Los más grandes dioses se encierran en su sueño y no hay fortaleza que los despierte. Pero otros, se despertaban fácil. Más aún cuando se encontraban con un montículo al lado de su lecho.
-¿Eh?
-Escúchame.
-¿Qué?
-Por favor.
-¿Ah?
-Prende la luz.
Ella lo hizo, incomodada por la voz. Era Loki. Ella se puso las manos en la cintura, y lo señaló, furiosa.
-No grites, por favor- le rogó, y ella suspiró, sentándose en la cama.
-¿Cómo diablos puedes hacer eso?- le preguntó, desconcertada.
-Aprendí a manejar los cubos. Lo hago mientras tienes que andar con Odín o con Thor, o tus amigas en tu vidita perfecta. No me dijiste que podía viajar solo.
-No tenías porqué saberlo- replicó ella, molesta. – Pero bueno, estamos a mano. Ya no me necesitas, viaja tú solo.
-No quiero ir a ningún otro lado.- replicó, desafiante.
-¿Viniste a no perder a algún aliado?- dijo ella, recogiéndose el cabello.
-Quizás a la única persona en el universo capaz de tener cierto afecto por mí. A pesar de mí- le dijo. Ella negó con la cabeza.
-Me encerraron por tu culpa. Y no digas que tarde o temprano lo hubieran hecho. Eso no es válido. Eso dolió, maldita sea.
-Lo hubieran hecho, Kali. Igual- replicó, entre implorante y cínico.
-¡Pero no así! ¿Qué ganabas manipulándome?
-Nada, te recuerdo que tú también me diste una paliza monumental.- replicó él, molesto.
-Y te mereces otra, eso es seguro.- acotó ella.
-Dámela.- le dijo.
-No, no lo voy a hacer. Recuerda que no soy tú, que parece ahora mismo, ceder a cualquier provocación. ¿Si ves? Y así quieres casarte conmigo. En estos momentos quiero estrangularte.- le dijo molesta. - ¡Me siento como tu maldito títere!
-Tú también puedes destruirme. Hazlo. Te lo estoy ofreciendo voluntariamente.
-¿Por qué?- preguntó ella con un gesto de extrañeza. Él abrió los brazos, en la misma posición, y ella entendió.
- ¡Siempre eres tan raro tratando de pedir perdón!- protestó. –Hablamos mañana, quiero dormir.
-No, no me vas a ….
Ella hizo otra raya, y fragmentó su imagen, mientras él apretaba los labios, furioso.
En la celda
¿Cómo poder decirle que te había arruinado la vida? ¿Que todos los mecanismos que habías usado para defenderte de él por años, no servían? Fácil: En la cara.
-Sé lo que hice, pero no siento que te haya arruinado la vida. Pero aun así, lo siento.
-¿Por qué lo sientes?- preguntó ella, ya en la celda. Estaba cruzada de brazos, muy molesta, en la mañana.
-Porque estás furiosa, y no creo que haya sido divertido tu tiempo en la prisión. No lo es para mí- dijo Loki subiendo las cejas, seguramente expresando algo que era muy extraño para él.
- ¿Por qué querías verme así? ¿Pensabas que podrías destruir todo y controlarlo? ¿Que era divertido?- reclamó ella.
-Sí, también por eso, pero siempre supe que eras fuerte. Y cuando ví que podías hacer eso, y seguían aplastándote, y de cierto modo, quitándote todo lo que te hacía … especial… solo actué.- dijo él, viendo a la diosa azul, cortando cabezas, y sacando su larga lengua. Una visión espléndida.
-Si me lo hubieras dicho antes, habría sido más divertido. Me hubieras enseñado a controlarlo.
-Luego de que me partiste todos los huesos, no me atreví a hacerlo. Solo en tu baile de graduación. No entiendo, ¿por qué no quieres matarme?- preguntó él, intrigado. La había traicionado, lastimado y arruinado la vida. Pero aún no quería matarlo. ¿Se había vuelto débil?
-¿Para qué? Igual estás encerrado.
- Pero cuando salga cobrarás venganza, de alguna forma. Mira, es de verdad. Esta vez. Lamento haberte arruinado la vida, pero sin eso…no serías quien eres hoy.
-Gracias por el cinismo- apuntó ella. Él suspiró.
-No soy bueno en esto.
-Digamos que tienes razón, y que por eso no quiero matarte. Pero ¿sabes? De cierto modo el que me hayas arruinado la vida y que tú estés ahí adentro, me da cierto consuelo. Pero de otro modo, pienso que yo era demasiado ingenua aún para confiar en ti, y que no terminaré nunca de saber si estoy frente a una imagen… o ¿tú?- dijo, mirándolo con inquina. – Creo que eso llega a lastimarme un poco.
-Lo siento.- dijo él, sin saber qué más decir.
-¿Es decir que de verdad hay afecto sincero?- dijo ella mirándolo sospechosamente.
-Ehm… dilo como quieras. Sí, supongo. Me agradas. Siempre lo has hecho. Mira, no puedo decirte nada más. Simplemente eso. A nadie se lo he dicho. ¿Estás… no sé, contenta?
Ella torció la boca. Suponía que por parte de él, no podía esperar algo mejor. Pero sabía que él no era de palabras, y más de hechos. Y le había demostrado que quizás… sí era afecto sincero.
-Está bien. Pero te lo haré pagar poco a poco.
-¿Torturas con magia? Adelante- dijo él, aliviado. Si tenía que pagar así, estaba dispuesto. Realmente, lo lamentaba un poco, por arruinarle la vida. Pero sabía que había sido por su propio bien. Sí, su concepción del afecto era bastante retorcida.
-No, idiota. Trágate el cubo. Nos vemos en mi casa.
Apenas se vieron, ella estaba sentada insinuantemente en el diván. Solo tenía una túnica transparente, y su cabello estaba recogido en una trenza. Estaba llena de joyas. Él sonrió.
-No es justo.
Ella cruzó la pierna.
-Siéntate. A mis pies- dijo, ofreciéndole una almohada. Él sonrió, y lo hizo.
-¿Crees que durarás aquí para siempre?
