Las dos plantas de la mansión amortiguan los sonidos, pero el insólito silencio producto del sueño profundo de Hope se alía con las voces del rellano y las sube en forma de retazos por las escaleras.
"¿Cómo está?" "...y ha comido un poco." "¿Necesitas que hagamos al…?" "Es cuestión de tiempo…" "Que descanse y llámanos si…" "¿Le digo que…?" "Está bien, volveremos más…"
Son palabras inconexas que se entremezclan a cuatro voces. Y sabe que, si dejara de llorar y se detuviera a escuchar, identificaría cada una de ellas. Pero no quiere. Solo cierra los ojos y tira del edredón hasta que cubre su cabeza. Escucha el ruido de la puerta de la calle al cerrarse y vuelve a caer en un agitado duermevela.
Pasan los minutos, tal vez las horas. La única señal del paso del tiempo en esa habitación a oscuras con las persianas echadas son los gorgojeos de Hope desde la cuna. Antes de que llegue eventualmente a ponerse de pie sobre el colchón, reclamando su libertad desde los barrotes de madera, llame a la puerta y el rostro de Regina se asoma. Como cada mañana.
"Hola."
"Oye…"
"He preparado algo de desayuno, ¿quieres que me encargue de ella?"
"Gracias…"
"Buenos días, pequeña". Susurra sosteniendo a la niña que eleva sus brazos a medio despertar desde la cuna.
"Nos dis..." la imita Hope con un bostezo y alguna sílaba de menos, abrazándose a ella como un koala.
"¿Le damos un beso a mamá?" preguntando acercándola hasta la cama donde permanece Emma.
"Sito mamá" balbucea antes de babear la mejilla de Emma. Aunque la sonrisa de su madre apenas asoma, su mano se deshace en una tierna caricia en el rostro de su hija.
"¿Puedo subir algo?"
Quizas mas tarde.
"Vale... Estaremos abajo si necesitas cualquier cosa."
"Gracias".
Cuando la puerta vuelve a cerrarse, Emma se refugia una vez más bajo el edredón.
"¿Estás enfadada?"
"Estafa…?"
"Conmigo"
Snow no contesta, no abre la boca, pero sí los ojos y aguarda esperando más palabras que nunca llegan. "¿What?"
"Yo, lo siento ta..."
"¡Emma!" interrumpe abalanzándose sobre su hija con un abrazo que se adelanta a sus propias palabras, haciéndolas casi innecesarias. "¿Por qué iba a estar enfadada contigo? ¿Cómo iba a estar enfadada contigo?"
Entre sus brazos, Emma es una roca, rígida, inamovible e impasible. "Por todo..."
"No tengo un solo motivo por el que estar enfadada contigo..." replica contra su pelo, cerrando sus brazos entorno a ella con más fuerza, más cariño y más impotencia en cada sílaba. Retiene las lágrimas y, aunque nota cómo se humedece su propia voz, respira hondo en un alarmar de resistencia.
"Soy una cobarde..."
"Eso no es cierto, Emma, no es cierto para nada".
"He huido, me he escondido, de él y de todos, os he hecho sufrir y..."
"Tú no has huido jamás en tu vida y, desde luego, tampoco lo has hecho ahora. Te has protegido, te has refugiado en tu familia y has pedido ayuda, algo que solo los más fuertes hacen. Eres valiente, eres maravillosa, eres mi hija y no hay nada de lo que tengas que disculparte, ¿me oyes?"
"Te oigo…" responde Emma muy bajito refugiándose contra su hombro.
"Te quiero, Emma, tu padre y yo lo hacemos y lo haremos siempre y nada de lo que suceda podrá cambiarlo".
La tela de la camisa de Snow se pega contra su piel allí donde las lágrimas silenciosas de Emma la inundan y la respiración entrecortada choca con su hombro. "Quería veros, de verdad que sí, pero no estaba lista, no sabía cómo… Siento haber tardado tanto"
"Necesitabas tiempo, es normal. No tienes que justificarte, no con nosotros." Murmura dejando un suave beso sobre su coronilla. "Regina nos ha estado informando cada día, a cada rato, y no necesitábamos más. Sólo saber que estabas a salvo y protegida, eso es todo lo que nos importaba."
"Gracias…" murmura tragando hondo, deshaciendo lentamente los mil nudos que recorrían su espalda. Los brazos de Snow se cierran una vez más, recogiendo el cuerpo cada vez más tembloroso de su hija, y sus ojos se inundan al advertir lo pequeña y quebradiza que Emma parece cada segundo que pasa. "Os echó tanto de menos…"
"Y nosotros a ti, cariño". Susurra y su voz la traicion con un humedo tartamudeo. El cuerpo de su hija parece contagiarse y Snow siente como las lágrimas de Emma dejan de ser silenciosas, las convulsiones se suceden cada vez con más fuerza y el cuerpo antes tenso se desmorona entre sus brazos. "Todo va a salir bien, todo va a salir bien..." repite sin parar. "Ya lo verás, todo va a salir bien".
"¿Me dejas tu móvil?"
