La música que salía de la habitación principal del infierno era un tango en finlandés, una inusual elección, que a ella le gustaba por su sonido y extravagancia. Afuera del cuarto, en la puerta principal, custodiando aquel espacio concreto, dos demonios estaban en silencio, pero uno comenzó a murmullar por lo bajo contra los gustos de la reina.
"Que alguien detenga esa música"
Susurraba entre dientes, aquel demonio pelirrojo que se encontraba ahí cruzado de brazos, resignado a la situación como también al permanente silencio de su compañero de vigía. Su contenedor era el de un hombre corpulento, de las tierras nórdicas del mundo humano, su piel era pálida y tersa a excepción de aquel sector en su rostro que tenía una horrenda cicatriz de una quemadura que le atravesaba desde el ojo derecho hasta la comisura de su labio, ya no tenía su ojo (...). Su compañero lo observó, arqueando una ceja, comprendiendo que en el infierno no se tiene que hablar a susurros porque Rowena, con un hechizo, consiguió captar todas las ondas de sonido, por más que el sonido salga de la boca de un imbécil. Danel, el compañero de aquel demonio hablador, era un ángel caído de primera generación que ahora sirve a una humana. No se complica mucho la vida, él se ha encargado de adaptarse a cada jefe que ha tenido, de estar atento o escondido en cada crisis, cree que las cosas con Rowena están bien, pero por orgullo, no lo dice en voz alta. Su cuerpo es el de un hombre alto, quizá de dos metros, con una coleta de caballo firme que mantiene sus cabellos plateados y largos peinados en orden. Lleva, además una camiseta sin mangas y pantalones de tela brillantes y ajustados, a petición de la reina.
Como Danel sabía, aunque fue un susurro lo que había maldecido su compañero, se escucharon unos tacones altos, a paso lento, dirigiéndose a la puerta que daba al pasillo. La pequeña pelirroja abrió las puertas hacia adentro, la nueva gobernante de los infiernos, la bruja más poderosa del mundo, capaz de contener la ira de cualquiera que en aquellos territorios se levantase contra ella.
—¿Hay algún problema, querido?
Se refirió al demonio de la cicatriz, que apretó los labios en un intento desesperado de contener cualquier palabra que pudiese empeorar la situación en la que se había metido en un principio por intentar pasarse de listo.
Pese a lo nervioso que tenía al demonio aquella pregunta, la expresión de Rowena estaba calmada e incluso le había preguntado con un tono dulzón, pero a la vez con un deje de sarcasmo, ya que ella es más que consciente de que ahora o en cualquier momento de su día, puede hacer lo que más desee con aquel demonio. La expresión de la bruja aún así, aunque sutil, hablaba por sí sola. Aquel demonio no estaba haciendo su trabajo, algo tan simple como cuidar la puerta de sus aposentos en silencio. Lo de cuidar la puerta, si, lo hacía, pero si quisiera quejicas que murmullan hubiese secuestrado a un ángel o a un humano, algo más frágil que un demonio inmortal.
El demonio de la cicatriz, ante la pregunta capciosa de la bruja y la seriedad impoluta de su compañero, negó con la cabeza, en un movimiento lento, con los labios sellados ante cualquier posible queja, recordando, que hace poco, a uno de los sirvientes, la bruja le explotó la cabeza. Pero era mejor mentir que decir la verdad, porque a veces entiende, que aunque ella sabe las razones, prefiere que no se las digan porque explota en ira con tal facilidad, que teme él mismo perder su cabeza.
—Eso me imaginé. Que bueno que no hay problemas (...) Ya tengo suficiente con el aburrimiento que me asola cada día, es un sentimiento desafiante tener que estar en soledad con mis propios pensamientos, pero más desafiante que ello, es escuchar como lloriqueas, así que hazme el favor y cállate.