-Eso es lo que Odín cree.
-¿Quieres saber cómo salí?
-Ya me lo djisite. Por Mahishá.- replicó él, que se recostó sobre los almohadones, frente a ella.
-No es tan fácil como aparenta ser, Loki. Verás. Duré cinco años encerrada. Por tu culpa, por la mía. Por la de Hades, no sé. Digamos que por tu culpa.
-¿Aprovechabas el tiempo como yo?
- No, no tuve a nadie que viniera a visitarme…
-Te dije que me dijeron que habías desaparecido en Midgard- replicó él, irritado. – Me dijeron un montón de mentiras. Te busqué, pero luego perdí la esperanza, y Odín y madre, digo, Frigga, insistieron en que no…
Ella lo silenció, colocando su enjoyado índice en su boca. Ella se sentó al frente suyo.
-Eran muchos, Loki. Muchos. Solo sentí el enorme frío que hacía, en esa vasta llanura. Frío oscuro que le helaba la piel. Me obligué a no mirar abajo. Los soldados de Visnú estaban muertos. Cadáveres, mutilados, por montones. Caballos con los ojos abiertos. Yo tuve que cabalgar sobre Ashá, quien iba lentamente, pisando armaduras, cuerpos, lodo. Ya no había fortaleza por defender. Y aquellos que me encerraron, solo miraban cómo soltaban a su criatura negra, adornada hasta el tuétano, aquella que casi los había destruido hacía cinco años: Yo. Yo tenía que destruir a Mahishá, luego de haber estado encerrada por mis acciones, por mi propia naturaleza.
¿Qué si me volví loca contándolos? No. De hecho, contarlos me permitía saber que estaba en el presente, y no caería en el delirio de la venganza y la locura. Una locura que sabía que era mía. Por eso no puedo culparte de lo que hiciste. No del todo. Pero sí te diré que cinco años, encerrada, desesperada… bueno, ahora lo sientes. Sientes lo que es ser abruptamente olvidada. Yo era Durga, para ellos. La erúdita invencible. Y ahora que había revelado quién en verdad era yo, me encerraron, me olvidaron. Borraron mi nombre, ahora maldito. Tampoco… me reconocieron. Hasta que vino el mismo Shiva, a quien pisoteé.
-¿Y qué te dijo?
- Nada. Que tenía que matarlo. Y que el reino estaba en problemas. Le reconozco que trató de hablar conmigo, aparte de tratar de controlarme. Sí, controlarme. Así lo llamaba. Yo estaba furiosa cuando me encerraron, y entre él, Krishna y Vishnú me entrenaron. No les fue fácil. Nunca pudieron hacerme entender que me encerraban 'por mi bien', porque eso era una mentira (me encerraban por el de ellos). Así que vino Shiva, a quien creía el menos severo, y era el más amable. Me dijo que yo… era la única esperanza. Me negué a colaborar. Pero él me ofreció ser libre a cambio de matar a Mahishá, que había destruido todo el oriente. Yo acepté, ¿qué más daba? Ya no quería vivir.
-Me dijeron que desapareciste. Que jamás volvería a verte…
-Sí, eso les dijeron a todos, hasta que entre el diezmado ejército, aparecí, montada sobre el tigre, vestida con un sari rojo, y todos esos adornos que ya has visto en mi casa. Tenía mucho miedo. Temblaba. Y vino Mahishasura. Con un gran ejército detrás.
-Así se llamaba.
-Sí, Mahishashura. Apenas me vio, me dijo "llámame Mahishá". Se veía su deseo por mí. Me ofreció unirnos.
-Me hubiera llevado bien con él. Parece que tenemos el mismo gusto en mujeres.- insinuó. Ella le hizo un gesto de irritación, pero luego se quedó pensativa.
-Sí, aunque no sé hasta qué punto. De hecho, él era muy burdo, y muy tosco. Como verte a ti sin sutileza, sin astucia, sin… gracia.
-Gracias, gracias, gracias. Es decir que te dijo cosas como "eres demasiado bonita y qué pechos tienes". "Ven conmigo y hagamos cosas deliciosas". Sí, todo un clásico.- acotó él sin sorprenderse. Kali asintió.
- Algo así, pero peor.
-¿Y entonces?
-Mis tíos proclaman a los cuatro vientos que yo dije "Solo soy fiel a mi señor Shiva". No. Le dije que era feo y que no estaba interesada, y menos con un ejército de demonios. Así que los envió. Yo no sabía qué hacer, hasta que vi mis brazos salir, con un montón de armas. Comencé a matar demonios aquí y allá. Eran miles, y me contaron que duré dos días. Al final, yo estaba harta. Le dije que peleáramos uno a uno. Él solo se rió, y me dijo la verdad: Solo sería apreciada por ellos si lo derrotaba. Si moría no importaba, mi deshonra se pagaría con mi sangre. La deshonra de ser como era. "Mírate", me dijo. "No vales nada para tus amos. Mejor ven conmigo, usemos nuestro poder para gobernar".
-¿Y estuviste tentada?
-Sí, por un momento. Pero miró mi cara, y volvió a reírse. Supe que tendría que soportar a ese ser despreciable, y me transformé. Le corté la cabeza, y la tiré a Shiva. Comencé a desplegar mi poder, y él se puso al frente de mí. Lo pisoteé, y con ello terminé mi actuación. Tal y como querían, me libré de mi prisión eterna, me hicieron un cuadro y me dieron honores. A ti te auguro lo mismo.
-¿Cómo puedes estar tan segura? No volveré a ver a mi madre. Odín ya no me reconoce como su hijo. Nunca seré lo que tú eres- dijo Loki, que había prestado atención al relato de su amiga. – En este caso es distinto.
-Loki... no sabes nada de lo que está ocurriendo en los Nueve Reinos- dijo ella acercándose a él, con su característico brillo en los ojos. Él se interesó.
-Dime…
-Hay muchas, pero muchas oportunidades de salir. Todo puede pasar. Ningún mundo ya es seguro. Que la frivolidad de sus líderes sea patente, es otra cosa. Pero hay gente que la aprovecha. Puede que haya algo para ti.
