Capítulo 6: Papá.

Al fin llegó el último día de clases y absolutamente todos platicaban los planes que tenían para las vacaciones de verano, aunque las más emocionadas eran Rubí, Jade y Cristal: las vacaciones familiares serían sensacionales. Momoko proponía diversos lugares para visitar mientras que Brick sólo fingía escucharla mientras asentía repetidas veces. Miyako y Boomer preparaban un viaje a la casa de playa del Alcalde, a la que Cristal había insistido en rogarle que se las prestara y éste gustosamente había accedido sin condiciones. Kaoru simplemente no tenía los pies sobre la tierra, normalmente estaría recostada sobre el pupitre durmiendo pero ese día tenía la mirada más perdida que de costumbre, distraída y no había respondido grotesca a las insinuaciones de Kai.

Suspiró por octava vez en menos de quince minutos, miró el reloj de pared y se levantó de su asiento con la mochila sobre el hombro izquierdo. Se limitó a no decir nada y salió del aula dejando a sus dos amigas desconcertadas del cambio repentino de actitud, claro que la habían notado rara. Un minuto después sonó el timbre de salida, Butch se levantó como un resorte para seguirla, desgraciadamente al salir la perdió de vista entre la multitud.

Corrió, fue lo único que pensó.

- ¿Qué le sucede a tu amiga? - indagó Brick, aunque realmente sólo quería cambiar de tema.

Momoko siguió observando el camino por el que desapareció su amiga sin contestar a la interrogativa. Su mente la había llevado lejos de ese lugar, intentando razonar el extraño comportamiento de Kaoru en los últimos días. Guardó sus cosas y se retiró absorta en sus pensamientos dejando a Brick irritado por haberlo ignorado tan descaradamente. Miyako se disculpó con Boomer y siguió a Momoko, sabiendo de sobra lo que había pasado por la cabeza de ésta.

- ¿De qué crees que se trate, Momoko?

Pareció meditar la respuesta unos segundos en silencio, mientras caminaban hombro a hombro.

- No quiero apresurarme a sacar conclusiones pero... - tocó su mentón pensativa -. Su actitud no es normal... Además el otro día... - recordó momentáneamente -. La vi irse junto con Himeko.

Miyako levantó una ceja confundida, sin entender por qué su ruda amiga se iría junto con Shirogane. Inesperadamente observaron a Kaoru pasar frente a ellas corriendo, se miraron y sin dudar la siguieron hasta la salida pero cuando doblaron la esquina de la manzana, la perdieron de vista. Sólo pudo haber sido una cosa.

- Se dio cuenta - soltaron al mismo tiempo, agotadas de correr.

- Miyako.

Regresó la mirada al escuchar a Boomer llamarla con tanta urgencia mientras corría, las rojizas mejillas le llamaron mucho la atención. Al llegar junto a ellas el color le subió hasta las orejas desconcertándolas. De la mochila sacó una chamarra azul cielo que reconoció al instante como el antiguo uniforme Rowdy, se colocó detrás de ella y le amarró la prenda alrededor de la cintura.

- ¿Qué sucede, Boomer?

- Miyako... - susurró en su oído, nervioso y avergonzado -. Estás manchada.

Abrió los ojos asustada y las mejillas se tornaron de un rojo intenso avergonzada de que Boomer la viese de esa manera aunque era algo completamente natural. Cubrió el rostro con ambas manos pidiendo que la tierra se abriera bajo sus pies y la tragara completa, pero sólo se quedó parada ahí, bajo la atenta mirada de Momoko y su novio.

- Vamos - pidió comprensivo -, te acompaño a casa.

Asintió con la cabeza gacha intentando disimular torpemente el rostro ruborizado.

- Te llamo luego, Momoko.

- De acuerdo, Miya...

Los observó tomarse de las manos y alejarse lentamente de ahí. Juntos eran tan lindos que te hacían preguntar si esa relación duraría tanto como el tiempo que esperaron para darse una oportunidad. Soltó un largo suspiro. Les deseaba lo mejor...

Sintió vibrar el teléfono dentro del bolsillo de la falda, lo sacó de inmediato para leer el remitente de la llamada en la pantalla del aparato y no dudó en responder de inmediato.

- ¿Kaoru? - se extrañó.

