Capítulo 26. Entre misiones y lealtad.
- Déjalo caer.
- Lo estoy intentando
- No lo estas.
- Juro que lo estoy.
- No es suficiente entonces. ¿Quieres que te golpee? Tal vez indefensa lo dejes caer.
- No sabía que querías morir tan joven, Shisui.
Le dirigí una mirada desafiante de ceja alzada, apenas refrenando mi mano derecha de levantar ninshu. Él lo sabía apenas conteniendo la sonrisa burlona.
- Pudiera funcionar de esa manera – le dirigí otra amenazante a nuestro capitán a un lado antes de que él continuara – sin embargo, pudiera ser contraproducente y no se abriría su mente Shisui.
Estábamos entrenando mi potencial dentro de los genjutsu, pero en algún momento se nos hizo una buena idea a Shisui y a mí ver que tan lejos podría caer en sus genjutsu mirando directamente sus letales y hermosos ojos.
La curiosidad mato al gato.
La primera vez que lo intento en Yugakure, sentí el centelleante cosquilleo de su chakra ingresando por mi sistema queriendo llegar a mi cerebro por lo que lo repelí de inmediato. En varias ocasiones.
Ahora sentía lo mismo, pero no sé si fue el hecho de que era más cercana a él, o que habíamos practicado demasiado, porque ninguna de sus ilusiones - aun mirando sus ojos carmesí - podían avanzar más allá de mi barrera mental protectora.
Tampoco mentía. No sabía cómo bajarla.
No es como la ventana de una casa, que abres y cierras a voluntad, para mí al menos no lo era. Shisui pensó que sí.
- El hecho de que las débiles mentes con las que te hayas enfrentado hayan sido extraordinariamente ordinarias, no significa que la mía funcioné de esa manera – respondí ya cansada del experimento a Shisui.
- Sakura-chan, estos ojos nunca han sido negados por nadie.
- Dime entonces, genio ¿porque no puedes controlarme cómo quieres? – pregunte sinceramente curiosa.
Tan genuina fue mi pregunta que ambos Uchiha se miraron mutuamente.
Ahora estaban hablando con los ojos, había pasado tanto tiempo al día con ellos por semanas que estaba aprendiendo este mudo lenguaje.
Era todo un arte. Verlos ya fuera entrecerrando mínimamente los ojos, alzando una delicada ceja en el espacio de dos milímetros, o entornarlos, era un bello espectáculo, porque no debías perderte nada o de lo contrario perdía el sentido de tan rápido que podían cambiar.
- Intenta dejarlo caer de nuevo – me dijo Itachi-san, mientras permanecía sentado en su árbol preferido para leer y observar.
Mire a Shisui justo frente a mí, detrás el hermoso atardecer con nubes rosadas, para ser vigilada por sus preciosas gemas rojas. Su cabello revuelto mezclado con el rico color del cielo lo hacía ver rebelde, y sus ojos no parecían la mortífera arma que eran, sino parecía más un hombre travieso con alma de niño, jugando a quien pestañea primero.
El diseño rojo con negro, el Mangekyō, de Shisui regreso con fuerza. Sentí el cosquilleo al tiempo que dejé caer mis hombros ligeramente y tomaba una respiración profunda.
Me coloque lo más relajada posible, inclusive deje de pensar con tal de que él pudiera absorber la conciencia de mi mente. Deje pasar uno, dos, tres segundos antes de…
- No funciona Tachi – dijo frustrado Shisui, sus hombros reflejando su agotamiento por el esfuerzo – siento como ella se deja caer, pero en cuanto encuentro una entrada es reforzada al doble sólo para que en otra parte se sienta de nuevo y así con cada simulación de entrada. No tiene sellos en su mente, pero de alguna manera es una fortaleza.
La irritación, confusión y fracaso sonaron en la voz de Shisui, quien miraba a su primo en un movimiento de desilusión.
Por mi parte, no era sino simple curiosidad del porque querían tanto entrar a mi mente.
No tengo muchas cosas ahí. Creánme.
- Intentaré ahora – se acercó Itachi-san al tiempo que me giraba hacia el mirando su Sharingan.
Paso exactamente lo mismo, aunque el olor de chakra de mi capitán era más agradable que el de Shisui. No es que no oliera bien, de hecho, Shisui era uno de esos hombres cuyo olor te atraía, tan varonil y lleno de fuerza, es sólo que supongo que siendo de elemento agua, nunca me olería tan bien alguien que olía a fuego y cenizas; en cambio, en contraste con Itachi-san que olía a pino, menta y canela, era como frescura para mí. Un deleite cuando mi nariz podía percibir el exquisito olor y por poco reprimía las ganas de olfatear más profundo.
Cuando intenté dejarme caer, pude ver no sólo la frustración que sentía Shisui, sino interés de parte de Taicho-san.
- ¿Cómo haces eso? – me decía aun cuando intentaba someterme.
- Siento tu chakra moverse por mi cuerpo, por mi cabeza corriendo a toda velocidad, y simplemente es como si el mío lo protegiera y no permitiera el acceso, aun cuando yo no quiero – le explique cómo me sentía.
- ¿Y cuándo sí quieres protegerte? – pregunto interesado.
Active inmediatamente más defensas, logrando que su chakra completamente saliera de mi organismo, radiando hacia afuera como un escudo ante cualquier amenaza extranjera.
Las ondas aguamarinas brotaron de mi cuerpo como pequeños látigos filosos repeliendo al de Taicho-san quien lejos de asustarse parecía inclinado a revisar cómo fue posible eso, especialmente cuando yo no tenía las bestiales cantidades de chakra que los Uchiha poseían.
Mientras sus bobinas de chakra abarcaban litros y litros de energía vital, por mi parte tendría a lo mucho el 20% de eso.
Supongo que, visto así, sí, era una cajita de sorpresa para ellos.
Me sentía por momentos, como el gato ante la pantera. Uno que sentía un depredador ojo posesivo sobre mí.
Shisui ya se había retirado, despidiéndose, comentando que debía de ir a una reunión con el clan, mereciendo una mirada de consuelo de parte de Taicho-san.
- Tenemos suficiente de genjutsu hoy, pasemos a Taijutsu – dijo mi capitán.
- Itachi-san por favor, no te rindas, no quiero que suene a que estoy perjudicando tu gran y malvada carrera artística. ¿Temes a que arruine tu reputación como maestro del genjutsu?
- Mi reputación ya está formada, Sakura. Me propuse metas en mi juventud y luche por ellas, hace ya mucho tiempo. Lo que será de tu vida aún está por ver – su voz se endureció un poco con esto último.
- ¿Piensas guiarme a través de mi camino ninja, Taicho-san? - pregunte sarcásticamente.
- Me temo que eso ha sido algo que has formado en tus años previos, por tanto, sólo me queda afiliarte correctamente a Konohagakure. – incluso él parecía contrariado a ello.
- ¿Cómo sabrás cuando sea completamente leal a Konohagakure? – mi curiosidad no tenía límites.
Me miro con una expresión que no supe reconocer. Pudiera ser tal vez indecisión, o desconfianza. Incluso cautela; tampoco me honro con alguna respuesta por lo que estaba segura de que él también tenía la misma duda. Escuche su voz de barítono sonando seguro cuando estábamos en posiciones de inicio para nuestro taijutsu sin chakra:
- La vida y la muerte de alguien estará en tus manos – su voz era firme con un toque de delicadeza – Si fueras una civil normal y corriente, podrías divertirte a tu gusto. Podrías experimentar los gustos y placeres acordes a las de tu edad, podrías convivir con chicas que se vanaglorien de los diecinueve años – coloque mi cara llena de escepticismo – O tal vez no. Aun así, estarías gozando de la posición propia del linaje de Naruto-kun dentro de la Aldea.
