Capítulo 12: Duele.

Apretó los puños con fuerza: impotente, enojada, furiosa y adolorida. Acarició su mejilla con delicadeza, aún podía sentir la palma de su padre sobre ésta. Tan sólo llegar a la entrada de la casa él se había arrojado sobre ella como un animal, hasta el punto de tirarla al suelo gracias a la gran fuerza que ejerció con la mano que la agredió. Recordaba que su padre no era así y su madre...

Su querida y tan añorada madre...

Bajó la mirada, triste y decepcionada al recordarla. La mujer que le dio la vida se limitó a mirarla con el rostro sereno, parada a un lado de su padre, sin mostrar ningún signo de preocupación o algo que le dijese que ella era su madre.

Aspiró con fuerza, no seguiría torturándose con la maldita escena una y otra vez. Jamás había sentido tanta tristeza en su vida, incluso la ausencia diaria de sus padres era más soportable que todo lo que estaba sucediendo simultáneamente. Su abuelita enferma, sus padres estrictos y...

- Boomer... - susurró.

- ¿Si?

Alzó la mirada asustada, encontrándose con él frente a la ventana de su habitación. Desvió el rostro ocultándolo entre las piernas y abrazándolas como su única consolación, cansada de tanta amargura. Tener que enfrentarlo en ese momento no era la mejor idea de todas, limitándose a ignorarlo decidió cerrar los ojos. Pensando la mejor manera de deshacerse de él...

Sintió un peso extra sobre la cama y supo de inmediato que se trataba de él.

- Miyako...

Se mordió la lengua para no responder, quería lanzarse a sus brazos pero después de pensar en lo pasado desistió. Quería sentirse protegida y sólo él podía lograr que se sintiera segura con un suave abrazo y un delicado beso pero de un momento a otro esa imagen desapareció de su cabeza. Él no estaría dispuesto a cumplir con ese pequeño capricho, no después de tratarla como una traidora.

- Miyako... - insistió -. No estoy de humor.

- ¿Entonces qué haces aquí? - la voz le salió ahogada.

- Vine por ti.

- Uhm...

- Miyakooo - persuadió en modo de advertencia.

- Déjame - susurró.

- Miyako.

- ¡Que me dejes...!

- ¡Mírame, Miyako! - gruñó.

La tomó del brazo con fuerza para llamar su atención pero cuando ella alzó la mirada simplemente todo rastro de enojo desapareció. Creyó que a lo mejor sólo estaba molesta y que no quería verlo pero que estuviera llorando sobrepasaba su imaginación. Tanteó la mirada perdido, en realidad no sabía que hacer a partir de ahí... Ni por qué estaba, segundos atrás, tan dispuesto a seguir con el tema de Cristal y Shiro.

- ¡¿Por qué estás gritando?! - golpearon la puerta -. ¡¿Con quién estás, Miyako?!

- Mi papá - susurró asustada -. Boomer, tienes que irte...

Fue entonces cuando se percató de la mejilla enrojecida y no por llorar. Marcas de dedos se exponían imperiosas sobre su porcelana piel y eso lo enfureció.

- ¿Quién te hizo eso? - apuntó la mejilla.

- Eso no importa - lo empujó camino hacia la ventana -, Boomer tienes que irte.

- ¡Miyako!

- No me iré, ¿quién te hizo eso?

- Por favor, Boomer - contrajo el rostro temerosa y preocupada -. Si él te encuentra aquí... - bajó la cabeza -. Por favor - rogó.

Asintió y pasó una pierna por el cuadro de la ventana pero dudó. Regresó la mirada a ella y la tomó de ambas mejillas, sorprendiéndola por el cariñoso gesto.

- Miyako... - se miraron a los ojos intensamente sintiendo que volvían a conectar a pesar de las diferencias -. Te quiero.

- Boo...

Y la besó, un beso tan corto que nadie lo definiría como tal pero que fue suficiente para regresar a la misma sintonía. Pasó la lengua por los labios resecos de Miyako y ella se sonrojó hasta las orejas. Lo empujó avergonzada y cerró las cortinas. En ese momento su padre irrumpió en la habitación, igual de imperioso que la primera vez que lo vio después de más de una década y media de haberla abandonado.

- ¡Miyako! - cerró los ojos asustada -. ¡¿Con quién estás hablando?!

- Yo... - titubeó -. Yo estaba... Hablando por teléfono con mi amiga...