"Por supuesto. ¿No tienes batería?"
"No, no es eso. Dame un segundo..."
"¿Estás borrando tu número de la guía?"
"Actualizándolo en realidad. Y… ya está, toma."
Snow recoge su teléfono mirándolo con sospecha, antes de dejarlo a un lado y recuperar la taza de café. "¿A qué ha venido eso?"
Killian ha aprendido a llamar.
"Oh."
"Sí. Lo que no fue capaz de comprender en años de relación, lo ha pillado al vuelo en este último mes."
"¿Y has tenido que cambiarte de número?"
"Al principio opté por bloquearle. Pero aprendió a usar otros teléfonos. Creo que ha recurrido a todas las cabinas de Boston y alrededores. Así que esto es más rápido." Responde encogiéndose de hombros.
"¿Y tú cómo te sientes?"
"¿Por cambiar de teléfono? Me costará memorizarlo, pero creo que podré con ello."
"Emma..."
"Snow…" bromea con media sonrisa ligera, pero su madre no retira su inquisitiva mirada hasta que vuelve a hablar. "No me hace gracia, pero no me ha quedado otra opción. Me siento una cobarde, pero... Sí, sí, ya sé lo que vas a decirme y racionalmente sé que tienes razón. Pero no puedo evitar sentirme así. Creo que le debo una conversación, incluso siento que necesitaré tenerla para poder avanzar y dejar todo atrás. Pero ahora no soy capaz y me parece que me escondo como una niña pequeña incapaz de afrontar su vida."
Snow no dice nada, sólo estira su mano hasta cubrir la de Emma y espera.
"Cuando no sé nada de él, todo es más sencillo, los días no son tan dolorosos. No es que ignore mis problemas. Pero puedo afrontarlo poco a poco, reflexionar sin sentir que el mundo se desmorona a mi alrededor. Sin volver a sentirme superada y de vuelta entre las cuatro paredes de esa maldita casa. Por eso necesito mi tiempo. Para encontrarme a mí mismo y que, llegado el momento, pueda hacer frente a Killian sabiendo quién soy. Pero al mismo tiempo siento que estoy separando a Hope de su padre porque soy demasiado debil como para enfrentarlo y establecer los limites que sean necesarios."
Snow abre la boca un par de veces, confusa, antes de poder responder. "Emma, ¿eres consciente de lo que te estás exigiendo?" pregunta sin respuesta esperar. "Has pasado por una situación traumática, aún estás atravesando gran parte de ese infierno. Eres puro corazón, el sólo hecho de que estás planteándote que Hope pueda estar en contacto con la persona que te trató como Hook lo hizo, lo demuestra. Pero no Puedes permitir que tu bondad nuble tu juicio y se convierta en un castigo. Que quieras hacer ese esfuerzo por tu hija y concederle una oportunidad tan maravillosa a alguien tan inmundo como él es algo descomunal. Y como tal debes tomarte todo el tiempo que necesites. Y si no es capaz de respetarlo… La consecuencia más leve que puede llegar a recibir es esa, que tú te tomes más tiempo."
"Gracias, mamá..." Y, aunque su voz es neutra y suave, su sonrisa crece con un poquito más de alivio.
"Emma, sé a quién tengo frente a mí. Y no hay ni rastro de ninguna niña pequeña y mucho menos cobarde. Entiendo que necesitas volver a encontrarte, pero acabarás por ver lo que todos hemos visto siempre: a la mujer más poderosa, fuerte y bondadosa que cualquiera de nosotros ha tenido la suerte de conocer."
Esta vez la sonrisa no crece sola. Dos pequeñas lágrimas se dan a la fuga con un pequeño suspiro de alivio. "Si llego a saber que me ibas a hacer llorar… te habría robado el móvil sin que te dieses cuenta."
"No te atreverías". Responde cruzándose de brazos con una cómica indignación que no desaparece hasta que escucha la risa de Emma. Sólo entonces vuelve a inclinarse sobre la mesa que las separa y pregunta con delicadeza: "¿Y no te preocupa que recurra a… otros medios de comunicación?"
"¿Cómo espejos…?"
"Por ejemplo."
"Oh, ya lo ha hecho".
"¿Y?"
"Digamos que estoy bastante seguro de que no asomará las narices por ningún cristal de todo Storybrooke". Responde cargando un misterioso trago a su café.
"¿Emma…?"
"A mí, no me mires".
"¿A quién entonces?"
"¿Sabes dónde está ahora Regina?"
"Imaginaba que paseando con Hope en su carrito… ¿no?"
"También. Pero además del biberón, llevaba un pequeño repelente mágico líquido. Y, si no me equivoco, ahora mismo llegará a tu casa."
"¿A mi casa?"
Dice que no se detendrá hasta frotar todos los espejos de nuestros lugares más habituales con su poción.
"¿Y qué hace exactamente?"
"Reconoce rostros cuando alguien intenta comunicarse a través de un espejo."
"¿Y si encuentra el de Hook…?"
"…Lanza una sutil pero eficaz llamaradita."