- ¿Pero?
- Te metiste de cabeza por tu propia causa dentro de la situación actual. Para bien o para mal, eres un ninja de Konoha a partir de tu llegada. Sabes lo que un desliz o una distracción pueden hacer allá afuera. Quisiera que aprendieras, que sintieras que Konoha es un lugar para sentirte en casa. No otro campo de batalla.
- ¿Cómo confiar en Senju-sama, en su aldea, o en ti? – pregunte sin expresión.
Me miro por un largo tiempo. Su expresión estaba cerrada y no me permitía ver todo lo que estaba pensando.
- ¿Puedo confiar en ti? – pregunto al final.
Ante la seriedad en su voz y en sus ojos me sentí poderosamente sumisa y a la vez empoderada, no entendía como logro ese efecto en mi sin ningún uso del Sharingan especialmente cuando eran sus hermosos ónix quienes me miraban. No respondí sino pasados unos buenos dos minutos, tiempo que él espero pacientemente.
El tiempo transcurrió lentamente hasta que deje salir un firme y certero:
- Si.
Aun cuando paso tiempo hasta que se escuchó mi voz, él no lo tomo a mal. Al contrario, parecía suavizarse ligeramente.
- Entonces te enseñare lo que pidas aprender. Sé que odias correr, así que te obligaré a hacerlo diario. Eres veloz, necesitaré que seas más rápida de lo que eres, eres fuerte tal cual eres, necesito que lo seas más. Eres inteligente, necesito que seas astuta. Eres pragmática, necesito que seas diplomáticamente económica. Pocas personas recaudan los elementos que tienes y pueden maximizarlos como sé que puedes explotarlos.
Reflexione en sus palabras un momento. No otro campo de batalla.
¿Un posible lugar para vivir permanente? Hasta ahora lo había visto como un lugar antes de llegar a mi casa, en Yugakure, un obstáculo hasta residir allá de nuevo, pero entonces si empezaba a considerar Konohagakure, ¿Qué beneficio tendría? ¿Qué repercusión habría de volverme completamente leal a la Aldea de otouto?
Tan perdida quede en mis pensamientos que no me percate en el momento en que baje la mirada y fruncí el ceño mirando el pasto sin verlo realmente.
Tampoco me percaté de cuando Taicho-san se acercó tanto sino hasta que vi un par de sandalias dentro de mi espectro espacial. Levante de inmediato la mirada para alcanzar a escucharlo decir:
- ¿Pensando en lo que dije? – Asentí – Mientes – incliné la cabeza ligeramente mientras seguía frunciendo el ceño.
Se acerco a mi oído para decir con su exquisita voz profunda:
- Entonces habrías escuchado la parte en la que mencione que no te distraigas.
Acto seguido me empujo al suelo tratando de que cayera de espaldas. Mi cara fue de impacto al no saber en qué momento metió su pierna detrás de mis pies y me hizo tropezar tan fácil. Afortunadamente no quedé en la vergüenza cuando pude dar una voltereta al posicionar mis manos en la tierra, dando una vuelta entera y caer de pie.
Su cara no mostraba expresión alguna, más que sus ojos que parecían decepcionados.
- ¿Triste de que realmente te puse atención? – cuestioné impactada ante su trampa.
- Decepcionado en realidad. Algo que planeo corregir de inmediato.
Ocasiones así me hacía creer que realmente estaba jugando conmigo más de lo que entrenábamos.
Ahora con una camiseta gris y unos holgados pantalones de atletismo, me permitía ver los músculos de sus brazos, resaltarse ante las venas deliciosamente. Deja de mirarlo así, me dije internamente.
En una llave donde me tenía aferrada por el cuello, recoloque su peso cargándolo con mi espalda y lanzándolo al otro lado, sólo para que, en menos del segundo, tenerlo en contra de mi nuevamente.
Esquivando y repartiendo, quedábamos emparejados. Sé que él había dicho que necesitaba ser más fuerte y rápida, pero estaba teniendo problemas para asestarme un buen golpe. Dicho sea de paso, yo tenía los mismos problemas para el mismo fin.
Después de unos buenos 25 minutos, esquiva una patada doble dirigida a su cabeza cuando se coloca de pie y me dice:
- Adelante – me instó – intenta golpearme.
Sin más palabras y motivación, avancé con el propósito de propinarle un buen jab plantado a su hígado, sin embargo, me bloqueó con suma facilidad y acabé despatarrada sobre la tierra. Me dolían ciertas partes del cuerpo, pero no estaba dispuesta a que se notará.
Di otro brinco con la esperanza de sorprenderle con la guardia baja, pero no fue así, y lamentablemente acabé igual. Resople con resignación.
- Bien ¿qué hice mal?
- Nada.
Viendo que él estaba de pie y no yo, esa respuesta no hizo nada para mi maltratado orgullo.
- Te puedo dejar inconsciente, lo sabes – lo rete.
- Todos tus movimientos han sido correctos, pero sólo has luchado en contadas ocasiones contra mí, no años. No tienes experiencia con mis cambios.
Negue con la cabeza. Por supuesto era tierno su intento de consuelo, pero era evidente que me había derrotado en este último set.
- ¿De nuevo?
- Ya nos hemos pasado la hora, ¿o es que acaso piensas dejar a Naruto-kun en la soledad?
Lo pensé. Realmente lo pensé.
¿Mi orgullo o mi hermano?
Supongo que lo pensé mucho tiempo hasta que recibí un delicado golpe en mi pie de parte del de Taicho-san. Me miraba con reproche fraternal.
Seguramente para él, no tenía nada que ver con el fino poky que descansaba en la encimera del desayunador de la casa.
Se alejó de mí y se dio la vuelta. Lo estudié con la mirada y entonces comprendí que no podía dejar pasar la oportunidad ahora que no le tenía de frente. Dijo que quería que fuera astuta. Este era un astuto plan.
Me posicione exactamente en su punto ciego sin hacer ruido alguno pensando que no me iba a ver venir.
Justo cuando mi mano estaba a punto de rozar su hombro, se giró como un trompo a la velocidad del rayo y me aferró con un movimiento insultantemente simple, y, como si no pesara nada, me tiró al suelo donde me dejo claramente estancada.
- No hice nada mal – refuté quejumbrosamente mientras veía sus ónix brillar con diversión.
Se agacho y me miro al tiempo que me aferraba de las muñecas para levantarme, pero no parecía tan serio como lo había estado durante el entrenamiento. Parecía encontrar todo aquello de lo más divertido.
- Tu chakra gozando de la anticipación te delata. Procura no hacerlo aullar la próxima vez.
- ¿Habría alguna diferencia si hubiera ocultado mi chakra?
Él se lo pensó unos instantes.
- No, probablemente no.
- ¿Y así quieres que te golpee?
Una disimulada sonrisa llena de pretensión empezó a deslizarse en los labios semi carnosos de Itachi-san.
Suspiré de forma ostensible. Aun así, estaba de muy buen humor, demasiado como para venirme abajo por esa pequeña decepción. Había ciertas ventajas en tener como mentor a una verdadera hacha como él.
