NA: LAMENTO LA DEMORA, SÉ QUE HA PASADO MUCHO TIEMPO DESDE MI ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN PERO HE ESTADO EN UN PERIODO DE SEQUÍA Y MI INSPIRACIÓN VOLVIÓ HACE UNOS DÍAS COMO LA ESPUMA, ESPERO PODER DEJAROS EN UNAS HORAS EL SIGUIENTE CAPÍTULO, ESPERO QUE LO DISFRUTÉIS, COMO SIEMPRE VUESTROS COMENTARIOS O FAVS SIEMPRE ME AYUDAN A SEGUIR!
CAPÍTULO 9 – SANGRESUCIA, ESO ERES
Tras decir aquellas palabras me fui de aquel lugar sin dar marcha atrás, ya nada importaba, ni el maldito lobo, ni la runa, todo se reducía a la rabia que Malfoy despertaba en mí, ese aire de superioridad escondido tras esa máscara de impasibilidad que me irritaba aún más, era como si no albergara sentimientos ni emociones.
Al día siguiente volví a la misma zona, en busca de aquellas runas antiguas, pero nada, ningún árbol parecía contenerlas, por no hablar del hecho de que mis visiones y la presencia del lobo habían desaparecido como por arte de magia, una parte de mí muy en el fondo, anhelaba que volvieran, me hacían sentir especial, como si formara parte de alguna historia, supongo que no eran más que la unión del estrés con el giro radical que mi vida había sufrido.
Con la marcha de las visiones y mi aislamiento en busca de pistas, pude acercarme más a los chicos, compartir más horas del día, ahora realmente comenzaba a sentir que era una más de ellos, Ron, Ginny y Harry hacían todo mucho más fácil.
Y en eso estábamos mientras compartíamos unos dulces que los chicos habían robado de las cocinas, tras los entrenamientos de Quidditch, Luna y yo siempre esperábamos a que bajaran de sus escobas y tomar en las gradas esos maravillosos panecillos con nata, pero estaba siendo un día demasiado bueno…
-Vaya, vaya… pero qué tenemos aquí…
-Lárgate Parkinson.
-Tú no me das órdenes pelirroja, además nos toca entrenar, por lo que os agradecería que os vayáis con vuestra mascota a otra parte.
-No te atrevas a repetirlo.
-¿O qué Weasley? Irás con tu perro escudero Potter a llorarle al director…
-No necesito que nadie me defienda Parkinson, pero si yo fuera tú no alardearía de superioridad, cuando tu educación deja mucho que desear, ten cuidado te tomas demasiado en serio eso de ser una serpiente.
Ni siquiera supe que me llevó a levantar mi mano y alzar mi varita contra Parkinson, pero cuando quise darme cuenta un rayo de luz se dirigió a su cabeza y convertí su pelo en un nido de serpientes, lo que provocó que la pelinegra se retorciera sobre su escoba a gritos y alaridos desorbitados bajo las risas de mis compañeros, Ron me cogió de la mano y nos fuimos corriendo de allí antes de meternos en un lío o que algún profesor nos pillara.
-¡Eso ha sido! ¡increíble! Aún puedo escuchar los gritos de esa imbécil, de verdad Hermione, ha sido el mejor día de mi vida.
-Sólo espero que no vayan con el cuento a Snape.
-De ser así ya tendrías noticias de ello, debe haberse llevado una buena lección, se la merecía, siempre están pisoteando a todos aquellos que no les siguen la corriente, no son más que un par de niños mimados.
Pasé el resto del día esperando la presencia del director o incluso de Snape, llamándome a su despacho, en la clase de pociones me notaba tensa, incluso me sentía mal por haberle hecho eso a Pansy, aun sabiendo que lo merecía por cómo nos trataba, yo no era así, nunca había usado la agresividad, aunque dentro de mí, me sentía mejor, la magia comenzaba a ser mi aliada, por suerte las clases finalizaron por hoy y ya estábamos en el almuerzo.
