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GRACIAS

Rafael se quedó con Leonardo por otro rato, aunque no estaba seguro cuánto tiempo más necesitaba de su compañía, y si él tendría la paciencia suficiente; entonces, recordó que Leonardo le había dicho, una vez, algo así como que, si uno no tuvo un buen día, uno podía consentirse de alguna manera, y también recordó que Leonardo, con todo y su riguroso régimen de calorías, le encantaba todo lo que fuera dulce y frío.

-Te 'disparó' un eskimo.

-¿Un eskimo?- Leonardo levantó muy rápido la cabeza.

-Bueno, se puede preparar en casa.

-¿Sabes cómo prepararlo?

-He visto cómo se hace; no es nada del otro mundo.

-Pues… sí. Sí me gustaría un eskimo.

-Vamos.

Rafael se puso en pie y ayudó a Leonardo a levantarse.

Fueron a la cocina.

Rafael le pidió que tomara asiento en lo que él la hacía de chef.

Hielo picado.

Leche condensada.

Azúcar.

Un poco de agua.

Polvo para preparar una bebida a base de leche de tu sabor favorito.

Se mezcla todo en la batidora…

Leonardo miraba con mucha curiosidad cómo preparaba Rafael el eskimo.

El aroma dulce no tardó en esparcirse por toda la casa.

-¡Mhhhh!- se saboreó Miguel Ángel al entrar a la cocina -¿Qué hacen? ¡Huele rico!

-Eskimos.- respondió Rafael.

-¡Yo quiero uno!

-Hazte el tuyo.

Terminó de preparar uno de sabor chocolate sin mucho azúcar, lo sirvió en un vaso bien grande, le colocó un popote, y se lo entregó a Leonardo. Le hizo gracia la expresión de su hermano mayor: su cara se veía impaciente por probar ya la fría bebida, pero no se rió de él.

-¡No!- le advirtió Miguel Ángel -Rafa, acuérdate lo que el chocolate le hace a Leo.

-Yo no me hiperactivo con el chocolate.- se defendió la tortuga de la bandaba azul.

-¿Qué no te acuerdas lo que pasó la otra vez?

-Sí, pero aquella vez debió ser porque había dejado de comer chocolate por un tiempo, y cuando me comí toda esa barra, bueno… sí, me sonsacó un poco.

-¿Un poco?- dijo Miguel Ángel poniendo en duda lo que dijo su hermano mayor -¡Hermano! ¡Yo estuve ahí! De un pacífico lago que eres, te convertiste en un huracán que destruyó todo con sus potentes ráfagas de agua.

-No creo que el eskimo de chocolate me altere.- dijo avergonzado, pero decidido a sorber su fría bebida.

-Igual y no.- Miguel Ángel tomó su lugar en la mesa -Yo quiero uno de fresa.

-Ejem.- carraspeó Leonardo.

-Ah sí… Por favor.- y le sonrió a Rafael como solo él sabía sonreír para convencer.

-Nada más porque has dicho por favor.

Rafael preparó otro eskimo, ahora de sabor fresa. Le agregó mucho azúcar, sabiendo cómo le encantaba a su hermanito todo bien dulce.

-Al menos el azúcar a mí no me altera como a otro.- dijo en broma Leonardo al notar cuánta azúcar vertió Rafael en el eskimo para Miguel Ángel.

-¿Cómo quién?- preguntó Miguel Ángel.

-Tú eres como un molesto torbellino.- dijo Rafael -Eres un ligero viento, pero por donde pasas, dejas todo 'patas arriba'.-

-¿Yo?

-Miguel ingiere azúcar todo el tiempo,- dijo Donatelo al entrar a la cocina; también lo había atraído el aroma dulce -lo que conlleva a que su estado de hiperactividad sea casi permanente, por eso no se da cuenta.

-¿No me doy cuenta de qué?

-¿Puedes prepararme uno de café, Rafa?- Donatelo prefirió no explicarle más al más chico -Por favor.

-A ti te pone loquito el café.

-Eso no es verdad.

-Lo siento Doni, pero es cierto.- le dijo Leonardo.

-Es cierto.- dijo Miguel Ángel también.

-Ahmm…- recapacitó un momento, y encontró en su archivo de memoria, que había muchas circunstancias que le dijeron que sí, podía ponerse irritable si ingería demasiadas tazas de café -De acuerdo, pero, ¿entonces no podré probar un eskimo?- dijo con cierta tristeza cuando Rafael le entregó el eskimo a Miguel Ángel, hasta ya estaba cómodamente sentado.

Rafael no pudo decir que no.

-Está bien, te haré uno de café, pero con poquito café. – se apuró en prepararlo -Tú pareces un terremoto: con una o dos tazas de café negro, puedes sacudir todo de poco en poquito, y de vez en cuando; pero de repente, si te pasas de cafeína, te desatas hasta en un diez coma cero, según la escala de Richter.

-Estupenda analogía, Rafita.- recibió el eskimo de sabor a café y sorbió sin mayor remordimiento.

-Con Miguel ya tenemos suficiente para tener a una tortuga brincando por todos lados, y eso si el de chocolate no hiperactiva a Leo.

Donatelo y Miguel Ángel miraron a su líder, quien siguió sorbiendo su eskimo gustosamente, y lo imitaron.

-¿No vas a prepararte uno, Rafa?- le preguntó Leonardo.

-Claro, no me voy a quedar con el antojo.- sacó una botella de rompope.

-No tienes la edad para beber alcohol, Rafa.- le dijo Donatelo.

