Febrero de 2025, Le Tréport

Eran tantos los pensamientos que se arremolinaban en su cabeza, que no podía concentrarse en algo en concreto. Fijó la vista en la carretera y después miró el velocímetro; disminuyó la velocidad pues la lluvia había cesado, pero el pavimento continuaba resbaladizo.

-Después del sitio del suceso, necesito que revisemos los restos de la occisa.

-Sí, claro…- contestó Oscar sin siquiera computar lo que André había hablado.

-Supongo que los restos están intactos después de tantos años.

-Por supuesto- volvió a contestar de forma automática.

-Espero que este grado de distracción, sea algo pasajero- la pinchó André.

-Perdona- Oscar respiro profundo y desvió la vista hacia quien la acompañaba; su mirada viajó de manera automática a la mano izquierda que André apoyada relajadamente sobre sus jeans oscuros, a la altura del muslo. La elegante y sencilla argolla de oro le quemó la vista.

Sin saber cómo controlar los sentimientos que se agolpaban al unísono en su pecho, respiró profundo antes de volver a hablar. No podía temblarle la voz.

-¿Necesitas que te lleve de regreso al cuartel para recoger tu auto después de esta visita a terreno?

-No, preferiría que me acompañaras a la morgue, quiero revisar los restos de la víctima y entrevistarme con el forense a cargo.

-Vera, se llamaba Vera- comentó Oscar de manera automática.

-Espero que no estés demasiado involucrada de manera personal, o tendré que removerte.

Oscar abrió los ojos de par en par. No podía permitirse quedar fuera de la investigación, le había prometido a Leonid averiguar qué había pasado con su hermana.

-Ambos conocemos a Yusúpov- continuó André mirando la carretera -Y eso podría entorpecer un juicio próximo. Mientras ninguno de los dos seamos demasiado cercanos a la víctima o su familia, no hay problema. De lo contrario, sabes lo que puede ocurrir.

Oscar se mordió la cara interna de la mejilla. ¿Es que acaso los problemas no la dejarían nunca en paz? Aún no sabía cómo comunicar la existencia de Camille a André y ahora, su relación con Leonid también era un secreto que debía ocultarle al padre de su hija. Salió de la carretera en el correspondiente desvío y estacionó el todo terreno.

André, al bajar del automóvil, volvió a mirar el asiento trasero. ¿Qué hacía una silla de niños en su automóvil? Arrugó el entrecejo. Tenía mucho que averiguar sobre las costumbres de ese lugar. Sabía que dentro de las funciones de Gendarmería estaba proteger a la infancia, pero ¿eso ameritaba tener acondicionado el transporte de la jefa de departamento para transportar infantes? ¿O acaso ella rehízo su vida como él durante los años transcurridos y ahora había un niño en su vida? Cerró la puerta del vehículo, regañándose a sí mismo por tener tantas preguntas rondando en su cabeza.

-¿No llevarás paraguas? No estás vestido para la lluvia- le comentó Oscar colocándose el gorro de su impermeable sobre la cabeza, y haciendo alusión al chaquetón oscuro y semiformal que el nuevo fiscal vestía. -La lluvia es traicionera- agregó.

André sonrió de lado antes de contestar:

-Estaré bien- entrecerró los ojos y miró al cielo, las nubes no estaban demasiado oscuras -Estaremos sólo unos minutos- se arregló el cabello con las manos.

Oscar sintió que un leve rubor le teñía las mejillas. Los años sólo habían aumentado el atractivo de André. Finas líneas de expresión le concedían un aire interesante y más maduro. Estaba un poco más delgado de lo que lo recordaba, no, más bien menos musculoso. Supuso que ya no entrenaba como antes. Sus ojos viajaron nuevamente hacia sus manos, el anillo en su dedo anular lo sintió como una mano que la asfixiaba. Los errores cometidos en ese momento le parecieron grilletes que la anclaban al suelo, impidiéndole avanzar. Tendría que hablar con él ese mismo día. Una hija era imposible de ocultar, menos en un pueblo tan pequeño.

-¿Vamos?- la apuró André comenzando a caminar.

-¿André?- esperó a que él detuviera su marcha y volteara -¿Tienes tiempo hoy, después del horario de trabajo?