- Momoko, disculpa pero quería decirte que no te preocuparas estoy... - Kaoru silenció un par de segundos dubitativa -. Bien... Sólo pido que no preguntes y me hagas un favor, ¿puedes?

- Claro, ¿qué necesitas?

- Que le prepares el almuerzo a Jade, estoy casi segura que Butch no moverá ni un dedo por ella.

- ¿Por qué me lo pides a mí? - curioseó -. Sabes que soy mala para cocinar.

- De acuerdo, Momoko - reprochó fastidiada -. Sino quieres no lo hagas, no te pediré ningún otro favor.

- No, no es eso - intentó disipar el momento incómodo -. Tú sabes mejor que nadie que yo...

- No lo eres... Mi nombre es Kaoru Matsubara... - al parecer estaba ocupada al otro lado del teléfono -. Regresando al tema, no eres mala cocinera sólo no confías lo suficiente en tus propias habilidades... Muchas gracias señorita.

- ¿Dónde estás, Kao? - indagó sospechosa.

Al principio quedaron en un largo e incómodo silencio, pensó que tal vez le había colgado así que apartó el teléfono del oído para asegurarse pero la llamada seguía en curso. Volvió a acercárselo hasta que su amiga se dignó a seguir con la conversación.

- Lo siento, Momoko - soltó cortante -. No puedo decirte.

Y colgó sin darle la oportunidad de hablar. Observó el móvil extrañada pero sobretodo triste y al final, luego de un debate interno entre remarcar o no, lo guardó de nuevo en el bolsillo de la falda junto con otro suspiro. Emprendió la caminata de regreso al laboratorio con la vista perdida en sus pies hasta que sintió que pegó contra algo duro.

- ¿Estás bien?

Esa voz...

Subió la mirada solamente para encontrarse con un Randy curioso, sintió un pequeño aturdimiento y sonrió para disimular su anterior distracción o de lo contrario él la abordaría con muchas preguntas, preocupado de su bienestar.

- Momoko ¿te gustaría ir por un helado e ir al cine después? - la sonrisa de galán que le dedicó le pareció linda pero no le hizo sentir nada o al menos no como lo habría hecho dos semanas atrás -. Sería como una cita... Hoy inician las vacaciones y dime qué es mejor que comenzarlas junto a mi bella chica.

Sonrió halagada de tan bonitas palabras pero tuvo un raro sentimiento en la boca del estómago, algo parecido a la culpa y no sabía muy bien el motivo de tan horrible sensación. Abrió la boca segundos después para contestar la propuesta, claro que aceptaría, siempre esperaba esos momentos para estar junto a él y pasar un tiempo a solas.

- No puede - Brick se metió en la plática -, estará ocupada dándole de comer a nuestra hija - sonrió arrogante.

- ¿Nuestra hija? - repitió Randy confundido -. ¿Tienes una hija con él?

La miró a los ojos pidiéndole una silenciosa explicación a semejante disparate.

- No, no, no, no, no - realmente Brick la había tomado desprevenida -. No lo malinterpretes, no tenemos ninguna hija...

- ¿Sabías que es malo negar a tus propios hijos?

Brick la retó a negar lo que ambos sabían y guardaban celosamente del mundo entero...

- No lo digas de esa manera, por favor - le reprochó con los ojos entrecerrados -. No estoy negando nada es sólo que...

- ¿Entonces si tienes una hija con él? - Randy la miró dolido y señaló a Brick -. ¿Y precisamente con él? - bajó la mirada pensativo -. ¿Es por eso que empezaron a sentarse juntos?

- No es eso - Momoko tuvo que contenerse para no darle una bofetada por idiota -. Por favor Randy, piensa con más claridad... - suspiró buscando una inexistente tranquilidad -. Sólo tenemos diecisiete, ¿cómo sería posible que tuviéramos una hija si apenas y nos vemos? ¡Nos odiamos...!

Brick sonrió burlón satisfecho de haber logrado su cometido: acorralarla. Estaba ansioso por saber qué excusa se inventaría para calmar a su noviecito. Randy lo miró de reojo sin comprender la situación o al menos eso pensó al ver la cara de tonto que puso justo después de que ella terminó de hablar. Ese chico le desagradaba...

Momoko suspiró cansada después de un largo silencio incómodo y se tocó el puente de la nariz, buscando catalizar su enojo lejos de Randy.