"¡Emma!" No hay reproche, solo genuino estupor.
Eleva las palmas de las manos con aire inocente. "Regina".
"Ya…" Es todo lo que responde, conteniendo una sonrisa. "Recuérdame que la próxima vez que venga a veros le traiga una botella de vino."
"¿Te mandan como avanzadilla de rescate?"
"No sé de qué me hablas". Snow muestra todos los dientes en una sonrisa tan extraña que la delata a millas.
"Ya…" masculla acercándose hasta la puerta de la mansión a darle un abrazo. "Buenos días, mamá".
"Hola, cariño".
"Anda, pasa..." propone, caminando hacia el interior de la mansión, directa a la cocina. "¿Así que Regina no te ha llamado esta mañana para que vengas a ver cómo me encuentro?"
"No."
"Mamá…"
"¡Is true!"
"Aja..."
"Te prometo que no me ha llamado".
Enarca una ceja, cruzada de brazos y apoyada contra la encimera, sin prisas. "¿Pero?"
"Me mandó un mensaje... Y fue anoche, no hoy." Termina por confesar el tirón. Emma sonríe de medio lado, satisfecha, pero no añade nada. "Fue Henry el que me llamó esta mañana." añade sin tomar aire.
"Digno hijo de su madre". Observa sirviendo un par de cafés. Las tazas descansan humeantes sobre la isla de mármol, junto al pequeño walkie con pantalla desde el que se distingue la imagen de Hope dormida en su cuna. "Estoy bien."
"¿De verdad?"
"Sí… Mejor que Regina, seguro. Deberías estar preocupada por ella, creo que no ha dormido desde que Killian apareció. Ha estado toda la noche intentando dar con la fisura de sus hechizos."
"¿Ha averiguado ya cómo entró en la ciudad?"
Emma echa un ojo rápido a la pantalla de su móvil. Sin notificaciones. "Diría que aún no. Pero ha descartado que haya sido por mar y carretera, las barreras anti-Hook siguen en pie."
"¿Y fue... muy desagradable?"
Emma se toma su tiempo. "Más bien infantil..."
"¿Cómo?"
"Imaginó cuál era mi cuarto y se dedicó a golpear mi ventana con piedritas".
"No…"
"Si."
"¿Y entonces?"
"Si fuera un adolescente y no una madre con un bebé de casi dos años, tal vez habría funcionado".
"Oh."
"Efectivamente. El ruido despertó a Hope y se puso a llorar. Eso despertó a Regina y se percató de las piedritas."
"¿Entonces?"
"Se asomó por la ventana, vio a Killian y vino a mi cuarto. Allí me preguntó amablemente quién prefería hacerme cargo".
"¿Y?"
Emma da un trago a su café tomándose su tiempo para responder. "Los bebés antes que los ex maridos".
"Oh."
"Si."
"Los rosales de la entrada…"
"Ahí fue donde aterrizó a Killian".
"Se nota, se nota. ¿Y se marchó?"
"No, no iba a ponerlo tan fácil. Siguió gritando y protestando incluso con espinas en el culo. Regina se hizo explicar con un poco más de magia, pero no quiso rendirse hasta que no bajé."
"¿Le viste?
"Dejé de nueva acostada a Hope y me acerqué hasta la entrada. Regina se hizo a un lado y Killian comenzó otra vez con su discurso…"
"¿Ha cambiado en algo…?"
"Nada. Que lo siente, que todo va a cambiar. Pero que Regina me ha envenenado, que él no es tan malo, que yo ya sabía cómo era cuando nos conocíamos, que sin mí no puede ser mejor persona, que se merece una segunda oportunidad..."
"Sí, o una sexta..."
"Mira, Regina masculló algo parecido".
Snow deja escapar una sonrisita. Bien por ella.
"A Killian no le hizo tanta gracia y arremetió contra Regina".
"¡No!"
"Sí. Y vuelta a los rosales." asiente solemne. "Intenté que la sangre no llegara al río y le volví a pedir que me dejara un tiempo prudencial antes de hablar."
"¿Y lo entendió?"
"No. Considere que, si esperamos, nuestra relación se enfriará y será imposible de arreglar".
"¿Y tú…?"
"¿Que si pienso igual?"
"Si…"
"No, mamá".
El suspiro de Snow resuena como un huracán, pero responde con un comedido. "Valle."
"No hay nada que arreglar y el problema no ha sido la espera ni la distancia. Pero él no quiere entenderlo y se me acaban las formas de explicárselo."
"¿Y cómo lograste que ayer lo dejara estar?"
"Al estilo Regina".
"No se si preguntar..."
"Está vivo, si es lo que te preocupa".
"Ah, bien."
"Killian se acercó a mí por segunda vez. Así que Regina me hizo una señal que ya habíamos pactado y asentí. Cuando él iba a dar un paso, Regina lanzó una habichuela a sus pies."
"¿Una habichuela?"
"Si."
"¿Con rumbo a dónde?"
"Me ha prometido una y mil veces que a Nunca Jamás".
"Ah… ¿Seguro?"