- Cuéntame eso. – dijo, incorporándose.
Ella le relató todo lo que había pasado luego de que se le creyó muerto. Entonces, la interrumpió justo en medio de una oración.
-Dime por qué no has tomado nada para ti.
-Estoy en el consejo de los dioses de mi mundo. Pero también tengo relaciones con otros mundos. Les digo que son convenientes. Pero solo lo son para mí.
-¿Piensas algún día derrocar a Visnú y quedarte tú con el trono?
- No. Quiero que él me lo de, por encima de Shiva, Krishna e incluso mi sobrino, Ganesha. – dijo ella, convencida.
Loki meneó la cabeza, incrédulo. Pensaba que Kali se había vuelto loca de ingenuidad.
-Pero eres una mujer, linda. Ellos te encerraron porque una mujer los derrotó. No te has casado, eso es una desgracia en tu mundo. Haces lo que se te viene en gana. Nunca lo lograrás.
-Lo sé, don misógino.
-En tu mundo son peores que yo y lo sabes.- acotó él.
-Por lo menos lo intentaré- respondió ella desafiante. –Y ahora que te he contado lo que te he contado, y te he mostrado más cosas, sé que tú saldrás.
-Nunca pasará conmigo lo que pretendes para ti.- respondió él, escéptico.
-No. Pero olvidarán todo. Tendrán qué. Serás la serpiente que acecha en el árbol. La que vigilarán. Pero tú harás todo por tu lado… y serás libre.
-Pues si es como me lo has contado, solo tendría que esperar…- dijo él, pensando en lo que ella le había relatado. Caos en los Nueve Reinos, ¿quién lo imaginaba?
-Nadie vendrá a ayudarlos. Odín no sabe, pero Visnú está muy molesto desde que dejó al mundo Deva a su suerte con lo de Mahishashura. Pensó que sus amigos lo ayudarían, pero Odín le respondió que tenían sus propios problemas.
-No cuando salimos de la escuela- recordó Loki, levantando una ceja, preguntándose por qué Odín no ayudó a los Devas con lo de ese demonio. No envió a nadie.
-Yo que sé. Eso fue lo que me contaron luego. Pero mi tío fingió que no pasó nada, y pidió que yo te visitara, diciendo que era cosa mía.
-¿Y lo era?
-Claro, pero él usó eso también para ver la situación de Asgard. Lo del casamiento…- dijo ella recordando el vergonzoso incidente. – Creo que aunque le entusiasme, lo hace para distraer.
-Odín no es tonto.
-Lo sé. Pero creo que cree en la bondad de tu mamá.
-Que ella no es mi madre, te he dicho- replicó él, fastidiado.
-Te crió por años, y por ella vives, idiota. Déjame decirle como quiera.
El volteó los ojos.
-Está bien… pero ¿qué es lo del casamiento?
Ella miró hacia otro lado, y él apretó su mano.
-Vamos…
-No, ¡suelta mi mano!- le dijo, y lo electrocutó. Él se tumbó al piso.
-¡Maldición, Kali!
-Ahí tienes.- dijo ella, alzando los hombros, y levantándose.
-Si salgo, me la cobro.
-¿Y cómo?- dijo ella, poniendo su pierna a su lado. Él la miró, y sonrió.
-Maldita, maldita- le dijo, y ella sonrió suspicazmente.
-Te lo ganaste.
-Preferiría que me mataras- dijo, mirándola degeneradamente.
-Lo siento, no me gusta hacer fila.- dijo, subiendo más la pierna.
Él sonrió. Por esos apuntes es que habían comenzado a ser amigos desde hace mucho tiempo. Ella hubiese sido la única que hubiera reído cuando él volvió a Asgard, detenido por Thor, y sus primeras palabras fueron '¿Me extrañaron?'. Se hubiera reído a pesar de la perversidad del asunto, a pesar del hecho de que era un criminal.
-En serio, ¿por qué te molestas? Pones en duda tu reputación, tu vida exitosa de criatura exitosa. Fuera de eso, yo hice que te encerraran. ¿Afecto… sincero? ¿Amor? ¿Locura? ¿Capricho?
Ella cruzó los brazos, y se retrajo. Comenzó a gatear como un animal, y se abalanzó encima de él, que sonrió.
-Esa es una buena manera de responder…
-¿No quieres tocar?- le dijo, con mirada aparentemente inocente.
-No soy tan estúpido- le susurró.
-Tú me enseñaste a vengarme, Loki. Tú estuviste en mi desgracia. Estuviste ahí. Tú me viste caer, y me ayudaste a levantarme, y siempre te lo agradeceré, a pesar de que yo no pudiese verte nunca, por estupideces tuyas, luego de irte de Asgard. ¿Por qué rechazaste esto?- dijo, colocándole la mano en un seno. - ¿Por qué lo rechazaste por un feo chitauri?
-¿Poniéndolo en esos términos, soy un estúpido?- dijo él, conteniéndose. –Kali Mata, si así hubieses sido tan solo todo el maldito tiempo…
-Ahora lo soy..- dijo, recorriéndolo con sus manos. Era pérfida, horriblemente pérfida.
-No me vas a electrocutar.- respondió él, mirándola a los ojos. Ella le puso la mano en el otro.
-¿Qué vas a hacer? –le preguntó, desafiante.
-Te odio- le respondió irritado. Ella adivinó su gesto.
-Si las retiras, igual te electrocuto.- le advirtió.
-Por mí está bien- dijo él, alzando los hombros.
-Dime por qué no viniste a mí. Por qué no te mudaste conmigo. Te contacté.- le preguntó ella, seria.
-No quería que me vieras así, ¿entendiste? Solo por eso. Quería dejarte la misma imagen de siempre.
-Ay, qué triste- dijo ella retirándose, de inmediato, haciendo un fingido gesto de pesar. Él golpeó el piso con la mano, furioso. No le gustaba ser instrumento de nadie, y menos de una manera tan burda. No le gustaba que le hicieran eso.
-Si salgo, te tomaré de una manera que no te va a gustar. Te lo juro- le gritó, señalándola. Ella se sentó, mirándose las uñas, e indiferente ante sus amenazas.