- Encontramos a una pequeña cachorra - agregó después de buscar las palabras adecuadas - y él me molesta con que es nuestra hija ya que ninguno quiso ceder a que el otro se lo quedara - finalizó.

Ambos la miraron de reojo, uno más comprensivo y el otro frustrado.

- Bueno... Tengas una hija o no - rompió con la pequeña capa de hielo que se había formado entre los tres -. ¿Aceptas la invitación?

- No irá o le quito la custodia - Brick amenazó burlón.

Momoko lo miró mal por la repentina extraña actitud, él jamás mostraba mucho cuidado por Rubí y se preguntó por qué ahora si.

- Randy, claro...

- ¡No irá! - dictó Brick.

La agarró de la mano y la arrastró fuera del campo de visión de Randy. Momoko intentó soltarse de él pero era mucho más fuerte, era muy claro ese pequeño y casi imperceptible punto de no ser Blossom. Se detuvieron en un parque cerca del instituto, ligeramente maltratado - sin cuidado alguno - pero bastante cómodo y con muchos bellos árboles a su alrededor. Finalmente logró soltarse y lo miró furiosa.

- ¡¿Qué te sucede, Brick? - era bastante perturbador verlo a los ojos más rojos que de costumbre pero no se permitió intimidarse -. ¡Eres un maldito brusco!

- Si digo que no irás, no irás.

- ¿Quién te crees que eres para decidir por mi? - le tocó el pecho con un dedo.

- Brick, el Rowdy más temido de la ciudad.

- Já - burló -. No te ilusiones que no provocas miedo ni a una minúscula mosca.

- ¿Quién rayos dice?

- Pregúntale a cualquiera, no eres más que un chiquillo descarrilado.

Había soltado las palabras sin pensar en las consecuencias, no es que haya deseado lastimarlo pero en verdad no podía retroceder ante lo dicho. Sólo quería entenderlo y progresar en esa rara relación, aún no lograba comprender cómo es que acabarían juntos en el futuro pero después de aquello dudaba que hubiese un avance entre ellos.

Brick la miró sereno aunque por dentro intentaba contener la furia que le recorría las venas... Muchas veces había escuchado esas mismas palabras en boca de todos los ciudadanos con los que alguna vez se topó pero jamás creyó escucharlo precisamente de ella y eso lo indignó.

- ¡Lo dice una traga dulces gorda que jamás conseguirá novio por fea! - gruñó.

- ¡Entiendo!- gritó en su cara -. Pero ese será mi problema porque te aseguro que habrá alguien que si me quiera como soy.

- No lo hay, te quedarás sola en este mundo por amargada... Bomboncito.

- ¡¿Y tú qué sabes?! - retó, harta de tanto drama -. Por supuesto que alguien está esperando por mí en alguna parte del mundo - los colores se le subieron a las orejas del enojo - dispuesto a quererme.

- ¡Já! Lo dudo, nadie te quiere.

- ¿Esto es en serio? ¿Tú me dices, a mí - se señaló a sí misma -, que nadie me quiere cuando el más odiado eres tú? - ironizó apuntándolo.

- Podré ser el más odiado pero te puedo asegurar algo: no hay nadie que te pueda querer más que yo.

No había medido ni pensado sus palabras. Cerró los ojos maldiciendo su lengua floja y al abrirlos de nuevo la encontró con la mirada fija en el suelo, ruborizada hasta las orejas. Brick no retrocedió ante lo dicho y la jaló hacia su cuerpo para poder besarla. Rodeó su pequeña cintura con posesividad mientras que ella no salía de la sorpresa de haber sido abordada con tanta facilidad. Intentó separarse de sus labios pero estos eran tan suaves que la hipnotizaron de inmediato y sin comprender el motivo le correspondió tímida. Él se sorprendió pero no perdió la oportunidad para adentrar su lengua sin previo aviso provocando que Momoko soltara un gemido de asombro. Se sintió victorioso porque si había algo en lo que podía ganarle a la Powerpuff Girls Z, era en los besos.

Momoko se separó asustada, negó repetida veces con la cabeza y se alejó de él, temerosa. Brick se sintió dolido por su repentina reacción de rechazo, intentó acercarse pero ella salió huyendo...