-¿No os parece raro? – Ginny se acercó a nosotros mientras dirigía una mirada a la mesa de las serpientes-
-¿El qué?
-Chicos conocéis a esos imbéciles desde hace mucho tiempo, ambos sabéis que nunca pierden la oportunidad de vengarse, ¿le llenan el pelo de serpientes a Pansy y no hacen nada?
-Quizás aprendieron la lección.
-Hermione… lamento decirte que eso es igual de posible como encontrar cuerda a la profesora Trelawney, deben estar preparando algo y debemos estar preparados, sobre todo tú.
-No les tengo miedo.
-Mantente protegida por si acaso, nosotros les vigilaremos de cerca, son silenciosos y escurridizos.
-Estaré preparada, siempre puedo llenar su cabello de serpientes de nuevo, en serio, tranquilos, puedo defenderme, soy hábil en combate aunque me pase el día inmersa en los libros, lo que me recuerda que tenemos un trabajo de Pociones que entregar, Ron estaré en la biblioteca quieres acompañarme, así podremos adelantar nuestro proyecto.
-Creo que otro día, tengo una partida pendiente con Harry de ajed… y yo…
Una pequeña sonrisa se formó en mis labios al ver como Harry y Ginny le incitaban a aceptar mi oferta, los ojos de ambos se salían de sus cuencas casi, era muy dulce ver al pobre Ron ponerse rojo al no captar las oportunidades, no podía negar que me alagaba su interés en mí.
-Digo… bueno esa partida puede esperar, sí, claro, te acompaño.
-Nosotros iremos a la sala común os esperamos allí.
Al principio fuimos en silencio, era algo así como una calma tensa, cuando me dispuse a sacar un tema de conversación, él también lo hizo, lo que nos dejó con la frase a medias y unas sonrisas en nuestros rostros.
-Tú primero.
-Gracias por defenderme en serio.
-No tienes que darlas, eres una más de nosotros, los leones nos protegemos, además creo que no lo necesitabas, si algo he aprendido hoy es que no debo enfadar nunca a Hermione Granger.
-Por Merlín… ni siquiera sé como ese conjuro ha salido, prometo que nunca actúo así, pero me ha sacado de mis casillas.
-Me alegro, me gusta ese lado de ti.
-¿Ah si?
-Bueno ya sabes, no gustar de lo que estás pensando, es decir, no quiero decir que no me gustes, bueno ya sabes, soy un desastre…
-Creo que te entiendo.
-Me alegro.
-En estos meses, estuve leyendo acerca de la historia de los sangrepuras, creía que tras una atrocidad como la que vuestros padres vivieron, habrían aprendido la lección.
-Hay personas que nunca cambian, lo primero que escuché al llegar aquí, fueron burlas de parte de Malfoy y sus amigos por mis túnicas de segunda mano, se jactaban de presumir de sus artículos de primera y de la ruina de mi familia.
-Debió ser duro.
-Lo fue, lo fue hasta que comprendí que yo poseía algo que ellos nunca tendrían, el amor de mi familia, de mis amigos.
-Por suerte tenías a Harry y todos los demás.
-Sí, también les devolvimos muchas, aunque eso nos costara alguna que otra copa de la casa, pero mereció cada punto perdido, ya hemos llegado ¿entramos?
-Sí.
Tres horas después seguía susurrándole a Ron las mejores formas de avanzar con el proyecto, si bien de camino a la biblioteca parecía tener toda su atención, en cuanto puse los libros sobre la mesa pude notar como comenzaba a dispersarse, tanto que cuando quise darme cuenta estaba hablando sola, pues mi compañero ahora babeaba sobre el libro de ingredientes.
Me sacó una sonrisa, con el más estricto silencio fui mandando los libros a sus estantes, intentando no despertarle, lo que fue un fracaso pues el libro sobre el que estaba su cabeza salió volando, provocando que se golpeara de lleno contra la mesa y por ende que despertara del sueño.