El señor Gotokuji paseó la mirada por toda la habitación buscando a alguien más pero no encontró nada fuera de lugar. Aspiró con fuerza y escudriño a su hija con severidad. Más de quince años la había dejado a cargo de su madre y jamás pensó que la volvería a ver en su vida. Desvió la mirada mientras se acomodaba el traje de diseñador, específicamente diseñado por su esposa.

- Entrégame el teléfono - extendió la mano -. Estás castigada.

Miyako asintió temblorosa y sacó el aparato del bolsillo derecho del short. Lo puso sobre la palma de la mano y bajó la cabeza, obediente.

- Y vístete como una señorita de acuerdo a tu estatus - la miró de reojo deteniendo la mirada específicamente en el diminuto short azulado -. Pareces tu madre vistiéndote como una ramera.

Asintió, sin rezongar. El señor Gotokuji se limitó a mirar una última vez por todo el cuarto y frunció el ceño, extrañado. Juraba haber escuchado una segunda voz pero al asegurarse olvidó la alocada idea, tal vez había sido su imaginación, sacudió la cabeza confundido y cerró la puerta detrás de él.

Miyako por fin pudo llenar de nuevo los pulmones, el atosigante aire pesado de la casa era demasiado como para aguantarlo sola. Exhaló con fuerza intentando olvidar por un momento que sus padres se encontraban en el primer piso e inhaló de nuevo, más relajada.

Regresó la mirada a las cortinas y sonrió sonrojada. Tocó sus labios con delicadeza recordando la calidez que desprendían los de Boomer. Por primera vez le había dicho "te quiero", ¡él había sido el primero en decirlo!

- Boomer... - susurró distraída.

- ¿Si?

Cayó de espalda cuando a través de las cortinas entró la cabeza de Boomer junto con una sonrisa divertida. Él al darse cuenta intentó alcanzarla pero sólo logró desequilibrarse cayendo sobre ella con los brazos a ambos lados de su cuerpo para no dejar caer todo su peso sobre Miyako.

- Me asustaste - susurró adolorida -. Eres un tonto...

Boomer no respondió, extrañándola. Abrió los ojos cruzando mirada con los cobaltos de él, que la admiraba expectante y de una manera que le hizo sentir desnuda. La respiración se le cortó cuando comenzó a acercarse a su rostro y esperó cualquier movimiento sin cerrar los ojos, atenta.

- Miyako - Boomer le pasó un mechón de cabello detrás de la oreja mientras la recorría con la mirada -. Eres mía, ¿sabes?

- ¿Tuya?

- Si - susurró -. Quiero que seas sólo mía, de sólo pensar que nuestro futuro no es estar juntos... Me vuelvo loco, Miyako.

- Pero yo no sabía que ella...

- No hablemos de eso, sólo quiero disfrutar el presente contigo - besó sus labios suavemente -. Ya estoy harto de pasado y futuro, estoy feliz con el presente ¿y tú?

- Yo también, Boomer - sonrió -. Disfruto mucho estar contigo.

La besó con delicadeza para luego intensificar sus caricias. Ella se dejó completamente a su merced, disfrutando del contacto de su cuerpo contra el de Boomer. Era una sensación tan placentera que no sintió vergüenza ni culpa, él siempre había sido el dueño de sus deseos carnales, al igual que el día en que se vieron envueltos en una situación comprometedora en el baño de mujeres. No se había visto tan reacia a llegar más allá de los besos.

- Boomer - gimió.

- ¿Uhm?

Él bajó una mano a su pálido vientre y la acarició con la yema de los dedos, sintiendo miles de corrientes eléctricas a través de la piel. Tímida, recorrió el torso de Boomer, fuerte y masculino. Obviamente tenían que ser recíprocos...

- Tenías ganas, ¿eh? - sonrió burlón.

- Cállate - soltó sonrojada.


Brick metió las manos en los bolsillos del pantalón sintiendo la tela lisa del listón rojizo, lo único que le había quedado de Rubí antes de que desapareciera: un singular listón de cabello que casi nunca se quitaba y aunque no lo tuviera en el cabello se lo amarraba en la muñeca. De alguna manera había logrado quitárselo cuando lo lanzó lejos de Hiro, en un intento de aferrarse a ella pero no lo logró...

Entornó la mirada sobre su némesis, en el sofá frente a él. Tenía las piernas y brazos cruzados, con los ojos cerrados y el ceño fruncido, la respiración acompasada transmitía una agradable tranquilidad pero era consciente de que dentro de ella se libraba una lucha mental.