Se quedó paralizado por varios minutos sin comprender, cuando salió del pequeño trance pasó ambas manos sobre la alborotada cabellera pelirroja.

- ¿Cómo pude pensar que ella me aceptaría? - sonrió amargo.

El aire se llevó las tristes palabras así como su corazón roto.


Soltó el suspiro más largo del día, en verdad le frustraba toda esa situación innecesaria.

Pasó la mano por los rebeldes cabellos intentando buscar un poco de tranquilidad que se negaba rotundamente a no aparecer, por último apretó la mandíbula con considerable fuerza. En qué rayos se había metido, realmente había sido una completa tonta al elegir sus cartas, metafóricamente. Cuando tuvo el valor necesario sacó un sobre del interior de su mochila, tendría que darle la noticia después ya que no tuvo tiempo de llamarle antes de que sus amigas corrieran detrás de ella en busca de respuestas a su reciente comportamiento, y es que aún no podía explicarles hasta que la situación aminorara lo suficiente.

Pensó en los sucesos dentro del los últimos par de meses hasta ese día y tuvo un poco de miedo sin saber el por qué, tal vez era debido a que en verdad no se esperaba ese cambió de trama drástico. Con las manos temblorosas de los nervios abrió el sobre sin llegar a leer lo más importante, sólo pudo ver su propio nombre mecanografiado al principio de la hoja.

Suspiró de nuevo, intentando calmar todos los insoportables y alborotados pensamientos que la llevaban atormentando desde una semana atrás.

Una fuerte ráfaga de viento le revolvió el - considerablemente largo - cabello oscuro por ahora suelto, normalmente lo tendría en una coleta alta o en un trenza pero por alguna rara razón prefirió soltárselo ese día. A pesar de que este había crecido en los últimos meses no había ido a cortárselo, sencillamente se había dejado engañar por unas cuantas palabras bonitas.

Desvió la verdosa mirada hacia abajo, atenta a todos los humanitos en forma de hormigas que divisaba desde la torre más alta de todo Tokio. Le dio un poco de gracia saber que solamente habían limitadas personas que podían ver tan fabuloso panorama, el atardecer era exquisito y el aroma a salitre de las cercanas playas rugían fieramente la cercanía del verano.

Ella tenía el grandioso beneficio de observar atentamente cada lugar de la ciudad sin correr el riesgo de caer a una muerte segura y se preguntó si valía la pena seguir siendo una heroína, luego de un par de minutos en silencio disipó esas ridículas cuestiones.

Regresó al mundo terrenal y confiada de que al fin logró contener los nervios, desdobló la hoja completamente ansiosa de saber la respuesta al enigma. Comenzó a leer sin entender completamente ciertas siglas y cuando dio con la línea que delataba el resultado, alguien le arrebató la hoja de las manos. Parpadeó un par de veces, desconcertada...

Delante suyo se encontraba levitando Butch, igual de arrogante que siempre y la hoja en una de las manos. Se alertó pero no logró hacer nada para impedir que leyera el contenido, pensó en lo estúpido que era pero optó por esperar a ver su reacción...

Abrió los ojos exageradamente, sorprendido.

Supo de inmediato el resultado gracias a su expresión de total asombro.

La mirada de Butch se posó sobre su persona con un gesto de profunda confusión y probablemente... ¿Herido? No supo interpretar la mirada pero entendió que algo dentro de él se oscureció. Ladeó la cabeza con la mirada perdida, buscando una explicación a esa única palabra que cambiaría toda una vida a partir de ese momento.

Pero sus ojos, esos penetrantes ojos tintados de un verde bosque que en ocasiones llegaban a intimidarla hasta el punto de querer esconderse, se clavaron sobre su vientre plano claramente desconcertado pero lo que más le sorprendió fue cuando subió la mirada para clavarla sobre la suya. Sintió miles de fragmentos de cristal traspasándole la piel... Era un sentimiento desconocido para ella, la expresión en su rostro fue demasiado para asimilar: estaba decepcionado.

La garganta se le secó sin entender porque la opinión de él le afectaba tanto.

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.

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Sin embargo, en cuestión de segundos los ojos se le oscurecieron: Butch se había enojado.


- Muchas gracias, Boomer - se sentó sobre la cama a un lado de él con las mejillas ruborizadas -. Al menos la mancha se quitó fácilmente... Pero no logro comprender algo, ¿cómo te diste cuenta si casi no se notaba?