Se encoge de hombros. "La cara de póker de Regina es inescrutable… Pero a mí ese portal me olía a humo y llamas..."
"¡Emma!"
"Es broma…" añade con una suave sonrisa que se pierde en cuanto vuelve a llevarse el café a los labios.
"¿Y tú cómo te sientes?"
"Estoy…"
"Bien. Sí, eso ya me lo ha dicho. ¿Pero?"
"Pero nada..."
"Cariño..."
"Mamá, estoy bien". insiste sentándose en uno de los taburetes. "De verdad. Es sólo que..."
Snow no dice nada, sólo estira su mano hasta cubrir la de Emma y espera.
"Vivimos en dos mundos completamente opuestos. Él está luchando a capa y espada por recuperar a su amor; yo intento acordar con el padre de Hope los términos sobre lo mejor para ella. Y este choque de realidades no le está sentando nada bien a Hook ni a mis nervios".
"¿No quieres escuchar?"
"Ni una palabra. La única vez que traté de sentarme a hablar con él parecía que no manejábamos el mismo idioma. Traté de hablarle de horarios, puntos de encuentro, formas de organizarnos… y él me respondía con futuros planes románticos, nuevos lugares donde vivir los tres y todo lo que iba a hacer para que fuésemos felices a partir de ese momento."
"Madre de dios..."
"Lo sé. Intenté que me escuche más de una hora antes de rendirme y marcharme. Su única respuesta a todo es que necesitamos tiempo los tres, a solas, para volver a ser una familia. Y cuando le repito que ya sólo nos une Hope , tiene el súper poder de fingir que mi voz no existe y regresar con su retahíla. Es imposible hacerle entrar en razón."
"Lo siento tanto, Emma..."
"No tienes por qué, mamá…" suspira y aprieta su mano. "En el fondo, tiene cierta. Yo ya sabía con qué tipo de despojo humano me casaba. Pero ya no me interesa más ser la razón de la señora del pirata cabrón."
"¿Hay algo que tu padre y tú puedes hacer?"
"Ya lo hacéis todo. Papá, Henry, Regina y tú. Teneros aquí, a mí lado es, es todo lo que necesito. No puedo pedir más."
Snow coge aire con fuerza y le devuelve el apretón de mano. "Valle…"
El timbrazo del móvil retumba en toda la mesa y roba la atención de ambos. Emma recoge el teléfono con curiosidad y lee un escueto mensaje al que es capaz de ponerle voz, tono e incluso un vibrato furioso muy particular. "Consiguió una maldita alfombra mágica".
Sonríe, antes de enseñarle su móvil a Snow. "Creo que Regina ya lo ha resuelto".
"No quiero presumir, pero él preparó mi especialidad culinaria".
"Hmmmm…" olisquea Emma, cerrando los ojos. "Nadie hace los macarrones con queso como tú, papá".
"Pasarán los años y nunca sabré si lo dices en serio o es ironía".
"Y seguirá siendo un misterio."
"Sé padre, es muy gratificante, decían, te encantará... bla bla bla".
"En el fondo me adoras." Sonríe abrazándose a la cintura de su padre, vestido con un delantal y armado con una espátula de madera con la que remueve la pasta.
"Bla, bla, bla..." responde dejando caer un beso sobre la coronilla de Emma.
"Yo sirvo, vete a prepararte". Propone sacando un par de vasos y dos platos hondos.
"¡Estoy en un segundo!" responde quitándose el delantal y acercándose al baño a lavarse las manos. "¿Y qué te trae por aquí, cariño?"
"Tus macarrones con queso".
"Ja, ja". Responde tomando asiento frente a ella.
"Y saber qué tal marchan las cosas por la comisaría".
"Oh." Musita y no puede evitar una sonrisa que ilumina todo su rostro. "Bien, pero muy solitario. Tengo a Ruby de ayudante, pero hacer las guardias entre dos personas es un poco más intenso de lo que me gustaría… ¿puedo preguntar el porqué de esa curiosidad?"
Emma mordisquea un par de macarrones y se encoge de hombros. "Por sable".
"Entiendo".
"Y porque quizás echo un poco de menos esa placa".
"La comisaría también te echa de menos a ti."
Emma sonríe de medio lado. "He pensado en volver. Mucho."
"¿Pero?"
"¿Y si ya no valgo para ello?"
"Emma, nadie en esta ciudad puede hacer ese trabajo mejor que tú. Has sido la mejor sheriff que ha tenido Storybrooke".
"Te lo agradezco, papá… Pero, aunque no estés exagerando, ese es el problema. ¿Y si ya no soy esa persona?"
"¡Claro que lo eres!"
"¿De verdad lo crees? ¿Qué tipo de valentía es esa que permitió que un pirata de tres al cuarto me convirtiese en una princesita indefensa? ¿Cómo puedo enfrentarme a los problemas si él tardó meses en poder sentarme cara a cara con Hook? "
"Emma, no estás siendo justa contigo misma".
"No pretendo ser justa, sino realista".