Un tipo que me sacaba dos palmos de altura y me aventajaba en peso notablemente, y eso sin entrar a considerar la velocidad. Itachi-san no era para nada un hombre-armario, pero era fibroso y cuando quería lo hacía notar. Estaba segura en mi conciencia que sería capaz de ganarle a cualquiera si podía ganarle a él. En cualquier etapa de la historia.
De pronto, me percate de que no me había soltado.
La piel de sus dedos estaba caliente allí donde me sujetaba por las muñecas. Tenía su semblante a escasos centímetros del mío; y, de hecho, los muslos y el torso de Itachi-san estaban pegados a los míos, desplegando un calor bastante… inusual una vez que fui consciente. Mechones de sus largos cabellos negros le colgaban alrededor de su hermoso rostro, cayendo en cascada y ocultándonos del mundo; él parecía estar observándome del mismo modo que en aquella primera historia con ninshu.
Lo mejor de tal acercamiento era el olor. Simplemente no podía tener suficiente de ello. El pino con la menta, con ese toque picante de canela, me tenía en las nubes. Empecé a tener dificultades para respirar y tampoco andaba muy sobrada de aliento después del duro entrenamiento y del último apretujón.
La intensa mirada me hacía querer dar cualquier cosa por ser capaz de leerle la mente en ese instante.
Me había percatado de que me miraba con esa expresión calculadora desde la noche en que regresamos de nuestra primera misión. No me estudiaba durante los entrenamientos propiamente dichos, donde guardaba un comportamiento altamente profesional; en cambio, antes y después de los mismos se relajaba un poco y me miraba de un modo casi admirativo, y algunas veces, si estaba de suerte y podía atraparlo, podía ver ese brillo divertido. Un brillo que hacía rejuvenecer su mirada. Ahora si tan solo pudiera ver su sonrisa, una de verdad, y no solo las sutiles que dedica de vez en cuando a Sasuke-san o a Shisui o incluso a Naruto. Creo que quedaré pasmada el día en que vea algo así. El término magnifico se quedará corto cuando llegue el día.
Me estruje el cerebro en busca de un seguimiento verbal profesional y relacionada con el mundo shinobi a fin de simular calma, pero en lugar de eso, las neuronas dispersas de mi cerebro entraron en acción, murmurando en voz muy baja:
- ¿Te queda algún movimiento más por enseñarme?
Por un momento, por uno sólo, creí decir algo mal, porque él solidifico su mirada volviéndose aún más intenso, moviendo la mirada entre cada uno de mis ojos, acercándose un poco más, en un momento sentí el roce de otra piel contra mi nariz.
Entonces con un esfuerzo manifiesto, reprimió lo que sea que haya estado pensando y vi como paso a convertirse nuevamente en mi duro mentor cerrando toda expresión. Se apartó de mi lado, se echó hacia atrás y se irguió:
- Arriba, es hora de retirarnos.
Lo seguí fuera del campo, sin querer que él volviera la cara, por alguna razón me sentí extraordinariamente acalorada y avergonzada, pero por más que lo pensaba no encontraba la falla lógica dentro de los últimos sesenta segundos.
Tal vez debería contarle a Bastet. Podría estar dándome fiebre.
- ¿Cerdo o pollo?
- Cerdo y pollo.
- Iie, estas engordando.
- ¡¿Nani?!
- Pollo, es más sano.
- Retráctate, Sakura-chan.
- Me da dos kilos por favor – voltee a ver a Naruto y su creciente estomago – que sea sólo uno por favor.
- ¿Por qué me estás haciendo esto? – pregunta lloriqueando mientras toma el pollo y pago por nuestra compra - Arigatou – le decíamos al amable vendedor que reía de las payasadas de otouto.
- Porque últimamente estas comiendo mucho ramen, no creas que no me he dado cuenta que incluso Teuchi-san tiene un calendario marcado con tus llegadas.
- No es verdad.
- Lo vi, fuiste siete veces en tres días. No sé cómo le hiciste para ir y no morir de indigestión.
- ¡Oy! Es la mejor comida de todo Konohagakure… -
- Es la única tienda de comida que has visitado en toda Konohagakure.
- …Deberías darle más oportunidades.
- Se la daré cuando dejes de engordar.
- ¡Sakura-chan!
Vistiendo como civiles comunes y corrientes – los corset no son comunes, Sakura-chan – fuimos al mercado por nuestras provisiones.
No solía salir, así que deje que él me guiará a través de lo que había conocido durante sus excursiones con Kakashi-san y Sasuke-san.
De cualquier manera, tenía que conocer el pueblo si realmente empezaba a considerar a Konoha mi nuevo hogar. Aún sonaba extraño, supongo que sólo necesito tiempo para amoldarme.
El comprar en el mercado no era una actividad shinobi, pero encontraba pacífico el ir y buscar de entre la variedad algo que me reconfortara. Habíamos identificado Naruto y yo que comprar ropa no era algo que nos complaciera, de hecho, siempre sabíamos que vestir y lo pedíamos sin negociación a otro tipo.
Igualmente visitar lugares turísticos donde existía una inmensa afluencia de gente no nos complacía; sin embargo, las decisiones tan mundanas como elegir manzanas en lugar de duraznos, era tan gratificante.
Quería tomarme mi tiempo pensando que en efecto la Aldea oculta entre las Hojas se volvía a poco mi nuevo hogar; sin embargo, crear mi propia hortaliza ni siquiera era factible aún por el hecho de que ni siquiera Sacacorchos vivía con nosotros Naruto estaba empezando a tomar misiones de mediano rango con Sasuke-san y Kakashi-san; además de algunas lecciones con Jiraiya-sama, y yo misma apenas encontraba espacio para estas pequeñas sazones de compras.
Estaba decidiendo si necesitaba una nueva tabla para cortar, viendo una preciosa de madera con un diseño tan contemporáneo, cuando escuche la voz tartamuda de uno de los vendedores con quien otouto estaba hablando:
- T-tú ere-eres- tú-no no- no es verdad-tú no- El hombre de arriba de cuarenta años, con un semblante pálido señalaba a Naruto como si hubiera visto un fantasma.
Otouto por su parte se veía confundido, pero no se movió de su lugar mostrando su imponente forma.
Antes de que el tipo siquiera tuviera oportunidad, tome su brazo levantado delicadamente y susurre:
- Te calmarás, pedirás disculpas y olvidarás su rostro para siempre, lo tratarás como un civil más, ¿entendido? – mi voz baja salió dulce y angelical para sus oídos con una leve mezcla de chakra en el tacto de mi mano sobre su piel bronceada madura.
Sus ojos se aguaron viendo lejos como si no estuviera consciente de lo que estuviera ocurriendo. Paso tan sólo un segundo, antes de que el hombre volviera a enfocar correctamente.
Retire mi mano de su brazo y él miro a otouto una vez más, antes de hacer una reverencia:
- Discúlpeme, lo he de haber confundido con alguien más, por favor no lo tome a mal y acepte mis disculpas – el hombre lucía verdaderamente avergonzado.
Afortunadamente la poca gente que lo había presenciado no había detenido su andar, ni habían regalado un segundo vistazo. A sus ojos, sólo éramos dos jóvenes que estaban platicando muy cerca con el humilde vendedor.
Naruto por el otro lado, me miro con reproche. A él no le gustaba cuando coaccionaba a la gente, sin embargo, a mí no me gustaba que nadie señalara a Naruto. Era una falta de educación, por tanto, sólo pudo aceptar las disculpas.