Él sonrió de lado junto con un leve sonrojo en las mejillas. Al parecer la pequeña Miyako no conocía la mirada de un hombre aunque obviamente no había sido su intención... O tal vez si, nadie lo podría debatir mejor que él.

Cuando su novia se había levantado del pupitre para seguir a la futura esposa de Brick, se había obligado a ceder a sus impulsos de verle el trasero como todo Rowdy pervertido pero en vez de eso notó una pequeña mancha negruzca sobre la tela azul marino de la falda escolar. Regresó la mirada donde segundos antes se había sentado Miyako y enfocó una mancha de tinta que aunque no era grande era lo suficiente como para impregnarse en cualquier prenda.

Asustado de que alguien lo confundiera con otra sustancia, se sonrojó, salió corriendo detrás de ella. Sin embargo, la perdió de vista entre la multitud de estudiantes que buscaban la libertad con ansias.

Soltó un pequeño suspiro, resignado. Dudó si seguir buscando o ir directamente a su casa, jamás contó con que se encontraría a Kaoru corriendo frente a él tan rápido como la atleta que era seguida de Miyako y la pelirroja. Esperó un par de segundos antes de alzar una ceja extrañado de la situación. Salió del pequeño trance y las siguió hasta la salida donde las encontró descansando con las manos sobre las rodillas mientras volvían a usar los pulmones para respirar. Luego todo fue historia...

- Supongo que tengo vista de águila - se encogió de hombros.

Miyako levantó una ceja, incrédula, obviamente no le creía así que sonrió divertida.

- Claro - ironizó -, como no sé lo pervertido que puedes llegar a ser...

Dejó al aire la idea que había cruzado por su mente.

Boomer sonrió arrogante, como si ella le hubiese dicho el comentario más halagador del mundo entero. Tuvo una grandiosa idea: tiró a Miyako sobre la cama ágilmente, quedando sobre ella en una posición demasiado comprometedora para nada incómoda, al contrario, sus cuerpos encajaban perfectamente el uno con el otro.

- Si ya sabes la respuesta - hundió el rostro en el cuello de su novia -, ¿para qué preguntas? - besó delicadamente la pálida piel de Miyako.

- Tienes razón - tembló entre sus brazos -, ¿para qué pregunto si ya sé como es tu mirada de curiosa?

Tuvo que reprimir un gemido, las caricias de Boomer eran tan exquisitas que no podía ser capaz de controlarse a sí misma.

- Eres tan inocente - susurró en su oído, ronco de deseo -. ¿Sabes que me gustas más como Miyako que como Bubbles?

Miyako tuvo una agradable sensación por toda la columna vertebral, amaba la voz de Boomer pero en ese momento logró bajarle todas sus defensas.

- ¿Serás porque siendo Bubbles te pateo el trasero?

Sonrió divertida y él correspondió de igual manera.

- Tendré que hacerme cargo de esa boquita sucia.

La besó salvaje y ella correspondió con la misma intensidad, ansiosa de sentirlo sobre sus labios. Tal vez había algo más que cariño entre ellos y poco a poco lo estaban descubriendo, total tenían una vida por delante y Cristal era prueba suficiente de ello.

- Tal vez - agregó regresando al tema anterior -. Aunque el día que por fin decidiste decirme tu verdadero nombre me sentí feliz de que diéramos un paso más - la volvió a besar en los labios -. Siempre que nos veíamos a escondidas, aunque no lo demostraba, me sentía feliz e inexplicablemente a gusto contigo.

- ¿Hablas en serio? - lo apartó para verlo a los ojos, sorprendida -. Pensé que te irritaba, después de todo casi ni hablabas y siempre cargabas con una cara de mal humor...

Esta vez ella cambió de posición con agilidad. Ahora lo tenía debajo, sentada sobre el duro abdomen y las piernas a ambos lados de las caderas de Boomer. Lo miró a los ojos por un par de segundos intentando inmortalizar su mirada, siempre había pensado que Boomer tenía bastante encanto cuando la mirada directamente. Lo besó lento, con delicadeza y suavidad, disfrutando de los experimentados labios de su novio. Acarició las mejillas pecosas con cariño al tiempo que él colocaba ambas manos sobre su diminuta cintura con posesividad, subió lentamente hasta sus hombros y con fuerza la atrajo más cerca de él si es que eso podía ser posible. Sintió sus fuertes brazos sobre hombros y espalda, se sentía inexplicablemente bien estar así con él.


