sSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSs

UN PEQUEÑO SECRETO

Los días transcurrieron, y en una ocasión, Splinter descubrió la mala idea que fue llevarse a su hijo consigo; descubrió que Leonardo tenía miedo a las alturas.

Desde ese día, ese feo vacío oprimía más el corazón del niño, era cada vez más constante e insoportable porque su padre trataba de ayudarle a superar ese miedo, sin mucho éxito.

- Lo intento Sensei, de verdad que lo intentó, pero… - su voz casi se quebraba - … no puedo dejar de tener miedo… Tengo mucho miedo. - miró el piso, muy avergonzado de su desempeño.

Diariamente, Splinter le imponía ciertos ejercicios a Leonardo, estando solos. A sus otros hijos, les permitía salir a explorar libremente, mientras ellos dos "repasaban" alguna lección, ya que Leonardo no se había desempeñado correctamente.

- Lo intentaremos mañana, hijo. Mañana lo conseguirás. - le dio unas palmaditas en el hombro para darle ánimos, pero cada día que pasaba, cada intento que hacía para ayudar a su hijo a superar su miedo… cada vez se convencía que no lo conseguiría.

- ¡Hai! - le respondió que en japonés la tortuguita lo más animadamente que pudo, e hizo una reverencia.

Se retiró.

Fue a su cama, a su vieja colchoneta (los colchones los ocupaban sus hermanos). Ahí estaba esperándolo su oso. Nada más llegó con él, lo tomó, y lo abrazó con fuerza.

- No puedo, Ogima… ¡No puedo dejar de tener miedo!... Papá me ayuda, pero no puedo dejar de tener miedo. -

Unas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, pero intentaba contenerlas, no podía llorar porque su padre le había dicho, esa noche que lo descubrió de regresó a su casa y que había llorado, le dijo que como hermano mayor, tenía que ser fuerte por sus hermanos, porque en ese mundo en el que los humanos no los aceptaban, él tenía que ser valiente. Si se presentaba una situación difícil, él tenía que ser esa luz que emanaba una vela en medio de la oscuridad y que alejaba a las pesadillas, tenía que ser esa fogata que brindaba calor en una fría noche de invierno…

- Ser la estrella que con su luz aleja el temor. -

Eso fue lo que le dijo él a su padre. Pudo entender lo que su padre le dijo, porque él tenía una estrellita que le infundía valor; por eso no podía llorar, por eso tenía que ser valiente, por eso sus hermanos no sabían lo que realmente pretendía su padre con esas "lecciones extra". Pero esta vez, el miedo era mucho más poderoso que él, cada día su miedo crecía más y más, estaba creciendo tanto, que estaba seguro que nunca podría superarlo. Ese horrible vació cada vez se hacía más y más pesado en su pecho, en su corazón.

Sin poder soportarlo más, sintiendo que no podía respirar, se levantó y salió corriendo de su casa.

Splinter logró ver a su hijo mayor salir de casa; iba a preguntarle a dónde iba, pero al ver el pesar en la cara de su hijo… no lo detuvo. Tuvo deseos de llorar. Sabía porque su hijo estaba triste y él no podía hacer nada para consolarlo, nada. Fue cuando reflexionó: notaba a Leonardo que estaba más y más nervioso durante el entrenamiento, también comenzaba a no participar en los juegos con sus hermanos. No le sorprendió descubrir, entonces, porque aún él conservaba su oso de peluche y porque lo defendía con tanto ahínco cuando alguno de sus hermanos quería tomarlo sin su permiso o lo molestaba con comentarios por tenerlo todavía. Dejó que Leonardo se marchara, necesitaba dejarlo ir. Fue a prepararse una taza de té que le ayudara a tranquilizarse. Tenía que hallar una manera de ayudar a su hijo, debía hallar la manera. Aun con la tibieza del té que le debía brindar confort, se reprochó a sí mismo no haberse dado cuenta antes de la aflicción que padecía su pequeño.

Leonardo se quedó sentado al pie de las escaleras que lo conducían a la superficie. Estaba desconsolado, no pudo subir para llegar al techo desde el cual veía a la estrellita, a su estrellita. Descubrió amargamente que cada día, después de comenzar con el entrenamiento especial, le había sido más y más difícil subir por esa escalera; esta vez no pudo siquiera poner un pie en el escalón. Ya no podría ver a su estrellita, nunca más. Intentó al menos cantar la canción, pero su corazón estaba fuertemente oprimido por ese vacío, y también su garganta lo estaba, pero pensó en la canción y en su estrella, lo que le ayudó a tranquilizarse, y darle al fin un nombre a esa fea sensación que sentía; comprendió lo que verdaderamente era: soledad.

Tomó a su oso con más fuerza entre sus brazos y ocultó su cara en su suave cuerpecito.

- Papá no quiere que les diga a mis hermanos el por qué de mi falta de concentración en el entrenamiento. No puedo decírselo a ellos. No puedo compartirles mi secreto. No puedo compartirles mi miedo. Estoy solo… Estoy solo. -

Unas pequeñas lágrimas consiguieron escapársele.

Sin embargo, engullido por la tristeza, Leonardo pudo oír una vocecita entusiasta y alentadora.