- No te preocupes, ojiisan, no hay necesidad de disculparse, por favor continua con tu día – dijo Naruto que sin querer su respuesta sonó más como una orden.
- Hai Hai, por favor toma lo que gustes en compensación – decía el hombre apenado señalando su puesto de materiales para cocina.
- En ese caso, me llevo la tabla de cortar – dice mientras estaba a punto de tomarla, cuando mi cintura fue tomada por Naruto deteniéndome de inclinarme.
- Arigatou, Ojiisan pero me temo que debemos retirarnos, que pases buen día – dijo mientras me arrastraba lejos de mi preciosa nueva tabla de picar.
Naruto me siguió jalando mientras que la gente que nos veía nos dedicaba miradas de todo tipo.
Algunos parecían dedicarnos miradas de apreciación, supongo que pensando que otouto y yo éramos pareja – asco - y otro regalándonos miradas de reproche, por la exhibición de afecto pública.
Dejando mi rostro sin expresión, deje que Otouto me arrastrara un largo tramo hasta que me soltó y me miro seriamente.
- No lo hagas Sakura-chan. No aquí, ¿te imaginas que puede pasar si te atrapan? – decía mientras se cruzaba de brazos.
- No le hice daño a nadie otouto, además el hombre empezaba a mostrar señales de agresividad – respondí mientras inclinaba la cabeza ligeramente – si hubiéramos permitido que escalará, atención no deseada hubiera tocado a nuestra puerta.
Él negó con la cabeza con vehemencia.
- Si es así, déjalos progresar. Aquí acordamos en no hacer esto Sakura-chan, no aquí. Por favor, no lo vuelvas a hacer. ¿Puedes prometérmelo?
Pensé que me pondría los ojos de borrego a medio morir; sin embargo, se veía de hecho muy serio y formal. Solemne.
- Prometo intentar no volverlo a hacer, otouto.
- ¿Hacer qué?
La nueva voz asusto a Naruto, quien salto y quedo colgado en mis brazos. Apenas me desestabilice mientras cargaba sus ochenta kilos cual princesa.
Kakashi-san había aparecido con su libro naranja en mano viéndonos interesadamente.
- Dejarlo comer en Ichiraku ramen siete días a la semana – respondí serenamente.
Naruto me vio con brillos de esperanzas en los ojos antes de que le dijera:
- Pero pensándolo mejor, no. Estas engordando lo he confirmado. – dije a la vez que lo movía entre mis brazos para que supiera que estaba pesado.
- ¡Oy! ¡No estoy gordo! – grito su terror a todo el mundo – Kakashi-sensei, ¡dile!
Kakashi-san nos miró por un momento antes de mirar a Naruto con apreciación.
Por un momento el brillo travieso reemplazo al calculador en sus ojos cuando vio a una joven de apenas metro con sesenta cargar a un enorme rubio de más del metro con casi noventa, mucho más fornido, musculoso y pesado que la indefensa pelirosa que era yo.
Era evidente que todo el asunto le causaba gracia, y por eso, él fingió no ver mi agotamiento ante tal carga.
- No lo puedo saber, ¿puedes posar más femenino sobre los brazos de Sakura-chan, por favor? – lo mire impactada ante su ridícula pregunta.
- ¡Esa no es una respuesta real, sensei! – exclamo otouto igual de ofendido que yo, quien, para mi frustración, saco una de las mantas nuevas que compramos y la puso en mi cara – listo, ahora si no me comparas con el tamaño de Sakura-chan, me veo delgado, ¿no?
Su lógica tan triste sólo sirvió para que negara con la cabeza y la acción hizo que la nueva servilleta se cayera de mi rostro.
De una esquina, por detrás de Kakashi-san vi a Itachi-san entrar a la calle del mercado. Buscaba algo o alguien a juzgar por su forma de mirar. Se adelanto dando grandes zancadas en cuanto me vio, sólo para que Naruto me volviera a poner la servilleta encima del rostro.
Los shinobi son capaces de oler una pelea a kilómetros, pero al parecer nadie me quería quitar a uno de los tesoros de Konoha de entre las manos.
Sentí a Itachi-san plantarse justo al lado de Kakashi-san y preguntar sonando ligeramente divertido:
- ¿Todo bien?
Kakashi-san, siendo el vago que es, respondió:
- Por supuesto, un día precioso, ¿no crees Itachi-san?
- Verdaderamente único. Concuerdo Kakashi-san.
- Itachi-san, ¿verdad que no estoy gordo? – pregunto Naruto mientras mis brazos empezaban a atrofiarse.
El Uchiha, en la búsqueda de hacerme enfadar lo sentí incluso dar una vuelta alrededor nuestro antes de decirle a mi hermano:
- Luces tan delgado como una pluma, Naruto-kun.
Entonces arroje a otouto a donde escuche la voz de Taicho-san.
- Si es así, tómalo, te lo regalo.
El grito de Naruto al ser arrojado solo fue interrumpido por su mismo quejido cuando cayó en su trasero al duro suelo.
Me retire la estúpida servilleta antes de mirar fulminante a Taicho-san, quien no lucía impresionado, pero sí entretenido.
- Vaya, por la forma en que Sakura-chan esta sonrojada por el esfuerzo, sí estas gordo Naruto – dijo tranquilamente Kakashi-san.
- ¡Oy!
- Tenemos asignación con Hokage-sama – me dijo Itachi-san con tono seco.
- Por supuesto – me gire a Naruto – quiero esa tabla de picar, ahora la pagas.
Viendo su cara tan triste de perro pateado en el suelo, no pude enojarme con él, especialmente porque seguro no lo veré hasta dentro de unos días.
Me incline y colocando una mano en su mejilla izquierda, lo bese en la derecha. Su carita, a pesar de ser la de un hombre joven, se veía tan triste y desolada; también sabía que no nos veríamos en un tiempo.
Irguiéndome, me coloqué al lado de Itachi-san y asentí en señal de retirarnos, dando una breve reverencia a Kakashi-san.
- Suerte Sakura-chan – dijo mientras nos veía irnos.
- Oh, Kakashi-san, ¿te puedo pedir un favor? – pregunte mientras me giraba ganándome una mirada curiosa por todos.
- Siempre y cuando pueda cumplirlo, adelante Sakura-chan – dijo interesado.
- Evita que engorde más. Prohibido una semana Ichiraku ramen, y lo que ahorres en su consumo te lo dejaré a ti en cenas, ¿trato?
La mirada de traición de Naruto no tenía precio. Se levanto y trato de reclamar, pero fue detenido en una llave por Kakashi-san quien sonreía bajo su máscara sonando genuinamente alegre:
- ¿Toda la semana o semana y media?
- ¡Kakashi-sensei!
La máscara de cuervo no dejaba de mirarme, y también hubiera sido la de tigre si no fuera porque estaba vigilando los alrededores.
Desde que comenté mi propuesta, sentí la tensión emerger de ambos, pero más allá de eso, había algo más creciente en sus auras.
Intriga.
Si querían que confiara en ellos, ellos tendrían que confiar en mí, en particular si podía promover el trabajo en equipo, que, según yo, es lo que buscaban fomentar en mi camino shinobi.
Y lo sabían. Tenían que dejarme participar a mi manera de vez en cuando.
Itachi-san escondido tras su máscara de Karasu-san asintió y me dio paso libre para intentarlo.