-¿Qué…? – En lo que si que no fue un gesto dulce, retiró la saliva que colgaba de su boca, ante mi mirada de desagrado, cuando se dio cuenta el color rojo reinaba por toda su cara-
-Lamento despertarte, pero es hora de marcharnos.
-No era mi intención quedarme dormido, ¿me he perdido mucho?
-No…no – solamente dos tercios del proyecto, me entraron ganas de decirle-
-Bien… prometo finalizar la parte del proyecto que reste.
-Ya está todo en su sitio, así que podemos irnos.
Íbamos avanzando, apenas quedaban unos metros hasta la torre, cuando me di cuenta de algo, abrí mi mochila y pude ver el libro de especies que saqué de la sección prohibida, habría jurado que lo devolví antes de que Ron despertara.
-Debo volver a la biblioteca, olvidé dejar este libro.
-Mañana lo devuelves, no creo que Madamme Pince se dé cuenta.
-Es la segunda vez que me pasa, si vuelvo a tener otra advertencia me propondrá para sanción y no puedo permitir que me prohíba la entrada.
-Bueno, volvamos entonces.
-No enserio, no es necesario, volveré en unos minutos, estás cansado del entrenamiento.
-¿Estás segura?
-Sí, tranquilo… nos veremos en la sala común.
-Bien.
Me colé en la biblioteca, evitando la mirada de Madamme Pince, por suerte el lugar estaba desierto, así que tomé la llave de su escritorio y me dirigí rápidamente a la sección prohibida, cuando dejé el libro sobre su repisa me quedé tranquila, para entonces una nube de oscuridad comenzó a rodearme, saqué mi varita y dirigí un haz de luz a mi alrededor pero enseguida se consumió, giraba sobre mi propio eje, dispuesta a atacar en cualquier momento, las manos me sudaban y el corazón me latía a mil pulsaciones, me giré dispuesta a salir pero entonces pude notar que la puerta había desaparecido, volví a girar sobre mí misma, fue cuando lo vi.
Salió de la niebla, era el doble de su tamaño de la última vez que lo vi, blanco como la nieve con ojos rojos, cuya mandíbula estaba llena de sangre, gruñía a la vez que se acercaba poco a poco a mí, avanzaba hacia atrás, no podía creerlo, no podía ser posible, no podía ser real, intentaba abrir la puerta mientras gritaba pidiendo auxilio, las lágrimas brotaban de mi rostro cuando me dejé caer hasta el suelo sintiendo el aliento del lobo en mi nuca, apreté los ojos con fuerza dispuesta a aceptar mi destino cuando lo oí, esa risa…
-La pequeña leona asustada de un lobo, ¿no decían que eras una gran maga? Hasta un niño de diez años es capaz de identificar un boggart.
Limpié mis lágrimas mientras escuchaba sus risas, todo era una artimaña de Parkinson.
-Queda demostrado que la magia va más allá de los libros, ¿sabes como llamaba el Lord Oscuro a los que son como tú, a los que no sois dignos de merecer la magia? Sangresucia, porque eso eres, naciste siendo una sangresucia y morirás siendo una sangresucia, cuanto antes lo entiendas, antes comprenderás que tu magia no será nunca suficiente, ni tus amigos traidores a la sangre, ni tus libros te ayudarán.
Tal y como llegaron se fueron, sequé mis lágrimas y salí corriendo del lugar, sin pararme ni observar hacia donde me dirigía, cuando quise darme cuenta me encontraba en el bosque prohibido, al final siempre acababa allí, pero esta vez, en un llano junto al lago, decorado por una fuente enmarcada por la estatua del ángel caído, en honor a las víctimas de la primera gran guerra mágica.
La rabia se apoderaba de mis sentidos, saqué mi varita y comencé a lanzar hechizos, repitiendo en voz alta groserías hacia Parkinson y repitiendo que ella era la verdadera sangresucia.
-¿Practicando para vencer a nuevos monstruos?
CONTINUARÁ…