"Si quieres hechos, si quieres realidad, detente a mirar todo lo que has conseguido. Has rehecho tu vida, a pesar del miedo y de las dudas. Saliste adelante a pesar de estar lejos de los tuyos y con alguien a tu lado intentando hundirte . No te detuviste por nada y os sacaste a ti ya tu hija de ese pozo." Se detiene hasta que los ojos de Emma se cruzan con los suyos. Solo cuando le sostiene la mirada, continúa. "Todos pasamos por malos momentos, todos nos cruzamos con hijos de puta, pero eso no nos convierte en víctimas ni en débiles. Y menos aun cuando les plantamos cara y les arrebatamos el poder que tienen sobre nosotros."
Emma conserva una media sonrisa. "Creo que nunca te había escuchado decir una palabra malsonante."
"Las reservas para las grandes ocasiones". Chasquea la lengua, divertido, antes de añadir. "Emma, siempre te he admirado, pero ahora más que nunca. Y si este pueblo recupera a su sheriff, tendrá una suerte increíble".
"Gracias, papá".
"¿Te lo pensarás?"
"Te lo prometo."
"Esa hoja debe ser la más interesante de toda la literatura moderna".
"¿…Eh?"
"Esa hoja…" Cabecea Regina pasando a su lado, para tomar asiento en la butaca junto a la chimenea. "Llevas sin pasar de hoja unos diez minutos."
"¿En serio?"
"Página 115, lo he comprobado un par de veces."
"Cierto..."
"¿Te aburres… o hay algo que te preocupes?"
Creo que lo segundo.
"¿Gancho?"
"¿Eh? Ah, no, no… No he vuelto a saber nada de él."
"¿Nada?"
"Nada desde que le propuse ver a Hope, pero acompañado de David y sin mí. Aún puedo escucharle blasfemar desde aquí."
"¿No soportaste?"
"No. Siento que no ve a su hija como un ser vivo, sino como un puente hacia mí. Y si no funciona…"
"No le interesa".
"Exacto".
"Menudo hijo de..."
"¡Alcaldesa!" exclama divertida y Regina eleva las manos con inocencia. "Además… aunque es injusto para Hope… Vivo mucho mejor desde que está perdiendo el interés por nosotras."
Regina abre la boca, quiere añadir algo, pero se echa atrás. La postura de todo su cuerpo la delata. Un par de segundos más tarde cabecea hacía el libro y pregunta con suavidad:
"¿Y si no te preocupas Hook…?"
"Estoy pasando vueltas a algo... pero no sé."
"Díspara".
"Creo que quiero volver a trabajar."
"¿What?"
"Bueno, sólo es una idea. Pero podría estar bien."
"¿Quieres volver a ser sheriff?"
"¿Es una locura?"
"Emma, ¿de qué dudas?"
"De mí".
Regina se reclina hacia delante y suspira. "Eso sí que es una locura. Ha sido la mejor sheriff que ha visto nunca esta ciudad."
"Eso dice mi padre..."
"Y eso diría cualquier ciudadano de a pie. Esta ciudad te debe todo y como alcaldesa te digo que sería un honor si quieres regresar."
"No puedo borrar el recuerdo de las tierras de los mares del norte. Ellos seguro que no guardan tan buena imagen de mí…"
"Emma, te aseguro que no es de ti de quien tiene mal recuerdo esa buena gente".
"Como sea, todo sucedió frente a mis ojos. Mientras yo debía protegerlos. Y tengo miedo de que vuelva a suceder."
"¿Qué te decía tu instinto?"
"¿Cómo?"
"Allí, en aquellas tierras. Qué te decía tu instinto."
"...Que algo iba mal, pero no lo escuché."
"Emma, intentaste escucharlo, pero había alguien tratando de arrancártelo y silenciarlo para siempre."
"¿Y eso en que me convierte?"
"En una sheriff aún más experimentada y lista para que eso no vuelva a suceder jamás".
"Aun no el acepto." Sonrie dudosa.
"Pues en una futura sheriff". Se corrige con seguridad.
"Alcaldesa, ¿nadie te dice nunca que no?"
"No se atreven". Responde elevando la barbilla. "Dame un segundo". Pide poniéndose en pie y dirigiéndose hacia arriba escaleras. Emma se rinde con el libro y lo cierra, sin recordar siquiera de qué habló el detective con su amigo el profesor universitario. Unos minutos más tarde, Regina regresa al salón y, esta vez, se sienta junto a ella en el sofá con una carpeta en las manos.
"¿Qué es?"
"Papeles. Están listos para firmarse".
"¿Es un contrato como ayudante de sheriff?"
"Sé que es un puesto inferior al tuyo, pero es un primer paso mientras aprobamos en el Ayuntamiento tu nombramiento definitivo".
"¿Esto es en serio?"
"Desde luego."
"Regina, estos documentos están rellenos, tienen mi nombre… ¡tienen ya todos mis datos! ¿Hace cuánto que los tienes?"
"Un par de meses".
"Bromeas".
"Para nada. No quería agobiarte. Y tampoco pretendo hacerlo ahora. Pero no hay en el mundo nadie mejor que tú para este trabajo." Responde con suavidad. "No le digas a tu padre que él dijo eso".
