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¡HIP!
Un par de horas después.
Del ascensor que lleva a la casa de las tortugas, sale Casey. A quien ve primero es a Leonardo, que está en el área de entrenamiento ejecutando algún tipo de kata; lo que le parece curioso de ese ejercicio, es que no es tan impresionante como otros que le ha visto hacer, sino que parece algo como el yoga, hasta lleva puesto un hermoso kimono azul y no su bandana ni sus protectores.
- ¡Leo! – el hombre lo llama con cierta urgencia, pero la tortuga no parece haberse dado cuenta de su arribo, entonces, cuando llega con él, tiene que agitar sus manos para llamar su atención, sólo así.
- ¡Oh, Casey! – se quita los auriculares y guarda su IPOD en una de las bolsas de la vestimenta que trae – Lo siento, no te oí. -
- ¿Ya llegó Rafa? -
- No. ¿No me digas? Se aburrió y se salió de la clase. -
- No. Salió por un momento porque el hipo no se le quitaba; esperé que regresara en un rato, pero acabó la clase y no regresó, Salí y lo busqué en la biblioteca y no estaba. Creí que se había 'retachado' para acá y volví, pero me dices que no está. -
Leonardo comienza a buscar su celular, pero se da cuenta que no lo trae consigo porque recuerda que lo dejó en la mesita de noche de su habitación al ponerse el kimono.
Va de prisa a su habitación, o más bien, tan rápido como se lo permite el kimono que viste (la prenda nipona no fue hecha como para usarse en un maratón), y lo sigue Casey, pero entonces llega corriendo de alguna parte Miguel Ángel.
- ¡GIR! – lleva su robotito hecho de fomi en la mano y lo sostiene como para que el robotito lo mire – Hagamos una prueba a tu mejorado sistema de navegación intergaláctico. -
- ¡Sí Señor! – le responde el robotito, cuadrándose.
- ¿Hacia dónde queda nuestro planeta natal Irken? - el robotito levanta una mano y señala… hacia algún lado - ¡Perfecto! – Miguel Ángel sigue su camino hacia el laboratorio de Donatelo (y cuando pasa junto a Leonardo, éste consigue arrebatarle el celular de su cinturón) - ¡Computadora! – (y mientras Leonardo marca al celular de Rafael, Casey mira que Donatelo sale de debajo de su escritorio) - ¡Computadora! – Miguel Ángel se planta frente a su hermano - ¿Cómo va el proceso de maduración de mi Chupacerebros? -
- El proceso está casi finalizado, "Amo". – responde con tal desgano…
Casey deja de observar a esos dos hermanos tortuga para saber si Leonardo ha contactado a Rafael.
- ¿Seguro que estás bien? – pregunta Leonardo (Casey logra oí un estornudo seguido de un hipo por toda respuesta de Rafael) – Creo que ya viene a casa. – le hace saber al amigo de su hermano, o eso cree, que ya viene en camino, porque otro hipo y otro estornudo fue lo único que oyó por el celular.
Y justo en ese momento, del elevador, baja Rafael.
Casey y Leonardo van de prisa con él, preocupados al ver que está cubierto con algún raro polvo; no solo su cara (ha hecho a un lado la capucha) sino también su sudadera está empolvada.
- ¿Por qué te fuiste de la biblioteca? -
- ¿Hermano, estás bien? –
Pero en vez de responder las angustiosas preguntas, Rafael sube a su habitación (lo siguen) y de ahí a la ducha (y tienen que esperar).
Pasados cinco minutos, aún con hipo y sentado en su hamaca, logra contarles lo sucedido.