-Adelante. Siempre me gustó.
Él cambió su enojo por extrañeza, ante la respuesta.
-¿En serio?
-Sí, en serio. ¿Te acuerdas? Luego de la horrible broma del "Baile de las Estrellas".
Años antes.
En la esquina de los mundos, sobre una luna, un pequeño lloriqueo. Uno silencioso.
-Te encontré.
-Ay, no…
-Sabía que estarías aquí.
-No te acerques. ¿Por qué mejor no te vas?
-En la concepción de amistad que nos han enseñado, creo que es necesario hacerte entender que mi presencia es requerida, ¿no?
-Vete al baile. Sigyn debe estar esperándote.
-Me abofeteó antes de llegar.
-¿Por qué?- dijo la morenita, limpiándose las lágrimas. Tenía sucio su vestido ámbar. Estaba llena de porquería. Loki entendió que esa tan bella cita prometida con Apolo, no había sido más que una treta para seguramente, hacerle una declaración a él. O simplemente, por hacerle daño a ella. Solo eso. Y ella, como tonta, se lo había creído
-Porque quise hacer cosas que ella no quería hacer. No sé con quién está ahora.
-Como sea, vete. Tú me lo advertiste. Yo que pensé que por fin sería aceptada. Ya sabes. Creía que yo era atractiva y todas esas patrañas. Apenas llegó en su carroza, comenzó a arrojarme toda la basura del Universo que encontró. Estaba tan paralizada que no pude reaccionar. Pensé que no me ocurriría…
-Te lo dije desde el principio. Vamos a tu casa.
-No. No quiero ser humillada. – le dijo, y él abrió sus brazos, y se recostó sobre él.
-Entonces entremos a la mía. Te daré algo y salimos.
Así lo hicieron. Ella lo miraba tocar la lira. No le había hecho caso cuando le dijeron que Apolo la quería invitar al baile. No le hizo caso a las burlas, a las mil conjeturas, a los miles de sarcasmos hirientes de Loki, que se lo advirtió por todos los medios . Por fin, por fin podría ir a un baile sin tener que quedarse en casa. Por fin podía saber qué era lo que se sentía salir con un hombre, sin sentirse intimidada.
Lo que había sufrido antes, con Loki, había sido humillación, pero bromas tontas, que ellos se habían cobrado sutilmente. Nunca fueron reconocidos por su valentía, solo Hades parecía preferirlos. De resto, eran los aborrecidos. Los que debían ser odiados. A ellos los golpeaban, les dejaban monstruos en sus gavetas. Pero ellos hacían las cosas peores. Eso sí, habían tocado un punto débil, el de ella: Su seguridad basada en la opinión de algún hombre. La fea compañera, para el tonto genio del mal.
-Quiero matarlo, Loki- dijo mirando las cuerdas de la lira.
Él la miró a los ojos, y paró la música. Sonrió.
-¿Qué ganarías con eso?
-Alivio.
-Pero no lo verías sufrir. Y esa es la mejor parte de la venganza: Ver el dolor de quien te infligió la ofensa. Permíteme divertirme un poco. ¿No querrías perdonar?
-Loki, no estoy para bromas. Esto ha superado todo lo que nos han hecho a ti y a mí desde hace cuatro años. Me han quebrado. Y quiero sangre- dijo, peinándose el cabello mojado. Él sonrió para sus adentros. Por fin, ella sería más que una cómplice silenciosa: Sería tal como él. Lo que había esperado. Ya no una taimada que aprobaba todas sus bromas. Alguien que podía mostrar que era tan destructiva como él.
-¿Qué piensas hacer?
-Estoy demasiado furiosa para pensar. Quiero matarlos a todos- le confesó.
-Déjamela a mí.
-¿Qué?
Él se acercó.
-La venganza. Déjamela a mí. Quiero hacerlo.- le susurró.
-Para ti vengarte es fácil. Lo haces a menudo. Ya no tienes temor. Incluso, mataste a alguien. – le recordó.
-Sí, Hércules lloró y lloró por la pobre Megara. Pero fue accidental. No quería convertirla a ella en una estatua para luego romperse. Era a él. Nunca debió avergonzarme así en clase de lucha. Nunca debió dejarme desnudo. Oigo sus risas… y todavía pienso que no es suficiente. De verdad, quiero ahorrarte esa esclavitud- le insinuó, de manera sombría.
-No. – le dijo ella. – Mis lágrimas valen que corra la sangre. Que se haga realidad la humillación. Lo quiero, Loki.
Él comprendió que a ella le había llegado su momento. El mismo que sintió él desde que se habían conocido cuando los batieron con armas en esa clase de lucha, y quedaron como rezagados. El que vio aliviado cuando la vio a ella y su tía regresando de donde los enanos. El mismo que sintió todos esos años, cuanto los tontos brutos se llevaban toda la gloria y popularidad. Como su hermano, por ejemplo, amado de todos. Amado de los dioses que apreciaban el porte de un dios en vez de su capacidad para razonar. Esa mirada que traslucía el odio y el dolor. Esa que él tuvo cuando era humillado también en casa por los tres guerreros (aunque él se los cobraba de diversos modos).
-¿Estás dispuesta a afrontar las consecuencias?
Ella lo miró a los ojos. No se le olvidaría cuando Apolo pasó por ella. Le tiró un montón de rayos, y basura, mientras Afrodita solo se reía. Y ella, que creía que la galantería era genuina. Odiaba su ingenuidad.
-Lo que sea. – le respondió determinada.
Él tomó su mano, y creó un haz de luz, en forma de cuchillo.
-Hazlo, Loki. Estoy atada. No me importa lo que pase.
-Si te arrepientes, sufrirás dolores indecibles. No podré salvarte. – le dijo él, mirándola a los ojos.
Él le clavó el haz en la mano, y sellaron el pacto. Ella no quería llorar, y él no se inmutó, a pesar de ver cómo ella tenía que controlar el dolor indecible que producía el pacto.
-Y ahora, ¿qué?- preguntó ella, un poco decepcionada por el resultado.
-Vas a esperar. Vas a fingir, como siempre.
-¿Vas a juzgarme?