Sonríe de medio lado y cierra una cremallera invisible en su boca. "¿Puedo pensarlo?"
"Tienes todo el tiempo del mundo."
"Gracias, Regina".
"A ver si me las das cuando empiece a mangonearte desde mi despacho." Bromea cruzándose de brazos en su mejor pose de alcaldesa malvada.
Unas horas más tarde, bajo las sábanas, Emma lee una y otra vez las hojas y baila un boli entre sus dedos, nerviosa. Recorre los párrafos preestablecidos que no guardan grandes misterios preguntándose una y otra vez si no es una locura, si no se está precipitando. El boli gira entre sus dedos y llega hasta la última hoja del contrato. Ahí, sobre la zona para firmar, encuentra un pequeño post-it amarillo. Apenas un trocito fluorescente de papel con dos palabras en la pulcra grafía de Regina. "Bienvenida, alguacil".
Sonríe, el boli deja de bailar y le retira el capuchón.
"¿Naranjá?"
"Naranja flúor".
"Pero ¿quién lo eligió?"
"Tu nieta".
"¿Y por qué le hiciste caso?"
"Yo me reí. Fue Regina la que sonrió y alcanzó los dos botes de pintura antes de ir a pagar."
"¿No le convenció convencer de elegir otro color?"
"Dudo que Regina sepa decirle que no a Hope en nada. Bueno, quizás cuando intente escupir el kale al vapor que le pone para cenar…"
"¿Y Regina ha aceptado que una habitación de su casa vaya a brillar con ese color fluorescente?"
"Sus palabras exactas fueron: Es su habitación, que escoja su color favorito."
"Pero si tiene dos años. Apenas sabe cómo se dicen los colores."
"Regina sostiene que está forjando su identidad y que tiene que poder elegir el color que mejor la represente".
"Ya... pero naranja... naranja eléctrico."
"Es cierto que fue directa a por él. Y se puso a bailar cuando Regina cogió la pintura."
"¿Quién iba a decir que una niña de 2 años podría dominar a la Reina Malvada?"
"Y sin esfuerzo alguno." añade Emma sobre la pequeña escalera. "Ahí detrás tienes unas camisetas viejas para que no te manches la ropa. Y puedes elegir entre brocha y rodillo."
"Vale…" Responde estudiando sus opciones antes de cambiarse de ropa. "Prefiero el rodillo… pero me da miedo hacer un desastre en las paredes de Regina."
"No te preocupes."
"Me preocupa, que yo no soy Hope".
"No, ninguno lo somos. Pero ya me ha explicado amablemente que arreglará con magia cualquier estropicio derivado de mis manualidades."
Snow agarra con algo más de seguridad el rodillo. "Veo que confía en nosotras".
"Mucho." Bromea Emma desde las alturas que le soportaron las escaleras.
"Me gusta verte así."
"¿Like so?" pregunta observando la punta de su brocha deslizándose por el filo de la pared, sin llegar a tocar el techo.
"Así… ¡ya sabes!"
"¿Pintando?"
"¡Emma!" gruñe, colocándose a unos metros de ella, escogiendo un trozo de pared que aún está blanco inmaculado. "Asi asi."
"Así".
Los ojos de Snow ruedan, exasperados. "Así". Insistir "Tranquila, a gusto, feliz... dando forma a tu nuevo hogar."
"Yo... Bueno, gracias, mamá". Tartamudea antes de medio sonreir. "Pero la mansión es el hogar de Regina, nosotras somos sus invitadas".
"¿Estás bromeando?"
"No…"
"¿Cuántos invitados redecoran una habitación?"
Emma detiene el rodillo y muerde su labio. "Puede que nos estemos pasando con su hospitalidad…"
"Cariño, no puedes hablar en serio. ¿Acaso no te gusta vivir en la mansión?"
"Claro que sí".
"¿Y no crees que a Regina le encanta teneros aquí?"
"Puede que sí… Pero creo que nunca me diría nada, ni aunque estuviera harta de nosotras."
"No sé ni qué contestar."
"Piénsalo. No hago nada más que ocupar su casa. Ahora al menos estoy trabajando, pero no me deja cocinar casi nunca y esta casa está siempre impoluta. ¡Hasta se encarga de recoger a Hope de la guardería!"
"No se encarga, ¡le encanta! Las veo salir juntas cada tarde, sin prisa y hablando sin parar, no sé quién lo disfruta más."
"¿Y de todo lo demás qué me dices?"
"¡Emma, no puedes estar hablando en serio! Estoy segura de que Regina es la persona más feliz del mundo ahora que llenáis de vida esta casa".
"Ya…" responde Emma, pero su voz se pierde más allá de sus ojos que miran a ningún punto en particular.