Sin dejar salir la sonrisa interna ante el entusiasmo que me invadía, también Shisui bajo la máscara de Hyo-san, me dejo caminar libremente hasta el terreno alto.
Detrás de ellos se ocultaba nuestro objetivo, bardeado por dos escuadrones jōnin de Otogakure.
Alcé mis brazos levemente hasta la altura de los codos convocando al ninshu. Posteriormente abrí las palmas con vistas al cielo.
De inmediato, en el campo de la Tierra del Sonido, las nubes empezaron a oscurecerse, juntarse y girar en el cielo cual tormenta perfecta.
Abajo en la tierra, donde estaba posicionado el enemigo, los temblores habían empezado a hacer efecto y sendas grietas iluminadas con una luz verde fosforescente estaba emergiendo potentemente haciendo iluminar el campo, en el centro, justo donde estaba el hombre que rastreábamos las grietas formaron un círculo a su alrededor, prácticamente aislándolo de su barrera protectora de ninja.
Empezó a llover y a la caída de la primera gota a la tierra, enormes picos de piedras rasposas empezaron a emerger atravesando brazos, piernas, pechos, cabezas. Lo que fuera que se interpusiera en su camino recto de las agujas de tierra era crudamente atravesado y destrozado en el camino.
El olor de la sangre llego a mis fosas nasales mientras veía como los brazos eran separados de las venas y arterias de los hombros que gozaban salpicones de líquido carmesí; algunos ojos botaban como canicas ante el dolor y el impacto de la tierra con la carne, se podían ver las emociones de pánico, incredulidad y miedo de sus dueños antes de caer de rodillas, quebrándoselas en el momento cuando sus huesos se hacían añicos ante la tierra tan filosa y sedienta de sangre. Increíble como diez centímetros de carne pueden llegar a pesar 70 kilos transformados en lenguas humanas, saltando de las gargantas degolladas de forma graciosa y estrepitosamente de hombres que confundidos me pedían ayuda para después notar a mis superiores de pie detrás de mí.
Talones de Aquiles se derrumbaban bajo el peso de los organismos inertes, rupturas de cartílagos y vertebras se podían casi escuchar cuando se veía la tierra que abría ropa y espaldas de unos cuantos individuos dejando ver sus medulas espinales como eran fracturadas y destrozadas en el momento.
Los sonidos fueron anulados por el estrepitoso rugido de los truenos que azotaban el lugar al igual que las pesadas gotas de lluvia.
Manos pidiendo ayuda al cielo, elevadas en su última plegaria, como si alguna deidad piadosa que no fuera el dios de la muerte los estuviera escuchando, sólo para percatarse que seguramente su último pensamiento fue, ¿Qué diablos está pasando?
Una vida humana, una carrera shinobi trunca porque esta misión ya había durado demasiado para mi gusto, y la moneda de pago por mi tiempo es la sangre de los hombres que juraron entregar su vida en el segundo cero en que tomaron un kunai dispuestos a asesinar a costa de su propio honor.
Torsos separados de sus piernas, cuellos cortados grotescamente de cabezas cuya expresión era de absoluto terror, todo envuelto en ropas empapadas en los líquidos vitales de sus dueños.
Ningún sonido que no fueran los truenos violentos dentro del campo fosforescente hizo eco, ni siquiera cuando la tierra empezó a absorber a los shinobi de Otogakure que tan maltratados como estaban no podían moverse y aquel que podía desplazarse fue rápidamente atravesado por varias agujas rectas prominentes de la tierra.
Baje mis brazos, disminuyendo el ninshu utilizado, una vez que la última mano visible enterrada en el campo se terminó de absorber, ni siquiera la sangre fue visible ya que la lluvia se encargó de llevarse cualquier fluido que hubieran dejado atrás los ninjas de Oto, filtrándose entre las grietas de la tierra que empezaron a cerrarse.
Tal vez diez o quince minutos fue lo que duro todo el proceso, antes de que las nubes se dispersaran y volvieran a dejar el cielo totalmente limpio.
Sólo algunas partes de la tierra lucían húmedas, pero estaría seco en breve gracias a las ondas solares.
Gire mi cuerpo para encontrar a Taicho-san y a Shisui justo atrás de mí, tensos, viendo todo el espectáculo en total silencio.
Espere a que su mirada retornara a mí antes de informar monótonamente:
- Taicho-san, extracción exitosa.
El grito aterrado de nuestro objetivo, aislado, solitariamente sano y a salvo en el campo, fue lo único que recibí como respuesta.
Estábamos esperando a Shisui, quien fue el asignado en ir por la comida. Me propuse, pero en cuanto dije que traería aves de rapiña para la protección nocturna, me miraron extrañamente.
Bueno, no me culpen si los duendes del este no los dejan dormir en la mitad de la noche.
Tan entretenida como estaba mirando en la ventana, sentí la mirada de Taicho-san sobre mí. Ya tenía tiempo que me dedicaba la misma mirada pensativa cuando parecía recordar algo en particular.
Tenía una idea de que era lo que le molestaba, pero necesitaba que lo que sea que estuviera pensando se resolviera, de lo contrario, ni siquiera podríamos avanzar en nuestra camadería y lo necesitaba de mi lado.
- Un centavo por tus pensamientos, Taicho-san – dije retirando mi mirada de la ventana en donde estaba sentada hacia mi capitán quien estaba tratando de escribir su informe sentado en la cabecera de la cama.
Pero él negó con la cabeza, regresando sus ojos oscuros hacia su pergamino. Intento escribir, pero se detuvo en su siguiente palabra. Estaba girando mi cabeza de vuelta hacia la ventana cuando lo escuche muy tenuemente.
- ¿Te consideras shinobi, Sakura?
- ¿Me veo como un shinobi?
- Ciertamente tienes la crianza.
- Pero no me veo como uno o si, o actuó como tal. ¿A qué no, Taicho-san?
- ¿Quién y porque te crio así?
- ¿Sabías que la curiosidad mato al gato?
- En dosis pequeñas y alternadas, lo dudo.
Eso me hizo resoplar alegremente. Quien diría que el Uchiha es curioso.
- Cierto. La satisfacción lo trajo de vuelta.
Él inclina su cabeza levemente como señal de que he atrapado aún más su atención cuando termino de hablar. Miro a la ventana un momento antes de decidir si merece la pena darle un puño de información.
Seeee, ¿Por qué no?
- Mi Obāsan-sama nos crio a Naruto y a mí bajo los rituales de adoración de su propia tradición ancestral, lo cual no es lo mismo que el protocolo ninshu original.
- ¿Cómo es eso? – pregunta cada vez más intrigado.
- Ella es… diferente… a los demás guardianes de ninshu. Mientras ellos se quedaron arraigados a arcaicas costumbres que raramente establecían comunicación con los altos dioses, Obāsan-sama se atrevió a cruzar el mundo. Lo que aprendió de esos años lo inculco en nosotros. Aunque no me creas necesariamente; únicamente repito lo que ella nos dijo.
- ¿Cuál sería tu visión para describirla a manera propia? A tus ojos, la diferencia entre shinobi, entre civiles, y ustedes como hijos de la naturaleza es amplia. ¿Cómo la llamarías?
- Te lo he dicho Taicho-san. – sonrió ladeándome sardónicamente – es una yama-uba. Una bruja.
Entonces sus ojos se entrecierran un mínimo milímetro, creo. No estoy segura, pero evidentemente no le ha gustado la respuesta. Cree que seguramente estoy jugando con él. Tonto shinobi.