- ¡Mamá, mamá, mamá...! - y muchos más "Mamá" repitió Rubí eufórica.

Saltaba descontrolada sobre el sofá del laboratorio como una pequeña infante de seis años, le pareció divertido verla hacerlo por unos cuantos minutos hasta que recordó que el inmobiliario era nuevo y cualquier daño ellos lo pagarían y ella no tenía dinero para gastar a lo tonto.

- Rubí - carcajeó conmovida -. Por favor, baja de ahí. Te puedes caer o fácilmente el profesor te puede engañar...

- ¡Mamá! - gritó al tiempo que se lanzaba a abrazarla -. Hoy empiezan las vacaciones, ya es verano - la emoción con la que hablaba no tenía precio y la admiró por ser tan abierta en sus emociones -. ¿A dónde iremos papá, tú y yo?

Esa sencilla pregunta bastó para bajarle las barreras. Recordó lo sucedido en el parque a la hora de la salida y caer en la cuenta de que le había rechazado un beso al papá de Rubí la hizo sentir extremadamente incómoda y rara. Buscó las palabras adecuadas para responder junto con una sonrisa para disimular la terrible sensación dentro de su pecho pero el sonido de la puerta principal del laboratorio al abrirse la desvió de su plan inicial. Ambas posaron la mirada en la entrada, era Brick con un gesto de absoluto desinterés por lo que ocurría a su alrededor.

Dos pares de ojos lo miraron, una rosada y la otra rojiza.

Momoko lo miró curiosa pero después de revivir el incómodo momento la desvió nerviosa. Él le devolvió el gesto, sereno hasta que endureció la mirada sobre su persona, reprochándole que actuara como si en verdad no hubiese sucedido nada. Subió las escaleras corriendo en dirección a su habitación y azotó la puerta al encerrarse en la habitación.

Rubí, que había estado atenta a la mirada de sus progenitores, contrajo el rostro preocupado.

Siguió a su padre hasta su habitación y tocó la puerta, esperanzada de que le abriera pero él no lo hizo.

- Papá... - susurró -. Abre, por favor... Quería hablar sobre nuestras vacaciones, tal vez sería buena idea que...

- ¡No soy tú papá! - gritó al otro lado de la puerta -. ¡Sólo déjame en paz de una maldita vez!

- Papá - volvió a llamar al borde del llanto -. Yo... Yo soy tu hija, ¿por qué me dices eso?

El tonó de voz fue lastimero, realmente ella no se esperaba que su propio padre le dijera eso, ¿acaso no se daba cuenta de lo mucho que la lastimaba con sus palabras?

- ¡No lo soy! - gritó eufórico -. ¡Y espero no serlo!

- Por favor - intentó dialogar a pesar de sentir el corazón roto -, hablemos con más calma...

Brick abrió la puerta con el rostro rojizo de ira, estaba casi segura de que jamás lo había visto así ni siquiera cuando se portaba mal. Visualizó una mochila negra sobre el hombro derecho, de seguro había guardado todas sus cosas personales dispuesto a irse lejos de ahí.

- ¡¿Crees que me interesa jugar a la familia contigo?! - gritó más fuerte -. Tengo cosas mucho más importantes que hacer que estar perdiendo mi tiempo con una chiquilla irritante como tú.

- Papá - sollozó Rubí -, prometo ya no molestarte pero por favor...

- ¡Cállate! - la cortó -. ¡Me irritas!

El desprecio con el que había soltado las palabras atravesó el frágil corazón de Rubí, paralizándola del miedo.

Brick levantó una mano dispuesto a abofetearla por imprudente pero lo que sucedió después lo hizo reaccionar impotente. Su mano contra la mejilla de ella sonó tan fuerte que resonó entre las paredes del laboratorio, perdió el equilibrio de semejante golpe y Rubí abrió los ojos completamente asustada y Brick... Brick solamente no supo qué decir. Ya nada tenía sentido ni siquiera podía deshacer sus propias acciones.


Gracias a FlutterRage, violeta5006, Guest y ailyn. fuentesfuentes.

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Neith15