"No tenía que haberte dicho nada…"
Dos días más tarde, Snow no da crédito. Desde la ventana de su aula he llegado a su hija con paso tranquilo, mientras la sirena resuena por los pasillos del colegio. Recoge sus libros a todo correr y anuncia a la clase con una sonrisa nerviosa: "¡Nos vemos mañana!", sólo para salir del edificio más rápido que los alumnos más inquietos. Camina los metros que separan el colegio del edificio de la guardería y espera paciente en la puerta principal, donde progenitores, abuelos o hermanos mayores van saliendo acompañados de sus pequeños. Unos minutos más tarde, es Emma quien aparece junto a Hope. La pequeña cabecita rubia va caminando junto a su madre, bailoteando de un lado a otro y sin dejar de hablar hasta que madre e hija reparan en Snow.
"¡Abú!" exclama encantada corriendo a sus brazos. "Tú también has venido".
"¡Si!"
"¿Mamá?"
Os vi por la ventana y pensé en acompañaros a casa.
Hope asiente con convencimiento solo para añadir. "Volvemos por el Bosque Encantado, ¿vale?"
Emma frunce el ceño, pero Snow le responde con una sonrisa enorme. "De acuerdo, pero vigila muy bien para que no nos encontremos criaturas peligrosas, ¿de acuerdo?"
"Si." Responde asumiendo encantada su misión.
"¡Pues vamos!" sonríe Snow, que percibe a su lado la cara de extrañeza de Emma. "El Bosque encantado…" Responde cabeceando hacia el camino de arena, arbustos y flores que transita en paralelo a la acera y las calles de la zona.
"Oh."
"Idea de Regina".
"Ah". Musita, siguiendo los pasos danzarines de su hija. "¿Tú también vuelves por aquí normalmente?"
"Algunos días me gusta ir con ellas, sí."
"Entiendo".
"Emma… ¿cómo es que ha venido?"
Eleva una ceja, divertida. "¿A recoger a mi hija? ¿Tan raro es?"
"¡No! Bueno, ya me entiendes... ¿Regina está bien?"
"Sí, sí, está perfecta. Es sólo que quise venir yo".
"¿Y cómo se lo tomó?"
"¿Regina? Bien, claro. Dijo que sin problemas."
"Ya..."
"¿Qué pasa, mamá?"
"Yo… me pregunto si esto no tendrá nada que ver con lo que hablamos hace unos días."
"Puede que haya estado pensando al respecto de esa conversación…"
"¿Y por eso prefieres recogerte a Hope?"
"No quiero ser una carga..."
"Emma..."
"¿What?"
"¿Eso es realmente lo que te preocupa?"
"Claro que sí, ya te lo he dicho".
"Yo creo que el problema es otro…"
"¿Cuál?"
"Que te da miedo aceptar que no eres una carga."
"¿Crees que me preocupa no molestar?"
"Creo que mi hija es más lista de lo que intenta fingir". Murmura inquisitiva, caminando siempre a unos pasitos de la pequeña, que recorre cada rincón y recodo del caminito de arena. "Siento que recoger a Hope es tu intento de romper la dinámica que durante estos últimos meses ha ido construyendo con Regina. De rebelarte ahora que eres consciente de lo mucho que te importa tu vida en la mansión."
"No, solo pretendo no invadir aún más su existencia…"
"Emma, mírame a los ojos y dime que esa casa no es tu hogar".
"Yo..."
"Se sincero".
"Puede que lo sea, sí. Pero nadie me ha invitado a que lo convierta en mi hogar. Yo simplemente me ha dedicado a invadirlo con mi vida y la de Hope, sin ningún miramiento. Pero algún día ella seguirá con su existencia y no quiero que se vea atrapada por una lapa de casi cuarenta años con una hija a su carga."
"¿Eso crees que eres para Regina o eso quieres creer?"
"Mamá, no te sigo".
"Intuyo que si lo haces." Suspira Nieve. Detiene la velocidad de sus pasos y permite que Hope, absorta en su paseo, se aleje unos metros. A lo lejos ya se dibuja la forma de la valla de la mansión y ella aún no pretende llegar. "¿Te imaginas viviendo con alguien más? ¿Compartiendo con esta confianza el cuidado y la crianza de Hope?"
"No…"
"¿Y crees que Regina acogería en su casa a cualquier otra persona como os ha recibido a vosotras?"
"Supongo que no…"
"¿Y de verdad sientes que lo hace por compromiso? ¿Qué si mañana le dijeras que te mudas con Hope ella sería más feliz?"
"...Creo que no."
"Sabes que no. ¿Y tú? ¿Quieres cambiar tu vida ahora mismo? ¿Serías más feliz fuera de la mansión?"
"No…"
"Eso es lo que creo que de verdad te preocupa".
"¿A qué te refieres?"
"A que ahora, en este momento, con esta vida, te sobrevuela la eterna pregunta. Y creo que estás retrocediendo para no tener que hacerle frente."
"¿Qué pregunta?"
"La misma que os ha acompañado desde antes de ser incluso conscientes, Emma. Y no, antes de que lo sugieras, no pienso ser yo quien la diga en voz alta."
Emma frunce el ceño, mirando hacia la enorme casa blanca. "¿Crees que me preocupa aceptar que la mansión es mi hogar?"