- ¿Algo más que puedas compartir? – dice, aunque suena levemente irritado en su trasfondo.
- ¿Para que puedas investigar a placer a mi querida Obāsan-sama? Difícilmente Taicho-san encontrarás algo, pero déjame darte un invaluable consejo. – baje la voz a continuación - Es mejor si no sabes mucho de ella.
Guardamos silencio un minuto más antes de que vuelva a preguntar:
- Retomando tu educación shinobi, ¿Por qué no se apegaron a alguna aldea? Con sus habilidades, indudablemente hubieran sido admitidos en cualquier parte incluso a temprana edad.
- Porque me enseñaron a basarme a otros principios Taicho-san.
- Me puedes ilustrar cuales serían por favor.
- El amor incondicional a mi familia por sobre cualquier cosa.
- … Suena terriblemente familiar al camino shinobi, ¿no te parece?
Le devolví la mirada, viendo que me observaba con atención, incluso su pergamino permanecía enrollado levemente sobre su regazo.
- Iie Taicho-san. Donde tú ves lealtad, yo veo sumisión. Donde consideras amor, es obligación a mi punto de vista.
Eso hizo inclinar su cabeza. Esta conversación la he tenido pocas veces antes con distintas personalidades del mundo shinobi, así que estoy segura de lo que está pensando.
- ¿Quieres más detalles? – pregunte antes de que el respondiera, a lo que asintió – Tu lealtad es sobre un cumulo de años de conocimiento taladrado que ha proporcionado tu kage. Es tu líder, quien tiene el deber de inculcarte amor a tu patria, es parte de sus obligaciones hacerte sentir digno y honrado de pertenecer a una gran nación, incluso podría decirse que Konohagakure tiene el más alto nivel de adiestramiento dentro de sus elementos, tanto civiles como shinobi. Es por ello por lo que no existen prácticamente deserciones, sino una alta tasa de suicidios que van desde los once hasta los dieciséis años. Los niños civiles que acuden buscando educación ninja, por lo general son marginados o incluso olvidados, no porque sean parte de la población a la que se debe de cuidar, sino porque no son tan hábiles como lo son los hijos de ancestros shinobi. Genéticamente, hay un largo margen de mejora. Entran en conflicto los conceptos de Talento natural y trabajo duro a lo que no me enfocare por el momento. Tú sabes muy bien Taicho-san, que tu lealtad sería la misma de pesada que si hubieras nacido en Sunagakure o en Kumogakure; a todos se les influye pelear por el mismo objetivo supuestamente: la protección de los seres amados, y una mal llamada paz, pero al final, eres un traidor si contrapones la situación en la que rompes la primera regla shinobi. Al final, realmente no eres libre de proteger a tus seres amados; estas obligado a proteger a tu Aldea, y sólo en concordancia, a tu familia.
Mis palabras hicieron que guardara silencio por un momento, seguramente reflexionando lo escuchado por mí.
Deje que lo analizará comprendiendo que él era de mente rápida, desafortunadamente su boca no. Casi podía sentir las ciento de preguntas que tenía, pero a su manera él priorizaba lo que consideraba más práctico:
- La definición entonces sería la misma para ti que para mí. Lealtad que se inculco en nosotros por años, simplemente destinadas a distintas personas. A ti, te enseñaron al igual que cuando aprendiste a caminar y a escribir, que la lealtad debía de ser a tu familia. Cambiaron la palabra Aldea por familia en tu caso.
- Iie, Taicho-san – lo mire entrecerrando los ojos – Donde me criaron, quien me crio, me pidió no tener lealtad con nadie, ni siquiera con otouto. Sólo se acepta la lealtad y coherencia con uno mismo.
Eso hizo alzar sus delicadas cejas apreciativamente.
- ¿Entonces cómo? – pregunto alucinado.
Suspire internamente tratando de explicarle cómo fue esa parte de mi crianza. Mire a la ventana buscando las palabras adecuadas.
- Ella… buscaba… hacernos entender… - lo mire sentado más erguido en la cama – …que ninguno somos de nadie. La vida tomará nuestra alma al final de nuestra existencia y nuestros actos serán juzgados para la siguiente vida. Y es tan brillante el camino de cada uno, que sin importar lo que nosotros queramos, nos colocaran en posiciones donde estaremos enfrentados tal vez, y la lealtad ocasionaría un juicio nublado sobre nuestras influenciables emociones. O al menos esa era la intención… - volví a mirar a la ventana - … Te hable de amor incondicional. Eso sí nos lo enseño, a estar siempre ahí el uno para el otro, a apoyarnos, a asistirnos, a levantar a uno si el otro se cae, a nunca lastimarnos solo para cobrar un mal acto. Al menos no entre nosotros. Pero creo que ella no sabía que con el amor incondicional convenía también la lealtad adherida. Es algo que pocas veces nos reprochó, pero cuando lo entendió, nos explicó que éramos nosotros quienes al final parecíamos decidir a quién seguir. A quien ser leales. Siempre y cuando nosotros hubiéramos visto todas las opciones, teníamos la decisión de ser leales a alguien más o únicamente a nosotros mismos.
Me quede perdida entre las memorias de Obāsan-sama y sus innumerables lecciones.
- ¿Por eso proteges más a Naruto de lo que proteges tu propia vida? Vendiéndote en la manera en que lo hiciste. ¿Tu amor incondicional hacia él? – la voz de Taicho-san me retrajo de los recuerdos de bosques frondosos perennes.
Regresando la mirada, más concentrada, le respondí:
- Hai.
- ¿Ni siquiera por algún beneficio que puedas tener por ti misma?
- Viendo la situación, ¿te parece que una ermitaña de Yugakure obtiene algún beneficio de esto, Taicho-san?
Me miro por un largo tiempo, guardando silencio.
Sus ónix me veían calculadoramente, de manera escrutadora, prácticamente podía sentir como quería diseccionarme para investigar mis pensamientos, por otro lado, no me puse nerviosa. Él podía investigarme todo lo que quisiera. No mentía. No con respecto a este asunto.
- Si pudieras regresar a Yugakure ahora mismo, ¿lo harías?
- No sin Naruto – fue mi respuesta inmediata – además, dudo que él incluso quiera volver ahora, otouto esta… – suspire, regresando momentáneamente la mirada a la ventana, tratando de no sonar triste - … adaptándose bien a Konohagakure.
- Lo está – dijo silenciosamente Itachi-san.
- ¿Mi respuesta te ha acongojado? ¿Inadecuada para Konohagakure? – pregunte genuinamente interesada.
- Sorprendentemente no. – fue mi turno de alzar las cejas – Una fuerza tan poderosa como tu lealtad dirigida a Naruto-kun, es algo que pocas veces he tenido la posibilidad de ver. El grado de abnegación al que te estas dedicando para que él pueda desarrollarse mejor… - bajo lentamente la voz mientras sólo me miraba intrigado.
Me reí por un momento recordando su expresión mortal en cierto día, semanas atrás:
- Posiblemente no pensabas lo mismo cuando atrape a tu hermano en un favor imposible, Taicho-san.
Eso pareció sacarlo de sus profundos pensamientos.
- Ciertamente tienes… abstractas maneras de hacer las cosas para procurar dicha protección a Naruto-kun.
- No respondiste – dije mientras lo miraba curiosa por su autocontrol para no estrangularme.
