Realizaba el proyecto sin detenerse. Quería terminarlo ya para poder ser libre de una vez y salir de aquella base para tener unos días de vacaciones. Además, debía de hacerlo la primera y a la perfección para llamar la atención de los profesores Marines. Solo le quedaba unir dos pequeños cables, encenderlo y podría respirar tranquila.
Y lo hizo.
Los profesores se acercaron con un cronómetro, miraron el tiempo y se sorprendieron al ver que tan solo había tardado tres minutos con cuarenta segundos. Se miraron entre ellos, para después observar con detenimiento el proyecto de Daenys para calificarlo de Apto, No Apto, o, en cualquier caso, Sobresaliente, con Matrícula de Honor y un pase directo a las instalaciones más modernas y especiales de la Marina.
— Señorita Garden, ¿es ese su apellido?— asintió tranquilamente—. Está bien. El proyecto que usted ha presentado es totalmente una maravilla. Lo ha elaborado en un tiempo record, además ha añadido una serie de especificidades que lograrán avanzar la medicina, ¿en qué se ha inspirado para realizarlo?
— Mi madre murió de una extraña enfermedad. El objetivo de este proyecto es lanzar un calmante potente al organismo para que este se relaje, de tal forma que evite en grandes cantidades el dolor que produce la enfermedad. Además, esta también provoca la paralización de las piernas. Contra esto, mi proyecto analiza automáticamente que partes del cuerpo están afectadas por la enfermedad y actúa repartiendo el medicamento proporcionalmente— explicaba la de ojos verdes.
— Excelente— apuntaba uno de los profesores en su agenda.
— Enhorabuena, señorita Garden. Está usted dentro del plan de estudios especiales de la Marina— sonrió ampliamente al escuchar aquello.
Al terminar el recuento, subió inmediatamente a su habitación para escribirle una carta a Quika explicándole detalladamente el resultado del proyecto..
Estaba entusiasmada enormemente, ahora formaría parte oficialmente del cuerpo científico de la Marina. Podría estar en misiones de alto secreto, elaborar sus propias tesis con todo el material disponible y aprender cada vez más.
A pesar de tener dieciocho años, muchos soldados importantes de la Marina le tenían un enorme respeto por las cualidades y especialidades que tenía y elaboraba cada día. El Almirante Aokiji había hablado un par de veces con Sengoku para tenerla en sus filas como soldado, ya que Daenys también controlaba la lucha e incluso entrenaba cada día para poder llegar a ser alguien de renombre en aquella institución.
Sin embargo, la lucha para ella era algo secundario. Prefería leer, estudiar y tratar de averiguar cosas importantes para la sociedad, pero mucho más para ella. Al estar lejos de casa, muchas veces sentía la tentación de recordar a su madre, pero también a su hermano Anker. Hacía mucho tiempo que no sabía de él, ni tan siquiera una prueba de su existencia.
Bajó hasta el comedor donde todos los marines se reunían para comer, agarró una de aquellas bandejas llenas de comida y tomó asiento al lado de su mejor amiga. Riri también había conseguido la beca de la Marina, pero en el sector de la educación. Se encargaría en un futuro de dar clases teóricas a algunos marines inexpertos. Ambas se tenían la una a la otra en aquel lugar repleto de hombres.
— ¡Enhorabuena!— Riri la abrazó con fuerza—. Eres impresionante. Pero ni te atrevas a dejarme sola ni un día más. No soporto la soledad en este lugar rodeado de machos alfas…a veces, claro— ambas se pusieron a reír—. ¿Qué harás a partir de ahora?
— Supongo que lo que me ordenen, no tengo ni idea de por dónde pueden empezar. Así que… a esperar— explicaba la de ojos verdes.
Las puertas del comedor se abrieron para dejar paso a los carteros que traían el correo cada día, además de periódicos y todo tipo de cosas que les hacía conocer más la actualidad del mundo. Muy pocas veces recibía correo, ya que la única que le mandaba algo de vez en cuando era Quika y alguna que otra carta de Luffy explicándole que se marcharía pronto al Grand Line. Sin embargo, aquel día, sí tenían algo para ella.