- Y nos llevaron a todos, nada más porque esa… ¡HIP!… señora y otros chismosos creyeron que ese t… ¡HIP!… tipo traía un arma, pero era una mugrosa engr… ¡HIP!… engrapadora, ¡y los mendigos polis se tardaron…! ¡HIP!… ¡dos horas en…! ¡HIP!… ¡entenderlo! -
- Qué raro que hayan creído eso, – dice Casey – si en una biblioteca no hay asaltos. -
- Es que yo le hice caso al profe… ¡HIP!… de que trajera los brazos arriba y así se me… ¡HIP!… quitaba el… ¡HIP!… me vieron con las manos arriba, vieron algo que parecía un arma, y creyeron era un asalto y… ¡HIP¡… ¡Esto que ya me está cayendo…! ¡HIP! -
- ¿Y ese polvo? – su hermano mayor le pregunta.
- Fue un remedio que me aplicó esa señora gritona… ¡HIP!… que según, si te hacen estornudar, se te quita el hipo. ¡A la metiche se le ocurrió echarme de…! ¡HIP! ¡de ese polvo con el que se maquillan las mujeres y…! ¡HIP!… ¡pues no sirvió! Nada más hizo que… HIP! – se rasca la cara porque comienza a salirle salpullido.
- ¿Y ese moretón en tu frente? –
Rafael sólo mueve la cabeza.
Leonardo sale en busca de un ungüento.
- Qué día, ¿eh, compadre? Y todo por ese hipo. -
- Y que lo… ¡HIP!… digas. Ya empieza a dolerme mi pechito… ¡HIP! ¡Pero tú tienes la…! ¡HIP! ¡culpa! -
- ¿Y por qué yo? -
- ¡Me dio…! ¡HIP! ¡por apurarme en comer para ir a ese…! ¡HIP! ¡curso! -
- Ahora yo. Tú debiste comer tus alimentos como niño bueno. -
- ¡Bueno eres tú para los…! ¡HIP! ¡trancazos que te…! ¡HIP! – se levanta de su hamaca, preparado para hacerle pagar a su amigo por todas las 'broncas' que ha tenido por su culpa.
Pero Leonardo regresa a tiempo.
- Tranquilos. No es culpa de nadie. A todo mundo puede darle hipo. Rafa, has tenido la mala fortuna que sea un hipo muy testarudo. –
- Igual que él. – Casey de mofa.
Rafael está por 'ajustar cuentas', pero Leonardo no lo deja.
- Y tú ven para acá, – toma su mano y lo lleva a sentarse a una silla para untarle en la cara el ungüento que ha traído – y siéntate, que no te alcanzo. -
Rafael obedece.
Un minuto después, se encuentra mucho mejor ya que su hermano le aplica en la cara, con suma delicadeza, el refrescante alivio.
-Bueno, - dice Casey al comprobar que su vida está fuera de peligro – luego nos vemos. Debo tener una plática ilustre con cierta personita que pone en duda mi capacidad intelectual. – y se marcha.
Rafael y Leonado lo ven irse; ambos tienen cara de no creer lo que acaban de oír.
- Una clase de… ¡HIP!… y ya se cree Eins… ¡HIP! -
- Sólo intenta ser un mejor hombre para Abril. -
- ¡HIP!… digas. -
Leonardo mira a su hermano pensando en el difícil trabajo que tendrá Cupido para doblegar ese carácter tan agrio muy de él.
- ¿HIP? – Rafael le pregunta por la manera tan rara en que está siendo observado.
- Nada, pero espero que esto alivie la irritación de tu piel. – cierra el pequeño frasco (Rafael abre la boca para decir algo, pero surge otro hipo de tantos de esa tarde) – Lo tomaré como un "sí" y "gracias". – se retira.
- ¿Pero…? ¡HIP! – va tras él - ¿Cómo me lo voy a…? ¡HIP! -
- Tendrás que esperar a que el hipo se detenga solo. – va bajando las escaleras con cuidado, como si no quisiera que el kimono que lleva puesto tenga una sola arruga.
- ¿So…? ¡HIP! -
Leonardo detiene sus pasos.
- Lo lamento, hermano, no conozco otro remedio para el hipo. Tal vez si meditas… -
Rafael prefiere bajar de un salto al nivel inferior, y corre con Donatelo. Cuando está por llegar, escucha un grito de niña.