- …Es cosa del pasado y ha quedado claro en qué términos trabajas ahora.
- No me evadas Taicho-san.
- Créeme que mi intención no es esa, Sakura. Mi enfoque es sobre el presente que puedo manejar para promover un futuro sin problemas. Hemos establecido que tu trabajo ahora se concentra para con Konoha, por tanto, no eres una amenaza para cualquier ciudadano.
Le dirigí una mirada sabionda, la cual triunfalmente ignoro.
Por supuesto que jamás admitiría que deseaba asesinarme en aquel momento, pero no lo dejaría con la última palabra:
- ¿Hubieras hecho lo mismo si fuera al revés nuestra situación? – cuestione sin dejar de verlo mientras retomaba la escritura de su pergamino.
Su única respuesta fue el brillo amenazante en sus ojos oscuros, enfundados con una sombra que los nublo de pronto.
La respuesta silenciosa fue clara. Sí.
Deteniéndome en ladera de la frontera con Kawa no Kuni, el país de los Ríos y la playa, llego a mí un sonido que hace años no había escuchado. Un sonido tan familiar y horrendo a la vez.
Tanto Shisui como Itachi-san se giraron y me miraron metros adelante, esperando a que explicará mi actuar.
No era muy lejos, además tenía antojo, así que solicité:
- Permiso para descanso, Taicho-san – mi voz amortiguada por la máscara manchada en sangre.
De alguna manera, era yo siempre quien terminaba bañada en sangre, en cambio, los Uchiha eran como bailarinas de ballet, talentosos y elegantes. Sus gráciles cuerpos difícilmente contendrían una mancha, inclusive cuando llovía; por otro lado, yo parecía una gata bajo la lluvia.
Me miro ladeando la cabeza. Nunca pedía descanso, a estas alturas era capaz de alcanzar y mantener su ritmo corriendo, así que cedió un poco:
- Razón – enunció.
- Recolección – respondí inmediatamente.
- ¿De?
- Fruta.
- … -
Creo que incluso Shisui con toda su locura genial rodeándolo, debió fruncirme el ceño por la forma en que me miro de repente detrás de su máscara.
Dándome un salto de fe, Itachi-san confirmó:
- Adelante, sin embargo, vamos contigo.
Asentí, sin esperar menos del capitán.
Empecé a correr hacia una pendiente todavía más pronunciada, justo donde se escuchaba el ruido atroz.
- ¿Qué es eso? – murmuraba cuestionando Shisui a Itachi-san.
Al ir detrás de mí, me seguían, pero incluso yo note cierto nerviosismo cuando más nos íbamos acercando al tenebroso ruido.
Algo curioso sobre esta fruta, es que no muchos conocen el delicioso sabor que contiene porque su aspecto no es tan apetecible. De hecho, a primera vista, el cerebro detecta señales para salir huyendo en cuanto miras el árbol de dónde proviene.
Aun así, Obāsan-sama siempre nos enseñó a no desperdiciar la comida, y esta fruta en particular, aunque es fea en su cáscara, sabe exquisita.
Cuando el viento arreció, el sonido fue todavía más estridente, que haría estremecer incluso al corazón más valiente.
Pero los Uchiha no son sino fuertes, a veces demasiado sabios para su bien, y no me cuestionan mientras llegamos a la barranca más pronunciada de los acantilados del país de los ríos.
Tuve la impresión de que al salir de entre los arbustos, a primera vista, ellos se congelaron brevemente, como lo haría cualquier persona con una mente y sentido común normal.
En cambio, caminé tranquilamente a aquellos que nos sonreían y, por el contrario, sonreí de vuelta.
- ¿Cómo están hoy, mis pequeños? – pregunte obviamente sin esperar respuesta.
Desconozco porque la gente piensa que las caras sonrientes impresos en el árbol del Jinmenju pueden hablar.
Son sólo frutos, no son cabezas reales humanas. Aunque ciertamente cuando bebes el jugo y se desliza por la garganta se nota el líquido carmesí cual hilo de sangre.
- ¿Qué es esto, Sakura-chan? – pregunto Shisui sonando bastante contrariado, sin acercarse más.
Acariciando una de las flores con forma de brazo humano con dedos incluidos, voltee a ver a Shisui mientras me enroscaba en dicha rama.
Vi un estremecimiento muy pequeño recorrer sus hombros cuando sonreí maléficamente.
- Es un árbol precioso, ¿no crees?
El viento soltó una brisa marina que hizo sonar los huecos dentro de las cabezas humanas irreales. Las formas en estas frutas asemejan a unas sonrisas infernales que parecieran hablar de un momento a otro, y cada vez que son tocadas por el aire, entra por donde se simulan los labios burlones y el eco proporcionado entre el fruto y el caparazón produce curiosamente el sonido de una risa.
Una risa muy siniestra.
Unas treinta risas de distintos tonos, con diferentes agudezas, sonando por todo alrededor.
Las cabezas sonrientes son las frutas, los brazos colgantes son las flores, y revestido de una madera roja, cuando el atardecer o el sol está en su pleno auge como esta hoy, se ve macabramente sangriento el árbol.
Una cabeza reía mucho más que otras. Me moví rápidamente para tomarla mientras caía al vuelo.
Cuando una de estas frutas está en su punto, cae por si sola del árbol y se nota en el eco del sonido que emite, aún más alto que todas las demás. Por eso tantas cabezas en el suelo.
Nadie ha cosechado sus frutos. Pobre Jinmenju.
- Vamos, vamos, serás una excelente comida esta noche – tarareaba mientras acariciaba la fruta entre mis brazos.
Cantando suavemente, empecé a guardar dentro de un pergamino de sellado una tras otra fruta cabezona. El árbol estaba contento, el kodama dentro de él, había estado triste, de que nadie se acercará a comer de sus frutos.
Prometí en silencio, venir cada vez que pudiera. Estaba segura de que, si le contaba a Naruto, él incluso podría llevarse al Jinmenju a Konohagakure y sembrarlo allá. De hecho, no parecía mala idea.
Cuando me quede mirando un momento al Jinmenju, ya cosechado, mire a mi capitán, quien no se había movido, al igual que Shisui que ahora notaba un poco la piel de su cuello verdosa. Nauseabunda.
La vista de Jinmenju no es para todos, aunque las frutas lo son.
Pregunté inocentemente:
- ¿Puedo llevarme el Jinmenju a Konohagakure?
Sin embargo, el No inmediato llego por parte de ambos: tanto de Itachi-san como del kodama en el árbol.
Me voltee para argumentar con el Jinmenju colocando una mano en su tronco:
- Men her er du bare - pero aquí estas tan solo.
- Jeg liker havet, den kjølige brisen og fuktigheten, ¿har hjemmet ditt det? - Me gusta el mar, la brisa fresca y la humedad, ¿tu hogar tiene eso?
Ladee la cabeza comprendiendo, sabiendo que como él había crecido aquí, él tenía sentido de pertenencia en este entorno. Si le hiciera la maldad de llevármelo, le haría lo mismo que los shinobi me hicieron a mí; y eso sería un crimen.
Le sonreí con conocimiento, en algo que se antojó triste, y deslicé mi mano de su tronco despidiéndome de él.
Supe que estaba contento tan sólo por brindar de comer a un montón de extraños. Me traía muchos recuerdos este tipo de árbol. Una infancia completa.
Acomodando mis nuevos tesoros dentro del pergamino, lo sellé y procedí a ingresarlo a mi mochila.