— Es de Quika. ¿Qué habrá pasado?— abrió el sobre con cuidado, vio que contenía un escrito: Daenys, sé que te escribo muy pocas veces, pero ya sabes que no me gustaría que tuvieras problemas por mi culpa. Pero esta vez, es totalmente necesario escribirte. No voy a preguntarte si estás bien, lo sé y estoy tranquila. Lo que realmente me preocupa, es esto. Míralo con cuidado.
Al rebuscar más en el sobre, se percató de que había un contenido más. Con cuidado, y asegurándose de que no hubiera nadie de poca confianza a su alrededor, sacó aquel cartel que le cortó totalmente la respiración. En él, aparecía un 'se busca'. La imagen que se mostraba era la de aquel niño de ojos verdes, cabello alocado y castaño, pero con una gran diferencia de edad. Ahora, tenía una cicatriz en el ojo izquierdo, el pelo un poco más largo, con una espada en su mano y una sonrisa un tanto perversa. Leyó con detenimiento el pseudónimo que su hermano había adquirido tras años estando desaparecido: Gurinzu no Anker.
Ocultó inmediatamente aquel cartel, recordando una y otra vez la cifra que se mostraba ahí: 390.000 de berris. Algo totalmente descomunal para alguien dulce y tierno como era su hermano. Sin embargo, había cambiado, desde hacía muchos años, y sin que ella lo supiera. Se había convertido en un pirata de renombre, buscado por muchos, tan solo por el deseo de salir al mar a encontrar a su padre.
Y, ¿ella? Pertenecía oficialmente a la Marina y eso significaba estar en contra de todos los criminales esparcidos por el mundo. Incluso tendría que responder ante Luffy si le veía. Sin embargo, no estaba preparado para hacerlo, ni para enfrentar a Luffy, ni a Anker ni incluso a Ace. Este último también se había hecho bastante popular entre los piratas, perteneciendo a una de las bandas más famosas alrededor del mundo, los piratas de Barbablanca. No obstante, el caso de Ace era completamente descomunal, con una recompensa de 550.000.000 berries.
En ese preciso instante, sonrió al recordarle. Ese cabello negro alborotado, esos ojos profundos junto a esas pecas que le daban un toque infantil a aquella mirada intensa. Rememoró instantes que tenía olvidados, como la primera vez que le vio o aquella noche de discusión antes de que él se marchara a la mañana siguiente. Comprendió en aquel preciso instante, que los sentimientos hacia él se trataban de meras tonterías de adolescentes. Ahora, casi cinco años después, había crecido considerablemente, llegando a pensar que eran fantasías amorosas, también teniendo en cuenta que Ace había sido el único chico con el que había estado a solas y durante mucho tiempo.
— Se me ha quitado el hambre, Riri. Subo a mi habitación. Necesito relajarme durante unos minutos, dormir un poco aunque sea. Estoy muy cansada por lo del proyecto y debo prepararme para mañana— su compañera asintió mientras ella abandonó el comedor de la Marina.
Mientras llegaba a su habitación, imaginó cómo sería ahora, ya que tan solo le había visto el rostro en aquel cartel de se busca que llegó hacía un par de meses al cuartel. No sabía si alegrarse o ponerse hecha una furia por las acciones que Ace había cometido como pirata, pero sí sabía con certeza que él tenía un buen corazón y que jamás haría nada que no fuera con intenciones buenas.
Entró en su habitación mientras se dirigía a la cama, a descansar. Pero no pudo. Su rostro, su sonrisa y todo su ser, se impregnaron en su mente recordando una y otra vez momentos pasados. Sin embargo, asumía que exactamente eso era el pasado y que se debía de quedar ahí.
Llamaron a su habitación. Resopló, jamás le dejaban descansar en aquel lugar. Pero cuando abrió, se llevó una bonita sorpresa.
— Pero Daenys— aquel chico entró por la puerta como un animal salvaje—. ¿Por qué no me has dicho nada? ¡Me acabo de enterar! ¡Todo el mundo habla de eso!— la abrazó repentinamente—. ¡Enhorabuena!