-No me gustan los placeres fáciles.
-Gracias.
-Aunque- dijo él volteándose, y ella negó con la cabeza. Se lo iba a echar en cara.
-¿En serio no has salido con nadie?
-Tú eres mi única compañía en la escuela, bobo. Además, soy la más fea.- dijo, aburrida.
-No es cierto, están Medusa, las Furias, los rákhasa que tu familia no ha matado…
-Eso no me consuela mucho.- respondió ella, peor de irritada.
-No, en serio. Tú eres…
-Por favor. Tú tienes una novia que todo el mundo desearía. Incluso yo, si fuera hombre.- respondió ella levantando una ceja.
-Pero se niega a ser mi cómplice.
-Hablo de atractivo físico.
-Es lo mismo. ¿Te han besado?- preguntó, acercándose a ella.
-Loki, esto es más cruel de lo que pensaba. Eres un idiota- dijo ella, quitándole la mano. Pero él se acercó, y la besó. Ella se apartó, confusa.
-No es nada.- dijo, contrariada.
-Si no es nada…- dijo, y la siguió besando. Ella lo apartó.
-Oye, no quiero arruinar la única relación importante que tengo por aquí.- le dijo, y él sonrió.
-No es eso.
-Tienes novia.
-¿Y?
-¿No la lastimarías si le haces eso conmigo?
-No lo sé.
-¡He ahí a todos los hombres! ¡Mortales y dioses son iguales!- protestó ella, y él se echó a reír, pero ella se convirtió en una cobra, grande y furiosa, que comenzó a tratar de picarlo. Él la tomó por la cola, y ella volvió a su forma original, cayéndole encima.
-Te pruebo mi punto: No eres fea. Así te lo pruebo.
-Idiota- dijo, dándole una bofetada. Él volvió a sonreír, y se acomodó encima de ella.
-Loki, no hagas esto.- le dijo, enojada. Siguió besándola, hasta que entró Thor, que abrió la boca. Pero Loki ya estaba en la puerta, dejando solo una imagen en el piso.
-¿Interrumpo?
-Eh… no. ¿Qué quieres?- preguntó en la puerta. Thor sonrió, al ver a Kali levantándose, y recogiéndose el sari.
-Interrumpo.
-No, para nada- dijo Kali, acomodándose la túnica, y peinándose, mientras miraba a Loki con reclamo.
-¿Tú no ibas al baile con Apolo? – le preguntó, y ella miró hacia otro lado.
-Le hizo algo horrendo- insistió Loki. Thor se alteró.
-¿Cómo? ¿Qué te hizo?
-Le echó basura y rayos psiónicos, desde su carroza.- dijo Loki, y Thor se alteró aún más.
-¡Pero qué cretino de mierda! ¡Me las va a pagar!- dijo, acercándose a Kali, y preguntándole si estaba bien.
-Va a ver. Eso no se le hace a una dama.- protestó.
-Hermano…ya lo tengo controlado, ¿ok?- dijo, empujándolo de su habitación. Thor los miró sospechosamente.
-Entiendo…
-No, no es lo que piensas- insistió Kali, y Loki levantó las cejas.
-Yo no juzgo- dijo Thor sonriendo, para darle una palmada a Loki.
-Quien te ve…
-En serio, no es lo que piensas- insistió Loki, y Thor se fue silbando. Kali miró gruñonamente a su compañero de clase.
-Deberíamos intentarlo de nuevo en el salón de tu padre, en frente de todos los asgardianos, a ver qué dicen.
-Eso sería excitante- respondió él sonriendo, pero borró la sonrisa con un pisotón de ella.
Al día siguiente, estaban los dos frente a Hades, el profesor más temido, rey del Inframundo Olímpico, y quien los había apadrinado, junto con Seth. Y quien parecía aburrido.
-Brillaron por su ausencia la noche de ayer- dijo. Se le notaba fastidiado.
-Yo no fui- insistió Kali, que se sentó al frente.
-Te ví a ti. Con esa pobre asgardiana rubia que pareces adorar solo por su belleza- se burló hirientemente Hades. Pero Loki no se intimidó.
-No llegué al baile.
-No se perdieron de nada. Un montón de jóvenes dioses, tontos, luciendo como estrellas refulgentes. Luego todos se emborracharon con vino, y me importunaron.
-¿Tuvo que cuidarlos?
-Sí, una gran desgracia. Y Seth, supongo que no llegará porque está borracho, como siempre. Algún día lo van a partir en pedazos y pobre de él. O peor, lo van a exiliar, tal y como me pasó alguna vez.
-¿Por qué enseña aquí?- le preguntó Loki, intrigado. Admiraba a ese dios, tan estudioso de lo oscuro, lo oculto, lo nuevo y lo desconocido. Había aprendido mucho de él, desde que había escogido a solo tres estudiantes para sus enseñanzas, para el asombro y horror de toda la escuela.
-¿Pretendías que me aburriese para siempre en el Inframundo, muchachito?
-Pero en vez de eso, lo castigaron enseñando a un montón de mediocres que malgastan sus poderes y sus fuerzas.
-¿Tu hermano?- le preguntó Hades, adivinando su pensamiento. - ¿Tus primos?- le preguntó a Kali, que bajó la cabeza, expuesta. Se centró en Loki, y tomó su rostro.
-Supongo que sabes mi historia. Es muy parecida a la tuya.
-¿Terminaré aquí?- le preguntó, pero Hades soltó su rostro.
-No, si eres astuto. Pero tú eres de los que quieren grandeza. Eso… es muy asgardiano.
-¿Acaso no puedo merecerla?- le preguntó Loki, y Hades lo miró con conmiseración.
-Todos creen merecerla.
-¿Lo creyó usted?- insistió Loki, y Kali tembló. Solo él podía ser insolente con el maestro más temido de Yggdrasil.
-Aún lo creo, niño. Pero prefiero desarrollar mi poder… así ningún dios o semidios tratará de destruir mis ambiciones. Pero soy paciente. Muy paciente.
-Por ahora, supongo que no tiene remedio – respondió Loki provocándolo, y Hades sonrió.