Un asentimiento humillante fue lo que pudo hacer el demonio para salvaguardar su integridad física. Aunque no los mata haciéndoles daño, ha encontrado unas formas tan dolorosas de hacerlo que los demonios prefieren tener cuidado por ella por su propia salud física y psicológica. Era una mujer, si, pero era la madre de Crowley y cuando tiene ganas o es llevada al límite, más que fácil es lograr que se divierta torturando a algún demonio desgraciado que se la tope de mal humor. No le gustan mucho, a veces extraña a los Winchester (...) pero desaparecieron de una forma tan absoluta, que ni siquiera están en algún lugar del infierno del que los pueda rescatar.
—¿Dónde está el mensajero? . . .Buer, el mensajero.
Y Rowena no había tenido suficiente humillando a los demonios de bajo rango, también se había hecho de aliados con nombres conocidos, con historial de horrendos crímenes en la Tierra, ya que, de ser la dominante, debe ir por los peces grandes para así evitar que alguno decida revelarse ante ella. No es bueno dejar a aquellos con poder desatendidos, ha aprendido que la libertad, en un ambiente tan específico como el infierno mismo, no es más que una tranca que llevaría a todos a la muerte, quizá incluyéndose a sí misma, siendo la opción más viable oprimir para que aquellos recuerden su lugar, apagar cualquier vistazo de represión.
Danel se dignó a responder la pregunta de la pelirroja, él era callado, pero si la reina del infierno pregunta algo, siente que es su deber como especie responder ante ella de formas directas cuando así corresponda.
—Mi reina, Buer indicó que estaría en la Tierra durante unos días, investigando. Pero antes de irse, me pidió que cuando usted preguntase por él, le dijese que fuese a sus aposentos. Dijo que hay algo para usted en la estrella de David de la pared.
Rowena se cruzó de brazos y observó al demonio de forma insistente, como si estuviese dudando de la veracidad de su testimonio…Pero a esos dos habitantes que cuidan su habitación los tiene muy bien entrenados, por mucho que gruñan en su dirección o clamen sentirse humillados, la bruja tiene la sensación de que les gusta.
—Acompáñame, Danel.
El caído hizo un asentimiento breve y comenzó a seguir a la bruja, que caminaba a un ritmo acelerado en dirección a la habitación del ausente demonio. Al llegar, se abrió paso empujando con todo su cuerpo una puerta de metal, llena de óxido. Cuando entró a la habitación una humareda de polvo se levantó por el movimiento de las puertas, con apenas un ápice de brisa. Qué extraña sensación, el aroma a azufre vive en todo el infierno, pero lo siente aún más en la habitación de un demonio como aquel, puede percibir cada partícula de resentimiento en el aire.
Dentro de la habitación habían cachivaches, objetos mágicos de los que Rowena conocía su existencia, pero, para ella a esas alturas no representan grandes amenazas. Dio unos pasos dentro del cuarto, alcanzó a dar dos, cuando el caído, Danel, cruzó su brazo frente a ella, para evitarle dar otro. La pelirroja arqueó una ceja, observando al ser de oscuridad a los ojos con una expresión bastante acomplejada, no entiende a qué se debía dicha intromisión.
Del bolsillo de su pantalón, el demonio sacó una moneda. Nada inusual, diez pesos chilenos. La lanzó dentro del cuarto y apenas sobrepasó por breves centímetros la distancia recorrida por ellos, se evaporó. Una maldición que se activaba con movimiento.
—Creo que no debe ser nada personal. Buer suele ser así.—(...) Danel lo dijo con una calma, es una entidad bastante pacífica en su día a día, más si no lo obligan a dejarse llevar por la naturaleza violenta del infierno. Si fuese por él, seguramente no haría nada y estaría leyendo, solo durante horas.
Rowena rodó los ojos ¡Siempre que tratan de evaporarla se vuelve personal! Pero aún así, agradecía en el fondo la intervención de aquel caído domesticado.