"Emma, tú y yo sabemos que los hogares no son edificios. Son personas. Y eso es sólo una mínima parte de la pregunta." Responde y, antes de escuchar ninguna réplica, atraviesa la valla blanca y camina hacia el porche. Allí, Hope estira el bracito de puntillas para llamar al timbre, cuando Emma, quieta, aún ni ha atravesado el jardín.
"¡Hola, cariño!" exclama Regina, agachándose para recibir un enorme abrazo de Hope, que se enreda contra ella como un koala al grito de "¡Gina!"
"¡Hola, chicas!" sonríe al ponerse en pie con Hope en brazos. "¿Qué tal con mamá?"
"No encuentra piedras mágicas, sólo habla con Abu". Responde sin miramientos jugueteando con un mechón de pelo de Regina.
"¡Esperanza!"
Emma se encoge de hombros. "Ningún momento".
"Le explicaremos cómo buscar. Seguro que la próxima vez encontrará muchísimas."
"¿O quizás puedas recoger a Regina la próxima vez?" pregunta Emma, reclinada contra el poste del porche, contemplando la estampa, y Hope asiente convencida. Regina no responde, pero en su discreta sonrisa hay un universo de palabras. Emma respira hondo, antes de encogerse de hombros y murmurar con rendición: "Para qué cambiar lo que funciona, ¿no?"
"Como tú prefieres". Sonríe la alcaldesa, irradiando una alegría tan eléctrica que es contagiosa. Un segundo después camina hacia el interior de la mansión preguntándole todos los detalles sobre su día en la escuela a Hope y Emma da un paso, siguiéndola sin pensarlo.
Pero Snow sostiene su brazo, deteniéndola antes de que continúe. "Emma, Hook trató de robarte todo y perdió. Ahora que por fin no está, no permitas que su recuerdo siga impidiéndote vivir. Te lo mereces."
"Estoy viviendo".
Nieve rueda sus ojos exasperada. "Puede que estés viva, pero vivir es mucho más que estar bien. Es saber que te mereces tu final feliz y es ir a por él de una vez por todas." Suelta su brazo pero sus ojos encajan clavados en los de su hija. "El amor es la magia más poderosa del mundo… Pero hasta las indómitas fuerzas de la naturaleza tienen una paciencia finita."
"Quieres decir…"
La interrupción negando con la cabeza. "No quiero decir nada. Solo quiero que entiendas que te lo mereces."
"¿El qué?" insiste neutral pero sin rendirse.
"Tu final feliz."
Camina mansión adentro sin prisa. Escucha ruidos en la cocina y se dirige hacia allí. Sus pasos son lentos, pero sus pensamientos corren con tanta desesperación que se chocan entre ellos. Al fondo, cada vez más nítidas, se escuchan tres voces entremezcladas. Las de su hijo, su hija y… Regina. Puede escuchar el estruendo de sus ideas colapsando unas contra otras, pero el ruido va desapareciendo con cada metro que avanza.
Y cuando llega a la cocina, solo hay silencio. Fuera y dentro.
Los tres se giran a mirarla y Emma entra con una sonrisa. Henry, con su barba de tres días, pero sentado en el taburete como cuando desayunaba tortitas antes de ir al colegio, la espera con la mejilla preparada para el beso que sabe que su madre le daría un modo de saludo. Frente a él, Regina y Hope desde sus brazos han dejado a medias la preparación de un burrito de trigo.
"¿Snow no ha entrado?" pregunta Regina regresando a su preparación. Emma deja un sonoro beso sobre la mejilla de su hijo antes de acercarse a ella y responder:
"No, tenía cosas que hacer…" musita.
Y entonces ocurre. Como lleva ocurriendo semanas. Regina no deja de cortar el aguacate ni los tomates en rodajas, pero el cuello hacia Emma sin meditarlo, sabiendo que el acto seguido también recibirá un beso de la Salvadora estira.
Y mientras se acerca hasta ella, mientras llega su perfume hasta su nariz, mientras se empapa de la naturalidad de su gesto se siente tonta. Y feliz. Pero tonta.
Deja que sus labios toquen suave y rápido la suave piel de Regina y siente que es la primera vez que lo hizo.
"Ni siquiera le dijo adiós". Se lamenta cuando Emma se separa de ella.
"No te preocupes." Contesta de forma casi robótica. "Me ha pedido que os diera un beso de su parte." agregue dejando otro beso enorme en la mejilla de Hope, que estire su cuello de una forma casi idéntica a la de Regina y se ríe cuando su madre le hace una pequeña pedorreta.
"Pues recibido". Sonríe dejando que Hope reparta los ingredientes sobre ella tortita. "¿Quién va a querer un burrito?"
"Yohp…" pronuncia Henry, con la boca aún rebosando del anterior.
"Para qué pregunto". Gruñe bromista. Manos a la obra, Hope.
"Manos obra". Responde la pequeña totalmente enfocada en los tomates y las rodajas de aguacate.
Emma toma asiento junto a su hijo y observa feliz. Y un poco tonta. Y asustada. Pero feliz.
Continuará...