-La mayoría de edad no, pero debo aprender, ¿o no?. Aparte, el rompope no está tan fuerte.

-Sí, pero…

-Sensei me ha dado permiso. Casey y yo nos fuimos anoche a tomar algunas chelas… Bueno, anoche no le pedí permiso, pero ya nos hemos ido de parranda otras veces.

-No deberías beber alcohol.- Donatelo insistió.

-Si toma con supervisión de Casey, yo no creo que haya problema.- dijo Miguel Ángel.

-A ti te pone bien 'happy' el alcohol, Rafa.- dijo Leonardo.

-¿Cómo sabes…?

-Anoche que te desapareciste, supuse que estarías con Casey, lo llamé preguntando por ti, y sí, estabas con él, bebiendo. Me contó que, con el tercer vaso de cerveza que te sirvió, porque no te dejó beber directo de la botella porque aún no estás listo, me contó que te pusiste muy feliz, un poco mareado, pero estabas feliz, y empezaste a decirle a todo mundo que lo amabas.

-O sea que…- dijo Miguel Ángel -cuando se embriaga, no se pone a pelear, ni a moquear, ¿sino que ama a todo mundo?

-Sip.

-No te creo. Entonces, el volcán activo que siempre está echando humo y cenizas, Rafa se vuelve una relajada flamita de una vela. ¡Jajajajajaja!

-Ese zoquete, contando cosas que no debe.- Rafael se sentó a la mesa para beber su eskimo sabor rompope.

-¡Jajajajaja!

Miguel Ángel continuaba carcajeándose, los otros seguían disfrutando de sus eskimos, pero luego se le quedó viendo fijamente a Rafael

-¿Qué?

-Sólo quiero ver si con un eskimo de rompope, te pones bien 'happy', y nos preparas otra ronda. ¡Te quedan bien ricos!

Rafael siguió sorbiendo su eskimo, como que sí o como que no animándose a otra ronda. Pudiera ser que el azúcar, el café, el chocolate y el alcohol no los pusiera a todos muy contentos pero, ¿ y si sí? Su maestro no tardaba de regresar de su "paseo", ¿y si hallaba a cuatro adolescentes desbocados?

Había una manera de averiguarlo…

Pero antes de decidirse, Leonardo se puso de pie, dejó su vaso vacío en el fregadero, se acercó a Rafael, y le dio un fuerte abrazo por la espalda, rodeando su cuello y apoyando su cara contra la de él.

-Arigato.- dijo muy quedo.

Salió de la cocina.

Miguel Ángel y Donatelo pegaron un brinco en sus asientos porque sabían que a Rafael no le gustaba que le dijeran gracias, y es que Rafael tenía esa rara manía de no querer escuchar un gracias, y se espantaron al verlo 'hecho una fiera' y seguir a Leonardo.

Rafael lo siguió para reclamarle el que le dijera gracias. ¡No le gustaba que le digan gracias, ni siquiera en japonés!, pero al ver que su hermano corría, dar un brinco, y en el aire, hacer ese complicado movimiento que no había podido realizar en todo el día…

Leonardo aterrizó en el suelo sin problemas.

-¿Viste?- le dijo a Rafael, emocionado -¡Pude hacerlo!

-Bien por ti, bro.- sonriendo, levantó el pulgar de su mano derecha.

Leonardo se sintió con mucha energía como para continuar entrenando. Había conseguido ejecutar la kata, ahora necesitaba perfeccionarla. Ya se disponía a volver a ejecutarla, cuando Rafael se le acercó.

-Y para celebrar, otra ronda de eskimos.

Leonardo lo pensó un segundo. Asintió.

Regresaron juntos a la cocina.

Las otras tortugas, que habían oído todo desde la puerta de la cocina (y es que se quedaron ahí preocupados por lo que hubiera pasado), se alegraron. Ya se habían acabado sus eskimos, y pensaron que no iban a poder tomar otro poco de esa delicia fría.

Hubo dos rondas más.

Rafael olvidó que le dio coraje al ver a Leonardo sintiéndose peor que basura por estar enojado con su padre; olvidó que se encanijó con su maestro porque le pareció injusto que Splinter fuera tan estricto con Leonardo, si apenas tenía quince; hasta olvidó que se había puesto a pensar en todas las responsabilidades que tenía su líder y hermano mayor; olvidó que se había preguntado: de haber sido él el líder, ¿hubiera soportado toda esa presión de parte de su maestro?

Olvidó que no tenía manera de saberlo porque hubo dos rondas más de eskimos bien fríos.

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N/A: Hay una manera de saber esa cuestión que le inquietó a Rafita. (Yun anotando idea para fic number 64)

Y como dije, a petición de Horus, escribí este fic sobre el lado tierno de Rafita.Horus,espero que el fic haya sido de tu agrado.

Y a los demás, igual espero que les haya gustado este fic, ya añoraba escribir algo lindo, con miedo y todo, pero ya era justo y necesario, ¡y es que leer los fics tan bonitos que escribe Who me hacía morir de ansias por escribir algo tierno!

:D

Who es la chica nueva, aunque de momento se la pasa del otro lado, sus fics están en ingles, pero para eso está el traductor de Google XD La hallan como:

Who am I. Well, I'm just Me

n.n

Muchas gracias por seguir leyendo todas las ocurrencias que escribo, de verdad, se los agradezco de todo corazón.

Comentarios, sugerencias, dudas, peticiones, aclaraciones, zapes, jitomatazos, abucheos, reclamos, ultimátums, etc., etc., son bienvenidos.

n.n