -, intentemos llevarnos bien al menos en presencia de Cristal.
A pesar de que él ya sabía su nombre quiso empezar de nuevo y de una manera positiva. Sin embargo, él no respondió incomodándola de nuevo y se sintió una completa estúpida al no saber qué hacer para disipar esa mala escena. Boomer solamente se limitó a observarla y eso era un poco perturbador porque era una mirada tan profunda que sentía que la desnudaba.
- Miyako...
Levantó la vista sorprendida de que finalmente le dirigiera la palabra pero cuando sintió que Boomer devoraba sus labios como si no hubiera mañana, quedó helada. No reaccionó al instante e intentó separarse pegándole en el pecho pero él había sido más rápido y la rodeó con sus fuertes brazos para evitar que lo alejara. Le mordió el labio sorprendiéndola aun más que incluso abrió la boca dando oportunidad a que Boomer introdujera su lengua para disfrutar de una zona que nadie se había permitido probar.
Supo que era el primer beso de Miyako y eso lo emocionó de tal manera que no pudo seguir conteniéndose. La tomó de la nuca para profundizar el beso y de alguna manera Miyako le correspondió tímida y sin experiencia, dejándose llevar por él, quien había tomado el control de la situación.
Era cierto que de los hermanos Rowdy, él era el menor y el más inocente pero no dejaba de ser hombre y sus deseos, como tal, reclamaban el de una mujer y esa mujer era ella: Miyako.
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Neith15