-Supon siempre… y perderás. Bien. Denme su tarea. La calificaré. Nos veremos más tarde.
-Namasté, señor- dijo Kali, temerosa, pero Hades detuvo a Loki.
-Él se queda. Ya te lo devuelvo- le dijo a la morena, que miró con miedo a su maestro. Apenas cerró la puerta, lo tiró al suelo. Loki estaba desconcertado.
-Si le afectó mi insolencia…
-Sé que no te disculparás. No eres de esos, lo que me parece perfecto. Te requiero para una tarea mucho más… entretenida.
-Dígame.
-Despiértala a ella. Ella tiene el poder.
-¿Qué?- preguntó Loki desconcertado.
-Si tienes el control de ella, lograrás lo que quieras. Si tienes el control. Siempre. Tal y como te lo he enseñado.
-No … entiendo.
-Sé lo que le hizo el estúpido de mi sobrino- dijo Hades, sentándose, satisfecho de sí mismo. – Eso fue de lo que se ufanó durante todo el ridículo ágape.
-¿Va a culparme porque no lo enfrenté ahí mismo?- dijo Loki, acercándose. Hades negó con la cabeza.
-Me decepcionaría si tomases los gestos de tu hermano, muchachito.- dijo, pérfido. – Demuéstrame tu talento. Quizá hasta lo cuente como crédito extra.
Loki entendió, y se acercó, entusiasmado.
-Lo tomaré en cuenta, maestro.
-Y… si la directora Amaterasu te pregunta por nuestro proyecto… dile que va avanzando. Ponte a trabajar en eso con Kali.
-Ve. – le ordenó, y Loki asintió. Kali lo cercó a la salida.
-¿Qué te hizo?- le preguntó, preocupada.
-Nada. Dice que sigamos trabajando.
-Uff- dijo ella aliviada. Fueron al lugar de entrenamiento, y se sentaron, a hablar. Veían un montón de gente.
-Así no podremos configurar el poder psiónico que requerimos para trasladar entes externos a otros universos, Loki. Hay mucho ruido- le dijo ella, y él asintió, molesto.
-Maldición, se me olvidaba. Hay ingresos para el equipo de lucha.
-Bueno, eso será entretenido de ver- dijo Kali. – Ver gente despedazándose es algo que te permite divertirte sanamente.
-Si tú lo dices…
Se sorprendieron de ver a Sif y a Atenea, las dos grandes amigas, en medio de los ingresos. Thor fue el que primero fue a ver el por qué de su presencia.
-Chicas… ¿Van a presentarse las dos?
-No, solo una, la otra va a mirar.- dijo sarcásticamente Atena. Thor no entendió, y Sif le sonrió a Atena, y luego a su amigo.
-No, las dos. Las dos queremos ingresar al equipo de lucha. –insistió.
-Bueno, yo las apoyo, pero quizá ellos no estén de acuerdo- dijo señalando a Apolo, Shiva y Osiris, que bromeaban.
-Pero mi hermana está en el equipo. Artemisa- dijo Atena, señalando a una rasta rubia.
-Nepotismo. Apolo es el capitán- insistió Thor.
-¿Nos vas a apoyar, o no?- insistió Sif, y Thor suspiró.
-Sí. Quizás al equipo le hacen falta algunas chicas. Cualquier cosa, votaré por ustedes.
Todos vieron cómo se despedazaban varios. Uno grandote terminó aplastado con una patada de Volstagg. Otro que quería ingresar y se creía demasiado, escupió todos los dientes, apenas Apolo le puso encima su lanza. Y luego, las chicas.
-¿Es una broma?- preguntó Ares, mirándolas como si fuesen basura.
Atena le mostró el dedo en el medio, y se lo puso en la boca, para después limpiarse el brazo con él. Sif lo miraba arriba abajo, y levantó una ceja.
-Ya tenemos una mujer en el equipo-dijo Apolo, mirando con suficiencia a Artemisa, que las miró con desprecio.
-Pero no sabe ni siquiera tomar una espada porque es una idiota- insistió Sif, y todos se sorprendieron. Solo los asgardianos parecieron reírse. Thor sonreía.
-Perra envidiosa, eso fue porque salí con Fandral, ¿verdad?
Thor y todos miraron a Fandral, que se hacía el idiota, y decía "yo no tengo que ver".
-No me importa con quien coja Fandral, si lo hace con la Medusa lo entendería, porque por lo menos ella tiene más talento que tú.
Loki y Kali miraron a Medusa, que los miró. Tenía gafas oscuras.
-Malditas perras- dijo, y ellos dos se miraron, pensando que eso había sido bajo.
-Voy a matarte, zorra asgardiana- dijo, pero Thor y Apolo la detuvieron.
-Tengo una idea mejor. ¡Que peleen entre las tres!- dijo el capitán, y Thor lo miró levantando una ceja. Eso sería bajo, muy bajo.
-¿Es en serio?
-Pues sí. La mejor se quedará con una plaza en el equipo de lucha.- insistió Apolo, y Perseo aprobó. Thor se desconcertó.
-Oye, las tres son muy talentosas. Hagamos espacio para ellas.
-Estoy de acuerdo- dijo Shiva. – Las chicas merecen…
-¿Soy o no el capitán? Yo digo que peleen y punto.
-Pero tu voto no es el único que cuenta- dijo Hércules, y Apolo le cerró el pico.
-Cierra la boca. A ver, ustedes. Muestren qué pueden hacer.
Ellas comenzaron a blandir la espada y la lanza entre las tres, para divertimento de todos, incluso de Thor. Todos aplaudían, y veían extasiados el espectáculo. Loki y Kali, hartos, se fueron a la biblioteca, y de repente, un bofetón asoló al dios. Kali vio, por enésima vez, sus libros en el suelo.
-¡Me dejaste en el baile!- le gritó Sigyn. Él levantó las cejas.
-Lo… ¿siento?
-Ahora andas con esa serpiente. Siempre lo supe.- le dijo la jovencilla rubia, lastimada. – Siempre lo supe.