— Gr…gracias, Mark— sonrió—. Muchas gracias.
— Esto hay que celebrarlo. ¿Qué te parece una cena, tú, yo, con velas, buena música …?— explicaba el de ojos miel.
Desde que llegaron a aquel cuartel, Mark y ella empezaron a salir. No sabía muy bien por qué, simplemente era una de esas situaciones en las que alguien te hace sentir bien, diferente o un poco especial. A pesar de que llevaban un par de meses saliendo, ella no se sentía del todo cómoda con él, ya que este había despertado un comportamiento un tanto posesivo y controlador que no acababa de gustarle.
— Pues verás, Mark. Tengo que reposar un poco. Esta tarde me dirán cuál es mi próxima misión como científica y, la verdad, que me apetece muchísimo salir contigo a cenar, pero estoy muy cansada— intentó bostezar—. Ya sabes, todo el día con aparatos tecnológicos y demás…
— ¿Si? Vale. Pues entonces dejo que descanses un poco— dijo un poco decepcionado—. Nos vemos entonces esta noche, ¿como siempre?— pero el rostro de Daenys no era para nada de afirmación—. O, bueno, mejor me llamas tú, ¿no?— asintió la de ojos verdes—. Entonces, hasta luego…
Daenys le dio un beso en la mejilla para después cerrar la puerta con delicadeza y apoyarse en la pared. Respiró hondo pensando qué iba a hacer con Mark, ya que no podía aguantar esa situación ni un minuto más. Además, seguramente le estaba causando un daño increíble, y no deseaba que nadie estuviese dolorido por su culpa.
Volvió a sentarse en la cama, a descansar, pero ya se le habían ido las ganas de dormir un poco. Miraba detenidamente el escritorio, el flexo sobre este, y un montón de papeles esparcidos en los cajones abiertos. Sería hora de ordenarlo un poco.
Levantarse le había costado un poco, pero cuando se puso a organizar todo el papeleo, se motivó un poco viendo algunos apuntes de física y matemáticas que se había llevado del instituto para posibles problemas. Leyó un par de fórmulas matemáticas que le hacían perder la cabeza entonces, pero que ahora eran demasiado evidentes. Y, justo cuando pasó la página, encontró un pequeño papel plegado entre tanto desorden. Lo abrió y no le sorprendió para nada ver la horrible letra de Ace ahí.
Se detuvo por un momento, tomo asiento y, con un enorme nudo de nostalgia inició la lectura. Sonreía con cada una de las palabras que este escribió, se reía a carcajadas cuando este le confesaba algún que otro sentimiento oculto. Al terminar, se quedó totalmente con ganas de más y supo, a ciencia cierta, que le echaba muchísimo de menos.
Llamaron a la puerta de nuevo. Se levantó decidida a abrir.
— Mark, te he dicho que…— era un emisario de uno de los almirantes—. Disculpa, pensaba que …
— ¿Daenys Garden?— asintió—. El Almirante Aokiji quiere verte en su oficina. Se trata de la próxima misión que vas a realizar.
— Vale. Voy enseguida.
Sintió una presión enorme al ir escoltada por muchos soldados. Ella no necesitaba que nadie la protegiera, se valía por sí misma, pero era inevitable que en la Marina alguien importante estuviera seguro al cien por cien, mucho más cuando se trataba de una visita al Almirante.
— ¡Daenys!— dijo sorprendido Aokiji—. Encantado de tenerte por aquí. Toma asiento— la de ojos verdes tomó asiento mientras el almirante leía un par de documentos—Enhorabuena por el proyecto.
— Gracias, almirante Aokiji.
— Llámame Kuzan. Bueno— le entregó un documento—. Creo que ya sabrás que a partir de ahora la Marina puede enviarte a muchos lugares del mundo para cumplir una misión— asintió—. Como eres una de mis reclutas he elegido esto para ti. Arabasta.
— ¿Arabasta?— asintió Aokiji—. Se debe a la falta de lluvia, ¿verdad?
— Sí. Queremos que resuelvas el caso. Te marchas esta noche para llegar en cuanto antes. ¿Entendido?
— Sí…