Momoko buscaba enlazar cabos sueltos, detalles que hayan pasado por alto, palabras claves pero simplemente no encontraba la respuesta. Brick se había rendido una hora atrás, ya no tenía cabeza para analizar. Sólo quería darse una ducha y dormir al menos quince horas seguidas, como meses atrás, regresar a su vida de adolescente rebelde pero con la llegada de esa "chiquilla" y luego de su huida ya nada sería igual a partir de ese momento.

- Hiroki Him y Rubí Him - susurró Momoko antes de abrir los ojos -. Him, Him, Him...

- ¿Momoko?

- ¿Cuándo fue la última vez que viste a Him?

- No sé - encogió ambos hombros, desinteresado -. Supongo que en su última batalla con ustedes pero ¿qué tiene que ver con ésto?

- ¿Por qué elegiste el apellido Him?

- Porque él nos mejoró, además era mucho mejor que llevar el apellido de Mojo Jojo.

- "Ni aunque lleve tu sangre, ni aunque te ame, eres el hijo de un demonio y eso me hace descendiente de uno."

- Ahora de qué hablas - rodó los ojos cansado.

- Brick, ¿se podría decir que tú eres hijo de Him? - Brick la miró expectante -. ¿Llevas su sangre o al menos tienes parte de él en ti?

- Creo que si... - dudó -. ¿Por qué?

- Brick, hipotéticamente... ¿Qué pasaría si tú eres mitad demonio y mitad humano?

- Eso sería imposible - interrumpió el Profesor Utonium -. La encarnación de un demonio o al menos un híbrido es científicamente improbable.

- Nosotras también somos científicamente improbables, Profesor - objetó Momoko seriamente -. Y mire, aún no sabemos mucho de nuestros poderes, al menos no al 100%.

Los tres quedaron en un sepulcral silencio, envueltos por una nube de dudas. Por un lado el profesor tenía razón pero Momoko había dado un gran punto a la situación. No sólo entraba en juego la razón, sino también lo desconocido e inexplorado. Estaban hablando de viajes a través del tiempo, demonios y adolescentes con habilidades sorprendentes.

- ¿Qué sucede, Profesor?

El científico enfocó a Brick con la mirada ligeramente perdida, sin entender la pregunta.

- Si, por algo nos vino a ver.

- Cierto - sacudió la cabeza alejando su distracción de ahí -. La máquina está lista.

- Perfecto - Momoko tomó la palabra -. Brick, ¿puedo confiar y contar contigo para todo?

El Rowdy la miró seriamente por un par de segundos aunque para los dos parecieron siglos, uno se detuvo para decidir teniendo en cuenta que si aceptaba no habría marcha atrás mientras que la otra esperaba ansiosa la respuesta además de preguntarse si aquella era buena idea, confiar en el líder del trío de vándalos más revoltoso del año no era especialmente la mejor de las opciones.

Brick se acercó a Momoko de una manera imponente y ella casi pudo sentir sus alientos chocar. El corazón se le aceleró de un momento a otro y no pudo evitar bajar la mirada a los labios carnosos de su némesis, abriéndose y cerrándose de forma seductora. Tuvo la horrible necesidad de saber a qué sabían, si a peligro o a tentación.

- ¿Entendido? - escuchó al final.

Momoko parpadeó un par de veces antes de subir la mirada de nuevo, casi aturdida. Brick le picó la frente con un dedo.

- ¿Hay alguien en esa cabecita naranja? - burló -. Sé que eres medio babosa pero no pensé que tanto.

Lo apartó de un manotazo y retrocedió un paso, acción innecesaria pues él la siguió.

- No te alejes, pregunté que si había un trato.

- ¿Ah?

Rodó los ojos cansado.

- Dije que si veía algo que no me pareciera, dejaras de contar conmigo - repitió casi enojado -. No quisiera comprometer mi integridad y mi libertad.

Volvió a parpadear un par de veces más.

- ¿Cuál integridad? - soltó casi por instinto.

- Ugh - gruñó -. Loca...

Lo observó dirigirse a la salida de la habitación y éste al notar que ella se quedó parada como tonta en medio del cuarto, metió las manos a los bolsillos de la chaqueta roja y regresó la mirada aburrido.

- ¿No vienes? - enmarcó -. Ni pienses que voy hacerlo solo.