-Oye, oye…- dijo Kali acercándose, pero ella la abofeteó también, y Kali hizo un gesto terrible, y se puso azul. Sigyn la miró asustada, viendo cómo le salían un hórrido gesto de ferocidad, y su pelo comenzaba a crecer mucho más, vivo. Loki alcanzó a apretar su mano, para calmarla. "A esto se refería Hades", pensó. Kali volvió en sí, y tocó su mejilla. No sabía qué la había tocado.
-Sigyn…¿estás bien? No estamos saliendo… es que… me pasó algo feo…
-¿Qué eres? – le preguntó con miedo. – Con razón él anda contigo.- dijo, y se fue, horrorizada. Loki miró a Kali, que le dijo que fuera con ella. Y él lo hizo. Ella quedó confundida. Luego lo vio de nuevo, en la Biblioteca.
-¿Y cómo resultó?
-Volvimos.- dijo él con suficiencia.
-Ah…- dijo ella, pensando en el beso de su habitación. – Bueno, te lo dije. Ya no podrás engañarla conmigo.
-Es más complejo que eso.
-¿En serio? Compleja es tu parte del trabajo. Que te rinda- le dijo ella, dejándole un montón de libros. Apenas ella se fue, él se fue a la parte de bibliografía Deva. Buscó en la parte de demonios, no halló nada. Y entonces, vio una figura idéntica a lo que había visto en Kali ya dos veces. Alta, azul, terrorífica. Muchos brazos. Fuego.
"Es esto", insistió, pero se calló el secreto. Pidió el libro prestado para llevárselo a su palacio. Ahí dentro de su habitación, oía cómo celebraban la victoria doble de Atenea y Sif, que se unieron al final, para apalear a Artemisa. Ellas eran las nuevas integrantes del equipo de lucha. Thor celebraba ruidosamente. Abrió la puerta, y Loki cerró el libro.
-¡Oye! ¡Ven a celebrar, hermano! ¡Por fin dejamos callados a los Olímpicos!
-Eh… ¿no es Atenea una de ellos?
-Sí, pero es la única que me parece inteligente, aparte del ñoño de Hefesto. – respondió Thor.
-Salgo más tarde.
-¿Con Sigyn?
-Sí. Voy en algo que llaman 'cita doble' con Atena y Seth. Luego voy con Hefesto a la tienda de la diosa Morwen.
-Wow. Tienes vida social- se sorprendió Thor.
-Sí, ¿qué creías?- dijo él, esperando que su hermano se fuese, pero antes, se interesó.
-¿Y lo que ví hace unos días?
-No fue nada.
-Pero andas con Sigyn. Picarón- dijo, con una sonrisa, y despeinándolo. Loki trataba de zafarse, pero no podía.
-Cuidado, eso sí. Las mujeres… son un dolor de cabeza- le dijo, y gritó "¡Quiero más cerveza!", en medio del jolgorio.
Parecía ausente en su cita doble. Seth era como él, relegado por Osiris, al que siempre le daban todo el crédito. Atena hablaba con él de las ramificaciones de los Universos, y que por qué no le gustaban los Elfos Estrellados. Le parecían mejores cantoras las Musas, que habían sacado nuevo repertorio.
-Eso es para niñas, bebé.- dijo Seth a Atena, y se besaron.
-Pero a mí me fascinan. Son preciosas. Y todas tienen una gran actitud- insistió Sigyn. –A Loki no le gustan. Es raro. Hablando de raro, si vieran lo que vi hoy.
-Cuenta- dijo Atena, entusiasmada.
-Es con respecto a esa pobre amiga tan rara de Loki.
Pero Sigyn no pudo seguir hablando, porque su novio apretó fuertemente su mano.
-¡Loki! – le dijo, y él la soltó, horrorizado.
-No pasó nada.
-Se puso azul… con colmillos… temible.
-Uh. Eso impresionaría a los idiotas del equipo de lucha. Con perdón, amor.
-No hay lío, nena- dijo Seth, que se dio cuenta del gesto turbado de Loki.
-Es rara.
Mientras Seth y Atena conversaban y reían, levantándose, Sigyn miró acusadora a su novio.
-Parece que no te gustó nada que hablase de ella. Dime, en serio…
-No hay nada. Ahora, ¿puedes pararte de una vez?
-Como digas. Pero no creas que no sospecho de tu actitud.
-Nada… pasa. Es un experimento que tenemos en la clase especial con Hades. ¿Ya?- le dijo, y ella no pareció convencerse.
-Digamos que te creo- dijo, y él volteó los ojos. Ya con Hefesto, quien era el genio de los genios más brillantes de la escuela (e incluso más apaleado que él mismo), trató de resolver el enigma.
-Dime qué dice ahí.
-Durga tiene una forma distinta, Kali. Kali nació del avatar maligno de su hermana, Parvati, aunque yo creo que Parvati sigue manteniendo su parte maligna- dijo, resentido el pobre cojo. – Kali es muy buena, creo yo. –Kali…
-Pero eso ya lo sé, Hefesto. Necesito saber por qué Kali se llama Kali. Ni ella misma lo sabe, porque sus tíos no le han dicho ni mu todos estos años.
-Según este libro Deva, Kalika es la muerte y la destrucción pura. Seguro esta es su forma real…- dijo tembloroso, acomodándose los lentes.
-Entiendo- dijo Loki inexpresivamente.
-Hablando de nombres, ¿quién es Durga?- se preguntó para sí.
-Es el segundo nombre de Kali.
-¿Es decir que…?- dijo el muchacho tembloroso, pero Loki se le acercó, peligrosamente.
-No te preocupes, Hefesto. Eso nunca le pasará. Es demasiado buena.
-Pero…
-Shttt….- le dijo, suavemente, silenciándolo.
-Lo… Lo…. Lo….
-Hef… Hef… Hef…- dijo burlándose de su tartamudeo.
-Si… si se convierte en eso… será peligrosa en toda la escuela…
-Bueno, por eso entrena su poder. Para controlarlo. Ahora, ¿qué querías mostrarme de la tienda de Morwen?
-Ah… si, si. La…. La lechuza… -dijo, y señaló un artefacto mecánico. Él se irritó, porque era una estupidez. Pero ya sabía qué hacer.