No estás solo.

Leonardo sostuvo a su oso para mirarlo, sin mucho ánimo, y el oso le dedicó una gran sonrisa, la que contagió a la tortuguita; también sonrió.

- No, no estoy solo, porque tengo a ti. Si no puedo volver a salir y ver a la estrellita, tú estas conmigo, Ogima. - le susurró a su oso, su único amigo; le dio un fuerte abrazo.

Regresó a casa, todavía con miedo, pero ya no tanto.

Después de esa noche, nada volvió a impedirle a la tortuguita salir a mirar el cielo, porque semanas después, Splinter consiguió liberar a su hijo de su miedo completamente.

. . .

"Cuando tenía seis años, vi una vez un extraordinario dibujo en un libro que trataba sobre el Bosque Virgen, llamado "Historias Vividas". La lámina expresaba nada menos que una serpiente boa tragándose a una fiera. Aquí tenemos la copia del dibujo."

Leonardo le muestra el dibujo que hay en el libro a su oso de peluche (ambos están recostados en la cama), luego continúa leyendo en voz alta.

"El libro decía: 'Las serpientes boas capturan a sus presas y las tragan enteras, sin masticarlas. Esto no les permite moverse, y duermen durante los seis largos meses en que transcurre la digestión.' Es entonces que pensé mucho sobre las aventuras de la selva y un buen día, tomé un lápiz de color y logré mi dibujo número 1. Era así."

Se lo muestra: es de una boa muy gorda de la panza y delgada de la cabeza y la cola porque acababa de comer.

- Sí. Es muy bonito. -

"Decidí mostrar mi primera obra maestra a la gente grande, y pregunté si mi dibujo les asustaba.

-¿Por qué nos asustaría un sombrero?- me respondían.

Pero mi dibujo, no representaba en verdad a un sombrero. Expresaba una serpiente boa que había tragado a un elefante.

Decidí entonces dibujar el interior de la serpiente boa a fin de que los adultos comprendieran, ya que siempre necesitan explicaciones. Así quedó logrado mi dibujo número 2."

Le muestra ese otro dibujo.

- Tienes razón. Dejando ver lo que la boa ha comido, como que pierde su chiste. -

"Me aconsejaron las personas grandes que abandonara estos dibujos de serpientes boas, cerradas o abiertas, y me dedicara un poco más a la geografía, la historia, el cálculo y la gramática.

De este modo abandoné, a la edad de seis años, lo que pudo haber sido una brillante carrera de pintor. Me encontraba decepcionado a raíz del fracaso de mis dos primeros dibujos. Insisto en que las personas grandes no comprenden nada por sí mismas, y es cansador para nosotros, los niños, darles siempre y siempre explicaciones."

- Leo. - alguien lo llama desde la puerta de su habitación.

- ¡Oh Doni! Lo siento, no te escuche. -

- Desde hace cinco minutos que te hemos llamado para que bajes a comer, - se acerca a la cama - pero Sensei supuso que estarías leyendo, por eso no nos has escuchado, y me pidió que subiera a avisarte que la cena se enfría. -

- Sí, gracias. Voy en un segundo. -

- Te involucras demasiado en la lectura. -

- Es que este libro es nuestro favorito. -

Le muestra la portada a Donatelo, quien la mira un segundo, para después quedarse viendo a Leonardo y luego al oso de peluche que tiene cómodamente descansando sobre el brazo. Es raro que su hermano lea en voz alta, y además habló en plural: "este libro es nuestro favorito". No le da mucha importancia. Regresa a la cocina.

- No tardes. -

- No. -

Leonardo se levanta, dejando a su oso de peluche sobre su cama y el libro sobre la mesita de noche.

- Si no viene Doni, me quedo sin comer - le dice a su oso de peluche - Perdona Ogima, dejo la lectura en lo más emocionante. No tardo. - acaricia con mucho cariño la cabecita de su oso y le sonríe.

Y el osito le mira y le sonríe también.

Leonardo baja rápido, antes de que su hermano el más comelón se acabe todo.

sSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSs

N/A 1: La canción que Ogima le enseña a Leo se llama En la tarde. La pedí prestada del bello anime llamado Heidi. Cambie algunas palabras para que quedara con el fic.

N/A 2: Si se preguntaron que si no fue peligroso que Leo, a sus 7 añitos, encendiera la estufa e hiciera algo de comer, sí lo fue, pero si yo aprendí a hacer huevos revueltos a los 7, entonces para Leo fue fácil.

N/A 3: El fragmento entre comillas y en cursiva son párrafos del libro llamado El Principito, el autor es Antoine de Saint-Exupéry.

Y bueno, yo creía que este sería el último fic en el que aparecería Ogima, pero después de ver la peli de Toy Story 3 (si la han visto sabrán porque la menciono), y después de leer el fic de Who que se llama Me and my Teddy (Mi oso de peluche y yo), y después de descubrir que el osito de Leo tiene una fan, ¡Ogima tiene una fan! x) queremos hacer pública la amenazada de que este lindo osito hará más apariciones en futuros fics.

:D

Gracias por leer otro alucine mío.

n.n