- ¡AAAAAHHH! ¡GIR! ¡Dejaste la ventana abierta otra vez! ¡Se ha colado un intruso a la base! -
- Sí, un intruso. – el robotito da un brinco y se agarra de un hombro de Rafael – Te quiero, intruso. – dice de un modo muy tierno.
- ¡Mig…! ¡HIP! ¡Déjate de…! ¡HIP! ¡Tengo que hablar con…! ¡HIP! ¡Doni! -
- ¡Computadora! ¡Activa el sistema de seguridad! – Miguel Ángel corre con su robotito hacia el interior del laboratorio de Donatelo que ahora es su base de operaciones.
Rafael también, y halla a Donatelo detrás de su escritorio, y a Miguel Ángel agazapado a él.
- ¡Computadora! ¡Haz tu trabajo, por eso te pago! -
- Si no me das ni un 'quinto'. – se queja Computadora.
- ¡Obedece! -
- Lo siento, Rafita. Ya sabes cómo se pone tu hermano cuando se enfrasca en sus juegos. -
- ¡HIP! -
- El hipo es un movimiento involuntario del diafragma; no hay forma que lo detengas a tu antojo. Aunque existen remedios "caseros" que aparentemente funcionan, pero veo que no te han funcionado. – le gustaría preguntarle por qué tiene un tipo de crema untada en casi toda su cara, pero como le va a ser difícil contestarle, se tiene que quedar con la duda.
- ¡HIP! – mueve la cabeza de un lado a otro indicando que no le ha ayudado ninguno de esos remedios.
- ¡Se me ha ocurrido otro magnifico plan para conquistar a la Tierra! – Miguel Ángel grita victorioso - Descubriré la cura para el hipo, después les provocaré hipo a todos los terranoides y tendrán que inclinarse ante mi si quieren la cura. ¡Computadora, a 'chambearle'! -
- Un segundo, "Amo". Como te decía… -
- ¡HIP! -
-… Rafa, debes padecer un hipo crónico… -
- ¡HIP! -
-… por lo que no se te ha quitado, pero como es poco… -
- ¡HIP! -
-… usual en ti, te recomiendo que esperes. Ya… -
- ¡HIP! -
-… desaparecerá… -
- ¡HIP! -
-… por sí solo. –
- ¡RAY…! ¡HIP! -
- Pues según Wikipedia, GIR, - por aconsejar a su hermano, Donatelo no se dio cuenta de que Miguel Ángel está navegando en Internet usando su computadora – dice que el hipo se puede curar: bebiendo agua; tapándose la nariz y esperar hasta que el hipo cese y sin respirar; levantar las manos, respirar profundamente y retener el aire unos segundos; hacer reír a la persona afectada; ingerir bebidas con gas carbónico; morder un limón; inducir un estornudo; comer una cucharada de azúcar… -
- ¡Miguel! Te he advertido de no usar mi computadora sin mi permiso. -
- Si quieres que las cosas salgan bien, como dicen por ahí, tienes que… -
Rafael no se queda a ver la discusión entre sus dos hermanos, va deprisa a la cocina a poner en práctica un par de los remedios que ha leído Miguel Ángel; pasa casi tirando a Leonardo por entorpecer una kata. Toma la azucarera y engulle una cucharada de azúcar, hipea un par de veces antes de poder comer el azúcar y…
- Parece que… funcionó. -
Jala una silla y se sienta, para esperar que ese remedio si ha hecho efecto.
- ¡HIP! ¡QUELON…! HIP! -
Se levanta precipitadamente, y del refrigerador saca un limón y lo muerde con fuerza.
- ¡AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHGGGGGGGGGG! –
Por apurarse en morder el limón, lo que hizo fue morderse él mismo el interior de su mejilla.
Todos se precipitan a la cocina por el grito, pero Rafael va derechito a su habitación y sin decir nada de lo que ha pasado; los demás sólo halla un limón en el suelo.
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