10 años después.
-Es curioso cómo se dan las cosas. Y siendo tan banales. Un idiota me parte el corazón y tú decides dominar mi poder.- dijo ella, recostada. Él trató de acercarse, cautelosamente, pero ella se levantó, cubriéndose.
-Te dije que te haría sufrir.- le dijo, y él sonrió.
-Aprendiste bien de Hades. ¿Lo has visto?
Ella asintió, con un gesto de atrocidad. Loki entendió a la perfección.
-Debe estar muy decepcionado.
-Pero estuvo ocupado. Trató de dominar el mundo antes que tú, y lo condenaron a seguir enseñando. Le reconozco que casi lo logra.
-Eso es más humillante- dijo Loki, recordando a su maestro como un ente poderoso y respetable. – Mucho peor que te digan "dios insignificante".
-Algo. Y luego de una paliza- dijo ella, echándole en cara, otra vez la paliza de Hulk. Él se irritó al ver su pierna muy cerca de él. Otra vez.
-Truco barato…- masculló.
- -Quítame el brazalete de ahí.- lo retó, mostrándole el brazalete del tobillo.
-Me crees estúpido.
-No voy a electrocutarte.
Él lo hizo, pero ella desapareció. Él sonrió, y se echó a reír.
-Ese me lo aprendiste bien.
-Lo sé- dijo ella detrás de él, y deslizó las manos sobre su cuello, para pasarlas a su pecho.
-Sigue- le ordenó, y ella retiró sus manos, de inmediato.
-Púdrete- le dijo, señalándola. Ella se rió, examinándolo.
-Debí decidirme y meterle un buen casco con cuernos a Sigyn. Qué lástima que me demoré. Hubiera combinado con el tuyo- dijo, tirándoselo. Él lo tomó. Kalika Mata había crecido. Había crecido y de una manera que lo perturbaba. Y ella lo sabía, lo que a él le encantaba.
-Combina, porque lo hiciste.
-Pero esa vez no cuenta.
-Veces… querida. Veces.- le recordó.
-Y ella te quiere. Quizás le conmueve tu única parte linda- dijo, recostándose otra vez, como un gato. – Porque … a veces lo eres.
-Pero otras veces… dijo él acercándose. – Soy como soy…- dijo, y la atrajo hacia sí.
-Te puedo electrocutar. No te gustará. – dijo ella, pero él la detuvo, besándola. Ella le respondió con brío, y la acorraló contra la pared.
-Esta vez no es como después del baile, cuando Apolo te deja plantada, y yo…
-Cállate, tonto- le dijo, agarrándolo del pelo, y él sonrió, para seguir besándose.
-Lo querías desde esa noche ¿,no?- dijo, mientras le quitaba la túnica.
-Sí. Pero tú andabas obsesionado con que yo fuese azul, azul…- dijo, y siguió besándolo. El la apartó, y ella lo miró, irritada.
-Ven acá, ahora mismo.
-Transfórmate.
-Ahí está. Pervertido- dijo ella, ya aburrida. - ¿No puede ser de la forma normal?
-¿Qué es normal? Nada es "normal". Pero qué… demonios estoy diciendo. Pierdo el tiempo. ¡Transfórmate!- le gritó. Ella se cruzó de brazos.
-No.
Él la agarró de la mano, y se tornó azul, con los ojos rojos. Esa era su forma de gigante. Ella sonrió, complaciente, y también se transformó.
-Debes saber que cuando sea real… tendrá efectos perjuiciosos en todo el Universo.
-Me importa un comino- dijo, y la agarró del cabello, para abalanzarse sobre ella.
Dos horas después.
Mirando al enrevesado techo.
-Así que ese era el famoso libro obsceno de tu casa. Qué educativo- apuntó el con la respiración entrecortada , con ella recostada a su lado.
-Uno de nuestros mejores inventos.- apuntó ella, que también miraba el techo, con el cabello enmarañado y revuelto.
- No le hubiera perdonado a Mahishashura destruir semejante tesoro. Gracias- le dijo con sorna, como siempre, y ella lo miró escéptica.
-No pasará en mucho tiempo. Lo sabes.
-No te hagas la virginal. No te queda- dijo él, besando su cintura, y luego su cuello. Ella cerró los ojos.
-No, ¿cierto? Yo era tan boba.- recordó.
-Ni tanto.
-Sí, porque me dejé controlar por ti.
-Fue divertido. Yo insisto.- dijo él, y ella se acomodó, para besarlo, pero de repente, se encontró totalmente vestida.
-Ok…- dijo él, volteando los ojos. – Experta en arruinar los mejores momentos. Taran.
- Ya tuviste uno. ¿Qué más quieres?- dijo, mirándose las uñas. Él se rió.
-Más. En la escuela tuvimos pocos de esos momentos.
-En esa época consideraba que uno no dormía con los novios de otras chicas. Me hacía sentir… ya sabes, culpable… un poquito- apuntó ella, irónica.
-¿Y qué te hizo cambiar de opinión?- preguntó él, vistiéndose.
-Que me importa un pito mientras lo hagan conmigo.- dijo ella, peinándose.
-Mi filósofa favorita- dijo él, sirviéndose vino. Le gustaba su independencia. Eso le gustaba de las mujeres.
-Es en serio. No busco a nadie. Si me enamorara, tendría problemas. Tal y como tu hermano, con la mortal esa.
-Es cierto. ¿Fue mi culpa que no te enamoraras de nadie, o la de Apolo?- le preguntó incisivo.
-Tuya.- dijo ella, sin titubeos.
-¿Debo disculparme por eso también? Eso también hace parte de tu encanto- apuntó.
-Eh… no. Amarte sería una pesadilla.- le dijo, y él se rió. Le iba a poner el brazalete, con la boca, tomando su pie, pero ella lo detuvo.
-Ah ah. Alguien quiere hablarte.
-¿Vino a visitarme?
-No puede.- dijo ella, y abrió el brazalete. Salió una imagen. Era Hades.
-Ma…maestro…
Ahí estaba, como siempre. Con su barba y largos cabellos. Y su gesto despectivo.
-Tenemos que hablar, niño.