—¿Cómo se quita esto?—No ve sellos por ninguna parte, pareciese ser que la presencia de aquella barrera es algo angelical o demoníaco a lo que ella no se había enfrentado antes…Entonces ¿A qué se debe que le solicite entrar ahí? ¿Realmente valdría la pena batallar con el sello mágico para rebuscar aquello, que no sabe que es, en todos esos cachivaches? Achinó un poco la mirada para ver bien y ahí la ubicó, una pequeña estrella de David de bronce que colgaba de la pared más distante. La curiosidad mató más brujas que gatos, por lo que, retrocedió hasta el pasillo y ahí se tomó un momento para pensar.
—Posiblemente sea necesario encontrar el sello, que debe estar oculto en algún lugar del infierno alejado de este. Al romperlo, es probable que la maldición de la habitación se deshaga…O que explote todo el pasillo.—Danel comentó aquello con un tono de voz muy neutro, con un volumen bajo, solo para que Rowena lo escuchase hablar. Ella ya está asumida del hecho de que, al parecer, domesticó a un caído bastante introvertido.
Bueno, de todos modos, si explota la habitación sería más o menos una situación similar al presente, sería que las cosas siguen igual, que hay desconocimiento ¡PERO! Si lograba deshacer el sello exitosamente, podría entrar al cuarto y ver qué era lo que había detrás de la estrella de David.
Dio unas palmadas en el aire, fuerte. Llamando la atención de todos los demonios cercanos, quienes se acercaron a ella como dogos, esperando alguna orden o reprimenda. Seis cabizbajos que le tenían miedo, otros cuatro más fieles la miraban a los ojos con admiración y un par tenía la mandíbula apretada de la rabia y evitaba mirarla. Ella ya conoce a cada uno de ellos, sabe quienes son útiles y quienes están funcionando presas del pánico de una nueva mandamás.
—Mis niños, mis niños. Tengo una petición: ¡No sin un premio! Quien logre encontrar en el infierno el sello mágico que protege la habitación de Buer, recibirá, de mi gratitud, un pase para ir a hacer desmanes a la Tierra ¿Qué mejor?—Tenía las manos juntas a la altura de su estómago, observaba a los demonios a los ojos, con una sonrisa entusiasta que animaría a sus adeptos y atemorizaría a sus enemigos.
Sabiendo que en realidad no habían más opciones que hacer lo que les pedía su gobernante, los demonios se dispersaron y comenzaron a buscar bajo sus propios parámetros, tan rápido como habían llegado, se habían ido.
Después de eso, ella volvió con Danel a sus aposentos. El demonio de la cicatriz que había dejado atrás, aún estaba ahí, de pie, erguido junto a la puerta, haciendo un exitoso y silencioso trabajo de guardia. La mujer entró a la habitación junto con Danel y estando adentro, se sentó en el trono, golpeando con los dedos el brazo de madera del asiento, creando un vaivén de cuatro ritmos. Apretó un poco los labios, frustrada ¡Las cosas nunca pueden ser fáciles en este mundo!
Siempre lo mismo, antes de esto, eran las otras brujas, después de ellas, los Winchester's, después de los Winchester's ¡Lucifer! Y ahora, el que comenzaba a actuar extraño, como si las cosas dieran vuelta o ella nunca hubiese sido relevante como mandamás infernal ¡Buer hace estas cosas! Se sentó en el trono y cruzó una pierna sobre otra, con la mirada perdida en los ojos de Danel, quien, sin miedo y con tozudez, le respondía la mirada. Él es de los más valientes.
—No creo que lo encuentren, a veces siento que les faltan palos para el puente, como a veces dicen los humanos.—Danel comentó aquello con una expresión bastante neutra mientras observaba la presencia de la ajena ahí, en su trono. Siempre le pareció que el tamaño de Rowena era bastante compacto (...) Pero jamás ha hecho algo más al respecto que mirarla con curiosidad, le llama la atención que tanto potencial mágico quepa en un contenedor tan pequeño, quizá a eso se referían las humanas con el dicho "El tamaño no importa si sabes usarlo"...La magia.