Me levanté y me dirigí hacia Itachi-san.
- Recolección lista, Taicho-san – enuncie.
Él me miro a mí y luego al árbol de nuevo, y al final a mí. Creo escuchar un suspiro y entonces asintió, para proseguir con nuestra carrera.
Antes de irnos, le dedique un Takk – Arigatou, al Jinmenju y sonriéndole, sus frutas dejaron escapar otras risas más hasta que me retire por completo del claro.
Sonreí suavemente, pensando en que vendría a visitarlo de vez en cuando. Pero sonreí más fuerte cuando, sin que se dieran cuenta, tomé una semilla raíz del árbol.
Para cuando crezca un nuevo Jinmenju en el jardín trasero de la casa Namikaze, tendremos siempre risas y cabezas sangrantes cerca. Frutas que se caen de buenas, literalmente.
Síp, incluso a los ciudadanos de Konohagakure les gustara, estoy segura.
Shisui estaba muy cabizbajo, y supe que algo andaba mal con él desde que llegaron y únicamente se recostó en el sofá. Ni siquiera había tenido fuerzas para acaricias a su precioso señor.
Dijo que había tenido uno de esos días con los señores de su clan. Viejos cascarrabias, murmure, a lo que él asintió dándome la razón.
Sasuke-san me veía con negatividad:
- ¿Qué le hiciste? – pregunto con tono duro.
- ¿Por qué piensas que fui yo? – pregunté con el ceño fruncido.
Sasuke entrecerró sus ojos mínimamente y volteo la cabeza hacia quien estaba entrando por el pasillo:
- ¿Qué estabas haciendo tú? ¿Qué le hiciste a Shisui? – pregunto el pelinegro con agresión.
- … Teme, te das cuenta de que estuve entrenando contigo toda la mañana, ¿verdad? – contesto Naruto recién duchado y cambiado con cautela hacia el pelinegro.
- Entonces fuiste tú – le dijo a Bastet, quien estaba a gusto sobre el pecho de Shisui ronroneando.
- ¿Cómo te atreves a señalarme con ese dedo sucio tuyo? Límpiate si quiera antes de comenzar a hablar conmigo, tú, seikō grosero, ¡ñiam! Ya no se tiene respeto por las deidades, esta juventud…
- Ya ya, mi pequeño señor, Sasu-chan sólo está preocupado por su primo mayor, ¿no es así Sasu-chan? – decía Shisui con sus ojos cerrados y una mano sobre ellos, aun recostado.
- No me digas Sasu-chan, ya no soy un niño – murmuro en defensa el pelinegro grosero menor.
Tomando nota de los antecedentes del Uchiha mayor presente, era obvio que algo pesado había estado cubriendo sus días.
Cada día que no era por entrenamiento o misión, llegaba más cansado que antes e incluso daba la apariencia de llegar con cierta carga en sus hombros.
Lo que sea que esté ocurriendo en su casa, debe ser increíblemente molesto ya que ha optado por acampar por poco en nuestra morada.
Incluso le hemos equipado una nueva recámara para que pueda dormir cuando quiera aquí. Él insiste en que no es necesario, pero tan sólo verlo a los ojos deja ver el secreto agradecimiento por el apoyo.
Escuchando a Sasuke buscando hasta por debajo de las piedras a un culpable por el ánimo decaído de Shisui, me muevo por la cocina, tomando unas pequeñas tijeras de jardinero.
Arranque una pequeña ramita de mi macetita de Ruta graveolens, apenas del tamaño de mi meñique, y procedí a caminar al sofá y sentarme junto a Shisui.
- ¿Qué estás haciendo? – pregunto Sasuke con cautela cuando notó lo que llevaba en la mano.
- Voy a hechizar a tu primo para que me ame eternamente a mí y me regale todas sus propiedades – conteste mientras removía la mano de Shisui de su frente.
- No te atreverías – Sasuke se movió rápidamente para quitarme del lado de Shisui, sólo para que, en el último segundo, fuera detenido del brazo por otouto que lo miraba con reproche.
- Déjala teme. Está ayudando a Shisui, ¿no quieres que mejore? – pregunto Naruto con borde en su voz.
Si había algo que le molestaba a Naruto era que trataran de lastimarme, y al parecer, Sasuke no era la excepción a la regla, aunque definitivamente lo trataba muy decente. Con otros ya hubiera explotado y mandado a volar a decenas de metros.
Mientras tanto, Shisui con los ojos entreabiertos había visto que le acercaba una ramita a su nariz y le instruí:
- Inhala. Suave.
Al principio me miro con cautela, mucha cautela, pero su dolor de cabeza debió ser peor porque enseguida cerro los ojos y empezó a respirar el olor condensado y relajante de la planta que coloque frente a su olfato.
No le hablé a nadie en particular, pero empecé a explicar:
- La ruda, es una planta maravillosa, ayudará a combatir los agudos dolores de cabeza y migrañas sin ninguna excepción. Sólo oliéndola con continuidad. Dentro de unos veinte minutos, ya no lo sentirás más.
Acto seguido, coloqué la ramita entre sus cabellos y su oído. Incluso Sasuke, ladeo su cabeza ante el gesto, mientras que Shisui parecía más relajado.
- ¿Por qué es eso? ¿Por qué ponérselo en la oreja? – pregunto el menor de los Uchiha con interés.
- Además de combatir migrañas, la ruda combate a las energías malignas que te pueden pegar con o sin propósito. Esto ayudará para eliminar cualquier mal del ojo que le hayan hecho.
Sasuke frunció sus delicadas facciones:
- ¿Mal de Ojo? ¿Existe?
Naruto a su lado estaba dispuesto a responderle:
- Hai. Existen… personas cuya sangre es pesada. A estas personas por lo general, se les da por tener la mirada muy penetrante en un mal aspecto, así que cualquiera con este tipo de mirada puede ver con envidia, celos, o molestia a alguien más y cargarle su mala energía. Dejarle una mala sombra, ¿entiendes? Si dejamos que continue pudiera empeorar y créeme no quieres eso 'ttebayo.
Extrañamente, el Uchiha menor asintió apenas comprendiendo.
- Entonces, ¿alguien miro mal a Shisui y le compartió su… mal humor? – cuestiono tratando de brindar su lógica.
- Hai, y por las veces en que ha llegado mal, es alguien con quien se esté relacionando mucho últimamente en la Aldea, Sasuke-san.
Conteste observando que Shisui había quedado profundamente perdido. Me removí del sofá, y aun con Bastet dormido encima de él, manipulé el aire para cargar a Shisui y hacerlo levitar hasta su cama.
Dejarlo en el sofá solo lastimará sus vertebras. Un vaso de agua en la mesita de noche, sus sandalias y chaleco fuera, Shisui era un chico muy joven que se veía tiernamente dormido.
Apenado, vi a Sasuke-san y a mí, una vez fuera de la habitación de Shisui, diciéndonos:
- Lamento si les cause alguna ofensa. A ambos.
Su tono tan penoso, así como sus hombros demasiado cuadrados, la mirada fija en algún lugar del espacio, y esa columna vertebral demasiado enderezada me hicieron verlo con burla.
Mire de reojo a Otouto quien lo veía con mucha comprensión:
- Teme, vamos, tienes mucho que aprender. – Otouto se llevó con un brazo al hombro del pelinegro, quien se veía un poco mejor con su disculpa sincera. - ¿Has oído del agua de calzón?