Él alzó una ceja.

-Hay algo que me gustaría conversar contigo- explicó Oscar.

-Veamos cómo va el día…- fue la respuesta de él, si ella estaba pensando en hablarle de su actual relación con el capitán de la BRI, no tenía ganas de escuchar detalles. Pensaba mantener la relación en ámbitos estrictamente profesionales -En mi primer día, no creo que tenga tiempo para socializar- comenzó a caminar nuevamente.

Oscar asintió y lo siguió. Insistiría más tarde.

Después de revisar el sitio del suceso, que obviamente estaba estropeado por el clima, se dirigieron de regreso al pueblo en un incómodo silencio. Ya en el centro y antes de llegar a la entrevista acordada telefónicamente con el forense, el celular de Oscar sonó. La pantalla se iluminó y apareció el número de la enfermera del jardín infantil al que Camille asistía. Contestó de inmediato, sintiendo que el corazón le latía a mil por hora y la frente se le llenaba de sudor. Escuchó que al otro lado de la línea intentaban explicarle que su hija había tenido un accidente en el patio de juegos.

-¡¿Cómo está?!- preguntó alterada. Al escuchar la respuesta, lejos de calmarse, interrogó molesta: ¿Y qué hacía en el patio con este clima? ¿Acaso estaba sin supervisión?

Afirmando el teléfono entre su hombro y oreja, pues había desconectado el bluetooth para que André no escuchara sus conversaciones por la conexión del automóvil, giró el manubrio con brusquedad, olvidando que viajaba acompañada.

-Voy para allá, estoy a una cuadra- dijo antes de cortar.

-¿Me puedes explicar qué pasa?

La voz de André la hizo volver al presente, estaba casi frente al jardín infantil. El automóvil siguió su rumbo, como si tuviera un piloto automático. Oscar pisó el freno al llegar aún sin saber muy bien qué contestar. Se aferró con ambas manos al manubrio del todoterreno. Respiró profundo antes de hablar:

-André, hay algo que debí haberte dicho hace años…

El aludido miró a través de la ventana del copiloto, vio que estaban frente a una guardería. Negó con la cabeza sintiendo que todo le daba vueltas. Oscar vio que desde adentro del recinto salía Camille de la mano de la enfermera, la niña estaba abrigada con su impermeable rosa y sus botitas para el agua a juego. Al ver que un apósito le cubría parte de la frente, Oscar abrió la puerta del automóvil para ir a su encuentro. Su brazo derecho fue apresado por una mano que parecía de hierro. Volteó hacia André, que la detenía mientras la observaba con los ojos prácticamente fuera de órbita.

-Dime que esto es una puta broma- le ordenó con los dientes apretados.

Ella cerró los párpados moviendo el brazo con fuerza para que él la soltara. Salió del automóvil y corrió hacia Camille, mientras André se quedaba en el asiento del copiloto sin poder creer lo que estaba pasando; volvió a mirar hacia la guardería, pudo ver en detalle a la niña que Oscar ya había tomado en brazos, tenía el cabello largo y rubio amarrado en dos coletas, y los ojos, del mismo color que los suyos.

Continuará…


¡No me odien! Jaajajaja pero Ikeda es mi pastor XD.

Queridas mías, esto no fue un capítulo, sino que sólo un avance del próximo capítulo, una muestra de mi amor a ustedes y a la historia, para que vean que no las olvido.

Les agradezco profundamente los saludos y mensajes preguntando por cómo me encuentro, les cuento que mi niña nació el 19 de abril y nos tiene embobados. Es simplemente maravillosa… Aunque la maternidad es absolutamente demandante y el poco tiempo disponible que me queda, la universidad se lo lleva ¡Ya estoy a mitad del 4to año! ¡Cómo ha pasado el tiempo!

Sin embargo, ya prontito tendré un poco de tiempo libre por fin de ramos y vacaciones de invierno, así que espero poder dar continuidad no sólo a este episodio, sino que a la historia en general.

Así que ya saben cómo va esto XD: si les gustó, déjenme un review de ánimo. Y si no les gustó, bueno, también pueden escribir, por supuesto.

PD: Gracias a mis betas por sus ojitos y las risas compartidas.