Rowena extendió su mano al aire, Danel, tomó una copa de oro y se la puso en la mano, posteriormente la llenó de vino. Le gusta ser dramática, también (...) Es bastante particular como se mueve en un mundo que está colmado de demonios, es más bien muy histriónica. Se pregunta si tendrá ese trastorno de personalidad o es más bien una mera actuación.
—Bueno…A veces hay cosas que no pueden ser corregidas, Danel. Creo que entre aquellas yo agregaría el intelecto, alguien que es tonto de pies a cabeza no puede hacerse más listo de un día para otro…Creo que tu por ser un caído eres distinto, espero. O al menos eres silencioso.
No sonrió, nada.
Contrario a otros seres que han caído del cielo, las habilidades sociales del ángel presente son tan nulas como se puede permitir, siendo a la vez alguien socialmente funcional. Pero más que eso no puede ofrecer, no hay demasiado sentido del humor (...)
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Habían pasado varios minutos, cerca de cincuenta. La sacó de su abstracción y gusto por el vino, una explosión que resonó cerca. La pelirroja se levantó de su silla, lentamente. No tenía intenciones de acelerar demasiado las cosas (...) ya con oír la explosión el resultado era obvio. La estupidez de los demonios que lidera, había hecho de las suyas y tal como en el fondo había planeado, uno de ellos fue vencido por la curiosidad y la avaricia, pasando el límite del sello quizá después de creerlo roto, en un intento absurdo por obtener sea lo que sea que Rowena quisiese del cuarto.
La pelirroja caminó del brazo de Danel, desfiló por los pasillos del infierno hasta llegar a la habitación de Buer, no se habían topado a ningún demonio en el camino, ya que todos se encontraban amontonados en la puerta de aquella habitación antes impenetrable, llamados por el ruido escandaloso de una explosión cercana. Ahí, encontró un objeto particular que nunca antes había visto…Al lado del cuerpo del demonio que fue calcinado y exterminado por la curiosidad (y claramente, la explosión), yacía una gema de color azulado, oscura, turbia y llena de magia, tenía una forma similar a la de un diamante. Rowena nunca había visto algo así, tampoco sabía para qué podía servir, pero lo que sí es certero, es que todo en la magia tiene una utilidad y ella siente que, con estudios y tiempo, podría encontrar la solución al origen de aquella piedra y conocer cuál era su fin. La pelirroja ya estaba dentro del cuarto, había fuego en algunas cosas inflamables, se quemaban los cuadros y el humo, al estar en el infierno, no tenía por donde escapar, solo se acumulaba como una bruma espesa en las esquinas de la habitación y el techo semi-destruido. Que bueno que ella ya no necesita seguir respirando. Sacó un pañuelo del escote de su vestido, uno negro, de seda. Con aquel objeto se agachó elegantemente a recoger la piedra que tendría el tamaño de su mano. Danel la observó con curiosidad, más no preguntó nada, asumiendo que aquello no es parte de las cosas que deban interesarle a él en su actual rol de acompañante de la reina.
—¿Qué será, qué será?—Una divagación. En la puerta del cuarto había demonios que no se atrevieron a entrar por miedo a ser explotados también o interrumpir a la reina en sus pensamientos.
—No lo sé, nunca había visto una cosa así.—Siente también, un ligero deje ajeno en aquel objeto, como si no perteneciese al lugar en el que ellos viven, pero, en vez de divagar sobre la incoherente existencia de ese objeto, simplemente se quedó callado.
La reina infernal levantó la vista y sonrió, a todos. Habían hecho un buen trabajo, sus queridos y odiados demonios. Tiene la sensación ahora ella, de que aquel objeto mágico es algo que podría gustarle a Castiel, ya que es bastante similar a lo que aspira encontrar el antiguo perro de los Winchester's.