Asintió distraída y lo siguió de inmediato, siendo seguidos por un Profesor sonriente. Se habían olvidado de su presencia por poco tiempo mientras se encerraban en su pequeña burbuja de amor-odio. Aunque tuvo una pequeña observación hacia Momoko... Por un momento la joven había dejado su cuerpo y había viajado... De forma literal.


Kaoru lo miró de reojo aunque él le devolvió el gesto al percatarse. Ninguno había dicho palabra alguna después de la reunión, aunque a ella le habían dado la tarea de cuidar de Butch en todo momento por si necesitaba de algo mientras se recuperaba. Para sorpresa suya, él no se aprovechó de ello para hacer algún tipo de insinuación morbosa hacia su persona.

Ambos soltaron un suspiro al mismo tiempo, se miraron sorprendidos y rieron divertidos.

- ¿Qué te agobia?

Lo miró confundida sin entender por qué el repentino interés.

- Si - aclaró Butch -. Estos últimos días no pareces tú...

Sonrió de lado un poco inquieta.

- ¿Y cómo es que parezco yo?

- Ya sabes... - alzó los hombros.

- No - negó con la cabeza y se mordió el labio por instinto.

- ¿Eso es una invitación?

- ¿Qué?

Sonrió divertido.

- A probar tus labios...

Algo dentro de ella hirvió pero no de enojo o indignación. Es decir, era un calor tan intenso que no podía ignorar la masculina voz de Butch, ni sus ojos verdosos brillantes, ni el lacio cabello oscuro... No podía olvidar su existencia y se deleitó con la sola idea de seguir el juego pero como un rayo, una imagen escalofriante le heló la sangre.

Las lágrimas recorrieron ambas mejillas como dos riachuelos, la nariz le sangró y el estómago se le revolvió, seguido de ello perdió el conocimiento...

- ¡Hey!

- Duele - susurró.

- ¡Hey! - sintió que alguien le palmeó la mejilla, seguramente Butch -. ¡Hey!

- Ella... - la garganta le ardía -. Ella es...

- ¿Quién? - Butch intentó que despertara -. ¿Quién "ella"?

- ¡Duele! - arqueó la espalda al mismo tiempo que soltó el grito más desgarrador que jamás había escuchado de si misma -. ¡Butch!... ¡Duele!

- Tranquila, iremos con el Prof...

Intentó cargarla pero...

- ¡Butch! - apretó su vientre -. ¡Sólo quiero que acabe!

Asintió repetidas veces, aturdido y abrió su comunicador.

- Brick, necesito que venga el Profesor...

- ¿Qué pasa?

Kaoru volvió a gritar de forma aterradora - ¡Butch!

- ¿Es Kaoru la que grita así? - Momoko se entrometió del otro lado de la pantalla.

- Si, no sé que le...

- ¿Qué le hiciste a mi amiga?

- Yo no... No sé... No le hice... No sé...

- Cálmate, Butch - le ordenó su líder -. Alterado no lograrás nada...

- ¡¿Es que acaso no la escuchaste?! ¡Trae al maldito Profesor de una puta vez!

- Ya vamos - asintió Momoko y acabó la transmisión.

- Butch - susurró agitada y adolorida, casi sin fuerzas.

- Tranquila - le secó el sudor con la mano -, ya vienen a revisarte.

- Butch... - balbuceó.

- Quédate conmigo - le palmeó el rostro -. Mocosa, quédate conmigo...

- Duele...

- ¿Dónde te duele? ¿El estómago?

Negó adolorida - Duele el pecho, ella no me deja respirar bien, ella quiere que vaya...

- ¿Quién? ¿Quién es "ella"? ¿De quién hablas?

- Hablo de...

Las fuerzas le fallaron y después de eso no supo nada de si misma, sólo que al cerrar los ojos le envolvió una calidez ávida y tranquilizadora. Olvidó todo y se dejó abrazar, no quería irse de ahí nunca. Sonrió al encontrar unos brazos que le brindaban protección.

- No te vayas - se acurrucó.

Sonrió de forma maliciosa - Jamás me iré...


Gracias a Lenka387, Guest, Someheartime, soy yo no tu, Amako. Cross .23, burbujaxboomer17, branick, Phanyg, Shadow niicky, Ali-chan1234, Adrifernandez, Queen the flower, maleny. mar, Momokoxbrick, mabel y flor-luna.

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Neith15.